Una manada de bocazas

24 Jun

Yo creo que hay que dejar hablar a los políticos. A todas y todos sin excepción. Concederle espacios amplios en las páginas de la prensa y chorros de minutos audiovisuales aunque, a veces, se transformen en horas para el sufrido espectador. Alguno de estos responsables públicos ha de helarnos el corazón y mientras antes suceda, mejor, como las enfermedades infantiles. Woody Allen caricaturizó al líder típico, cuando en su película “Bananas” aquel guerrillero revolucionario con el poder ya en sus manos anunció sus medidas salvadoras para aquella pequeña república que se nos antoja centro-americana. El sueco pasaba a ser lengua oficial y los menores de dieciocho tenían dieciocho desde ese mismo instante. Hay políticos que podrían protagonizar cualquier escena cómica por gracia natural, aunque dañina. Ahí quedan fijas para que no las lleve el viento, las estupideces a nivel mundial de Duterte, a la limón con las de Donald Trump quien también se ha ganado frase a frase, grosería a grosería, hasta una serie de dibujos animados tras las huellas de su primo aquel pato de Disney. Hay que dejar que se expresen. Alguien mudo sobre una tribuna puede parecer sabio. Desde que sucedió el episodio de aquellos tipos en Pamplona cuya conducta fue primero calificada como abuso y ahora como violación por parte del Tribunal Supremo, los medios no han cesado de registrar declaraciones de responsables públicos que casi siempre perdieron una magnífica ocasión para quedarse calladitos y pasar por lo que no son, esto es, prudentes. Ante un asunto tan intrincado, que afecta tanto a la sensibilidad de la ciudadanía y de cada persona que albergue un mínimo de piedad en su pecho, el silencio y el apoyo a la labor judicial hubiera sido el camino más preciso hacia la equidad en la opinión. Una buena parte de nuestra clase política se mueve entre el narcisismo y la necedad; incluso hay quien mezcla ambas en un solo eructo mental con idéntica destreza a la de un maestro coctelero.

Según Pablo Iglesias, el progre de Podemos, siempre tan necesitado de lentejuelas y focos igual que tonadillera frustrada, la sentencia condenatoria de la manada se debe a las manifestaciones feministas. Esto es, un político a quien no falta ambición ninguna, ni siquiera la de jefe del Estado, desprecia al sistema judicial español, al Supremo nada menos, cuando lo pinta como basado en una especie de ius-esquinero, fundamentado sobre la opinión de la calle, esa misma que quizás elegiría como reina de España a Belén Esteban si tal maravilla se propusiera en referéndum. Como los extremos se tocan por mor del razonamiento errático que siempre termina dando vueltas y describiendo círculos, ahí tenemos a Francisco Serrano, el reaccionario de Vox, que da la razón a Iglesias en lo de que esta justicia se deja llevar por algaradas y por chillidos antes que por esa verdad jurídica que sólo atiende a las pruebas. Sus compañeros de Vox se han asustado y se han retirado de la línea de fuego que tales declaraciones propician. Los de Podemos, sin embargo, parece que sienten cómodos revolcándose sobre la sandez y el despropósito. Nadie ha visto los vídeos inculpatorios o exculpatorios, salvo quienes han tenido la facultad y el deber de hacerlo para dictar una sentencia. La maquinaria jurídica ha funcionado. Unos indeseables ya están entre rejas y una chica se sentirá menos vulnerable ahora que sabe el destino de quienes le infligieron un daño irreparable. La sociedad se ha manifestado contra las violaciones y la inseguridad que padecen las mujeres en general. Todo eso está muy bien. La labor de las y los políticos debería centrarse en la construcción de la polis, de la sociedad con su sistema judicial independiente y garantista, lo que incluye sentencias que no tienen por qué pretender un aplauso general; de otro modo estaríamos prejuzgando y condenando según apariencias del sospechoso, lo que ya hacía el franquismo de modo insuperable. Padecemos una manada de políticos bocazas, unos tontos peligrosos como Goré Vidal calificó a George Bush.

Soledad

22 Ene

Como todo nombre abstracto, el concepto de soledad proviene de un proceso reflexivo. Cada quien realiza sus componendas para concluir si se siente solo, o no. A partir de ahí llega el segundo paso, esto es, la consideración de si tal estado satisface, o no. Según las vidas ejemplares que me hicieron leer en el colegio, los primeros iluminados del cristianismo se iban al desierto, se subían a una columna -que, dicho sea de paso, no sé quién la habría edificado ahí- y esperaban a que Dios les explicase algo. El Altísimo, distraído con otras cuestiones, tardaba años en decirles alguna frase, la mayoría de las veces poco originales, como de compromiso. San Juan de la Cruz la llamó soledad sonora cuando cumplía esas características. Santa Teresa, por continuar la vía mística-ascética, prefería contemplar a Dios entre los pucheros del convento y, por tanto, en medio del trasiego diario y el jaleo. Como Dios está en todas partes, está como Dios. Se puede permitir tales extravagancias de soledad y compañía al unísono. Sin embargo, cuando creó al hombre, según el mito, se percató de que no era bueno que estuviera solo. Imaginen lo que un tipo solo podría haber liado con tanto animal desnudo a su alcance. Entonces Dios moldeó a la mujer y, a partir de ahí, los humanos se reprodujeron para estar solos pero acompañados, como hoy sucede en nuestras sociedades modernas. Lo malo es que el hombre no es Dios excepto en su casa, y a ciertas horas; por eso lleva fatal el estar rodeado aunque solo, como la única campanada de la una. Nuestro cerebro desarrolló una resistencia a las paradojas que lo convierte en fuente de pesares y angustias; esos procesos mentales que realizamos desde aquel legendario atracón de frutos del árbol del conocimiento provocan que alguien pueda sentirse en plena soledad dentro de unos grandes almacenes, cuando el primer día de rebajas y a esa hora en que es imposible dar un paso sin que alguien te pise o te empuje, o ambas cosas a la vez. Así somos las criaturitas del Señor.

El caso es que el sentimiento de soledad ha alcanzado tales cotas de insatisfacción que en Reino Unido van a crear una Secretaría de Estado para que se encargue de lo que han calificado como un problema nacional. El aislamiento en Japón ha motivado que proliferen empresas que alquilan amigos, pareja o familiares por horas; parece que los de verdad escasean en una de las áreas del mundo con mayor densidad demográfica. Los razonamientos son libres como pájaros y pían lo que quieren. Este fenómeno al que la vida actual nos somete ha impulsado también el negocio de las muñecas sexuales, tan sofisticadas que un tipo en Estados Unidos pasea con la suya y la lleva a todos lados como si fuera su novia aunque está casado; cuando la legítima esposa discute con la amante siempre tiene ella la última palabra, todo no va a ser inconvenientes. Sin embargo, el horror de esa familia californiana que se ha dedicado a tener hijos para montarse su propio campo de concentración en casa, sería casi imposible que se pudiera reproducir en cualquier pueblo de España, donde todo el mundo registra la vida de todo el mundo cada día. Nada es bueno ni malo por sí, excepto perder un billete de 50€, claro. Ese carácter nuestro que nos lleva a entablar una conversación con cierta facilidad, este nivel de vida que nos permite invitar al vecino de barra a una caña cuando la charla intrascendente se está alargando, junto con el equilibrio que aún conservamos entre ocio y negocio, actúan como antídotos cuando la soledad se paladea como un veneno. Hay un bar inglés en Coín, donde los británicos se comportan de modo diferente a como lo hacen en su tierra, que exhibe un cartel en que aconsejan al cliente que se emborrache y charle con el prójimo porque no disponen de wifi. Por desgracia, aquí también mueren vecinos en sus pisos y son descubiertos años más tarde; aún vemos personas mayores que alimentan palomas y gatos callejeros para percibir un vínculo afectivo. Nada es perfecto pero esto de ser español mola mucho.

Málaga del dolor

10 Oct

El ser humano desea aquello que no tiene. El verano perpetuo en que esta climatología ha convertido nuestras cuatro estaciones provoca ansias por paisajes nevados y pistas de patinaje artístico sobre cuchillas y hielo. Por mor de estas quimeras blancas que afectan a nuestro alcalde y a otros responsables de urbanismo, algún inconsciente ha tapizado las calles nobles del Centro de Málaga con mármoles en forma de cauces y otros pavimentos nada aptos para el paseo sobre ellos. Hace pocos días me golpeé el cócix y, desde entonces, sólo maldigo a cada minuto a quien haya provocado esa combinación de solería para el patinaje, junto con los riegos nocturnos de LIMASA que ni avisan de la peligrosidad, ni restringen el paso por esas calles y de los que estoy seguro de que usan algún producto jabonoso disuelto en el agua, con el fin de animar el sector de la traumatología clínica en Málaga. (más…)

Deberes

26 Sep

Algunas asociaciones de familias han iniciado este curso escolar con una serie de acciones de protesta contra los deberes. Las familias se quejan de la cantidad de tiempo que sus retoños tienen que dedicar a la desagradable tarea de completar en casa lo que se explicó durante la mañana en el colegio. Así las y los chiquillos no pueden acudir con tranquilidad a la piscina, clases de ballet, judo, tenis, musica, fútbol e idiomas a las que los padres los apuntaron y que convierte las tardes de lunes a viernes en un sinvivir correteando de un atasco a otro, con la lucha por el aparcamiento de por medio. En efecto, ser padre en España es como ser científico, significa penurias y desasosiego, que se añaden a la copa de esa incompatible coctelería sentimental que conlleva el hecho de ser padre como cosa en sí, dicho esto como si fuéramos filósofos alemanes que es el modo más certero de no decir nada con aires de sentencia trascendental. (más…)

Primer accidente

8 Sep

Ya se ha producido el primer accidente entre un coche y el metro de superficie por Teatinos. Según parece la o el conductor se saltó un semáforo en un cruce que no existiría si el metro fuera por donde circulan los metros, esto es, bajo tierra. En superficie se llama tranvía y está sujeto a iguales o más contingencias que los que podemos llamar metros de trayectoria polivalente, es decir, autobuses. La Junta de Andalucía es así. Cuando no puede sufragar los gastos de unas infraestructuras que abordó por motivos ideológicos pero faltos de sensatez, se escuda en ilusionismo semántico y ya está. Todo ciudadano andaluz tiene derecho a un metro o dos. De acuerdo. Como aquel personaje masculino en la “Vida de Brian” que quería reflejar su derecho a ser madre en unas leyes revolucionarias para una nueva sociedad. De acuerdo. Un derecho existe cuando se puede pagar. Y eso es lo que nuestros políticos jamás ha contemplado a la busca de una gloria instantánea que les otorgue votos y pensionados exprés aunque arruinen a generaciones futuras. Los metros son rentables y convenientes a partir de un número de usuarios y de un precio del billete. No es que en otras ciudades sean más tontos que nosotros. En positivo, no es que seamos más listos que otros muchos, más ricos que nosotros. Lo digo con todo el respeto, pero instalar un metro en Granada, por ejemplo, no tiene ningún sentido, dadas las dimensiones de una ciudad que casi se atraviesa andando. Volviendo la vista a Sevilla o Málaga el tiempo dirá. (más…)