C’S Málaga

18 Jun

Ciudadanos ha propuesto desde y para Málaga una serie de medidas regeneradoras, 25 concretamente, que buscan reducir las deudas y racionalizar el gasto del actual equipo de gobierno del PP. Sin embargo, no expone su modelo de ciudad. Gracias a sus tres concejales, C’s tiene las llaves de Málaga, así como se entregaban en tiempos antiguos a los conquistadores. Explican que el consistorio malagueño no funciona, pero de modo inexplicable permiten que De la Torre permanezca sentadito es su tejado, maramiamiáu, como el señor Don Gato de la canción infantil, en lugar de articular acuerdos y confluencias con los demás grupos políticos apoyados por los votos de más de ciento treinta mil habitantes de nuestra urbe. Las últimas semanas hemos desayunado con noticias que indican el desastre en que los mandatos de D. Francisco han convertido la gestión municipal. La gerencia de urbanismo, una de las áreas que más dinero ingresa en las arcas munícipes, dejó de cobrar infracciones. Sus responsables, y ahí se cobra bien, son incapaces de organizar el motor. Policías y bomberos, descontentos. El área de movilidad urbana tarda varios meses en conceder el permiso de paso a quienes padecen la mala estrella de haber vivido desde generaciones en una de las áreas del centro que ahora haya sido peatonalizada, un escupidito más sobre la calidad de vida de esos malagueños a quienes el consistorio pretende centrifugar hacia otras esquinas mediante diversos métodos de coacción institucionalizados. Ciudadanos, Cassá dixit, se afilió con sus trío de ediles a esta corriente ideológico-mercantil que pretende entregar nuestra ciudad a las grandes marcas de hostelería y franquicias, a los fondos de inversión especulativos, y a esas manos angelicales que firman la bula para que las cofradías alteren, exasperantes, los asuntos terrenales con la excusa de atender a los celestiales. Si en los barrios se viviera mejor comprenderíamos esta definida política de Don Francisco, pero no, la pasta que generan los espectáculos, bares y pisos turísticos, se queda donde siempre tiene que estar, en los pocos bolsillos especuladores de quienes promovieron este escenario usurpado a la ciudadanía.

Ciudadanos en Málaga lleva uno de los nombres peor puestos que conozco. Por sus acciones, declaraciones e incluso ignorancias confesas sobre esta ciudad, este grupo semeja una de aquellas múltiples escisiones que el Partido Comunista sufría en aquellos años de la transición en el que el votante no descubría las 7 diferencias que distinguían original y copia, salvo en las siglas. Así sucede con la dirección de Ciudadanos en Málaga, en donde aún no se descubren corolarios distintos de los de D. Francisco. Ciudadanos se comporta como el cómplice necesario para el diseño de estos infortunios que laceran a la ciudadanía malagueña por una vía u otra. Y que cada quien incluya ahí, desde su imaginario, la vía que considere oportuna. C’s Málaga obtuvo el voto vicario de C’s España. El vecindario y Cassá padecían un recíproco desconocimiento; a pesar de ello, el recién llegado consiguió componer un trío de ediles gracias al nombre del partido más allá de Las Pedrizas y de Despeñaperros, donde Ciudadanos acoge el desencanto y la frustración del votante moderado del PSOE y del PP, junto con el prestigio que para la opinión pública no supremacista ha cosechado la valentía de Inés Arrimadas y sus colaboradores. El voto de Ciudadanos Málaga fue en su día un voto vicario que en las próximas elecciones municipales puede sufrir los estragos que le causen un PSOE recompuesto e ilusionado por el gobierno de Pedro Sánchez, junto con el previsible cierre de filas del PP en torno a la o el nuevo líder. La medida política más destacada de la gestión de C’s Málaga se limitó a la clausura del Instituto Municipal del Libro, donde se condensaba la purulencia de nuestro consistorio, según la inflexibilidad que exhibieron los Cassá’s boys frente a aquel asunto, casi de pandereta y pliego de cordel. Hasta ahora Ciudadanos ha actuado como el palanganero de D. Francisco y sus cuates. Para una copia, mejor el original.

Puchero malagueño

12 Mar

Voy a iniciar esta columna de lunes como nunca se debería de hacer según preceptos clásicos no escritos para estos géneros periodísticos de opinión. El artículo y la columna han de ser platos de único aroma para que el comensal no se despiste; pero a veces uno tiene que aderezar un cocido con su carne y sus verduras; eso sí, hay que saber espumar la grasa para que los múltiples sabores no se retuerzan sin sentido. Por un lado, el Ayuntamiento está dando todos los parabienes a la construcción del hotel con hechuras de rascacielos que pretende ser estampa del dique de levante, a pesar del informe de la UNESCO que advierte de serios inconvenientes e impactos medio ambientales negativos. A este mismo puchero, podemos añadir el hecho de que Inspección de Trabajo impuso 1750 multas a empresas malagueñas durante el año 2017; sobre todo, por fraudes cometidos con los contratos parciales en el sector de la hostelería. Si hurgamos en la despensa para ver qué podemos echar a este caldo, me encuentro con que los grandes fondos de inversión internacionales están reactivando el sector de la construcción, a la vez que adquieren inmuebles en todas las ciudades españolas, Málaga incluida, lo que ha ocasionado alzas no sólo en los precios de esas viviendas, ya inasequibles para la clase media, sino en la mensualidad del alquiler. Desde el frigorífico, por si caben en el puchero, todavía nos llegan los ecos no sólo de la histórica manifestación feminista a la que el alcalde de nuestra ciudad se quiso adherir, una vez constatado el éxito de la posible foto, sino que también resuenan los de las batucadas de la Casa Invisible, espacio alternativo con cuya ideología no comulgo, aunque sí con su idea, esto es, un ámbito ciudadano ajeno a las injerencias de los grupos políticos mayoritarios que ya disponen de foros donde, incluso, servían canapés y vinos de relumbrón durante aquellos tiempos en que se consideraba el gasto público como parte del dispendio del cortijo privado de unos pocos. La Invisible alberga a los otros pocos que también tienen derecho a disfrutar de ese derecho de ser minoría y no quedar invisibilizada por ello.

Una vez juntos puerro, apio, zanahoria, nabo, patata, pollo y hueso de cerdo, pongo a hervir el agua, espumo, salo y cuelo. Tras el primer sorbo, con la taza aún entre las manos, concluyo que Málaga está siendo construida al margen de los malagueños. Al menos al margen de todos aquellos malagueños que ni poseemos locales comerciales en el centro de la ciudad, ni hemos heredado pisos, casas o edificios en esas mismas calles, ni podemos mudarnos a nuestros chalés de más allá de la Malagueta, desde donde no se comparte la ordinariez reinante hacia el norte y oeste de esa otra ciudad que desde allí se contempla. Fue Antonio Machado quien escribió “Qué maravilla, Sevilla sin sevillanos, qué maravilla”, hoy parece un lema para inspirar la acción de esta nueva doctrina urbana que Cassá y de la Torre profesan con fe de conversos. Málaga está siendo pensada para llenar los bolsillos de esos pocos especuladores que obtendrían buenos fajos de billetes si el centro histórico se convirtiera en una especie de Times Square de Nueva York, donde los comercios permanecen abiertos 24 horas para turistas que intentan reponerse del cambio horario mediante una buena dosis de Visa en vena. Mientras, los alquileres a autóctonos suben por toda Málaga al hilo de una ley de oferta y demanda que también aplicada a las condiciones laborales de una población que sólo dispone de la hostelería como único sector donde encontrar trabajo; eso sí, mediante contratos ocasionales e insolidarios que impiden que la riqueza generada por este diseño de ciudad-Tívoli sea repartida entre todos los bolsillos. Juan Cassá, el de C’s, que viene desde lejos para salvarnos, incluso ya ha calculado a cuantos habitantes hay que exiliar del centro para que los fondos de inversión especulen con calma. Ya digo, un pucherito malagueño, con mesa reservada para los elegidos, en un restaurante frente al mar, donde, tal vez, si somos sumisos, nos permitan mirar a los señoritos a través del escaparate.

The invader

12 Feb

Imagino que ustedes también habrán visto al paso una de esas figuras confeccionadas con pequeños mosaicos cuadrados que, como si fueran píxeles de ordenador antiguo, dibujan una gitana, un pulpo o un marciano de aquellos que creí haber exterminado en la máquina del bar cuando yo tenía 20 añitos más o menos. En aquellos tiempos, perdonen esta fuga de la memoria, las actrices se desnudaban por exigencias del guión y con cualquier excusa aparecía el tetamen en la pantalla; proliferaron los espectáculos de destape en las ferias, y acercarse con la madre de uno al quiosco de la prensa era un poco vergonzante por la cantidad de revistas seudo-porno que se exhibían tras la cristalera. El nacional catolicismo había vestido este país con mangas al puño y faldas bajo las rodillas, y una gran parte de la sociedad española quería ver cómo eran las curvas de la otra gran parte de la sociedad. Como si fuera un poema de Jaime Gil de Biedma, uno va tan tranquilo por la existencia y, de pronto, te llega alguien que con toda seriedad te recuerda que el arquitrabe está en peligro grave, que esto es un disparate y que hasta dónde vamos a llegar. Y en efecto, me pregunto que hasta dónde vamos a llegar. Por un lado, la fiscalía de medio ambiente se va a querellar contra Fernando Francés director de CAC y, por si no tienen nada que hacer, va a ordenar a la guardia civil que descubra quién se oculta tras el seudónimo del Invader, quien ha decorado algunas esquinas de esta ciudad de VPO con esos muñequitos pixelados. Este caso sería gracioso si no fuese tan ridículo. Leí la noticia en mi periódico casi al mismo tiempo en que me llegó una foto de unos tipos orgullosos de haber matado a dos lobos en un pueblo de esa meseta castellana donde nadie desperdicia una ocasión para demostrar su inhumanidad. Pocas horas después, aparece en los noticieros una sentencia que condena por odio religioso a un joven porque ha insertado su rostro en la imagen de la figura de un Cristo. Figura, trozo de madera tallado. Parece que la sociedad española avanza en sus costumbres para poder retroceder con mayor ímpetu.

Málaga es una ciudad fea. Agradable, maravillosa en muchos aspectos vitales, pero nunca fue planificada ni pensada sino como un conglomerado de pobreza con algunas islas de burguesía solariega. Las intervenciones del Invader han redescubierto espacios para el paseante; algunos de ellos en fachadas de edificios en abandono flagrante y dañino para los ojos. La fiscalía actúa porque alguna construcción está catalogada como bien de interés cultural. Tal categoría, según se ve, exime al bien de que aumente su interés cultural mediante un aporte de arte contemporáneo, desenfadado, gracioso, nada ofensivo, ingenioso, con chispa y no sé cuántos calificativos más escribir para que alguno de nuestros políticos garrulos y de nuestros jueces miopes comprendan la intervención. Esta persecución de Fernando Francés, para mí incomprensible, y del o de la Invader por parte de la fiscalía, se inserta en esta especie de campaña que lleva a occidente hacia un puritanismo que coarta todos los valores que no se asemejen a los valores bursátiles. La obra de Egon Schiele, o la de mi querida Susi Márquez, tan provocadoras, evocadoras y excitantes, han pasado a la categoría de pornografía, mientras nos encontramos con actrices pornográficas que han ascendido a la categoría de glorias del pensamiento nacional, como hace 40 años. A cada uno lo suyo, al arte lo que es del arte y a la judicatura lo que es delito, esto es, aquello que hace daño, por ejemplo quienes matan a los lobos que pertenecen a la humanidad, quienes robaron los ahorros a trabajadores bajo el nombre de banqueros, a quienes están usando la vivienda como bien especulativo, o a quienes coartan la personalidad de las mujeres para perpetuar su esclavitud dentro del orden patriarcal. Delito es todo aquello que hace la existencia diaria un arco que se desmorona porque falla su arquitrabe, en este caso, un aparataje judicial a quien convendría leer algún manual de arte, de vez en cuando e, incluso, ver algún porno por aquello de saber diferenciar.

El nuevo fichaje del Málaga

15 Ene

Quienes me conocen estarán con los ojos abiertos como búhos ante el titular. Nunca me gustó el fútbol y no sé nada de fútbol, aunque por mi edad, soy de quienes tenían en el cuarto un póster donde aparecía el mítico jugador del Málaga, Viberti. Incluso pedí un autógrafo a Migueli, y vi en La Rosaleda al Peñarol de Montevideo contra nuestro equipo local. Tal vez, por ser niño blanquiazul, dejó de interesarme un deporte en el que mi equipo subía y bajaba de primera a segunda como el oleaje en el Peñón del Cuervo. Por otra parte, mi niñez me adjudicó el papel de gordo-gafas, adecuado para sacar libracos del bibliobús los sábados por la tarde, pero poco acorde con las cabriolas que debía ejecutar sobre una superficie alfombrada por socavones embarrados, ante un balón dudoso, y frente a una escuadra invisible delimitada por cuatro piedras. Siempre quedaba el último en la elección de equipo y siempre me anclaban cerca de la portería, ajeno al área de la gloria, por si mi masa corporal curvaba el continuo espacio-tiempo y capturaba, así, la pelota enemiga como satélite. Yo, alegoría de mi vida futura, me limitaba a verlas venir y a protegerme las gafas para que en casa no se montara la tragedia. Con tal currículum en consonancia con ridículo, y mis pocas ganas innatas de correr, el fútbol nunca figuró entre mis opciones. Por otra parte, con el paso de los años, mi carácter se ha forjado en una vía profundamente envidiosa y egoísta, lo que me produce una incapacidad para identificarme con cualquiera que gane algo y que no sea yo. Con el Málaga he tenido pocos problemas en ese sentido, pero no con los dioses de mi barrio de adolescencia y juventud que se llevaban, en justa concordia, a las que por aquel entonces considerábamos también diosas de aquellas calles. Aunque ese amasijo de experiencias, torpezas y aburrimientos, que llamamos vida me haya matizado mucho aquellas divinidades de barrio, creo que aún no he calmado esos rencores enraizados en aquella práctica deportiva. La tele decía que el fútbol era cosa de hombres y se ve que yo no cumplía tal condición.

A pesar de que el fútbol inundaba conversaciones y páginas periodísticas en esa época mía de la que les escribo, los destartalados setenta, aún tenía menos repercusiones éticas que en la actualidad. Los futbolistas eran estrellas, por supuesto, pero nunca supimos sus opiniones políticas y, desde luego, jamás tuvieron esta influencia colectiva con sus comportamientos como la que hoy provocan gracias a los millones que trincan, a los coches y lujos que exhiben, y al enjambre de inversores necesitados de su transmutación en héroes para luego vender los derechos de propiedad de un héroe. Un fenómeno a nivel europeo, no sólo español. En Reino Unido, se convierten en best-seller no sólo las biografías de los deportistas sino las de sus novias. Una buena parte de nuestra adolescencia imita peinados, ropa, desodorantes y maneras de sus ídolos dentro o fuera del campo. El Barça es más que un club pero el fútbol es más que un deporte. En este contexto leo que el Málaga, al tiempo que ha destituido a su técnico, pretende evitar el descenso mediante el fichaje de un jugador que aparece como un tipo desequilibrado y narcisista en las redes sociales, pero que, además, arrastra acusaciones de violencia de género. No sé quién fue a buscar a este salvador pero, desde luego, olvidó sobre la mesilla varias piezas del neceser moral cuando hizo la maleta. El machismo en el fútbol no se elimina porque las mujeres acudan al campo para vitorear a los suyos. Este posible fichaje ya ha marcado un primer golazo a esos valores de igualdad y no violencia que la sociedad española, futbolera o no, está intentando sembrar en todos sus estratos. Los goles limpian los pecados. Todo vale en este paraíso de billetes que el fútbol genera. Un equipo en descenso no ensucia el nombre de una ciudad. La acogida de una persona como la antes descrita, o similar, calificaría al club y a Málaga como un barco de tercera, pero sin honra. Pésima lección para buena parte de la juventud malagueña. Temen que al final no venga. Lo flipo.

Crisis de ruido, crisis de ciudad

4 Dic

La llamada crisis del ruido demuestra de un solo golpe no sólo el pésimo diseño urbano de Málaga, sino la torpeza de nuestro consistorio, con el alcalde a la cabeza, para resolver cualquier conflicto, además de la porquería de instalaciones educativas con que contamos, junto con la inutilidad de Ciudadanos para implicarse en todo asunto que afecte a nuestras calles y que no se trate de salir en procesión con un estandarte. Frente a una crisis, inutilidad, porquerías varias y ausencias. Así se arreglan los conflictos en nuestras esquinas, a la malagueña, esto es, mediante multas que pagan los mismos bolsillos contribuyentes, combinadas con amenazas mediante la policía municipal, a la que nuestros prebostecillos locales ordenaron vigilancia periódica de los colegios donde los chicos generan ruido para quitarles la pelota si los ven jugar. Así, Paco, con un par, con un par de policías echando balones fuera. Esta serie de soluciones revela que Don Francisco sirve para inaugurar eventos y poco más. Un alcalde florero. Cuando brotan las desavenencias, como en Limasa, por ejemplo, o ante este ya dilatado rosario de discordias entre el vecindario y las actividades extraescolares, el alcalde opta por el perjuicio claro a toda la ciudadanía. Cuando una administración sanciona a otra, el menoscabo en los fondos deteriora el servicio de la sancionada. Si paga la Junta, menos dinero para educación. Si la Junta ordenara que el colegio pagase de su presupuesto, faltará dinero para esos escolares, así de sencillo. A cierto funcionario municipal le oí decir que se fastidiara un determinado centro de enseñanza frente a una sanción; me pareció un simple imbécil que no sabía lo que decía, pero el leer que un alcalde justifique unas sanciones que afectarán a los colegiales de su municipio, pasa cualquier frontera de ética política e, incluso, de moral privada, mancha que también pringa a C’s Málaga, soporte y casi cheerleaders de esta deriva municipal que padecemos.

Vayamos por partes. Por un lado, todo ciudadano tiene derecho a estar en paz en su casa y de no tener que soportar el jaleo inherente a cualquier práctica deportiva en grupo. Por otro lado, las viviendas construidas frente a los colegios se alzaron previa licencia municipal, por lo tanto, el propio ayuntamiento es responsable de subsanar los errores que abocan a los vecinos a una incomodidad por falta de previsión del departamento de urbanismo. A esto tenemos que sumarle que los gastos y mantenimiento de los colegios competen a los municipios; sin embargo, la edificación corresponde a la Junta. En Málaga, en la Costa del Sol, sufrimos la leyenda del paraíso terrenal climático, con lo que los diseños de las instalaciones escolares van poco más allá del de unas chabolitas aparentes. No disponen de equipamiento contra el frío pero tampoco contra el calor. No se construyen pabellones deportivos cubiertos porque hace un fantástico sol en invierno, pero tampoco se protege al alumnado de la radiación solar que a partir de abril machaca los patios hasta noviembre. No es fácil ser malagueño en Málaga. La forma correcta de solucionar esta colisión de intereses hubiera pasado por el diseño de un plan mediante el que Junta y Ayuntamiento hubiesen adecentado esas instalaciones deportivas con las que el propio consistorio malacitano se está ahorrando la construcción de establecimientos ajenos a esos recintos escolares. Tampoco habría estado mal que a los vecinos se les hubiera ofertado la posibilidad de que sus viviendas fueran insonorizadas y climatizadas. Con esas dos medidas, Málaga habría salido en los medios nacionales por ser una ciudad que piensa en su ciudadanía. Por el contrario, la inexplicable contundencia de Paco el multador, descubre que, más allá de la fachada museística y el cartón-piedra del decorado del Centro para visitantes, Málaga es una ciudad en la que el Ayuntamiento machaca a los indígenas. Además de una crisis momentánea por el ruido de los colegios, vivimos inmersos en una añeja crisis de ciudad.