El ciervo del diablo (portada)

El siervo del diablo

19 Ago

El ser humano, como todo ser vivo, busca el equilibrio emotivo en la rutina.  El hombre feliz es el  hombre ocupado, decía Billy Wilder y quien dice el hombre, dice también el insecto o el ave. Una abeja sabe en cada momento de la jornada qué debe hacer y, según la estación y su rango en la colmena,  si ha de proveerse del polen de las flores o fabricar los panales y sabe también el pájaro el rumbo que ha de tomar su vuelo según el humor del sol.

Buscamos nosotros al igual que ellos una realización metódica de actividades diarias que dan sentido pleno a nuestra existencia y nos liberan de ese angustioso vacío en el que cae la mente cuando se carece de objetivos que cumplir en un horario determinado.

Aún así la zozobra para el humano, como ser pensante, puede llegar cuando se plantea el sentido que tienen estas actividades que realiza, así como la identidad de la criatura que le ordena realizar estos trabajos. Esto es, precisamente, lo que le ocurre al protagonista de “El siervo del diablo”, la novela de Daniel Clavero Toledo, publicada por editorial Atlantis con fecha del  pasado junio, cuando un sirviente que trabaja en una remota granja de Yorkshire descubre dos hechos que van a desestabilizar su mecánica condición de sumiso. Estos son que desconoce quién es su amo, su único acompañante en la granja, del que sólo intuye una vaga presencia y el otro, el más desasosegante, que ni siquiera sabe quién es él mismo, pues ha llegado a tal grado de alienación que ni aun es dueño del control de sus movimientos.

Tal coyuntura podría plantear muchas lecturas, entre ellas cuál es la posición real del individuo en estos principios del siglo XXI, donde se vive una paradójica esclavitud en un régimen de aparente libertad. Cada uno de nosotros es la pieza del engranaje de una máquina gigantesca que es manipulada por un Gran Hermano del que nada sabemos, pero que todo lo sabe de nosotros. Esto es lo que anunció George Orwell en su distopía “1984” y Woody Allen, sacándole su jugo humorístico,  en “El dormilón”, por tanto la novedad que presenta Clavero  no es nada menos que la actualización de la profecía; el futuro ya ha llegado toda vez que se ha perpetrado de un modo silencioso aquella tercera guerra mundial de la que tanto se habló. La victoria de los triunfadores se ha proclamado sin previo derramamiento de sangre, de manera del todo pacífica.

Las inteligencias artificiales se han colado en nuestras vidas de forma amistosa por medio de aparatos como ordenadores y teléfonos móviles a los que nos han ido desarrollando una adicción emotiva y, por tanto, irracional. Si a esto se une que realizamos, como es impositivo, todas nuestras operaciones administrativas y financieras por internet, resulta que filtramos al espacio virtual todo lo que somos, todo lo que tenemos e incluso todo lo que sentimos, pues de esta zona se encargan las redes sociales. Estamos dejando de tener secretos y, al hacernos completamente públicos, nos volvemos del todo vulnerables.

A día de hoy el imperio global es un gran mercado que hace de cada uno de sus súbditos no sólo un siervo, sino más que nada un cliente.  Esta gran industria, donde no faltan los equipos de psicólogos más cualificados, estudia los perfiles de cada usuario, sus búsquedas de navegación y con sus cookies les va brindando con anuncios invasivos los productos que más les pueden tentar, pero no sólo eso, ya que pueden ir modelando el gusto de estos usuarios hacia otras apetencias cada vez más prohibitivas, que habrán de parecer asequibles gracias a las financiaciones y préstamos bancarios, que son la definitiva cadena que terminará de hacer esclavo al ciudadano medio. Hay otros, por supuesto, que por falta de papeles, ya lo son desde el  principio.

¿Pero qué pasa cuando alguno de estos nuevos esclavos advierte su condición y comienza a rebelarse?

La misma industria global creará una campaña para calmar estos impulsos con sus folletos publicitarios. Estos consisten en manuales de autoayuda que adocenan con sus consignas a los posibles subversivos. Son catecismos de la felicidad que domestican a la comunidad para soterrar como una vergüenza el sufrimiento e impulsan a que el usuario muestre dicha en todo momento por considerar la tristeza como una lacra.

Aprendida la lección, el usuario, el cliente, lo que somos cada uno, muestra su mejor cara y se declara feliz, escribe frases motivadoras o las cita y hace propaganda del partido que le saca a su vida por jodido que esté.

El mercado mundial se felicita. Si el común de los mortales son tan felices es porque el mundo que han fabricado es el mejor de los mundos.

Pero resulta que, sin previsión, en una granja de Yorkshire, un hombre (¿es todavía un hombre?) se mira al espejo y no se reconoce y empieza a pensar y, por tanto, a dudar… ¿Qué ha pasado? ¿Habrá sido un fallo en el sistema?

Como toda buena novela “El Siervo del diablo” tiene muchas lecturas y cada una de estas lecturas presenta una nueva novela ¿cuál es la tuya?

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