De la libertad a la fraternidad

12 Oct

La Revolución Inglesa y la Revolución Industrial marcaron el inicio de las transformaciones políticas, económicas y técnicas que han conducido al ser humano, por su actividad sobre el medio ambiente, a ser la fuerza geológica más importante del planeta.

Se inició este tiempo con la desaparición de las fronteras internas y el cercamiento de los terrenos comunales. Con el tránsito de un sistema de propiedad vinculada a una sucesión o empleo, en la que sus dueños podían disponer libremente de los frutos o rentas pero no podían enajenarlas, a otro de propiedad individual enajenable. Se pasó de una sociedad de privilegios por nacimiento y sin movilidad social, a otra fundada en los méritos individuales que permite la movilidad social, cuyo motor social es la competencia. Fruto de ello, la libertad se entendió, en lo que al objeto de este artículo interesa, como “libertad de empresa”. Esta manera de entender la libertad nos ha conducido más allá de los límites del planeta. En esta sociedad el equilibrador de la libertad es la igualdad, que actúa como redistribuidor, pero no como límite.

La crisis climática, de recursos y biodiversidad actual, sin embargo, nos sitúa ante un nuevo tiempo histórico con una misión propia: la preservación del planeta y de las condiciones de vida para la generación actual y para las generaciones futuras. Que es también el objetivo estratégico de la ecología política. Para estar a la altura del reto al que nos enfrentamos, es necesario inagurar una nueva concepción de la libertad, en la que se establezca una restricción que afecte a las condiciones de su ejercicio y reconfigure la libertad, a secas, como una “libertad dentro de”: dentro de los límites del planeta y dentro de la cuota de recursos que cada generación puede disponer. De lo contrario, el cambio climático convertirá los límites del planeta en limitaciones para el ser humano. Para materializar esta noción de la libertad debemos abandonar la actual sociedad de competencia e instalarnos en la sociedad de la cooperación. Abandonar la cantidad y abrazar la cualidad, que en esencia es belleza. En esta sociedad el equilibrador de la libertad es la fraternidad. Que surge de la cooperación social y de la conciencia de esta cooperación, de la vida y el trabajo en común. Es en estos principios donde cristaliza la génesis social de los valores éticos y políticos que permiten la satisfacción de las necesidades humanas sin negar los límites ecológicos de la biosfera, teniendo en cuenta a todas las generaciones. En esta sociedad cooperativa, la fraternidad actúa como límite y como redistribuidor, tanto entre generaciones como dentro de cada generación.

La fraternidad es el tercer estadio de la triada de valores que proclamó la Revolución Francesa. Si la libertad trajo la tolerancia. Y la igualdad la justicia social. La fraternidad trae la responsabilidad, entendida como una ética orientada al futuro, que se traduce en equidad intergeneracional. Introduce el atributo emocional: la empatía, que permite poner el centro de gravedad de la política en el cuidado del otro (la generación actual, las generaciones futuras y la totalidad de lo viviente). Subvierte, transforma y trasciende, de esta manera, la concepción racionalista de la libertad y la igualdad de la Ilustración. A través de ella la libertad y la igualdad quedan vinculadas a la justicia, que tienen una raíz biológica. La fraternidad tiene que ver con la vida en grupo, con la necesidad de preservar la armonía frente a la competencia por los recursos». Sin ella sólo existe darwinismo intergeneracional y ecológico.

Petra Kelly, líder de Los Verdes alemanes, demandaba la introducción de la ternura como valor político y subversivo. Para mi, ésta, es la fraternidad.

Medea, naturaleza y androcentrismo

7 Oct

La Naturaleza al igual que Medea, es sabia, hábil, fuerte, luchadora. Por eso es amada por unos y respetada y temida por todos. Durante mucho tiempo simbolizó la hembra horrible, imposible de apaciguar, incapaz de llegar a compromisos. Lo que está fuera de la razón. Lo que debe ser dominado.

Al igual que el mito griego, la Naturaleza y el ser humano representan un matrimonio muy racionalizado. Pero el hombre la trata como a una hechicera, como una bruja seductora, a la que cree poder dominar a través de la explotación. Con las herramientas que usa para su explotación, cree que la puede hacer vibrar como si una vulva se tratara. Como Jasón a Medea, el hombre ha traicionado a la Naturaleza con su amante: la técnica. Hechizado alumbra otras nuevas y la deifica.

Esta devoción androcéntrica, no es más que una tentativa de dominio. Horkheimer dice que el dominio sobre la Naturaleza incluye el dominio del hombre. Las mujeres, al igual que la Naturaleza, han sido constantemente relegadas a un papel subordinado: ellas al ámbito privado de la casa; Ella a la condición de mero stock de aprovisionamiento. Pero la Naturaleza, al igual que Medea o Antígona, ha comenzado a cobrarse su venganza, pero no una venganza sin más, sino una venganza de principios, de sus leyes. Ella se mantiene consecuente, lógica, pero no absurda, irracional. Por eso en la explotación de la naturaleza no hay tragedia, sino la fingida ignorancia del hombre. Ironía.

La forma-de-vida del hombre provoca que la Naturaleza se avergüence de las heridas en su cuerpo. De mirar y de «ser mirada». De tener que «asistir sin remedio a su propia ruina», de ser «testigo del propio perderse». Le ocasiona sonrojo ser «entregada a lo inasumible», que no es algo externo, sino que está en la propia intimidad de la Naturaleza: ¿hay algo más íntimo para ella que el hombre?.

La Naturaleza carga con su destino: el hombre (lo íntimo), al que no puede rechazar. Se somete a su explotación. Pero es con el acto del sometimiento como, paradójicamente, afirma su soberanía. Deviene (simbólicamente) en sujeto en el más pleno sentido de la palabra: el que se somete. La contemplación de la destrucción del planeta y la «imposibilidad de evasión» de sí misma, del conflicto entre ley y justicia (entre leyes de la Naturaleza y leyes económicas del hombre), ha mutado a la Naturaleza. La traición del hombre y su entrega a la técnica, ha transformado el grito de ésta en furia: en asesinato y en venganza. Medea ha resuelto matar a Antígona. Ha desatado para ello procesos de cambio global, que terminarán con la existencia del hombre en el planeta, si éste no abandona a su amante.

La Naturaleza, como las mujeres, determina lo que el razonamiento masculino es capaz de hacer. Ambas se colocan en el límite de la integridad y le dicen al hombre: por aquí no pasas con tus leyes económicas o sociales. Al igual que los mitos griegos, aquélla muestra al hombre el conflicto entre el modelo matrialcal y el patrialcal. Ponen al hombre frente a su límite. Éste para demostrar que la razón está de su parte, para no oír a lo femenino, está resuelto como Empédocles, a saltar otra vez a la boca del Etna. Quedará entonces otra sandalia al borde del cráter como señal de la incapacidad del hombre, que no del ser humano, y la sandalia desparecida será «la quimera de lo divino fracasado».

 

Un proyecto político del pasado

2 Oct

Dimitió el Secretario General del Partido Socialista en medio de un tremendo desgarro interno. Podemos está a punto de desgarrarse. IU los ha sufrido históricamente. Hay una impotencia de la izquierda española y europea en general. Esta situación me lleva a la conclusión que el problema, tanto de la socialdemocracia como del resto de la izquierda, no es de resultados o de liderazgo, es de proyecto político. Estamos en el siglo XXI, el siglo del cambio climático y la crisis ecológica, pero las recetas que la izquierda nos sigue ofreciendo no tienen en cuenta estos problemas. La izquierda continúa pensando el mundo en términos de desigualdad, sin atender a los límites, sin querer ver los problemas del planeta. Apuesta por la creación de riqueza sin límite para poder redistribuir y olvida que el planeta es finito, que no es posible que la sociedad exista sin el medio ambiente. Por esta razón la ecología política emergió a finales del siglo XX. Para dar respuesta a los problemas del mundo y del planeta, para dar respuesta a los problemas sociales y ambientales. Al mirar el presente y al futuro, al ser transversal, la ecología política es la nueva forma de hablar y pensar sobre los retos de la sociedad y los problemas de la gente.