María la portuguesa

6 Ago

El sistema capitalista no aprende de sus errores. La crisis de 2008 fue producto de los instrumentos matemáticos que decían asegurar contra todos los peligros. Pero el sistema en vez de corregir el rumbo ha acelerado en la misma dirección con el uso de algoritmos. Y con la crisis climática está ocurriendo lo mismo. Las fuerzas políticas —tradicionales y nuevas— no aspiran a solucionar emergencia climática, sino a mantenerla dentro de un límite asumible. Unos diciendo que no acabarán con ella aunque la mitigarán, otros intentando convencernos que la receta es crecer de manera ‘sostenible’. Esta dinámica se reproduce también respecto a la crisis climática, en la que también se mantiene la pugna izquierda/derecha: Green New Deal (izquierda) y capitalismo (derecha) o capitalismo verde si es liberal. De lo que se trata es de mantener la misma dirección. Fuera de ese eje se sitúa la Transición Ecológica del partido verde.

Recordemos las iniciativas de las distintas fuerzas políticas en relación con la crisis climática: el Horizonte Verde, de Unidas Podemos; el Green New Deal  (GND), de Errejón; la modernización ecológica, del PSOE; el capitalismo verde, de Ciudadanos; el neoliberalismo del PP; el negacionismo climático de VOX. Mientras tanto la ley de cambio climático sigue sin aprobarse y transcurren los días «de Ayamonte hasta Villareal, sin rumbo por el río, entre suspiros, una canción viene y va.»

Estas iniciativas tienen en común que sucumben al sentido común económico establecido: el crecimiento económico. Incorporando matices cada una, pero sin renunciar a él. Ninguna fuerza política reivindica el decrecimiento, salvo EQUO. La crisis climática es afrontada, así, desde los presupuestos económicos ortodoxos del FMI, del Banco Mundial, del Banco Central Europeo o la UE y abordada políticamente desde la lógica del eje izquierda/derecha: que es la del crecimiento y redistribución de la riqueza y no la de los límites del planeta. Por esa razón, excepto el partido verde, las fuerzas políticas plantean como transición ecológica lo que solo es una propuesta de sustitución energética —energías sucias por energías limpias— que resulta imposible de materializar por falta de recursos, para intentar mantener el crecimiento económico. Son, en definitiva, una expresión de continuidad de la política del crecimiento perpetuo, no proyectos para una nueva política económica.

EQUO con una visión decrecentista adopta la posición rupturista, aunque su propósito sea tan conservador como mantener los derechos existentes.

Resulta miserable que la ‘izquierda guay’, ante una cuestión que afecta a la supervivencia de la civilización, se dedique a decir que el ecologismo abandonó la idea de los «límites del crecimiento» para abrazar la «noción de desarrollo sostenible» por «influencia de la hegemonía neoliberal». Hay que recordar a estos recién llegados a la ecología que el partido verde nunca ha abandonado esta idea y que es la única fuerza política que defiende la necesidad de decrecer para atajar la crisis climática. Y decirles, también, que la estrategia de ‘objetivos realistas aunque insuficientes’ que proponen, ya fue ensayada y fracasó. Y lo más importante, ya no tenemos tiempo para eso.

«Momento maquiavélico». Proseguir hoy con políticas de crecimiento económico sería un error, porque el ‘mientras tanto’ —el tiempo que los científicos dicen que tenemos para eludir un cambio climático sin control— es de 10 años. La política económica debe proporcionar cohesión social y una cierta estabilidad financiera. Pero en la situación emergencia climática en que estamos debe tener como prioridad la seguridad y la estabilidad ecológica. Y la de proscribir la política que estimula el deseo más allá de los límites biofísicos del planeta. Frente a la repetición de políticas de crecimiento económico hoy incompatibles con la supervivencia de la sociedad, es urgente iniciar una transición ecológica que sirva realmente para atajar la emergencia climática y resulte útil a la gente.

Solo con ella se podrá lograr mejorar el trabajo, que las economías individuales vayan mejor y que las posibilidades de futuro sean esperanzadoras. Solo desde ella la gente que se va a dormir preocupada porque no tiene trabajo; porque tiene uno pero los ingresos son insuficientes o porque teniéndolo no sabe cuánto tiempo va a conservarlo podrá conseguir la estabilidad y seguridad que anhelan. Pero lo más importante, solo desde ella se podrá alcanzar el equilibrio climático y ecológico, sin los cuales nada de lo anterior es posible.

Ello implicará posicionarse frente a los economistas ortodoxos —tanto de la izquierda como de la derecha—, a las multinacionales, a los conglomerados empresariales y a las empresas tecnológicas: Amazon, Facebook, Uber, y favorecer a los parados, a los precarios, a los autónomos, a los pequeños empresarios y comercios y a los funcionarios.

No se puede decir lo mismo del Green New Deal (GND) —ese que nos dicen sus promotores que «no nos permitirá apagar el incendio» aunque «si mitigarlo»—, ni de los programas ambientales de las fuerzas tradicionales, que se colocan en el lado de la continuidad, en el lado de la política económica ortodoxa pintada de verde y perpetúan la inestabilidad y la precariedad que afecta a la gente. Imagínese a un paciente aquejado de colesterol al que el médico en vez de darle un tratamiento para reducirlo a los niveles aconsejables, le manda una pastillita para que el colesterol no descienda, sino que se incremente más lentamente. Esto es el GND de la ‘izquierda guay’.

EQUO —el partido ecologista— debe explicar sin remilgos la verdad de la crisis climática y actuar estratégicamente no limitándose a obtener el apoyo de la parte de la parte izquierda de la población, sino buscar el de la mayor parte de ella. Ya que la emergencia climática y la crisis ecológica nacen de las mismas lógicas, en este asunto no hay españoles de derechas o de izquierdas, ni extranjeros o españoles. Solo hay personas y ciudadanos.

Por ello, EQUO debe buscar con su actuar las contradicciones de la política de crecimiento, ahondar en ellas, ver como perjudica a la población y proponer sus soluciones para atajar la crisis climática y conservar el Estado del Bienestar, teniendo en cuenta que las circunstancias que se dieron en la segunda mitad del siglo XX en nada se parecerán a las de este siglo. Y debe liderar cultural, moral y políticamente la transición que hemos de iniciar. Es su tiempo.

¿Habrá otros septiembres?

31 Jul

¿Y otros marzos? ¿O es que solo vamos a tener julios y agostos? A estas simples preguntas no sabría darle respuesta tras la investidura fallida del candidato Sánchez. En esos días se gastaron muchas palabras en cosas pequeñas. Solo se balbucearon algunas palabras sobre el cambio climático —eufemismo que diluye la gravedad de la situación—, pero la crisis climática no sobrevoló el Congreso, a pesar que los científicos nos dicen que estamos perdiendo la batalla contra ella. A pesar de las cumbres climáticas y de las medidas que se han adoptado, que se han revelado inútiles. A pesar de la presencia del partido ecologista —EQUO— en el Congreso y de una izquierda que se ha proclamado ecologista, este asunto no suscitó discusión ni debate ¡Señor, señor!

New Green Washing. Comienza a abrirse paso entre cierta izquierda el New Green Deal. El de Alexandria Ocasio Cortez. Y leo  —con incredulidad— que esta ‘izquierda guay´dice que éste —el Green New Deal— «no nos permitirá apagar el incendio.» Aunque «si mitigarlo». ¡¿Comoorr!? El planteamiento de «salir a ganar con objetivos realistas, aunque insuficientes» que hacen algunos, no es más que una estrategia hipócrita que —como no sabe qué hacer con el mensaje de la crisis climática— propone guardarlo en un cajón para más adelante.

Con esta maniobra −que es una simple rearticulación política de lo existente con un sentido diferente, un bonito lavado verde de cara que no evitará que la casa siga en llamas− se supedita la acción política a la obtención de buenos resultados en el corto plazo y se adapta el mensaje —que se construye y envía a la gente— al nivel de conciencia de la mayoría («indagar en el sentido común realmente existente»). Resulta que aquellos que llevan años con la boca llena de palabras como pueblo, gente, los de arriba y los de abajo y se han autoproclamado sus representantes, casi sus salvadores, los consideran idiotas y aspiran a gobernarlos mediante el engaño, si fuera preciso.

La pregunta realmente importante que debemos hacernos ante esta astucia es: ¿de qué servirá ganar elecciones si quienes proponen el Green New Deal dicen que no servirá para atajar la crisis climática? El problema es que cuando esta estrategia se muestre insuficiente y/o errónea —ya fracasó en Podemos— la frustración por las mentiras sobre la crisis climática desde el poder, el miedo y la necesidad harán que la gente abra las puertas al fascismo, siendo la derecha y la extrema derecha quienes expliquen entonces a la sociedad la crisis climática, sus causas y sus consecuencias. Y sus soluciones.

Esta estrategia revela, además, un análisis de coste/beneficio que asume «en diferido la muerte de muchas personas» y el sufrimiento de otras. Tremendo. La experiencia histórica nos advierte del peligro de considerar a las personas saldos sobrantes por constituir una amenaza a las necesidades de bienestar y seguridad de los grupos establecidos. Seguridad que hoy está vinculada al calentamiento global, debido a las convulsiones que este causará en las migraciones, el agua, la agricultura, los bosques, las pesquerías y los sectores industriales de todas las naciones, sin importar su ubicación, fortaleza económica o poderío militar.

La táctica presenta también un ángulo muerto. La hibridación de los conceptos de la teoría del discurso y la hegemonía con los de la ecología política, que propone Errejón, con su dialéctica de agravios, su ‘guerra de posiciones’ y ‘contragolpes’, puede tener efectos no deseados al propiciar ésta el refuerzo de identidades y agudizar las diferencias entre grupos, abonando el terreno para el avance del nacionalismo, que tendrá así una vía más para penetrar las emociones: la seguridad ambiental, usada para movilizar la conciencia y la acción ambiental. ¿Ecologismo? No. Puro populismo pintado de verde y al servicio de un objetivo: alcanzar el poder a toda costa. ¿Incluso a expensas de seguir manteniendo a la sociedad en un espejismo? Cuando «las ideas se hacen secundarias de su utilidad en un momento concreto y se vuelven instrumentales para mantener y acrecentar el poder», la respuesta —por desgracia— debe ser sí.

Decrecimiento. Un mundo más caliente, más rápido, más loco. Un mundo en el que no pensamos, no nos paramos, no aprendemos. Un mundo impulsado por un crecimiento exponencial que amenaza a la supervivencia, en el que los científicos nos dicen alarmados que no tenemos más allá de 2030 para actuar con rapidez y adoptar medidas sin precedentes y audaces. Un mundo así exige la adopción de una estrategia franca y a la vez ilusionante. Hay que advertir, por tanto, a la gente de la crisis climática sin tapujos ni remilgos, de sus efectos sociales, de la urgencia de ponernos manos a la obra sin demora y de la necesidad de «construir la siguiente civilización». El resultado será vivir cualitativamente mejor que ahora. Se trata de visualizar la crisis climática como una oportunidad, como el Gran Reto de este siglo que vamos a protagonizar como especie.

Esta estrategia — radicalmente opuesta a la estrategia hipócrita de ‘salir a ganar’ de otros— se concretaría en una acción política articulada sobre cinco ejes, definidos en nuevas estructuras, modelos y valores para una oposición en el terreno de los hechos: federalismo biorregional como forma de reorganización del poder del Estado y como expresión de la adaptación de la organización político-administrativa a la realidad físico-climática en la que se asienta; decrecimiento de la producción hasta el nivel que el planeta puede asimilar, tanto por consumo de recursos como por asimilación de residuos; la ‘especie’ como categoría política subjetiva portadora de los derechos y obligaciones planetarias que poseemos y a la que deben quedar subordinadas las categorías de nación, pueblo e individuo; equidad intergeneracional o pacto de justicia entre generaciones, que brinde a cada generación ciertos derechos planetarios para usar y disfrutar el planeta legado por los antepasados, a la vez que impone sobre cada una de ellas ciertos deberes planetarios para preservar la base de recursos naturales y culturales para las futuras generaciones; y fraternidad como nuevo valor y expresión de «un elevado sentido de los vínculos sociales derivado de una comunicación efectiva, de un uso constructivo del poder, del afecto optimista y de unos objetivos colectivos compartidos».

Hace muchos años, allá por los años 80 del siglo pasado,  Petra Kelly —la líder más conocida e importante del Partido Verde alemán— decía: «se ha hecho cada vez más importante votar lo que uno cree que está en lo cierto […] en vez de perder el voto en lo menos malo. Los debates dirigidos por los partidos establecidos […] son una impactante muestra de su incapacidad para dirigirse a sí mismos las nuevas preguntas sobre la supervivencia».

Si queremos tener otros septiembres debemos ofrecer a la gente la opción de votar a una fuerza política ecologista sin más apellidos, con líderes políticos pero también morales, que concurra a las convocatorias electorales de forma independiente y autónoma. No habrá futuro para ese partido sino. Los pactos y las coaliciones son la ilusión de quienes solo quieren explotar las ideas verdes para alcanzar o mantenerse en el poder, más allá de los límites físicos de un mundo finito. Toca ya emprender el camino.

Ausencia electoral

29 Abr

Hoy se acaba de configurar tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado un nuevo equilibrio de fuerzas políticas, en el que las fuerzas progresistas son más numerosas que las derechas. Son todos los que están, pero no están todos los que deberían. No hay en el Congreso de los Diputados una fuerza política que sea el referente verde que la sociedad pueda identificar y votar sin necesidad de hacerlo indirectamente a través de otra fuerza política. El partido verde (Equo) continúa invisible para los ciudadanos y subrepresentado con un solo diputado en la lista de Unidas Podemos. Con un pacto que le mantiene en la UCI política, condenado a mantenerse en estado de suspensión política. Vegetativo. Sin poder cumplir la principal función de cualquier partido político: ofrecer un programa político no sometido a más condicionantes que los que derivan de la fuerza parlamentaria de quien lo propone. Ausencia electoral que es una grave error.

La necesidad que una partido político, de un referente verde en la política española, lo ha puesto de manifiesto, una vez más, la ausencia en el debate electoral del tema más importante: el cambio climático. Este asunto solo una vez fue mencionado, y de pasada, por el candidato del Partido Socialista Obrero Español en el primer debate televisado. Después el silencio envolvió a todos los actores políticos. No se abordó en éstos, ni tampoco a lo largo de la campaña electoral, el debate del Plan Nacional sobre Energía y Clima 2021-2030, la idoneidad de los objetivos y medidas propuestas. De la ley de cambio climático. A pesar que España será uno de los países más afectados de la UE por este fenómeno. Los políticos españoles han demostrado no estar a la altura de la emergencia que vivimos.

A pesar que en plena precampaña Greta Thunberg −la adolescente sueca de 16 años que pide a los políticos que hagan caso a los científicos y no dejen tirados a los jóvenes con su inactividad ante la emergencia climática− intervino en el Parlamento Europeo y puso el debate sobre la mesa, en la campaña electoral se ha hablado más de los toreros que iban en las listas de la derecha que del cambio climático. En las comparecencias de los líderes para valorar los resultados electorales tampoco ninguna fuerza política hizo alusión alguna a este asunto. Ni siquiera vaga. Ni caso oiga. Y si nos fijamos en otras crisis colaterales a esta: desaparición de especies, agotamiento de recursos, contaminación por plásticos. Como si no existieran.

Hemos vivido una de las elecciones más decisivas desde el final de la Dictadura, en la que el riesgo de involución democrática y social era real. Pero, ¿justifica esta circunstancia que en la campaña electoral no se haya debatido sobre el cambio climático: el problema más importante que tenemos? ¿Justifica ello que nadie haya propuesto un pacto de estado sobre el cambio climático y la necesaria transición ecológica que hemos de hacer? ¿Justifica esto que ningún análisis político a puesto de manifiesto esta grave ausencia? ¿Cualquier asunto es más importante que el más importante de todos?

Se anuncia en las elecciones locales y autonómicas una posible victoria de las derechas sobre las izquierdas. Pero como ciudadano me importa saber si las nuevas Corporaciones Locales y Gobiernos Autonómicos adoptarán las medidas necesarias para evitar un incremento de temperaturas superior a 1,5ºC como recomienda el Acuerdo de París ¿va a ser éste el centro del debate de esta triple campaña electoral? ¿O unos seguirán racaneando su responsabilidad y otros negando lo que advierten hasta los adolescentes?

El arranque del Plan Nacional de Clima y Energía está previsto para 2021. Para entonces habrán transcurrido dos de los 11 años, que advierten los científicos, tenemos para cambiar en profundidad nuestra forma de vida y evitar un cambio climático fuera de control. Cambio que es algo más que la sustitución de una fuente de energía sucia por otra limpia. Quiere decir ello que cada día que pasa, cada mes, cada año que retrasamos la adopción de las medidas para combatir la emergencia climática, exigirá que las medidas que posteriormente tomemos sean más radicales, más dolorosas, pues dispondremos de menos tiempo para llevarlas a cabo. Retraso este que se traducirá en un mayor sufrimiento social de los más débiles. Los científicos, la ONU nos lo están diciendo: no hacemos lo suficiente, y lo repiten una y otra vez, pero los líderes políticos no les hacen caso. Y los adolescentes, los jóvenes, aterrorizados se están echando a la calle para pedir que hagamos caso a los científicos. Los movimientos sociales en favor del clima comienzan a surgir: Jóvenes por el Clima; Madres por el Clima; Extinción/Rebelión. Ante la inacción de los poderes públicos todos los ciudadanos hemos exigir que los líderes políticos que actúen.

Para el nuevo ciclo electoral que nazca es necesario que haya despuntado ya una fuerza política verde que sea el referente electoral de los ciudadanos. Que ponga este asunto en el centro de la discusión social y política en las instituciones y que hable con claridad. Sin tapujos. Que diga lo que es necesario decir: que tenemos que actuar sin demora y de manera decidida. Que el cambio ha de ser rápido y radical. Que ya no tenemos tiempo para estrategias graduales. Que ese tiempo pasó. Que si no hacemos nada, los efectos sociales de nuestra inacción serán peores que si ahora hacemos lo que tenemos que hacer. Que tenemos opciones. Que hemos de comenzar a actuar. En este ciclo electoral no ha podido ser, pero habrá de ser en el siguiente necesariamente.

Esta es la responsabilidad histórica que tiene el partido verde en España. Y ésta ha de ser asumida y cumplida. El partido verde no se puede justificar con la consecución de logros parciales. El envite no es la sostenibilidad, sino la supervivencia. Aún tenemos la opción de dejar a nuestros hijos un planeta y un mundo habitable y más justo ¡Hagámoslo!

La única política (económica) posiblee

15 Abr

Desde la década de los noventa del siglo pasado el mantra más repetido −para imponer políticas económicas cuyo objetivo era detraer rentas de la clase trabajadora para entregarlas a los más fuertes económicamente− ha sido que dicha política es la única política (económica) posible. Esta política económica empobrecedora, así como la extracción insostenible de todo tipo de recursos han alcanzado su límite social y ecológico. Ecológicamente lo está indicando el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales ocasionado. Socialmente lo confirma el empobrecimiento de la clase media y la pauperización de la clase trabajadora. Podemos repetir hoy, por tanto, pero por los motivos opuestos, que la única política (económica) posible es la que respeta los límites que impone el planeta a la extracción y consumo de recursos no renovables y la capacidad de absorción de la contaminación. Y la que es justa socialmente.

Para entender el actual panorama socio-político no podemos olvidar la influencia del agotamiento de recursos en el giro de la economía a la finaciarización y hacia las industrias tecnológicas. El presente es confuso, no un tiempo de certezas. Y el futuro no se percibe mejor que el pasado. Y esta confusión tiene anclada a la gente a un «posibilismo resignado» y falto de horizonte, en el que el peso del día a día impide «mirar más allá de lo inmediato». Circunstancia ésta última que explica el giro pesimista, nostálgico y reaccionario de la clase media antaño progresista.

Sabemos que mañana podemos no estar aquí. Pero este axioma ya no puede ser considerado solo desde la propia óptica vital. La crisis ecológica ha convertido esta posibilidad individual en una probabilidad colectiva si no actuamos ya. Si queremos recuperar el control sobre nuestro futuro, la única política posible es la que tiene como eje la sostenibilidad. La que se nos ha vendido como la única política (económica) posible: consumo, bajada de impuestos, recortes sociales, enriquecimiento del 1%, menos democracia, es mentira por insostenible social y ecológicamente. Es urgente, por tanto, que la sociedad abrace el cambio a lo verde: que abarca no solo la sostenibilidad, si no también la igualdad de las mujeres y los hombres en la sociedad, en los cuidados y en la reproducción de la vida biológica. Hoy, además, con urgencia.

Las consecuencias negativas que está imponiendo el cambio climático en nuestras vidas, hace que debamos formularnos muchas preguntas y reformularlo todo. Si queremos que mañana el presente vuelva a ser mejor que el pasado, si queremos dejar atrás la incertidumbre y recuperar la confianza, hemos de instaurar una nueva organización y un nuevo reparto del poder, la influencia y los recursos. En oleadas sucesivas debemos cambiar urgentemente las estructuras económicas actuales y las ideas políticas. Reformar e innovar los elementos culturales de la sociedad actual: defender la igualdad de mujeres y hombres; exigir más democracia; redefinir los sentimientos de pertenencia a la nación; y favorecer una familia no patrialcal. Y subrayar, como elemento de convicción, la estabilidad y la seguridad de esta nueva dinámica política, frente a la inestabilidad de la actual dinámica solo favorable para las clases dominantes.

O abrazamos el cambio o nos abrazamos a un pasado obsoleto. El mundo que está apareciendo no va a ser una continuación del que hoy tenemos –ecológica, tecnológica y socialmente−, sino uno completamente distinto. Hoy el pasado no es solo lo pretérito, es también la visión que solo contempla el presente. No podemos conformarnos solo con resolver a la urgencia o a la necesidad del día a día del ciudadano común, del gestor y/o del político. De lo inmediato. Porque entonces los acontecimientos nos sobrepasarán. Hemos de mirar más allá, a pesar de las dificultades. Hoy tenemos la opción de mirar al futuro, perspectiva que ha de tener como primera tarea la recuperación de la ilusión. Además de evitar un cambio climático descontrolado y una sociedad partida por la desigualdad que arroje a la pobreza a grandes partes de ella. En líneas muy genéricas esta visión del futuro se debe traducir en el abandono del enfoque mundo y el abrazo de la perspectiva planeta. En dejar de pensar y actuar desde perspectivas de clase o nación, para hacerlo desde la perspectiva de especie y de planeta, dentro de las cuales aquéllas habrán de insertase. Porque a pesar de las arengas, peroratas y discursos de los salvapatrias reaccionarios y los populistas, no tenemos más patria que el planeta.

La cuestión es: que sostenibilidad y como llegamos a ella. Pero, ¿y si la mayoría social aceptara continuar en el consumismo nihilista y en el entretenimiento banal y no hacer nada o no hacer lo suficiente para evitar las consecuencias del cambio climático –situación en la que aún nos encontramos, como ponen de manifiesto los científicos y los jóvenes con sus manifestaciones−?: ¿sería legítima dicha decisión?; ¿deberían los gobernantes elegidos por el pueblo continuar aplicando un programa de gobierno que conduce al desastre o deberían éstos gobernar en nombre de la justicia social, la igualdad y la equidad entre generaciones y aplicar un programa que contribuyera de manera real a la lucha contra el cambio climático y la crisis ecológica?; ¿tendría la minoría del presente derecho a rebelarse contra la decisión de la mayoría que la condena?; ¿puede una mayoría de ciudadanos del presente perjudicar los derechos, medios, posibilidades y modo de vida de los ciudadanos del futuro?

Lo inevitable es posible. Es urgente. Es ineludible. Hoy solo es factible abrazar el cambio, nunca conservar el pasado obsoleto. Y no solo hemos sumarnos al cambio, sino liderarlo desde la democracia y sobre premisas de sostenibilidad, igualdad y equidad. O eso u otros nos impondrán su cambio.

Marzo del 19

15 Mar

Cuando los jóvenes dicen que ir a clase no tiene sentido en un  planeta sin futuro, no solo están diciendo una realidad evidente. Están actuando de una manera profundamente histórica y política. Con ese sencillo mensaje y las concentraciones semanales que están llevando a cabo los viernes ellos nos están diciendo que esos actos dan sentido a sus vidas. Que sus vidas están dando sentido a una época. Y que esta época está dando un nuevo sentido a la historia. Porque tenemos que admitir que tras estas movilizaciones ya nada será igual. Con ellas Mayo del 68 tiene su continuidad en Marzo del 19.

Esta continuidad se ve en la actualidad de algunas consignas de Mayo del 68: rompamos los viejos engranajes (del consumo y la producción desmedida); bajo el empedrado está la playa (bajo el asfalto y el cemento está la tierra); vuelta a la normalidad (en cuanto a la asunción de los límites que tiene el planeta). Éstas alcanzan todo su sentido hoy, en Marzo del 19, no solo simbólicamente, sino literalmente. Cobran un sentido más profundo, histórico, del que tuvieron cuando se formularon, en cuanto que ellas ahora no significan solo un cambio epocal o una modificación de los usos y costumbres sociales, sino que son expresión de otra forma de estar en el planeta. Lo que dicen las consignas que usan los jóvenes hoy, es que es necesaria una nueva relación con la Naturaleza: no hay planeta B; cambiemos el sistema, no el clima; salvemos el planeta, escrito en sus pancartas hechas de cartones reciclados y en sus manos. Su traducción es política es: una ola verde liderada por mujeres jóvenes, un auge del veganismo y una reactualización del feminismo con un fuerte componente “eco”.

Estas movilizaciones juveniles, –símbolo de la alianza entre juventud y ciencia− tienen un significado más profundo: ser un viraje de la historia y, a la vez, ser la memoria de la civilización industrial de la que venimos. Ellos han conseguido suspender la lógica del mundo capitalista como había sido conocida hasta ahora, demostrando su falsedad (les deja sin futuro). A la vez que están estableciendo simultáneamente la lógica de una nueva universalidad que describe lo que hasta ahora pudo ser y no llegó a ser, por estar toda la vida subordinada a la obtención de beneficio económico.

Frente a la vieja concepción de la política entendida como una disputa por la forma de estar en el mundo, los jóvenes nos proponen entenderla de una manera más amplia: como una forma de estar en el planeta. La degradación ambiental que la civilización industrial ha causado es de tal magnitud, que los jóvenes se han topado no solo con toda la porquería que hemos lanzado al aire, al agua y a la tierra, sino que se han dado de bruces con los límites del planeta: cambio climático, contaminación por plásticos de las aguas de todo el planeta y reducción de la biodiversidad. Límites que para ellos se han convertido en limitaciones que atacan su salud y su seguridad y les son impuestas por quienes dicen que les aman.

Ante este futuro −aterrador y frustrante− los jóvenes nos interpelan. En los organismos internacionales, en los parlamentos, en la calle. Están concienciados y se han empoderado. Piden cuentas: ¡por qué no habéis hecho vuestros deberes! Piden explicaciones a los políticos de por qué no hacen lo suficiente cuando la solución es conocida: eliminar los gases de efecto invernadero de la economía. Se preguntan por qué les legamos un planeta sin futuro que les deja sin destino, si tanto les importamos.

Instalados en el abismo del cambio climático, la realidad de la vida de cada ser humano ya no puede ser explicada, comprendida y descifrada solo desde la realidad del mundo (la sociedad) y sus contradicciones, sino que ésta debe ser revelada, desplegada y vivida en el contexto planetario degrado por la acción humana.

En Marzo del 19 hemos de escuchar a los científicos y los gritos de nuestros jóvenes. Actuar de manera inmediata. Hoy, más que nunca, planeta y democracia forman una realidad inseparable. La solución de la crisis ambiental solo puede ser alcanzada entre todos. Como dice Sebastiao Salgado: el ser humano es «la sal de la tierra». Pero sin aire y sin agua no hay sal.

 

El puzzle climático de las elecciones del 28-A

11 Mar

Las encuestas descartan, por ahora, la posibilidad de un gobierno de izquierdas en coalición con fuerzas nacionalistas tras las elecciones del 28-A, debido al hundimiento electoral de Podemos y por la propia actitud de bloqueo parlamentario que anuncia parte de los independentistas catalanes. Un gobierno PSOE-Ciudadanos tras las elecciones generales del 28-A es el escenario más probable al que nos enfrentaremos.

Pero un gobierno así se traduciría en un capitalismo verde de corte socio-liberal. Muy liberal en muchas políticas: economía, trabajo, globalización, energía, cambio climático. Y más a la derecha en lo social. Estupendo para el mundo y para el 1%, pero fatal para el planeta, para los niños y para el 99% restante. Este parece que es el resultado más previsble de las próximas elecciones generales. Este resultado electoral que tendría consecuencias en el incremento de la temperatura del planeta y con él contribuiríamos a que este amento fuera de 3ºC o más. Pero si el resultado de las elecciones fuera otro gobierno tripartito de la derecha, con los xenófobos, machistas, homófobos y negacionistas climáticos de Vox apoyando desde el Parlamento o formando parte del Gobierno del Estado, volvemos al pasado y continuamos en el terreno del business as usual, y con él contribuiríamos a que este aumento de temperatura del planeta fuera de 5ºC o más.

Si analizamos los programas electorales de las distintas fuerzas políticas y las declaraciones de sus principales dirigentes nos encontramos con que:

VOX: Rocío Monasterio, una de las principales dirigentes de Vox, señaló que el cambio climático no es una amenaza, ni tan siquiera un riesgo, sino un «camelo», «un argumentario falso».

PP: Antepone todo tipo de intereses a  la protección del medio ambiente. Hay contraste entre sus promesas y las acciones del PP ejemplos de esto: la supresión de los incentivos económicos para la instalación de nuevas infraestructuras de producción de energía renovable y en conocido como impuesto al sol con el que prohibió el autoconsumo solar.

Ciudadanos: Apuesta por el fraking. Apuesta por la presencia del carbón en el mix energético y por combatir el cambio climático con el principio de quien contamina paga y sensibilización ciudadana. No hace referencia al tema nuclear.

IU a pesar de su compromiso con la protección y defensa del medio ambiente sigue siendo deudora de la hipoteca contraída con el sector del carbón; y las políticas económicas que tanto PSOE como Podemos proponen no alteran la lógica del sistema ni ponen en peligro sus fundamentos y con estas políticas contribuiríamos a un incremento de temperatura en el planeta de entre 2-3ºC. Dos grados, dicen los científicos, ya es un incremento no deseable. Y los efectos negativos del cambio climático serán mayores y ocasionarán más efectos negativos en los adolescentes y las mujeres.

Houston, tenemos un problema climático. Porque el clima tiene un comportamiento no lineal. Un aumento de la temperatura de 2° C no es el doble de virulento que uno de 1° C (que ya se ha producido), puede serlo varias veces más. Y un incremento de 3 o 4° C será letal para los seres humanos y para el planeta. Las consecuencias para el planeta y para los seres humanos y nuestra civilización se multiplicarán. Previsiblemente, dicen los científicos, se producirán catástrofes naturales, escasez de agua y alimentos, corrientes migratorias de una magnitud desconocida, y conflictos armados. Nos quedan 12 años para revertir el incremento y dar solución al problema del cambio climático.

Pero la insuficiencia de la acción climática puesta en práctica por los gobiernos, las trabas que pone la derecha y la negación de la realidad de la extrema derecha, no deben desincentivarnos en la lucha por dejar un planeta y un mundo mejor a nuestros hijos y a nuestros nietos. Debemos, por el contrario, tomar ejemplo de los adolescentes que faltan a sus clases y las mujeres, que salen a la calle a reivindicar sus derechos. Y como ellos y ellas, cada uno, debemos empoderarnos y exigir un planeta habitable y un futuro digno y lleno de igualdad. Y la primera prueba que tenemos por delante son las elecciones generales del 28-A. El voto a la derecha y a la extrema derecha ataca a nuestra supervivencia y a nuestra decencia. No lo podemos olvidar. Y las consecuencias de no prestar atención han de ser tenidas en cuenta. Muy en cuenta. No podemos escuchar los cantos de sirena. Nuestro voto, nuestra decisión, a partir de hoy, cuenta más que nunca. Supervivencia, igualdad y voto ya están ligados.

Extinción o rebelión

4 Mar

Dos escenas golpean mi mente esta precampaña electoral. Una es la de las derechas y la extrema derecha mintiendo sobre la ruptura de España, el supuesto golpe de Estado en Cataluña y el anuncio de un 155 más duro; replicada desde el Gobierno con la visita a las tumbas de Manuel Azaña y Antonio Machado, el intento de exhumación de Franco del Valle de los Caídos y la llamada antifascista de la izquierda. ¿Tiene sentido esta escenificación y este alboroto? La otra es la de las manifestaciones de jóvenes en Europa –también recientemente en España− exigiendo a los gobiernos que actúen contra el cambio climático, pues se quedan sin futuro. La respuesta de las derechas y de la extrema derecha ha sido: iros a estudiar. Son dos mundos en pugna: el de la depredación y el de la vida, que tienen dos lógicas diferentes: extinción o rebelión.

Esta visión refleja la dualidad del mundo actual. Hoy nuestro mundo ya no está solo. A partir de hoy el mundo –político, social, económico, humano en definitiva− tiene que aprender a con-vivir con el planeta. Con los sistemas que sostienen la vida: el clima, los ecosistemas, la biodiversidad, el resto de seres vivos, sin los cuales el ser humano y su mundo no pueden sobrevivir. Y tiene que aprenderlo rápido, pues no tenemos tiempo. El 1% rico, sin embargo, aspira a perpetuar la razón económica pura, el business as usal, sostener su modo de vida en islas de prosperidad, en burbujas aisladas que actúen como arcas de este sistema tecno-industrial explotador, sin importarle las consecuencias. Para ello ha establecido una «complicidad entre progreso y fascismo», que se ve con claridad a través de las narrativas y agendas del neofascismo, la Cuarta Revolución Industrial o los Objetivos del Desarrollo Sostenible, que en una nueva huida hacia delante siguen sin cuestionar las lógicas del crecimiento y la producción industrial. Lógicas que son apoyadas por todas las fuerzas políticas de Gobierno y aquellas que tienen representación propia en los parlamentos.

Hoy como hace 50 años la juventud está en la calle. Gritan que vivimos en emergencia climática, que no hay planeta B (1). Que no hay tiempo para esperar que ellos crezcan y actúen. Con un futuro achicharrado por el calor, la sequía, sin petróleo, con alimentos más caros, ¿¡para que van a estudiar?! Piden algo simple: que los científicos sean escuchados. Ante la política de la inacción climática y de la ilusión del crecimiento, en algunos países ha nacido un movimiento social denominado: «Extinción/Rebelión», que quiere activar a la ciudadanía y presionar a los gobiernos de todo el mundo con el fin de actuar urgentemente ante la emergencia climática. Es un movimiento de desobediencia civil, internacional, masiva y pacífica destinado a actuar «allí donde muere la esperanza» ante la parálisis y la inacción climática de gobiernos y poderes económicos.

Este movimiento ha publicado un manifiesto que dice: «La ciencia es clara, los hechos son incontrovertibles, y es inconcebible para nosotros que nuestras generaciones más jóvenes deban soportar la peor parte de un desastre sin precedentes de nuestra propia creación… Nuestro gobierno es cómplice de ignorar el principio de precaución y de no reconocer que el crecimiento económico infinito en un planeta con recursos limitados no es viable… Cuando un gobierno voluntariamente declina en su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos de daños y de asegurar el futuro para las generaciones venideras, ha fracasado en su deber más esencial de administración. El contrato social se ha roto y, por lo tanto, no sólo es nuestro derecho, sino también nuestro deber moral rechazar la inacción del gobierno y el flagrante abandono de sus deberes, y rebelarnos para defender la vida misma. Por lo tanto, declaramos nuestro apoyo a la Rebelión contra la Extinción. Respaldamos totalmente las demandas que solicitan al gobierno que se atreva a decir la dura verdad a la ciudadanía. Pedimos la puesta en marcha de una Asamblea Ciudadana que trabaje con la comunidad científica sobre la base de la evidencia existente y de acuerdo con el principio de precaución, desarrollar urgentemente un plan creíble para la rápida y total descarbonización de la economía».

Las viejas recetas ya no sirven. El lema: «vamos despacio porque vamos lejos», tampoco. Los jóvenes, las mujeres y los integrantes de este movimiento dicen lo mismo: cambiemos el sistema, no el clima. La gente con sentido común también. «Es hora ya de rebelarnos contra el control corporativo capitalista [multinacionales] que pone el beneficio económico a corto plazo por encima de nuestra propia existencia. Vamos muy tarde y estamos cerca de no llegar a tiempo.» Tenemos una oportunidad y una responsabilidad moral: encontrarnos en la Asamblea Ciudadana. Yo ya he dado el paso. Hazlo tú también. ¿Qué prefieres: extinguirte o rebelarte?

(1) Rap cpn letra de Emilio Santiago Muiño y Duarte Artabe

El voto verde es el voto útil

30 Nov

Hoy más que nunca el voto verde es el voto útil, tras la oposición de algunos ministerios a tramitar por la vía de urgencia la ley de cambio climático y la de transición energética, que se aplaza, optando el Gobierno por adoptar las medidas urgentes por decreto ley. Un parche, porque el cambio climático requiere una actuación transversal y sistemática, no actuaciones puntuales y aisladas. Hoy más que nunca se demuestra que el voto verde es el voto del sentido común, ante la insensatez e irresponsabilidad del Gobierno con la medida adoptada. Y en Andalucía, en las elecciones del 2D, el voto útil y de sentido común es el voto a Equo Verdes – Iniciativa Andalucía.

El voto a Equo Verdes – Iniciativa Andalucía es un voto útil porque va a dar voz en el Parlamento de Andalucía a quienes tienen el coraje y la responsabilidad suficiente para decir la verdad de lo que está pasando con el cambio climático y con todo lo que afecta a la gente. Va a dar la voz a quienes son capaces de subir a la tribuna pública —y a la vista de todos— proponer las medidas que es necesario comenzar a adoptar sin más dilación: cambiar el actual modelo fracasado por un nuevo desarrollo que nos ponga a la vanguardia; crear empleo digno sin explotar a las personas ni al medio ambiente; blindar los servicios públicos de educación y sanidad; luchar contra la exclusión, el machismo y el cambio climático; crear, en definitiva, una tierra de oportunidades que garantice nuestro presente, pero también nuestro futuro.

Las fuerzas políticas no ecologistas siguen apostando, mientras tanto, por dar continuidad a un sistema insostenible o se centran en lo social y desatienden lo medioambiental, en la ingenua creencia o la cínica manifestación de que esto se puede arreglar más adelante. Otros no salen de la apelación a la patria, como si ésta pudiera existir en un planeta agotado y colapsado. Todos dicen defender a Andalucía y a su gente, pero piensan en sus propios intereses.

Y mientras se agitan los espantajos de la ultraderecha y del desastre económico, se dice interesadamente que el voto a las fuerzas políticas que no tienen representación parlamentaria, es un voto tirado a la basura. Inútil.

Pero esta afirmación no es más que una trampa que se usa para conseguir —sobre el miedo de la gente de buena voluntad— un apoyo electoral que de otra manera no obtendrían quienes la utilizan, en vez de promover la explicación de las propuestas electorales de las distintas fuerzas políticas y el debate social de las mismas. Con este ardid el mal político traspasa el miedo al ciudadano. Es una trampa para mantener la desesperanza en la gente y hacerles creer que antes que abrir el voto a la ilusión y la esperanza, es mejor seguir como estamos y votar con la nariz tapada a quienes se han corrompido y han desilusionado a la gente.

El voto de esperanza es, sin embargo, el que deposita la ciudadanía en las urnas con la certidumbre que ese voto tiene sentido, con independencia del número de votos que obtenga la fuerza política elegida. Es el voto que testimonia el sentido común de esta época y que sirve para que otros ciudadanos y ciudanas puedan ver que éste existe y está presente en el panorama político y animarlos para que su voto en las próximas elecciones también sea de esperanza. Ilusionado. Es el voto del amor a Andalucía, al planeta y a su gente

Hoy no votar, no es una opción. El voto útil el 2D es el que apuesta por el futuro y la felicidad de todos. Es el voto a Equo Verdes – Iniciativa Andalucía.

Un futuro verde para Andalucía

26 Nov

El PSOE lleva 40 años gobernando en Andalucía. La izquierda no quiere hablar de los retos de este siglo para no perder votos. La derecha continúa su apuesta por la desigualdad, enzarzada, además, en la lucha por la hegemonía dentro de su espacio político. La ultra derecha reclama un retroceso histórico. Unos plantean el futuro como una continuidad de un presente insostenible y otros reivindican la imposición y la patria como fórmula. Pero ninguna de las fuerzas con representación parlamentaria plantea un futuro verde para Andalucía.

Una coalición en estas elecciones: Equo Verdes-Iniciativa Andalucía, concibe un porvenir donde se encuentran y aúnan la cultura y la tradición de Andalucía con la sostenibilidad y la innovación en Andalucía. Plantea ésta un compromiso desde la ilusión: cuidar a los andaluces y a Andalucía. Un compromiso que pone a las personas y el medio ambiente en el centro de la política, que gira sobre el sentido común y la ética.

Ante los retos y problemas que tiene Andalucía: desigualdad, cambio climático y capitalismo no democrático, repetir lo que no ha funcionado no es una opción.

40 años de fracasos del gobierno del PSOE en Andalucía han servido para perpetuar la precariedad económica y la desigualdad. Y con su negativa a crear una Consejería para la Transición Ecológica, hipoteca el futuro de Andalucía y de la gente que en ella vive al impedir que las políticas medioambientales atraviesen transversalmente todas las demás.

Tampoco sirve una izquierda que no es capaz de dialogar para formar alianzas y sumar mayorías con otras fuerzas políticas. Y sus propuestas —a pesar de las medidas correctoras que incluyen— justifican un sistema económico insostenible y perpetúan las desigualdades sociales, al permitir la apropiación de los recursos por una élite; acaban con los recursos naturales de todos; y no sirven para luchar contra el cambio climático.

La derecha del PP y de C’s no es la salida, pues son los representantes de la estructura de poder que nos ha metido en la actual situación. Su única propuesta es la petición de construir más infraestructuras por empresas privadas, la disminución de los salarios, la bajada de impuestos y la eliminación del estado de bienestar que hemos construido.

La ultra derecha, que intenta estar presente en el escenario político, se envuelve en la bandera y la patria, pide la desaparición de las autonomías, la derogación de la ley de memoria histórica y de violencia de género, la deportación de inmigrantes y el cierre de mezquitas. Es menos solución aún.

La coalición Equo Verdes-Iniciativa Andalucía está haciendo una campaña electoral desde la ilusión y el sentido común. Desde ella se plantea la necesidad de cambiar un modelo fracasado por un nuevo desarrollo que nos ponga a la vanguardia. Crear empleo digno sin explotar a las personas ni al medio ambiente. Blindar los servicios públicos de educación y sanidad. Luchar contra la exclusión, el machismo y el cambio climático. Crear, en definitiva, una tierra de oportunidades que garantice nuestro presente, pero también nuestro futuro, dado que no tenemos más patria que el planeta y sin planeta no hay Andalucía.

Cuidar el planeta es cuidar Andalucía. Y para cuidar Andalucía es necesario cuidar el planeta. Este es el compromiso de la coalición Equo Verdes-Iniciativa Andalucía. ¿El 2D se atreve a votar una opción que plantea algo nuevo y que funciona?

Artículo conjunto de Francisco Soler y Rafael Rodríguez de León

Cuando los meteoros ocultan el clima

13 Sep

Los cambios sociales globales que se están produciendo indican que la sociedad industrial se está desmoronando. No solo eso. Únase a ello el cambio climático y el avance tecnológico que está ocurriendo en los procesos productivos y se tendrá una radiografía aproximada de la agitación que recorre el mundo. La mayoría de los análisis que se están realizando, no obstante, utilizando una metáfora lingüística, son intransitivos. Subrayan los cambios desde la perspectiva de un solo núcleo. Las amenazas de este siglo, sin embargo, piden un análisis transitivo, es decir, de dos núcleos: sujeto (el ser humano) y objeto (biosfera), que ponga de manifiesto la inclusión del primero en el segundo y la interacción mutua entre ambos. Al no incluir las fuerzas políticas en su análisis la variable pico del petróleo y al considerar de manera insuficiente —diría incluso tramposa— la del cambio climático, la insostenibilidad del metabolismo de la actual sociedad industrial queda fuera del debate político y público. Al tiempo, la sociedad sigue en la ilusión del consumo. Y un superviviente de una unidad de operaciones especiales de los activistas clandestinos polacos —que participó en el levantamiento del gueto de Varsovia— nos recuerda una realidad que no debemos olvidar: «nunca os imaginéis que vuestro mundo no puede derrumbarse, como lo hizo el nuestro.»

Con los parámetros descritos el debate se centra, de manera inevitable, en la naturaleza financiero-económica de la crisis, cuando en realidad la misma es ecológica: proviene del descenso de la disponibilidad de energía fósil barata. Cuando alguien dice que las causas de la Gran Recesión son la deuda, la desregulación financiera, las hipotecas basura, la burbuja inmobiliaria, el riesgo crediticio, etc., éstos son factores secundarios que han reaccionado a una causa primera: la falta de petróleo barato suficiente para seguir creciendo[1]. Esta situación de escasez se originó a partir de 2002. La solución que se encontró entonces para seguir creciendo fue la deuda. Por eso deuda y falta de petróleo van de la mano. Y por eso la crisis no ha podido resolverse: porque no hay petróleo barato abundante. Y en diez, quince años (2025-2030, según la estimación realizada en 2015) puede no haber petróleo disponible para los que no lo producen. Con los datos y conocimientos actuales es difícil imaginar escenarios realistas —para dentro de una década— en los que el colapso del petróleo no vaya a tener lugar[2]. Pero estos escenarios, al estar fuera del debate político público, son una agenda que se mantiene opaca para la gente. Y nadie está haciendo nada.

La no inclusión del pico del petróleo en el análisis político, hace que el debate salga del eje productivismo/antiproductivismo, que es el que le sería natural, y se albergue en el eje izquierda/derecha, que es el de la pelea por l redistribución de la riqueza sin contemplar las limitaciones que nos impone la biosfera para su creación. El análisis y el debate se hace, por tanto, desde parámetros incorrectos, secundarios. Ante la escasez de petróleo el actual debate público no está siendo el de esos límites que tiene el planeta, la transición a una sociedad pospetróleo y la cantidad y forma de uso de los recursos. El debate continúa centrado en cuál es la mejor forma de mantener el actual metabolismo de la sociedad industrial.

De otro lado, la apuesta tecnológica que se hace para ello y la orientación de la economía a los servicios, ha permitido que los empleos menos cualificados sean ocupados por inmigrantes, que ofrecen su fuerza de trabajo por menos salarios y usan los servicios y beneficios que les brinda el Estado protector. Esta circunstancia ha creado un enorme malestar entre los trabajadores nacionales con menos formación y recursos, y ha provocado que depositen su voto a fuerzas xenófobas que culpan a la inmigración de todos sus males.

Únase a lo anterior las migraciones por causas climáticas —26,7 millones de desplazados anualmente según el informe Frontiers 2017 de la ONU— debido a las tensiones ecológicas que el cambio climático está produciendo en muchos territorios: sequías, descenso de la producción de alimentos, incremento de la violencia tanto en forma de exacerbación de conflictos existentes, como de aparición de otros nuevos.

El efecto que estas tres circunstancias —combinadas y no explicadas— está ocasionando, es un repliegue de las sociedades sobre sí mismas (nacionalismo), un despertar de  la pulsión xenófoba y una ruptura de la solidaridad intra e interclasista. Ha sucedido en Francia, en EEUU, en Alemania, en Reino Unido. En Polonia y Hungría los gobiernos nacionalistas e identitarios han reforzado su poder. En Austria e Italia, unos partidos vinculados al fascismo de entreguerras tienen un papel crucial en las respectivas coaliciones de Gobierno. La República Checa, Eslovaquia y Eslovenia cuentan con unos partidos de extrema derecha muy poderosos. En Suecia, Finlandia y Dinamarca se encuentran en la misma situación.

Hoy estamos en la fase que se puede denominar: ‘nosotros primero’. Pero cuando la crisis energética se agudice, este sentimiento se agudizará paralelamente. Su traducción en la práctica será nosotros primero segundo y tercero. Y este sentimiento se puede acentuar hasta llegar a ser: ‘nosotros somos los únicos.’ De esta manera, poco a poco, las sociedades humanas se pueden deslizar hacia las ideas de primacía natural, hacia esquemas de «pueblo dominador-animal de carga». Un ejemplo de ideas de supremacía —cercano en el tiempo y el espacio— es el actual Presidente de la Generalitat, para quien los españoles son «bestias con forma humana». Individuos «con un pequeño bache en su cadena de ADN»[3].

En un mundo que sufrirá cada vez más una escasez acusada de recursos, una pregunta me asalta: ¿el término ‘sustentabilidad o sostenibilidad’ podría resignificarse desde lo ambiental hacia una sostenibilidad humana, concebida como la correlación entre los recursos necesarios para sostener una vida humana de un grupo determinado y ciertas características del mismo, en el que no estarían incluidos los individuos calificados como «subhumanos», «bestias», ineficientes u otro atributo dirigido a dicho fin?

Una sociedad que cada vez puede ofrecer menos trabajo debido al avance tecnológico y con menos disponibilidad energética. Con menos territorio, alimentos y agua disponible en la medida que se agudice el cambio climático y un crecimiento de la población mundial que no se detiene[4]. Con migraciones climáticas que —según ACNUR— obligarán a dejar sus casas y trasladarse a otro país a entre 250 y 1.000 millones de personas en los próximos 50 años[5], si no se frena el cambio climático. Que algunos pidan una «gestión migratoria solidaria y profundización democrática», es como ponerse a tocar la flauta en el metro confiando en que los viandantes te echen unas monedas y que con ellas vas a solucionar unos problemas que requieren otro tipo de solución.

Los medios de comunicación son una herramienta que construye la realidad. Y hoy están actuando en modo Matrix, al mantener la ilusión de un mundo que no existe: energía abundante, crecimiento infinito, desarrollo sostenible, progreso ilimitado. Y muchos de ellos, además, ayudan a crear un mundo falso: la inmigración como culpable de todos los males. En este contexto el partido verde debe elegir, para el futuro, —usando palabras de Manuel Casal— entre ser parte del «1% que representamos la gente consciente del colapso para hacer que el 98% despierte y luche con nosotros para frenar a ese 1% que nos dirige al abismo». O legitimar la real politick cortoplacista de la izquierda —bajo la excusa de dar de comer a la gente— que acalla conciencias y demora la acción de la gente hasta el último minuto y no sirve para evolucionar un sistema ahogado en el consumo y por la contaminación. La gente no quiere escuchar la realidad antipática a la que nos enfrentamos. Pero en un clima general de evitación de la realidad para no perder algo: votos, influencia, dinero, alguien debe decir las cosas francamente, como realmente son.

Una de las causas que originan la demora antes señalada —entre las varias que concurren— es el reverdecimiento del programa neokeynesiano de la izquierda, con el marchamo verde que le otorgan las coaliciones con el partido ecologista. ¿Puede una fuerza política entregar, dilapidar, la confianza? ¿Hay algún tipo de táctica que lo justifique? El pico de petróleo ha llegado y el aspecto que tiene no era el que esperaba la mayoría de la gente. Es bastante más antipático. Y trae un regalo, no por esperado, indeseado: el cambio climático. Ningún líder ni ninguna política pueden cambiar lo que la física, la geología y la termodinámica han dictado para nosotros. Con ellas no hay negociación que valga. ¿Piensan las fuerzas políticas, entonces, seguir haciendo como que hablan del clima, cuando en realidad no dejan de hablar de los meteoros? La actual crisis de la civilización industrial no es solo una crisis de incremento de temperatura, de derretimiento de los polos o de subida del nivel del mar. Es sobre todo una crisis de exceso de emisión de CO2, de disminución de disponibilidad energética barata. Pero tambien es un reto que nos ofrece la oportunidad, aun en esta tesitura, de poder «vivir mejor cualitativamente o al menos no peor» que ahora. ¿Hasta cuándo piensan seguir las fuerzas políticas e instituciones de gobierno haciendo como que no pasa nada?

[1]Lo dice así de contundente Rankia, la web para los profesionales de la gestión patrimonial. https://www.rankia.com/blog/game-over/2611551-pico-petroleo-decrecimiento-colapsoUn buen ejemplo de ello es el comunicado de Attac Europa sobre el décimo aniversario de la caída de Lehman Brothers:  https://www.attac.es/2018/09/12/10-anos-despues-de-la-crisis-financiera-nuestros-dirigentes-nos-han-fallado-el-futuro-depende-de-nosotros/

[2] Los resultados muestran que una transición energética dirigida por la demanda, como las realizadas en el pasado, no parece posible: si las tendencias de demanda continúan se prevé una fuerte escasez antes de 2020, especialmente en el sector del transporte, mientras la generación de electricidad parece incapaz de cubrir la demanda a partir de 2025‐2040. Las actuales políticas conducen a un colapso energético global a mediados del siglo XXI por la incapacidad del sistema económico de adaptarse a los límites de los recursos naturales. Conclusión que se expone en el estudio: ”Agotamiento de los combustibles fósiles y escenarios socio‐económicos: un enfoque integrado”, Septiembre 2014, Iñigo Capellán‐Péreza, Margarita Mediavilla, Carlos de Castro, Óscar Carpintero, Luis Javier Miguel: a. Low Carbon Programme. Instituto de Economía Pública, Universidad del País Vasco. b. Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática, Escuela de Ingenierías Industriales. c. Departamento de Física Aplicada, Escuela de Arquitectura, Universidad de Valladolid. d. Departamento de Economía Aplicada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Valladolid.

[3] El pensamiento antiespañol de Quim Torra a través de sus artículos. El Periódico, 4.5.2018, https://www.elperiodico.com/es/politica/20180514/quim-torra-articulos-contra-espanoles-6817795

[4] Cuya cifra ahora es de 7.700 millones y se calcula que alcanzará los 9.700 millones en 2050

[5] Un dato para la comparación es el siguiente: la II Guerra Mundial ocasionó 60 millones de desplazados