Trópico de Málaga (III)

20 Ago

El centro de la ciudad es la expresión viva de diez días dedicados a beber, comer y bailar

 

La Feria sigue su curso. Abre la puerta al consumo etílico entre menores. La Policía local vigila. Las pateras llegan viento en popa. La UE mira al cielo

Carlos Pérez Ariza

Salvo el sudor exudado por feriantes, la fiesta sigue sin novedad. El cóctel alcohol de botellón/menores se inicia en esta y otras Ferias cada año. Mientras España espera, la UE sigue ausente del drama mediterráneo protagonizado por los emigrantes. Un tema con variables profundas y complejas, cuestión para otro artículo. El separatismo (Brexit) sigue buscando el sol andaluz, que de esa luz no se separan. Para los habitantes de esa isla oscura, buscar el calor del sur del sur, es una elección que nada tiene que ver con dar la espalda a Europa. Los amigos de los ajeno, avezados especialistas del Este europeo, están desarrollando una táctica para desvalijar viviendas. Las mejoras urbanas, que llevan como favores colaterales las excavaciones del Metro, se aprecian ya en una remozada avenida histórica de Málaga, La Alameda Principal, cuyo maquillaje final se acaba de inaugurar a medias. La finalización se anuncia para Navidad. La incertidumbre, la incapacidad política estrangula la economía de las Autonomías.

El botellón callejero reina en el centro de la ciudad. Cada Feria, propicia la ingesta generalizada de alcohol, donde los menores se inician. Pero no solo en la capital, por toda la provincia unas cien fiestas recorren la senda alcohólica. Parece que el verano incita entonar canciones, a la sombra de la mayor diversión báquica. Las estadísticas siempre alarman. Los menores malagueños comienzan en esto del fuerte copeo a los 13 años. La preadolescencia es la edad de la experimentación y una cosa lleva a la otra (el 85% de los alumnos malagueños de 4º de ESO han consumido cannabis). La efervescencia hormonal no conoce la moderación. Hay programas de cuidado y prevención. El Ayuntamiento de Málaga y Proyecto Hombre se encargan. La tarea es cruenta. Y no solo abarca a los menores, aunque en esas edades el binomio diversión-alcohol está más que asociado. Si el inicio está a los 13 años, la franja entre 15/17 no deja de crecer. El botellón callejero es su expresión más visible, haya o no Ferias. ¿Qué ciudadanos estamos formando para el futuro de la democracia?

Los vecinos del centro, avisan de que sus problemas cotidianos: ruido, peleas nocturnas, aceras invadidas, patinetes, grupos descontrolados, pisos turísticos sin demasiado control etc., crece en estos días. El Ayuntamiento no nos hace caso, afirman. La masificación de su zona desborda todo control. El centro está tomado por cientos de miles ciudadanos locales y extranjeros, que festejan por sus calles sin pensar en los vecinos. La verdad es que vista la aglomeración humana, pocos son los casos de extrema peligrosidad. El Ayuntamiento explica una campaña para prevenir el acoso sexual. Controlar el consumo de alcohol es tarea ímproba. Vivir en el centro no compensa. Sólo beneficia al comercio, aseguran. La tranquilidad ya no vive allí.

La Alameda está reinaugurada a medias, tras excesivos meses de remodelación. Son los efectos colaterales del Metro, que avanza a trompicones. El lateral sur está a pleno rendimiento. El lado norte tendrá que esperar hasta finales de año. Aun así, lo que se ve es una avenida liberada en parte del duro tráfico de vehículos, que pasa, ida y vuelta, camino de los muchos barrios de la ciudad. Se ha rescatado un gran espacio para el caminante. Protestas ha habido. La larga temporada de obras, aún por terminar, ha cerrado negocios, ha trasladado otros, y no se le veía el final. Ahora, con nuevos sitios para el descanso, kioscos de flores esparciendo sus fragancias, y bares acomodando sus mesas, el paseo parece tener mejor futuro. La frondosa sombra sigue ahí.

Las bandas, asalta-viviendas, las prefieren vacías. Marcan las que desean desvalijar. Grupos con una alta organización, profesionales de lo ajeno. Vienen de Europa del Este. Exhiben una pre producción para el robo, que les da el éxito. La Policía Nacional dice que a esa operación la denominan ‘la siembra’. La hacen a gran escala por toda la Costa del Sol. Esta época de vacaciones es la apropiada para recoger la cosecha. Marcan las viviendas, a los pocos días vuelven a ver si las marcas siguen allí, y dan el golpe. Las autoridades alertan sobre precauciones básicas: Echar llave con doble vuelta; colocar un temporizador que encienda y apague las luces a horas fijadas; si encuentra la puerta violentada, no entre, avise a la policía (091). En fin, toda previsión es poca. Los ‘malos’ anda suelto y son profesionales.

Finalmente no todo es caos y malas noticias. Sin olvidar que vivimos, principalmente, del turismo, los datos indican que los buenos ingleses siguen prefiriendo a Málaga para venir unos días o quedarse a vivir. Superan la media de España. No hay Brexit que pueda con esta línea de costa. Es normal, ellos están huérfanos de esa luz, gratis aún. ‘Here come The Sun’, que cantaban los Beatles en honor al astro solar. Por ahora, la salida del Reino Unido de la UE, no parece perjudicar al creciente flujo de turistas británicos, que siguen encantados de tener vuelos directos a Málaga desde Londres, Manchester, Birminghan y Belfast. Un destino, que algo más de un millón de ingleses han elegido sin pensar en el Brexit.

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