Docentes jubilados en Cantabria

6 Feb

El pasado viernes, 29 de enero, tuve la feliz oportunidad de participar en un doble homenaje. Uno de carácter genérico, ya que se celebraba el día del Docente en la Comunidad cántabra y otro más específico, ya que en el mismo acto se rendía tributo de gratitud y felicitación a los docentes que se jubilan en el presente curso, casi doscientos, aunque no todos presentes.

La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, responsable de la iniciativa y de su desarrollo institucional. tuvo el enorme acierto de elegir el Parlamento de Cantabria como escenario del acontecimiento. No había, a mi juicio, un lugar mejor. El Gobierno y el Pueblo tienen allí su epicentro democrático.

La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, responsable de la iniciativa y de su desarrollo institucional. tuvo el enorme acierto de elegir el Parlamento de Cantabria como escenario del acontecimiento. No había, a mi juicio, un lugar mejor. El Gobierno y el Pueblo tienen allí su epicentro democrático.

La autoridades políticas (Consejero de Educación que presidió el acto, Vicepresidenta del Ejecutivo y Presidenta del Parlamento), en su papel de representantes del pueblo, respaldaron con su presencia el acto y le imprimieron ese sello que la autoridad confiere a las actividades en las que cree. He visto muchas ausencias significativas y muchas presencias fugaces y meramente protocolarias. En una ocasión vi a una autoridad ¿educativa? dirigir a los presentes unas palabras de Clausura para un Congreso que se encontraba en el acto de Apertura. Las buenas y las malas actitudes se huelen. Algunas veces apestan. Dos presentadoras hilvanaron las diversas partes con soltura, eficacia y simpatía. La cultura de los detalles es fundamental en educación.

Los docentes jubilados eran protagonistas. Durante el acto se proyectó un interesante documento con testimonios autobiográficos de algunos homenajeados. La Consejería les hizo entrega de una bolsa con los correspondientes regalos y yo tuve el honor de añadir el minúsculo obsequio de un libro que publiqué el año pasado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) y que lleva por título “El Arca de Noé. La escuela salva del diluvio”. Dice García Márquez que un libro no se acaba de escribir hasta que no se dedica. Por eso escribí en la primera página: “A los docentes jubilados este año en Cantabria: Enseñar no es solamente una forma de ganarse la vida es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros”. Les dije que ellos habían salvado muchas vidas surcando el océano proceloso de la cultura neoliberal, que habían sorteado muchos escollos y atravesado olas gigantescas, consiguiendo que la frágil barca de la escuela no zozobrase. En ella habían salvado del diluvio de la ignorancia, de la insolidaridad y de la desigualdad a miles y miles de alumnos. ¿Cómo no sentirse orgullosos de ellos? ¿Cómo no expresarles gratitud después de tantos años de esfuerzo y de valerosa y hábil navegación?

Hablaron las autoridades con palabras certeras y sentidas. Uno nota con facilidad si los discursos están huecos o si, por el contrario, están llenos de sinceridad y de hondura. Uno nota si quien habla se cree lo que está diciendo.

Hubo también música. Excelentes interpretaciones del Dúo ARtCOS que arrancaron aplausos entusiastas. Es bueno que se mimen estos actos, que se ponga en ellos alma, que se elijan interpretaciones de calidad, que se de realce y visibilidad a lo que se hace. Los destinatarios y la causa lo merecen.

Y más música. Ahora de otro tipo. Música arraigada en la tierra cántabra, con guitarra y rabel de Chema Puente. Y el broche de una habanera que aspira a convertirse en himno de la bella ciudad de Santander y cuya estrofa central estuve tarareando el resto de la jornada. (¿Cómo era, cómo era, me pregunto ahora?). Hermosa canción, magníficos artistas.

En la Comunidad es ya una tradición este homenaje. Y lo es también la edición de un libro de hermoso título: “Vidas maestras”. Ya van 11 años. 11 ediciones. Se trata de una obra en la que se invita a participar a los jubilados. Los interesados escriben una breve biografía de su trayectoria profesional. Todas hermosas. Cada una peculiar. Es muy buena la idea de escribir. Porque ese pensamiento caótico y errático que tenemos sobre la educación, a la hora de escribir, tiene que ser disciplinado. Hay que poner unas cosas delante de otras, hay que estructurar, ordenar, explicar, argumentar… Y eso ayuda a comprender. Y, por supuesto, otros pueden leer. El libro está primorosamente editado con pastas y hojas de calidad y numerosas fotografías que encarecen y a la vez engrandecen la edición. Es hermoso leer esas trayectorias vitales. Ese tránsito del comienzo ilusionado hasta el final que acaban de tocar con la mano. Es hermoso compartir la experiencia.

Me concedió el Consejero veinte minutos. Sé lo cuidadoso (casi obsesivo) que es con el respeto de los tiempos. Y me dije: ni un minuto más, ni uno menos. Mi tarea consistió en cantar las excelencias de la profesión docente, en mostrar su decisiva importancia en la sociedad y, también, en hacer patentes las dificultades que sin duda existen. Y, cómo no, en agradecer y felicitar a los jubilados y jubiladas por el largo y decisivo trabajo realizado. No me cabe la menor duda de que Cantabria es hoy mejor por la tarea educativa que han realizado estos profesionales. Lo hice sustentando la alabanza en cuatro pilares fundamentales. Diré algo en cada uno que allí no pude decir, a causa de los límites de tiempo.

Ser docente es difícil. Porque la presión social es cada día mayor, esperándose de él, y exigiéndole incluso, que responda a todas las necesidades de formación: para la paz, para el consumo, para las nuevas tecnologías, para la imagen, para al seguridad vial, para el medio ambiente, para la sexualidad, para la convivencia, para los valores… Con parecida formación, peores condiciones y el mismo sueldo.

Ser docente es importante. Porque trabaja con “materiales” delicados, complejos, de altísima fidelidad, como son las ideas, las expectativas, las emociones, los sentimientos, las concepciones, las actitudes, los motivos, los valores… En otros trabajos, el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales, en ésta es quien más y mejor los libera. De esa tarea depende el futuro de los individuos y de la sociedad.

Ser docente es hermoso. Porque su tarea se destina a personas y se realiza en equipo, hecho que enriquece a sus miembros y multiplica la eficacia. No hay niño que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. Esta es la tarea más importante que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la mente y el corazón de las personas.

Ser docente es ser inmortal. Presenté algunos botones de muestra sobre las repercusiones beneficiosas de la tarea docente. Ahora añadiré otro que me brinda mi médica de familia en una carta que dirige a su profesor de Lengua y Literatura, recientemente jubilado. Una hermosa carta de la que extraigo este párrafo: “Porque aprendimos de él que una palabra es correctamente usada cuando comunica, dice, reclama, critica, apoya, consuela, discrepa argumenta enamora o maldice, como reconocimos en tantos textos que nos hizo desmenuzar como un azucarillo de café, para después beberlos a sorbitos durante el resto de nuestra vida”.

Hice una propuesta al final: que en la ciudad de Santander hubiese una CALLE DE TODOS LOS MAESTROS. Los que han sido, los que son y los que vendrán. Luego departimos animadamente al buen sabor de unos aperitivos y de un vino español. Honor, admiración y gratitud eterna a los docentes jubilados este año en Cantabria.

Desigualdades intolerables

23 Ene

Los datos son aterradores, insoportables, indignantes, vergonzosos, inadmisibles, crueles… Y así podríamos seguir hasta completar el espacio del artículo. Oxfam Intermón España acaba de publicar (18 de enero de 2016) un informe sobre la desigualdad en el mundo. El título del Informe es demoledor: “Una economía al servicio del 1%”. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La crisis económica está haciendo cada vez más patente esta realidad. Basten diez referencias para justificar la cadena de adjetivos que abren el artículo y para que veamos la magnitud del problema:

Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La crisis económica está haciendo cada vez más patente esta realidad.

1. 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial, es decir, más que 3.600 millones de seres humanos.
2. La desigualdad afecta de manera despropocionada a las mujeres: De esas 62 personas más ricas, 53 son hombres y 9 son mujeres. La mayor desigualdad de ingresos condiciona el acceso de las mujeres a servicios sanitarios, educación, participación en el mundo laboral y representaión en las instituciones. También se ha demostrado que la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor en sociedades más desiguales.
3. En España, el 1% más rico de la población concentra más riqueza que el 80% más pobre.
4. Desde 2010 los ingresos de la mitad de la poiblación se han reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 41%. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares.
5. La riqueza individual oculta en paraísos fiscales alcanza los 7,6 billones de dólares, lo que supone una pérdida de 190.000 millones de dólares más cada año en ingresos fiscales para los Gobiernos que se podrían destinar a la educación y a la salud de los más pobres.

6. La inversión empresarial en paraísos fiscales se ha multiplicado casi por cuatro entre 2000 y 2014, y supone unas pérdidas de al menos 100.000 millones al año para los países en desarrollo.
7. En Africa, el 30% del patrimonio financiero se encuentra en paraísos fiscales, lo que hace perder al continente al menos 14.000 millones de dólares al año en impuestos no recaudados. Esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria a madres y niños, lo cual podría salvar la vida de cuatro millones de niños al año, y permitiría contratar profesores para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.
8. En América Latina, la región más desigual del mundo, la evasión y elusión fiscal es también una de las causas es una de las causas ue favorecen la extrema concentración de riqueza. Se ha estimado que solo en 2014 la evasión en el impuesto sobre la renta y los beneficios empresariales costó a Latonoamética el equivalente al 4% del PIB de toda la región, más de 175 millones de euros.
9. 188 de las 201 mayores empresas del mundo están presentes en al menos un paraíso fiscal.
10. La inversión desde España hacia paraísos fiscales creció un 200% en 2015.
Los datos no pueden ser más escandalosos. Con el agravante de que el proceso es creciente, cada vez más acelarado, cada vez más intenso. Los datos nos abofetean sin compasión, pero existe una pasividad de los poderes públicos que resulta insoportable.

“Se ha hablado mucho de desigualdad, pero se ha hecho muy poco todavía. No podemos seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre cada día mientras que las élites económicas absorben los recursos que deberían ayudar a estas personas a tener una vida segura y digna”, explica José María Vera, Director General de Oxfam Intermón.

Eastoy de acuerdo. No lo podemos seguir poermitiendo. ¿Qué hacer ante esta realidad flagrante, ante tamaña injusticia, ante estas crecientes desigualdades que nos avergüenzan como miembros de la especie humana? El Informe ofrece algunas propuestas de interés a las que me remito. Ayer las comentaba en este periódico mi colega Pablo Castaño en su artículo “Vacuna contra la desigualdad”.

Lo primero que debemos hacer es estar informados, conocer estos datos, ser conscientes de su dimensión y de su alcance. Ser conscientes de que detrás de esas cifras hay personas que mueren de hambre mientras otras nadan en la abundancia y en el lujo. Es preciso conocer sus causas, los mecanismos que dan lugar a esa situación injusta. Debemos propagarlos, darlos a conocer, difundirlos. Convertirlos en una bandera. Llevarlos como se lleva un estandarte ante la consideración y la conciencia de la gente, de los políticos, de la sociedad.

En segundo lugar, hay que desarrollar un compromiso polìtico para tener gobernantes sensibles ante estas cuestiones, compromotidos con la lucha contra ellas. Hay opciones políticas más sensibles que otras ante la desigualdad. Pues bien, hay que votar a quienes tienen sensibilidad y programas contra ellas. Y hay que dejar de votar a quienes los incumplen.

Los polìticos tienen que querer y tienen que saber hacer. Existen muchas formas de entender la política. Nancy Fraser es una intelectual feminista estadounidense, profesora de ciencias políticas y sociales en The New School de Nueva York. Nancy Fraser habla de dos tipos de polìticas. Políticas de redistribución y políticas de reconocimiento. Ante las desigualdades descritas hacen falta polìticas del primer tipo. Entre grupos de pobres y de ricos, hay que distriubir. Hay también, dice, políticas de reconocimiento. Existen grupos que son tratados de forma injusta, por ejemplo, el de homosexuales y lesbianas y el de teherosexuales. Son grupos diferente naturaleza al de pobres y ricos. Para estos grupos hay que hacer polìticas de reconocimiento. Habrá también que emprender polìticas mixtas. Por ejemplo, en el caso de hombres y mujeres, como hemos visto, las mujeres reciben salarios discriminatorios.

En tercer lugar, hay que exigir de forma enérgica y urgente la desaparición de los paraísos fiscales. ¿Cómo es posible que la justicia no pueda entrar en ellos? ¿Cómo es posible que se tolere ni un minuto más este abuso? ¿Qué pensaríamos de un reducto en el que se pudiesen concentrar los teroristas, los asesinos, los violadores… y en el que la justicia tuviera la puerta cerada?

En cuarto lugar, hay que incluir en el curriculum de la educación estos problemas. Hay que estudiarlos, desmenuzarlos, analizar sus causas, conocer sus consecuencias… Y hay que generar actitudes de compasión hacia los desfavorecidos y compromisos eficaces contra la desigualdad.

En quinto lugar, es preciso pensar que las cosas son así no por designio de los dioeses, por la mala suerte o por la fatalidad de los hechos. Las cosas son así, pero podrìan (deberían) ser de otro modo. La realidad es ésta porque hay quien quiere que sea esta la realidad y porque hay quien la ampara, consiente o favorece. Nada es inocente. Se defienden teorías para mantener el statu quo porque supone una fuente de intereses. Estamos viendo cómo hay quien convierte la miseria y la desgracia de la crisis en beneficios que se multiplican sin cesar.
Es preciso terminar con esa actitud fatalista, resignada, pesimista, que se apoya en la idea de que las cosas son así, de que no pueden ser de otro modo. “Siempre hubo pobres y ricos”, ”las cosas son como son”, “a quien Dios se la da, San Pedro se la bendice”… La pobreza es para los ricos una ley de la naturaleza. Nada más lejos de la verdad y nada más cerca del interés.

El síndrome de Caperucita Roja

26 Sep

En este verano tan caluroso en el que los árboles casi han tenido que correr detrás de los perros, he leído, entre otros, el libro “Sé dónde estás”, opera prima de la escritora californiana Claire Kendal, educada en Inglaterra y actualmente profesora de  literatura inglesa y escritura creativa en el sureste del país. La novela cuenta una historia de obsesión patológica y de acoso sobre Clarissa, una hermosa joven que trabaja como administrativa en la Universidad de Bath. Se trata de un interesante thriler psicológico que te tiene sobrecogido de principio a fin.

A las mujeres se les inculca la idea de que siempre puede salir el lobo en el bosque de la vida. No deben llegar tarde a casa, no deben caminar solas por la noche, no deben estar en lugares de riesgo.

Cuando llego a la última página, tengo a mi hija al lado y vuelvo a pensar en la violencia tremenda de la que son todavía víctimas las mujeres en las sociedades androcéntricas como la nuestra. No hay día, no hay hora, no hay segundo en  los que no se produzcan hechos y no se conozcan noticias que ponen de manifiesto la discriminación. Desde muertes crueles a bromas soeces. Desde palizas horribles a desprecios cotidianos. Pero me quiero ceñir en este artículo de hoy a la violencia soterrada que le hace la vida más cuesta arriba a las mujeres

Francesco Tonucci y Amparo Tomé han publicado en Graó un hermoso libro titulado “Con ojos de niña”. Tonucci había publicado en solitario, treinta años antes, otra obra titulada “Con ojos de niño”. En este último se dice, citando a G. Belli: “Los hombres sangran por las guerras. Nosotras sangramos todos los meses por la vida”. Qué gran verdad.

Las niñas son víctimas especializadas en sufrir violencia. Hay muchas mujeres muertas a manos de sus parejas y muchas otras enterradas en vida. Sabido es que, durante siglos y aun hoy en algunos países, tener una hija es un castigo divino. El varón viene investido de un prestigio y de unos privilegios de los que carece la niña. Pero, vamos al grano: ¿cuáles son las formas subrepticias de discriminación a las que hacía referencia más arriba?  Veamos algunas, elegidas entre miles.

–       El síndrome de Caperucita Roja

A las mujeres se les inculca la idea de que siempre puede salir el lobo en el bosque de la vida. No deben llegar tarde a casa, no deben caminar solas por la noche, no deben estar en lugares de riesgo.

Se les explica que siempre están en peligro y que los espacios que ocupan siempre están amenazados por presencias hostiles. Las pueden robar, violar, secuestrar o matar. Nunca pueden estar seguras y tranquilas.

–       La esclavitud de la belleza

¿Quién no ha visto a muchas mujeres sometidas a la exigencia de ser atractivas, de estar delgadas, de mostrarse hermosas? A nadie se le oculta la cantidad de sacrificios que ese fin exige. Sacrificios en la alimentación, gastos en cosméticos, sometimiento a operaciones, compra de vestidos y joyas, tiempo dedicado al cuidado y al cultivo de su apariencia externa.

Las mujeres tienen que estar atractivas, tienen que mostrar una presencia deslumbrante. Para agradar, para ser valoradas y elogiadas. Es una servidumbre que no acaba nunca. Sobre todo, cuando hacen suya la exigencia. No hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido  (en este caso, la oprimida) mete en su cabeza los esquemas del opresor.

–        Expectativas recortadas

Hay menores expectativas de las familias respecto al porvenir de las niñas. Las oportunidades de las mujeres se recortan porque se formulan sobre ellas muchas profecías de autocumplimiento. Las carreras a las que se les  encamina tienen menor prestigio social, menor proyección y menor sueldo. Pienso en cómo todavía hay más enfermeras que enfermeros y más médicos que médicas, más maestras que catedráticos, más hombres que mujeres  pilotando un avión y más azafatos que azafatos sirviendo a los pasajeros

Sin embargo, cuando se han escolarizado en las mismas condiciones los niños y las niñas, éstas han conseguido mejores resultados. Pero luego se las traga la falla del sexismo.

Felicitaciones por perder

Hace unos años dirigí una tesis doctoral sobre el aprendizaje del género por parte de las niñas en una Escuela Infantil. La doctoranda (tristemente fallecida) pudo comprobar que las niñas eran felicitadas por ser perdedoras).  Cuenta en su investigación (publicada en Graó con el significativo título “Triunfantes perdedoras”) que un día estaban jugando niños y niñas al juego de las sillas. Todo el mundo lo conoce. Un número de niños y niñas dan vueltas alrededor de un número inferior de  sillas. Al interrumpirse la música, tienen que sentarse cada uno en una silla. Y, en una ocasión, se sientan en la misma silla un niño y una niña. Ella analiza la situación, cede su asiento y se va. La maestra le dice:

– Muy bien, las niñas ceden.

No es justo que feliciten a esa niña por perder. Podría muy bien haber dicho la profesora: “las personas ceden”, pero, ¿por qué las niñas? Las está educando para perder.

–        Mayores exigencias

Se les exigen a las mujeres mayores obligaciones familiares, unas respecto a la casa y otras respecto a los hijos e hijas. También respecto a los padres y a las madres. Son las madres quienes se dedican a cuidar a los hijos en el hogar y a los padres cuando se hacen mayores.

Se dirá que lo hacen por amor y que eso enriquece a las madres y a las hijas pero, si tan beneficiosa es esa actitud, ¿por qué no la adoptan también los vaones?

–        Doble moral

Se sigue aplicando una doble moral al comportamiento de hombres y mujeres. Baste ver cómo es calificada una infidelidad conyugal  según sea de la mujer o del hombre. O las múltiples conquistas amorosas y sexuales de unos y de otras.

Todavía siguen los jóvenes buscando parejas vírgenes mientras alardean de conquistas y experiencias sexuales.

Entre los jóvenes persiste esa perniciosa idea de que los varones tienen derecho a ejercer un control   y una vigilancia estrechos sobre sus parejas. Actitud que se entiende incluso como una tramposa señal de amor.

– Más dificultades, peores condiciones

En muchas culturas, las niñas tienen más dificultades para alcanzar el éxito en la sociedad. Bien se sabe que algunas hasta niegan a las niñas el derecho a la escolaridad. Y una vez que consiguen trabajo (de menor categoría casi siempre que el de los varones) cobran menos  que ellos por las mismas ocupaciones.

La novela que he leído me ha hecho sentir la angustia de muchas mujeres atenazadas por la presión  injusta de quienes las consideran simples objetos de deseo. Y  he  temido por mi hija Carla, por todas las niñas que conozco y también por todas las niñas del mundo.

Las mujeres han de ser las protagonistas de su liberación. Los demás, podemos echar una mano. Avivar el espíritu crítico, desenmascarar la falsedad, comprometerse con quienes por ser niñas están desfavorecidas, combinar políticas eficaces de distribución y de reconocimiento como plantea Nancy Fraser, potenciar la verdadera coeducación que ayuda a pensar y a convivir… Ese es el camino. Pues nada, a caminar.

Los mejores para el mundo

15 Ago

En uno de los muros del ITESO, una prestigiosa institución universitaria de Guadalajara (México) vi escrito un pensamiento admirable. Decía que en ella se pretendía educar no a los mejores del mundo sino a los mejores para el mundo. En ese juego de preposiciones se encuentra, a mi juicio, la clave de la educación. Y, muy especialmente, de la educación superior. La educción como un fenómeno que nos mejora y mejora nuestra sociedad y no como un recurso para poder aprovecharse de los demás y de las circunstancias.

Formar personas que sean capaces de entrar después de ti por una puerta giratoria y salir antes, nos lleva a un mundo en el que solo pueden vivir unos pocos.

La idea tiene que ver, repito, con la esencia de la formación.. Frente a la competitividad extrema que campa en la filosofía neoliberal, este bello y profundo pensamiento nos pone en la onda de la sensatez y de la ética. La racionalidad que exige de la adquisición del conocimiento un sentido y una finalidad beneficiosa y no dañina para la comunidad. Y la ética que supedita la acción a la esfera de los valores. La formación es como un cuchillo que se puede utilizar para matar o para salvar. En el ITESO se plantean la idea de formar a quienes salven al mundo y lo hagan habitable..

Enseñar a competir a cualquier precio nos lleva a la situación presente en la que es más importante ser el mejor de todos que ser el mejor posible. Formar personas que sean capaces de entrar después de ti por una puerta giratoria y salir antes, nos lleva a un mundo en el que solo pueden vivir unos pocos. Los más hábiles, los más fuertes, los más listos, los más ricos, los más sanos, los más poderosos… Formar a los mejores para el mundo significa que se prepara a personas capaces de respetar los valores, de tener solidaridad, de sentir compasión y de ayudar al prójimo.

La competitividad genera estímulo, pero puede generar también rivalidad, enemistad, ansiedad, odio, trampas e injusticia. Téngase en cuenta que se compite desde situaciones y capacidades y medios distintos. Téngase en cuenta también que si todos quieren ser el primero, solo uno no va a quedar frustrado,

Educar teniendo como lema ser el primero conlleva el resultado de que todos/as quienes no alcancen ese puesto van a ser unos fracasados.

La competitividad que se apoya en el relativismo moral, nos deja a todos maltrechos. A quienes pierden porque quedan destrozados, a los que ganan porque pervierte su espíritu si lo han hecho con trampas y a los testigos porque aprenden las malas prácticas de actuación.

Desde la filosofía de la competitividad los perdedores no tienen espacio. Solo se contempla a quienes suben al podio. Nada importan los que han abandonado la carrera, los que han quedado en los últimos lugares o los que ni siquiera han podido competir. Este es un mundo de triunfadores. Quien ha perdido, está perdido. No cuenta para nada su esfuerzo, su dolor, su inferioridad de partida, su mala suerte o su condición de víctima.

Hoy no se entiende la actividad sin la competición. Hay que ganar a los otros. Hay que ser mejores que los otros. Entre países, entre comunidades, entre instituciones, entre clases, entre alumnos, entre hermanos… Hay que ganar a los otros como sea. Vale todo pasta escalar unos puestos, para triunfar.

No se entiende el deporte sin ganar a los otros, no se concibe la enseñanza sin llegar a saber más que los otros, no se entiende la economía sin poder ganar más que los otros… Como sea. Por lo medios que sean.

Cuando se utilizan mediciones estandarizadas para la evaluación, lo que se busca es conseguir un puesto elevado en ranking, es decir tener muchos más debajo que encima. De tal manera que esas pruebas acaban convirtiéndose en el fin y no el medio para mejorar la enseñanza.

Nada se entiende sin competir. Tampoco en la vida cotidiana. Me contaba hace tiempo una mamá que iba en el coche al lado de su marido que lo conducía cautelosamente. El niño iba en silencio detrás. Y ya se sabe que, cuando los niños callan, es que algo están maquinando en sus cabezas. La mamá me dice que, de pronto, el niño se dirige a ella de forma agresiva y le espeta:

. Mamá, nunca podré entender cómo te has casado con un señor al que le adelantan todos los coches.

Ya dese pequeño el niño había aprendido que su papá no podía conducir para llegar a un sitio, sino que tenía que conducir para adelantar a otros, para no ser adelantado por nadie.

Poner el énfasis, como hace la institución a la que me refería al principio, en que la finalidad última de la formación es mejorar el mundo, hacerlo más habitable, más solidario, más justo y más hermoso, cambia por completo la perspectiva.

Cuando se pretende ser el mejor de todos se pone el foco en uno mismo, en las ventajas que tiene ser primero. En el prestigio que conlleva ganar y desbancar a los otros del podio. Cuando se pretende ser el mejor para todos, se está pensando en que ese conocimiento o esa destreza que se adquiere tiene que ponerse al servicio de la sociedad.

Sólo así podremos construir una sociedad cada vez mejor. Una sociedad en la que no solo quepan los triunfadores, los sanos, los fuertes, los ricos, los listos, los poderosos. José Antonio Marina tiene un libro que se titula Las culturas fracasadas. Sostiene en él la tesis de que fracasa una cultura cuando se vive en ella indignamente.

No conviene perder el rumbo aunque muchos señuelos nos tienten. Y el buen rumbo es saber preparar entro todos en la tierra un lugar donde todos tengan cabida. No solo unos pocos. El buen rumbo es preguntarse qué sucede con quienes Paulo Freire llamaba “los desheredados de la tierra”.

El hecho de que vayamos caminando hacia un mundo en el que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres resulta muy inquietante. Si los grandes triunfadores del sistema educativo, que son quienes gobiernan los pueblos, no son capaces de preocuparse de manera sistemática, concienzuda y eficaz porque se reduzca en el mundo el hambre, la opresión, la miseria, la ignorancia y la injusticia, ¿por qué hablamos de éxito del sistema educativo?

Creo que, en la formación, hay que buscar que cada uno llegue a ser el mejor de sí mismo, a alcanzar el mayor desarrollo posible con dedicación y esfuerzo. La pretensión no ha de ser conseguir superar al otro, ser más que él. Un buen criterio para saber cómo se han hecho las cosas en la formación sería preguntar a las personas para las que trabajan los profesionales. Hay profesionales que realizan su tarea para el exclusivo enriquecimiento, sin excluir la explotación y el engaño de los usuarios o clientes. Hay, por contra, profesionales que ponen su saber y su destreza al servicio de la comunidad.

El objetivo de formar a los mejores del mundo lleva aparejada una inevitable pregunta: ¿para qué? Es decir, una vez que sean los mejores, ¿qué van a hacer?, ¿en qué y cómo van a utilizar su conocimiento? La pretensión de formar a los mejores para el mundo lleva implícita la idea de que quien va salir beneficiado no es solo quien se forma sino todos los demás.

El desertor

8 Ago

El señor Ignacio Werz, ex ministro de Educación, Cultura y Deporte, ha abandonado el Gobierno por su propia iniciativa y, al parecer, “por motivos personales”. Cuando se hizo cargo de su cartera, se apresuró a eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía y a elaborar sin la menor negociación una ley que no recibió en el parlamento ni un solo voto de la oposición. Ni uno solo. Un modelo de diálogo, de consenso y de participación ciudadana. A nadie le gusta esta ley. Ni al profesorado, ni a las familias, ni a los estudiantes (hablo de mayorías, no de la totalidad, claro está). Creo que tampoco les gusta a muchos militantes y simpatizantes del gobierno conservador.

Y unos meses antes de acabar la legislatura pide largarse del Gobierno (esa es la expresión más ajustada a la realidad). Porque otra cosa es que lo hubiesen echado con cajas destempladas, como merecía por su gestión de la educación, la cultura y el deporte. No. El se va. Deja el pastel de olor insoportable sobre la mesa y se va. Se va incluso del país. Que otros se hagan cargo de la aplicación. Que otros saquen el carro del atolladero.

Cuando el país clama por el pacto en la educación, cuando todo el mundo sabe que es necesario llegar a unos acuerdos mínimos en cuestiones esenciales como es ésta, cuando hay una preocupación creciente por la conjunción de fuerzas que nos saquen de las evidentes limitaciones que tiene nuestro sistema educativo, se aplica la ley del rodillo y se impone un texto que es duramente criticado por expertos y profesionales. Participé en la elaboración y firmé el Manifiesto de Sevilla contra el primer borrador de la ley. Se tituló así: “Por otra política educativa” (puede consultarse en internet y  en la Editorial Morata). Hubo muchas otras manifestaciones en contra. Ni un solo cambio sustancial. Y, ahora, va el autor del desaguisado  y se nos larga.

El argumento de que puesto que hay problemas en el sistema educativo algo hay que hacer no puede ser más engañoso. Es como si dijéramos que puesto que el paciente tiene dificultades para respirar hay que hacer algo y decidimos cortarle las piernas. Algo había que hacer, sí. Pero no eso que usted hizo.

No debería ser necesario explicarle que no todo cambio es una mejora. Hay cambios que son claros empeoramientos. Más valdría no hacer nada que empeorar. Creo que es necesario hacer una crítica rigurosa sobre el sistema educativo. Creo que los profesionales de la educación deberíamos ser más autocríticos y exigentes. Se saben hoy muchas cosas sobre educación. Hay evidencias nacidas de la investigación a las que debiéramos sestar más atentos.  Hay experiencias aleccionadoras en otros países. No se trata de hacer por hacer, de cambiar por cambiar, de poner en marcha leyes impulsadas por la revancha ideológica o el prurito partidista.

El ex Ministro hizo una ley que paradójicamente se llama Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Educación (LOMCE). Digo paradójicamente porque pocos textos legales han atentado de manera más directa y negativa contra la calidad del sistema educativo.

En primer lugar porque quien impulsa la ley es el mismo Ministro que aumenta el número de alumnos por aula, establece reválidas, pone zancadillas a los desfavorecidos,  potencia la enseñanza privada, incluye la asignatura de religión en el curriculum con carácter evaluable, disminuye la participación de las familias en el Consejo Escolar, jerarquiza la dirección escolar, bendice la discriminación…

La contradicción no puede ser más flagrante. Una ley para mejorar la calidad que se convierte en un atentado contra la calidad. Porque no hay calidad sin equidad y no hay equidad sin atención a la diversidad. Y esta ley, que en alguna ocasión he calificado de cruel, acaba favoreciendo a quienes eran ya los favorecidos en la sociedad.

Como estaba obsesionado por la evaluación (aparece más de cien veces la palabra en el texto de la ley) quiero recordar al ex Ministro que más importante que pesar al pollo es engordarlo. Y que no es muy  ético tirar a la basura a los pollitos que no hayan dado el peso. Porque esos pollitos son los que no tienen en casa nada para comer.

Y unos meses antes de acabar la legislatura pide largarse del Gobierno (esa es la expresión más ajustada a la realidad). Porque otra cosa es que lo hubiesen echado con cajas destempladas, como merecía por su gestión de la educación, la cultura y el deporte. No. El se va. Deja el pastel de olor insoportable sobre la mesa y se va. Se va incluso del país. Que otros se hagan cargo de la aplicación. Que otros saquen el carro del atolladero.

Y ahí tenemos a las autonomías pidiendo el aplazamiento de la aplicación, negociando la implantación sin el menor entusiasmo. Y el señor ex Ministro en París disfrutando de la vida y de un premio por su nefasta gestión: embajador en la O.C.D.E.  Ironías de cierta política.

Tenían que haberle obligado a hacerse cargo del desarrollo de una ley que impuso contra el criterio de casi todos los agentes educativos (sindicatos, asociaciones de docentes, asociaciones de alumnos…), contra las manifestaciones reiteradas de la marea verde que defendía la escuela publica, contra manifiestos de intelectuales que empezaron a proliferar desde la aparición del primer borrador…

Este señor es un auténtico prófugo. O, mejor dicho, es un desertor. Porque él estaba ya en la causa. Él era la causa. Un prófugo o fugitivo es una persona que está huyendo, generalmente de la acción de la justicia, de alguna medida del gobierno u otra autoridad. Del mismo modo se denomina a la persona que elude un proceso de reclutamiento para el servicio militar.

En este último sentido, al contrario que los objetores de conciencia, los prófugos realizan una acción para eludir el reclutamiento, por lo cual su comportamiento suele considerarse delictivo; así mismo resulta perjudicial para la moral de los demás reclutas por la posibilidad de sentirse menospreciados si la conducta quedara impune.

Es para desanimar a sus correligionarios. Quien impulsa la ley, quien actúa como timonel de un barco que va a realizar una singladura, abandona la nave y se va a tierra firme. A petición propia. Ahí os quedaís.

Mientras todo el sistema educativo afronta el curso escolar 2015-2016 desde la incertidumbre, la resistencia o la indignación, el señor Wertz se pasea por el mundo como si no hubiera roto un plato. La permanencia en el cargo tendría muchas justificaciones, algunas lógicas, otras psicológicas.

–        Usted que lo ha ideado, póngalo en marcha.

–        Usted que nos metió en este lío, sáquenos de él.

–        Usted que creó el problema, resuélvalo.

Porque he de decirle que no he visto a nadie que defienda sus postulados y que se muestre entusiasmado con esta ley.  Por eso no le digo:

–        Usted que puso tanto empeño en crear la ley, disfrute  con nosotros poniéndola en marcha.

Un grupo de colegas ha trabajado intensamente en la elaboración de la bases para una nueva ley de educación, para una ley que parta de otros presupuestos, de otras finalidades, de otras concepciones, de otras actitudes ante la sociedad, ante la persona y ante la educación. Y que empiece por la discusión pública de lo que es público. Puede verse en el “Documento de bases par una nueva Ley de Educación. Acuerdo social y político educativo”.

Ahora que usted se ha nos ha fugado, ahora que usted ha desertado, acaso sea el momento para que todos nos pongamos de acuerdo en lo que es esencial para la mejora de la calidad de la educación en el país. No me gusta su ley. No me gusta tampoco esta huida  cuando todo lo que usted propuso está todavía sin hacer. Aunque, bien pensado, quédese donde está. Yo no le voy a echar de menos.