El salvoconducto

26 Sep

En La tentación de la inocencia Pascal Bruckner señala una serie de conductas y actitudes que se dan en el mundo globalizado.

Con todo el planeta interconectado en una maraña de relaciones digitales, donde surgen millones de parejas, amistades o negocios en el gran café virtual, en un mundo en el que es habitual que las vacaciones sean en las antípodas de uno, se teje una gran red. Enorme, pero una red. En este ecosistema, el hombre-masa de Ortega se siente poca cosa y eleva un grito que lo haga especial. Un clamor que viene a decir en palabras de Bruckner: “¡Libéranos de los demás!, ¡Libérame de mí mismo!”.

La libertad es una conquista lenta y de siglos. Uno no sabe lo importante que es hasta que la pierde. Pero también hay quienes están muy incómodos con la libertad como principio fundamental de una sociedad. La mayor aportación de Erich Fromm al pensamiento político y social es señalar el abismo al que se asoma alguien cuando es responsable absoluto de su vida y decisiones.

Para colmo, las democracias modernas, a la carga de regir timón de nuestras vidas, han sumado la igualdad ante la ley. Libres e iguales todos, el asustado liberto tiene ahora que generar una posición ventajosa frente al resto. Es un mecanismo de supervivencia ante el pavor de tener que sobrevivir en libertad e igualdad de condiciones. ¿Cómo conseguir ser acreedor de todos los demás?

En primer lugar y en palabras de Bruckner se convierte en mártir autoproclamado. El sujeto es acreedor de todos por un mal que ha sufrido en el pasado que genera una deuda que debe ser compensada. Estos mártires cuando identifican una causa común se agrupan. Eso sí, se genera una competencia interna sobre quién ha sufrido más. Una especie de competición de pavos reales en que las plumas son las cicatrices de los latigazos. Cicatrices producto del maquillaje.

En España tenemos una fauna extensa y variopinta de víctimas milenarias sobrevenidas. El espécimen más común es el nacionalista.

El nacionalista cree que tiene un derecho primigenio a la diferencia. Y lo consigue. El nacionalista – no sólo en España – es un mártir autoproclamado que justifica su virulencia de hoy en el pasado. En un pasado normalmente inventado o tergiversado.

Los nacionalistas en España se proclaman mártires por dos vías principales: la convivencia carnal con el pasado y la opresión que los constriñe en el presente.

En el primer caso los nacionalistas basan sus reclamaciones en daños pretéritos que flotan en el ambiente y que ellos inhalan. Sea convirtiendo la guerra europea de Sucesión en un agravio contra Cataluña o la estirpe racial perdida de un RH que te convierte en hijo del Basajaun, el yeti vasco. Porque si no existe ese pasado, se inventa.

Lo importante es situarse en posición acreedora frente a los demás.

– No soy igual que tú porque en 1714 cañonearon Barcelona.

No importa que quien te lo diga sea de Jaén, que la guerra fuera de sucesión y no de secesión, europea y no local, que este asalto se debiera a una traición y posterior cambio de bando negociado con los ingleses o que el héroe de los independentistas luchara “…a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España.”

Existen centenares de ejemplos de un pasado inventado orientado a la extracción del privilegio.

La segunda táctica atañe a tergiversar el presente. Por ejemplo, tras el intento de golpe del 1 de octubre en Cataluña y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, Jordi Sánchez, presidente de la ANC afirmó que no había un balance de heridos así desde la Segunda Guerra Mundial. Les da igual banalizar 50 millones de muertos. Afirman ser víctimas de un genocidio. No importa convertir al término en caricatura. No importan las víctimas de verdad de los genocidas. No importa nada, su ansia por ser diferentes y acreedores nuestros, todo lo valen. Todo será utilizado y retorcido por su causa. Por su narcisismo de la diferencia.

Es impresionante el éxito de la propaganda secesionista frente a la verdad de los hechos. Sus afirmaciones son menos confrontadas que las de otros. Sus desvaríos han sido históricamente mirados con candor. Es que se sienten así y los sentimientos políticos son sagrados. Aunque tengan la sentimental necesidad de despojarte de tus derechos. Porque son víctimas.

Pero una víctima tiene que serlo de algo. Este éxito que tantos frutos y privilegios ha proporcionado a los nacionalistas periféricos precisa de un Adversario. Una entidad que sea promotora de tanto daño y sufrimiento. Un origen de todos los males que los hacen víctimas. Un concepto, una palabra que sea el salvoconducto para justificar cualquier cosa. Una idea lo suficientemente grande pero indefensa: España.

El éxito del nacionalismo ha precisado de cooperadores necesarios a lo largo de las décadas. Unos por acceder al poder y otros porque creen que España es un invento de derechas, han confraternizado con los mártires autoproclamados. Les han mimado y permitido toda excentricidad. Cuando un mandatario cede derechos y privilegios a una minoría de sus administrados, necesita una coartada que camufle que se hace por el sillón. Y esta coartada es asumir como cierto el gravamen supuestamente cometido contra estas víctimas por España.

España les roba, les oprime, les impide emprender ese vuelo que intentan alzar desde siglos atrás.

El gran problema es que hasta hoy, por irresponsabilidad, por utilitarismo y por egoísmo, no ha importado trocear la soberanía y la ley para saciar con privilegios la deuda ficticia de los mártires autoproclamados. El problema es que cualquier barbaridad cometida en nombre de los agravios sufridos por estas víctimas Jesmar es atenuada. Si cortan autopistas, se empatiza, es por el daño que les hizo el franquismo. Si atacan a quienes denuncian este gran montaje victimista, es que estos nuevos viven de la confrontación. Si espían a los niños en las escuelas para ver qué idioma hablan, se niega y se colabora a ridiculizar la denuncia, para que los denunciantes sepan que son ellos los inadaptados. La cuestión es que los encuentran con bombas y para el Gobierno, ya será menos.

Por todo esto, los muertos a manos del nacionalismo son menos muertos. Y sobre sus tumbas homenajean a sus verdugos. 

 

El cine no es cultura (sic)

5 Abr

Hace dos días un voxero dijo que le costaba creer que el cine sea cultura.

Yo sé que los viejos verdes claman los títulos de los libros pero no los abren, gritan la historia pero no la leen y menosprecian el cine, pero no lo ven.

La cinefobia voxera es más pronunciada si se trata de cine español, por eso un gran comienzo puede ser Plácido. Dice Garci – y estoy de acuerdo – que Plácido es uno de los hechos más sobresalientes de la cultura española en el siglo XX, junto a los poemas de Lorca, los cuadros de Dalí o Picasso, las reflexiones de Ortega, los libros de Valle y Baroja y la música de Falla.

Alfredo Landa, como Germán Areta en El crack (1981)

Alfredo Landa, como Germán Areta en El crack (1981)

Advierto que pueden encontrar frases como esta: “Teníamos que traer un pobre. Sólo faltaba, que siendo como eres y todo el mundo sabe cómo piensas no hubiéramos traído un pobre”. Una reflexión de alto riesgo para el voxerío.

Otra de las películas que deben ver es El hombre que mató a Liberty Valance, donde aprenderán que los héroes no viven en el aspaviento y que muchas veces lo que se imprime para la historia es la leyenda. Que el sacrificio da sus frutos, que las grandes obras no se gritan, que el mayor héroe no tiene por qué recibir reconocimiento.

En Murieron con las botas puestas, en la escena los sudistas abandonan West Point mientras el Norte toca Dixie, pueden aprender que a los compatriotas que piensan diferente se les respeta, precisamente porque son compatriotas.

Vuelvo a las palabras del voxero, que no contento con su demostración de ignorancia, se dedicó, además, a calificar a las mujeres de Ciudadanos por su aspecto físico y porque iban “aseadas”. Es urgente que vea Johnny Guitar, Historias de Filadelfia o La costilla de Adán, el cine hace 80 años creó enseñanzas muy necesarias para los ideólogos voxeros, sobre el respeto a las mujeres y su rol en el mundo.

También deben ver Todos los hombres del presidente, El cuarto poder, Spotlight, El dilema y Luna nueva, con estas películas comprenderán la importancia del periodismo, su papel en la democracia y cómo quienes lo atacan, tienen algo que ocultar.

El último hurra, Caballero sin espada o El instante más oscuro para aprender la diferencia entre el idealismo y el oportunismo, entre el patriota y el arribista, entre el hombre al servicio de su país y el que quiere al país a su servicio.

Que aprendan a apreciar la vida al final de Blade Runner, toda vida.

Que expongan su alma a la mirada de Germán Areta en El Crack.

Que sepan que su patria son sus compatriotas viendo Hasta el último hombre.

Sobre el color y la ley en Matar a un ruiseñor.

Sobre la amistad entre los diferentes en Ed Wood y Casablanca.

Que sepan que el amor tiene muchas formas como en El fantasma y la señora Muir, Laura, Harvey Milk o Muerte en Venecia.

Para no llegar tarde a los juicios ni torpedear por impericia las causas judiciales en las que se personen; Testigo de Cargo.

Para no caer en el tópico y olvidar que el cine español homenajea a sus héroes y servidores públicos, Zona Hostil.

Para que una cabalgada no sea una caricatura La legión invencible.

Para andar como andan los buenos, para ser de los buenos Centauros del desierto.

Para aprender que la ley debe prevalecer ante el tumulto y no sumarte a gritar más que nadie cuando todos gritan: La jauría humana.

En el cine nace un género, el western, que antes no existía y es cierto que hoy algunos quieren ir a caballo y con pistolas. Pero el problema no es del cine.

El cine no es sólo cultura. Es donde todo ha sucedido. Al asustadizo puede abrumarlo. Al reaccionario acorralarlo. El cine no sólo es cultura, sino que es el arte que más obras maestras ha dado en el siglo XX.

Yo desconfiaría de quien no se emociona con la mirada de John Wayne cuando ve partir a su hijo en Río Grande, de quien no vuela en el mundo mágico del Cristal Oscuro, no hay que fiarse de quien no llora cuando Cary Grant acude sólo a su cita en el Empire State en Tú y yo, de quien no tiene el corazón en un puño cuando bajan la escalera en Encadenados. El cine nos hace mejores, el cine es cultura, es magia, es un universo paralelo donde perderse y refugiarse. El cine es enemigo de la tiranía y la imposición. Por eso, cuando alguien hable en su contra, compadézcale y regálele Cinema Paradiso.

Banderas de nuestros hijos

23 Ene

La razón principal de mi actividad política es frenar al nacionalismo. Cualquiera que muestre un mínimo de interés por la historia de España y de Europa, sabe que es la amenaza constante que pende sobre nuestros derechos y libertades.

Ha traído dos guerras mundiales al siglo pasado y centenares de conflictos regionales, segando demasiados millones de vidas.

Stefan Zweig

Stefan Zweig, al inicio de El Mundo de Ayer, describe perfectamente la pulsión ¡hasta feliz! que llevó a Europa a la Primera Guerra Mundial. La nación romántica, el canto poético a las armas y el odio al otro, quebraron una paz que muchos creían inquebrantable.

Yo he basado gran parte de mi actividad política en hacer frente a los nacionalismos secesionistas que padecemos los españoles desde hace décadas.

A nadie se le escapa que una parte importante del debate político se da en las redes sociales. Luego de lo que en ellas sucede, se hacen eco muchos medios de comunicación.

Mi experiencia con los activistas en redes de Esquerra o de Convergencia (que es el nombre que subyace tras todas las mutaciones) define bien la pulsión primigenia que mueve al secesionista.

Una dialéctica amigo-enemigo, en la que lo que pretenden es borrarte, amordazarte, echando mano al insulto o a la amenaza en centenares de ocasiones. No hay un término medio, no puedes ser sólo un desconocido, o un vecino al que saludas de cuando en cuando. O estás con el derecho a la secesión o eres el enemigo a batir.

En Cataluña son bien conocidos los deseos de expulsión de líderes políticos no nacionalistas. A Inés Arrimadas, que ganó las elecciones en Cataluña, le dicen que se “vuelva a Andalucía” cada vez que hace mella en las filas de los secesionistas, que son muchas.

La estelada es una bandera usada contra los españoles, especialmente contra los catalanes no nacionalistas. Es una bandera que tiene su origen en la cubana precisamente por la independencia de la isla que otrora fuera española. Es una bandera que nunca representará un proyecto común porque es una bandera que se alza contra más de la mitad de sus pretendidos representados y contra sus derechos. Una bandera que surge de la ruptura y del odio es casi un oxímoron. Las banderas de verdad simbolizan los derechos y libertades de un país, así como la vida en comunidad de sus individuos.

Lo que no me había pasado hasta hace pocos días, ayer con especial ímpetu, es que se pretendiera utilizar mi bandera y mi historia contra mí, la bandera y la historia común de los españoles, utilizada por españoles contra españoles.

Fue en twitter, donde critiqué el hecho de que el líder de Vox usase un viva España para camuflar que desconocía las respuestas a algunas preguntas que le hacían en un foro. Se puede estar de acuerdo o no con mi reproche. Incluso en si un líder político debe o no tener claras las posturas a adoptar en todos los asuntos del Estado. Pero no fue eso lo contestado por los voceros.

Me llamaron mal español, afrancesado, masón. De imbécil para arriba opté por el bloqueo. Tonos amenazantes e insultos más que excesivos a Ciudadanos. Usaban contra mí la bandera de España acompañando esos tuits. Como la mayoría de los que insultan tienen un nivel de compromiso limitado, lo hacen con nicks, embozados en un nombre ficticio.

Lo curioso es que me atacaban tipos “llamados” Hernando de Acuña, Hernán Cortés o Don Pelayo, con imágenes en el perfil de personajes como Bernardo de Gálvez o Blas de Lezo. En fin, todos esos nombres a cuyo estudio, difusión y memoria he dedicado – y dedico – gran parte de mi vida. Gálvez, por cierto, llevaba en su ejército a centenares de españoles americanos cuando asaltó por sorpresa Pensacola, dato para los esencialistas.

La afrenta, la amenaza y el insulto no me preocupan lo más mínimo. Si algo sé detectar, es la cobardía. Y estos, fuera de la masa y el anonimato, no son nada.

Lo que me preocupa es el daño que pueden hacer al trabajo realizado: somos muchos los que estamos peleando contra la leyenda negra que los holandeses y los ingleses crearon en su propaganda contra España en siglos pasados y que tanto arraigo ha tenido en arquetipos que se sostienen a día de hoy.

No creo que sea bueno que brutitos y voceros usen la historia de todos contra quienes no piensan como ellos. Es cierto que la mayoría hace esto de forma inconsciente, puesto que entienden el debate como algo similar a ir a lanzar petardos a ver si con el ruido, consiguen confundir, pero hacen daño a esos nombres tan importantes en nuestra historia con su intento de asociarlos a la excrecencia que representan.

No voy a quedarme callado mientras pretenden usar la bandera de España para amordazarme. Esa bandera que fue de nuestros padres y será de nuestros hijos, debe tratarse con el decoro y la representación que ostenta. Yo conozco y me reconozco en mi bandera. Por eso jamás la usaré contra un compatriota. Se llame Pablo Iglesias, Gabriel Rufián, Pedro Sánchez, Pablo Casado o Santiago Abascal. Ellos son tan españoles como yo. No existe una gradación de españolidad. No se es más español a caballo o a pie. De izquierdas o de derechas. Es español hasta quien no quiere serlo. Ser español es una circunstancia afortunada que hay que ostentar con alegría. Es mejor nacer aquí que en la gran mayoría de países de la Tierra. Es más, a mí no se me ocurre un sitio mejor. Tendría que ir a la ciencia ficción o a la fantasía.

Ser español es ser libre y tener un amplísimo abanico de derechos. Por eso un español no debe usar la españolidad como arma contra nadie.

Yo soy consciente de que una de las cosas que ya tiene mi hijo, es la bandera de España. Ya más por él que por mí, no voy a permanecer impasible mientras quieren quitarme el derecho a ser escuchado usándola como telón. Lanzando contra mí mi bandera. Si quieren, que hagan como los secesionistas e inventen una, por ejemplo con un gorrito persa, por eso de los patrocinios.

Estos voceros, como españoles que son, deberían seguir el mandamiento legal de respeto a los símbolos que son de todos. No son un arma arrojadiza.

Que sean conscientes de la grandeza de su patria, que no la ensucien con sus prejuicios y fobias, porque la bandera de España es tan grande que da cobijo hasta a quienes no creen en ella.

 

Un abuelo

21 Oct

 

Ayer se cumplieron cinco años de la muerte de mi abuelo Manuel. Yo fui un nieto afortunado, que tuvo a este abuelo hasta los 35. La memoria de los muertos, para quienes no creemos en trascendencia de tipo alguno, debe servir para mejorar la existencia de los vivos. Y es lo que voy a procurar en estas líneas: que a quienes las lean, les sirvan de provecho.

Si fuera supersticioso, los 20 de octubre no me debería levantar de la cama. En esa fecha se produjeron las dos muertes – hoy por hoy y esto refleja mi fortuna – que más han marcado mi existencia. En el de 2007 murió Juan Antonio Cebrián. El hombre que generó el principio del cambio en mi forma de ver la vida, la política y la cultura. Y en el de 2013 falleció mi abuelo Manuel.

El padre de mi madre y yo tuvimos una relación especial desde mi nacimiento, según me cuentan. Yo puedo dar fe de ella desde que tengo uso de razón. Los primeros recuerdos de mi vida son viendo desfiles de hormigas junto a mi abuelo. Mi respeto y admiración por las señoras del inframundo tienen en aquellos días su origen. Les dábamos algún trocito de patata frita o una miga de pan y seguíamos a la portadora del tesoro al hormiguero. Las hormigas trabajan en equipo y no se rinden nunca, me decía mi abuelo. Y es cierto.

Resulta complicado escribir sobre un ser querido y su muerte. Siento que expone en demasía, pero creo que puede ser importante. Viví muchos años preocupado por el momento de la muerte de mi abuelo. Demasiados años, puesto que esta preocupación me dio malos ratos que no podían cambiar nada. Y la experiencia me diría que la muerte llega a cualquiera en cualquier momento de forma implacable. Imaginé muchas veces su entierro y en alguna ocasión lloré por anticipado su marcha. Me equivoqué, es un error la tristeza anticipada.

Por otro lado sí acerté en pasar con él todo el tiempo que fuera posible. Si dudaba en ir o no a comer con mi abuelo, iba. Si dudaba en llamarle, le llamaba. Esto sumado a las miles de veces que no dudaba, hizo que el número de horas, de conversaciones, de risas y de cariño que disfrutamos juntos mi abuelo y yo, sean insuperables.

Si dudas si llamar o no por teléfono a tu abuelo, a tu padre a tu madre, hazlo. Que el devenir de nuestras ajetreadas vidas no te despiste de algo primordial como esto. Si no sabes si ir a comer con ellos, ve. Si dudas en comprarle un regalo, cómpralo. Si no sabes si decirle lo mucho que le quieres o lo importante que es para ti, díselo.

Yo hice todo esto. Y cuando murió no tuve la sensación de haberme dejado nada pendiente. Eso sí, no hay trucos ni atajos para el duelo.

Si pierdes a un ser querido, muy querido, toca pasarlo mal. Es inevitable. No debe tratar de esquivarse. Yo cometí errores. Quise prepararme para ese momento armándome de conocimiento. Empecé por Kübler-Ross y lecturas similares. Lecturas interesantes, muy bonitas pero inútiles para quienes tenemos la convicción de que todo termina aquí. Luego pasé por otros autores que investigan el duelo desde el punto de vista psicológico. Las fases y demás. No eran lo que necesitaba.

Fue después de muerto ya mi abuelo y tras haber pasado ya los dolorosos primeros meses, cuando di con el Problema del dolor y Una pena en observación de C.S. Lewis. Conocía la magnífica película Tierras de Penumbra (Richard Attenborough, 1993), que se basa parcialmente en el segundo, pero no había leído los libros.

Con el autor de Narnia aprendí que todo es tremendamente parecido cuando una persona pierde a un ser muy querido. Que esa desgracia y ese dolor que sientes, lo van a sufrir la mayoría de las personas y que es parte de la vida.

Sería con Lewis con quien descubriese que la muerte de quien quieres, ha de afrontarse más con valor que con conocimiento. Porque cuando pasan los días del revuelo, el funeral y el cariño inmediato de tu entorno, llega la pena. Una pena durante la que te da miedo estar solo, quieres gente a tu alrededor, pero para que hagan ruido, aunque deseas que no se dirijan a ti. Hay unos días en que incluso parece que hay una especie de velo entre tú y la realidad. Como si vieras todo desde fuera de ti mismo. Pero poco a poco aterrizas y con el paso de los meses, todo vuelve a la normalidad, añadiendo, eso sí, el recuerdo imborrable de la persona perdida.

Sí me molesta cómo en el transcurso de estos 5 años, la imagen de mi abuelo como tal – y esto lo cuenta Lewis en su obra también – se va difuminando. La física eres incapaz de reconstruirla mentalmente con nitidez, siempre están las fotos, y la mental poco a poco va siendo sustituida por otra idealizada que se aleja de mi abuelo. Tengo que llamarme al orden a mí mismo para recomponer, en la medida en que puedo a Manuel, con sus virtudes y sus defectos. Tuve la tentación de hacer cosas o sugerirlas “porque él lo habría querido así”. Pero corregí rápido este uso de la memoria de un muerto como salvoconducto que es tan habitual en otras personas.

Lo que nunca volverá, y eso todavía hoy me duele, son las palabras de apoyo siempre, la risa reconfortante que mi abuelo tenía, la forma de mirarme cuando aparecía en su campo de visión para visitarle. Esa mirada plenamente azul que no he visto en 5 años pero que empiezo a identificar hoy en los ojos de mi hijo de 3 meses. Es una forma de mirar que sólo se da en línea ascendente o descendente. Es una mirada de la que procuro ser digno cada día, porque contenía todo lo bueno que existe entre dos personas.

Y es que el mayor error que cometí, era que me preparé para perder a un abuelo, algo biológicamente normal y aceptable. Estaba listo para dejar de ver al miembro más viejo de mi familia. Supe cuando moría y pude estar con él casi hasta el último instante. Mi abuelo se moría, lo tenía asumido. Pero no sabía que para lo que tendría que haberme preparado era para seguir adelante en la vida sin el mejor amigo que he tenido.

 

 

 

 

MLK

6 Oct

Quim Torra, presidente de la Generalitat y jefe de los escuadrones vestidos de arlequines que asedian la libertad en Cataluña, recibió hace unas semanas una comunicación en la que se le pedía que dejase de citar a Martin Luther King.

Se trataba del Instituto Martin Luther King. Pedían al hiperventilado mandatario que dejase de usar al héroe luchador por los derechos civiles. No hace falta pensar mucho en un porqué. Pero que un racista cite a MLK que empleó su vida en combatir el racismo está feo. Poco después el Instituto MLK recibió las amenazas de los escuadrones internautas del secesionismo y prefirieron evitar la polémica.

Las raíces del nacionalismo catalán y vasco se hunden en el racismo, en boga en el siglo XIX. Luego, por eso de que perdió punch y que en nombre de esa doctrina se exterminó a millones de personas, sustituyeron el gen por el idioma. Pero sólo en superficie. Por eso en cuanto se calientan un poco, saltan con la doctrina de los orígenes. Gispert, exvicepresidenta del Parlamento de Cataluña, por tercera vez ha dicho a la líder de la oposición y ganadora de las elecciones catalanas, Inés Arrimadas, que se “vuelva a su tierra” haciendo referencia al origen andaluz de la portavoz de Ciudadanos. Por eso Torra escribía sobre las bestias y sus taras, hermanando por cierto lengua y raza. Y por eso Jordi Pujol nos dedicó a los andaluces algunas monerías bien conocidas. Pero Torra cita a MLK y le da igual.

Pero no son sólo los corruptos de Convergencia y sus evoluciones los que creen venir de Agartha. Esquerra tiene sus perlas estupendas: «en América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos», «se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético». Estas frases se deben a Heribert Barrera, presidente del Parlamento de Cataluña e histórico mandatario de ERC. Los portavoces de ERC usan también a MLK. A Esquerra la verdad le da igual.

Pero no es sólo MLK el profanado por el nacionalismo catalán. El mismo Torra apareció en público con una foto de Churchill. ¡Sir Winston! El primer ministro británico y vencedor de la 2ª Guerra Mundial. Churchill cuya mayor gesta fue frenar el nacionalismo en Europa. Churchill que consideraba el Parlamento Inglés suelo sagrado, mientras Torra cierra y retuerce el catalán. Churchill que respetó, al contrario que Torra, la ley y la democracia a riesgo incluso de que los pactistas, los apaciguadores le ganasen la partida y firmasen la paz con Hitler, abandonando Europa en manos de los nazis. Sir Winston, que habría hecho frente a los Torras y aledaños que pudieran surgir en Inglaterra.

Puestos a tergiversar figuras y extender la mentira a la memoria de los grandes, Torrent, actual presidente nacionalista del Parlamento de Cataluña, ha dicho en varias ocasiones ser admirador de Stefan Zweig. Una cita del genial autor austrohúngaro: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”. Zweig se suicidó por culpa del nacionalismo y clamando en su carta de despedida por Europa como patria. Pero eso a Torrent le da igual.

A los nacionalistas les da igual pervertir la memoria o el pensamiento de quien haga falta. Pero a veces van más allá en su miseria moral. Los nacionalistas en su necesidad de victimización, tienen que demonizar a quienes les hacen frente.

Es bien sabido que los secesionistas catalanes son parte de esa tribu urbana que algunos vienen a llamar los ofendiditos. Precisan sentirse ultrajados permanentemente. Pero decirse violentados por demócratas que piden que se cumpla la ley es complejo. Por eso llaman fascistas – nos lo gritan en el Congreso permanentemente a los miembros de Ciudadanos – a quienes les hacen frente. No les importa banalizar el término. No les importa igualarse ellos a las víctimas del fascismo. Quienes han sufrido en campos de concentración, a quienes fusilaron, violaron, expoliaron o ahorcaron los fascistas, se ponen al servicio del nacionalismo. Qué más da jugar con su memoria y dolor.

Con esta actitud están ejerciendo lo que Pascal Bruckner explica perfectamente en La Tentación de la Inocencia: están vaciando el término. Usan vilmente el dolor de otros y pintan sus pancartas con sangre ajena.

Pero al nacionalismo le da igual. Luther King, Churchill, Zweig o las víctimas del fascismo, han de estar todos al serivicio de la gran farsa. Una farsa destinada a perder, porque cuando el nacionalismo asoma por Occidente, siempre hay Martin Luther Kings, Churchills, Zweigs y millones de ciudadanos defensores de la libertad dispuestos a hacerle frente.