Gracias, Mari Tere

6 Sep

Si algo me enseñaron desde pequeño es que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Así que empezaré por el principio. Gracias, María Teresa. O como diríamos en Málaga: “gracias, Mari Tere”. Gracias por enseñarnos a hacer una televisión distinta, divertida, informativa, entretenida, polivalente, eterna… Gracias por enseñarnos a comunicar y a entender que había otra manera distinta de comunicar. Gracias por tu naturalidad, por tu risa, tu carácter, tu manera de ser y de mirar el mundo, tu palabra. Gracias por hacer que el plató de la tele fuese el salón de casa y que el salón de nuestras casas fuese, de alguna manera, tu plató de la tele.

María Teresa Campos fallecía ayer y, aunque ya se ha dicho casi todo, yo le debía una columna. Al menos, una columna. Los de la tele nos hemos quedado huérfanos, de luto y tristes, y los de la tele somos todos. Por un momento, todos hemos parado para recordarla y hemos podido reflexionar sobre su vida y obra y sobre un medio, la tele, sobre el que reflexionamos poco. María Teresa Campos Luque era la tele de España, la Reina de las Mañanas, la más grande, ya leyenda. Pionera, creativa, renovadora, feminista, referente, una mujer moderna cuando no se llevaba y una comunicadora con carácter, de rompe y rasga, de casta, de grana y oro, de bandera.

Uno, que soy yo y que tiene la suerte de hacer un programa todos los días, empezó a hacer tele en casa. Entonces yo no lo sabía, quizás no sabía casi nada, pero empecé a hacer tele viendo la tele. Viendo a Mari Tere y a Hermida y a la Sardá y a Julia y a Pilar y a Chicho, entre otros. Veíamos la tele, por las mañanas, cuando nos quedábamos en casa porque nos poníamos malitos o cuando llegábamos pronto para comer, y disfrutábamos de aquellas entrevistas, aquellos gags, aquellas tertulias… María Teresa Campos fue la primera mujer que hizo una televisión moderna en nuestro país, una periodista de raza que revolucionó los magacines.

María Teresa o Mari Tere o La Campos o Teresa hizo de la naturalidad, un oficio, y de la pequeña pantalla un arte televisivo y televisado. Siempre le recordaremos discutiendo con Jesús Hermida -mítica escena que resulta que fue pactada, qué grande-, bailando con Rafaella Carrá, entrevistando a Alfonso Guerra o a Bertín Osborne, y luego recitando con Paco Valladares a Loquillo, o en El Tendedero o pariendo un gag descacharrante con su hija, Terelu. María Teresa diseñó un gran magacine en el que insertó las Tertulias Políticas y consiguió ese gran formato que ahora intentamos repetir en el que cualquier cosa puede pasar y, por lo general, pasa.

En Málaga, los recuerdos y las anécdotas de Mari Tere se deslizan por las calles del centro, desde Larios a la Malagueta, pasando El Cautivo por su balcón, claveles rojos emitiendo a través de Radio Juventud junto a Diego Gómez, Mujer 76, o presentando en El Tivoli a las más grandes estrellas para Espectáculos Mundo. Mari Tere malagueña y exquisita, salerosa, Medalla de Andalucía e Hija Adoptiva, la mejor embajadora, asomándose desde su terraza con un café y un pitufo y, frente a ella, el amanecer en su casa de Pedrega mientras pensaba que “en la televisión, te retira el público y a mí el público no me ha retirado nunca”.

Nadie pisaba un plató como lo pisaba La Campos. La Campos era moderna, rompedora y se reía de ella misma. En la vida, hay que reírse de todo y de todos pero para hacerlo, hay que empezar riéndose de uno mismo, de uno mismo, siempre el primero. La Campos se reía de ella y, luego, del resto del mundo y lo hacía con respeto y con cariño y con carácter que para esta profesión se requiere. Y vanidad que también se necesita su micro-dósis. Cuando trabajé en Telecinco, me contaban que María Teresa pedía que cortasen las etiquetas de sus trajes. Ojos que no ven, supongo, corazón que no siente.

María Teresa entrevistaba muy bien porque escuchaba muy bien. Porque el secreto de una buena entrevista no está en preguntar bien, que hay que hacerlo, sino escuchar bien. Y ella, María Teresa, escuchaba muy bien. Escucha activa y una sonrisa y darle a tu invitado la satisfacción de sentirse único, durante un rato. Haciendo que ese día de tele, sea el presidente del Gobierno o una vecina de El Palo, sea un día que no olvidará nunca, “el día que fui a la tele”. La Campos entrevistaba, como los ángeles, y eso también lo aprendimos y, por ello, gracias.

Así que gracias, Teresa, o María Teresa, o en malaguita, Mari Tere, o como lo decimos en el medio, La Campos. Gracias, querida vecina, por enseñarnos a hacer tele, por hacer una tele inédita que nos entretuvo, digna, honesta, interesante, divertidísima, una tele que comunicaba y emocionaba, que eso es comunicar, gracias por reinar en las mañanas con una sonrisa pícara y su poquito de mala leche -que le llegó a llamar gilipollas a Vasile-, moderna, audaz, natural, genial… La gran dama de la tele, la más grande, ya leyenda, descanse en paz, maestra, Mari Tere. Gracias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *