Asesino Patinete

Licencia de armas

8 Ago

El futuro no era un arma cargada de poesía, como dijo Gabriel Celaya, ni tampoco una espada láser de Star Wars. El arma del futuro resultó ser un patinete eléctrico o muchos patinetes eléctricos que atropellaban a los peatones por doquier ¿Cómo es esto? A ningún distópico con la cantidad de distópicos que ha habido y habrá, se le ha ocurrido este masivo ataque de los patinetes locos o, mejor dicho, de los locos que van en patinete, porque los patinetes, digámoslo pronto y claro, no tienen la culpa en sí mismos, la culpa es del majarón que lo conduzca a su manera y ya sabemos que en manos de un majarón todo se convierte en arma, también un patinete eléctrico. Si esto es así, porque así es, ¿qué sería si, además de patinetes, fueran accesibles las armas de fuego para estas mentes privilegiadas?

La respuesta está en las páginas de sucesos que nos llegan de EE.UU. Un majarón de 21 años llamado Patrick Wood Crusius, que vive huraño y cohibido con sus abuelos, decide romper su hucha para comprarse un rifle de asalto y hacer mucho ruido con alguna “hazaña” siniestra y, en estas, se le ocurre por ejemplo irse a El Paso a matar mexicanos, “cuantos más mexicanos mejor”. La coartada “ideológica” para sus crímenes serán las teorías mal digeridas de un pensador, que junto a las políticas anti-inmigración de Trump, le llevan a autoerigirse en garante de la supremacía de la raza blanca sobre la invasión de las etnias inferiores y tal y cual, pero en la motivación de sus delirios magnicidas juegan la baza principal otros sentimientos o, mejor dicho, resentimientos.

Crusius ha sido el niño rarito de la clase. Feíto y aislado por su falta de habilidades sociales nunca ha ligado con las chicas y los compañeros lo llamaban “tontolín”, así que se ha pasado su corta vida pegado al ordenador proyectando una venganza; contra sus propios genes, contra el mundo entero ¿hay algo más peligroso que un acomplejado? Los acomplejados han teñido de sangre las páginas de nuestra historia; Napoleón, Hitler, etc…

El complejo es algo que se traduce en agresividad si no se automedica con sentido del humor, el más alto de los sentidos. Cuando a Woody Allen le preguntaban si no se complacía de ser un genio, respondía con su clásico tartamudeo:” Pero qué va, yo lo que hubiese querido ser es alto, guapo y rubio y con los ojos azules.”

Pero si el humor se prohíbe y, en cambio, se permite la venta de armas, esto es lo que nos aguarda: 20 muertos y 26 heridos se cuentan en el tiroteo indiscriminado del supermercado Walmart de El Paso.

Se trata de una fórmula que ya tiene precedentes y provocará secuelas. Crusius no ha sido original ni lo serán los que sigan su ejemplo. El fin es llegar a los medios, andar en la boca de todo el mundo;  esa clase de enfermedad que está en alza ¿qué hacer ante ello? Se pueden impartir y difundir patrones de conductas morales, pero como no hay constancia de que ese tipo de catequesis den resultado, lo más efectivo es coartar la licencia de armas. Si Crusius o cualquier chalado semejante no puede comprar arma letal no hace lo que hace ¿me explico?

Dicen que los seres humanos están hoy día más violentos que nunca y, sin embargo, al menos en nuestro país los delitos sangrientos son mucho menores que en otras épocas pasadas. Ahora, por ejemplo, si escribes un artículo que levanta enconos en ciertos sectores, te pueden llegar insultos por las redes sociales, pero ahí se quedan. Ya no es como a finales del siglo XIX, cuando en las redacciones de los periódicos había un cuarto destinado a las clases de esgrima para que los articulistas pudiesen defenderse, llegado el momento, de los enconados lectores. No contentos con ello, algunos llevaban un arma en el interior de la chaqueta, lo que en circunstancias ocasionales les traía la desgracia como al periodista malagueño Peláez, que protagonizó un caso muy sonado y controvertido.

-La razón la tendría usted- decían hasta sus más afines- pero se le tuerce si llevaba ya el arma en su chaqueta.

Y quien dice un revólver, dice también una faca o una cachicuerna, que en momentos fogosos ponía la última palabra. Era uso de muchos y ya no lo es, en algo hemos adelantado. Así que no, que nada de retroceder y volver a las armas, por más que haya políticos que lo aconsejen.

Mire usted, señor como se llame, armas no, pero leyes cuantas sean necesarias, leyes que se cumplan y que sin letra pequeña penalicen en lo proporcional a los agresores. Lo demás es favorecer a los matones, al estado de excepción y a la nueva gloria de Sierra Morena. Y a estas alturas de la historia ni estamos ni queremos estar para esos trotes; cuando calla el diálogo y se abre paso el lenguaje de las pistolas. Imagínese si las pistolas de cañones recortados se pudiesen alquilar con tanta facilidad como los patinetes eléctricos ¿dónde íbamos a parar los peatones pacíficos? Entre unas y otras cosas habríamos de inaugurar de nuevo el Valle de los Caídos: Los caídos por accidentadas aceras sin restaurar, los caídos por distracción de vista en las obras públicas y los caídos por atropello de patinete: muchos caídos son esos.

Si usted quiere sanear la raza hispana, no ponga armas en sus manos, sino pastillas de calcio, fósforo y magnesio. Esto les dará fuerza nueva.

3 thoughts on “Licencia de armas

  1. Sin querer ser malpensado,
    el majarón que te enfila,
    con su patinete en ristre,
    puede jugar al despiste,
    cargándose una mochila,
    esquivar bien las barreras
    de elementos urbanos,
    sean bolardos, jardineras,
    meterse en el mogollón
    y a la hora convenida
    chupinazo y cotillón…
    Pero hablemos del humor
    y velay que a nosotros,
    ante la invasión de “otros”,
    nos hace el trabajito,
    sin el mínimo rubor,
    el Mare Nostrum romano,
    mas lo hace tan calladito,
    que aquí ni nos enteramos,
    ¡pues vaya por Dios bendito!
    Y es que nos sale del alma
    despedir a los barquitos
    bien cargados, rumbo Arabia
    al son de nuestra canción
    “Adiós a las armas, adiós…”

    Aquellos vaqueros de entonces…

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