El salvoconducto

26 Sep

En La tentación de la inocencia Pascal Bruckner señala una serie de conductas y actitudes que se dan en el mundo globalizado.

Con todo el planeta interconectado en una maraña de relaciones digitales, donde surgen millones de parejas, amistades o negocios en el gran café virtual, en un mundo en el que es habitual que las vacaciones sean en las antípodas de uno, se teje una gran red. Enorme, pero una red. En este ecosistema, el hombre-masa de Ortega se siente poca cosa y eleva un grito que lo haga especial. Un clamor que viene a decir en palabras de Bruckner: “¡Libéranos de los demás!, ¡Libérame de mí mismo!”.

La libertad es una conquista lenta y de siglos. Uno no sabe lo importante que es hasta que la pierde. Pero también hay quienes están muy incómodos con la libertad como principio fundamental de una sociedad. La mayor aportación de Erich Fromm al pensamiento político y social es señalar el abismo al que se asoma alguien cuando es responsable absoluto de su vida y decisiones.

Para colmo, las democracias modernas, a la carga de regir timón de nuestras vidas, han sumado la igualdad ante la ley. Libres e iguales todos, el asustado liberto tiene ahora que generar una posición ventajosa frente al resto. Es un mecanismo de supervivencia ante el pavor de tener que sobrevivir en libertad e igualdad de condiciones. ¿Cómo conseguir ser acreedor de todos los demás?

En primer lugar y en palabras de Bruckner se convierte en mártir autoproclamado. El sujeto es acreedor de todos por un mal que ha sufrido en el pasado que genera una deuda que debe ser compensada. Estos mártires cuando identifican una causa común se agrupan. Eso sí, se genera una competencia interna sobre quién ha sufrido más. Una especie de competición de pavos reales en que las plumas son las cicatrices de los latigazos. Cicatrices producto del maquillaje.

En España tenemos una fauna extensa y variopinta de víctimas milenarias sobrevenidas. El espécimen más común es el nacionalista.

El nacionalista cree que tiene un derecho primigenio a la diferencia. Y lo consigue. El nacionalista – no sólo en España – es un mártir autoproclamado que justifica su virulencia de hoy en el pasado. En un pasado normalmente inventado o tergiversado.

Los nacionalistas en España se proclaman mártires por dos vías principales: la convivencia carnal con el pasado y la opresión que los constriñe en el presente.

En el primer caso los nacionalistas basan sus reclamaciones en daños pretéritos que flotan en el ambiente y que ellos inhalan. Sea convirtiendo la guerra europea de Sucesión en un agravio contra Cataluña o la estirpe racial perdida de un RH que te convierte en hijo del Basajaun, el yeti vasco. Porque si no existe ese pasado, se inventa.

Lo importante es situarse en posición acreedora frente a los demás.

– No soy igual que tú porque en 1714 cañonearon Barcelona.

No importa que quien te lo diga sea de Jaén, que la guerra fuera de sucesión y no de secesión, europea y no local, que este asalto se debiera a una traición y posterior cambio de bando negociado con los ingleses o que el héroe de los independentistas luchara “…a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España.”

Existen centenares de ejemplos de un pasado inventado orientado a la extracción del privilegio.

La segunda táctica atañe a tergiversar el presente. Por ejemplo, tras el intento de golpe del 1 de octubre en Cataluña y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, Jordi Sánchez, presidente de la ANC afirmó que no había un balance de heridos así desde la Segunda Guerra Mundial. Les da igual banalizar 50 millones de muertos. Afirman ser víctimas de un genocidio. No importa convertir al término en caricatura. No importan las víctimas de verdad de los genocidas. No importa nada, su ansia por ser diferentes y acreedores nuestros, todo lo valen. Todo será utilizado y retorcido por su causa. Por su narcisismo de la diferencia.

Es impresionante el éxito de la propaganda secesionista frente a la verdad de los hechos. Sus afirmaciones son menos confrontadas que las de otros. Sus desvaríos han sido históricamente mirados con candor. Es que se sienten así y los sentimientos políticos son sagrados. Aunque tengan la sentimental necesidad de despojarte de tus derechos. Porque son víctimas.

Pero una víctima tiene que serlo de algo. Este éxito que tantos frutos y privilegios ha proporcionado a los nacionalistas periféricos precisa de un Adversario. Una entidad que sea promotora de tanto daño y sufrimiento. Un origen de todos los males que los hacen víctimas. Un concepto, una palabra que sea el salvoconducto para justificar cualquier cosa. Una idea lo suficientemente grande pero indefensa: España.

El éxito del nacionalismo ha precisado de cooperadores necesarios a lo largo de las décadas. Unos por acceder al poder y otros porque creen que España es un invento de derechas, han confraternizado con los mártires autoproclamados. Les han mimado y permitido toda excentricidad. Cuando un mandatario cede derechos y privilegios a una minoría de sus administrados, necesita una coartada que camufle que se hace por el sillón. Y esta coartada es asumir como cierto el gravamen supuestamente cometido contra estas víctimas por España.

España les roba, les oprime, les impide emprender ese vuelo que intentan alzar desde siglos atrás.

El gran problema es que hasta hoy, por irresponsabilidad, por utilitarismo y por egoísmo, no ha importado trocear la soberanía y la ley para saciar con privilegios la deuda ficticia de los mártires autoproclamados. El problema es que cualquier barbaridad cometida en nombre de los agravios sufridos por estas víctimas Jesmar es atenuada. Si cortan autopistas, se empatiza, es por el daño que les hizo el franquismo. Si atacan a quienes denuncian este gran montaje victimista, es que estos nuevos viven de la confrontación. Si espían a los niños en las escuelas para ver qué idioma hablan, se niega y se colabora a ridiculizar la denuncia, para que los denunciantes sepan que son ellos los inadaptados. La cuestión es que los encuentran con bombas y para el Gobierno, ya será menos.

Por todo esto, los muertos a manos del nacionalismo son menos muertos. Y sobre sus tumbas homenajean a sus verdugos. 

 

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