La naturaleza irónica del cambio climático

28 Sep

Vivimos en un planeta esquilmado, quebrado, con un patrimonio neto natural inferior al 50 por 100 del capital natural que existía antes de la industrialización. Su cuenta de explotación también presenta pérdidas. Se traducen en una deuda de carbono, en forma de cambio climático, para la generación actual y para las generaciones futuras. Queremos ignorar que las decisiones que hoy adoptamos causarán problemas irreversibles e incertidumbres a las generaciones futuras. Olvidamos la naturaleza limitada de los recursos naturales y de la capacidad del planeta de reciclar los residuos. Vivimos instalados en el mito del crecimiento económico y en la guerra soterrada por los combustibles fósiles que están perturbando el planeta.

Para buscar respuesta al abuso de la Naturaleza, acudo a la tragedia griega de Antígona. Tomo como punto de aproximación, el conflicto entre los seres humanos y la divinidad. Entre las leyes de los hombres y las leyes de los dioses. Es importante advertir la imposibilidad moderna de la tragedia debido a la sustitución de la razón sagrada por la irónica. Esta oscilación nos indica el camino. Etimológicamente lo sagrado es lo que funda, lo esencial, lo que protege. E ironía significa fingir ignorancia. El uso del significado etimológico de ambos términos, en el ámbito de la relación de los seres humanos con la Naturaleza, muestra la negación que hacemos del carácter esencial de las leyes de la naturaleza y como otorgamos a las leyes económicas un fingido carácter sagrado que no poseen. La naturaleza irónica del cambio climático queda desvelada de esta manera.  Esta afirmación conlleva, a su vez, la negación de la naturaleza trágica de este acontecimiento. Admitirla equivaldría a negar la culpa del ser humano en la producción del cambio climático, ya que en la tragedia la culpa es una fatalidad, que deriva de un acontecimiento sobre el que el ser humano no tiene control. Aceptar la naturaleza trágica del cambio climático, supondría admitir la tesis de quienes sostienen que éste es un acontecimiento originado por la variabilidad natural del clima, no por el hombre.

En la ironía posmoderna del cambio climático y la crisis ecológica y de biodiversidad, que no tragedia, en cuanto que la culpa hay que buscarla en los hombres y no en los dioses, la Naturaleza, que se niega a ser el cuerpo fecundo de la actividad económica del hombre, representa a Antígona. Los seres humanos encarnan el papel de Creonte, el rey que impone la ley humana de la economía. Y el cambio climático, resultado de la infracción de las leyes de cierre de ciclos de la Naturaleza, representa a Polinices, el hermano muerto y no enterrado de Antígona. El calentamiento global simboliza la pérdida de la conciencia del hombre de su pertenencia a la Naturaleza, semejante a la que producía el no enterramiento de los cadáveres para los antiguos. Un tabú. Los residuos (de carbono) procedentes de la actividad económica, quedan en el agua, en la tierra, en el aire, sin enterrar, como en el mito griego. Condenados a vagar por el planeta sin desaparecer, igual que las almas de los muertos no enterrados, que vagaban por la orilla del río Leto, sin poder sumergirse en él. Los residuos son la forma posmoderna de la imposibilidad de olvidar el calentamiento global. La forma posmoderna de martirio de hombres, especies y ecosistemas. Se infringe, así, la más antigua de las leyes biológicas: la de la higiene. Y entonces tanto los seres humanos como la Naturaleza sólo pueden sobrevivir.

Para sumergirnos en el río Leto, por tanto, y superar nuestra fingida ignorancia del cambio climático, es necesario que aceptemos que los límites del planeta son los elementos esenciales en los que se funda la vida. Son lo que nos protege. Son sagrados. Pero si en nuestro afán de decidir por nosotros mismos y actuar de manera independiente del entorno, continuamos con esa fingida ignorancia, negando los límites, la Naturaleza nos mostrará la finitud de cualquier ley humana. «La ironía dramática de lo callado [,entonces,] será abrasadora.»

Mi patria es el planeta (III): Biorregionalismo

23 Sep

Las fronteras de los estados, que son líneas arbitrarias, atraviesan las fronteras que dibuja la naturaleza, que son fronteras vivas. Naciones y estados se superponen a biorregiones. Delimitaciones políticas, culturales, urbanísticas, se entrecruzan, se solapan, con los límites naturales, que quedan ocultos. Unos mapas esconden otros. Debajo y alrededor de las líneas de casas y fábricas, calles, cloacas, autopistas, vías de tren, aeropuertos, oleoductos, gasoductos, jurisdicciones legales, fronteras, la geografía natural de la vida perdura. Comparados con los ecosistemas, los sistemas humanos resultan torpes e imperfectos.

¿Qué es un estado? Según el Tratado de Paz de Westfalia de 1648, es una organización destinada al dominio de un territorio y una población. ¿Y una biorregión? Es un área geográfica con características comunes definida por sus límites naturales: clima, ríos, geología, fauna, flora, y determinada por sus ritmos propios. Tiene un significado profundo para la gente que vive en ella. En ellos hay un arraigamiento a la tierra, al lugar donde se vive y un respeto por los demás seres vivos. Hay una interconexión entre todas las formas de vida. A esta conexión se le llama resonancia, que se manifiesta en formas-de-vida específicas en cada lugar. La biorregión es un territorio geográfico, ecológico, social, económico, a la vez que mental y emocional, que cuestiona las fronteras políticas y la organización estatal y posibilita la reconexión con el planeta.

En el contexto de la creación de la identidad planetaria, la idea de un único espacio y múltiples territorios, el biorregionalismo la materializa en una imagen: un planeta y múltiples biorregiones. La identidad se entiende entonces como identificación. «Identificarse es un proceso.» Sucesiva o simultáneamente podemos estar atravesados por diferentes identificaciones, unas más fuertes que otras. La identidad, sin embargo, «es una camiseta o un tatuaje que uno no se lo puede quitar.» Un ejemplo de identidad-camiseta es el mito del crecimiento como única manera de generar bienestar, que se ha impuesto a la sociedad actual.

Es necesario comenzar la transición hacia formas de organización del territorio, cuya eficacia y funcionalidad sido probada durante millones de años, que nos conduzcan a la rehabitación del territorio: las biorregiones. A su rehabilitación si están ecológicamente afectadas: disminuidas en sus recursos y/o contaminadas por los residuos generados. Tenemos que convertir el territorio en un lugar de vida, no únicamente en un lugar de residencia. Esto significa convertirnos en nativos del lugar. Ser parte del territorio, familiarizarnos con sus características naturales y con sus heridas si las tuviere. Ser conscientes de las relaciones ecológicas que operan dentro y alrededor del mismo. Establecer una cultura adaptada a los ciclos y a las condiciones concretas del medio. A los límites de ese territorio. Construir una forma-de-vida conectada con el entorno. Ser los amantes de la Tierra, en definitiva. Para el paradigma biorregional los objetivos sociales se contemplan desde una perspectiva ecocéntrica, a la vez que femenina –toda vez que Terra es la deidad romana equivalente a Gea, la diosa griega de la feminidad y la fecundidad– exenta de toda forma de autoritarismo, dominación o soberanía.

El biorregionalismo no es un mero ejercicio teórico de la teoría política verde. Es, como dice Josep Puig, un objetivo político útil para la construcción de una nueva organización territorial que supere los caducos criterios económico-político-administrativos sobre los que se establece la actual división territorial. Este modelo es una mirada que se inspira en criterios biocéntricos y de sostenibilidad a largo plazo, útil para definir comarcas naturales –comunidades humanas, animales y vegetales– pensadas como unidades políticas. El paradigma biorregional es una guía válida para organizar la vida de una comunidad de acuerdo con sus sistemas naturales; sus estructuras de intercambio, tanto interiores como exteriores; sus propias necesidades como comunidad; y sus propios sistemas de sostenimiento biológico a largo plazo. Es una oportunidad para una vuelta a la naturaleza. Es un regreso al futuro consciente que la vuelta al pasado es imposible.

Economía circular

15 Sep

La economía circular imita a la naturaleza. Es un modelo que tiene por objetivo reducir la entra de recursos y la producción de desechos. En él los materiales establecen un bucle que repite su entrada en el circuito de producción de manera repetida. Esta reutilización de materiales disminuye el consumo de recursos naturales vírgenes. Se trata de abandonar la filosofía de usar y tirar y, con ella, el consumo sin límites como medio para alcanzar el progreso social.

La razón de ello es que la asignación de recursos naturales solamente basada en criterios de eficiencia económica, como ha ocurrido hasta ahora, es insostenible ambientalmente. El uso de los recursos con un criterio lineal (entrada en el sistema de producción, transformación y obsolescencia programada sin reutilización) nos ha llevado a un sobreaprovechamiento del medio ambiente, cuya consecuencia es que los recursos renovables son utilizados por encima de su tasa de regeneración; los recursos no renovables son explotados sin tener en cuenta sus existencias limitadas; y la capacidad de asimilación de la biosfera está siendo gravemente sobrepasada. Esta sobreutilización, a su vez, ha afectado gravemente a la función de sustento de vida de los sistemas naturales, con alteraciones a escala global como la disminución de la capa de ozono, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.

La afectación de los sistemas de sustento de la vida originada por la depredación de los recursos naturales, ha desvelado la necesidad de articular dos realidades enfrentadas: la biosfera y la economía. Una manera de enlazar los dos aspectos de la realidad es introduciendo del concepto de circularidad. Esta concepción redefine la economía, la transformarla en bioeconomía, al reglar la estrecha relación que existe entre economía y medio ambiente. Esta evolución de la concepción de la economía permite poner el foco en aspectos hasta ahora ignorados por la teoría económica: la equidad intra e inter generacional; los problemas de irreversibilidad e incertidumbre que la adopción de decisiones causan a las generaciones futuras; y las dinámicas complejas de los sistemas naturales.

Economía circular significa economía baja en recursos, producción limpia, empleo verde, uso intensivo de mano de obra, decrecimiento económico socialmente sostenible, política fiscal verde, uso eficiente de los recursos y servicios ambientales. Su finalidad es evitar la destrucción del capital natural y mantener la cantidad y calidad del mismo, para la generación presente y para las futuras, pues sin él la sociedad humana no es posible. Este modelo económico, a la vez, repudia la injusticia social, ya sea por el desigual acceso a los recursos, ya sea por la desigualdad de acceso a los servicios naturales: aire puro, agua limpia y tierra sin contaminar, que produce el sistema productivo. Un desarrollo que quiera ser sostenible tiene una relación inversa con la desigualdad.

Para hacer posible el nuevo modelo de economía circular, hace falta, por tanto, como dice Marcellesi, que «cada persona y cada sociedad» repiensen «de forma individual y colectiva el sentido de nuestra existencia y, por consiguiente, nuestro lugar adecuado en la naturaleza (…). Una reconversión ecológica de la economía y de la sociedad supone, contestar de manera democrática a las siguientes preguntas: ¿por qué, para qué, hasta dónde y cómo producimos, consumimos y trabajamos?». Exige la participación de todos.