Málaga soñada

15 Jul

Hay ciudades soñadas y ciudades dormidas, puede que como una mala borrachera, puede que como aquel sueño pálido que Alfanhuí se echó en una silla de cerezo que adormecía, como en un tiempo antiguo, a quién allí se sentara. Cuentan que Rilke soñó con una ciudad que pendía del cielo; durante su periplo hacia África tuvo que desviarse a Ronda a la que reconoció al instante como la ciudad de su sueño, que no la de sus sueños dado el poco tiempo que pasó allí. Granada tierra soñada por mí, chilla con aspecto de pez capturado en el anzuelo, cada aspirante a tenor. El caso es que un estudio realizado por una marca de colchones califica a Málaga como la mejor ciudad para dormir, según las bondades de su clima. Málaga es mi ciudad soñada. Esta Málaga no es la ciudad de mis sueños. Me he mudado de casa varias veces porque no podía dormir. El clima de Málaga es magnífico si atendemos a comparaciones con Córdoba en verano o con Córdoba en invierno. En efecto, hay ambientes que son primos lejanos, a pesar de la aparente cercanía. Valencia acoge un infierno de humedad que trastoca los días estivales en un sudor perpetuo y los invernales en tiritonas permanentes. El malaguita pontifica que prefiere el frío tan anhelado de Granada, donde uno se abriga y ya está. Según este razonamiento, el traje de astronauta en Plutón se compone de rebequita y guantes. Allí sí que se debe dormir regular por mucho coñac que te metas antes de ir a la cama. Yo he dormido bien en toda la Cornisa Cantábrica. El truco en invierno consiste en acostarse bajo el edredón, sobre la cama en lugar de la Cornisa, y con las ventanas cerradas. Las marmotas y los osos duermen en Canadá, incluso meses. Desconozco los detalles del estudio aludido, pero para comprobar de modo empírico que en una ciudad se duerme bien a causa de su clima, hay que cometer la crueldad de repartir entre los encuestados un colchón de tal marca para que se tumben al relente. “Su colchón y escupidera, señor. Deje espacio para que crucen los peatones”.

Si realizamos una investigación de este tipo en el mundo civilizado, nada de estepas, desiertos o selvas, con sus edificios y tejas, el clima debería de ser un elemento secundario; de otro modo, estaríamos evaluando la calidad de los aislamientos y de los sistemas de climatización. En nuestra Málaga, dada su pobreza secular, un gran número de construcciones se alzaron para salir del paso. Como de posguerra, muchas décadas después de la guerra. Así, en barrios como Miraflores de los Ángeles, La luz, La Paz, La Palmilla, Nuevo San Andrés y todas sus zonas aledañas, cientos de miles de malagueños ven el televisor de los vecinos si entornan los ojos frente al tabique. La vida ahí es comunal. Años setenta. En verano, con todas las ventanas abiertas, uno dormía por derrota del terral hasta que el sol volviera a exhibir su impertinencia. Hoy, el aire acondicionado alivia algo la vida de un vecindario que aún cultiva la costumbre de pasar bastantes horas en la calle. Como en la calle no se está en casa, la verdad. El malagueño medio, desurbanizado, se va despertando conforme le dé la gana a la, o el, imbécil de turno que pase por la calle aullando cualquier tema de los Odd Balls, por ejemplo. Sobre esta dificultad para conciliar el sueño por causas indígenas, se han incrustado, además, las especies invasoras. Jaurías de guiris borrachos dando todas las voces que no dan en su puñetero país, y que suelen interactuar con las manadas, incluso mamadas, de despedidas de solteras o casados, actos de última humillación antes de sentar la cabeza o de ingresar en el turbio estado marital. Don Francisco de la Torre, alcalde que sueña con Málaga, aunque nunca nos encontremos en la misma pesadilla, halló la solución a este sándwich doble con incompatibilidades de ruido y sueño, cuando aconsejó aquello de hablar bajito para evitar bullangas. En un gesto de complicidad con su pueblo y con el de los invasores, podría haber avisado de que nos vigilaban los del estudio de los colchones. En mi Málaga soñada, disfruto de su clima y, además, puedo dormir cuando y donde quiero. Pero ya se sabe, los sueños, sueños son.

Pobre lujo malagueño

8 Jul

La revista americana Luxury Magazine ha enviado a uno de sus reporteros a Málaga. Sus páginas están destinadas a los poseedores de unas tarjetas de crédito exclusivas a quienes aconsejan cómo y dónde gastar esos dólares que nuestro sector hostelero tanto persigue. Con mucha dificultad Málaga se convertiría en destino preferente para el turista de lujo. Nuestra mejor embajadora fue Michelle Obama cuando descansó en Villa Padierna, Marbella, donde permaneció una semana o así. Málaga está muy mal publicitada. Los viajeros americanos apenas duermen dos días en nuestros hoteles. Aquel verso de Aleixandre donde calificó a su Málaga de niñez como un paraíso, ha provocado en el indígena y, sobre todo, en sus autoridades, una severa falta de contacto con la realidad, mezclada con ausencia de crítica. Repetimos que Málaga es cosmopolita; lo son sus visitantes. Durante la última Semana Santa, por casualidad, ejercí como guía de una encantadora americana de Los Ángeles, Sandra, abogada, cultísima y enamorada de España. Desconocía Málaga y sólo pasaría aquí pocos días. Con todo respeto lo escribo, pero la Semana Santa para los no católicos no despliega demasiado interés; es conocida fuera de nuestros límites municipales gracias a Antonio Banderas quien nos ha situado en algunos mapas. Los toros se circunscriben a un maltrato animal cada vez más difícil de comprender. Sandra acude en L.A. a tablaos flamencos, de esos que en Málaga no existen. Quería asistir a alguno. Se habían alineado los astros y minutos antes yo había recibido una invitación de un amigo que organizaba en su domicilio una fiesta con rumores de guitarras y posible cante jondo. Echamos una tarde muy agradable en un maravilloso ático frente al mar. Algunos aspirantes a cantaor exhibieron allí no más que lo que sus gargantas les permitieron. Sol, marisco, vinos excelentes y risas. Pero esto no es lujo. Sandra tiene esto en casa cuando quiere.

La mejor playa de Málaga no puede compararse con las arenas de California o las de Coney Island, esa Misericordia de NYC. Quienes contemplan desde el yate Niza o Antibes no caerán de rodillas ante la Farola. El malagueño medio desconoce Sausalito, la costa de Maryland o los residenciales de Long Island. Nuestra ciudad dibuja un perfil de cielo de protección oficial frente al Mediterráneo. Seamos sinceros. Respecto a los museos, el nombre de Picasso atrae como un Júpiter en mitad de los planetas. Los demás albergan curiosidades que se difuminan cuando son comparadas por el espectador frente a aquellas colecciones, Picassos incluidos, que los potentados americanos adquirieron durante el siglo XIX y XX y que atesoran lo más significativo del arte plástico mundial. Aún así, Málaga puede atraer al visitante americano si potencia su lujo auténtico, esto es, lo que no tienen. Conduje a mi querida Sandra a Antequera y se quedó extasiada bajo la grandeza de los dólmenes. Había visitado muchos en Europa, se consideraba una buena conocedora del fenómeno megalítico, pero desconocía que en nuestras tierras se hubieran alzado tales construcciones asociadas en su imaginario a áreas celtas. Falta publicidad. El almuerzo con Charo Carmona desplegó esas recetas tradicionales que su restaurante intenta rescatar y que Sandra disfrutó por vez primera, además, regadas por vinos de Ronda que compitieron, en su educado paladar, con los ya excelentes californianos. Con tiempo, habríamos visitado el Torcal, cuevas como La Pileta, Nerja o Ardales, El Caminito del Rey, El Tajo y Ronda la Vieja, Alcaucín o el Molino del Santo en Benaoján. Habríamos disfrutado los quesos serranos, los alucinantes jamones de Faraján, o los tomates del Guadalhorce. En Málaga capital bastan dos días. La característica del viajero con alto poder adquisitivo es que ha viajado, ha bebido y ha vivido. Málaga en su conjunto tiene rincones más que privilegiados y un tesoro gastronómico y cultural de primer orden en todas las artes. Hasta ahora hemos alzado una fachada de cartón-piedra rellena de comida basura y borrachera masiva. Un lujo de bazar chinesco y muy pueblerino para turistas menesterosos.

Ni todas ni todos éramos Paco

27 May

En primer lugar, y como debe de hacerse en una democracia sana, quiero felicitar desde estas líneas a Don Francisco de la Torre a quien contemplo como próximo alcalde de Málaga. A pesar de una contenida participación en estos comicios, ha conseguido atraer casi 10000 papeletas más a las urnas. El noble pueblo malacitano ha hablado. Pero ni todas ni todos éramos Paco. El PSOE, con Daniel Pérez ha logrado conciliar más de 17000 nuevos votantes respecto a las elecciones anteriores. Eduardo Zorrilla no sé si sube o baja, las mareas, uniones confluencias y conciliábulos y botellones desorientan a números y electores. Sin embargo, Cassá, Ciudadanos, protagoniza el batacazo de la noche. Pierde un concejal y más de 5000 votos que han flotado sobre este mudable azar político. Ser palmero es lo que tiene; no sólo estás obligado a subir a la palma sino que cuando estás cogiendo cocos se te ven las ideas e, incluso, su ausencia. Los simpatizantes de C’s Málaga han votado la marca registrada en lugar del sucedáneo. Deslizaron en sus sobres la idea de un Don Francisco progre como santo de la jornada. Tal como están las coaliciones en Andalucía, Cassá entregará la vara de mando a De la Torre. Podrá salir de nuevo detrás de él en cualquiera de los pasos procesionales que el alcalde considere oportuno. Será escrito un nuevo pacto a la andaluza que fue articulado, no lo olvidemos, para diluir aquellas estructuras de poder de un partido que llevaba en los despachos más años que el propio Generalísimo bajo el palio. El PP lleva ya 25 años en Málaga con sus inevitables consecuencias de clientelismo real o psicológico que en Sevilla había que desmontar pero que aquí resistirá otros 4 añitos para sufrir igual pena. Así son los misterios de la política. Al final de una noche electoral todos ganan, y lo que en un sitio vale, no vale para otro. Nada tan mudable como la moral de partido cuyos intereses suelen coincidir con los intereses bursátiles, antes que con cualquier otra ética.

Don Francisco ha ganado con limpieza y holgura, pero ni todas ni todos somos Paco. La previsible suma de concejales entre PP y C’s entregará la mayoría absoluta a un bando. Si sumamos las y los concejales de la oposición descubrimos que PSOE junto con Adelante alcanzan los 15, es decir, De la Torre gobernará por sólo un voto concedido por un partido que dispone de dos. Estas son las reglas del juego y deben ser respetadas, lo que no significa que no reflexionemos sobre el sistema y sus códigos. Existe un número más que significativo de habitantes de Málaga que están manifestando en las urnas que no comparten ni el diseño, ni el destino al que conduce a estas calles el actual alcalde en funciones. Una de las características más claras de los consistorios por él presididos es su ausencia de negociación y, sobre todo, de sensibilidad hacia ese enorme, repito, enorme porcentaje de la ciudadanía que no encuentra su voz representada en el devenir de sus aceras, desde hoy por sólo un voto de diferencia. La democracia tiene sus leyes, pero también sus actitudes que no dudo, según sentencia del tiempo pasado, serán semejantes a las de una apisonadora conducida por nuestro ufano nuevo alcalde tras la que Cassá irá dando palmas e imitando algún verdial de los montes. En fin, los líderes de la oposición malagueña lo han intentado, pero Paco tiene mucho tirón. Ha sabido moverse en los barrios, en las asociaciones, hasta el punto de que, ante cualquier problema, en la barra de una peña siempre habrá alguien que te diga que eso se lo dice a Paco y eso se arregla. Así, como si llevara el número de su móvil en la agenda. Una casi mayoría menos uno ve nuestra Málaga en manos de especuladores, incluso la ve en manos de su ayuntamiento, superada ya en población y dinamismo económico por Zaragoza, hacia los precipicios de una burbuja turística con efectos devastadores en su estallido, pero hay que saber explicar todo esto a la ciudadanía. Ni todas ni todos somos Paco, pero Paco es mucho Paco, al menos un voto más que los otros.

No votaré a De la Torre

20 May

Cada quien tiene su trocito de ciudad, su pequeña pecera donde cumple sus obligaciones y devociones. Hay una Málaga para cada malagueño; en la mía no sería alcalde Don Francisco de la Torre, alguien con quien charlaría muy a gusto sobre mil historias de este municipio al que adora, no me cabe duda, pero con quien no comparto ni sus ideas, ni esa ideología sobre las que se cimientan. Parto de un respeto absoluto y de la consideración de que es un técnico muy capacitado para seguir llevando el timón del consistorio pero, ya digo, me horroriza el desatino hacia el que capitanea esta jábega a la que quiero tanto como él. Su política municipal aboca Málaga hacia su deshumanización en varios sentidos. La fachada se ha convertido en punto esencial del concepto de ciudad, en lugar de sus habitantes. La tendencia arquitectónica y urbanística, impulsada desde esa idea, pretende que nos domiciliemos en una especie de gran centro comercial de esos que imitan un pueblecito donde quien llegue se transmuta de ciudadano a consumidor. Interesan sus billetes no su persona. Cada asiento se orienta hacia un escaparate a su vez rodeado de sillas para bares y restaurantes. Las esquinas se conciben como ámbito para el consumo. Somos ocupas de pasillos de un supermercado. Los romanos delimitaban las dos avenidas principales y, luego, imaginaban el foro, el área de encuentro y expansión para la ciudadanía. Las calles malagueñas han sido peatonalizadas para ser cedidas a las cadenas de una hostelería, casi toda de consumo rápido, y con la vista puesta en un cliente al que no se pretende ver de nuevo por allí. El Ayuntamiento entrega terrazas, esto es, espacio público, pero no propone un contrato mediante el que la empresa a la que se concede ese terreno aplique unas determinadas condiciones salariales a sus trabajadores, también dueñas y dueños de esos metros hurtados bajo excusa de recaudación.

Desde esta premisa de urbe como ámbito del no-ocio, es decir, negocio, se deducen muchas barbaridades. Las personas no importan en este Monopoly del sur. El vecindario de zonas como el Centro histórico, Teatinos o Pedregalejo se ha convertido en rehén de esta noción. Las aceras en general son contempladas desde el plano. El horror vacui que atenaza a este consistorio consigue que dos personas no puedan andar de la mano salvo en los pocos metros instituidos para ello. La acera que conduce desde La Goleta a Ollerías permite unas mínimas losas para un peatón que se tiene de desplazar en fila comprimido entre el muro, los árboles, el carril bici y los varios macetones que adornan la puerta de algún comercio y museo. Nuestros ediles bajan al asfalto sólo en días de guardar. En Calle Cuarteles o Salitre, donde había espacio se instalan marquesinas de autobús u otra edificación junto a las terrazas que dejan poco más de un metro para el caminante. Parece que en los programas de diseño no se incluyen humanos. En los idearios consistoriales tampoco, salvo como pagadores de cargas y gravámenes. La ciudad soñada por este ayuntamiento década tras década se dispersó con fines especulativos, en lugar de atender a la expropiación y repoblación de todo el Centro, para que unas dimensiones racionales contuvieran el gasto de mantenimiento; además, de Calle Larios existe Lagunillas. La ciudad asaltada respeta la propiedad personal como bien de especulación pero no considera la propiedad de esos vecinos a los que condena a un infierno de ruido y juergas en bares y pisos turísticos; en este contexto molesta un parque en los terrenos de Repsol. La ciudad expoliada ni siquiera tiene en cuenta a los trabajadores cuando entrega a los negociantes sus tesoros, como sucedió con LIMASA o ahora con el CAC cerrado por simple desidia burocrática. Este ayuntamiento quería regalar terrenos para una universidad privada a la vez que cobra impuestos de basuras a los institutos públicos de enseñanza. Una política municipal tan de artificio como sus fuegos de feria. Un modelo de éxito aparente con ruina certificada en un pronto futuro. Aquí un malagueño es como un extranjero, pero de segunda.

Cadáveres que incomodan

25 Mar

Las ruinas de Villa Maya van a servir para que el Ayuntamiento de Málaga limpie su conciencia, o su falta de conciencia histórica, mediante la propuesta de entrega de la medalla de la ciudad a Porfirio Smerdou, cónsul de México en Málaga que entre 1936 y 1937 convirtió su hogar en un refugio para quienes huían de los fusilamientos republicanos quienes, al igual que los sublevados, ponían a ciudadanos inocentes contra las vallas del cementerio y le soltaban un tiro sin otro juicio ni mayores cotas de piedad. Unos ganaron la guerra y pudieron matar más y rescatar de las cunetas a los que consideraron suyos, para dejar espacio donde enterrar a los que no le permitieron ni el privilegio elemental de un ataúd e incluso una lápida. Pero ni siquiera el bando vencedor al que me niego a llamar “nacional”, dado que portaba la misma nacionalidad que los de la trinchera de enfrente, realizó un rescate de su propia memoria. Así, un lugar como Villa Maya que evitó la muerte a muchos malagueños, burgueses, sí, pero con idéntica condición humana que los pobres bombardeados en su huida hacia Almería, pasó desapercibido. No era un edificio con singularidad arquitectónica; un velo tramado por desidia pública y privada ha silenciado su existencia hasta el derribo, como a toro en la plaza, sin apelación posible. Porfirio Smerdou representa uno de esos personajes incómodos que jalonan el tejido histórico español desde finales de la guerra. Fue respetado por los comités milicianos porque México apoyaba la República; salvó a familias de los vencedores pero algo de rojo y librepensador tendría, por lo que tampoco le iban a hacer muchos vítores los prohombres de la dictadura militar. Hay humanos que son tan cuerdos, tan coherentes con su propia humanidad, que serían fusilados por cualquiera. Sospecho que debe ser inmenso ese número de cadáveres sin bandera con un tiro físico en la nuca y otro que se quedó apuntalado en el frente contrario. Qué solos se quedan los muertos, y mucho más los españoles.

Dentro de nuestra historia, esa más triste que ninguna porque siempre acaba mal, como escribió Gil de Biedma, aún contamos con un buen catálogo de cadáveres que molestan como si los encontraras a la hora del té en el salón. La ideología viste gafas miopes ante los ojos de quienes supuestamente deberían de enarbolar ideas. José María Hinojosa, por ejemplo, poeta de la Generación del 27, un ejecutado de los que no pudo alcanzar Villa Maya, autor de la “Flor de Californía”, obra clave de las vanguardias hispánicas, fue tachado de facha y no mereció ningún respeto literario por haberse dejado matar de modo tan tonto. Participó en la política republicana y eso confundía a los franquistas; fue ajusticiado por los republicanos y eso ya prejuzgaba sus versos. Su figura ha sido reivindicada ya casi en el siglo XXI gracias a los desvelos y erudición de mi gran amigo el doctor Alfonso Sánchez Rodríguez. El primer director de la nueva etapa de la revista “Litoral”, José María Amado, tuvo que huir desde Málaga a Gibraltar en una barca para que no lo fusilaran las milicias. Cuando resucitó en 1968 esta revista capital de las letras españolas tuvo que luchar contra la ruina económica, contra la incomprensión de los exiliados republicanos y contra la censura franquista. Ahí queda su obra viva casi sesenta años después impulsada por María José Amado y Lorenzo Saval. Cualquier reconciliación pasa por el reconocimientos de los hechos, el perdón y el olvido. Exige la desacralización de supuestas virtudes y de pretendidos defectos. Necesitamos devolver todos los cadáveres a sus lápidas legítimas, restituir sus biografías y atesorar la memoria completa y sin esos prejuicios que ya no tienen ningún sentido, salvo el de mantener viva una llama del odio en la que se nutren muchos intereses partidistas. Villa Maya era un símbolo de humanidad, de Don Quijote frente a terribles molinos que sólo anunciaban molinos más terribles. La destrucción de esa casita malagueña revela la miseria moral, esa agua oculta que aún llora bajo nuestros cimientos sociales, que habría dicho Lorca. El alcalde ha recalcado que, por razones de fuerza mayor, la entrega de esta medalla a Don Porfirio se hará a título póstumo.