La generosidad de Rafael

21 May

El final de los años ochenta y el principio de los noventa –del pasado siglo, escribe uno como si tal cosa-, sin duda se comportaron bien con Rafael. En 1988 publicó su “Breviario” como homenaje a Ramón Gómez de la Serna, y en 1989 apareció su “Antología” (1968-1988) que recogía sus versos tan anclados bajo la sombra de su reflexión perpetua en busca del golpe de ingenio, más que de la impresión, junto con sus prosas tan difíciles de deslindar de ese sesgo lírico que presidía con igual peso tanto la escritura como la mera charla entre amigos. Rafael sorprende a su lector. Lo hace reír. Rafael sorprendía como un boxeador experimentado, o un canalla profesional entre damas; hacía reír a su interlocutor por su muy cultivada gracia natural contra la que se hacía muy difícil competir porque tras la frase quedaba la sombra de su idea como toque de campana en el aire. Rafael como ese filósofo puro por él inventado enviaba hojas en blanco, pero tintadas por su exceso de inteligencia, como hubiera dicho Gil de Biedma. Paseaba yo con Antonio Garrido una mañana de aquellos días en que salió de las prensas la antología por Antonio prologada con un extenso estudio y nos encontramos con Rafael a quien yo conocía sólo de nuestra común asistencia a los actos que organizaba el entonces “Patronato de la Generación del 27”. Rafael, siempre elegante como ese personaje suyo que se perfumaba con la estela que dejaban las señoras al salir del ascensor, con su habitual sonrisa de la que sospecho que sólo se desprendía como de sus gafas para depositarla unos momentos sobre la mesilla, se abrazó a Antonio y le dijo que había concertado ya una operación con su oculista para que le tatuara en la retina “Viva Antonio Garrido” y así leerlo cada mañana.

Con el tiempo por breves conversaciones, encuentros casuales y reuniones con amistades comunes comprobé que el carácter de Rafael no se disfrazaba, ni se investía de artes histriónicas; él era así en efecto, afirmación que uno con los años cada vez concede a menos recuerdos. Rafael agradecía la admiración que despertaba su obra, agradecía un rato de buena charla que sus contertulios jamás habrían podido pagar si se hubiera cuantificado en monedas los ríos de talento que ante cualquier tema exhibía. Brotaban ágiles las comparaciones, la definición inmediata y original, las metáforas e imágenes que iluminaban la situación. En conversaciones mías con la joven profesora de Bellas Artes, Dra. Blanca Montalvo, me comentaba que para ella la generosidad de espíritu era una condición que acompañaba a los genios, igual que para Kapuscinski, la condición de buena persona es inherente a la de buen periodista. Sin empatía hacia el otro, la mirada no ve. Rafael era un genio henchido de mirada. Uno de los pocos escritores que merecen este adjetivo con claridad, al margen de que entre nosotros vivan y hayan muerto grandísimos creadores. Rafael llevaba en la frente, en los labios y en el corazón el beso perpetuo de un ángel que él alimentaba con esmero. Se ha convertido con el paso de los años en un autor para degustadores exquisitos de la literatura que hallarán sus páginas frescas como recién pescadas en la bahía de esta Málaga a la que tanto amó y a la que nunca abandonó aunque muy bien pudiera haberlo hecho y volar por otros cenáculos donde el poder lo habría transportado a los brazos de la fama. Rafael, sin embargo, prefirió que lo encontrase el prestigio. Y así ha sido.

Abro con un cuchillo y al azar (ya saben ustedes que esto falso) su “Breviario” y la inteligencia surge como paloma desde chistera: “El espejo de la tristeza reproduce las imágenes sin color”. “El estrangulador es un feísta que busca la caricatura de su víctima”. “Incineran al poeta para que sea nube”. “El sudor de la víctima es la salsa del caníbal”. “Erótica. Todo poro es dilatable”. Como leen, entre el haiku, el aforismo, la sentencia, y la greguería. Repito que este libro apareció como homenaje a Ramón Gómez de la Serna; en el prólogo escrito por el propio Rafael hallamos un continuo elogio de un maestro que, sin embargo, no hace ninguna sombra al discípulo. Generosidad de genio, genio de Rafael Pérez Estrada.

De nuevo en primera

17 May

Uf. Un domingo de suerte que ha librado al Málaga de su descenso a segunda. Felicidades a los sufridos malaguistas. A mí no me gusta el fútbol. Siempre indico que por puro egoísmo; soy incapaz de identificarme con alguien que gane algo y que no sea yo. Ayer, lo escribo con sinceridad, me alegré por los amigos que vitorearon el final de un partido en que cuadraban sus ilusiones. Me alegré también por los aficionados que en la Rosaleda componían un lienzo de rostros compungidos y costernados. Al menos apoyaban militantes a sus colores. Desde que tengo memoria, la trayectoria del Málaga traza un perfil de dientes de sierra entre primera y segunda, o al menos entre los últimos puestos de primera. Sin embargo, Málaga es la quinta ciudad de España por población, y en la provincia una ciudad como Marbella cuenta en su padrón con muchos más habitantes que bastantes capitales españolas. ¿Qué sucede entonces? ¿Por qué no acompasan los equipos deportivos las proporciones de nuestra urbe o de la provincia? Considero que los títulos estudiantiles en Málaga deberían de valer el doble que en otros sitios por el mero hecho de que encerrarse entre los efluvios de nuestras primaveras y otoños, junto con los veranos tan fiesteros dificultan la concentración y la paz necesaria hasta el extremo. Quizás suceda igual con los deportistas y se encuentren abducidos por la diversión ambiente. No lo sé. Una anécdota sí me hizo reflexionar ayer. Paseaba hacia el periódico cuando oí los gritos que anunciaban un gol; en cualquier otra ciudad hubieran significado un claro indicio de que el equipo local había acometido una de esas breves hazañas incruentas. Aquí no podía saberlo. Luego confirmé que se trataba del Barcelona. Cada uno tiene derecho a identificarse con quien guste, por supuesto, pero a la vez todos estos elementos describen una serie de síntomas que como la fiebre en el enfermo deben ser analizados. Ya digo que no me parece armónica esta poca consistencia del deporte malagueño en general. Málaga tiene estos dejes que impiden contemplarla como una gran ciudad aunque sobre el plano se dibuje como una ciudad grande. Las diferencias son notables. Otra anécdota. La Opinión abrió hace once años; aún recuerdo mi primer artículo, a los seis días de su apertura, sobre el ascenso del club a primera. Ayer temí que estas líneas versaran sobre su descenso, precisamente cuando este periódico ha remozado sus páginas e inicia una nueva etapa.

Esta ciudad ha cambiado muchas cosas para bien, pero aún le quedan enquistados ciertos defectos. Como en un organismo todo se relaciona. Aún aparecemos en la segunda o tercera división si nos referimos a índices de lectura, por ejemplo. Nos encontramos en posiciones destacadas si atendemos a las cifras del paro. El sector del ladrillo y la hostelería no han logrado generar durante esta última década un tejido industrial que nos conceda mayor independencia frente al exterior y además preserve la destrucción de paisaje y hábitat que conlleva paradójica la actividad de la construcción. El número de bibliotecas por habitante aún no se acerca a la de las poblaciones más civilizadas ni en Málaga ni en Marbella. Y los carriles bici han llegado a nuestras calles con un más que notable retraso respecto a urbes donde la movilidad limpia se promocionó a pesar de que las condiciones climatológicas fuesen muy adversas, como San Sebastián o Pamplona la del Osasuna. Como en un organismo todo se relaciona. Ruido, desorden urbanístico, movimientos económicos, dinamismo cultural, conciencia cívica, desempleo, fracaso escolar y mediocridad deportiva, salvo casos puntuales, aún describen una sociedad en segunda división. Hoy lunes ha llegado el momento de la reflexión sobre esta temporada que finaliza como los malos amoríos, aunque no ha llegado al dramón lacrimógeno, porque una buena estrella no ha querido. Uf. Felicito a todos los seguidores del Málaga que han recibido una alegría al menos. Pero recuerden que habitamos en una ciudad de clima agradable pero con vicios enquistados. Veremos.

Marbella de nuevo

10 May

Por fin hoy será oficial y legal el nuevo Plan de General Ordenación Urbana de Marbella, siglas que me niego a escribir; suenan igual que una buena congestión en la garganta. Si el BOJA (estas parecen un nombre mal pronunciado de niño pijo) publica este documento, la indiscutible reina de la Costa del Sol habrá renacido de sus expolios. Al igual que parte de su propio casting urbano, una operación de cirugía estética con sus siliconas por allí, sus botox y postizos por allá han remodelado la imagen exterior de una ciudad a la que la era Gil y asociados, sumió en una chabacanería y un mangoneo de cuya ordinariez va a ser difícil borrar su estela. Si Sean Connery, además de imputado en corruptelas urbanísticas marbellíes, se encontrase con una petición de condena, la publicidad en la neoyorquina Times Square iba a estar más asegurada que si el Papa anunciase su boda. Y encima gratis. Otra cosa es que tal fama convenga. Nada de lo que suceda en Marbella deja indiferente a los medios de comunicación incluso más allá de nuestro ámbito. Marbella nació así, como un personaje de novela nocturna; como la mujer fatal que a todos enamora y destroza cuando quiera, pero a la que mucho proxeneta quiere chulear. Ojalá volvamos a contemplarla como refugio de aquella cultura cosmopolita de la que Edgar Neville o Cocteau representaron unas pinceladas más junto a arquitectos, ingenieros, artistas, médicos y financieros que buscaron anonimato y calma entre sus lomas; con su presencia difundían sin apenas quererlo una postal idílica de una Marbella que en parte se ha perdido aunque no del todo.

Según la concejalía de urbanismo del Ayuntamiento de Marbella ya se están recibiendo peticiones de datos por parte de empresas que quieren establecer allí desde parques comerciales hasta circuitos de carreras, seguro que todos los proyectos significan magníficos negocios. Gil de Biedma dejó escrito que no hay tiempo más triste que el futuro pasado. El regreso a la actividad de la construcción conllevaría de inmediato un descenso del paro, la merma del déficit municipal, la llegada de fondos a Seguridad Social y el rebrote de los servicios públicos en Marbella. Magnífico, pero no existe tiempo más triste que el futuro pasado. Todos los ayuntamientos han basado su economía en una imposible expansión eterna de las urbanizaciones. Cuando no exista un paisaje por el que acudir a Marbella, cuando surjan los inconvenientes que conlleva la vida en las grandes ciudades y aún no se disponga de una alternativa industrial que supla los impuestos que gravan la construcción, llegará el hundimiento. Todo organismo conoce un límite de regeneraciones. No voy a jugar a profeta barato, que de esos ya han tenido bastantes en Marbella y muy caros, pero sospecho que si apareciese otro destrozo urbanístico como el ya conocido, con su inevitable contagio de podredumbres, Marbella habría firmado su último capítulo de resurrecciones. Ojalá no.

Dos fiestas

3 May

Dos fiestas señaladas se sucedieron este último sábado y domingo; el día del trabajo y después el de la madre, primer domingo de mayo, al que quizás habría que renombrar como el día del trabajo 2, así con resabios de película americana y sonoridades de acción tremebunda como la biografía de muchas madres de todas las generaciones. Este año conmemoramos el día del trabajo con cuatro millones de parados, hecho que confiere a esta jornada reivindicativa el mismo sentido, incluso sentimiento, que si uno celebrase su cumpleaños muriéndose, o como si alguien amaneciera contento porque, sin duda, en esa hora en que despierta alguien en el mundo hará una fiesta de cumpleaños a la que acudirá alguien. Nuestra sociedad ha adquirido unos tintes tan absurdos que esos cuatro millones de aspirantes a trabajador habrían querido disfrutar este sábado en su oficio con ese toque de reloj que invoca como brujo al genio de la prisa, y esa prisa que mancha todo aunque el traje, o el mono, luzcan impolutos. Además en una zona como la nuestra donde el sector servicios, negociado industria hostelera y adyacentes, da de comer a un enorme número de familias malagueñas cualquier fiesta transcurre en el puesto de trabajo y con la esperanza de que precisamente en esta jornada todos los empleados finalicen su horario agotados porque se llenaron restaurantes, hamacas y hospedajes, y los viajeros bebieron tanto refresco que los repartos de hielo, botellas y bidones realizaron horas extraordinarias. Las fiesta del trabajo habría pues que segmentarla por sectores o realizar tres al menos.

Así están las cosas. La fiesta del trabajo debería cambiar su nombre para que no siga hundiéndose en la ciénaga del absurdo y del ridículo. El día de la madre tampoco se queda ajeno a esta lógica borrosa. Un pastor sabe que el festivo día del trabajo lo inicia con el desayuno y limpieza de los animales. Muchísimas madres también. El hogar rima en estos aspectos con un corral donde la madre sabe, por ejemplo, qué ropa está en el tendedero y cuál lista para la plancha, o ya en las perchas; muchas madres prevén aún que llegan dos días de fiesta, entre ellos el de la madre y, por tanto, la compra del jueves o viernes debe comprender todo lo necesario para que el lunes no amanezca el hogar como un corral abandonado. He aquí la esclava del señor, o la dueña y señora de la casa, en frase humorística. En estos tiempos de reivindicación de igualdades entre géneros las encuestas sobre comportamientos ante las tareas domésticas sorprenden; una amplia cantidad de varones no tiene ningún reparo en contestar que en su casa ni ayudan ni participan al cincuenta por ciento en esas responsabilidades que la familia exige. Si a estas cifras sumamos las del desempleo femenino, mayor que el masculino, vemos que el resultado indica la inconveniencia de calificar como fiestas a estos días a los que deberíamos modificar su nombre, o contenido.

Dos fiestas señaladas se sucedieron este último sábado y domingo; el día del trabajo y después el de la madre, primer domingo de mayo, al que quizás habría que renombrar como el día del trabajo 2, así con resabios de película americana y sonoridades de acción tremebunda como la biografía de muchas madres de todas las generaciones. Este año conmemoramos el día del trabajo con cuatro millones de parados, hecho que confiere a esta jornada reivindicativa el mismo sentido, incluso sentimiento, que si uno celebrase su cumpleaños muriéndose, o como si alguien amaneciera contento porque, sin duda, en esa hora en que despierta alguien en el mundo hará una fiesta de cumpleaños a la que acudirá alguien. Nuestra sociedad ha adquirido unos tintes tan absurdos que esos cuatro millones de aspirantes a trabajador habrían querido disfrutar este sábado en su oficio con ese toque de reloj que invoca como brujo al genio de la prisa, y esa prisa que mancha todo aunque el traje, o el mono, luzcan impolutos. Además en una zona como la nuestra donde el sector servicios, negociado industria hostelera y adyacentes, da de comer a un enorme número de familias malagueñas cualquier fiesta transcurre en el puesto de trabajo y con la esperanza de que precisamente en esta jornada todos los empleados finalicen su horario agotados porque se llenaron restaurantes, hamacas y hospedajes, y los viajeros bebieron tanto refresco que los repartos de hielo, botellas y bidones realizaron horas extraordinarias. Las fiesta del trabajo habría pues que segmentarla por sectores o realizar tres al menos.

Así están las cosas. La fiesta del trabajo debería cambiar su nombre para que no siga hundiéndose en la ciénaga del absurdo y del ridículo. El día de la madre tampoco se queda ajeno a esta lógica borrosa. Un pastor sabe que el festivo día del trabajo lo inicia con el desayuno y limpieza de los animales. Muchísimas madres también. El hogar rima en estos aspectos con un corral donde la madre sabe, por ejemplo, qué ropa está en el tendedero y cuál lista para la plancha, o ya en las perchas; muchas madres prevén aún que llegan dos días de fiesta, entre ellos el de la madre y, por tanto, la compra del jueves o viernes debe comprender todo lo necesario para que el lunes no amanezca el hogar como un corral abandonado. He aquí la esclava del señor, o la dueña y señora de la casa, en frase humorística. En estos tiempos de reivindicación de igualdades entre géneros las encuestas sobre comportamientos ante las tareas domésticas sorprenden; una amplia cantidad de varones no tiene ningún reparo en contestar que en su casa ni ayudan ni participan al cincuenta por ciento en esas responsabilidades que la familia exige. Si a estas cifras sumamos las del desempleo femenino, mayor que el masculino, vemos que el resultado indica la inconveniencia de calificar como fiestas a estos días a los que deberíamos modificar su nombre, o contenido.

El día de Málaga

26 Abr

Hoy se celebra el día de la provincia de Málaga. Un cumpleaños que conmemora este 26 de abril el andar de la Diputación en democracia; existir existía durante el franquismo y democrática con voto directo en urna y elección de lista, tampoco lo es ahora. Un organismo con mucho poder, con gran presupuesto, anclado en un sistema con democracia de baja intensidad, aquí y en toda España. No están mal los fastos, como la jornada recordatoria para la madre, o para el padre; para España y la hispanidad, o para los amoríos; y otro para la provincia que nos acoge. Hoy se entregan premios a malagueños que destacan en diversas actividades, enhorabuena para todos ellos. No estaría mal tampoco que, además de los discursos pomposos y las auto-alabanzas, la crítica apareciera por algún párrafo. Málaga es una provincia bonita; uno de los pocos lugares donde el paseante puede comer al sol en la playa mientras contempla próximas las nieves del Torrecilla o sobre la falda de la Maroma. Un país con bosques y llanos, con un nombre reconocido en los mapas viajeros y, sin embargo, aún con los pies de barro, que lo dejan todo perdido como dice mi querido Camilo de Ory. Las diferencias entre el litoral y el interior no llegan a equilibrarse, ni siquiera las que todavía se aprecian entre el rebalaje oriental y occidental de nuestra común orilla. Demasiados bolsillos con una dependencia plena de la construcción y del turismo.

Desgraciaíto el que vive por mano ajena, siempre mirando a la cara, si la ponen mala o buena. No despegan las industrias, ni la agricultura del interior como los muchos aviones del aeropuerto. Ha avanzado Málaga en las últimas dos décadas. Grandes marcas alimenticias exportan hoy parte de nuestros productos pero esa dinámica empresarial no remueve a todas las comarcas. Ahí queda una asignatura pendiente que se olvidó hace años hasta nueva crisis merced a los sueldos que generaron las constructoras. De aquellos ingresos, poca inversión se realizó para que se diversificaran sectores productivos o sincronizasen las infraestructuras de la provincia con el siglo en que nos hallamos. Aún no he visto la carretera de arco sin carriles cerrados por grietas y derrumbes; hace dos días se manifestaron los vecinos de Abdalajís porque piden un asfalto digno que comunique sus campos con el mundo, hechos incomprensibles en una provincia a la que incluso se supone motor financiero de Andalucía. Me encanta Málaga. Disfruto la alegría de una Costa del Sol internacional y con ya larga y maravillosa historia que nada desde Torremolinos hasta Marbella. Conozco parajes de la Axarquía donde aún se puede estar solo, igual que en las serranías rondeñas. Adoro mi Antequera natal en rima con su Torcal donde jugué de niño. Una provincia llena de posibilidades que merece mejor suerte, más trabajo de todos. Felicidades por tu día.