Desde los límites

1 Ene

Estamos en el límite de lo político, de lo ecológico y de lo moral. Y desde ellos es de donde debemos pensar para actuar. Pero no veo que esto sea así. Veo unas fuerzas políticas instaladas en el posibilismo climático cuando no es tiempo ni hay tiempo para ello. Y me pregunto entonces: ¿de qué le serviría a un partido verde ganar elecciones o alcanzar el poder con un pacto o coalición, si la acción de gobierno o la actividad parlamentaria que se despliegue después no sirve para evitar un incremento global de la temperatura en el planeta superior a 1,5ºC? Esta pregunta no puede responderse en el vacío, sino que ha de ser contestada en relación con esta otra: ¿cuál es la finalidad y el objetivo de un partido verde? No tener en cuenta la segunda pregunta para contestar la primera hace que cualquier respuesta que se pueda obtener se vea como válida. Sirva de ejemplo para ilustrar esta cuestión el pacto de gobierno de Los Verdes y el partido de la derecha austriaca (ÖVP), aliado con la extrema derecha en la anterior legislatura.

Una respuesta a la pregunta formulada y que tiene en cuenta ambas cuestiones sería la que daba la dirigente verde alemana, Petra Kelly, al decir: «Como verdes no forma parte de nuestro concepto de la política buscar un sitio a la sombra de los partidos políticos establecidos ni ayudarlos a mantener el poder y el privilegio que forma parte de ellos. Ni aceptaremos ninguna alianza ni coalición. (…) Lo último que nosotros queremos es utilizar las idas verdes para rejuvenecer otro partido político.»

¿Cuál es entonces el objetivo de Los Verdes austriacos: evitar que la derecha y la extrema derecha vuelvan a gobernar juntas como en la anterior legislatura o hacer que los compromisos de Austria en relación con el Acuerdo de París sean lo suficientemente ambiciosos para que dicho país pueda contribuir a evitar un cambio climático fuera de control de los humanos? El primer objetivo es el principal para las izquierdas y al segundo se dedican cuando tienen tiempo o hay dinero suficiente. El segundo es el que debería ser el principal de un partido verde. La amenaza a la supervivencia solo puede resolverse mediante un cambio estructural, no a través del control de la crisis o de retoques cosméticos.

Otra respuesta, pero que solo tiene en cuenta la primera de las preguntas formuladas, es lateoría del «centro verde» que formulan algunos ecologistas en Twitter: «El “centro verde”, un partido ecologista capaz de trazar alianzas con los conservadores. “Un reparto posible de ministerios que daría (a los verdes) infraestructuras, transportes y medio ambiente, asuntos sociales y Justicia”. El ecologismo debe hacer una crítica feroz al capitalismo como causante de problemas climáticos y sociales. Después, ha de proponer alternativas. Y ahí se trata de transformar la sociedad, pero no sólo nuestra esquina rojiverde. Hay que involucrar a todo el mundo.»

Habría que volver a formularse las preguntas que P. Kelly se hacía: «¿podemos tener esperanza en un deseo positivo de cambio de su parte?; dado que sus propias estructuras son contrarias a los principios de la democracia, ¿pueden sus representantes cambiar sus políticas?». Su respuesta ayudará a ver el camino.

¿Realmente creemos que la acción climática de Austria tras este pacto de verdes y conservadores va hacer cambiar a éstos sus políticas y la acción climática que despliegue el gobierno va a estar en la línea de ambición reclamada por los científicos? Si no vale para ello: ¿para que sirve entonces la presencia de un partido verde en el gobierno?

Y otra respuesta sería la de Greta Thunberg en Twitter, más alineada con el cambio estructural que defendía Petra Kelly: «Es hora de comenzar a preguntar a nuestros [representantes] electos cómo van a lograr esto [evitar que la temperatura se incremente en más de 1,5ºC]. O dejar que expliquen por qué deberíamos renunciar al objetivo de 1,5°C y, al hacerlo, aumentar significativamente el riesgo de desencadenar reacciones en cadena irreversibles más allá del control humano.» En consonancia con los límites del planeta que describe Kate Raworth en la figura de abajo.

                                     

Hay que preguntarle entonces al nuevo Gobierno de ‘Coalición Progresista’ que se forme, como va a ser su acción climática y si va a renunciar a que España tenga la ambición que reclaman los científicos y la ONU con el cambio climático.

La respuesta la encontramos en el programa de gobierno es un bluf en materia de cambio climático. Planea sobre él sin aterrizar. Declara en el primer párrafo de la Introducción que el objetivo de este gobierno es situar «a España como referente de la protección de los derechos sociales en Europa». Pero debemos interrogarnos por qué no plantea también que España sea una referencia –en Europa y el mundo− en relación al cambio climático. No se entiende esta falta de ambición en la acción climática cuando la zona Mediterránea va a exigir acciones de mitigación más profundas, pues el incremento de la temperatura aquí es mayor que en otras zonas del planeta: hoy ya ha sobrepasado los 1,5ºC.

Avanzando en la lectura del programa de gobierno se observa que en el primer punto de las medidas se habla de «consolidar el crecimiento» económico, afirmación que concreta diciendo que será una «política económica orientada a potenciar el crecimiento». Que acto seguido califica de sostenible, sin más matiz ni explicación. Pero crecimiento y sostenibilidad son incompatibles. Ello me lleva a pensar que no estamos ante un olvido o una redacción defectuosa de este apartado del programa de gobierno, sino que el mismo no es más que un descomunal lavado verde de cara o green washing.

En esta democracia sin virtud, como decía Eugenio Trías nos «revolcamos en la sombra de la política». Ese lugar donde habita «la disposición al crimen, al fratricidio, al homicidio» que nos inviste de su poder de negación, destrucción y ruina. ¿Exagerado, pesimista? Ni lo uno ni lo otro.

La sospecha de que nos hemos instalado en la sombra de la política la confirma un análisis rápido de las medidas que el programa de gobierno PSOE-UP propone para luchar contra el cambio climático: no se hace referencia a objetivos de reducción de emisiones, sino a objetivos de generación eléctrica de origen renovable y la única mención que hace a la descarbonización es referida al sector eléctrico, sin referencia al resto de sectores productivos; se propone de manera genérica la implementación de una estrategia de rehabilitación de edificios, pero a largo plazo y sin referencia a la eficiencia energética; se habla de mejorar la eficiencia de la cadena logística pero sin más concreción; no se hace referencia alguna al transporte interurbano por carretera ni de potenciar la red ferroviaria, salvo en lo referido a los trenes de cercanías; no se propone incrementar la superficie forestal, solo habla de gestión y aprovechamiento sostenible; se propone establecer el delito de maltrato de animales salvajes, medida que no se entiende que tiene que ver con el cambio climático.

Este programa de gobierno en materia de cambio climático no establece compromisos ni específicos ni ambiciosos y sigue dejando las manos libres al Gobierno que se constituya para que continúe incumpliendo los compromisos que España contrajo con la firma del Acuerdo de París. Mi pregunta es: ¿para qué sirve? Respondo: para hacer creer a la gente que se están adoptando las medidas ambiciosas que reclaman los científicos para afrontar la crisis climática, cuando no es así.

Pero el verdadero alcance de las medidas de lucha contra la crisis climático del próximo gobierno la encontramos en el propio acuerdo donde se señala que los acuerdos se articularán «adaptándolos al nuevo contexto macroeconómico» y lo que dice el punto 8 del acuerdo que el PSOE ha firmado con el PNV, en el que se hace referencia a «posibilitar una transición energética realista».  Subrayo el término «realista» pues reafirma las sospechas que tenía al leer el programa de gobierno. El programa de este gobierno –por más que quiera vestir el muñeco del cambio climático y vendernos la moto− es un anuncio de que seguirá en la senda del cumplimiento insuficiente de los compromisos del Acuerdo de París que señalaba antes y que nos conduce –si no adoptamos ya medidas contundentes− a un incremento catastrófico de temperaturas de 3,4ºC o más. Y por eso mismo no se que pintaba Juanxto López Uralde, ex-portavoz y ex-miembro de Equo, en la presentación del programa de gobierno, otorgándole al mismo con su presencia un sello verde que ni tiene ni merece.

Aún reconociendo que las medidas tanto en relación con el cambio climático como las medidas sociales que se recogen en el programa de gobierno, son positivas, así como otras que se recogen respecto a la acción de gobierno en otras áreas. Las referidas al cambio climático son claramente insuficientes y no son las medidas que se podían esperar de un gobierno que se autodenomina progresista. No sirven las acciones que se quedan dentro del ámbito confortable de lo posible. La lucha contra el cambio climático no es compatible con un programa de crecimiento económico que evite el enfriamiento económico previsto a partir de 2020. Para lo único que van a servir estas medidas, es para que el Gobierno se ponga la medalla en relación con el cambio climático y pase la patata caliente a la generación de Greta y posteriores. Con el agravante de que sabía lo que iba a pasar y no ha hecho lo suficiente. ¿Qué debería hacer un partido verde en una tesitura como la de Austria? Permitir la investidura de un gobierno con la contrapartida de una serie de medidas acordadas y quedarse en la oposición desde donde seguir exigiendo el cumplimiento de su programa político y cuantas medidas sean necesarias para que la acción de gobierno sea climáticamente ambiciosa ¡Si Petra Kelly levantara la cabeza!