Ausencia electoral

29 Abr

Hoy se acaba de configurar tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado un nuevo equilibrio de fuerzas políticas, en el que las fuerzas progresistas son más numerosas que las derechas. Son todos los que están, pero no están todos los que deberían. No hay en el Congreso de los Diputados una fuerza política que sea el referente verde que la sociedad pueda identificar y votar sin necesidad de hacerlo indirectamente a través de otra fuerza política. El partido verde (Equo) continúa invisible para los ciudadanos y subrepresentado con un solo diputado en la lista de Unidas Podemos. Con un pacto que le mantiene en la UCI política, condenado a mantenerse en estado de suspensión política. Vegetativo. Sin poder cumplir la principal función de cualquier partido político: ofrecer un programa político no sometido a más condicionantes que los que derivan de la fuerza parlamentaria de quien lo propone. Ausencia electoral que es una grave error.

La necesidad que una partido político, de un referente verde en la política española, lo ha puesto de manifiesto, una vez más, la ausencia en el debate electoral del tema más importante: el cambio climático. Este asunto solo una vez fue mencionado, y de pasada, por el candidato del Partido Socialista Obrero Español en el primer debate televisado. Después el silencio envolvió a todos los actores políticos. No se abordó en éstos, ni tampoco a lo largo de la campaña electoral, el debate del Plan Nacional sobre Energía y Clima 2021-2030, la idoneidad de los objetivos y medidas propuestas. De la ley de cambio climático. A pesar que España será uno de los países más afectados de la UE por este fenómeno. Los políticos españoles han demostrado no estar a la altura de la emergencia que vivimos.

A pesar que en plena precampaña Greta Thunberg −la adolescente sueca de 16 años que pide a los políticos que hagan caso a los científicos y no dejen tirados a los jóvenes con su inactividad ante la emergencia climática− intervino en el Parlamento Europeo y puso el debate sobre la mesa, en la campaña electoral se ha hablado más de los toreros que iban en las listas de la derecha que del cambio climático. En las comparecencias de los líderes para valorar los resultados electorales tampoco ninguna fuerza política hizo alusión alguna a este asunto. Ni siquiera vaga. Ni caso oiga. Y si nos fijamos en otras crisis colaterales a esta: desaparición de especies, agotamiento de recursos, contaminación por plásticos. Como si no existieran.

Hemos vivido una de las elecciones más decisivas desde el final de la Dictadura, en la que el riesgo de involución democrática y social era real. Pero, ¿justifica esta circunstancia que en la campaña electoral no se haya debatido sobre el cambio climático: el problema más importante que tenemos? ¿Justifica ello que nadie haya propuesto un pacto de estado sobre el cambio climático y la necesaria transición ecológica que hemos de hacer? ¿Justifica esto que ningún análisis político a puesto de manifiesto esta grave ausencia? ¿Cualquier asunto es más importante que el más importante de todos?

Se anuncia en las elecciones locales y autonómicas una posible victoria de las derechas sobre las izquierdas. Pero como ciudadano me importa saber si las nuevas Corporaciones Locales y Gobiernos Autonómicos adoptarán las medidas necesarias para evitar un incremento de temperaturas superior a 1,5ºC como recomienda el Acuerdo de París ¿va a ser éste el centro del debate de esta triple campaña electoral? ¿O unos seguirán racaneando su responsabilidad y otros negando lo que advierten hasta los adolescentes?

El arranque del Plan Nacional de Clima y Energía está previsto para 2021. Para entonces habrán transcurrido dos de los 11 años, que advierten los científicos, tenemos para cambiar en profundidad nuestra forma de vida y evitar un cambio climático fuera de control. Cambio que es algo más que la sustitución de una fuente de energía sucia por otra limpia. Quiere decir ello que cada día que pasa, cada mes, cada año que retrasamos la adopción de las medidas para combatir la emergencia climática, exigirá que las medidas que posteriormente tomemos sean más radicales, más dolorosas, pues dispondremos de menos tiempo para llevarlas a cabo. Retraso este que se traducirá en un mayor sufrimiento social de los más débiles. Los científicos, la ONU nos lo están diciendo: no hacemos lo suficiente, y lo repiten una y otra vez, pero los líderes políticos no les hacen caso. Y los adolescentes, los jóvenes, aterrorizados se están echando a la calle para pedir que hagamos caso a los científicos. Los movimientos sociales en favor del clima comienzan a surgir: Jóvenes por el Clima; Madres por el Clima; Extinción/Rebelión. Ante la inacción de los poderes públicos todos los ciudadanos hemos exigir que los líderes políticos que actúen.

Para el nuevo ciclo electoral que nazca es necesario que haya despuntado ya una fuerza política verde que sea el referente electoral de los ciudadanos. Que ponga este asunto en el centro de la discusión social y política en las instituciones y que hable con claridad. Sin tapujos. Que diga lo que es necesario decir: que tenemos que actuar sin demora y de manera decidida. Que el cambio ha de ser rápido y radical. Que ya no tenemos tiempo para estrategias graduales. Que ese tiempo pasó. Que si no hacemos nada, los efectos sociales de nuestra inacción serán peores que si ahora hacemos lo que tenemos que hacer. Que tenemos opciones. Que hemos de comenzar a actuar. En este ciclo electoral no ha podido ser, pero habrá de ser en el siguiente necesariamente.

Esta es la responsabilidad histórica que tiene el partido verde en España. Y ésta ha de ser asumida y cumplida. El partido verde no se puede justificar con la consecución de logros parciales. El envite no es la sostenibilidad, sino la supervivencia. Aún tenemos la opción de dejar a nuestros hijos un planeta y un mundo habitable y más justo ¡Hagámoslo!

La única política (económica) posiblee

15 Abr

Desde la década de los noventa del siglo pasado el mantra más repetido −para imponer políticas económicas cuyo objetivo era detraer rentas de la clase trabajadora para entregarlas a los más fuertes económicamente− ha sido que dicha política es la única política (económica) posible. Esta política económica empobrecedora, así como la extracción insostenible de todo tipo de recursos han alcanzado su límite social y ecológico. Ecológicamente lo está indicando el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales ocasionado. Socialmente lo confirma el empobrecimiento de la clase media y la pauperización de la clase trabajadora. Podemos repetir hoy, por tanto, pero por los motivos opuestos, que la única política (económica) posible es la que respeta los límites que impone el planeta a la extracción y consumo de recursos no renovables y la capacidad de absorción de la contaminación. Y la que es justa socialmente.

Para entender el actual panorama socio-político no podemos olvidar la influencia del agotamiento de recursos en el giro de la economía a la finaciarización y hacia las industrias tecnológicas. El presente es confuso, no un tiempo de certezas. Y el futuro no se percibe mejor que el pasado. Y esta confusión tiene anclada a la gente a un «posibilismo resignado» y falto de horizonte, en el que el peso del día a día impide «mirar más allá de lo inmediato». Circunstancia ésta última que explica el giro pesimista, nostálgico y reaccionario de la clase media antaño progresista.

Sabemos que mañana podemos no estar aquí. Pero este axioma ya no puede ser considerado solo desde la propia óptica vital. La crisis ecológica ha convertido esta posibilidad individual en una probabilidad colectiva si no actuamos ya. Si queremos recuperar el control sobre nuestro futuro, la única política posible es la que tiene como eje la sostenibilidad. La que se nos ha vendido como la única política (económica) posible: consumo, bajada de impuestos, recortes sociales, enriquecimiento del 1%, menos democracia, es mentira por insostenible social y ecológicamente. Es urgente, por tanto, que la sociedad abrace el cambio a lo verde: que abarca no solo la sostenibilidad, si no también la igualdad de las mujeres y los hombres en la sociedad, en los cuidados y en la reproducción de la vida biológica. Hoy, además, con urgencia.

Las consecuencias negativas que está imponiendo el cambio climático en nuestras vidas, hace que debamos formularnos muchas preguntas y reformularlo todo. Si queremos que mañana el presente vuelva a ser mejor que el pasado, si queremos dejar atrás la incertidumbre y recuperar la confianza, hemos de instaurar una nueva organización y un nuevo reparto del poder, la influencia y los recursos. En oleadas sucesivas debemos cambiar urgentemente las estructuras económicas actuales y las ideas políticas. Reformar e innovar los elementos culturales de la sociedad actual: defender la igualdad de mujeres y hombres; exigir más democracia; redefinir los sentimientos de pertenencia a la nación; y favorecer una familia no patrialcal. Y subrayar, como elemento de convicción, la estabilidad y la seguridad de esta nueva dinámica política, frente a la inestabilidad de la actual dinámica solo favorable para las clases dominantes.

O abrazamos el cambio o nos abrazamos a un pasado obsoleto. El mundo que está apareciendo no va a ser una continuación del que hoy tenemos –ecológica, tecnológica y socialmente−, sino uno completamente distinto. Hoy el pasado no es solo lo pretérito, es también la visión que solo contempla el presente. No podemos conformarnos solo con resolver a la urgencia o a la necesidad del día a día del ciudadano común, del gestor y/o del político. De lo inmediato. Porque entonces los acontecimientos nos sobrepasarán. Hemos de mirar más allá, a pesar de las dificultades. Hoy tenemos la opción de mirar al futuro, perspectiva que ha de tener como primera tarea la recuperación de la ilusión. Además de evitar un cambio climático descontrolado y una sociedad partida por la desigualdad que arroje a la pobreza a grandes partes de ella. En líneas muy genéricas esta visión del futuro se debe traducir en el abandono del enfoque mundo y el abrazo de la perspectiva planeta. En dejar de pensar y actuar desde perspectivas de clase o nación, para hacerlo desde la perspectiva de especie y de planeta, dentro de las cuales aquéllas habrán de insertase. Porque a pesar de las arengas, peroratas y discursos de los salvapatrias reaccionarios y los populistas, no tenemos más patria que el planeta.

La cuestión es: que sostenibilidad y como llegamos a ella. Pero, ¿y si la mayoría social aceptara continuar en el consumismo nihilista y en el entretenimiento banal y no hacer nada o no hacer lo suficiente para evitar las consecuencias del cambio climático –situación en la que aún nos encontramos, como ponen de manifiesto los científicos y los jóvenes con sus manifestaciones−?: ¿sería legítima dicha decisión?; ¿deberían los gobernantes elegidos por el pueblo continuar aplicando un programa de gobierno que conduce al desastre o deberían éstos gobernar en nombre de la justicia social, la igualdad y la equidad entre generaciones y aplicar un programa que contribuyera de manera real a la lucha contra el cambio climático y la crisis ecológica?; ¿tendría la minoría del presente derecho a rebelarse contra la decisión de la mayoría que la condena?; ¿puede una mayoría de ciudadanos del presente perjudicar los derechos, medios, posibilidades y modo de vida de los ciudadanos del futuro?

Lo inevitable es posible. Es urgente. Es ineludible. Hoy solo es factible abrazar el cambio, nunca conservar el pasado obsoleto. Y no solo hemos sumarnos al cambio, sino liderarlo desde la democracia y sobre premisas de sostenibilidad, igualdad y equidad. O eso u otros nos impondrán su cambio.