Viaje con nosotros

17 Mar

En estos días puede tener la sensación de que no puede salir de casa. Es solo una sensación: le voy a enseñar un truco de magia. Viaje sin quebrantar las normas ni dar una oportunidad al coronavirus. Viaje como llevan viajando más de cien años millones de personas. Vea cine. Está muy de moda ahora viajar a una Galaxia Lejana muy lejana, pero ese sitio ya no es lo que era. Se ha llenado de turistas y ya no se come igual.

Antes se viajaba mucho al lejano oeste, pero es una costumbre que las nuevas generaciones han ido dejando. Este es uno de los mayores regalos que puedo hacer a quien esté leyendo estas líneas: encienda su televisor, póngase su bebida favorita y viaje con John Ford o Howard Hawks a los ríos de ambos. Río Rojo en el caso del director tuerto, Río Bravo del que conservó ambos ojos. Si quiere iniciarse en el género puede empezar por El hombre que mató a Liberty Valance, también del maestro Ford. Pero el western no es un género solo de clásicos, en pleno siglo XXI, Open Range de Kevin Costner sigue la estela que reinauguró Sin Perdón. 

Pero si no le apetecen sitios con tierra y caballos puede conocer París de la mano de Ernst Lubitsch con Ninotchka. Puede viajar a Freedonia con Leo McCarey, donde Groucho Marx hace de Quim Torra. Si quiere viajar, pero en el tiempo y sus paradojas, le voy a hacer la recomendación más rara de esta columna: Predestination de Michael Spierig con una genial idea de Robert A. Heinlein. Nunca habrá viajado así, en la paradoja temporal perfecta.

¿Que prefiere el mar e ir acompañado de niños? Súbase al barco del Capitán Blood al timón de Michael Curtiz, el padre de Casablanca. Si no hay niños o estos pasan los 7 Master and Commander es la última joya que el océano dio al cine de la mano de un magnífico orfebre, Peter Weir.

Si está belicoso le invito a un paseo cronológico por la guerra, desde Los Duelistas de Ridley Scott si está napoleónico perdido, flotando entre las trincheras de la Gran Guerra por los Senderos de Gloria de Kubrick, o de su hermosa nieta, 1917 de un acertadísimo Sam Mendes. Puede pasar por encima de la Segunda Guerra Mundial para conocer al hombre que salvó a Europa en El Instante Más Oscuro de Joe Wright. Si aleja el zoom, puede ir a Dunkerque del genio de Nolan o a las Cartas desde Iwo Jima de Eastwood. Sin olvidar Hasta el Último Hombre del maestro Gibson.

Si queremos volver al mar en guerra pero por debajo y con claustrofobia, Das Boot, el Submarino del hombre que hizo La Historia Interminable, Wolfgang Petersen. Sobre guerras más cercanas Black Hawk Derribado también del papá de Alien o El Francotirador de nuevo de la mano de Harry el Sucio.

Si quiere un viaje rebelde, casi incorrecto y fugitivo vaya a Londres con Match Point, pero no diga que es de Woody Allen. Si quiere viajar al Infierno también hay billetes, en  El Corazón del Ángel , Alan Parker te presenta al Príncipe de las Tinieblas.

En fin, que hay viajes de lo más pequeño a lo infinito, del mundo cuántico de El Increíble Hombre Menguante de Jack Arnold, al inabarcable baile de galaxias de Interestelar de nuevo de Nolan.

Viaje sin salir de casa. Eso sí, aunque ya le he recomendado a Petersen, no vea Estallido no es ni buena, ni conveniente.

 

La medida Ponsatí

16 Mar

Clara Ponsatí ha gastado una bromita en Twitter sobre los muertos a causa del coronavirus en Madrid. Ha dicho que de Madrid al Cielo. En el imaginario nacionalista, Madrid es toda España. Puigdemont la ha retuiteado. No es nada nuevo. Ellos siempre han sido así. El nacionalismo se basa en la exclusión, no en la unión. En el odio y el miedo, no en tramas de afectos o alegrías. Quiere usurpar derechos, no crearlos.

En España los políticos nacionalistas nunca han estado a la altura de las circunstancias cuando estas han tornado graves. Solo hay que leer las memorias de diversos miembros del Gobierno de la República para saber que lo que hacen hoy Ponsatí, Puigdemont o Torra troleando el Estado de Alarma, es una larga tradición en los políticos nacionalistas. Voy a tener que dar la razón a los políticos secesionistas en una cosa, hay un hecho diferencial en ellos: la traición permanente.

Pero esta vez encuentro utilidad en la bilis de estos tipos. Son una medida inversa. Un barómetro de grandeza. La virtud de un país se puede medir por lo que supure en su contra Ponsatí. España genera 10.000 Ponsatíes. España es un paraíso. Ponsatí, por ejemplo, en Corea del Norte permanece estable.

Estaba pensando ayer por la tarde en la hez de Ponsatí cuando ha empezado un ruido fuera. Era el aplauso de las ocho. He salido al balcón. Yo vivo en una zona elevada y tengo a la vista muchos balcones algo alejados. Me saludaban personas que no conocía, es más, no nos veíamos las caras con claridad. He devuelto el saludo. Aplaudido. He escuchado los vítores de los demás a los sanitarios y he vuelto a entrar con una buena sensación al interior. Me había olvidado por completo de Ponsatí y su odio. Ha sido al volverlo a ver en las noticias cuando he recordado lo de esta tipa.

Es normal que Ponsatí no quiera ser parte de los españoles. Los españoles son esos sanitarios que hoy se dejan la piel, jugándose el tipo, para vencer al virus. Son los militares, policías y guardias civiles que velan por la no propagación de la enfermedad en las calles. Los españoles son los empleados de los supermercados que garantizarán junto a los transportistas y distribuidores que haya de todo para todos, los de las empresas de servicios básicos, de electricidad, de aguas que cuidan que todo vaya bien. Son los funcionarios de prisiones que vigilan el bienestar de los presos. Los empleados públicos que gestionan una situación inédita. Los españoles son esos que utilizan el humor en las redes sociales para afrontar de la forma más inteligente una situación seria. Son esos que aplauden a quienes les cuidan. Son los periodistas que nos mantienen informados frente a bulos y cenizos. Son los que a través de la radio acompañan a quien vive este confinamiento en solitario. Los españoles son quienes una vez vencido el virus seguirán unidos para afrontar las consecuencias económicas de este periodo. Esos que han dejado las calles desiertas porque se lo han pedido. Son quienes en estos días duros inventarán la forma de llevarlo mejor y darán momentos inolvidables para el futuro. Los españoles son quienes no pierden el ánimo y la esperanza y que saben que el optimismo es un arma muy eficaz ante las situaciones excepcionales. Los españoles son esa gente generosa que ha ido a dar sangre en masa a la primera llamada. Son esa estirpe noble y buena de la que es normal que cualquier xenófobo, racista o nacionalista quiera salir porque está fuera de lugar.

Que Ponsatí no quiera ser de los nuestros es buena señal.

Las vacas de Zweig

28 Feb

Apoyé a Paco Igea cuando creí que tenía razón. Fue con sus primarias en Castilla y León. Los afiliados de Málaga saben bien lo que les contaba de él, mi compañero de escaño con el que he compartido algunos de los mejores momentos de mi carrera política, corta pero intensa. Por cierto, nunca nadie me dijo nada por elogiar a Igea. Fui muy libre. Igual que ahora.

Y hoy no concibo un Ciudadanos que no esté liderado por Inés Arrimadas.

Estamos viviendo un proceso de primarias plagado de contradicciones por parte de una de las candidaturas. La primera de ellas es la defensa de la igualdad y libertad de los españoles dando protagonismo al territorio donde viven. El equipo de Igea quiere cambiar la esencia del partido. Quieren dar importancia al territorio con la instalación de baronías territoriales. Disfrazando de participación lo que es la interposición de intérpretes entre el afiliado y la dirección nacional. Arrimadas quiere potenciar la comunicación directa, sin intermediarios. El medium territorial es muy peligroso: Iceta traduce los deseos del pueblo de Cataluña al PSOE. No les digo el resultado.

Las primeras consecuencias de esta concepción del partido ya están a la vista. Hace pocos días se atacó a Marta Rivera de la Cruz en un acto de Igea porque “era consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid habiendo nacido fuera”. La afiliada que atacó a la finalista del Planeta fue aplaudida y nadie le interpeló. Si alguien en mi presencia ataca a Fernando Navarro porque Igea lo ha nombrado viceconsejero en Castilla y León viviendo en Baleares, recibirá una buena bronca por mi parte. En el Ciudadanos que yo quiero no te preguntan de dónde eres. Te preguntan qué sabes hacer y qué quieres.

Otra de las contradicciones que encuentro es la de decir que quieres lo mejor para Ciudadanos mientras abres en canal al partido en los medios de comunicación. Yo viví en primera persona el debate entre Jordi Cañas y Juan Carlos Girauta en la Asamblea anterior en que se optó por la vía liberal progresista. Cañas defendía la socialdemócrata. Jordi sufrió, debatió y perdió. Cañas vivió todo ese proceso dando el debate interno pero jamás se fue a una televisión o a una radio a poner a caldo al partido.

Es verdad que Cañas sabe lo que sufre la gente de Ciudadanos en Cataluña. Que es algo muy serio como para dañarlo por la vanidad de un titular. Cañas sabe que a nuestra gente en Cataluña la persiguen, les pintan sus negocios, atacan las sedes, acosan sus actos y carpas. Cañas sabe el carácter sagrado del valor de quien da todo a cambio de nada. Como ha hecho el propio Jordi, como ha hecho Arrimadas.

Pero en los planes de Igea está el que se pueda criticar al partido en público. En un ensayo de su modelo nos ha llamado en medios diversos leninistas, ha afirmado que estamos en parada cardiaca, que somos un partido inútil – él que es vicepresidente – o últimamente aprovechan en su equipo la propaganda separatista elaborada contra Inés Arrimadas. Este hecho es el más vil de todos y el que me ha empujado a romper mi silencio. Yo les pido que rectifiquen. Yo no voy a insultar a nadie. Pero no voy a permanecer callado cuando se usa una espantajo creado por Esquerra y Convergencia para atacar a una compañera. No todo vale. Sugiero además que alguien mire las líneas editoriales o las opiniones de quienes dan alas a todo esto. Que vean si el PSOE o su entorno jalean a Igea.

Una contradicción más es poner en tela de juicio todo lo hecho habiendo sido partícipe de ello. La gran paradoja es que Igea estaba en todas las Ejecutivas de Ciudadanos donde se votaba de forma unánime lo que él hoy critica. Yo que no estaba, soy leal con aquellos que tomaron esas decisiones.

Ahora se ataca a Albert Rivera desde el equipo de Igea. Incluso en libros. Ni yo habría sido diputado, ni Igea vicepresidente de nada sin Albert Rivera. Uno tiene que saber a qué se deben las cosas. Tanto Igea como yo, si tuvimos algún brillo en los inicios de nuestra andadura en Ciudadanos no fue propio, era el reflejo de Albert. El día que dimitió fue un día en que las glándulas lagrimales de muchos de nosotros se secaron. Luego he sabido que otros activaban las salivales.

La última contradicción que quiero destacar es que quienes dicen ser la voz de la militancia llaman rebaño a quienes no les apoyan. Un destacado miembro del equipo de Igea, en un mal día, llamó en twitter unanimidad bovina a los afiliados que no apoyaban su enmienda a los estatutos del partido. Fue retuiteado y aplaudido por todo el equipo.

Nos querían llamar ovejas y nos llamaron vacas. Cs Eres Tú, ¿yo?, no tú eres una vaca, me refiero a ese que me vota.

Entre la afiliación corre el rumor de que el plan es que Igea sea presidente del partido, pero que la candidata será Inés. La tutelarán ellos, que son la intelligentsia. Tienen que intentar que esto cale porque saben que son muy pocos los que conciben un candidato distinto a Inés. Pero es una combinación falsa e imposible. No se puede defender un proyecto con un partido que pregona todo lo contrario.

Cuando uno se eleva henchido por citar a Ignatieff, Camus, Bruckner o a Zweig cree que tiene todas las respuestas, pero puede elevarse tanto entre los demás que ya solo vea puntitos. Pueden flotando subir tanto que las vacas se confundan con ovejas.

 

 

 

 

El salvoconducto

26 Sep

En La tentación de la inocencia Pascal Bruckner señala una serie de conductas y actitudes que se dan en el mundo globalizado.

Con todo el planeta interconectado en una maraña de relaciones digitales, donde surgen millones de parejas, amistades o negocios en el gran café virtual, en un mundo en el que es habitual que las vacaciones sean en las antípodas de uno, se teje una gran red. Enorme, pero una red. En este ecosistema, el hombre-masa de Ortega se siente poca cosa y eleva un grito que lo haga especial. Un clamor que viene a decir en palabras de Bruckner: “¡Libéranos de los demás!, ¡Libérame de mí mismo!”.

La libertad es una conquista lenta y de siglos. Uno no sabe lo importante que es hasta que la pierde. Pero también hay quienes están muy incómodos con la libertad como principio fundamental de una sociedad. La mayor aportación de Erich Fromm al pensamiento político y social es señalar el abismo al que se asoma alguien cuando es responsable absoluto de su vida y decisiones.

Para colmo, las democracias modernas, a la carga de regir timón de nuestras vidas, han sumado la igualdad ante la ley. Libres e iguales todos, el asustado liberto tiene ahora que generar una posición ventajosa frente al resto. Es un mecanismo de supervivencia ante el pavor de tener que sobrevivir en libertad e igualdad de condiciones. ¿Cómo conseguir ser acreedor de todos los demás?

En primer lugar y en palabras de Bruckner se convierte en mártir autoproclamado. El sujeto es acreedor de todos por un mal que ha sufrido en el pasado que genera una deuda que debe ser compensada. Estos mártires cuando identifican una causa común se agrupan. Eso sí, se genera una competencia interna sobre quién ha sufrido más. Una especie de competición de pavos reales en que las plumas son las cicatrices de los latigazos. Cicatrices producto del maquillaje.

En España tenemos una fauna extensa y variopinta de víctimas milenarias sobrevenidas. El espécimen más común es el nacionalista.

El nacionalista cree que tiene un derecho primigenio a la diferencia. Y lo consigue. El nacionalista – no sólo en España – es un mártir autoproclamado que justifica su virulencia de hoy en el pasado. En un pasado normalmente inventado o tergiversado.

Los nacionalistas en España se proclaman mártires por dos vías principales: la convivencia carnal con el pasado y la opresión que los constriñe en el presente.

En el primer caso los nacionalistas basan sus reclamaciones en daños pretéritos que flotan en el ambiente y que ellos inhalan. Sea convirtiendo la guerra europea de Sucesión en un agravio contra Cataluña o la estirpe racial perdida de un RH que te convierte en hijo del Basajaun, el yeti vasco. Porque si no existe ese pasado, se inventa.

Lo importante es situarse en posición acreedora frente a los demás.

– No soy igual que tú porque en 1714 cañonearon Barcelona.

No importa que quien te lo diga sea de Jaén, que la guerra fuera de sucesión y no de secesión, europea y no local, que este asalto se debiera a una traición y posterior cambio de bando negociado con los ingleses o que el héroe de los independentistas luchara “…a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España.”

Existen centenares de ejemplos de un pasado inventado orientado a la extracción del privilegio.

La segunda táctica atañe a tergiversar el presente. Por ejemplo, tras el intento de golpe del 1 de octubre en Cataluña y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, Jordi Sánchez, presidente de la ANC afirmó que no había un balance de heridos así desde la Segunda Guerra Mundial. Les da igual banalizar 50 millones de muertos. Afirman ser víctimas de un genocidio. No importa convertir al término en caricatura. No importan las víctimas de verdad de los genocidas. No importa nada, su ansia por ser diferentes y acreedores nuestros, todo lo valen. Todo será utilizado y retorcido por su causa. Por su narcisismo de la diferencia.

Es impresionante el éxito de la propaganda secesionista frente a la verdad de los hechos. Sus afirmaciones son menos confrontadas que las de otros. Sus desvaríos han sido históricamente mirados con candor. Es que se sienten así y los sentimientos políticos son sagrados. Aunque tengan la sentimental necesidad de despojarte de tus derechos. Porque son víctimas.

Pero una víctima tiene que serlo de algo. Este éxito que tantos frutos y privilegios ha proporcionado a los nacionalistas periféricos precisa de un Adversario. Una entidad que sea promotora de tanto daño y sufrimiento. Un origen de todos los males que los hacen víctimas. Un concepto, una palabra que sea el salvoconducto para justificar cualquier cosa. Una idea lo suficientemente grande pero indefensa: España.

El éxito del nacionalismo ha precisado de cooperadores necesarios a lo largo de las décadas. Unos por acceder al poder y otros porque creen que España es un invento de derechas, han confraternizado con los mártires autoproclamados. Les han mimado y permitido toda excentricidad. Cuando un mandatario cede derechos y privilegios a una minoría de sus administrados, necesita una coartada que camufle que se hace por el sillón. Y esta coartada es asumir como cierto el gravamen supuestamente cometido contra estas víctimas por España.

España les roba, les oprime, les impide emprender ese vuelo que intentan alzar desde siglos atrás.

El gran problema es que hasta hoy, por irresponsabilidad, por utilitarismo y por egoísmo, no ha importado trocear la soberanía y la ley para saciar con privilegios la deuda ficticia de los mártires autoproclamados. El problema es que cualquier barbaridad cometida en nombre de los agravios sufridos por estas víctimas Jesmar es atenuada. Si cortan autopistas, se empatiza, es por el daño que les hizo el franquismo. Si atacan a quienes denuncian este gran montaje victimista, es que estos nuevos viven de la confrontación. Si espían a los niños en las escuelas para ver qué idioma hablan, se niega y se colabora a ridiculizar la denuncia, para que los denunciantes sepan que son ellos los inadaptados. La cuestión es que los encuentran con bombas y para el Gobierno, ya será menos.

Por todo esto, los muertos a manos del nacionalismo son menos muertos. Y sobre sus tumbas homenajean a sus verdugos. 

 

El cine no es cultura (sic)

5 Abr

Hace dos días un voxero dijo que le costaba creer que el cine sea cultura.

Yo sé que los viejos verdes claman los títulos de los libros pero no los abren, gritan la historia pero no la leen y menosprecian el cine, pero no lo ven.

La cinefobia voxera es más pronunciada si se trata de cine español, por eso un gran comienzo puede ser Plácido. Dice Garci – y estoy de acuerdo – que Plácido es uno de los hechos más sobresalientes de la cultura española en el siglo XX, junto a los poemas de Lorca, los cuadros de Dalí o Picasso, las reflexiones de Ortega, los libros de Valle y Baroja y la música de Falla.

Alfredo Landa, como Germán Areta en El crack (1981)

Alfredo Landa, como Germán Areta en El crack (1981)

Advierto que pueden encontrar frases como esta: “Teníamos que traer un pobre. Sólo faltaba, que siendo como eres y todo el mundo sabe cómo piensas no hubiéramos traído un pobre”. Una reflexión de alto riesgo para el voxerío.

Otra de las películas que deben ver es El hombre que mató a Liberty Valance, donde aprenderán que los héroes no viven en el aspaviento y que muchas veces lo que se imprime para la historia es la leyenda. Que el sacrificio da sus frutos, que las grandes obras no se gritan, que el mayor héroe no tiene por qué recibir reconocimiento.

En Murieron con las botas puestas, en la escena los sudistas abandonan West Point mientras el Norte toca Dixie, pueden aprender que a los compatriotas que piensan diferente se les respeta, precisamente porque son compatriotas.

Vuelvo a las palabras del voxero, que no contento con su demostración de ignorancia, se dedicó, además, a calificar a las mujeres de Ciudadanos por su aspecto físico y porque iban “aseadas”. Es urgente que vea Johnny Guitar, Historias de Filadelfia o La costilla de Adán, el cine hace 80 años creó enseñanzas muy necesarias para los ideólogos voxeros, sobre el respeto a las mujeres y su rol en el mundo.

También deben ver Todos los hombres del presidente, El cuarto poder, Spotlight, El dilema y Luna nueva, con estas películas comprenderán la importancia del periodismo, su papel en la democracia y cómo quienes lo atacan, tienen algo que ocultar.

El último hurra, Caballero sin espada o El instante más oscuro para aprender la diferencia entre el idealismo y el oportunismo, entre el patriota y el arribista, entre el hombre al servicio de su país y el que quiere al país a su servicio.

Que aprendan a apreciar la vida al final de Blade Runner, toda vida.

Que expongan su alma a la mirada de Germán Areta en El Crack.

Que sepan que su patria son sus compatriotas viendo Hasta el último hombre.

Sobre el color y la ley en Matar a un ruiseñor.

Sobre la amistad entre los diferentes en Ed Wood y Casablanca.

Que sepan que el amor tiene muchas formas como en El fantasma y la señora Muir, Laura, Harvey Milk o Muerte en Venecia.

Para no llegar tarde a los juicios ni torpedear por impericia las causas judiciales en las que se personen; Testigo de Cargo.

Para no caer en el tópico y olvidar que el cine español homenajea a sus héroes y servidores públicos, Zona Hostil.

Para que una cabalgada no sea una caricatura La legión invencible.

Para andar como andan los buenos, para ser de los buenos Centauros del desierto.

Para aprender que la ley debe prevalecer ante el tumulto y no sumarte a gritar más que nadie cuando todos gritan: La jauría humana.

En el cine nace un género, el western, que antes no existía y es cierto que hoy algunos quieren ir a caballo y con pistolas. Pero el problema no es del cine.

El cine no es sólo cultura. Es donde todo ha sucedido. Al asustadizo puede abrumarlo. Al reaccionario acorralarlo. El cine no sólo es cultura, sino que es el arte que más obras maestras ha dado en el siglo XX.

Yo desconfiaría de quien no se emociona con la mirada de John Wayne cuando ve partir a su hijo en Río Grande, de quien no vuela en el mundo mágico del Cristal Oscuro, no hay que fiarse de quien no llora cuando Cary Grant acude sólo a su cita en el Empire State en Tú y yo, de quien no tiene el corazón en un puño cuando bajan la escalera en Encadenados. El cine nos hace mejores, el cine es cultura, es magia, es un universo paralelo donde perderse y refugiarse. El cine es enemigo de la tiranía y la imposición. Por eso, cuando alguien hable en su contra, compadézcale y regálele Cinema Paradiso.