Caperucita Roja y la distopía del crecimiento económico

26 Ago

La inacción generalizada de los partidos políticos respecto a la crisis terminal de la sociedad industrial, cuya traducción visible es el declive de las energías fósiles y la imposibilidad de que las energías renovables sean escalables en la cantidad y ritmo precisos para la sustitución fósil, nos sitúa en el tiempo de los hechos, de la acción, no en el de la espera en los discursos, si no queremos contar el cuento de Caperucita Roja y la distopía del crecimiento económico.

Hoy aún tenemos todas las opciones abiertas. La utopía aún es posible. Pero si las fuerzas políticas continúan mirando hacia otro lado —no digo los poderes económicos, pues esos siempre miraran hacia su lado—, y la gente común sigue desinformada, nos caeremos de esta civilización industrial como Pablo de Tarso se cayó del caballo. Cegados por la revelación de la realidad. La transición habrá de hacerse entonces de un día para otro. En tal caso la opción solo podrá ser la menos mala entre las distopías. ¿Quo vadis mundi? Al colapso de la civilización industrial, dijo Caperucita, que llevaba una cesta de productos industriales para su abuelita. ¿Se dará cuenta Caperucita del engaño del industrialismo feroz? ¿Matará el leñador al crecimiento económico malo y recuperará de sus entrañas al planeta?

El discurso oficial de las fuerzas políticas para responder al colapso de la civilización industrial es el ya manido e «impracticable desarrollo sostenible». ¿Sostener qué?, si la historia nos está avisando sobre la necesidad de refundar el mundo con el 85% menos de energía y unos recursos materiales muy mermados. Y del avance de la crisis climática. El discurso de la sostenibilidad solo sustenta la mentira de la viabilidad del crecimiento económico que se sigue alimentando. Según Juan Carlos Monedero hablando de decrecimiento no se ganan elecciones. Pero de seguir por ese camino terminaremos comiendo tierra.

A mi me gustaría conocer cual es la estrategia que van a proponer las fuerzas políticas para hacer frente al colapso civilizatorio y como piensan enfrentar el hat-trick que nos puede colar el planeta: descenso energético, de recursos materiales y crisis climática. Y los efectos sociales que traerá. ¿Qué estrategia piensa desarrollar cada una de las fuerzas políticas: son partidarias de una «estrategia franca» o están por desarrollar una «estrategia hipócrita», de decirle a la gente lo que quiere oír y mantener el crecimiento? A tenor de las declaraciones de sus líderes, la estrategia de las izquierdas es la hipócrita y la de la derecha la negacionista. Y digan lo que digan quienes las defienden, ambas tienen probabilidad de conducir a la gente hacia un fascismo escudado en la emergencia ecológica, cuando ésta, desesperada, busque soluciones.

¿Están las fuerzas políticas dispuestas a crear una mesa multipartidista, convocar expertos, escuchar, divulgar el escenario de colapso civilizatorio al que nos enfrentamos y empezar a proponer y debatir soluciones? Es mucho lo que está en juego y, necesario por ello, un pronunciamiento claro y explícito de cada fuerza política a este respecto. Más que mucho, todo está en juego. ¿O es qué piensan avisar y actuar «media hora antes del colapso» de la civilización industrial?

Hagamos la prueba del nueve. ¿Habría fuerzas políticas que llevaran en su programa político para las próximas elecciones autonómicas y municipales, europeas y generales dos sencillas medidas, que tomo prestadas del libro de Manuel Casal, La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente: una, colaborar en la realización de todo tipo de jornadas de divulgación social del peak oil o pico del petróleo y sus implicaciones para nuestra sociedad y; la otra, urgir a los responsables de las instalaciones de suministro de agua potable para que analicen las vulnerabilidades de las mismas en el caso de una súbita carencia de derivados del petróleo o de suministro eléctrico. ¿Suscribirán las lideresas y líderes políticos, excelentísimas señorías, el compromiso? ¿Serán este asunto y el cambio climático los ejes de sus campañas electorales? En caso negativo ¿vamos a dejar que continúen jugando con nosotros a la gallinita ciega?

¿Qué es el peak oil o pico del petróleo —y del resto de energías fósiles— del que hablo? A grandes rasgos y en unas pocas cuantas palabras. Éste señala el cenit de la producción petrolera, así como del gas y del carbón, tras cada uno de los cuales la tasa de producción de cada energía fósil entra en un declive terminal. Este evento va a traer un colapso de la civilización industrial que hemos montado, por la imposibilidad de sustitución por energías renovables como decía más arriba. La disponibilidad energética fósil será el 15% de la actual. El cambio puede ser abrupto, si no se reacciona a tiempo y, en cualquier caso, será revolucionario y requerirá grandes dosis de empatía, responsabilidad, justicia y conciencia de nuestra interdependencia. Ingredientes necesarios para un gobierno ético e imprescindibles para la construcción de la paz. El caos económico es evitable si actuamos en la forma señalada y efectuamos el cambio en el tiempo adecuado, es decir, si empezamos ya, y no escondemos la cabeza en el hoyo de la confianza en la ciencia y la tecnología para encontrar nuevas fuentes energéticas ilimitadas, que hagan innecesario el austericidio energético. Y para ello hace falta determinación en el logro de los objetivos.

El cambio civilizatorio que hemos de realizar hacia una sociedad sin energías fósiles, como dice Manuel Casal, no es ninguna tragedia para la gente corriente, si lo será, en cambio, para unas élites que no podrán continuar con su modo de vida despilfarrador, despreocupado. Egoísta. Hay una añoranza de simplificar la vida en mucha gente. La  nueva civilización que ha de surgir y que habrá que construir nos ofrece la oportunidad de retornar a una vida más simple y más local. De apartarnos del camino al que otros nos quieren llevar y dirigirnos hacia donde sentimos que queremos estar. No por ello podemos olvidar que las élites tienen su modelo de civilización postpetróleo: la  tecnoutopía ciborg. Y que en caso de fracaso total nos embestirá la distopía zombie de un mundo sin petróleo y sin hielo. Eso significará que el lobo feroz se comió a Caperucita. Entonces nos lamentaremos y diremos: ¡pobre Caperucita! Unos llorarán, otros invocarán a Dios y otros pedirán la guillotina para quienes nos trajeron hasta aquí. Es hora del retorno a los límites.

Llorar no basta

22 Jun

En los años 40 del pasado siglo la vergüenza anidó en Alemania. En este siglo se ha instalado en EE.UU., Gran Bretaña, Hungría, Eslovenia, Austria, Italia. El virus se extiende por otros países. La extrema derecha europea presiona para instar campos de concentración (eufemísticamente denominados plataformas de recepción) fuera de las fronteras de la UE para clasificar a los migrantes en aptos o no aptos para poder entrar dentro de las fronteras europeas. ¿Y la dignidad humana? Llorar no basta. Los seres humanos que huyen, desprovistos de estatuto de ciudadanía que los proteja (nuda hominen), se nos amontonan en la puerta del primer mundo.

                                           

Hoy cuando el racismo y la xenofobia se extiende por Europa otra vez, conviene recordar las palabras de Giorgo Agamben: la vida y la muerte no son conceptos propiamente científicos, sino políticos, que en cuanto tales, solo adquieren un significado preciso por medio de una decisión. Muchas vidas quedarán afectadas o cortadas por las decisiones que gobernantes sin escrúpulos están tomando hoy. Gobernantes que se sienten fuertes frente a la debilidad de quienes no tienen quien les proteja y solo piden refugio. La última y más feroz expresión de esta vergüenza proviene de Italia, cuna del fascismo, donde parece rebrotar de la mano del actual Ministro de Interior, que ha cerrado los puertos italianos a las embarcaciones de rescate de inmigrantes y propone crear registros de gitanos.

El respeto a las reglas que reclama el Ministro de Interior italiano, como excusa para no acoger a quienes necesitan protección, comienza con el respeto a la dignidad humana, que es un valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser racional, dotado de libertad. ​Dignidad que no es una cualidad otorgada por nadie, sino consustancial al ser humano, que no depende de ningún tipo de condicionamiento ni de diferencias étnicas, de sexo, de condición social o cualquier otro tipo. Esta es la primera regla.

El eje Roma-Berlín-Viena —de infausto recuerdo en el siglo pasado— ha resucitado otra vez de la mano de la extrema derecha, para forzar una política migratoria racista y xenófoba en la UE. Al igual que entonces, ésta brama por una la Europa cristina y niega protección a quienes necesitándola profesan otras religiones o tienen un origen étnico diferente, a la vez que calla el origen cristiano de la dignidad humana que olvida. Con mayor crudeza cada vez los síntomas de una lenta agonía del Estado democrático-liberal están dejando paso a una era negra de valores no necesariamente democráticos. En esta tesitura España debe realizar una política migratoria cuya base sea la dignidad humana y sirva de contrapeso a la política negra de la extrema derecha. Debe influir en la política migratoria de la UE. No es suficiente una política que se quede en gestos como el de la recepción del Aquarius.

La crisis migratoria está mostrando la insuficiencia de los conceptos fundamentales que representan los sujetos de lo político: el hombre, el ciudadano y sus derechos, el pueblo soberano, el trabajador, así como la necesidad de reconstruir la arquitectura política desde la figura del refugiado: «el concepto guía ya no sería el ius del ciudadano, sino el refugium del individuo», dice Agamben. Éste es el paradigma de una nueva conciencia histórica: la de la especie, que se vincula al planeta —donde la única propiedad que existe es lo masticado, tragado e incorporado al cuerpo— y no al mundo.

En este mundo que levanta muros, es importante advertir que el planeta no impone fronteras. La vieja receta de la soberanía y la identidad responde a la pregunta sobre quiénes somos (alemanes, italianos, marroquíes), pero no se interroga sobre qué somos (seres humanos). No solo pertenecemos «a una familia, a un linaje, a una comunidad, a una cultura, a una nación o a una cofradía religiosa o política. Antes de todo eso somos parte de una especie biológica, dotada de historia y necesitada de futuro. Nadie es «carne humana», solo lo son quienes lo afirman de otros.