Energía y posicionamiento político

2 Mar

Los estudios sobre el agotamiento de los combustibles fósiles son abundantes en la literatura científica. Estas investigaciones son el fundamento sobre las que se han establecido, por Naciones Unidas, agencias internacionales y universidades, diferentes escenarios sobre el futuro. Tomando como punto de partida el estudio de Margarita Mediavilla, miembro del grupo de energía, economía y dinámica de sistemas de la Universidad de Valladolid, analizaré la correlación existente, en España, entre posicionamiento energético y opción política, así como la necesidad de una opción verde autónoma y fuerte. Los escenarios que propone dicha autora son:

Escenario 1. Globalización. Establece un escenario de optimismo económico y alto crecimiento. Libre comercio que beneficia a todos y permite corregir desigualdades sociales y problemas ambientales.

Escenario 2. Capitalismo verde. Es una versión amigable del anterior, que establece la prioridad de protección del medio ambiente y la reducción de las desigualdades, utilizando los avances tecnológicos, la desmaterialización de la economía y la economía de servicios y de la información.

Escenario 3. Desglobalización. Competición regional y vuelta a la soberanía nacional. Autosuficiencia e identidad regional. Esfuerzos en seguridad, proteccionismo y desglobalización. Poca atención a los bienes comunes, a la protección del medio ambiente y a la cooperación al desarrollo. Pocos esfuerzos en la difusión de la tecnología. Progreso tecnológico lento.

Escenario 4. Ecologista. Cambio de valores. La sociedad reacciona contra el consumismo sin sentido y contra la falta de respeto por la vida. Ciudadanos y países deciden ser ejemplo verde para el resto. Barreras al comercio. Eliminación de las barreras a la información. Búsqueda de soluciones regionales a los problemas sociales y medioambientales. Cambio drástico en el estilo de vida. Gobernanza descentralizada. Autonomía local y cooperación.

Los escenarios 1 y 2 requieren mucha energía. El escenario 3 es ciego a los problemas ambientales y conduce a la guerra por los recursos, porque no se plantea un cambio de modelo. El escenario 4 puede ser sostenible.

Si incluyéramos cada una de las principales opciones políticas, presentes en el Congreso de los Diputados, en uno de los escenarios descritos, el cuadro resultante sería: Ciudadanos se encuadraría en el escenario 1. PSOE, se encuadraría en un escenario 2. Podemos e IU se encuadrarían en el escenario 3. No han renunciado al crecimiento económico y el abandono de las energías sucias lo supeditan a la cuestión social. PP se encuadraría en el escenario 1, aunque es una opción más conservadora que liberal. Y EQUO se encuadraría en el escenario 4.

El triunfo de Trump y el auge de la extrema derecha en Europa, nos ha introducido en el escenario 3. Estas circunstancias hacen que la opción entre globalización neoliberal y globalización social-sostenible —escenarios 1 y 2— no sea posible. En un escenario de agotamiento de recursos energéticos, como en el que estamos, no caben opciones de alto consumo energético como las de los escenarios 1 y 2. La única opción que podría ofrecer soluciones y oponer un discurso sólido frente a los neoconservadores y la extrema derecha, ante el escenario 3, es la que apuesta por el decrecimiento y es consciente de los límites del planeta. Esta es la opción ecologista del escenario 4.

En España es necesaria una opción política que defienda la opción 4. Una fuerza política que tenga como ejes de su política valores de anticonsumismo, defensa de la tierra, la vida, la equidad y la cooperación. Una opción verde autónoma y fuerte. Y para ello, ésta ha de dejar de mirar por el retrovisor de la izquierda, y empezar a mirar por el parabrisas de la ecología política. Una alternativa no se construye desde dentro de otra.

Iniciar esa senda requiere un relato, una narrativa, un discurso, que visualice, para la gente, la divisoria productivismo/antiproductivismo. Esta frontera es la que ha situado sobre el tablero político la crisis climática y energética. Un discurso, así, trazaría con nitidez la frontera entre los límites de la acumulación de riqueza y los límites biofísicos del planeta. Ofrecería  una opción que contrarreste las tendencias autodestructivas de la extrema derecha y los neoconservadores. A la vez que forzaría a las otras opciones políticas a tomar una posición del lado del planeta o contra el mismo. A elegir entre un nuevo modelo de producción y consumo que defienda la tierra y la vida o consentir el derrumbe de la actual civilización.

El mundo que surgió tras la II Guerra Mundial se derrumbó con el Muro de Berlín y ha sido liquidado con la elección de Trump. Las opciones políticas que tuvieron sentido en durante la Guerra Fría: comunismo, socialdemocracia y democracia-cristiana, que fue la era del despilfarro energético, están en declive pues no explican el mundo de hoy. El siglo XXI es el tiempo de la guerra por los recursos, del cambio climático y de las migraciones masivas. Esta realidad está huérfana de un relato global. La gente está buscando nuevas opciones políticas que expliquen el sentido de esta época. Esta opción es la ecología política. El camino lo ha anticipado Austria, donde la opción verde es la alternativa frente a la extrema derecha. Holanda en las próximas elecciones puede confirmar esta hipótesis. El partido verde holandés obtiene en las encuestas la tercera posición, tanto en porcentaje de votos como en escaños y es una opción imprescindible para la formación del nuevo gobierno. De confirmarse este resultado la opción verde sería la alternativa a la extrema derecha xenófoba de Wilders y a la derecha cristiano-demócrata.  Y es que la energía siempre nos dice la verdad.

Refugiados, una nación sin pueblo

1 Mar

Una burguesía nacional interesada en mantener una identidad popular fingida, con sueños de grandeza burguesa. Y una burguesía planetaria emancipada de esos sueños, que ha renunciado a cualquier identidad social reconocible. Entre ambas, los refugiados están diciéndonos que son residuos de la actividad burguesa, que se manifiesta en forma de pateras sobre la superficie del mar y cuerpos devorados por los peces en el fondo. De vallas fronterizas que no frenan la desesperación. De gente que cruza los desiertos. De no-ciudadanos.

Los refugiados representan el principio de razón suficiente: hay una razón por la que algo es más bien que la nada. Con sus pies, o a lomos de cualquier medio de transporte, se encaminan hacia las fronteras, que devoran sus derechos. Quienes eran sujetos políticos en su país, en la frontera sólo forman parte de una multiplicidad fragmentaria de cuerpos menesterosos y excluidos. Han pasado de ser sujeto, a ser fracción. Son hombres desnudos. Seres que no puede ser sacrificados, al estar protegidos por los derechos humanos, pero pueden ser asesinados con impunidad, ya que no tienen un Estado que les brinde protección. Su muerte carece de valor.

Son más de 300 millones en el mundo. 25 millones de ellos huyen a causa de un suceso climático. Y la previsión es que éstos últimos sean 200 millones en 2050. La patria significa para ellos una imposibilidad de sobrevivir. En Europa, además, existe una masa residente estable de 20 millones de inmigrantes procedentes de la Europa oriental, muchos de los cuales han renunciado a la protección de su Estado y no quieren ser naturalizados, ni repatriados. Esta imposibilidad ha alumbrado una nación sin pueblo, al haberse truncado la trilogía estado-nación-territorio.

Los cambios producidos en el sistema productivo: globalización, nueva organización del trabajo, creciente robotización. Combinado con masas de refugiados que no pueden seguir sobreviviendo en los lugares de los que vienen, y quieren participar en las oportunidades de supervivencia de los países privilegiados, ha disparado las expectativas electorales de la extrema derecha. Ésta se presenta con un discurso sustentado en el proteccionismo y la seguridad —que esconde xenofobia—, que plantea una falsa disyuntiva de pérdida-ganancia, entre la libertad de los ciudadanos y la historia de salvación de los refugiados. Este discurso se apoya en una tercera pata: la soberanía nacional. Pero este escenario no es inesperado. Es uno de los previstos por Naciones Unidas, entre los posibles, en relación con el agotamiento de los combustibles fósiles convencionales.

Se han levantado muros de la vergüenza en los países de refugio. Melilla, Grecia, Turquía. La extrema derecha, racista y supremacista ha conquistado el poder en los EE.UU. Ya está instalada en Rusia, Hungría, Polonia, Israel. En Francia, Alemania, Holanda, Austria, se prepara para ocuparlo. Asistimos a una continuación del fascismo y del nazismo, que políticamente «no han sido superados» y sobre cuyo signo aún vivimos. Al estar compenetradas la forma del estado y de la economía, el viraje que se está promoviendo se puede resumir en: más capitalismo y menos democracia. Trump es la opción dura de la guerra por recursos vitales. Es la elección por una lebensraum energética, que asegure la continuidad del modelo energético y productivo y que se traducirá en más refugiados. Confirman esta opinión las declaraciones que ha realizado hasta ahora el presidente americano. Éste prepara una política que es una copia de la que fuera la política económica nazi. Incremento del gasto militar, para volver a ganar guerras. Gasto a lo grande en infraestructuras. Y presupuesto centrado en el desarrollo económico, militar y de seguridad.

Pero hay otras opciones. El individuo, cualsea, importa tal cual es en su ser, con todos sus predicados, no por uno de ellos en particular. Ni por su pertenencia a un conjunto. «Quodlibet ens est unum, verum, bonum seu perfectum, cualquiera ente es uno, verdadero, bueno o perfecto». Se puede evitar la infamia. Agamben muestra un camino posible: el abandono de los conceptos fundamentales que representan los sujetos de lo político —el hombre, el ciudadano y sus derechos, el pueblo soberano, el trabajador— y la reconstrucción de la arquitectura política desde la figura del refugiado: «el concepto guía ya no sería el ius del ciudadano, sino el refugium del individuo.» Desde la idea de una «singularidad sin identidad», de una singularidad común, es posible construir ese refugio, que habrá de estar fundado en lazos de fraternidad, empatía y justicia. Hemos de partir, para ello, de una paradoja: el planeta es nuestro único refugio, pero, cada día, más partes del mismo dejan de serlo, debido al cambio climático. Las ciudades, cada vez más, serán, por ello, espacios de refugio para los que huyen y para los que no. Significa esto que debemos aprender a reconocer el refugiado que todos somos, aunque estemos inmóviles. Así está el paraíso.