Un insulto peculiar

27 Ene

Me cuenta mi sobrino Alberto, que está viviendo ahora en  Dubai, en compañía de su pareja taiwanesa Angelina, que existe en Taiwan un curioso y significativo insulto que se utiliza en lenguaje mandarín. No conocía este hecho. Es más, nunca hubiera sospechado que pudiera existir. Cuando una persona se porta mal, cuando obra de forma injusta, descortés o agresiva, suele escuchar el siguiente insulto:

– Me cago en tu profesor.

Este insulto se convierte en un claro elogio a la profesión docente. Cuando la influencia beneficiosa del educador sobre el alumno no se ha producido, queda al descubierto su torpeza o su escasa competencia. Lo que quiere decir el insulto es que si ese profesional hubiera actuado bien, si hubiera sido competente, si hubiera cumplido con su misión, no se hubiera producido este mal  comportamiento en uno de sus alumnos.

Según me cuenta la pareja, la figura del docente es  admirada y respetada en Taiwan no solo de forma teórica sino también en la actividad de las escuelas y las aulas. Los alumnos manifiestan un respeto sincero y profundo hacia el profesor, le obedecen de buen grado y le muestran admiración y afecto.  El orden y el silencio que se necesitan para realizar un trabajo eficaz  y para que la convivencia escolar sea armoniosa florecen con espontaneidad gracias al reconocimiento y al respeto que  sienten hacia sus profesores y profesoras.

El docente es  allí una autoridad, una figura importante para la sociedad en general y para las familias, no solo para los alumnos y alumnas en las aulas. El reconocimiento social es una fuente de la que beben quienes atraviesan las etapas del aprendizaje escolar.

Este hecho singular me ha llevado a dedicar estas reflexiones a la necesaria valoración que ha de hacer una sociedad de aquellas personas que dedican su vida a la docencia. En una sociedad en la que quien tiene conocimiento tiene poder, el profesor es aquel profesional que comparte generosamente el conocimiento que posee.

Desde aquí quiero hacer una llamada de atención a los políticos para  que muestren, no solo en los discursos sino, sobre todo, en los hechos, una actitud  sincera, respetuosa y coherente, con los profesionales de la enseñanza. Escucharlos, entenderlos, satisfacer sus demandas y necesidades es un modo de reconocer la importancia de su labor. Creo que la política debería generar las condiciones para que sean seleccionados los mejores ciudadanos y ciudadanas del país para la tarea docente, perfeccionar su formación inicial  y  permanente y mejorar sus condiciones laborales.

La sociedad tiene que cuidar a los profesores de sus hijos e hijas. Tiene el deber de mostrarles respeto, gratitud  y afecto, Cuando fui miembro del Consejo Social de la ciudad de Málaga solicité de la corporación municipal que se dedicase una calle de la ciudad a los que habían sido, a los que eran y a los que serían en el futuro profesores de los niños y de los jóvenes. Una calle que llevase este nombre: “Calle de todos los maestros”. También solicité y se me concedió, que se dedicase, en algún lugar emblemático de la ciudad un monumento de homenaje a los maestros (y a las maestras, claro está).

Creo que las familias tienen un papel muy importante en  el necesario desarrollo de una actitud positiva hacia los docentes de sus hijos e hijas. Todas las piedras que tiran los padres al tejado de la escuela, caen irremediablemente sobre las cabezas de sus hijos.

Pienso que, entre nosotros, se ha deteriorado la relación  de apoyo al profesorado. El rigor y la exigencia que antes se manifestaban hacia los hijos se ha desplazado hacia los profesores. Recuerdo una viñeta que expresa muy  bien lo que estoy diciendo. Trata de reflejar la diferencia de actitud de la familia ante los malos resultados de una evaluación. Se ve a unos padres, bajo la fecha del año 1970, enarbolando el boletín de evaluación agresivamente y recriminando al hijo con estas palabras: ¿qué notas son estas? En la segunda, situada en el año 2020, los padres, agitando un boletín semejante se encaran con el profesor diciendo la misma frase: ¿qué notas son estas?

No digo que no se pueda criticar la actuación deficiente de los profesores. No solamente es deseable, es necesario para que se pueda  mejorar. Los profesores no somos infalibles. Tenemos que saber que una queja fundamentada es un regalo, que una crítica respetuosa es una ayuda. Lo que no  deben hacer los padres  es descalificar, despreciar, ridiculizar y desautorizar a los profesores.

Hay que acabar con la falsa idea  de que pueden dedicarse  a esta profesión las personas que no son capaces de desempeñar cualquier otra. Una maestra argentina me contaba que tenía una alumna que todos los días, cuando llegaba a casa, le decía a su madre:

– Mamá, no te puedes imaginar qué maestra más inteligente tengo este año,  es que es muy, muy inteligente. La más inteligente que he tenido.

La madre, replicó:

– No insistas, hija, No será tan inteligente si es maestra.

Este año, cuando mi hija se preparaba para la selectividad, conocí la reacción de unos padres que recriminaban a su hijo que quisiera estudiar magisterio, habiendo obtenido notas sobresalientes en el bachillero:

– Pero, hijo, ¿cómo vas a desperdiciar unas notas tan brillantes?  Elige unos estudios más importantes, más exigentes…

Nadie mejor que los padres y las madres puede inspirar una actitud de respeto, admiración y afecto hacia quien  enseña a sus hijos.

En la escuela pública a la que mi hija Carla asistió el año que vivimos en Golway  (Irlanda), existía una norma que considero muy hermosa: todos los días, al terminar las clases, los niños  y las niñas agradecían a los profesores todo lo que les habían enseñado. Cuando regresamos a España perdió esa costumbre en muy poquito tiempo.

Esta anécdota del insulto me lleva a pensar en el papel que tenemos los profesionales de la educación en la conquista  de la autoridad. Creo que nosotros tenemos que hacernos acreedores al apoyo, a la  admiración, al respeto de nuestros alumnos y alumnas, incluso al de toda la sociedad.

¿Y cómo podemos conseguir este apoyo incondicional? Creo que la  mejor forma de hacerlo es adquirir una competencia profesional elevada. Es decir, saber, saber, saber.  Y también saber hacer. Y, sobre todo, saber ser.  También es importante querer. “Esta profesión, dice Emilio Lledó, gana autoridad por el amor a lo que se enseña y el amor a quienes se enseña”.

Es necesario un compromiso con la tarea que nos lleve al trabajo intenso, al esfuerzo continuado y al ejemplo permanente. Bandura insistía en la importancia del aprendizaje vicario. “El ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestros alumnos con tanta fuerza, que les impide oír lo que decimos”, decía Emerson.

Hay, a mi juicio, formas equivocadas de conquistar el respeto.  Una de ellas es el autoritarismo. La imposición de un régimen que obedece al lema del “ordeno y mando”.  Ese régimen suscita  rechazo y miedo.  Cuando el alumno participa y decide, cuando se siente protagonista, cuando se siente respetado y querido,  cuando puede elevar la voz y se siente escuchado,  respeta y  aprecia  a quien le enseña. Lo cual no quiere decir que no haya exigencia y demanda del necesario esfuerzo. Un esfuerzo que surge espontáneo cuando las tareas tienen interés y sentido, cuando las relaciones están transidas de emoción y respeto.

La entonces Ministra de Educación Esperanza Aguirre tuvo la peregrina idea de proponer el uso de tarimas en las aulas con el fin de que esa diferencia física de nivel provocase el respeto al expresar que entre el profesor y los alumnos existe una distancia intelectual y social. Recordé entonces que Freinet quemó un día de mucho frío la tarima que tenía en el aula para mitigar el frío de sus alumnos. No creo que ese día Freinet perdiese ni un ápice de su autoridad. ¿Verdad, señora Aguirre?

Me gustaría cambiar el insulto con el que iniciaba el artículo por un elogio al profesor cuando las personas hacen algo bueno, cuando se muestran solidarias y respetuosas. Quiero decir que ojalá la sociedad sepa valorar la importancia que tienen los docentes en la formación de los ciudadanos y en la transformación de la convivencia. Como decía Paulo Freire la educación no cambia el mundo, forma  a las personas que van a  cambiar la el mundo.

22 respuestas a «Un insulto peculiar»

  1. Muy Buenas Miguel Ángel!
    Compartimos en este desayuno donde familia y escuela dialogan el homenaje merecido a la profesión docente; como decía aquel… es justo y necesario amén que haya socialmente un reconocimiento más explícito.
    Tengo la suerte de participar en un programa de formación de tutoras de la ESO y siempre en las introducciones antes de las dinámicas hago un gesto con la mano hacia arriba donde señalo “donde están las neurocirujanas” y después por encima hago el gesto donde están ellas “la labor de las tutoras y tutores” que no solo son maestras sino que además
    tienen la responsabilidad de la tutoría.
    No ni ná!
    Es gracioso que ya por los pasillos alguna me ve e inmediatamente levanta la mano y dice cirujanas y por encima tutoras. Es esencial y clave el reconocimiento social pero debe comenzar también por ser consciente los docentes de la enorme labor que hacen.
    Mil gracias por todas las coordenadas que en tu artículo comentas…son ya para una tertulia con tiempo.
    Abrazos sinceros 4×3

    • Querido Miguel, querida Gema, queridos chicos:
      Qué hermosa recompensa encontrarme cada mañana de sábado con vuestro hermoso comentario escrito después de leer el artículo en comandita.Cuando me preguntan si escribo gratis, siempre digo que no.Este es un premio más que suficiente. Un premio extraordinario. Gracias.
      Cuando Alberto me contó esta historia supe de inmediato que aquí había un artículo interesante. Porque en la historia se ve cómo una sociedad reconoce la importancia de los profesionales de la educación.
      Hay que aprender de lo bueno que se hace en cualquier parte delmundo.no hay resquicio de aprendizaje que no debamos aprovechar.
      Simpático y significativo¡ gesto el que utilizas con los tutores y las tutoras. Para copiar también.
      Un gran abrazo andaluz.
      MÁAS

  2. Querido Miguel Ángel:
    Hermoso artículo sobre la docencia.
    Hoy seré muy breve. Ojalá los españoles y muy españoles estuviéramos abiertos al buen hacer de otra naciones y culturas, mejor nos iría.
    Un gran abrazo y saludos a todos.

    • Querido Joaquín:
      He aquí otra de mis recompensas que me anima a seguir escribiendo.
      No solo por la amabilidad de haber leído el artículo sino también por el comentario (corto o largo, es lo mismo) que subraya, analiza o apoya el contenido del texto.
      Ah, si cultivásemos esa capacidad de aprendizaje de lo bueno que se hace por el mundo para valorar y honrar esta profesión.
      Y para recuperar algunas actitudes que nosotros también hemos practicado.
      Un abrazo enorme, queridos amigos.
      MÁS

    • Querida Esther Moreno:
      Gracias a ti, por leer y por enviar este breve y, a la vez intenso, comentario.
      Somos muy poco dados al aplauso. Nos entregamos fácilmente a la descalificación.
      Por eso son de agradecer tus emotivas palabras.
      Besos.
      MÁS

  3. Hola Miguel Ángel.

    Empiezo por donde tú terminas “la educación no cambia el mundo, forma a las personas que van a cambiar la el mundo”. Se dice que hemos progresado y en muchos aspectos es a mejor, pero en otros muchos la sociedad va a peor. La autoridad se ha perdido no sólo en el magisterio, en los centros de salud y en los hospitales hay que poner servicios de seguridad no vayan a darle una paliza al médico o a la enfermera de turno, y qué me dices de los agentes de seguridad (policía, guardia civil, policía local…)…

    El mundo de finales del siglo pasado es muy distinto al actual, la consideración que tenían las familias al maestro/a (me gusta más ese nombre que el de profesor) ya no se tiene, el miedo que le teníamos a muchos maestros/as (todavía recuerdo los palmetazos, tirones de pelos o guantazos que me he llevado en mi etapa de escolar y no fui un chico indisciplinado), tampoco se tiene en la actualidad. Frente a los abusos de otros tiempos la balanza se ha inclinado en el sentido contrario…

    Una sociedad como la que vivimos que prima el egoísmo personal, el individualismo, el dinero, el placer inmediato, el mínimo esfuerzo, … es un potente condicionante para la la labor del maestro/a (ya no digo nada del poder de los medios de comunicación como en muchas ocasiones te has referido). De ahí que ese cambio del mundo desde la escuela se me antoja bastante complicado.

    Y en cuanto al magisterio… dejándose de corporativismo, hay que decir que hay de todo, malos docentes, grandes docentes y los malos docentes como yo que intentan hacerlo lo mejor posible. Lo peor de todo es que no se atisba mucha mejora en lo que va entrando nuevo.

    El otro día leí en una red social algo así: “Malditos maestros. Ellos son los culpables de todo. Pobres alumnos. Y firmaba como “maestrofobia”… Este no tira piedras sobre el tejado de la escuela, lanza misiles Tomahawk…

    Todo venía a cuento de un artículo de la Vanguardia que titulaba así “La baja formación matemática de los maestros lastra el nivel de los alumnos”. En él se hacía alusión a que los estudiantes de magisterio llegaban a la carrera con poco nivel en esta materia y que durante su periplo universitario solo recibían enseñanza en matemáticas por valor de 18 créditos. Yo me atrevería a decir que esto no sólo pasa en matemáticas sino en muchas otras materias curriculares.

    Llevo casi 20 años preparando a opositores de Educación Física y veo que no tienen una preparación mínima sobre lo que es la especialidad ni para ser un maestro generalista. Si para ser maestro hay que pasar ineludiblemente por magisterio está claro que los planes de estudios distan mucho con la función que se espera que desarrollen en la escuela.

    Por otra parte, no basta con saber, sino que hay que saber enseñar. Muchos expertos en matemáticas de secundaria (y estos seguro que han tenido muchos más créditos en su materia durante el periodo de formación universitaria) no saben transmitir sus conocimientos a su alumnado. Recuerdo mi periplo por el BUP en donde las matemáticas me sonaban a chino mandarín y en COU tuve una profesora que me lo explicaba todo tan claro como el agua cristalina.

    Está claro, a mi juicio, que el proceso de selección de los docentes, en todas las etapas educativas, desde infantil a la universidad, requieren de una formación específica y un proceso de selección más riguroso en donde entren aquellas personas que sepan, que sepan hacer, sepan ser y, por descontado, que quieran su trabajo y que quieran hacer lo mejor posible el mismo.

    Jamás que cagaré en ti, al contrario, gracias por tus enseñanzas.

    Un abrazo.

    • Querido Juan Carlos:
      Se nota que escribes desde dentro de la profesión. Y, más todavía, desde la parte buena de la profesión.
      Estoy de acuerdo en que en algunas cuestiones se ha producido un retroceso. El problema reside en que, a veces, se pretende recuperar el terreno perdido por caminos que no llevan al lugar deseado. Ahí está la solución de las tarimas para recuperar la autoridad.
      Como profesor de una Facultad de Educación tengo que reconocer que tenemos mucho que mejorar. Cuando me dicen, como tú también sugieres, que las nuevas generaciones
      dejan mucho que desear, me echo a temblar. Porque, ¿qué vida le espera a un joven que ya está cansado, que es un mercenario? Y, sobre todo, ¿qué le espera a sus alumnos y alumnas hasta que se jubile?
      Hay que reflexionar sobre todas las etapas del proceso: la selección, la formación inicial, la formación permanente, el ejercicio profesional, el papel de los medios, la participación de las familias…
      Pero, claro, para ello es necesario pensar que se trata de una cuestión decisiva par la sociedad.
      No creo que tú seas un mal docente que quiere hacerlo bien. No. Por lo que te conozco, creo que eres del montón, pero DEL MONTÓN APARTE. Es decir de los que desearía tener todos los alumnos.
      Es curioso, aunque en aquellos años de nuestra formación se daban palmetqzos y castigos físicos, yo tuve la suerte NO SOLO DE NO RECIBIR SINO DE NO SER TESTIGO DE ESOS COMPORTAMIENTOS VIOLENTOS. Me salvé de la quema. En ese terreno sí hemos avanzado. Hoy no se toleraría un castigo físico.
      Gracias por tu comentario que es un artículo con mucho contenido.
      Un gran abrazo.
      MÁS

  4. Querido Maestro:
    !A mí siempre me ha gustado ser maestra!
    Aunque también le digo que sí pudiera volver atrás apreciaría más el tiempo que estuve en activo.
    Ahora desde la perspectiva de los años y de los daños, siento nostalgia de lo que pudo haber sido y no fué.
    Creo que el mejor acierto es sentirse portador de conocimientos, de paz y de bien.
    Y esa fué mi andadura, facilitar y transmitir a los alumnos el amor de la profesión.
    En cuanto a ejercer autoritarismo nunca ha sido mi manera de proceder.
    Quizás porque ese fanatismo, ese atroz poder lo he vivido y padecido en el ámbito familiar.
    El ordenó y mando me produce una auténtico terremoto existencial.
    Unos recuerdos vividos de un mal proceder que a toda costa tenía que rechazar.
    Una vida llena de maltrato auténtico, dónde por ende tendría que haber amor sin igual.
    Una cabeza llena de ilusiones y de ganas de superar todo ese ingrato malestar.
    Ahora, que no ejerzo mi profesión por mi edad, le digo que me siento más maestra que nunca, con muchas ganas de aprender y de vertir mis sentimientos a todos los que se acerquen a mí.
    !Siempre sentí recompensado el amor que ofrecí!
    Y ya sin más me despido con un fuerte abrazo para todos.
    !Qué la semana sea plácida, amable, feliz y leve!
    Muchos besos.

    • Querida Loly:
      Conozco tu amor a la profesión.
      No se puede volver atrás.Por eso lo saludable es dar por bueno lo vivido.
      Es mejor analizar la vida desde la perspectiva de los años y no de los daños. Esa perspectiva nos permitirá reconocer no solo los dolores y los fracasos sino las alegrías y los éxitos.
      También conozco esa parte de tu vida que te ha supuesto tanta frustración, pero es muy bueno utilizar ese sufrimiento en un camino de superación y de fortalecimiento.
      Sé que con tu actitud has conseguido superar la adversidad.
      Que tengas una feliz semana.
      Gracias y besos.
      MÁS

  5. Querido Miguel Ángel:
    Tema intenso el de esta semana, y con demasiados prismas desde el que analizarlo.
    El respeto es algo que debe ganarse cada persona, al menos eso creo yo, pero el reconocimiento a las labores que desempeñan los profesionales creo que es algo que se debe potenciar por parte de la sociedad y los poderes públicos.
    Es curioso que la profesión docente en nuestro país no goce del prestigio que sí tiene en otros países, teniendo en cuenta que todos sus habitantes pasan un tiempo muy considerable de su vida en él, sea cuan sea la profesión que tengan cuando sean adultos.
    Si a la falta de prestigio le sumas el salario…los padres tienen la ecuación perfecta para seducir a un hijo o hija brillante para que dirija su mirada profesional hacia otro horizonte.
    Quizás políticas encaminadas a fortalecer esas debilidades no estarían de más para dignificar una profesión tan digna, apasionante y fundamental.
    Un abrazo y muchas gracias
    María Ángeles Peláez

    • Querida María Angeles:
      Interesante comentario. Con sugerentes reflexiones y propuestas inteligentes.
      Es verdad que las personas pasan una parte muy importante y extensa de la vida dentro de instituciones educativas.
      A veces se manejan con demasiada frivolidad e imprecisión los datos de evaluaciones internacionales PISA, por ejemplo. Los titulares son tramposos, demagógicos y falsos. España es el furgón de cola, Tenemos los peores resultados… No es verdad.
      Como dices, el prestigio de la profesión lo tenemos que ganar pero también se puede favorecer con medidas políticas y actitudes sociales.
      Creo que las familias son un elemento fundamental en ese reconocimiento. Lo sabes tú muy bien.
      Muchos besos.
      Me alegra verte por aquí.
      Gracias por tu aportación, siempre enriquecedora.
      MÁS

  6. Estimado Miguel Ángel :
    Excelente artículo al que, un poco largo, definiría o subtitularía, algo así como :
    “De cómo un buen maestro, a partir de un insulto peculiar, extrae un certero análisis de las distintas valoraciones que damos a los educadores, según las distintas culturas y épocas”.
    Yo tampoco hubiera sospechado que, en otro país, se aludiera directamente a la importancia del docente en la formación, cuando aquí estamos acostumbrados a oír el insulto dirigido al padre o la familia (incluso ya fallecidos, como el recurrente “tus muertos”), aunque también tienen que tener su correspondiente cuota en la coeducación.
    En nuestro ámbito social y político, parece que no tenemos en suficiente consideración a los docentes, ni su importancia en el devenir del individuo y la sociedad en la que tendrá que desenvolverse.
    Así, todavía persiste en la memoria aquel dicho de”pasar más hambre que un maestro de escuela”, señal del poco valor que se daba a su profesión, hasta no hace tantos años.
    Incluso existe un calificativo en la zona noroeste, Galicia especialmente, que aludía al sueldo que recibía el maestro por alfabetizar a un hijo : “maestro de ferrado”, que en otras zonas podría equipararse a “maestro de celemín”, por ejemplo.
    Ocurría que la falta de financiación y previsión de las administraciones, para dotar las escuelas y educadores, sobre todo entre las clases bajas, obligaba a las familias que juzgaban importante una mínima educación para sus hijos, a contratar por su cuenta a un enseñante (muchas veces sin estar siquiera titulado), que recibían como pago un “ferrado” de cereal por enseñar al alumno, básicamente a leer, escribir y la aritmética elemental.
    Hay que aclarar que el ferrado es una unidad de capacidad para cereales, que suponia aproximadamente entre 12 o 18 kg., según el tipo de grano acordado.
    Desde la perspectiva actual, podemos ver la poca consideración que tenía la educación, pero también el esfuerzo que suponía para las familias, generalmente con muchos hijos, alfabetizarlos en épocas de hambre y miseria.
    Coincido también con la intención del chiste gráfico : Los niños de los 60 o 70, notábamos la consideración de, por lo menos, respecto que tenían nuestros padres hacia la figura del maestro, el médico o las personas mayores. No nos servía el “es que el profe me tiene manía”, porque la respuesta podía ser “muy bien, vamos a ver al profe y que dice de porqué te tiene manía”.
    Creo que ahora, se ha pasado del todo a la nada en la consideración de esas profesiones, independientemente de las excepciones que confirman la regla.
    En fin, gracias por sustraernos de la diaria rutina, con tan enriquecedoras cuestiones.
    Un abrazo, maestro.

    • Querido Ángel:
      Es un lujo tener comentaristas que enriquecen, aclaran, mejoran y a veces corrigen el artículo.
      Sí, es conocido el dicho de pasas más hambre que un maestro de escuela. En algún artículo conté que una familia llevó al maestro una cesta con patatas porque NO LAS HABÍAN QUERIDO COMER LOS CERDOS.
      También es muy oportuno lo que comentas del pago que se hacía a los maestros con cereales, ya que no apenas si cobraban para poder comer.
      Ahora estamos mejor, pero todavía hay muchas que mejorar en todas las fases.
      a. En los procesos de selección
      b. En la formación inicial
      c. En la formación permanente
      d. En la organización de la actividad
      e. En el tratamiento de la sociedad
      f. En el trato que reciben de los medios de comunicación
      g. En la forma de participación de las familias
      Y, sobre todo, creo que los profesionales tenemos que mejorar nuestra práctica y nuestras relaciones porque somos nosotros quienes podemos ganarnos la autoridad que genera respeto, afecto y admiración.
      Gracias a ti por tu interesante aportación.
      Un gran abrazo.
      MÁS

  7. Queridísimo Profesor:
    Me ha encantado su artículo, su reflexión, sus citas en especial la de Emilio Lledó, permítame que la repita cambiándole el adjetivo demostrativo por otro adjetivo pero esta vez posesivo de primera persona:
    «Nuestra profesión gana autoridad por el amor a lo que se enseña y el amor a quienes se enseña».
    ¡Muchísimas gracias querido Profesor por haber enseñado tanto y a tantos y seguir cada sábado!.
    Un abrazo.

    • Querido Mille, querido tocayo;
      Gracias a ti por la lectura de este artículo y por tu comentario.
      Me parece bien el cambio que has introducido en l cita. Es nuestra profesión.
      Sigo cada sábado porque hay lectores y lectoras que se asoman a este blog y que lo mantienen vivo con su participación.
      Un gran abrazo.
      MÁS

  8. Parece increíble lo que ha surgido de un simple insulto. Porque ha surgido un artículo precioso sobre l necesidad de que nuestra sociedad valore la tarea de los educadores.
    Y para que los políticos cuiden el ejercicio profesional y la selección y formación de los docentes. Y para que las familias a¡colaboren con la tarea. Pro, sobre todo, para los docentes seamos buenos profesionales. Dichoso insulto.

    • Querida Marta:
      Gracias por tu comentario.
      Sí, el insulto fue el detonante que me llevó a la redacción del artículo.
      Es muy significativo que una sociedad de tanta importancia a la actuación de los profesores.
      Cuando escuché a mi sobrino el comentario sobre ese insulto creí que era una una buena oportunidad para elaborar el texto sobre la importancia de la tarea de los profesores en esta sociedad un tanto desquiciada.
      Besos y gracias.
      MÁS

  9. Un buen alegato sobre la necesidad de que se valore la tarea de los profesores y de las profesoras.
    Y quiero subrayar lo que dices sobre la forma de ganar la autoridad desde ejercicio de la profesión.
    Creo que cuando el profesional es competente, optimista, generoso y amoroso, tendrá casi de forma automática el respeto y la gratitud de sus alumnos y alumnas.

    • Querida Marta:
      Haces bien en poner el acento donde más falta hace.
      Es muy difícil pedir respeto para un docente déspota, incompetente, autoritario y perezoso. Y mucho menos pedir admiración y cariño para quien trata a los alumnos y alumnas con dureza e, incluso, con desprecio.
      De todos modos, está bien interpelar a políticos, familias, ciudadanos y ciudadanas sobre la necesidad de cuidar a a quienes han encomendado la decisiva tarea de enseñar a sus hijos e hijas.
      Besos y gracias.
      MÁS

  10. Estimado Miguel:

    Muy buenas tardes por acá en Chile.
    Mis disculpas por no haber escrito mi comentario habitual a tus editoriales de este blog, pero estoy en las últimas semanas de actividad administrativa académica, que a veces llega a ser tan extensa que demanda el doble de tiempo.
    Hoy dispongo de unas horas para mí y quise compartir algunas reflexiones después de haber leído lo tuyo.
    Parto por una pregunta que siempre me hago comparando vivencias de mi madre y la importancia que se le da en algunas culturas a la docencia.
    ¿Cuándo nos perdimos?
    En mi país, desde que el mundo neoliberal nos absorbió, la educación pasó a ser un bien de consumo, algo que los economistas verdaderos debieran gritar de inmediato aberración.
    Junto con eso, las tradicionales profesiones fueron las que marcaron la excelencia, pero eso está estrechamente ligado a las expectativas económicas, es decir, cuánto se ganará una vez concluida la carrera. Es así como Medicina, Abogacía o Derecho, Ingeniería Civil, Arquitectura, mandaron en cuanto a la generación de ingresos. La Pedagogía, era casi un oficio, que además tenía como público objetivo, todo aquel que no quedaba en otra carrera, ósea, ni siquiera era opción, era para aprovechar el tiempo.
    Siendo alumno de 3 er año de medicina realicé clases de refuerzo en ciencias de la biología, los alumnos de lo que llamábamos pedagógico, eran alumnos con pensamiento crítico, actores de lo que se estaba gestando socialmente, conocedores de la educación cívica, pero eso duró hasta el año 73. Desde ahí en adelante, todo fue intervenido militarmente, se eliminó la voz disidente, yo fui tildado de “intelectual peligroso”. Cuidado que piensa, ese era mi pecado.
    Después de esto que indico, es muy difícil encontrar en la educación de hoy, docentes, que vibren, tengan pasión, abnegación, dedicación y sobretodo compromiso por el trabajo bien hecho.
    Si agregamos a esto, la cultura que impera hoy, es una cultura de la individualidad, de la agresividad, de muerte, es imposible pensar que al referirse a un profesor se haga con respeto, con dignidad y con admiración. Sin embargo, todo aquel que mira por sobre el hombro, que emite un descalificativo para referirse a la profesión, olvida que aprendió a leer de un maestro (a), que cursó sus niveles educacionales básicos y superiores, asistiendo a clases de una profesora o profesor, que cualquier actividad que desarrolle estará asociada a un esforzado docente y si ese docente no fue todo lo positivo, entonces la pregunta es, ¿culpa del chancho o del que le da el afrecho?
    Malos cálculos, son edificios derrumbados. Mal diseño, son puentes rotos. Se murió el paciente, disculpas del médico, que dice con soltura, “lo que tenía era insalvable”, el cliente preso, culpa de su delito, pero jamás de un abogado incompetente, no será que al vender la educación y colocarla en una escala de sueldos ínfimos, hace que la pedagogía no sea una profesión, sino más bien un oficio. Todos los actos de cada cuál que no tienen un final feliz, ¿Será la responsabilidad de haber tenido malos profesores?, de ser así entonces, ¿cómo se corrige?
    Con educación de calidad, pero como obtenemos educación de calidad, si siendo profesor, no puedo vivir dignamente, obtener casa, tener un vehículo, poder optar a ser padre, nada de eso porque significa dinero y mucho.
    ¿Entonces será la solución tener educación estatal, será tener sueldos dignos, será crear sistemas de selección vocacional?, ¿serán todas las opciones anteriores?, ¿Será que debemos culturalmente cambiar desde lo más profundo??
    En fin, si no entendemos que la profesión de la docencia en cualquier ámbito que se dé, es el ente rector, el pilar fundamental de toda nación, la piedra angular, la roca fundación, y mucho más, cualquier esfuerzo será inútil para transformar esta sociedad. Por lo tanto, debemos colocarla en un lugar de privilegio, como lo hace la cultura de japón. El docente es una autoridad que se le respeta, se le sigue y se le protege, el no generar un cambio hacia esta mirada, significará simplemente seguir empantanados, formando docentes por obligación.
    Dignidad a la pedagogía, esto hace excelentes docentes, excelentes alumnos, excelentes culturas. Cualquier otro trato hace que sigamos en la cultura de la muerte.
    Fruto para un año, siembra trigo, fruto para varios años, planta árboles, Fruto para toda la vida, forma personas conscientes, con ejemplos de docentes comprometidos y espejo para sus alumnos.
    Canihuante, Salas, Fuenzalida, Manríquez, Piozza, Carvajal, Garbarini, Henzi, De la Fuente, Cordaro, Diaz, por nombrar algunos, ojo no son un equipo de fútbol, son mis docentes de educación secundaria en un liceo público que, junto a las enseñanzas de mi madre, profesora normalista y después profesora de estado, me marcaron para siempre la senda que había de seguir, tanto para el ser persona, como para el ser integrado a una comunidad social, con códigos de civilidad.
    Enhorabuena para todos los maestros, mis respetos a los que me hicieron clase y perdón a cada uno de ellos les solicito, si no estuve a la altura de lo que ellos deseaban para mí.

    Un abrazo mi querido profesor y a esta altura del partido, un amigo a la distancia.
    Enrique Pérez

    • Querido Enrique:
      No te preocupes. Sé que hay etapas del trabajo que requieren más dedicación. No tienes que disculparte. Es más que comprensible.
      Gracias por tu rico comentario, tan lleno de sensibilidad y sensatez.
      En tiempos de cultura neoliberal las escuelas y los docentes tienen que ser contrahegemónicos. Tienen que ir contracorriente. Bien es cierto que es más fácil dejarse arrastrar que avanzar en contra. Pero yo suelo decir que solo a los peces muertos les arrastra la corriente.
      Me ha gustado leer el nombre de los docentes que te formaron en una etapa tan importante.
      Y, por supuesto, me alegra volver a ver subrayada la influencia extraordinaria de tu madre, maestra normalista.
      La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe, decía Herbert Wells. Por eso es tan importante la educación en un país. Una educación de calidad, para todos y para todas. Una educación preocupada por la formación en valores.
      Me sumo a tu felicitación a todos los maestros y maestras que han sido, que son y que serán. Creo que son el ejército de salvación de la humanidad.
      Un gran abrazo.
      MÁS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.