La única política (económica) posiblee

15 Abr

Desde la década de los noventa del siglo pasado el mantra más repetido −para imponer políticas económicas cuyo objetivo era detraer rentas de la clase trabajadora para entregarlas a los más fuertes económicamente− ha sido que dicha política es la única política (económica) posible. Esta política económica empobrecedora, así como la extracción insostenible de todo tipo de recursos han alcanzado su límite social y ecológico. Ecológicamente lo está indicando el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales ocasionado. Socialmente lo confirma el empobrecimiento de la clase media y la pauperización de la clase trabajadora. Podemos repetir hoy, por tanto, pero por los motivos opuestos, que la única política (económica) posible es la que respeta los límites que impone el planeta a la extracción y consumo de recursos no renovables y la capacidad de absorción de la contaminación. Y la que es justa socialmente.

Para entender el actual panorama socio-político no podemos olvidar la influencia del agotamiento de recursos en el giro de la economía a la finaciarización y hacia las industrias tecnológicas. El presente es confuso, no un tiempo de certezas. Y el futuro no se percibe mejor que el pasado. Y esta confusión tiene anclada a la gente a un «posibilismo resignado» y falto de horizonte, en el que el peso del día a día impide «mirar más allá de lo inmediato». Circunstancia ésta última que explica el giro pesimista, nostálgico y reaccionario de la clase media antaño progresista.

Sabemos que mañana podemos no estar aquí. Pero este axioma ya no puede ser considerado solo desde la propia óptica vital. La crisis ecológica ha convertido esta posibilidad individual en una probabilidad colectiva si no actuamos ya. Si queremos recuperar el control sobre nuestro futuro, la única política posible es la que tiene como eje la sostenibilidad. La que se nos ha vendido como la única política (económica) posible: consumo, bajada de impuestos, recortes sociales, enriquecimiento del 1%, menos democracia, es mentira por insostenible social y ecológicamente. Es urgente, por tanto, que la sociedad abrace el cambio a lo verde: que abarca no solo la sostenibilidad, si no también la igualdad de las mujeres y los hombres en la sociedad, en los cuidados y en la reproducción de la vida biológica. Hoy, además, con urgencia.

Las consecuencias negativas que está imponiendo el cambio climático en nuestras vidas, hace que debamos formularnos muchas preguntas y reformularlo todo. Si queremos que mañana el presente vuelva a ser mejor que el pasado, si queremos dejar atrás la incertidumbre y recuperar la confianza, hemos de instaurar una nueva organización y un nuevo reparto del poder, la influencia y los recursos. En oleadas sucesivas debemos cambiar urgentemente las estructuras económicas actuales y las ideas políticas. Reformar e innovar los elementos culturales de la sociedad actual: defender la igualdad de mujeres y hombres; exigir más democracia; redefinir los sentimientos de pertenencia a la nación; y favorecer una familia no patrialcal. Y subrayar, como elemento de convicción, la estabilidad y la seguridad de esta nueva dinámica política, frente a la inestabilidad de la actual dinámica solo favorable para las clases dominantes.

O abrazamos el cambio o nos abrazamos a un pasado obsoleto. El mundo que está apareciendo no va a ser una continuación del que hoy tenemos –ecológica, tecnológica y socialmente−, sino uno completamente distinto. Hoy el pasado no es solo lo pretérito, es también la visión que solo contempla el presente. No podemos conformarnos solo con resolver a la urgencia o a la necesidad del día a día del ciudadano común, del gestor y/o del político. De lo inmediato. Porque entonces los acontecimientos nos sobrepasarán. Hemos de mirar más allá, a pesar de las dificultades. Hoy tenemos la opción de mirar al futuro, perspectiva que ha de tener como primera tarea la recuperación de la ilusión. Además de evitar un cambio climático descontrolado y una sociedad partida por la desigualdad que arroje a la pobreza a grandes partes de ella. En líneas muy genéricas esta visión del futuro se debe traducir en el abandono del enfoque mundo y el abrazo de la perspectiva planeta. En dejar de pensar y actuar desde perspectivas de clase o nación, para hacerlo desde la perspectiva de especie y de planeta, dentro de las cuales aquéllas habrán de insertase. Porque a pesar de las arengas, peroratas y discursos de los salvapatrias reaccionarios y los populistas, no tenemos más patria que el planeta.

La cuestión es: que sostenibilidad y como llegamos a ella. Pero, ¿y si la mayoría social aceptara continuar en el consumismo nihilista y en el entretenimiento banal y no hacer nada o no hacer lo suficiente para evitar las consecuencias del cambio climático –situación en la que aún nos encontramos, como ponen de manifiesto los científicos y los jóvenes con sus manifestaciones−?: ¿sería legítima dicha decisión?; ¿deberían los gobernantes elegidos por el pueblo continuar aplicando un programa de gobierno que conduce al desastre o deberían éstos gobernar en nombre de la justicia social, la igualdad y la equidad entre generaciones y aplicar un programa que contribuyera de manera real a la lucha contra el cambio climático y la crisis ecológica?; ¿tendría la minoría del presente derecho a rebelarse contra la decisión de la mayoría que la condena?; ¿puede una mayoría de ciudadanos del presente perjudicar los derechos, medios, posibilidades y modo de vida de los ciudadanos del futuro?

Lo inevitable es posible. Es urgente. Es ineludible. Hoy solo es factible abrazar el cambio, nunca conservar el pasado obsoleto. Y no solo hemos sumarnos al cambio, sino liderarlo desde la democracia y sobre premisas de sostenibilidad, igualdad y equidad. O eso u otros nos impondrán su cambio.

El puzzle climático de las elecciones del 28-A

11 Mar

Las encuestas descartan, por ahora, la posibilidad de un gobierno de izquierdas en coalición con fuerzas nacionalistas tras las elecciones del 28-A, debido al hundimiento electoral de Podemos y por la propia actitud de bloqueo parlamentario que anuncia parte de los independentistas catalanes. Un gobierno PSOE-Ciudadanos tras las elecciones generales del 28-A es el escenario más probable al que nos enfrentaremos.

Pero un gobierno así se traduciría en un capitalismo verde de corte socio-liberal. Muy liberal en muchas políticas: economía, trabajo, globalización, energía, cambio climático. Y más a la derecha en lo social. Estupendo para el mundo y para el 1%, pero fatal para el planeta, para los niños y para el 99% restante. Este parece que es el resultado más previsble de las próximas elecciones generales. Este resultado electoral que tendría consecuencias en el incremento de la temperatura del planeta y con él contribuiríamos a que este amento fuera de 3ºC o más. Pero si el resultado de las elecciones fuera otro gobierno tripartito de la derecha, con los xenófobos, machistas, homófobos y negacionistas climáticos de Vox apoyando desde el Parlamento o formando parte del Gobierno del Estado, volvemos al pasado y continuamos en el terreno del business as usual, y con él contribuiríamos a que este aumento de temperatura del planeta fuera de 5ºC o más.

Si analizamos los programas electorales de las distintas fuerzas políticas y las declaraciones de sus principales dirigentes nos encontramos con que:

VOX: Rocío Monasterio, una de las principales dirigentes de Vox, señaló que el cambio climático no es una amenaza, ni tan siquiera un riesgo, sino un «camelo», «un argumentario falso».

PP: Antepone todo tipo de intereses a  la protección del medio ambiente. Hay contraste entre sus promesas y las acciones del PP ejemplos de esto: la supresión de los incentivos económicos para la instalación de nuevas infraestructuras de producción de energía renovable y en conocido como impuesto al sol con el que prohibió el autoconsumo solar.

Ciudadanos: Apuesta por el fraking. Apuesta por la presencia del carbón en el mix energético y por combatir el cambio climático con el principio de quien contamina paga y sensibilización ciudadana. No hace referencia al tema nuclear.

IU a pesar de su compromiso con la protección y defensa del medio ambiente sigue siendo deudora de la hipoteca contraída con el sector del carbón; y las políticas económicas que tanto PSOE como Podemos proponen no alteran la lógica del sistema ni ponen en peligro sus fundamentos y con estas políticas contribuiríamos a un incremento de temperatura en el planeta de entre 2-3ºC. Dos grados, dicen los científicos, ya es un incremento no deseable. Y los efectos negativos del cambio climático serán mayores y ocasionarán más efectos negativos en los adolescentes y las mujeres.

Houston, tenemos un problema climático. Porque el clima tiene un comportamiento no lineal. Un aumento de la temperatura de 2° C no es el doble de virulento que uno de 1° C (que ya se ha producido), puede serlo varias veces más. Y un incremento de 3 o 4° C será letal para los seres humanos y para el planeta. Las consecuencias para el planeta y para los seres humanos y nuestra civilización se multiplicarán. Previsiblemente, dicen los científicos, se producirán catástrofes naturales, escasez de agua y alimentos, corrientes migratorias de una magnitud desconocida, y conflictos armados. Nos quedan 12 años para revertir el incremento y dar solución al problema del cambio climático.

Pero la insuficiencia de la acción climática puesta en práctica por los gobiernos, las trabas que pone la derecha y la negación de la realidad de la extrema derecha, no deben desincentivarnos en la lucha por dejar un planeta y un mundo mejor a nuestros hijos y a nuestros nietos. Debemos, por el contrario, tomar ejemplo de los adolescentes que faltan a sus clases y las mujeres, que salen a la calle a reivindicar sus derechos. Y como ellos y ellas, cada uno, debemos empoderarnos y exigir un planeta habitable y un futuro digno y lleno de igualdad. Y la primera prueba que tenemos por delante son las elecciones generales del 28-A. El voto a la derecha y a la extrema derecha ataca a nuestra supervivencia y a nuestra decencia. No lo podemos olvidar. Y las consecuencias de no prestar atención han de ser tenidas en cuenta. Muy en cuenta. No podemos escuchar los cantos de sirena. Nuestro voto, nuestra decisión, a partir de hoy, cuenta más que nunca. Supervivencia, igualdad y voto ya están ligados.

La igualdad tras la fraternidad es equidad

8 Nov

La quiebra de la igualdad ambiental es ya un hecho. La nueva fase del capitalismo del siglo XXI, ha ahondado en la concepción que colocaba al ser humano en el centro de las cosas (antropocentrismo), convertiéndolo en una fuerza geológica (antropocenismo). El escenario energético al que nos dirigimos es de guerra por los recursos, competición regional, vuelta a la soberanía nacional e incremento de tensiones entre regiones y/o culturas, que en buena medida se refleja, ya, en el discurso del nuevo presidente Trump y de la extrema derecha europea. Junto al escenario descrito no puede ni debe obviarse la nueva era climática en la que nos encontramos, al haberse sobrepasado, a nivel global, el umbral de 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera. Este umbral permanecerá así durante todo 2016 y no descenderá ya durante generaciones, siglos.

El cambio de era en el que nos encontramos, invalida las recetas de hace 40 años. El capitalismo ha intensificado la explotación de los territorios. La explotación de los cuerpos, que ha tocado techo, está siendo sustituida, principalmente, por la explotación de la psique. Ello hace necesario que nos planteemos nuevas preguntas. ¿Es suficiente la igualdad para enfrentarnos a un planeta en cambio climático, unos recursos energéticos en declive y un mundo sin trabajo? Implementar la igualdad entre países enriquecidos y países empobrecidos o dentro de cada país, incrementa la huella ecológica o alguno de sus indicadores sectoriales: huella de carbono o la huella de agua. ¿Es legítimo, entonces, implementar políticas de igualdad a costa de incrementar la huella humana en el planeta? No, porque una igualdad material que se alcance, más allá del límite de los recursos del planeta, traslada al futuro la desigualdad —material o climática— que debía haber sido resuelta hoy. El principio rector, entonces, debe ser la equidad, intra e intergeneracional.

La primera tarea en este tiempo es, por tanto, evitar que el medio ambiente se transforme en una nueva causa de desigualdad social. La igualdad, para ello, tiene que ser remozada. Precisa nuevos apellidos. Ejemplos de ello: «igualdad frente a», «igualdad dentro de». Igualdad frente al cambio climático, igualdad dentro de los límites del planeta. Esta reconstrucción requiere que la igualdad sea atravesada de fraternidad, de empatía y de cuidado de los otros. Sea impregnada de la ética de la responsabilidad, de equidad intergeneracional y de deber de cuidado de la biosfera. De esta manera, la igualdad, se vincula, al igual que la libertad, a la justicia, y posibilita la satisfacción de las necesidades de la generación presente y de las generaciones futuras, sin que por ello se sobrepasen los límites ecológicos de la biosfera. La igualdad, de esta manera, se hace equidad.

El contexto energético y climático ante el que nos encontramos, está determinando el escenario político, dirigiéndolo a una polarización, creciente, entre las fuerzas políticas que, más adelante, serán los polos de la confrontación: de un lado, neoconservadores y extrema derecha, de otro, las fuerzas ecologistas. Esta predicción comienza a ser corroborada por la realidad. La primera confirmación de este escenario se produjo en Austria, este año, con la vitoria del candidato ecologista en la disputa de la presidencia del estado, elección que el Tribunal Constitucional austriaco ordenó que se repitiese. Ratifica el análisis, la situación en la que se encuentra la izquierda: con el pie cambiado, sin apenas recursos discursivos. Sin proyecto. Melancólica. Debatiéndose entre: ser parte del universo neoliberal (socioliberales) o confrontar desde los márgenes del sistema (izquierda tradicional y nuevas izquierdas). Su única propuesta es una política económica keynesiana que devuelva el estado del bienestar, sin tener en cuenta que no existen recursos naturales ni planeta para continuar con una producción sin límite capaz de generar igualdad como hasta ahora.

Sólo una fuerza política: la ecologista, consciente de la necesidad del decrecimiento de la producción y de los límites del planeta, puede oponer un discurso sólido a los neoconservadores. La ecología política aparece, de esta manera, como única alternativa frente a la extrema derecha y el fascismo que viene, que ha saltado ya de la periferia al centro.

Es necesaria una estrategia que contrarreste la tendencia autodestructiva de la derecha, que nos está conduciendo a una peligrosa competición por los recursos, en un planeta enfermo y en constante degradación. Ejemplo de ello, son las líneas básicas de actuación que propone la ecología política: cuidado de las personas, cuidado del medio ambiente y modelo económico sostenible, que conforman los ejes principales de su programa político. Materialización de las mismas son, en primer lugar, renta básica universal (RBU), parte esencial de un nuevo modelo de estado del bienestar. Es ésta el derecho de todo ciudadano a percibir una cantidad periódica que cubra, al menos, las necesidades vitales sin que por ello deba contraprestación alguna. Sus primeros ensayos –totales o parciales– ya han comenzado en países como Finlandia, Holanda, o Islandia. En segundo lugar, soberanía alimentaria, que es el elemento de conexión entre el cuidado de las personas y el del medio ambiente. Es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Y, en tercer término, un modelo económico verde, que combata de raíz la explotación tanto del hombre como de la Naturaleza, centrado en el bien común y la equidad entre generaciones, cuyos ejes estructurales son: decrecimiento de la producción, transición energética, economía social y transformadora y economía feminista y de los cuidados.

La pregunta es: ¿existe, fuera de la ecología política, visión y voluntad política, para acompañarla en el camino a la fraternidad, que es más que un cambio de paradigma? No. Pero la soledad de ésta no puede servirle de coartada para apostar por objetivos pequeños.