Un futuro verde para Andalucía

26 Nov

El PSOE lleva 40 años gobernando en Andalucía. La izquierda no quiere hablar de los retos de este siglo para no perder votos. La derecha continúa su apuesta por la desigualdad, enzarzada, además, en la lucha por la hegemonía dentro de su espacio político. La ultra derecha reclama un retroceso histórico. Unos plantean el futuro como una continuidad de un presente insostenible y otros reivindican la imposición y la patria como fórmula. Pero ninguna de las fuerzas con representación parlamentaria plantea un futuro verde para Andalucía.

Una coalición en estas elecciones: Equo Verdes-Iniciativa Andalucía, concibe un porvenir donde se encuentran y aúnan la cultura y la tradición de Andalucía con la sostenibilidad y la innovación en Andalucía. Plantea ésta un compromiso desde la ilusión: cuidar a los andaluces y a Andalucía. Un compromiso que pone a las personas y el medio ambiente en el centro de la política, que gira sobre el sentido común y la ética.

Ante los retos y problemas que tiene Andalucía: desigualdad, cambio climático y capitalismo no democrático, repetir lo que no ha funcionado no es una opción.

40 años de fracasos del gobierno del PSOE en Andalucía han servido para perpetuar la precariedad económica y la desigualdad. Y con su negativa a crear una Consejería para la Transición Ecológica, hipoteca el futuro de Andalucía y de la gente que en ella vive al impedir que las políticas medioambientales atraviesen transversalmente todas las demás.

Tampoco sirve una izquierda que no es capaz de dialogar para formar alianzas y sumar mayorías con otras fuerzas políticas. Y sus propuestas —a pesar de las medidas correctoras que incluyen— justifican un sistema económico insostenible y perpetúan las desigualdades sociales, al permitir la apropiación de los recursos por una élite; acaban con los recursos naturales de todos; y no sirven para luchar contra el cambio climático.

La derecha del PP y de C’s no es la salida, pues son los representantes de la estructura de poder que nos ha metido en la actual situación. Su única propuesta es la petición de construir más infraestructuras por empresas privadas, la disminución de los salarios, la bajada de impuestos y la eliminación del estado de bienestar que hemos construido.

La ultra derecha, que intenta estar presente en el escenario político, se envuelve en la bandera y la patria, pide la desaparición de las autonomías, la derogación de la ley de memoria histórica y de violencia de género, la deportación de inmigrantes y el cierre de mezquitas. Es menos solución aún.

La coalición Equo Verdes-Iniciativa Andalucía está haciendo una campaña electoral desde la ilusión y el sentido común. Desde ella se plantea la necesidad de cambiar un modelo fracasado por un nuevo desarrollo que nos ponga a la vanguardia. Crear empleo digno sin explotar a las personas ni al medio ambiente. Blindar los servicios públicos de educación y sanidad. Luchar contra la exclusión, el machismo y el cambio climático. Crear, en definitiva, una tierra de oportunidades que garantice nuestro presente, pero también nuestro futuro, dado que no tenemos más patria que el planeta y sin planeta no hay Andalucía.

Cuidar el planeta es cuidar Andalucía. Y para cuidar Andalucía es necesario cuidar el planeta. Este es el compromiso de la coalición Equo Verdes-Iniciativa Andalucía. ¿El 2D se atreve a votar una opción que plantea algo nuevo y que funciona?

Artículo conjunto de Francisco Soler y Rafael Rodríguez de León

El rey está desnudo

5 Jun

Cuarenta y seis años después del establecimiento del Día Mundial del Medio Ambiente , el rey —el medio ambiente— sigue desnudo. Más que nunca. La amenaza al medio ambiente es económica y política. Pero el peligro proviene también de la indiferencia de una ciudadana adormecida por el consumo.

El medio ambiente lo amenazan los actos económicos que inciden directamente en él: un exceso de producción y consumo de bienes, que se traduce en más emisiones de CO2 y en un exceso de residuos ocasionados por la producción, que la biosfera no es capaz de absorber: carbono, plásticos, químicos.

Pero otras actitudes tampoco ayudan a salir del bucle destructor: el negacionismo climático del nuevo Presidente Norteamericano, fundado en absurdas teorías de conspiración comercial contra su país;  el auge de nacionalismos que han cruzado la frontera de la reivindicación de «lo nuestro», para defender la discriminación ambiental frente a otros: «nosotros primero»; el Tratado sobre la Carta de Energía —en constante ampliación—, que garantiza a las corporaciones poderes para frenar la transición energética  mediante mecanismos de protección de inversiones ISDS, que garantizan amplios derechos para demandar directamente a los Estados ante tribunales de arbitraje privados; un acuerdo de reducción de emisiones insuficiente para evitar que se sobrepasen los objetivos de reducción de emisiones, que eviten incrementos de temperaturas mayores de 2ºC en 2100; o la apuesta por la tecnificación de las soluciones al cambio climático y de la sociedad, la cual requiere una gran cantidad de energía. Ejemplo de lo primero es el Acuerdo de París y de  lo último la apuesta de los países de industrialización temprana por la geoingeniería.

¿Pero, por qué el rey está desnudo? El origen de esta impúdica desnudez está en el tedio —que es la condición moderna— que corroe nuestras sociedades, y que en sí mismo es una fuerza motora del consumo, pues la necesidad de aliviarlo promueve una búsqueda interminable de novedad y excitación. Ante la falta de estímulos, nos dice la psicología conductista aplicada a la conducta de los consumidores, los miembros de esta sociedad —azuzados por el márketing— buscan formas de consumo que proporcionen emociones que incrementen el nivel de excitación. Somos consumidores de placer. Y no podemos negamos nuestro chute diario de consumo/placer. El peligro de este enganche al consumo es que podemos desaparecer por el calenturón de temperatura que produce la sobredosis de producción que mantiene nuestro consumo.

A pesar de todo, sin embargo, encuentro algunos datos que me inducen optimismo. El Barómetro del CIS de noviembre 2016 nos dice que el 59,2% de los españoles está en desacuerdo con la afirmación que muchas de las amenazas al medio ambiente son exageradas. Y que el 51,7% está de acuerdo en hacer todo lo que es bueno para el medio ambiente aún cuando le cueste más dinero o le lleve más tiempo. Estos datos del CIS coinciden con los que presenta el estudio de la Fundación de Estudios Andaluces. En Andalucía el 54% de los individuos que están «muy en desacuerdo» con que las amenazas al medio ambiente son exageradas; el 50,3% está a favor de pagar precios mas elevados por el medio ambiente; y el 44,5% esta dispuesto a aceptar recortes en su nivel de vida.

Junto a estos datos pueden destacarse otros referidos a la conciencia ambiental de los andaluces, mi Comunidad Autónoma de residencia. Señalo algunas conclusiones de las encuestas:

El Ecobarómetro nos dice que los andaluces tienen una gran preocupación general por el medioambiente. Señalan igualmente que es una opinión muy extendida que el modelo actual de consumo de recursos naturales compromete el bienestar de las generaciones futuras (tres de cada cuatro andaluces opinan así).

Se percibe por éstos —en más del 80%— que la situación del medio ambiente a nivel del planeta no es buena.

Dos de cada tres andaluces consideran que el medio ambiente, lejos de ser un obstáculo para el progreso, es un activo para el desarrollo y el bienestar de Andalucía. Y más del 60% de ellos afirman que las políticas ambientales son un estímulo al desarrollo y a la innovación tecnológica.

Creen éstos que los ciudadanos tenemos mucho que decir en la lucha contra el cambio climático a través de sus actitudes y comportamientos y a través de sus prácticas cotidianas, para reducir las causas que lo provocan (la emisión de gases de efecto invernadero) y adaptarse a sus consecuencias.

Y a la pregunta que realiza la Encuesta sobre la Realidad Social de Andalucía: «¿qué deberíamos hacer» ante el cambio climático?, respondemos mayoritariamente (96%) que «deberíamos anticiparnos a las posibles consecuencias del cambio climático», así como que debemos «reducir el consumo energético».

Estos datos me inducen optimismo y me hacen confiar en que estamos despertando de la borrachera de consumo. En que los ciudadanos estamos pasando a la acción y vamos por delante de los gobiernos y las empresas. Y esta actitud no es solo patrimonio de los andaluces, sino que se extiende por doquier. Hemos comprendido los ciudadanos que no tiene sentido seguir no haciendo nada. Así cada día somos más los que no queremos seguir creyendo en el cuento que nos cuentan y gritamos: ¡el Rey está desnudo!