El envite es un órdago a la grande

31 Oct

Si queremos llegar a final de mes, hoy debemos dejar atrás los falsos dilemas, mirar a la Medusa de frente sin quedar petrificados y abordar la más irrefutable cuestión política de cuantas tenemos que afrontar como seres humanos: «las condiciones que requiere la continuidad de nuestra especie en un planeta limitado». Es decir, como enfrentar la crisis climática y ecológica. De lo contrario, los seres humanos ―en este verse como habitantes del mundo sin ver el planeta― deberemos enfrentarnos, por nuestra desobediencia a la pureza, a una cuarta ruptura: la existencial. La extinción.

Los científicos nos están diciendo que no hacemos lo suficiente para combatir el calentamiento global y la emergencia climática. Que son necesarios «cambios sin precedentes y en todos los aspectos de la sociedad» para limitar el calentamiento a 1,5ºC. Transformaciones que ―según la ONU― habrán de constituir «una reorganización sistémica de los factores tecnológicos, económicos y sociales, incluyendo paradigmas, objetivos y valores».

Pero como decirlo a una sociedad en la que la propensión al consumo es mayor entre las rentas bajas que entre las altas ―mayoritaria por tanto―. Como decirlo cuando sabes que cada día que pasa, cada mes, cada año que retrasamos la adopción de las medidas que conlleven reducciones netas del consumo exigirá que las que tomemos posteriormente ―al disponer de menos tiempo para llevarlas a cabo― deban ser más radicales y dolorosas y gravarán más a los que menos tienen y enriquecerán más a los que más tienen.

Hace falta muchísima pedagogía para la comprensión profunda de la crisis ecológica y la emergencia climática y como nos están afectando ya. Y a ella no pueden renunciar los partidos políticos. Y hay que hablar con franqueza para generar las condiciones políticas necesarias y repetirlo una y otra vez para vacunar a la gente contra el mensaje de la extrema derecha. Que no se está cortando en explicar la crisis a su manera, negándola, y en beneficio de su propio plan político. La gente debe tener una comprensión cabal de lo que sucede, por qué sucede y cuales son las alternativas.

La rebelión de amplios sectores sociales por sus expectativas arruinadas, la creciente desigualdad, la corrupción persistente y una profunda sensación de frustración, como muestran las «crecientes tensiones sociales y políticas», es evidente que tienen que ver con factores como los avances tecnológicos, la productividad, las políticas fiscales regresivas, el cambio climático o el declive de los combustibles fósiles.

La emergencia climática y el declive energético apuntan a que las políticas para combatir y atajar la desigualdad no podrán provenir ―como antaño― de la extracción sin freno de materias primas ni del incremento del consumo agregado de los hogares. Y que las inversiones públicas que se destinen a combatir la desigualdad, las transferencias sociales y el aumento del salario mínimo habrán de cumplir la regla: ‘emisiones cero’.

Esto es tanto como decir que al igual que el incremento de la desigualdad y las tensiones sociales y políticas muestran los límites del sistema económico, la crisis climática y ecológica exterioriza los límites del planeta que permiten la vida, de los cuales: el ozono estratosférico sigue estable; el agua dulce, la calcificación de los océanos, y los usos del suelo están en riesgo de ser sobrepasados; y la biodiversidad, el agotamiento del nitrógeno y el fósforo y el clima ha sido desbordados. Y para muestra un botón de ello: Qatar ha comenzado a refrigerar las calles para combatir el aumento de las temperaturas.

Si las políticas surgidas del pacto neoliberal de la década de los 90 del siglo pasado explican un cierto regreso a la lucha de clases del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la crisis ecológica ―de la que el calentamiento global es una manifestación― ha destapado un conflicto entre generaciones que condena a los jóvenes a la inseguridad climática, alimentaria, laboral, económica y familiar. Que se ve en la irrupción social del movimiento Juventud por el Clima y las huelgas climáticas globales. Y en la aparición de otros movimientos homólogos como Madres por el Clima o Científicos por el Clima.

Los múltiples retos del siglo XXI requieren, por tanto, la reconstrucción del pacto social roto por las élites. Y demandan, además, la institución de un pacto entre generaciones, que garantice a las futuras generaciones el uso del planeta y de unos recursos, al menos, en las mismas condiciones en que nos fue entregado por las anteriores, de manera que las acciones actuales no condicionen a aquéllas su capacidad para tomar sus propias decisiones.

Sin estas dos alianzas no será posible reconstruir la cohesión social fracturada, de la que son expresión conflictos como los chalecos amarillos, el Brexit, las revueltas de Chile, Brasil o Ecuador, el auge de la extrema derecha y los partidos populistas, los gobiernos iliberales de Europa del Este. O la propia crisis independentista de Cataluña, que goza de apoyo en amplias capas de la población y de una juventud inmersa en la inseguridad y la falta de perspectivas laborales. Circunstancias que hacen que la independencia sea sentida por muchos como la única vía que les permitirá escapar de un presente precario y sin alternativas.

La primera tarea de las fuerzas políticas, por tanto, tras las elecciones del 10-N, debe ser el cambio de sus hábitos: el fin del bloqueo político y de la inacción climática.

La superación del bloqueo político, primer paso para avanzar en la solución del desencuentro entre Cataluña y el resto de España y del resto de empresas pendientes, se traduce en la necesidad de generar espacios de diálogo y alcanzar nuevos pactos y alianzas políticas, económicas, sociales y de sostenibilidad, con los que generar ilusión en territorios y grupos sociales.

 El acceso al agua, la fragilidad de los ecosistemas, la alimentación, la salud y la seguridad se agravará en las próximas décadas de continuar la inacción climática, atentando contra nuestra seguridad actual y futura.

Así será el Mediterráneo en 2100 y España un desierto desde Algeciras a Pamplona

Es ineludible, por tanto, establecer un nuevo compromiso con las generaciones de españoles y españolas que nacen hoy, pero también con las generaciones futuras. Y esta alianza ha de ser de igualdad y libertad, es decir, económica y social. A la vez que un pacto de equidad y fraternidad, es decir, climático y ecológico, para evitar que el presente se convierta en tirano y déspota de si mismo y del futuro.

La inacción de los gobiernos, su falta de respuestas políticas a la emergencia climática, hace ineludible la asunción por todas las fuerzas políticas de las reivindicaciones del movimiento de justicia climática como programa político común: declaración de emergencia climática y ejecución de políticas acordes con lo señalado por la ciencia y dotadas de recursos económicos suficientes para abordarlas; decir la verdad a los ciudadanos respecto a la crítica situación climática y ecológica que vive el planeta y señalar la responsabilidad del crecimiento económico en la degradación actual, al ser una garantía para llevar a cabo un giro efectivo, pues sin una adecuada comprensión de la gravedad de la crisis no se podrá salir del estado de inacción actual; acción inmediata: consistente en la reducción drástica de emisiones en el menor tiempo posible, de acuerdo con lo planteado por la comunidad científica; democracia real, mediante la puesta en marcha de instrumentos ciudadanos participativos de supervisión y garantía de cumplimiento de las medidas climáticas que sean adoptadas; y justicia climática, convirtiendo ésta en el centro de toda acción para evitar que los que menos ha contribuido al problema y los sectores más vulnerables sean los que más sufran los efectos.

¿Y si, como sociedad, no estamos dispuestos a hacerlo? Habremos de vivir ―cada día más― lo que Churchill llamó «la era de las consecuencias», pues el capitalismo que viene ―escoltado por el calentamiento global y el declive de los combustibles fósiles― reordenará la sociedad de forma que ésta funcione para sus propósitos, con reformas amparadas en el paraguas de la innovación y de lo tecnológicamente avanzado, como: la inteligencia artificial, la automatización, la robotización, el tratamiento masivo de datos o la captura de carbono.

El envite es un órdago a la grande.  Y las decisiones que se adopten han de ser las más adecuadas. No aquéllas que sean definidas como las mejores que se pueden adoptar en un entorno lleno de incertidumbres, pues las que tomemos marcarán el rumbo de este siglo. No hay puntos intermedios entre la acción y la inacción, aunque si existen caminos diversos, urgencias y niveles de miedo. Es necesario hacer comprender a «la gente» que no está dispuesta a renunciar a sus smartphones, a la comida rápida, los viajes ‘low cost’, a la ropa barata, a los automóviles o a la tecnología ―nosotros incluidos―, que es necesario y posible vivir de manera más justa, simple y sobria.

Hacer lo que es necesario en vez de hacer lo que es políticamente posible. Optar por aquellas ideas que resultan inspiradoras en lo moral y fértiles en lo teórico, aptas para iniciar la senda hacia una economía poscrecimiento, como el Acuerdo Verde para España. Lo que hagamos hoy marcará esta década y el siglo. Hay que tirar del freno de emergencia.

 

Francisco Soler

Ausencia electoral

29 Abr

Hoy se acaba de configurar tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado un nuevo equilibrio de fuerzas políticas, en el que las fuerzas progresistas son más numerosas que las derechas. Son todos los que están, pero no están todos los que deberían. No hay en el Congreso de los Diputados una fuerza política que sea el referente verde que la sociedad pueda identificar y votar sin necesidad de hacerlo indirectamente a través de otra fuerza política. El partido verde (Equo) continúa invisible para los ciudadanos y subrepresentado con un solo diputado en la lista de Unidas Podemos. Con un pacto que le mantiene en la UCI política, condenado a mantenerse en estado de suspensión política. Vegetativo. Sin poder cumplir la principal función de cualquier partido político: ofrecer un programa político no sometido a más condicionantes que los que derivan de la fuerza parlamentaria de quien lo propone. Ausencia electoral que es una grave error.

La necesidad que una partido político, de un referente verde en la política española, lo ha puesto de manifiesto, una vez más, la ausencia en el debate electoral del tema más importante: el cambio climático. Este asunto solo una vez fue mencionado, y de pasada, por el candidato del Partido Socialista Obrero Español en el primer debate televisado. Después el silencio envolvió a todos los actores políticos. No se abordó en éstos, ni tampoco a lo largo de la campaña electoral, el debate del Plan Nacional sobre Energía y Clima 2021-2030, la idoneidad de los objetivos y medidas propuestas. De la ley de cambio climático. A pesar que España será uno de los países más afectados de la UE por este fenómeno. Los políticos españoles han demostrado no estar a la altura de la emergencia que vivimos.

A pesar que en plena precampaña Greta Thunberg −la adolescente sueca de 16 años que pide a los políticos que hagan caso a los científicos y no dejen tirados a los jóvenes con su inactividad ante la emergencia climática− intervino en el Parlamento Europeo y puso el debate sobre la mesa, en la campaña electoral se ha hablado más de los toreros que iban en las listas de la derecha que del cambio climático. En las comparecencias de los líderes para valorar los resultados electorales tampoco ninguna fuerza política hizo alusión alguna a este asunto. Ni siquiera vaga. Ni caso oiga. Y si nos fijamos en otras crisis colaterales a esta: desaparición de especies, agotamiento de recursos, contaminación por plásticos. Como si no existieran.

Hemos vivido una de las elecciones más decisivas desde el final de la Dictadura, en la que el riesgo de involución democrática y social era real. Pero, ¿justifica esta circunstancia que en la campaña electoral no se haya debatido sobre el cambio climático: el problema más importante que tenemos? ¿Justifica ello que nadie haya propuesto un pacto de estado sobre el cambio climático y la necesaria transición ecológica que hemos de hacer? ¿Justifica esto que ningún análisis político a puesto de manifiesto esta grave ausencia? ¿Cualquier asunto es más importante que el más importante de todos?

Se anuncia en las elecciones locales y autonómicas una posible victoria de las derechas sobre las izquierdas. Pero como ciudadano me importa saber si las nuevas Corporaciones Locales y Gobiernos Autonómicos adoptarán las medidas necesarias para evitar un incremento de temperaturas superior a 1,5ºC como recomienda el Acuerdo de París ¿va a ser éste el centro del debate de esta triple campaña electoral? ¿O unos seguirán racaneando su responsabilidad y otros negando lo que advierten hasta los adolescentes?

El arranque del Plan Nacional de Clima y Energía está previsto para 2021. Para entonces habrán transcurrido dos de los 11 años, que advierten los científicos, tenemos para cambiar en profundidad nuestra forma de vida y evitar un cambio climático fuera de control. Cambio que es algo más que la sustitución de una fuente de energía sucia por otra limpia. Quiere decir ello que cada día que pasa, cada mes, cada año que retrasamos la adopción de las medidas para combatir la emergencia climática, exigirá que las medidas que posteriormente tomemos sean más radicales, más dolorosas, pues dispondremos de menos tiempo para llevarlas a cabo. Retraso este que se traducirá en un mayor sufrimiento social de los más débiles. Los científicos, la ONU nos lo están diciendo: no hacemos lo suficiente, y lo repiten una y otra vez, pero los líderes políticos no les hacen caso. Y los adolescentes, los jóvenes, aterrorizados se están echando a la calle para pedir que hagamos caso a los científicos. Los movimientos sociales en favor del clima comienzan a surgir: Jóvenes por el Clima; Madres por el Clima; Extinción/Rebelión. Ante la inacción de los poderes públicos todos los ciudadanos hemos exigir que los líderes políticos que actúen.

Para el nuevo ciclo electoral que nazca es necesario que haya despuntado ya una fuerza política verde que sea el referente electoral de los ciudadanos. Que ponga este asunto en el centro de la discusión social y política en las instituciones y que hable con claridad. Sin tapujos. Que diga lo que es necesario decir: que tenemos que actuar sin demora y de manera decidida. Que el cambio ha de ser rápido y radical. Que ya no tenemos tiempo para estrategias graduales. Que ese tiempo pasó. Que si no hacemos nada, los efectos sociales de nuestra inacción serán peores que si ahora hacemos lo que tenemos que hacer. Que tenemos opciones. Que hemos de comenzar a actuar. En este ciclo electoral no ha podido ser, pero habrá de ser en el siguiente necesariamente.

Esta es la responsabilidad histórica que tiene el partido verde en España. Y ésta ha de ser asumida y cumplida. El partido verde no se puede justificar con la consecución de logros parciales. El envite no es la sostenibilidad, sino la supervivencia. Aún tenemos la opción de dejar a nuestros hijos un planeta y un mundo habitable y más justo ¡Hagámoslo!

La única política (económica) posiblee

15 Abr

Desde la década de los noventa del siglo pasado el mantra más repetido −para imponer políticas económicas cuyo objetivo era detraer rentas de la clase trabajadora para entregarlas a los más fuertes económicamente− ha sido que dicha política es la única política (económica) posible. Esta política económica empobrecedora, así como la extracción insostenible de todo tipo de recursos han alcanzado su límite social y ecológico. Ecológicamente lo está indicando el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales ocasionado. Socialmente lo confirma el empobrecimiento de la clase media y la pauperización de la clase trabajadora. Podemos repetir hoy, por tanto, pero por los motivos opuestos, que la única política (económica) posible es la que respeta los límites que impone el planeta a la extracción y consumo de recursos no renovables y la capacidad de absorción de la contaminación. Y la que es justa socialmente.

Para entender el actual panorama socio-político no podemos olvidar la influencia del agotamiento de recursos en el giro de la economía a la finaciarización y hacia las industrias tecnológicas. El presente es confuso, no un tiempo de certezas. Y el futuro no se percibe mejor que el pasado. Y esta confusión tiene anclada a la gente a un «posibilismo resignado» y falto de horizonte, en el que el peso del día a día impide «mirar más allá de lo inmediato». Circunstancia ésta última que explica el giro pesimista, nostálgico y reaccionario de la clase media antaño progresista.

Sabemos que mañana podemos no estar aquí. Pero este axioma ya no puede ser considerado solo desde la propia óptica vital. La crisis ecológica ha convertido esta posibilidad individual en una probabilidad colectiva si no actuamos ya. Si queremos recuperar el control sobre nuestro futuro, la única política posible es la que tiene como eje la sostenibilidad. La que se nos ha vendido como la única política (económica) posible: consumo, bajada de impuestos, recortes sociales, enriquecimiento del 1%, menos democracia, es mentira por insostenible social y ecológicamente. Es urgente, por tanto, que la sociedad abrace el cambio a lo verde: que abarca no solo la sostenibilidad, si no también la igualdad de las mujeres y los hombres en la sociedad, en los cuidados y en la reproducción de la vida biológica. Hoy, además, con urgencia.

Las consecuencias negativas que está imponiendo el cambio climático en nuestras vidas, hace que debamos formularnos muchas preguntas y reformularlo todo. Si queremos que mañana el presente vuelva a ser mejor que el pasado, si queremos dejar atrás la incertidumbre y recuperar la confianza, hemos de instaurar una nueva organización y un nuevo reparto del poder, la influencia y los recursos. En oleadas sucesivas debemos cambiar urgentemente las estructuras económicas actuales y las ideas políticas. Reformar e innovar los elementos culturales de la sociedad actual: defender la igualdad de mujeres y hombres; exigir más democracia; redefinir los sentimientos de pertenencia a la nación; y favorecer una familia no patrialcal. Y subrayar, como elemento de convicción, la estabilidad y la seguridad de esta nueva dinámica política, frente a la inestabilidad de la actual dinámica solo favorable para las clases dominantes.

O abrazamos el cambio o nos abrazamos a un pasado obsoleto. El mundo que está apareciendo no va a ser una continuación del que hoy tenemos –ecológica, tecnológica y socialmente−, sino uno completamente distinto. Hoy el pasado no es solo lo pretérito, es también la visión que solo contempla el presente. No podemos conformarnos solo con resolver a la urgencia o a la necesidad del día a día del ciudadano común, del gestor y/o del político. De lo inmediato. Porque entonces los acontecimientos nos sobrepasarán. Hemos de mirar más allá, a pesar de las dificultades. Hoy tenemos la opción de mirar al futuro, perspectiva que ha de tener como primera tarea la recuperación de la ilusión. Además de evitar un cambio climático descontrolado y una sociedad partida por la desigualdad que arroje a la pobreza a grandes partes de ella. En líneas muy genéricas esta visión del futuro se debe traducir en el abandono del enfoque mundo y el abrazo de la perspectiva planeta. En dejar de pensar y actuar desde perspectivas de clase o nación, para hacerlo desde la perspectiva de especie y de planeta, dentro de las cuales aquéllas habrán de insertase. Porque a pesar de las arengas, peroratas y discursos de los salvapatrias reaccionarios y los populistas, no tenemos más patria que el planeta.

La cuestión es: que sostenibilidad y como llegamos a ella. Pero, ¿y si la mayoría social aceptara continuar en el consumismo nihilista y en el entretenimiento banal y no hacer nada o no hacer lo suficiente para evitar las consecuencias del cambio climático –situación en la que aún nos encontramos, como ponen de manifiesto los científicos y los jóvenes con sus manifestaciones−?: ¿sería legítima dicha decisión?; ¿deberían los gobernantes elegidos por el pueblo continuar aplicando un programa de gobierno que conduce al desastre o deberían éstos gobernar en nombre de la justicia social, la igualdad y la equidad entre generaciones y aplicar un programa que contribuyera de manera real a la lucha contra el cambio climático y la crisis ecológica?; ¿tendría la minoría del presente derecho a rebelarse contra la decisión de la mayoría que la condena?; ¿puede una mayoría de ciudadanos del presente perjudicar los derechos, medios, posibilidades y modo de vida de los ciudadanos del futuro?

Lo inevitable es posible. Es urgente. Es ineludible. Hoy solo es factible abrazar el cambio, nunca conservar el pasado obsoleto. Y no solo hemos sumarnos al cambio, sino liderarlo desde la democracia y sobre premisas de sostenibilidad, igualdad y equidad. O eso u otros nos impondrán su cambio.

Marzo del 19

15 Mar

Cuando los jóvenes dicen que ir a clase no tiene sentido en un  planeta sin futuro, no solo están diciendo una realidad evidente. Están actuando de una manera profundamente histórica y política. Con ese sencillo mensaje y las concentraciones semanales que están llevando a cabo los viernes ellos nos están diciendo que esos actos dan sentido a sus vidas. Que sus vidas están dando sentido a una época. Y que esta época está dando un nuevo sentido a la historia. Porque tenemos que admitir que tras estas movilizaciones ya nada será igual. Con ellas Mayo del 68 tiene su continuidad en Marzo del 19.

Esta continuidad se ve en la actualidad de algunas consignas de Mayo del 68: rompamos los viejos engranajes (del consumo y la producción desmedida); bajo el empedrado está la playa (bajo el asfalto y el cemento está la tierra); vuelta a la normalidad (en cuanto a la asunción de los límites que tiene el planeta). Éstas alcanzan todo su sentido hoy, en Marzo del 19, no solo simbólicamente, sino literalmente. Cobran un sentido más profundo, histórico, del que tuvieron cuando se formularon, en cuanto que ellas ahora no significan solo un cambio epocal o una modificación de los usos y costumbres sociales, sino que son expresión de otra forma de estar en el planeta. Lo que dicen las consignas que usan los jóvenes hoy, es que es necesaria una nueva relación con la Naturaleza: no hay planeta B; cambiemos el sistema, no el clima; salvemos el planeta, escrito en sus pancartas hechas de cartones reciclados y en sus manos. Su traducción es política es: una ola verde liderada por mujeres jóvenes, un auge del veganismo y una reactualización del feminismo con un fuerte componente “eco”.

Estas movilizaciones juveniles, –símbolo de la alianza entre juventud y ciencia− tienen un significado más profundo: ser un viraje de la historia y, a la vez, ser la memoria de la civilización industrial de la que venimos. Ellos han conseguido suspender la lógica del mundo capitalista como había sido conocida hasta ahora, demostrando su falsedad (les deja sin futuro). A la vez que están estableciendo simultáneamente la lógica de una nueva universalidad que describe lo que hasta ahora pudo ser y no llegó a ser, por estar toda la vida subordinada a la obtención de beneficio económico.

Frente a la vieja concepción de la política entendida como una disputa por la forma de estar en el mundo, los jóvenes nos proponen entenderla de una manera más amplia: como una forma de estar en el planeta. La degradación ambiental que la civilización industrial ha causado es de tal magnitud, que los jóvenes se han topado no solo con toda la porquería que hemos lanzado al aire, al agua y a la tierra, sino que se han dado de bruces con los límites del planeta: cambio climático, contaminación por plásticos de las aguas de todo el planeta y reducción de la biodiversidad. Límites que para ellos se han convertido en limitaciones que atacan su salud y su seguridad y les son impuestas por quienes dicen que les aman.

Ante este futuro −aterrador y frustrante− los jóvenes nos interpelan. En los organismos internacionales, en los parlamentos, en la calle. Están concienciados y se han empoderado. Piden cuentas: ¡por qué no habéis hecho vuestros deberes! Piden explicaciones a los políticos de por qué no hacen lo suficiente cuando la solución es conocida: eliminar los gases de efecto invernadero de la economía. Se preguntan por qué les legamos un planeta sin futuro que les deja sin destino, si tanto les importamos.

Instalados en el abismo del cambio climático, la realidad de la vida de cada ser humano ya no puede ser explicada, comprendida y descifrada solo desde la realidad del mundo (la sociedad) y sus contradicciones, sino que ésta debe ser revelada, desplegada y vivida en el contexto planetario degrado por la acción humana.

En Marzo del 19 hemos de escuchar a los científicos y los gritos de nuestros jóvenes. Actuar de manera inmediata. Hoy, más que nunca, planeta y democracia forman una realidad inseparable. La solución de la crisis ambiental solo puede ser alcanzada entre todos. Como dice Sebastiao Salgado: el ser humano es «la sal de la tierra». Pero sin aire y sin agua no hay sal.

 

El puzzle climático de las elecciones del 28-A

11 Mar

Las encuestas descartan, por ahora, la posibilidad de un gobierno de izquierdas en coalición con fuerzas nacionalistas tras las elecciones del 28-A, debido al hundimiento electoral de Podemos y por la propia actitud de bloqueo parlamentario que anuncia parte de los independentistas catalanes. Un gobierno PSOE-Ciudadanos tras las elecciones generales del 28-A es el escenario más probable al que nos enfrentaremos.

Pero un gobierno así se traduciría en un capitalismo verde de corte socio-liberal. Muy liberal en muchas políticas: economía, trabajo, globalización, energía, cambio climático. Y más a la derecha en lo social. Estupendo para el mundo y para el 1%, pero fatal para el planeta, para los niños y para el 99% restante. Este parece que es el resultado más previsble de las próximas elecciones generales. Este resultado electoral que tendría consecuencias en el incremento de la temperatura del planeta y con él contribuiríamos a que este amento fuera de 3ºC o más. Pero si el resultado de las elecciones fuera otro gobierno tripartito de la derecha, con los xenófobos, machistas, homófobos y negacionistas climáticos de Vox apoyando desde el Parlamento o formando parte del Gobierno del Estado, volvemos al pasado y continuamos en el terreno del business as usual, y con él contribuiríamos a que este aumento de temperatura del planeta fuera de 5ºC o más.

Si analizamos los programas electorales de las distintas fuerzas políticas y las declaraciones de sus principales dirigentes nos encontramos con que:

VOX: Rocío Monasterio, una de las principales dirigentes de Vox, señaló que el cambio climático no es una amenaza, ni tan siquiera un riesgo, sino un «camelo», «un argumentario falso».

PP: Antepone todo tipo de intereses a  la protección del medio ambiente. Hay contraste entre sus promesas y las acciones del PP ejemplos de esto: la supresión de los incentivos económicos para la instalación de nuevas infraestructuras de producción de energía renovable y en conocido como impuesto al sol con el que prohibió el autoconsumo solar.

Ciudadanos: Apuesta por el fraking. Apuesta por la presencia del carbón en el mix energético y por combatir el cambio climático con el principio de quien contamina paga y sensibilización ciudadana. No hace referencia al tema nuclear.

IU a pesar de su compromiso con la protección y defensa del medio ambiente sigue siendo deudora de la hipoteca contraída con el sector del carbón; y las políticas económicas que tanto PSOE como Podemos proponen no alteran la lógica del sistema ni ponen en peligro sus fundamentos y con estas políticas contribuiríamos a un incremento de temperatura en el planeta de entre 2-3ºC. Dos grados, dicen los científicos, ya es un incremento no deseable. Y los efectos negativos del cambio climático serán mayores y ocasionarán más efectos negativos en los adolescentes y las mujeres.

Houston, tenemos un problema climático. Porque el clima tiene un comportamiento no lineal. Un aumento de la temperatura de 2° C no es el doble de virulento que uno de 1° C (que ya se ha producido), puede serlo varias veces más. Y un incremento de 3 o 4° C será letal para los seres humanos y para el planeta. Las consecuencias para el planeta y para los seres humanos y nuestra civilización se multiplicarán. Previsiblemente, dicen los científicos, se producirán catástrofes naturales, escasez de agua y alimentos, corrientes migratorias de una magnitud desconocida, y conflictos armados. Nos quedan 12 años para revertir el incremento y dar solución al problema del cambio climático.

Pero la insuficiencia de la acción climática puesta en práctica por los gobiernos, las trabas que pone la derecha y la negación de la realidad de la extrema derecha, no deben desincentivarnos en la lucha por dejar un planeta y un mundo mejor a nuestros hijos y a nuestros nietos. Debemos, por el contrario, tomar ejemplo de los adolescentes que faltan a sus clases y las mujeres, que salen a la calle a reivindicar sus derechos. Y como ellos y ellas, cada uno, debemos empoderarnos y exigir un planeta habitable y un futuro digno y lleno de igualdad. Y la primera prueba que tenemos por delante son las elecciones generales del 28-A. El voto a la derecha y a la extrema derecha ataca a nuestra supervivencia y a nuestra decencia. No lo podemos olvidar. Y las consecuencias de no prestar atención han de ser tenidas en cuenta. Muy en cuenta. No podemos escuchar los cantos de sirena. Nuestro voto, nuestra decisión, a partir de hoy, cuenta más que nunca. Supervivencia, igualdad y voto ya están ligados.

Extinción o rebelión

4 Mar

Dos escenas golpean mi mente esta precampaña electoral. Una es la de las derechas y la extrema derecha mintiendo sobre la ruptura de España, el supuesto golpe de Estado en Cataluña y el anuncio de un 155 más duro; replicada desde el Gobierno con la visita a las tumbas de Manuel Azaña y Antonio Machado, el intento de exhumación de Franco del Valle de los Caídos y la llamada antifascista de la izquierda. ¿Tiene sentido esta escenificación y este alboroto? La otra es la de las manifestaciones de jóvenes en Europa –también recientemente en España− exigiendo a los gobiernos que actúen contra el cambio climático, pues se quedan sin futuro. La respuesta de las derechas y de la extrema derecha ha sido: iros a estudiar. Son dos mundos en pugna: el de la depredación y el de la vida, que tienen dos lógicas diferentes: extinción o rebelión.

Esta visión refleja la dualidad del mundo actual. Hoy nuestro mundo ya no está solo. A partir de hoy el mundo –político, social, económico, humano en definitiva− tiene que aprender a con-vivir con el planeta. Con los sistemas que sostienen la vida: el clima, los ecosistemas, la biodiversidad, el resto de seres vivos, sin los cuales el ser humano y su mundo no pueden sobrevivir. Y tiene que aprenderlo rápido, pues no tenemos tiempo. El 1% rico, sin embargo, aspira a perpetuar la razón económica pura, el business as usal, sostener su modo de vida en islas de prosperidad, en burbujas aisladas que actúen como arcas de este sistema tecno-industrial explotador, sin importarle las consecuencias. Para ello ha establecido una «complicidad entre progreso y fascismo», que se ve con claridad a través de las narrativas y agendas del neofascismo, la Cuarta Revolución Industrial o los Objetivos del Desarrollo Sostenible, que en una nueva huida hacia delante siguen sin cuestionar las lógicas del crecimiento y la producción industrial. Lógicas que son apoyadas por todas las fuerzas políticas de Gobierno y aquellas que tienen representación propia en los parlamentos.

Hoy como hace 50 años la juventud está en la calle. Gritan que vivimos en emergencia climática, que no hay planeta B (1). Que no hay tiempo para esperar que ellos crezcan y actúen. Con un futuro achicharrado por el calor, la sequía, sin petróleo, con alimentos más caros, ¿¡para que van a estudiar?! Piden algo simple: que los científicos sean escuchados. Ante la política de la inacción climática y de la ilusión del crecimiento, en algunos países ha nacido un movimiento social denominado: «Extinción/Rebelión», que quiere activar a la ciudadanía y presionar a los gobiernos de todo el mundo con el fin de actuar urgentemente ante la emergencia climática. Es un movimiento de desobediencia civil, internacional, masiva y pacífica destinado a actuar «allí donde muere la esperanza» ante la parálisis y la inacción climática de gobiernos y poderes económicos.

Este movimiento ha publicado un manifiesto que dice: «La ciencia es clara, los hechos son incontrovertibles, y es inconcebible para nosotros que nuestras generaciones más jóvenes deban soportar la peor parte de un desastre sin precedentes de nuestra propia creación… Nuestro gobierno es cómplice de ignorar el principio de precaución y de no reconocer que el crecimiento económico infinito en un planeta con recursos limitados no es viable… Cuando un gobierno voluntariamente declina en su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos de daños y de asegurar el futuro para las generaciones venideras, ha fracasado en su deber más esencial de administración. El contrato social se ha roto y, por lo tanto, no sólo es nuestro derecho, sino también nuestro deber moral rechazar la inacción del gobierno y el flagrante abandono de sus deberes, y rebelarnos para defender la vida misma. Por lo tanto, declaramos nuestro apoyo a la Rebelión contra la Extinción. Respaldamos totalmente las demandas que solicitan al gobierno que se atreva a decir la dura verdad a la ciudadanía. Pedimos la puesta en marcha de una Asamblea Ciudadana que trabaje con la comunidad científica sobre la base de la evidencia existente y de acuerdo con el principio de precaución, desarrollar urgentemente un plan creíble para la rápida y total descarbonización de la economía».

Las viejas recetas ya no sirven. El lema: «vamos despacio porque vamos lejos», tampoco. Los jóvenes, las mujeres y los integrantes de este movimiento dicen lo mismo: cambiemos el sistema, no el clima. La gente con sentido común también. «Es hora ya de rebelarnos contra el control corporativo capitalista [multinacionales] que pone el beneficio económico a corto plazo por encima de nuestra propia existencia. Vamos muy tarde y estamos cerca de no llegar a tiempo.» Tenemos una oportunidad y una responsabilidad moral: encontrarnos en la Asamblea Ciudadana. Yo ya he dado el paso. Hazlo tú también. ¿Qué prefieres: extinguirte o rebelarte?

(1) Rap cpn letra de Emilio Santiago Muiño y Duarte Artabe

El voto verde es el voto útil

30 Nov

Hoy más que nunca el voto verde es el voto útil, tras la oposición de algunos ministerios a tramitar por la vía de urgencia la ley de cambio climático y la de transición energética, que se aplaza, optando el Gobierno por adoptar las medidas urgentes por decreto ley. Un parche, porque el cambio climático requiere una actuación transversal y sistemática, no actuaciones puntuales y aisladas. Hoy más que nunca se demuestra que el voto verde es el voto del sentido común, ante la insensatez e irresponsabilidad del Gobierno con la medida adoptada. Y en Andalucía, en las elecciones del 2D, el voto útil y de sentido común es el voto a Equo Verdes – Iniciativa Andalucía.

El voto a Equo Verdes – Iniciativa Andalucía es un voto útil porque va a dar voz en el Parlamento de Andalucía a quienes tienen el coraje y la responsabilidad suficiente para decir la verdad de lo que está pasando con el cambio climático y con todo lo que afecta a la gente. Va a dar la voz a quienes son capaces de subir a la tribuna pública —y a la vista de todos— proponer las medidas que es necesario comenzar a adoptar sin más dilación: cambiar el actual modelo fracasado por un nuevo desarrollo que nos ponga a la vanguardia; crear empleo digno sin explotar a las personas ni al medio ambiente; blindar los servicios públicos de educación y sanidad; luchar contra la exclusión, el machismo y el cambio climático; crear, en definitiva, una tierra de oportunidades que garantice nuestro presente, pero también nuestro futuro.

Las fuerzas políticas no ecologistas siguen apostando, mientras tanto, por dar continuidad a un sistema insostenible o se centran en lo social y desatienden lo medioambiental, en la ingenua creencia o la cínica manifestación de que esto se puede arreglar más adelante. Otros no salen de la apelación a la patria, como si ésta pudiera existir en un planeta agotado y colapsado. Todos dicen defender a Andalucía y a su gente, pero piensan en sus propios intereses.

Y mientras se agitan los espantajos de la ultraderecha y del desastre económico, se dice interesadamente que el voto a las fuerzas políticas que no tienen representación parlamentaria, es un voto tirado a la basura. Inútil.

Pero esta afirmación no es más que una trampa que se usa para conseguir —sobre el miedo de la gente de buena voluntad— un apoyo electoral que de otra manera no obtendrían quienes la utilizan, en vez de promover la explicación de las propuestas electorales de las distintas fuerzas políticas y el debate social de las mismas. Con este ardid el mal político traspasa el miedo al ciudadano. Es una trampa para mantener la desesperanza en la gente y hacerles creer que antes que abrir el voto a la ilusión y la esperanza, es mejor seguir como estamos y votar con la nariz tapada a quienes se han corrompido y han desilusionado a la gente.

El voto de esperanza es, sin embargo, el que deposita la ciudadanía en las urnas con la certidumbre que ese voto tiene sentido, con independencia del número de votos que obtenga la fuerza política elegida. Es el voto que testimonia el sentido común de esta época y que sirve para que otros ciudadanos y ciudanas puedan ver que éste existe y está presente en el panorama político y animarlos para que su voto en las próximas elecciones también sea de esperanza. Ilusionado. Es el voto del amor a Andalucía, al planeta y a su gente

Hoy no votar, no es una opción. El voto útil el 2D es el que apuesta por el futuro y la felicidad de todos. Es el voto a Equo Verdes – Iniciativa Andalucía.

Un futuro verde para Andalucía

26 Nov

El PSOE lleva 40 años gobernando en Andalucía. La izquierda no quiere hablar de los retos de este siglo para no perder votos. La derecha continúa su apuesta por la desigualdad, enzarzada, además, en la lucha por la hegemonía dentro de su espacio político. La ultra derecha reclama un retroceso histórico. Unos plantean el futuro como una continuidad de un presente insostenible y otros reivindican la imposición y la patria como fórmula. Pero ninguna de las fuerzas con representación parlamentaria plantea un futuro verde para Andalucía.

Una coalición en estas elecciones: Equo Verdes-Iniciativa Andalucía, concibe un porvenir donde se encuentran y aúnan la cultura y la tradición de Andalucía con la sostenibilidad y la innovación en Andalucía. Plantea ésta un compromiso desde la ilusión: cuidar a los andaluces y a Andalucía. Un compromiso que pone a las personas y el medio ambiente en el centro de la política, que gira sobre el sentido común y la ética.

Ante los retos y problemas que tiene Andalucía: desigualdad, cambio climático y capitalismo no democrático, repetir lo que no ha funcionado no es una opción.

40 años de fracasos del gobierno del PSOE en Andalucía han servido para perpetuar la precariedad económica y la desigualdad. Y con su negativa a crear una Consejería para la Transición Ecológica, hipoteca el futuro de Andalucía y de la gente que en ella vive al impedir que las políticas medioambientales atraviesen transversalmente todas las demás.

Tampoco sirve una izquierda que no es capaz de dialogar para formar alianzas y sumar mayorías con otras fuerzas políticas. Y sus propuestas —a pesar de las medidas correctoras que incluyen— justifican un sistema económico insostenible y perpetúan las desigualdades sociales, al permitir la apropiación de los recursos por una élite; acaban con los recursos naturales de todos; y no sirven para luchar contra el cambio climático.

La derecha del PP y de C’s no es la salida, pues son los representantes de la estructura de poder que nos ha metido en la actual situación. Su única propuesta es la petición de construir más infraestructuras por empresas privadas, la disminución de los salarios, la bajada de impuestos y la eliminación del estado de bienestar que hemos construido.

La ultra derecha, que intenta estar presente en el escenario político, se envuelve en la bandera y la patria, pide la desaparición de las autonomías, la derogación de la ley de memoria histórica y de violencia de género, la deportación de inmigrantes y el cierre de mezquitas. Es menos solución aún.

La coalición Equo Verdes-Iniciativa Andalucía está haciendo una campaña electoral desde la ilusión y el sentido común. Desde ella se plantea la necesidad de cambiar un modelo fracasado por un nuevo desarrollo que nos ponga a la vanguardia. Crear empleo digno sin explotar a las personas ni al medio ambiente. Blindar los servicios públicos de educación y sanidad. Luchar contra la exclusión, el machismo y el cambio climático. Crear, en definitiva, una tierra de oportunidades que garantice nuestro presente, pero también nuestro futuro, dado que no tenemos más patria que el planeta y sin planeta no hay Andalucía.

Cuidar el planeta es cuidar Andalucía. Y para cuidar Andalucía es necesario cuidar el planeta. Este es el compromiso de la coalición Equo Verdes-Iniciativa Andalucía. ¿El 2D se atreve a votar una opción que plantea algo nuevo y que funciona?

Artículo conjunto de Francisco Soler y Rafael Rodríguez de León

Cuando los meteoros ocultan el clima

13 Sep

Los cambios sociales globales que se están produciendo indican que la sociedad industrial se está desmoronando. No solo eso. Únase a ello el cambio climático y el avance tecnológico que está ocurriendo en los procesos productivos y se tendrá una radiografía aproximada de la agitación que recorre el mundo. La mayoría de los análisis que se están realizando, no obstante, utilizando una metáfora lingüística, son intransitivos. Subrayan los cambios desde la perspectiva de un solo núcleo. Las amenazas de este siglo, sin embargo, piden un análisis transitivo, es decir, de dos núcleos: sujeto (el ser humano) y objeto (biosfera), que ponga de manifiesto la inclusión del primero en el segundo y la interacción mutua entre ambos. Al no incluir las fuerzas políticas en su análisis la variable pico del petróleo y al considerar de manera insuficiente —diría incluso tramposa— la del cambio climático, la insostenibilidad del metabolismo de la actual sociedad industrial queda fuera del debate político y público. Al tiempo, la sociedad sigue en la ilusión del consumo. Y un superviviente de una unidad de operaciones especiales de los activistas clandestinos polacos —que participó en el levantamiento del gueto de Varsovia— nos recuerda una realidad que no debemos olvidar: «nunca os imaginéis que vuestro mundo no puede derrumbarse, como lo hizo el nuestro.»

Con los parámetros descritos el debate se centra, de manera inevitable, en la naturaleza financiero-económica de la crisis, cuando en realidad la misma es ecológica: proviene del descenso de la disponibilidad de energía fósil barata. Cuando alguien dice que las causas de la Gran Recesión son la deuda, la desregulación financiera, las hipotecas basura, la burbuja inmobiliaria, el riesgo crediticio, etc., éstos son factores secundarios que han reaccionado a una causa primera: la falta de petróleo barato suficiente para seguir creciendo[1]. Esta situación de escasez se originó a partir de 2002. La solución que se encontró entonces para seguir creciendo fue la deuda. Por eso deuda y falta de petróleo van de la mano. Y por eso la crisis no ha podido resolverse: porque no hay petróleo barato abundante. Y en diez, quince años (2025-2030, según la estimación realizada en 2015) puede no haber petróleo disponible para los que no lo producen. Con los datos y conocimientos actuales es difícil imaginar escenarios realistas —para dentro de una década— en los que el colapso del petróleo no vaya a tener lugar[2]. Pero estos escenarios, al estar fuera del debate político público, son una agenda que se mantiene opaca para la gente. Y nadie está haciendo nada.

La no inclusión del pico del petróleo en el análisis político, hace que el debate salga del eje productivismo/antiproductivismo, que es el que le sería natural, y se albergue en el eje izquierda/derecha, que es el de la pelea por l redistribución de la riqueza sin contemplar las limitaciones que nos impone la biosfera para su creación. El análisis y el debate se hace, por tanto, desde parámetros incorrectos, secundarios. Ante la escasez de petróleo el actual debate público no está siendo el de esos límites que tiene el planeta, la transición a una sociedad pospetróleo y la cantidad y forma de uso de los recursos. El debate continúa centrado en cuál es la mejor forma de mantener el actual metabolismo de la sociedad industrial.

De otro lado, la apuesta tecnológica que se hace para ello y la orientación de la economía a los servicios, ha permitido que los empleos menos cualificados sean ocupados por inmigrantes, que ofrecen su fuerza de trabajo por menos salarios y usan los servicios y beneficios que les brinda el Estado protector. Esta circunstancia ha creado un enorme malestar entre los trabajadores nacionales con menos formación y recursos, y ha provocado que depositen su voto a fuerzas xenófobas que culpan a la inmigración de todos sus males.

Únase a lo anterior las migraciones por causas climáticas —26,7 millones de desplazados anualmente según el informe Frontiers 2017 de la ONU— debido a las tensiones ecológicas que el cambio climático está produciendo en muchos territorios: sequías, descenso de la producción de alimentos, incremento de la violencia tanto en forma de exacerbación de conflictos existentes, como de aparición de otros nuevos.

El efecto que estas tres circunstancias —combinadas y no explicadas— está ocasionando, es un repliegue de las sociedades sobre sí mismas (nacionalismo), un despertar de  la pulsión xenófoba y una ruptura de la solidaridad intra e interclasista. Ha sucedido en Francia, en EEUU, en Alemania, en Reino Unido. En Polonia y Hungría los gobiernos nacionalistas e identitarios han reforzado su poder. En Austria e Italia, unos partidos vinculados al fascismo de entreguerras tienen un papel crucial en las respectivas coaliciones de Gobierno. La República Checa, Eslovaquia y Eslovenia cuentan con unos partidos de extrema derecha muy poderosos. En Suecia, Finlandia y Dinamarca se encuentran en la misma situación.

Hoy estamos en la fase que se puede denominar: ‘nosotros primero’. Pero cuando la crisis energética se agudice, este sentimiento se agudizará paralelamente. Su traducción en la práctica será nosotros primero segundo y tercero. Y este sentimiento se puede acentuar hasta llegar a ser: ‘nosotros somos los únicos.’ De esta manera, poco a poco, las sociedades humanas se pueden deslizar hacia las ideas de primacía natural, hacia esquemas de «pueblo dominador-animal de carga». Un ejemplo de ideas de supremacía —cercano en el tiempo y el espacio— es el actual Presidente de la Generalitat, para quien los españoles son «bestias con forma humana». Individuos «con un pequeño bache en su cadena de ADN»[3].

En un mundo que sufrirá cada vez más una escasez acusada de recursos, una pregunta me asalta: ¿el término ‘sustentabilidad o sostenibilidad’ podría resignificarse desde lo ambiental hacia una sostenibilidad humana, concebida como la correlación entre los recursos necesarios para sostener una vida humana de un grupo determinado y ciertas características del mismo, en el que no estarían incluidos los individuos calificados como «subhumanos», «bestias», ineficientes u otro atributo dirigido a dicho fin?

Una sociedad que cada vez puede ofrecer menos trabajo debido al avance tecnológico y con menos disponibilidad energética. Con menos territorio, alimentos y agua disponible en la medida que se agudice el cambio climático y un crecimiento de la población mundial que no se detiene[4]. Con migraciones climáticas que —según ACNUR— obligarán a dejar sus casas y trasladarse a otro país a entre 250 y 1.000 millones de personas en los próximos 50 años[5], si no se frena el cambio climático. Que algunos pidan una «gestión migratoria solidaria y profundización democrática», es como ponerse a tocar la flauta en el metro confiando en que los viandantes te echen unas monedas y que con ellas vas a solucionar unos problemas que requieren otro tipo de solución.

Los medios de comunicación son una herramienta que construye la realidad. Y hoy están actuando en modo Matrix, al mantener la ilusión de un mundo que no existe: energía abundante, crecimiento infinito, desarrollo sostenible, progreso ilimitado. Y muchos de ellos, además, ayudan a crear un mundo falso: la inmigración como culpable de todos los males. En este contexto el partido verde debe elegir, para el futuro, —usando palabras de Manuel Casal— entre ser parte del «1% que representamos la gente consciente del colapso para hacer que el 98% despierte y luche con nosotros para frenar a ese 1% que nos dirige al abismo». O legitimar la real politick cortoplacista de la izquierda —bajo la excusa de dar de comer a la gente— que acalla conciencias y demora la acción de la gente hasta el último minuto y no sirve para evolucionar un sistema ahogado en el consumo y por la contaminación. La gente no quiere escuchar la realidad antipática a la que nos enfrentamos. Pero en un clima general de evitación de la realidad para no perder algo: votos, influencia, dinero, alguien debe decir las cosas francamente, como realmente son.

Una de las causas que originan la demora antes señalada —entre las varias que concurren— es el reverdecimiento del programa neokeynesiano de la izquierda, con el marchamo verde que le otorgan las coaliciones con el partido ecologista. ¿Puede una fuerza política entregar, dilapidar, la confianza? ¿Hay algún tipo de táctica que lo justifique? El pico de petróleo ha llegado y el aspecto que tiene no era el que esperaba la mayoría de la gente. Es bastante más antipático. Y trae un regalo, no por esperado, indeseado: el cambio climático. Ningún líder ni ninguna política pueden cambiar lo que la física, la geología y la termodinámica han dictado para nosotros. Con ellas no hay negociación que valga. ¿Piensan las fuerzas políticas, entonces, seguir haciendo como que hablan del clima, cuando en realidad no dejan de hablar de los meteoros? La actual crisis de la civilización industrial no es solo una crisis de incremento de temperatura, de derretimiento de los polos o de subida del nivel del mar. Es sobre todo una crisis de exceso de emisión de CO2, de disminución de disponibilidad energética barata. Pero tambien es un reto que nos ofrece la oportunidad, aun en esta tesitura, de poder «vivir mejor cualitativamente o al menos no peor» que ahora. ¿Hasta cuándo piensan seguir las fuerzas políticas e instituciones de gobierno haciendo como que no pasa nada?

[1]Lo dice así de contundente Rankia, la web para los profesionales de la gestión patrimonial. https://www.rankia.com/blog/game-over/2611551-pico-petroleo-decrecimiento-colapsoUn buen ejemplo de ello es el comunicado de Attac Europa sobre el décimo aniversario de la caída de Lehman Brothers:  https://www.attac.es/2018/09/12/10-anos-despues-de-la-crisis-financiera-nuestros-dirigentes-nos-han-fallado-el-futuro-depende-de-nosotros/

[2] Los resultados muestran que una transición energética dirigida por la demanda, como las realizadas en el pasado, no parece posible: si las tendencias de demanda continúan se prevé una fuerte escasez antes de 2020, especialmente en el sector del transporte, mientras la generación de electricidad parece incapaz de cubrir la demanda a partir de 2025‐2040. Las actuales políticas conducen a un colapso energético global a mediados del siglo XXI por la incapacidad del sistema económico de adaptarse a los límites de los recursos naturales. Conclusión que se expone en el estudio: ”Agotamiento de los combustibles fósiles y escenarios socio‐económicos: un enfoque integrado”, Septiembre 2014, Iñigo Capellán‐Péreza, Margarita Mediavilla, Carlos de Castro, Óscar Carpintero, Luis Javier Miguel: a. Low Carbon Programme. Instituto de Economía Pública, Universidad del País Vasco. b. Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática, Escuela de Ingenierías Industriales. c. Departamento de Física Aplicada, Escuela de Arquitectura, Universidad de Valladolid. d. Departamento de Economía Aplicada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Valladolid.

[3] El pensamiento antiespañol de Quim Torra a través de sus artículos. El Periódico, 4.5.2018, https://www.elperiodico.com/es/politica/20180514/quim-torra-articulos-contra-espanoles-6817795

[4] Cuya cifra ahora es de 7.700 millones y se calcula que alcanzará los 9.700 millones en 2050

[5] Un dato para la comparación es el siguiente: la II Guerra Mundial ocasionó 60 millones de desplazados

Del austericidio financiero a la austeridad energética

2 Sep

El nivel de energía disponible por una sociedad, condiciona el nivel o calidad de vida de ésta. Y hoy la disponibilidad de energías fósiles está en declive. El petróleo ya ha llegado a su cénit o pico y en los próximos años viene el pico del gas y el del carbón. La relación entre sistema financiero y energía la explica muy bien Manuel Casal. Señala éste que el declive energético hará inviables los actuales sistemas monetarios. Y que la falta de crecimiento económico hará inviable el sistema financiero al estar éste basado en el interés compuesto. La austeridad financiera es, así, la receta empleada para sostener la tasa de ganancia del capital. Veamos cómo es esta relación.

Lo señalado anteriormente se puede explicar con los dos sencillos gráficos que a aparecen a continuación, —la idea de los círculos concéntricos la tomo del libro de Manuel Casal, La izquierda ante el colapso de la civilización industrial, que plasmo de manera aproximada en la figura 2 de abajo y desarrollo en la figura 1—. Mientras en la primera figura, describe la actual relación de la civilización industrial en la biosfera: la economía actúa como capa o nivel omnicomprensivo que abarca todas las demás. Las restantes capas quedan supeditadas a las leyes económicas que niegan a las demás; la figura 2, representa la correcta inmersión de la especie y la sociedad humana en la biosfera, en la cual el ambiente es el nivel o capa en el que se incluyen los demás y actúa como límite de lo posible para las sociedades humanas y no humanas, sin que ello implique la negación o contraposición con los restantes niveles o capas.

           

Partiendo de la forma de la forma de inclusión del ser humano en la biosfera y la relación con el ambiente descrita para la figura 1, el principal motor de la sociedad en Occidente desde la Revolución Industrial ha sido la fe en el progreso, entendido como crecimiento económico. En coherencia con la organización económica, social y tecnológica de la civilización industrial y con su postulado principal: el progreso, las fuerzas políticas se han organizado en la defensa de los intereses de los grupos sociales (clases) que representan, a fin de obtener una parte mayor de la riqueza que se creaba, sin interesarse por los límites que impone la biosfera. El caballo de batalla ha sido y es la distribución de la riqueza que se genera. Hasta la segunda mitad del siglo XX ninguna fuerza política cuestionó el dogma del crecimiento. En los años 60 del pasado siglo el movimiento ecologista fue el primero que lo hizo. A partir de este momento ha surgido una nueva divisoria política entre fuerzas productivistas o antiproductivistas —o industrialistas y no industrialistas— según defiendan el dogma del crecimiento económico sin límites (entendido como producción ilimitada) o, por el contrario, que éste esté ceñido a los límites biofísicos y termodinámicos que impone el planeta. Esta nueva divisoria establece una nueva pugna política: la de los límites que impone la biosfera.

                        

Figura 3, (elaboración propia). Gráfico en el que se relaciona la puesta en práctica de las divisas de la Revolución Francesa, el tiempo histórico en el que aparecen y la ideología que levanta la bandera

Si se realiza un análisis de las etapas históricas que ha atravesado la civilización industrial, y se toma como eje de dicho examen la divisa de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad, se observará que tanto la lucha por la libertad de la Revolución Liberal, como la lucha por la igualdad de la Revolución Socialista, han tenido en su centro la disputa por la apropiación de los recursos materiales, junto a otras luchas como: la del control de los medios de producción y la de la distribución de la riqueza. La libertad burguesa no era solo política: no solo aspiraba a sacudirse el dominio del poder del rey, reclamaba sobre todo libertad económica: la liberación de los recursos naturales, la libertad de comercio y de empresa que exigía la Revolución Industrial y que el absolutismo no podía afrontar, merced de la intervención en la economía, del déficit público y del grado de parasitismo del estamento nobiliario y la Corte que consumían directamente —en Francia— un sexto —16.6%— del presupuesto nacional. Y la igualdad socialista no solo aspiraba al acceso del proletariado a la propiedad de los medios de producción para producir y distribuir la riqueza estatalmente generada, sino que la misma conllevaba la necesidad de acceder a los recursos de manera ilimitada para poder materializar las aspiraciones del pueblo.

Los gráficos 1 y 3 ponen de manifiesto que la batalla política ha estado centrada en el nivel económico y político del gráfico 2, obviando los restantes niveles. Ello ha llevado a una subversión de dicho orden y a la preponderancia de lo económico sobre todo lo demás con olvido del nivel antropológico —entendido como la repercusión de y sobre la especie, tanto humana como restantes— y el ambiente —o biosfera— que da sustento a la vida en el planeta, tal y como se indica en la figura 1. Esta subversión ha llevado a considerar el medio ambiente como un subconjunto de la economía, como un mero stock de aprovisionamiento para la actividad productiva. Diversos estudios revelan, sin embargo, la falacia del mito de la calidad de vida ligada al crecimiento del PIB, ya que por encima de un determinado nivel de renta per cápita anual (13.000 euros), no hay mayor calidad de vida, sino mayor consumo de energía y recursos materiales, superficial y destructivo.

Una relectura en clave ambiental de los acontecimientos políticos del último tercio del siglo XX, nos muestra nuevos hitos significativos que proporcionan una nueva comprensión de ese período histórico. En la década de 1970 la destrucción de la Naturaleza dejó de ser un mal condenable, para pasar a ser contemplada como una «pérdida de servicios». En 1971 se publicaron los resultados del trabajo de modelización del mundo titulado World Dynamics, que llegó a la conclusión que la economía mundial tendía a estancar su crecimiento y a colapsarse como resultado de una combinación de la disponibilidad de los recursos, la sobrepoblación y la contaminación. En 1972 se publicó el Informe Meadows sobre Los límites del crecimiento, con un fuerte impacto. Posteriormente el sistema económico mundial ha seguido muy de cerca el escenario de declive económico (escenario “caso base”) previsto en él. 1973 fue el año de la primera crisis del petróleo. En la década de 1980 comienza la extralimitación ecológica y el negacionismo tanto climático como de los límites biofísicos de la economía. Entre 2005-2008 se estima que se alcanzó el máximo nivel en la producción de petróleo (pico del petróleo). Y en 2008 se produjo la segunda crisis del petróleo.

No debe despreciarse la conexión entre los hitos ambientales indicados y el giro de la economía que posteriormente se produjo. El precedente fue firma de la Carta del Atlántico, en plena II Guerra Mundial, en 1941, que declaró la voluntad conjunta de los Estados Unidos y Gran Bretaña de garantiza igual acceso a las materias primas que les fueran necesarias para su prosperidad económica a los estados. Y que, a la vez, constituía una garantía para ambos Estados. El segundo paso se dio en 1957, con la creación de la CEE como un «orden de mercado» u «orden de competencia». En 1970 se produjo el resurgir del neoliberalismo y arrancó el proceso de financiarización de la economía. En lo político este resurgir se tradujo en la elección de una triada de presidentes neoliberales: Valéry Giscard d’Estaing (1974), Margaret Thatcher (1980) y Ronald Reagan (1981). En España, la muerte del dictador en 1975 permitió que nos sumáramos desde el inicio al renacimiento neoliberal con la aprobación de la Constitución de 1978, que es el pacto fundacional del neoliberalismo en España y cuyo texto ha marcado el rumbo que ha seguido nuestro país. La principal lectura que hay que hacer de su aprobación no es la que hace la izquierda como legitimación de la continuidad del pasado, sino como un instrumento de tránsito hacia el futuro neoliberal.

Y, en estas, llegamos a la reforma del artículo 135 de la Constitución, que prohibió el déficit público y antepuso el pago de la deuda a cualquier otra necesidad pública. Esta reforma es una vuelta de tuerca más, en España, de la política neoliberal instaurada en 1978, cuyo efecto práctico ha sido la «desposesión generalizada de la riqueza» a las clases populares, sin reparo alguno, por los detentadores del capital.

Ello nos pone en la pista de dos hipótesis: una, que la derecha es consciente de la intensa e irremediable escasez que viene; dos, el diagnóstico equivocado de la crisis que hace la izquierda, pues no se trata de una cuestión puramente económico-financiera que exige redistribuir, sino que además será necesario pisar el freno y relocalizar. La insistencia de la izquierda en el crecimiento económico es un error anacrónico que parte de una comprensión superficial de la actual crisis, por cuanto el crecimiento económico del que gozamos y la complejidad de los modernos Estados está en relación directa con la cantidad disponible de energía con alta tasa de retorno energético  que proporcionan las energías fósiles, actualmente en fase de declive.

Con el mantenimiento del mito del crecimiento, la izquierda se encierra en un bucle del que no puede salir y se desliza por el marco que establece la derecha. Tras la proclamar que la austeridad es mala, ¿cómo piensa la izquierda explicar a la sociedad que la austeridad es mala pero la frugalidad material es buena? Sin quererlo ni buscarlo legitima la austeridad financiera que ha impuesto el capital, al mantener el debate dentro del marco que ésta ha establecido, en vez hacer una impugnación total del sistema y establecer otro marco para el debate político: el de la transición civilizatoria hacia una sociedad de prosperidad sin crecimiento.

Como bien explica Manuel Casal en su libro, la actual creación de dinero bancario a escala mundial está basada en la perpetua creación de deuda, lo cual requiere que la economía de mañana sea, en términos cuantitativos, mayor que la de hoy para permitir no solo devolver el crédito sino también pagar los intereses. La Gran Recesión de 2008-2009 —que fue una crisis con origen ambiental—  fue un efecto del agotamiento del petróleo, tras haber alcanzado el pico de producción. El esquema de crecimiento actual asentado en la expansión del crédito, requiere un flujo creciente de energía barata que alimente la economía real. Cuando ese flujo de energía fósil barata se ha secado debido al cenit del petróleo, el sistema ha comenzado a fallar y seguirá esa senda hasta el colapso. Si no se pueden pagar los intereses de la deuda el sistema no es viable. Y hoy no cabe esperar  siquiera que se alcance la capacidad de devolver el principal de los préstamos vivos.

Separar lo financiero de la base material de la economía ha sido posible un tiempo, pero esta disociación no es posible mantenerla a largo plazo con el declive de las energías fósiles. La Gran Crisis de 2008 ha evidenciado que «lo sociopolíticamente posible es (…) un subconjunto de lo posible físicamente». Lo que está más allá de los límites que impone la biosfera, por tanto, está fuera de las posibilidades de la política. Así pues, en vez de aplicar recortes, austeridad y rescates financieros, operaciones que —como dice Antonio Turiel— no son más que un plan de liquidación de activos para pagar una deuda impagable y con los intereses prometidos, es necesario que la deuda ecológica sea tenida en cuenta; se implemente una política de recortes de la producción excesiva para la biosfera y superflua para la sociedad; se establezca un plan de austeridad energética real; y se ordene e implemente un objetivo de rescate y restauración de las partes dañas de la biosfera. No hemos vivido por encima de nuestras posibilidades financieras, como gusta acusar a la derecha, sino por encima de los límites del planeta, que es un matiz que siempre queda oculto.

Siguiendo el hilo conductor que trazan las divisas de la Revolución Francesa y partiendo de los retos y amenazas que —como especie— hemos de afrontar en el siglo XXI: la transición civilizatoria y el cambio climático, hemos de dirigir la evolución de nuestros valores hacia la fraternidad y encaminarnos hacia la inmersión real de la civilización humana dentro de los límites de la biosfera. Propuestas de este calado, hoy por hoy, solo están siendo formuladas por el movimiento decrecentista/colapsista y la ecología política. Jugar con las reglas del sistema no sirve y quienes debido a su realismo político han han impugnado el sistema han sido adjetivados de terroristas. La vía por la que hemos de transitar —como sociedad y como especie— pasa, por tanto, por recorrer el camino que va desde el austericidio financiero hasta la austeridad energética voluntaria y planificada, la autolimitación, la frugalidad y la vida simple. Lo demás, como dice un amigo, es música de flauta.