Licencia de armas

8 Ago

El futuro no era un arma cargada de poesía, como dijo Gabriel Celaya, ni tampoco una espada láser de Star Wars. El arma del futuro resultó ser un patinete eléctrico o muchos patinetes eléctricos que atropellaban a los peatones por doquier ¿Cómo es esto? A ningún distópico con la cantidad de distópicos que ha habido y habrá, se le ha ocurrido este masivo ataque de los patinetes locos o, mejor dicho, de los locos que van en patinete, porque los patinetes, digámoslo pronto y claro, no tienen la culpa en sí mismos, la culpa es del majarón que lo conduzca a su manera y ya sabemos que en manos de un majarón todo se convierte en arma, también un patinete eléctrico. Si esto es así, porque así es, ¿qué sería si, además de patinetes, fueran accesibles las armas de fuego para estas mentes privilegiadas?

La respuesta está en las páginas de sucesos que nos llegan de EE.UU. Un majarón de 21 años llamado Patrick Wood Crusius, que vive huraño y cohibido con sus abuelos, decide romper su hucha para comprarse un rifle de asalto y hacer mucho ruido con alguna “hazaña” siniestra y, en estas, se le ocurre por ejemplo irse a El Paso a matar mexicanos, “cuantos más mexicanos mejor”. La coartada “ideológica” para sus crímenes serán las teorías mal digeridas de un pensador, que junto a las políticas anti-inmigración de Trump, le llevan a autoerigirse en garante de la supremacía de la raza blanca sobre la invasión de las etnias inferiores y tal y cual, pero en la motivación de sus delirios magnicidas juegan la baza principal otros sentimientos o, mejor dicho, resentimientos.

Crusius ha sido el niño rarito de la clase. Feíto y aislado por su falta de habilidades sociales nunca ha ligado con las chicas y los compañeros lo llamaban “tontolín”, así que se ha pasado su corta vida pegado al ordenador proyectando una venganza; contra sus propios genes, contra el mundo entero ¿hay algo más peligroso que un acomplejado? Los acomplejados han teñido de sangre las páginas de nuestra historia; Napoleón, Hitler, etc…

El complejo es algo que se traduce en agresividad si no se automedica con sentido del humor, el más alto de los sentidos. Cuando a Woody Allen le preguntaban si no se complacía de ser un genio, respondía con su clásico tartamudeo:” Pero qué va, yo lo que hubiese querido ser es alto, guapo y rubio y con los ojos azules.”

Pero si el humor se prohíbe y, en cambio, se permite la venta de armas, esto es lo que nos aguarda: 20 muertos y 26 heridos se cuentan en el tiroteo indiscriminado del supermercado Walmart de El Paso.

Se trata de una fórmula que ya tiene precedentes y provocará secuelas. Crusius no ha sido original ni lo serán los que sigan su ejemplo. El fin es llegar a los medios, andar en la boca de todo el mundo;  esa clase de enfermedad que está en alza ¿qué hacer ante ello? Se pueden impartir y difundir patrones de conductas morales, pero como no hay constancia de que ese tipo de catequesis den resultado, lo más efectivo es coartar la licencia de armas. Si Crusius o cualquier chalado semejante no puede comprar arma letal no hace lo que hace ¿me explico?

Dicen que los seres humanos están hoy día más violentos que nunca y, sin embargo, al menos en nuestro país los delitos sangrientos son mucho menores que en otras épocas pasadas. Ahora, por ejemplo, si escribes un artículo que levanta enconos en ciertos sectores, te pueden llegar insultos por las redes sociales, pero ahí se quedan. Ya no es como a finales del siglo XIX, cuando en las redacciones de los periódicos había un cuarto destinado a las clases de esgrima para que los articulistas pudiesen defenderse, llegado el momento, de los enconados lectores. No contentos con ello, algunos llevaban un arma en el interior de la chaqueta, lo que en circunstancias ocasionales les traía la desgracia como al periodista malagueño Peláez, que protagonizó un caso muy sonado y controvertido.

-La razón la tendría usted- decían hasta sus más afines- pero se le tuerce si llevaba ya el arma en su chaqueta.

Y quien dice un revólver, dice también una faca o una cachicuerna, que en momentos fogosos ponía la última palabra. Era uso de muchos y ya no lo es, en algo hemos adelantado. Así que no, que nada de retroceder y volver a las armas, por más que haya políticos que lo aconsejen.

Mire usted, señor como se llame, armas no, pero leyes cuantas sean necesarias, leyes que se cumplan y que sin letra pequeña penalicen en lo proporcional a los agresores. Lo demás es favorecer a los matones, al estado de excepción y a la nueva gloria de Sierra Morena. Y a estas alturas de la historia ni estamos ni queremos estar para esos trotes; cuando calla el diálogo y se abre paso el lenguaje de las pistolas. Imagínese si las pistolas de cañones recortados se pudiesen alquilar con tanta facilidad como los patinetes eléctricos ¿dónde íbamos a parar los peatones pacíficos? Entre unas y otras cosas habríamos de inaugurar de nuevo el Valle de los Caídos: Los caídos por accidentadas aceras sin restaurar, los caídos por distracción de vista en las obras públicas y los caídos por atropello de patinete: muchos caídos son esos.

Si usted quiere sanear la raza hispana, no ponga armas en sus manos, sino pastillas de calcio, fósforo y magnesio. Esto les dará fuerza nueva.

Los negros

2 Ago

Los negros han tenido vidas oscuras. La Historia nunca ha escrito sus nombres en letras de oro, porque sus nombres están envueltos en sombras. No tienen épica los negros, sino sólo en todo caso leyendas negras que los hacen del todo intercambiables, hermanados en un consustancial anonimato.

Hay que admitir, sin embargo, que dentro del negro hay matices y, como diría George Orwell, hay negros más negros que otros. Un negro que no lo fue tanto podría ser Alejandro Sawa, pues era como personaje mucho menos oscuro que sus compañeros y  vox populi su “colaboración” con Rubén Darío.

Quedó el poeta nicaragüense en darle una cantidad en metálico al bohemio sevillano a cuenta del adelanto de la edición de su obra a cambio de presentarle en París a Verlaine -el  maestro liróforo celeste- y tal vez porque aquella” gloria” quedó para el fauno como una “merde” (sic), el autor de Sonatina  rebajó la oferta inicial al pago de unos articulitos que el futuro “Max se estrella” daría a Darío para que los firmase a su nombre en el periódico “La Nación” de Buenos Aires por una calderilla que, según puede deducirse, cobraría en negro del negrero Rubén aquel desdichado poeta, cuya biografía póstuma “Iluminaciones en la sombra” tuvo muchísimo más de sombras que de luz si se considera que murió “ciego, loco y furioso”.

De entre los negros conocidos, porque la mayoría no se conocen, mi favorito  es Pelayo del Castillo, quien a pesar de su nombre tan a propósito para la fama, quedó en el anonimato de aquellos finales del XIX.

Si Manuel Machado dijo de Alejandro Sawa, “Nadie tan nacido para el placer fue tan derecho al dolor”, de Pelayo del Castillo podría haber dicho “Nadie tan destinado a la fama fue a parar al anonimato”, porque el autor valenciano, además de nombre y apellido sonoros, tenía talento, ingenio y facilidad prolífica para escribir y, si no hubiese sido porque las contrariedades y pesares que le sobrevinieron en sus primeros años en Madrid lo hacen refugiarse en el alcohol, tal vez no habría sido explotado por colegas desaprensivos. Y digo sólo tal vez porque parece que hay personas muy valiosas, pero con debilidad de carácter, que están predestinadas a servir de felpudo a arribistas de tan altísima autoestima como bajísimas capacidades.

Un ricachón de esta clase y de aquel tiempo, Camprodón, le encargó a Pelayo la traducción de una comedia francesa que estrenó a su nombre, dedicándosela a una marquesa , que dio al ingenio del negro unos versitos, que circularon profusamente por los cafés de la Corte:  “Si la comedia es francesa/ y los versos míos son/ ¿qué dedica Camprodón/ a la señora marquesa?/.

Y, sin embargo, no fue Camprodón el tirano más temible para Pelayo, pues luego conoció a Pastorfido; uno de tantos escritores bohemios que se dedicaban a fantasear sobre lo que proyectaban escribir y nunca escribirían, alimentando sus quimeras ante dos vasos sobre la mesa de un café; uno pequeño con agua y otro muy grande con aguardiente.

Pues bien, Pastorfido, que conocía las necesidades perentorias de Del Castillo lo alojó en su casa para que le escribiese comedias a cambio del techo y la comida. Por supuesto, el día que no le escribía algunas escenas el raptor lo dejaba sin comer.

Estos hechos que son reales se convierten en ficción un siglo después en la novela de José Ángel Mañas, “Soy un escritor frustrado”, cuya trama plantea cómo un profesor de literatura con un gran deseo de escribir pero sin inspiración para ello tiene secuestrada en su casa a una alumna a objeto de apropiarse de la autoría de una novela que ella le ha dado para revisar.

No recuerdo si en el desenlace la alumna logra liberarse o no. En cuanto a Pelayo consiguió escapar de la casa de Pastorfido y triunfó con un título de comedia ya reconocido como suyo “El que nace para ochavo”. No obstante, ya que como buen bohemio era muy mal administrador, gastó todas las ganancias de la recaudación en excesos y enfermo terminal de tuberculosis fue por su propio pie a morir de caridad en el hospital civil. Al fin y al cabo, se consideraba afortunado pues si no hubiera estado tan perjudicado- decía- habría muerto en la calle de hambre y de frío, pero al encontrarse casi en la agonía iba a acabar sus días en una cama, bien cuidado y bien asistido. Una bicoca.

Éste fue el final de un negro épico que nunca perdió la creatividad ni el buen humor.

El oficio ha continuado pero, que sepamos, no ha dado tan grandes exponentes si pensamos, por ejemplo, en que el negro de Ana Rosa Quintana por pereza copió casi literalmente una novela de Ángeles Mastretta a la que sólo le cambió el título.

Si contemplamos además la posibilidad de que los negros de hoy día son los que escriben los diálogos de esos debates políticos televisivos que, según Juan José Millas, tanto se parecen a los reality-shows, habrá que convenir que la profesión está en franco declive. Las palabras de los presuntos actores aburren al espectador, pese a que el argumento da muchísimo de sí; el futuro de España nada menos, que en rigor y, con buena pluma, constituiría un drama suntuoso, hiperbólico, digno de dejar al público sin respiración y no este soso sainete que, sin ni siquiera divertir, termina aburriendo.

Por falta de vigor en la escena, el español medio no llega a creer que aquella acción sea determinante y sin esperar al entreacto encarga una pizza por teléfono, mientras busca una serie en Netflix.

A estos realitys les hace falta un guionista en condiciones, un negro conocedor de los clásicos como Lope o Calderón. Si estos se hallan secuestrados en algún sótano, habrá que ir a rescatarlos por el bien de la patria.

Después de Maíllo

21 Jun

Antonio Maíllo ha sido siempre una persona con predisposición para la utopía. En plena juventud, cuando el auge de las tecnologías comienza a planear sobre las ruinas de las humanidades, allá por los ochenta del pasado siglo, él estudia para ser profesor de Latín contra la preferencia de sus padres que lo querían abogado. No, sin verle aptitudes, desde luego, pues desde aquellos tiempos hasta ahora, Antonio Maíllo ha pasado gran parte de su vida subido a una tribuna dándole a la oratoria por defender causas normalmente utópicas como son la unidad de la izquierda o el resurgimiento  de las lenguas clásicas en el sistema educativo mediante estrategias pedagógicas innovadoras, que ha puesto por escrito como Jefe de  Servicio de Programas Educativos Internacionales y coordinador de la adaptación curricular de la asignatura de Latín a la Ley Orgánica de Educación para toda Andalucía.

Ni a la unidad de la izquierda ni a la enseñanza del Latín se le prevé mucho futuro en Andalucía (como en el resto de España), para qué nos vamos a engañar. Si la izquierda hubiese estado unida en este país alguna vez, habría ganado la Guerra Civil, por eso, de la historia, que es la mejor maestra, se deduce que las siglas IU (Izquierda Unida)  encierran una gran utopía y no menor paradoja, lo que no ha desmentido, precisamente, el paso de las últimas décadas, que ha cundido en disensiones de militantes en el seno del partido para no perder la tradición. Recordemos, pues, que IU nació de una disensión, siendo la escisión de otro partido, el PCE, de modo que más que de la unión nació de la separación y de la necesidad tal vez de minimizar la expresión “comunista”, que iba todavía asociada a ciertos prejuicios y obsolescencias vinculadas a la Guerra Civil.

Sin embargo, Maíllo, lejos de renegar del término se hace militante oficial del PCE en 1996, cinco años después de la culminación de la Perestroika y la demolición del Muro de Berlín. Y lo hace, además, a los treinta años, esa edad en la que dicen que se pierde corazón para el ideal y la cabeza ocupa su lugar para ponerse de parte del bolsillo.

No es raro que el político lucentino tomase como referente a Julio Anguita, que, docente y comunista, se hizo célebre como alcalde de Córdoba, donde estableció un califato que no le discutía ni la derecha. Las personas son, definitivamente, más complejas que las directrices ideológicas, la política municipal lo demuestra. La actuación de los diputados se puede diluir más o menos en el Congreso, pero nunca la de un alcalde, pues revierte en nuestro marco más inmediato; la ciudad que habitamos, que salta a la vista.  De ahí que en unas elecciones  municipales se vote a las personas, más allá de las siglas.

Desde la honestidad, que si le atrajo valoración también le acarreó conflictos, Anguita fue el principal referente para un partido (IU), que quería estar a la izquierda de la izquierda, y logró para él los mejores resultados electorales de la historia democrática, cuando llegó a la política nacional. Nunca supeditó sus principios a la conveniencia ni al lucro personal y por ello era creíble para sus votantes. Frente a la insustancial propaganda, su lema era “programa, programa, programa…”.

Retirado ya de la política por problemas cardiovasculares llevó su coherencia hasta el final, pues fue de los pocos políticos que tras estar más de ocho años como parlamentario renunció a la pensión de jubilación como ex diputado y recibió la de maestro de escuela.

Como Anguita, Antonio Maíllo deja la política y regresa a las aulas. A ello le llevan también problemas de salud tan graves como la superación de un cáncer de estómago.

Para mí, Maíllo merece el mayor de los respetos. Ha luchado muchísimo por su salud y también a costa de su salud por intentar la unidad de la izquierda en Andalucía con la adhesión a IU de Podemos, Equo, Primavera Andaluza e Izquierda Andalucista; una tarea siempre ardua, porque los electores andaluces, como han demostrado con su voto, son más partidarios de la disgregación que del conglomerado.

Ahora, después de dimitir como coordinador de IU en Andalucía y Diputado del Parlamento, Maíllo vuelve a las aulas, como profesor de Latín, lo que no es un reto sencillo, estando tan denigrado el prestigio de los docentes y el estudio de las lenguas clásicas. No sé yo si es más complicado unir a la izquierda que hacer que los alumnos de hoy día se aprendan las declinaciones…Pues es un luchador, como no hay duda, defenderá que la educación es la única herramienta para el progreso de los humildes, por los que siempre apostó y que la enseñanza  del Latín y el Griego les dará armas para pensar, que es la mayor de las capacidades con la que defenderse en la lucha por la subsistencia. Ésa es la más grande de las revoluciones.

Dicen que el relevo de Maíllo está decidido. Sin duda, quien lo sustituya habrá tomado lecciones de su valor y habrá de trabajar mucho para cubrir el vacío que deja.

Por el momento, quiero transmitirle ánimos a Maíllo en su nueva etapa, pues me produce una gran empatía. Yo también he sido profesora de Latín en Aracena y, aunque con menores méritos, nunca he dejado de combatir por la utopía.

La educación es la base del progreso y yo sé que Maíllo seguirá teniendo en ella una parte activa y sobresaliente. En las aulas está la clave para el futuro.

El cumpleaños de Beyoncé

14 Jun

Tan verdadero como cierto, Pitita me está llamando ¿pero cómo es posible, si, al salir, he olvidado el móvil en casa? Oigo la voz de Pitita cerca, muy cerca, tan cerca como si estuviese a mi lado y es que resulta que Pitita me está llamando por la calle.

Estamos ya tan acostumbrados a hablar con los amigos por guasap o por el facebook que el hecho de que nos hablen por la calle y, más aún, sin cita previa, nos resulta una posibilidad remota a no ser que dicho amigo tenga geolocalizador y tú lleves el móvil.

Pero Pitita es ubicua, omnipresente y está por encima de las tecnologías. Tiene el poder sobrenatural de saber dónde está cada cual en todo momento y, más aún, el de saber dónde estoy yo.

—¿Pero dónde te has metido, chica? Te he llamado miles de veces al fijo y al móvil y me saltaba siempre el contestador. A estas alturas, ya creía que sólo te iba a encontrar en la página de sucesos, menos mal que he traído de paseo a mi Beyoncé, que tiene un olfato de Sherlock Holmes y, en cuanto te ha olisqueado el rastro, se ha puesto a ladrar. No te puedes imaginar lo que te quiere esta criaturita y el disgusto que se iba a llevar si no…

Beyoncé para demostrar lo expuesto por su dueña, salta con sus robustas patitas hacia mis pantorrillas mientras mueve enérgicamente el rabo. Es una perrilla de raza pura pug, con cara aplastada de bulldog, ojos saltones, enormes y graves y cuerpo diminuto pero rechoncho, que parece el vivo retrato de Charles Laughton o de uno de esos tories ingleses que con unción aristocrática lee volúmenes de Chesterton frente a la chimenea de su nutrida biblioteca, aspirando y expirando el humo de su pipa.

Fría y objetivamente y, sin mediar  ensoñaciones literarias , se podría decir que Beyoncé es horrorosa, pero hay que admitir que el pedigrí en los perros está muy asociado a la fealdad, y cuanto más feos resultan más valorados y caros en el mercado.

Beyoncé es como una señorita de posibles en época decimonónica, codiciada por la alcurnia, pero no tan grata a la vista. No obstante, es tan simpática y cariñosa que, en cuanto te brinda sus carantoñas, empiezas a encontrarle un tipo de belleza particular.

—Ay, nena, nena, esta vez no me puedes decir que no- asevera Pitita- vamos a celebrar el cumpleaños de Beyoncé y tú tienes que ser la primera en venir.

—¿Cómo? ¿El cumpleaños de Beyoncé?

—Pues claro, chica, ahora los cumpleaños de las mascotas se celebran. Todas mis amigas lo hacen, este tipo de eventos son lo más de lo más.

¿Cumpleaños de mascotas?- me quedo pensando sin saber qué contestarle- y sin poder evitarlo me vienen a la mente las imágenes de tantos niños anónimos que en los ambientes desfavorecidos de otros continentes no tan lejanos no conocen cumpleaños festejados ni aun lo que son las comidas diarias y sin tener que remitirme a ello, ni imaginar demasiado, me basta con el recuerdo de ayer: un inmigrante maduro y, sin duda, padre de familia, que rescata camisetas de un contenedor de basura. Están nuevas pero aquellos líderes de los equipos de fútbol deben estar caducados y el pecho de los alevines requiere otros.

Los niños del primer mundo están orientados hacia el éxito. Lo persiguen en los otros y en sí mismos a tal punto que no perdonan el mínimo desliz de sus ídolos del balón ni el descenso de sus likes en el Instagram. Los niños y adolescentes se desesperan también cuando comienzan a naufragar en el youtube y un porcentaje nada desdeñable opta por el suicidio. No por casualidad esta misma semana han tratado de este tema Carmen Posadas y Juan José Millás.

Hoy día se vive para una fama inmediata, insustancial y tan efímera  que cambia de un día a otro los rostros de los héroes de la palestra. El éxito rápido y fácil lleva a un fracaso rápido y fácil también.

En tanto las fiestas se multiplican y se magnifican. Se celebran comuniones tan costosas y aparatosas como las bodas y las despedidas de solteros y solteras pueden hasta incluir una semana de estancia en el Caribe en hotel de cinco estrellas. Los salarios bajan como sube la precariedad laboral y, sin embargo, crecen los motivos para celebrar lo que sea; graduaciones, regraduaciones e incluso divorcios, como si asistiéramos a la borrachera festiva de la Venecia en crisis de Carlo Goldoni.

Cumpleaños de mascotas; el último grito de las celebraciones, mamma mia!!!

Pitita me sacude las meditaciones con una palmadita en el brazo:

—Venga, anímate, nena, que ésta no te la puedes perder. Beyoncé cumple tres años, ya es toda una señorita. Será como su puesta de largo. Anda, Beyoncé, dile algo…

Gime Beyoncé y me observa con una expresión suplicante de sus derramados ojos.

—¿Y dónde es el cumpleaños?

—En un chiringuito de Benajarafe, a espacio abierto para que puedan venir los amiguitos de Beyoncé. Es un lugar popular como los que a ti te gustan y, además, tocarán “Los Junlay´s” ; un grupo muy guapo de flamenquito. Va a estar superbien.

Pues bien, voy al cumpleaños de Beyoncé como determina la fatalidad con la concurrencia de muchos perros de pedigrí y amigos de Pitita, de pedigrí también.

“Los Junlay´s” tocan y cantan fenomenal y sus niñas, de entre seis y ocho años, unas morenitas de pelo larguísimo bailan, entre plantas tropicales, las rumbitas con una gracia conmovedora. A unos metros, susurran las olas de un mar sereno y generoso.

Tras las gafas de sol, quiero esconder unas lágrimas que me brotan sin remedio, cuando oigo el tema “Las cosas más pequeñitas” de Nolasco, que es un himno epicúreo a la horaciana. Beyoncé me observa con sus ojos de Charles Laughton, teñidos de compasión, y me da toquecitos en las rodillas con sus patas regordetas.

Sin duda, sabe por qué lloro y quiere consolarme. Le sobran los sentimientos y le falta la hipocresía. Todavía necesitamos aprender mucho de los animales.

Un hombre solo

3 May

Durante la campaña electoral, Pedro Sánchez me ha recordado mucho al Julio Iglesias de finales de los ochenta. Al igual que Iglesias (Julio), daba la imagen de un hombre solo con un gesto de abatimiento en la postura y de melancolía en la mirada, incomprendido incluso en el propio seno de su partido, como el cantante tras la separación de su esposa.

El hombre (Julio), como recordamos por la canción, “iba de abrazo en abrazo, de beso en risa y le daban la mano cuando era precisa”, pero aquí viene lo más terrible de la letra, “pero cuando amanece, y me quedo solo, siento en el fondo un mar vacío, un seco río, que grita y grita que sólo soy un hombre solo, un hombre solo, un hombre solo”.

Pues bien, Iglesias (Julio) confesaba que “lo tenía todo, completamente todo” e incluso, más a o menos, que era millonario, pero que nada era eso si en la alborada sentía la falta del amor verdadero. Por supuesto, el disco se vendió como rosquillas. A las mujeres, principal sector de su público, no hay nada que les conmueva más que la soledad de un hombre joven, guapo y millonario. Por algo se entiende que “Las cincuentas sombras de Grey” fuese un best-seller. Pobrecito Grey, azotaba a las chicas de lo lindo, pero había que comprender que, en el fondo, era un solitario y sólo pedía a gritos cariño del de veras.

Me temo que si Grey hubiese sido feo y pobre, su fama se reduciría a la de un maltratador común sin sublimaciones y con pena de cárcel.

El otro día hubo un despliegue policial en mi calle. Pregunté qué había pasado a los agentes y me respondieron en tono seco “que un hombre se había caído”. Entre los vecinos, encontré a un amigo que me explicó que “el hombre vivía solo”. Eso da pie a pensar que igual el hombre no se cayó, sino que se arrojó por la ventana. Seguro que no era millonario ni joven ni guapo, por eso ni inspirará una novela ni será digno de grandes compasiones. Simplemente se trataba de un ser común, que no maltrató a nadie y que no provocó más ruido en su vida que el de la sirena del coche policial. Vivía solo; eso podría ser ya una razón, ¿pero habría otras? ¿un despido improcedente? ¿una amenaza de embargo?

Me temo que, con suerte, sabremos de su naufragio vital poco más que sus iniciales. Ya no vive Joaquín Dicenta para escribirle una obra de teatro ni Lauro Olmo para dedicarle una novela. Si hubiese sido una mujer, víctima de la violencia de género, ahora sería “otra víctima de la violencia machista”. Sumarse a una estadística tampoco es el más glorioso de los epitafios.

La hipocresía, gran tema. Casi todos los líderes durante la pasada campaña electoral se han llenado la boca para reivindicar el importantísimo papel de las mujeres en la sociedad, entonces ¿por qué ninguno de los partidos ha apostado por tener al frente de ellos a una lideresa? Posibilidades había en cada uno de ellos para hacerlo y sin embargo…Yo no voy a creer en el feminismo nacional hasta que un partido de los grandes postule a una mujer para la presidencia. Por cierto, que esa alternativa la recreó Ana Obregón en una serie televisiva y duró sólo dos capítulos por falta de audiencia. Se debió llevar la actriz una sorpresa, cuando su anterior serie, “Ana y los siete”, en la que hacía de chacha de un banquero batió records en la parrilla. Oye ¿y eso?

Se dice que los resultados de las elecciones generales pueden estar sujetos a múltiples interpretaciones, pero los números no son filosofía. 123 diputados significa que ha ganado Pedro Sánchez: el ganador que vende el mito de los perdedores como Joaquín Sabina con sus canciones. De que se ha votado por ese marketing no hay duda, éste es el país de Don Quijote, pero hay más. No se puede negar que el voto ha tenido un componente de miedo y que el miedo, más que el entusiasmo, mueve a los electores a las urnas. Eso explica la subida del índice de participación.

Una parte del voto a Sánchez se debe al miedo a VOX y una parte del voto a VOX se debe al miedo a los independentistas. Los que no quieren ni a VOX ni a los independentistas en el gobierno, se habrían decantado por Ciudadanos, pero han dejado de confiar en esta alternativa por la facilidad que demuestran estas siglas para casar a diestra y siniestra sin temor a los colores. La tendencia a la fractura ya no es sólo cosa de la izquierda, también cunde en la derecha y eso confunde.

La adhesión a VOX ha ganado tanto como el rechazo a VOX y gran parte de los que estaban dispuestos a abstenerse se encaminaron a las urnas para votar izquierda. De eso se ha beneficiado Sánchez, al igual que del temor a Unidas Podemos. Esta coalición ya por el nombre sonaba a feminismo y hasta entre los más izquierdistas, el feminismo suena a horror y pavor; a atentado. Necesitamos todos algunas lecciones de empatía social. Así ganaremos para todos y no contra nadie. Es lo que pienso.

El hijo friki

1 Feb

Málaga tiene también su poquito de invierno, aunque los propios malagueños no lo recuerden de un año a otro y, enfurecidos por tal anomalía, lo maldigan como si se tratase de un intruso enemigo del norte al que se puede intimidar con una denuncia o un pliego de quejas al Ayuntamiento.

—La culpa la tiene el alcalde, que, de tanto hacer amistades con los rusos, nos han contagiado su frío puñetero- pueden llegar a decir.

Mustio y acatarrado veo a Anodino Borrego en la esquina de su bar habitual, tomando una infusión de poleo-menta en lugar de su caña de costumbre:

—Menuda tranca he cogido…

—Pero, Anodino, ¿tú te has abrigado bien estos días?

—¿Para qué, chica? Estamos en Málaga, aquí nadie se abriga.

—Vale, Borrego, tú a lo tuyo, pero, si no me equivoco, a ti te atormenta algo más que el frío. Tienes ojeras de insomnio.

—Ay, nena, ay, qué difícil es ser padre.

—¿Lo dices por José Antonio?

—Pues, mira, por José Antonio, no, que le va muy bien. Tú sabes que, en principio, yo me asusté pensando que la fiebre que le dio por Vox me lo iba a hacer radical, pero qué va, son sólo sarampioncillos de juventud que remiten. Fíjate el susto que daba antes Pablo Iglesias y en lo que se ha quedado ahora…

—¿Entonces?

—A mí el que ahora me trae por la calle de la amargura es Rogelio. Figúrate que se me ha puesto a escribir novelas fantásticas con muchos elfos, unicornios y brujas noruegas y las firma bajo el nombre, J.J. Roying.

—Pero, hijo mío, ¿para qué escribes esas cosas tan raras?

—¿Raras, dices? De eso, nada, papá, no estás al día; todo los jóvenes ahora leemos y escribimos estas cosas para huir de la podredumbre de la realidad actual.

—¿Y tú qué sabes cómo es la realidad actual, si nunca lees un periódico ni ves un telediario?

—Ni falta que me hace, papi, ningún chico de mi edad lo hace y, sin embargo, por lo que leemos en Instagram, ya nos hacemos cargo de la cagada de realidad que tenemos.

—Bueno, me alegro mucho de saber que entras dentro de la normalidad, ya me estaba yo preocupando de pensar que me hubieses salido rarito.

—De rarito, nada, papuchi, yo soy, como tú, un Borrego de los pies a la cabeza.

—Eso es fabuloso, cómo me emociona oírlo, pero dime si eres Borrego, ¿por qué firmas como J.J. Roying?

—Es un homenaje a J.K. Rowling, muchos otros autores ya se han puesto estas iniciales y yo me he dicho, si ellos imitan a Rowling, yo la imitaré más que nadie.

—Felicitaciones, hijo mío, es la idea menos original que he oído en mi vida, pero, oye, por curiosidad ¿qué significa ese J.J?

—Son las iniciales de vuestros segundos apellidos; el de mamá y el tuyo.

—Sí, ya, García Jiménez, ¿pero no es una falta de ortografía anotar el García con jota?

—Es la influencia de Juan Ramón Jiménez, papá, cómo se nota que no entiendes nada de literatura.

—Entiendo lo suficiente, que en ese trabajo se muere uno de hambre, ¿no sería más útil que terminases ya el bachillerato e hicieses luego alguna ingeniería?

—El bachillerato no sirve para nada.

—¿Quién te ha dicho eso?

—Lo dice todo el mundo.

—Claro, claro, ya veo que tienes las ideas muy claras, voy a ayudarte, que una ayudita en estas cosas nunca viene mal. Como tú sabes, yo de literatura no tengo ni pajolera idea, pero Pitita Pijigualda anda en ello y, aunque no sea santo de mi devoción, voy a darte su número de teléfono para que te dé consejos que te ayuden en tu nueva carrera profesional.

—Hola, Pitita, ¿qué tal? Soy el hijo de Borrego.

—¿Otra vez? Mira, José Antonio, que hoy tampoco voy a salir contigo a cenar por mucho que te empeñes…

—Se equivoca, señora, yo soy Rogelio.

—Ay ¿Rogelito? Qué alegría me da de oírte, nene, pero, oye, por favor, ni me trates de usted, ni me llames señora que sólo tengo…en fin, unos pocos años más que tú.

—Es que, a ver, Pitita, mi padre me ha dicho que me asesores en mi nuevo emprendimiento como escritor.

—Eso está tirado, Roger, en mí encontrarás los mejores consejos; el marketing es lo mío.

—¿Y la literatura?

—Eso menos, pero algo habrá qué hacer.

—¿Has terminado ya tu libro de autoayuda?

—Bueno, terminado, terminado, no, pero sólo me quedan para completarlo 249 páginas y lo más importante es que llevo más de un año promocionándolo a lo bestia por todas las redes sociales.

—¿Y eso no es vender la piel del oso antes de cazarlo?

—¿La piel del oso? Qué va, guapín, yo lo que vendo es libros.

—Pero no los escribes…

—Ay, Rogelito, Rogelito, la verdad es que me entiendo mejor con tu hermano José Antonio, me parece a mí que todo lo llano que tiene él, lo tienes tú de retorcido.

A ver, cómo te lo explico, yo promociono que es lo más importante, y lo de escribir ya vendrá luego. Eso se hace en un momentito.

—¿En un momentito?

—Sí, claro, igual hago un libro de micro-autoayuda con micro-reflexiones en cada página y el resto lo relleno de imágenes motivadoras; un amanecer con gaviotas, un atardecer con montañas rojizas o un Buda.

—¿Un Buda? ¿Pero tú no eres católica, apostólica y romana?

—Por supuesto, Roger, no te quepa duda, pero si pongo un Ecce Homo a la gente le va a dar bajón. No hay dios que pare al marketing. Lo importante es captar clientes, no hay más. Óyeme,  como yo lo veo, vender libros no significa escribirlos, como tampoco comprarlos significa leerlos; eso mi público lo entiende y por ello me prefiere, hazme caso…

—Cómo no, Pitita, mi padre te ha juzgado mal, eres, sin duda, brillante y…

—¿Y qué?

—Que si no vas a cenar con José Antonio, podrías cenar conmigo.

—¿Otro más? Bufff, venga, nene, no mezclemos los negocios con el placer.

Hay que crear empleo

25 Ene

Hay que crear empleo, o mejor dicho, hay que ofertarlo. El empleo ya está creado, sólo hace falta que alguien lo desempeñe. Falta personal en todas partes y cunde la concentración humana en las salas de espera, donde se pueden cultivar las relaciones sociales y sembrar el principio de una gran amistad o lo que surja.

Los tiempos vacíos acortan las distancias entre las personas. O, mejor dicho, acortaban. La interminable hora y media de trayecto agónico de la línea 1 de bus urbano, ha dado pie a historias de amor con su planteamiento, nudo y desenlace en San Andrés. Ya no. Desde que el móvil extendió sus redes ya nadie se fija en el pasajero o paciente que se sienta a su lado. Estamos más pendientes de los followers, que pese a su nombre sugerente no son más que fantasmas sin carnalidad alguna.

El empleo. Hace falta personal activo y mucho más, personal interactivo. Me refiero, por ejemplo, a los bancos; esos que se han enriquecido a costa de dar créditos e hipotecas a la gente de buena fe y luego han creado la crisis para amarrarla al mástil de un barco que se hunde (como la Gneisenau, que también era alemana). Pues bien, con todo y con eso, porque la insaciable ambición es saco roto, ahora los bancos se solidarizan con los recortes de personal y mandan a los clientes a hacer sus ingresos, transferencias y demás a la intemperie de un cajero para que disfruten del frío ventoso que este invierno trae.

Duele ver a esas personas, con poca pericia en estas lides, equivocarse una y otra vez por el apuro y la presión que provoca tener una cola de personas detrás que comunican hostiles la impaciencia.

Se acabó eso de estar calentito y sentado en la oficina, atendido por aquel empleado de tu barrio de toda la vida que te preguntaba por la salud y la familia y te ofrecía un pictolín si estabas resfriado. Parece que los bancos sólo tienen dinero para pagar -muy mal, imagino- la amabilidad melosa de un latino que te despierta a la hora de la siesta para ofrecerte un producto financiero:

–No, muchas gracias, ya estoy lo bastante arruinado.

Hay que crear empleo y eliminar las colas. Hay colas en los cajeros y colas en los restaurantes económicos; esos lugares tristes a los que van los trabajadores que sólo tienen media hora de descanso en su jornada continua y, por tanto, se dan el lujo dudoso de almorzar fuera de casa. Unas veces lo logran, otras no, pues, a falta de camareros, se les puede ir la media hora en la cola de gente resignada y compungida, que parece sacada del tiempo de las cartillas de racionamiento y la caridad de la sopa boba, sólo que ahora encima pagando.

Colas en el cajero, en el restaurante económico, y en las puertas del SAE (antiguo INEM). Un país con colas da mala impresión y genera ansiedad en sus ciudadanos. Estar quieto y de pie durante un buen rato no es ni cómodo ni entretenido. Para matar el tiempo, o mejor, invertirlo, se podría uno distraer con un libro de bolsillo, pero lo normal es que saque un móvil y se ponga a discutir con un trol, lo que sumará a la espera y la impaciencia, el cabreo.

Ya casi no me asomo a las redes sociales. Tengo miedo a que salga un trol y me arranque una oreja. Hay que crear empleo; el ocio es un lujo cuando se tiene dinero y aficiones (el dinero solo no basta para sacarse de encima el aburrimiento), pero al pobre y cabreado sin más recursos que un móvil, todo se le va en ocupar los espacios internáuticos para despotricar contra todo quisque virtual. Comprendo que su cabreo tiene sus razones de peso, pero igual apago el teléfono: una cosa es la compasión y otra el masoquismo.

Hay que crear empleo; nos va la vida en ello. Son demasiados los meses que se deben aguardar para visitar a un especialista o ir al quirófano. Las listas de espera sólo aligeran cuando uno de los integrantes deja de esperar por dejar de existir.

Hace falta personal en los hospitales y arquitectos y constructores y jefes de obra y albañiles que creen nuevos hospitales. Hacen falta operativos que arreglen las aceras de los barrios para que no se saturen los hospitales. Según los traumatólogos locales, este último año ha habido una verdadera epidemia de caídas en vía pública.

Hacen falta profesores también en los institutos. Una ratio de treinta adolescentes en cada clase, hoy día, es un asunto desproporcionado para cualquier ser humano, más aún cuando esos treinta son posibles por haberse incorporado, vía legal, los absentistas, que no habituados a ir a clase, expresan su descontento con toda clase de habilidades para montarla en grande. Por tanto, insisto, hay que crear empleo, y más aulas; un profesor con quince alumnos en su propia aula es lo correcto si, de verdad, se pretende mejorar el sistema educativo. No todo se soluciona con pizarras digitales; más todavía si la asignatura en cuestión es Lectura. De ningún modo, se puede pretender que treinta alumnos puedan leer un libro, a la vez, en una pizarra digital.

Los de las últimas filas no ven nada y, por aburrimiento, empiezan a liarla. Esto no es serio; para leer hacen falta libros en papel, uno por alumno. Un lote de treinta libros cuesta mucho menos que una pizarra digital y es lo único que vale para dar una clase de lectura. Si no se hace así, se trata sólo de una hora en la que perder el tiempo y los nervios.

Hay que crear empleo, también para que se vuelva a tener buen humor; la sociedad está repartida entre parados cabreados y trabajadores sobreexplotados, cabreadísimos también. Hay que repartirse la cosa para que vuelva el buen rollo y la armonía y quitarle ocasiones de ocio a quienes muerden al prójimo o hacen chistes espantosos en la redes. Es la prioridad; yo lo escuché y no será nada fácil que lo olvide.

El mejor hogar; la cárcel

18 Ene

Después de buscar por toda la casa el móvil que no para de sonar, lo rescato como un náufrago abatido  bajo una de las pilas de libros que se desperdigan entre el sofá y los sillones.

Por supuesto, la que llama es Pitita:

—¿Te pillo en mal momento?

—Últimamente, lo difícil es que me pilles en uno bueno…

—Ay, chica, pero qué exagerada eres, no es posible que estés peor de lo que sueles estar siempre.

—Un poco peor,  sí, me he roto el brazo izquierdo.

—¿El izquierdo? Pues ya ves tú, eso es nada de nada. Con la derecha se escribe mucho mejor.

—¿Lo dices con intención?

—Jajaja, qué va, figúrate que Cervantes y Valle-Inclán, cuando se accidentaron del brazo izquierdo, escribieron lo mejor de su obra.

—Me sorprendes, Pitita.

— ¿Y por qué? A mí me gustaba mucho la literatura cuando estábamos en el colegio ¿te acuerdas?

—¿Cómo no voy a acordarme, Pitita?

—Pues no lo parece, se diría que a veces te olvidas de tus orígenes…Y te digo una cosa, no es motivo ninguno para avergonzarse ser de buena familia e ir a un colegio de pago. La literatura no es sólo cosa de rojos. Mira, si no, lo que ha citado Juanma en su discurso de investidura a Antonio Machado, García Lorca y Rafael Alberti.

—Ah, por eso me has llamado ¿lo quieres celebrar?

—Pues no te creas, a mí lo de Juanma me preocupa, porque, chica, ha prometido muchas cosas bonitas y a ver cómo las va a cumplir ahora. Como yo lo veo, se está mejor en la oposición. Ahí puedes criticar, cómodamente, lo mal que lo hacen los otros, eso siempre queda bien, pero si gobiernas todos los palos se te vienen encima…Por el momento, tiene el boicot de las mujeres feministas y hasta de los hombres feministas, que se supone que son todos de izquierdas, porque se han inventado ellos llamarse así para conseguir, bueno, lo que quieran. En fin, una tontería muy grande, porque, de corazón, ¿tú de verdad dirías que el coletas es feminista? ¿Y eso de que como es feminista lo hace mejor? Ya me entiendes…

—Pues…

—Si hay hombres feministas, no van por ahí diciéndolo, nena;  eso consiste sólo en portarse bien con las mujeres, no es de izquierdas ni de derechas, y los que lo hacen no se ponen ninguna etiqueta, les sale de natural. Mira, por ejemplo, Iñaki.

—¿Iñaki?

—Iñaki ha elegido ir a la cárcel de mujeres. Así, sin prejuicios ni nada, eso sí que es ser feminista, pero no presume de ello y cómo funcionar, funciona fantástico,  ya ves la pila de hijos que tiene.

—Le va bien allí ¿no?

—Divino. Cristina, al principio, estaba preocupada, imagínate, han sido las peores Navidades de su vida, pero ahora que sabe lo bien que lo tratan, está más tranquila. Oye, que en Nochebuena le pusieron de cenar langostinos, entremeses, cordero y, de postre, turrón y desayunó al día siguiente chocolate con churros. Y yo le dije; Cristina, guapa, si tu marido es capaz de cenar eso y luego a la mañana desayunar chocolate con churros tiene que tener un estómago de acero o estar de muy buen humor.

Claro, claro, Pitita, el problema es que todo eso pone en entredicho la honestidad. Semejante cena y desayuno no se lo pudieron permitir mucha gente honrada en tan señaladas fechas; igual, como mucho, se le quedó el asunto en unos macarrones con tomate y eso da que pensar. Por este camino, el honesto empezará a envidiar la fortuna del delincuente, que tiene un techo caldeado bajo el que cobijarse y una comida fetén y llegará a la conclusión de que su honestidad no sirve sino para pasar necesidades y, en lo mismo, los delincuentes, si están tan a gusto en la cárcel, no quieren salir y cuando lo hacen, sólo piensan en cometer otro delito para volver a ella. Por lo que cuentan, el asesino de Laura Luelmo, antes de que lo pusieran en libertad y cometer el crimen, dijo que no estaba capacitado para llevar una vida normal y que si lo echaban, volvería a cometer un delito para regresar. Y lo hizo.

Hace unos años escribí un relato “El vecino tranquilo”, que se recoge en mi libro “Masculino Singular”, donde se hablaba de un albañil, que después de dos años de paro, enloqueció y mató a su mujer y a su hija, yendo a parar a la cárcel, donde vivió tan buena experiencia que no quería ya salir de allí. Luego comprobé que lo que relaté no era nada exagerado, pues en un cuento de Ignacio Aldecoa, el Chejov español, hallé personajes marginales que en anteriores tiempos de carestía  transgredían la ley por encontrar cobijo y comida en prisión.

No es probable que, según dice el determinismo biológico,  el crimen sea una actividad a la que se entregue por natura canalla la pobre gente, pues si ésta tuviese trabajo, casa , comida y estufa, lo más probable es que observase la ley. En cambio, en cuanto a que los ricos cometan actos delictivos, no se puede explicar sino por un vicio perverso.

La solución, sin embargo, parece sencilla. Si ese dinero que sin necesidad roban potentados y poderosos  se invirtiese en crear empresas para ocupar a los pobres, el delito casi desaparecería de la faz de la tierra.

Cuando el mejor destino para una persona es la cárcel, hay que plantearse que algo se está haciendo mal. Muy mal.

Rosa para el caballero

11 Ene

Hoy he visto a Anodino Borrego en la esquina de su bar habitual, tomándose una caña al sol del recién estrenado enero. Lucía un flamante jersey rosa que le había regalado su mujer por Reyes y le daba un aspecto azucarado, como uno de esos algodones que todavía se venden por feria.

Anodino es uno de esos hombres complacientes que, sin prejuicios, se deja vestir por su esposa sin hacerle ascos a los rosas, que si en la canastilla están reservados para las niñas, al llegar la edad adulta, las señoras gustan de adjudicarle a sus cónyuges en polos, camisas y pulóver con la insignia hidalga del pertinente caballito, pues nótese que el rosa caballero es más usual entre las clases acomodadas y que no falta en los fondos de armario de ningún bonito señorito de los que van al Rocío con carreta VIP o a las casetas privadas de la Feria.

El rosa y el pistacho con los pertinentes pantalones de colores en amalgamas siempre conjuntadísimas son una atrevida fantasía femenina a la que no se niegan los hombres de posibles. Otra cosa son los masculinos de extracción humilde y clase obrera, que le tienen terror a los tonos llamativos:

—Pero, Rocío, por tu madre, ¿tú quieres que vaya por ahí hecho un mamarracho? Ahora mismo vas y me descambias este jersey por otro azul marino.

—Pero si el rosa se lleva mucho…

—Que lo lleve quien lo lleve. A mí no me vistes tú de mariquita.

Si se tiene en cuenta la historia, que nos da por la medida de lo que fuimos lo que somos, comprenderemos que estos mismos que se niegan al rosa, fueron los que en el siglo XVIII jamás se hubiesen colocado una peluca de bucles blancos en la cabeza ni un cuello de chorreras en la camisa. En los aspectos indumentarios, el pueblo demócrata es mucho más conservador que la propia élite conservadora.

Anodino, ajeno a tales desajustes, sin ser exactamente ni rico ni pobre, obedece a su esposa y a la moda, y con su jersey rosa y la caña del mediodía es feliz. Y, como feliz y conforme, no comprende el revuelo que se ha montado en pro y en contra de la lucha contra la violencia de género ni las consecuentes manifestaciones feministas.

Si fuese por él, no habría violencia de género en absoluto ¿violentarse contra las mujeres, para qué? Lo que hay que hacer en todo caso es educarlas en las buenas costumbres, pues ese sexo bello que por naturaleza tiende a la humildad, la sumisión,  la generosidad y las gracias delicadas, si no hubiese sido malmetido con ambiciones impropias, seguiría siendo como siempre, inofensivo.

A él, particularmente, las mujeres no le dan ninguna lata. A su esposa, que trabaja de administrativa -pero a lo que se ve hace horas extra- no la ve casi por casa, su suegra lo considera tan aburrido que por no sacarle chispa ni se mete con él y su hija de doce años, en fin, su tierna hija le dice eres un capullo, pero, claro, hay que entender que esos son los modos de expresión de los jóvenes hoy día.

Quien realmente le trae problemas no son las mujeres de la familia, sino su niño José Antonio, que con poco más de dieciocho, ya es abierto militante de Vox:

—Pero vamos a ver, Joselito, ¿a ti que se te ha perdido en ese partido radical?

—Perdido, perdido, nada. Lo que he hecho es encontrar el espíritu patriótico, que tanta falta hace en este país, porque esta gentuza lo que quiere es destruir España con tanto independentismo y tanto inmigrante invasor, qué vergüenza. Si los dejamos hasta nos quitan las corridas de toros y por ahí sí que no paso; la patria o es con toros o ya no es.

—Vale, Joselín, a mí eso de los toros también me parece muy bonito, pero no es necesario que para defender la fiesta nacional te metas en un partido minoritario. Tanto yo, como tus ancestros, los Borregos legítimos, han ido siempre con la mayoría.

—Soy joven, papá, y tengo que ser rebelde ¿ Es que tú nunca has sido joven?

—¿Yo? ¿Pero de qué estás hablando? Yo siempre he sido Anodino y me ha ido muy bien así. Nuestra casta ha tenido el gran honor de defender siempre el pellejo a cualquier edad por encima de todas las cosas; sin dignidad, sin principios, pero vivos hasta que no haya más remedio. La verdad es que no pareces hijo mío…

—Bueno, eso se lo preguntas a mamá si algún día la pillas en casa, ahora estamos hablando de Vox

—¿Pero tú qué sabes de Vox?

—Lo que dice todo el mundo.

—Ay, menos mal, me estaba preocupando. Ya entiendo que eres un Borrego legítimo. Un Borrego de los pies a la cabeza.

—Gracias, papi, y ya que estamos de confidencias, también tengo que decirte que estoy enamorado y que esa mujer me da fuerzas para seguir en mi lucha.

—¿Pero no eres demasiado joven para enamorarte?

—Ella tiene madurez por los dos. Su edad me compensa de los años que me faltan. Es rubia, es guapa, es Pitit…

—No sigas, chico, no sigas, ¿Pitita Pijigualda? Tú me vas a dar el día…

—Pero si no es feminista, papá…

—Ya, ya, eso seguro, ¿pues sabes lo que te digo? Que cien feministas juntas no son tan peligrosas como Pitita.

—Y eso ¿por qué? Todos los chicos de mi clase son de Vox y están enamorados de Pitita.

—Me superas, Joselín, eres  más Borrego que yo mismo; un Borrego camino al matadero.

—Me gusta tu jersey, papá ¿Tienes por ahí cincuenta euros?

Cuernos de Año Nuevo

4 Ene

Hace unos días recibí por guasap una foto de Anodino Borrego con la leyenda Feliz 2019, no sé si incluso en inglés, Happy new year o así. Estaba él con una copa de champán en gesto de brindis,  un árbol de Navidad a sus espaldas y unos cuernos de reno sobre su cabeza. En fin, las modas globales mandan, aunque a quien escribe le choque esta facilidad con la que hoy día se ponen los cuernos los españoles, con lo mala relación que han tenido con ellos en tiempos no tan remotos. Digamos que han sido los cuernos (o la sombra de su sospecha ), los que han desatado tantos crímenes pasionales, ahora llamados violencia de género y han hecho posible gran parte del excelso teatro barroco. Sin cuernos es difícil entender la obra del gran Calderón de la Barca ni las corridas de toros, pero, aunque parece que soplan vientos favorables para recuperar las tradiciones más castizas del terruño; himno, rojigualda y salve romana, el tema del honor se ve que anda algo difuso, por lo menos, en el imaginero simbólico o estético. Un autorretrato de hombre astado (ay, si esto lo viesen nuestros venerables ancestros), es lo más de lo más ahora que también ellos apuestan por el violeta con mucho más de pose que de fondo.

Con la gran sutileza que requieren tales asuntos delicados le sugiero a Borrego que elimine esos cuernos de la foto, no vaya a dar pasto a las malas lenguas…

–¿Y por qué no me voy a poner  yo los cuernos si todo el mundo se los pone?- replica Anodino con uno de sus argumentos incontestables.

–Claro que sí, Borrego, tú a lo tuyo.

Por mi parte, me temo que con o sin cuernos no soy una entusiasta del Año Nuevo, como de ninguna fecha señalada. Creo que el tema  de los cómputos en años y meses es el intento inútil de atrapar la materia incontable del tiempo en una convención humana, que es por tanto muy dudosa. Los años son artificios burocráticos que sirven para organizar meriendas alegres con tartas en los tiempos despreocupados de la infancia, pero, a partir de cierta edad, sólo producen bajones y melancolía.

Por otra parte, tengo la idea de que están mal diseñados, sobre todo, desde la reforma de Numa Pompilio, ese antipático rey de Roma que los hizo comenzar en invierno, creando para ello el mes de enero, que es para mí un mes aborrecible por lo que trae de frío, sabañones y constipados con muchos mocos. Como todos los que somos de sangre malagueña, odio toda temperatura que baje de los veinte grados, por lo que creo que el año, si ha de ser, tendría que comenzar en primavera, como antes de Numa y sus reformas ¿No era acaso marzo un mes mejor para inaugurar el calendario?

¿Tal vez no necesitamos el ánimo del dios Marte guerrillero para afrontar una nueva temporada antes que la imagen de un Jano bifronte con dos caras, con lo que lleva eso de dual  y, por tanto, de poco fiable?

Enero es el mes de los saldos, de las sobras, en el que se comen los mantecados del fondo de la caja que nadie quiso y se compra la ropa que en ésta u otras temporadas no le gustó a nadie, también es el mes de la cuesta; el de la resaca desolada, después de la ebriedad del consumo navideño. Es el mes en que el ser humano, dolorosamente lúcido de nuevo, saca con mirada cabizbaja la olla exprés del fondo de armario de cocina y se prepara un cocido de legumbres. Eso es, me temo, enero; nada, en fin, como para tirar cohetes.

Al año nuevo no le pido nada, porque antes  creo en los Reyes Magos que en los años, sobre todo si empiezan en enero. Si enero se dejase hablar podría sugerirle en todo caso, que trajese menos humedad y ninguna helada y que me explicase, ya puestos, el resultado de las elecciones en Andalucía, que viene con dos caras como Jano.

Si lo pienso fría y objetivamente, por más que digan lo contrario, a mí me parece que quien ha ganado es la abstención, pero como la abstención no puede gobernar , ahora se monta este confuso guirigay, que, puestos al título del artículo, huele también un poquito a cuernos.

Por la nueva amenaza de la ultraderecha no habría que preocuparse tanto, es un fenómeno que aparece, como el independentismo, en tiempos de crisis como lo demuestra la historia. Si se resuelve la crisis, se esfumará; digamos la económica y la del sector educativo, porque, en fin, no hay mejor caldo de cultivo para los fanatismos que la ignorancia. La culpa de que los alevines no aprendan la historia no la tienen los profesores de historia, que, como sus colegas, son soldados rasos ante el pelotón de fusilamiento. El nuevo gobierno ya anticipa que dará a los profesores categoría de autoridad. Ojalá, porque hay algunos que ya sólo se conformarían con garantizar su integridad física.

Hay también una promesa de la que se habla mucho. Se trata de que el nuevo presidente de la Junta, al ser malagueño, va a descentralizar la cosa y a favorecer con más recursos a estos lares. Va a tener que cumplirla, porque por aquí se han quedado ya con la copla y está claro que, desde ya, se insistirá mucho en el tema.

A este futuro Parlamento le va a tocar ponerse las pilas e hilar muy fino, porque se han forjado muchas expectativas y va a estar vigiladísimo tanto por dentro como por fuera y está claro que, a estas alturas, nadie tiene garantizada la conclusión de la legislatura.

Esperamos por su bien y por el nuestro que se esmeren y nos ganen por los hechos; ésa es la verdadera victoria. Muy pocos van a querer que regrese el general Pavía, que tan chunga tuvo esta plaza.