El confinamiento intelectual

24 May

Este encierro que se acerca a su fin nos está regalando de manera envenenada la peor versión de muchísimas personas. Y eso es algo que, a largo plazo, debería valorarse pues estamos conociendo lo peor en el momento más innecesario. 

Razonamientos insostenibles, aporte de problemas innecesarios, profesionales del engaño egoísta o conductores de porquería falsa son algunos de los perfiles que llevan floreciendo durante estos últimos meses en los que afrontamos y padecemos una pandemia mundial. Y ante esta situación, muchos nos preguntamos cómo es posible que estén aquí o allí posicionados. 

Es del todo irresponsable y surrealista que, ante situaciones extremas en las que el sentido común afirma que hay que estar unidos, salten a ruedo personajes con el único objetivo de crispar. Es por eso por lo que, en muchísimos casos, este perfil de individuos es infinitamente menos nobles y gentiles que el perro más nervioso del mundo. 

Nos dan una norma para cumplir. Que indica que hay que esperar dos semanas entre avance y avance de fase. Bien. Pasan dos segundos, y sale alguien diciendo que Málaga tiene que pasar en una semana en vez de dos. Se alinean los planetas. Lo que decía uno ya lo dicen cien. El soporte mediático lo tienes. Y repites un mantra mil y una veces mientras minas el sentido común y el respeto a las indicaciones de los que mandan porque no te viene bien. Y creas el problema. Algo que no existía pero que ya sí. Y todo porque unos cuantos así lo han decidido. Y ahora, el pueblo llano, no solamente se enfrenta a sus gravísimos problemas de base. Sino que la intoxicación es mayor. E intentan que se replantee todo. Y la culpa deje de ser de una cosa para ser culpa de una persona. Y sigues repitiendo. Y se vuelve a explicar. Oiga son dos semanas por fase. Pero tú ya no oyes. Y te das la vuelta. Y sigues repitiendo tu discurso porque, cada tuit o mensaje en redes, es un cepo que atrapa a alguno más. Y vas ganando. Y te sientes mejor porque parece que tu lucha sigue viva. Pero en el fondo no es real. No existe. La has creado y creído tú solo. 

Pero es gravísimo. Porque no hablan de la torpeza de tal o cual agente gubernamental. No critican sobre lo mal o bien que lo hace este o aquel gobierno. No. Van mucho más allá. Ponen en cuestión el sistema. Hablan de gobierno ilegítimo. Y ante eso, son muchas las personas que pican y conceden la razón al ventilador que esparce porquería a diestro y siniestro. Y comienzas a escuchar y leer voces que ponen en cuestión el sistema. Y animan a los demás a la desobediencia. Hasta tal punto que nuestra calle se llena de gente en masa para protestar por la falta de libertad de expresión. ¿Es lógico tener amigos temblorosos encerrados en una habitación porque son portadores del coronavirus, los negocios cerrados y las familias en quiebra pero fomentar manifestaciones multitudinarias en mitad de una calle donde se están poniendo en riesgo de manera masiva? 

Estamos en peligro. Pero en un peligro doble. En primer lugar, el peligro por el desgarro que está provocando la pandemia del Coronavirus. Pero en segundo lugar, corremos el riesgo de vernos arrastrados por una masa de irresponsables que, animando a las personas menos estables, condicionen una convivencia sana en el futuro. Unos y otros. Los tontos de un lado contra los tontos del otro. Y con la gente normal en el centro. Sin saber bien qué hacer y con el mismo miedo que hace tres semanas. 

Por eso sería menester un “levantamiento” moderado por parte de la gente normal y sencilla. Los que están preocupados por su negocio, su sueldo y la salud de su gente. Los que se sienten españoles, andaluces y malagueños sin más. Que se identifican con sus colores y banderas de manera positiva. Sin problemas, egos ni necesidad de identificarse de inmediato a la vez que ataca al contrario. Personas sencillas que no piensan que un votante moderado de izquierdas sea un rojo malo ni uno de derechas un facha. Necesitamos mesura y cordura. Elementos que, a día de hoy, están cargándonos problemas extra. Y creo, con total seguridad, que estamos en la peor situación posible para que nos metan en la mochila más piedras de las que ya cargamos. 

Resulta nefasto igualmente el uso de los símbolos comunes por parte de diversos sectores políticos e ideológicos como si fueran suyos en exclusiva. Los nacionalismos son un atraso siempre que trasciendan de lo cultural. Quien se cree mejor por ser español que sueco o andaluz que gallego es sencillamente un cretino. Y ante los tontos debemos comportarnos como con el virus: distancia de seguridad. Por eso, también es interesante intentar conseguir que dejen de ensuciar con sus manazas pringosas de sus criterios personales nuestra bandera. La que nos representa a todos los que así lo consideremos. Bandera que solamente entiende de territorios y no de ideologías. Y tanto es así, que al ver el apoderamiento que se lleva haciendo tanto tiempo de ella, resulte para algunos españoles un gesto que no le representa. Y es una pena muy grande. Porque España somos todos. Y su bandera también. Y representa al de vox como al de Podemos. Dejen la bandera tranquila. Que en el momento en el que deja de ser de todos, deja de tener sentido. 

Estamos en una situación de conflicto. Donde todos ponen su granito de arena para confundir y generar el mal. El diablo está escondido en medios de comunicación y periodistas que propagan basura sin ningún criterio más allá de recibir la caricia en el lomo sin darse cuenta de que, por el camino, se están cargando su medio y la credibilidad del mismo. ¿Cómo se puede hablar de prensa de calidad en momentos difíciles mientras se despide o recortan las redacciones y sus horas de trabajo? ¿En qué cabeza cabe que se pidan responsabilidades a un gobierno -bastante reprobable en algunas acciones- si tu propia maquinaria está completamente viciada?

Estamos entrando en un círculo vicioso de inestabilidades e incoherencias que son el caldo de cultivo de cosas muy peligrosas. Hay un segmento social que tiene la misma cintura que Curro Romero en sus mejores momentos. Veletas de carne y hueso que un día gritan “sí se puede” y al siguiente llevan una mascarilla con simbología franquista. Cuidado. Porque mercadear con el odio es tan arriesgado que, a la larga, siempre te acaba tocando a ti padecerlo. Por eso, lo mejor es no investigar con sustancias inflamables. Que cruzar la frontera para pescar barato es sencillo. Pero volver de nuevo sobre tus pasos, cuesta tela. 

Bastante tenemos con lo que tenemos para aguantar vuestro confinamiento intelectual. Basta. 

Viva Málaga. 

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