Listeriosis y paraguas

16 Sep

Hay refranes que se deberían de quedar grabados en los despachos de los altos cargos políticos, de esos cuyas torpezas hunden transatlánticos como aquel capitán del Costa Concordia que quiso demostrar a una novieta lo majestuosa que se contemplaba su nave cuando pasa al lado, y la estrelló contra la escollera. Un semillero de chistes si no fuera por los cadáveres que cualquier imbécil deja por su camino. Hay refranes paridos por una desesperación aceptada, como esos que previenen sobre el poco compromiso que la alegría establece con la casa del pobre, o al contrario, sobre la querencia que los infortunios despliegan con quien no posee sino pulgas y flaqueza. Existe incluso un refranero apócrifo, ajeno al recopilado en antologías y textos que otorgan certificado de pureza a creaciones que por su propio origen escapan a esos cauces, tal como el agua por el colador. Estas sentencias pretenden la comprensión del mundo a la vez que el anclaje de un concepto en la memoria. Estos saberes extraescolares se aprenden muchas veces con la contundencia de un correazo en las espaldas. De ese estilo, silabeo uno que desde muy joven me protege contra ciertos tipos de humanos. Mi padre me aclaró que cualquiera es una buena persona mientras no asesine a nadie. A base de palos comprendí que igual te apuñala un tonto que un indeseable pero, al final, del primero no te llevaste ninguna lección porque lo hizo sin querer y no sabrás evitar la siguiente cuchillada. Ya digo que obligaría a que estas frases figurasen escritas sobre las paredes de todos los despachos públicos. En ellas se comprime la sabiduría de quienes perdieron incluso lo que no tenían por culpa de esas manos ineptas o llenas de maldad a las que el imaginario colectivo exculpa mediante un catálogo de complementos circunstanciales. No creo en las casualidades, ni en las determinaciones. Los pueblos pagan la torpeza de quienes asumen con prepotencia que toman el timón para comprobar si alcanzaron su más alto grado de inutilidad por fin.

La gestión de la Listeriosis ya ha mostrado su guadaña y puede que su inventario de ruinas para pueblos enteros. Recuerdo aquella crisis del pepino, cuando Alemania cerró sus mercados a los productos agrícolas de Andalucía. Nuestros políticos vestiditos de blanco aséptico comían pepinos ante las cámaras por si a los alemanes se les abrían las ganas o algo así. La listeria debe de ser una bacteria emparentada con los canguros. Ya ha saltado de Sevilla a Málaga donde los periódicos extranjeros nutren de información tergiversada a medios sensacionalistas que, en caso de que huelan la carroña, se comportarán como hienas que no sueltan una presa, tal como ya hicieron aquellos alemanes del pepino de cuya conducta, al final, no hemos aprendido nada. Estamos ante una alerta nacional. Los embutidos y chacinas andaluces me parecen de los mejores del mundo. Si amplío mi frontera a los españoles, en general, entonces son los mejores del mundo sin duda. No sólo existe competencia entre los diferentes productores de España sino entre todos los de Europa, y ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores. La Consejería de Sanidad ha conducido fatal esta situación, incluso bajo titulares que parecen llegados en directo desde la barra del cuñadismo. En esta faena también tendría que haber intervenido la Consejería de Industria. Dime con quién andas y te diré quien eres. La Junta ha abordado este asunto igual que si se tratara de una diarrea después de un atracón de pasteles. El consejero de sanidad por poco aconseja sorbos de agüita con limón e ir a la cama sin cenar durante algunos días. A perro flaco todo son pulgas. A la vez que aparecen nuestras empresas cárnicas en los telediarios, la Junta ha avisado de que hará campaña por ellas. El buen paño ya no se vende en el arca, pero mejor prevenir que curar. El verano ya se va con todas sus ventajas para que la información quede oculta. Esta crisis arrecia como esas lluvias torrenciales que ocasionan que alguien te meta un paraguas por el ojo. Sin querer, por supuesto.

Ruinas de septiembre

2 Sep

Ha regresado el cisne a la desembocadura del Guadalmedina. Como en un verso de Leopoldo María Panero, su soledad dibuja el silencio en la escena y le regala un fondo modernista y romántico junto a las ruinas del río y las del CAC. Activo en el ordenador los “Nocturnos” de Chopin interpretados por Brigitte Engerer. Málaga, tierra de surrealismo, decía Emilio Prados cuando fijaba su ojo en el de la proa de las jábegas. A un mismo tiempo, apenas se lo permiten, también revela querencias hacia el gótico con su profusión de muros caídos y huellas de memorias. Debió de ser espectacular la llegada del cisne a esa ilusión de ría. Un rebelde que lucha contra su condición de ave de escenario con la que los humanos la humillan. Regresó tras la feria cuando se sabía libre del vocerío de noche y madrugada, y de cualquier borracho desalmado que pagara su frustración vital sobre su plumaje blanco tan en contraste con la negrura de aquel charco. Quizás este año no hablemos ya de otoño, igual que el pasado casi no pudimos hacerlo del invierno. Tal vez las golondrinas permanezcan y las andanzas de los cisnes marquen el trasestío, nueva estación con iguales temperaturas que la precedente pero con noches más largas. El cisne ha venido, pero nadie sabe cómo ha sido, así en ripio cursi. Volverán y volverán las oscuras golondrinas, con aires de sentencia y casi amenaza. El trasestío conlleva estos fenómenos. Una enorme ruindad queda durante un año en el Cortijo de Torres, por donde Rodrigo Caro hubiera podido iniciar aquellos versos suyos sobre Itálica. Lo imagino como concejal del ramo junto al alcalde en lamento porque el jaramago ha invadido lo que fue campo de diversión, semillero de votos y templo donde inducir la amnesia a sus contribuyentes mediante vinos apócrifos. Y ahora queda un año por delante hasta un evento de masas que si por nuestros próceres municipales fuera, duraría todo un mes para que, junto con las resacas etílicas y las perspectivas de Halloween, luces de Navidad, carnavales y Semana Santa, se vuelvan invisibles, como modernas golondrinas, las grietas en esta gestión que hacen de una ciudad diseñada para gloria y honra, pero de unos pocos y no siempre bien señalados.

Las ruinas, por su propia condición evocadora, permanecen. No se regeneran por sí mismas si no contemplan un futuro. Pueden descansar en una paz perpetua aunque soporten un mayor deterioro. Así, junto al cisne, el CAC ya exhibe en sus costados las llagas de la desidia a la que fue condenado por la ineptitud administrativa de un ayuntamiento, con su alcalde al frente de toda romería y festejo, al que sobre cualquier otra cosa preocupan los fuegos de artificio. Traer un Centro como ese a Málaga infla la pechera alcaldicia a base de titulares. Que sus trabajadores hayan ido al desempleo y que el edificio ya se signifique como un casi basurero y que el CAC, en realidad, ya no exista por falta de previsión e interés, genera pocas críticas. Como metáfora del destino, la pasarela junto al CAC, esa que con aires de arco veneciano cruzaba el río repleta de escalones para que ninguna silla de ruedas pudiera por ella pasear, pues esa, esa tampoco está. Sus cimientos se han movido y nadie sabe cómo ha sido, ni dicho ni pío, así en tripio. La naturaleza ha delegado un cisne para que trace con su aleteo una firma decadente sobre la podredumbre de la marea. Por implorar misericordia divina, roguemos otro cisne, o mejor un cuervo, anidado sobre el edificio de aquellos cines Astoria, donde aprendí a adorar a Woody Allen. Desde mañana martes, risas y lágrimas frente a aquellas pantallas vertidas volarán entre el humo de otra ruina sin rumbo; por ser justos, a causa de todas aquellas voces que motivaron que Antonio Banderas dirigiera su proyecto de inversión en Málaga hacia otro espacio. Apareció septiembre con su cúmulo de escombros y silencio hasta la próxima fiesta que nos haga olvidar olvidos, imprudencias y torpezas consistoriales. Cierro el piano de Chopin. Mientras, el cisne dibuja su interrogante junto al mar.

Málaga soñada

15 Jul

Hay ciudades soñadas y ciudades dormidas, puede que como una mala borrachera, puede que como aquel sueño pálido que Alfanhuí se echó en una silla de cerezo que adormecía, como en un tiempo antiguo, a quién allí se sentara. Cuentan que Rilke soñó con una ciudad que pendía del cielo; durante su periplo hacia África tuvo que desviarse a Ronda a la que reconoció al instante como la ciudad de su sueño, que no la de sus sueños dado el poco tiempo que pasó allí. Granada tierra soñada por mí, chilla con aspecto de pez capturado en el anzuelo, cada aspirante a tenor. El caso es que un estudio realizado por una marca de colchones califica a Málaga como la mejor ciudad para dormir, según las bondades de su clima. Málaga es mi ciudad soñada. Esta Málaga no es la ciudad de mis sueños. Me he mudado de casa varias veces porque no podía dormir. El clima de Málaga es magnífico si atendemos a comparaciones con Córdoba en verano o con Córdoba en invierno. En efecto, hay ambientes que son primos lejanos, a pesar de la aparente cercanía. Valencia acoge un infierno de humedad que trastoca los días estivales en un sudor perpetuo y los invernales en tiritonas permanentes. El malaguita pontifica que prefiere el frío tan anhelado de Granada, donde uno se abriga y ya está. Según este razonamiento, el traje de astronauta en Plutón se compone de rebequita y guantes. Allí sí que se debe dormir regular por mucho coñac que te metas antes de ir a la cama. Yo he dormido bien en toda la Cornisa Cantábrica. El truco en invierno consiste en acostarse bajo el edredón, sobre la cama en lugar de la Cornisa, y con las ventanas cerradas. Las marmotas y los osos duermen en Canadá, incluso meses. Desconozco los detalles del estudio aludido, pero para comprobar de modo empírico que en una ciudad se duerme bien a causa de su clima, hay que cometer la crueldad de repartir entre los encuestados un colchón de tal marca para que se tumben al relente. “Su colchón y escupidera, señor. Deje espacio para que crucen los peatones”.

Si realizamos una investigación de este tipo en el mundo civilizado, nada de estepas, desiertos o selvas, con sus edificios y tejas, el clima debería de ser un elemento secundario; de otro modo, estaríamos evaluando la calidad de los aislamientos y de los sistemas de climatización. En nuestra Málaga, dada su pobreza secular, un gran número de construcciones se alzaron para salir del paso. Como de posguerra, muchas décadas después de la guerra. Así, en barrios como Miraflores de los Ángeles, La luz, La Paz, La Palmilla, Nuevo San Andrés y todas sus zonas aledañas, cientos de miles de malagueños ven el televisor de los vecinos si entornan los ojos frente al tabique. La vida ahí es comunal. Años setenta. En verano, con todas las ventanas abiertas, uno dormía por derrota del terral hasta que el sol volviera a exhibir su impertinencia. Hoy, el aire acondicionado alivia algo la vida de un vecindario que aún cultiva la costumbre de pasar bastantes horas en la calle. Como en la calle no se está en casa, la verdad. El malagueño medio, desurbanizado, se va despertando conforme le dé la gana a la, o el, imbécil de turno que pase por la calle aullando cualquier tema de los Odd Balls, por ejemplo. Sobre esta dificultad para conciliar el sueño por causas indígenas, se han incrustado, además, las especies invasoras. Jaurías de guiris borrachos dando todas las voces que no dan en su puñetero país, y que suelen interactuar con las manadas, incluso mamadas, de despedidas de solteras o casados, actos de última humillación antes de sentar la cabeza o de ingresar en el turbio estado marital. Don Francisco de la Torre, alcalde que sueña con Málaga, aunque nunca nos encontremos en la misma pesadilla, halló la solución a este sándwich doble con incompatibilidades de ruido y sueño, cuando aconsejó aquello de hablar bajito para evitar bullangas. En un gesto de complicidad con su pueblo y con el de los invasores, podría haber avisado de que nos vigilaban los del estudio de los colchones. En mi Málaga soñada, disfruto de su clima y, además, puedo dormir cuando y donde quiero. Pero ya se sabe, los sueños, sueños son.

Pobre lujo malagueño

8 Jul

La revista americana Luxury Magazine ha enviado a uno de sus reporteros a Málaga. Sus páginas están destinadas a los poseedores de unas tarjetas de crédito exclusivas a quienes aconsejan cómo y dónde gastar esos dólares que nuestro sector hostelero tanto persigue. Con mucha dificultad Málaga se convertiría en destino preferente para el turista de lujo. Nuestra mejor embajadora fue Michelle Obama cuando descansó en Villa Padierna, Marbella, donde permaneció una semana o así. Málaga está muy mal publicitada. Los viajeros americanos apenas duermen dos días en nuestros hoteles. Aquel verso de Aleixandre donde calificó a su Málaga de niñez como un paraíso, ha provocado en el indígena y, sobre todo, en sus autoridades, una severa falta de contacto con la realidad, mezclada con ausencia de crítica. Repetimos que Málaga es cosmopolita; lo son sus visitantes. Durante la última Semana Santa, por casualidad, ejercí como guía de una encantadora americana de Los Ángeles, Sandra, abogada, cultísima y enamorada de España. Desconocía Málaga y sólo pasaría aquí pocos días. Con todo respeto lo escribo, pero la Semana Santa para los no católicos no despliega demasiado interés; es conocida fuera de nuestros límites municipales gracias a Antonio Banderas quien nos ha situado en algunos mapas. Los toros se circunscriben a un maltrato animal cada vez más difícil de comprender. Sandra acude en L.A. a tablaos flamencos, de esos que en Málaga no existen. Quería asistir a alguno. Se habían alineado los astros y minutos antes yo había recibido una invitación de un amigo que organizaba en su domicilio una fiesta con rumores de guitarras y posible cante jondo. Echamos una tarde muy agradable en un maravilloso ático frente al mar. Algunos aspirantes a cantaor exhibieron allí no más que lo que sus gargantas les permitieron. Sol, marisco, vinos excelentes y risas. Pero esto no es lujo. Sandra tiene esto en casa cuando quiere.

La mejor playa de Málaga no puede compararse con las arenas de California o las de Coney Island, esa Misericordia de NYC. Quienes contemplan desde el yate Niza o Antibes no caerán de rodillas ante la Farola. El malagueño medio desconoce Sausalito, la costa de Maryland o los residenciales de Long Island. Nuestra ciudad dibuja un perfil de cielo de protección oficial frente al Mediterráneo. Seamos sinceros. Respecto a los museos, el nombre de Picasso atrae como un Júpiter en mitad de los planetas. Los demás albergan curiosidades que se difuminan cuando son comparadas por el espectador frente a aquellas colecciones, Picassos incluidos, que los potentados americanos adquirieron durante el siglo XIX y XX y que atesoran lo más significativo del arte plástico mundial. Aún así, Málaga puede atraer al visitante americano si potencia su lujo auténtico, esto es, lo que no tienen. Conduje a mi querida Sandra a Antequera y se quedó extasiada bajo la grandeza de los dólmenes. Había visitado muchos en Europa, se consideraba una buena conocedora del fenómeno megalítico, pero desconocía que en nuestras tierras se hubieran alzado tales construcciones asociadas en su imaginario a áreas celtas. Falta publicidad. El almuerzo con Charo Carmona desplegó esas recetas tradicionales que su restaurante intenta rescatar y que Sandra disfrutó por vez primera, además, regadas por vinos de Ronda que compitieron, en su educado paladar, con los ya excelentes californianos. Con tiempo, habríamos visitado el Torcal, cuevas como La Pileta, Nerja o Ardales, El Caminito del Rey, El Tajo y Ronda la Vieja, Alcaucín o el Molino del Santo en Benaoján. Habríamos disfrutado los quesos serranos, los alucinantes jamones de Faraján, o los tomates del Guadalhorce. En Málaga capital bastan dos días. La característica del viajero con alto poder adquisitivo es que ha viajado, ha bebido y ha vivido. Málaga en su conjunto tiene rincones más que privilegiados y un tesoro gastronómico y cultural de primer orden en todas las artes. Hasta ahora hemos alzado una fachada de cartón-piedra rellena de comida basura y borrachera masiva. Un lujo de bazar chinesco y muy pueblerino para turistas menesterosos.

Ni todas ni todos éramos Paco

27 May

En primer lugar, y como debe de hacerse en una democracia sana, quiero felicitar desde estas líneas a Don Francisco de la Torre a quien contemplo como próximo alcalde de Málaga. A pesar de una contenida participación en estos comicios, ha conseguido atraer casi 10000 papeletas más a las urnas. El noble pueblo malacitano ha hablado. Pero ni todas ni todos éramos Paco. El PSOE, con Daniel Pérez ha logrado conciliar más de 17000 nuevos votantes respecto a las elecciones anteriores. Eduardo Zorrilla no sé si sube o baja, las mareas, uniones confluencias y conciliábulos y botellones desorientan a números y electores. Sin embargo, Cassá, Ciudadanos, protagoniza el batacazo de la noche. Pierde un concejal y más de 5000 votos que han flotado sobre este mudable azar político. Ser palmero es lo que tiene; no sólo estás obligado a subir a la palma sino que cuando estás cogiendo cocos se te ven las ideas e, incluso, su ausencia. Los simpatizantes de C’s Málaga han votado la marca registrada en lugar del sucedáneo. Deslizaron en sus sobres la idea de un Don Francisco progre como santo de la jornada. Tal como están las coaliciones en Andalucía, Cassá entregará la vara de mando a De la Torre. Podrá salir de nuevo detrás de él en cualquiera de los pasos procesionales que el alcalde considere oportuno. Será escrito un nuevo pacto a la andaluza que fue articulado, no lo olvidemos, para diluir aquellas estructuras de poder de un partido que llevaba en los despachos más años que el propio Generalísimo bajo el palio. El PP lleva ya 25 años en Málaga con sus inevitables consecuencias de clientelismo real o psicológico que en Sevilla había que desmontar pero que aquí resistirá otros 4 añitos para sufrir igual pena. Así son los misterios de la política. Al final de una noche electoral todos ganan, y lo que en un sitio vale, no vale para otro. Nada tan mudable como la moral de partido cuyos intereses suelen coincidir con los intereses bursátiles, antes que con cualquier otra ética.

Don Francisco ha ganado con limpieza y holgura, pero ni todas ni todos somos Paco. La previsible suma de concejales entre PP y C’s entregará la mayoría absoluta a un bando. Si sumamos las y los concejales de la oposición descubrimos que PSOE junto con Adelante alcanzan los 15, es decir, De la Torre gobernará por sólo un voto concedido por un partido que dispone de dos. Estas son las reglas del juego y deben ser respetadas, lo que no significa que no reflexionemos sobre el sistema y sus códigos. Existe un número más que significativo de habitantes de Málaga que están manifestando en las urnas que no comparten ni el diseño, ni el destino al que conduce a estas calles el actual alcalde en funciones. Una de las características más claras de los consistorios por él presididos es su ausencia de negociación y, sobre todo, de sensibilidad hacia ese enorme, repito, enorme porcentaje de la ciudadanía que no encuentra su voz representada en el devenir de sus aceras, desde hoy por sólo un voto de diferencia. La democracia tiene sus leyes, pero también sus actitudes que no dudo, según sentencia del tiempo pasado, serán semejantes a las de una apisonadora conducida por nuestro ufano nuevo alcalde tras la que Cassá irá dando palmas e imitando algún verdial de los montes. En fin, los líderes de la oposición malagueña lo han intentado, pero Paco tiene mucho tirón. Ha sabido moverse en los barrios, en las asociaciones, hasta el punto de que, ante cualquier problema, en la barra de una peña siempre habrá alguien que te diga que eso se lo dice a Paco y eso se arregla. Así, como si llevara el número de su móvil en la agenda. Una casi mayoría menos uno ve nuestra Málaga en manos de especuladores, incluso la ve en manos de su ayuntamiento, superada ya en población y dinamismo económico por Zaragoza, hacia los precipicios de una burbuja turística con efectos devastadores en su estallido, pero hay que saber explicar todo esto a la ciudadanía. Ni todas ni todos somos Paco, pero Paco es mucho Paco, al menos un voto más que los otros.