Películas malagueñas

19 Abr

El Festival de Cine de Málaga parece que ha hecho comprender a nuestros políticos locales la importancia de escenas, escenitas y decorados. Así, han coincidido dos espectáculos en nuestra ciudad por esas ¡oh! casualidades de que las agendas rimen entre sí. Poco antes de que se inaugurase este festival de cine con sus gritos adolescentes y otros divertimentos sucedáneos Hollywood, el Partido Popular de Málaga iniciaba en el Palacio de Ferias la carrera para las elecciones municipales. Según las disciplinas escenográficas, De la Torre recibió su loor de multitudes, respaldos de Arenas y Soraya e incluso de Celia Villalobos quien escenificó los recuerdos de su paso por este consistorio y desparramó elogios a los “Gone with the wind”. De la Torre auto-vitoreó lo mucho que ha hecho su gobierno por Málaga, ejemplificado en la cifra de papeleras y contenedores de basura (sólo faltaría que ni eso), con datos sobre aceras, y con mención a nombres de barrios para que la fibra sensible de cada empadronado en esas calles pudiera oír de boca de su alcalde el silabeo de su patria chica. Faltó la felicitación a quienes cumplieran años en estos días. Una escenita. En el culmen del guión, De la Torre calificó a Málaga como una ciudad articulada; viaja poco, según parece.

El Teatro Cervantes significó el sábado una alegre continuidad al encuentro de los Populares. Un magnífico escenario que oculta el abandono al que De la Torre y su articulación urbana somete a grandes zonas del Distrito Centro. En más de diez años, Málaga no ha conocido unos planes que la condujeran seguros hacia algún concepto de ciudad que no se trazase bajo el dictamen de las inmobiliarias. El cine es ficción y sobre la pantalla los enemigos se aman, o el encuadre del plano oculta los tablones que sujetan decorados. Nuestros políticos municipales no pisan el asfalto que gobiernan. Los callejones revelan el bienestar ciudadano, no las grandes avenidas. Como todos los ayuntamientos, el de Málaga ha ingresado dinero en los últimos años gracias a los impuestos sobre los ladrillos, no a la inteligencia de sus dirigentes. Este consistorio de la complacencia abandonó en brazos de un tiempo incierto la zona que prestigia a una ciudad más allá de sus fronteras y de los discursos. Si alguna cámara se despistase tras la fachada del Cervantes la ficción estallaría invalidada por el documental de denuncia. Mientras, el Partido Socialista confecciona el disfraz para que su candidato protagonice alguna escena de “El Zorro” ante don Francisco y lo derrote por sorpresa. El vestido no entra a Heredia ni, desde luego, él exhibe la agilidad mental necesaria. Ya conoceremos el nombre del elegido. Sin embargo, la realidad se asemeja más a “Pulp Ficticon” y con tan pocos meses por delante y tanto trabajo, el “Disputado voto del Señor Cayo” no se va a conseguir ni con “Los cañones de Navarone”; aún se retrasará el desenlace de “El ocaso de los dioses” a la malagueña, como los callos con garbanzos.

Salvajes y goles

12 Abr

Nunca me gustó el fútbol. De pequeño no jugaba bien y durante cualquier partido siempre actuaba como reserva. Tampoco conocí las humillaciones de quienes fueron usados como poste de portería, pero sí descubrí el aburrimiento que despliegan casi un par de horas sentado, contemplando cómo los héroes corrían, esquivaban y recibían vítores tras la gloria del gol. Quizás esa frustración permanente alentó en mí un egoísmo que me impide el identificarme hoy con cualquiera que gane algo y no sea yo. Nunca me atrajo eso de jalear a un equipo de once tipos admirados que ganan un pastón, y merecen constantes fotos de portada en los medios y páginas e incluso medios enteros para sí, valga la paradoja. Nunca me gustó el fútbol. Un tipo raro de los que apenas pueden conversar con desconocidos y que se encuentra solo con frecuencia en bares cuando sus semejantes, masculinos sobre todo, se hallan en casa ante el televisor, dando gritos. A pesar de esa desafección mía a este nuevo régimen casi ideológico que se impone por doquier, comprobé durante la semana anterior la fuerza magnética que impide la huida total del deporte rey, como sé que también lo llaman hasta los republicanos. El miércoles visité a un amigo y allí me encontré con el partido del Barcelona-Arsenal. Otros varios amigos suyos que acudieron al evento no creían mi nulo amor por ningún equipo y por tanto mi atención inocente a lo que veía en la pantalla con independencia de quién protagonizase la ofensiva. Acabé convertido en el enemigo moral de aquel grupo. Cuando los, según ellos “sus”, jugadores disputaban el balón también cometían actos tan agresivos como los rivales; aquellas patadas a destiempo se volvían invisibles. Yo comentaba la incongruencia y ellos me miraban como yo si fuese el inglés. Al final gritaron que habían ganado. ¿Ellos?

La zona de la ciudad donde resido permaneció bastante silenciosa durante la noche del sábado. Se ve que la mayoría aquí se considera madridista y malaguista, que ya son ganas de sufrir. Dada mi ignorancia sobre los partidos de liga, pasé por La Rosaleda justo a la salida del encuentro con -¿o contra?- el Sevilla. Nunca había visto a los policías con escudos junto a mí. El carril-bici se inutiliza durante esos momentos porque mientras los partidos de fútbol o las corridas de toros, los más listos aparcan el coche donde les da la gana; cualquier acontecimiento en Málaga parece que da licencia para exhibir el salvaje que en muchos habita. Leo en La Opinión del domingo que se desató una batalla urbana entre salvajes en La Roca; un chico de Sevilla acabó con una puñalada en el costado. No me gusta el fútbol. Un tipo raro ya digo, pero distingo a los violentos a mucha distancia. Nadie sale a la calle con navaja si no es para usarla, el sujeto ya sabe del odio que acumula y da igual un himno que otro, una bandera que otra, fútbol, esquí o ajedrez. El ser humano es un animal raro, en verdad, muy raro.

Estampas de Semana Santa

5 Abr

Cada quien considera la Semana de Pasión según sus intereses. El milagro de este año para los cofrades llega del cielo y pocas veces mejor dicho; frente a un invierno lluvioso hasta hacernos hablar en gallego y sentir morriña, el inicio de abril aún mantiene lejanas sus aguas mil del refrán. Buena noticia también para los hosteleros, quienes han recibido los frutos de este Mister Marshall entre inciensos y velorios adelantado a las fechas estivales. Salvo algún pequeño incidente como cierta rotura de trono, aderezo para las crónicas de las hermandades, la fiesta acabó bien, luego bien estuvo. Sin embargo este paseante acostumbra a percibir siempre algún “sinembargo” así junto, si ustedes me lo permiten. Las conmemoraciones impecables, como ya digo, pero los alrededores se cubren siempre de una pátina que revela fisuras de organización y tintan el verde-morado de la ciudad con manchas de una dejadez casi crónica en muchos aspectos. La Semana Santa se convierte en los días del todo vale. Regresa el botellón a la Plaza de la Merced; puede que otro de los milagros consista en que durante estas jornadas el alcohol no dañe los hígados adolescentes. Tampoco parece fea a nuestras autoridades la estampa de borrachos entre capirotes, ni de otras gentes “puestísimas” que, por ejemplo, con gallardía arrojaban botellas de a litro en uno de esos descampados en Lagunillas donde la desidia y el abandono municipal, ahí tan típico como los tronos, ocasiona que los guarros depositen cuanta basura quieran. También las ratas y las cucarachas son criaturitas de Dios y habrá que darles de comer.

Dada esta fea costumbre mía de pasear, me percato de que existe una zona periférica del Centro donde esta Semana de la que hablo reparte su pasión entre los vecinos. El Ayuntamiento ha arreglado las aceras del barrio entre Cristo de la Epidemia y El Ejido. Los rebajes y rampas han servido para que muchos conductores aparquen sobre ellas sus vehículos, privilegio que antes se reservaba a los todo-terreno que impunes y seguros de sí obstruían solos cualquier paso para los peatones. ¿Sucede algo a quienes así obran? No. Nada. No hay policía municipal más que para ordenar el tráfico mientras los desfiles. Si se dispusiera de agentes, el que no se persiguiesen estos hechos constituiría una escandalosa dejación de funciones por parte de sus responsables. Si el Centro de Málaga padece el olvido, su periferia más. Sospecho que la Semana queda grande a un Ayuntamiento que sólo puede atender a los recorridos oficiales como si habitásemos un parque temático, olvida que una ciudad es constituida por sus ciudadanos, quienes tienen derecho a poder moverse y no sentir sus barrios invadidos como si los santos que salen al asfalto perdonaran cualquier falta a un montón de salvajes que por desgracia ensombrecen la brillantez educada de una inmensa mayoría.

Despeñaperros

29 Mar

Uno de los problemas de Javier Arenas como presidente del Partido Popular en Andalucía es el discurso de otros afiliados y prebostes de su misma agrupación más allá de Despeñaperros, frontera andaluza a la que por cierto se le podría cambiar el nombre por cualquiera algo más eufónico Su significado aporta a mi munición como columnista balas de las que no haré uso por la facilidad del chiste. Repito que cuando, por ejemplo, Esperanza Aguirre habló la semana anterior, más allá de ese despeñadero, y estableció en su discurso una diferencia semántica entre contribuyentes y andaluces, esto es, entre parásitos y dadivosos extenuados por los parásitos, metió la pata, se despeñó, podríamos decir, en esa linde sureña de tan feo apelativo. Arenas tornaría el saludable moreno que siempre exhibe por un tono más pálido o quizás más rojizo, o más amarillento. Los blancos somos los verdaderos hombres de color. Sabe que no puede solucionar nada por más que Aguirre avergüence al oyente, proclive o no al voto Popular, andaluz o no. Varias declaraciones hemos oído al personaje que insultan a la inteligencia y este paseante no comprende cómo en tan poca provincia como Madrid, conviven personalidades políticas tan diferentes en un mismo partido como Esperanza Aguirre con Ruiz Gallardón a quien la sensatez y el buen seso (si vieran ustedes la errata que se me ha colado) político le vienen hasta por pedigrí. La Lomana y la Esteban, vamos.

Regresemos a nuestra tierra con esa frontera de designación desagradable que además no indica de dónde procedían los canes por allí caídos. Si el Partido Popular quiere conseguir la complicada presidencia andaluza debe pedir silencio sobre Andalucía al sector norte de su partido, no ya prudencia, para la que ciertas mentes de los Populares parecen incapaces, sino silencio. Si anhelan incluso la compleja presidencia de la poderosísima Diputación de Málaga con ese mecanismo de distribución de escaños con democracia de baja intensidad, también debe exigir silencio al norte, diremos de Sierra Morena, porque asustan. No es sano que un mismo partido gobierne durante tantos años como sucede con el PSOE en Andalucía. No ya por posibilidades de corruptelas, que aparecen en semanas si se pretendieran, sino por vicios de administración, por maneras, por nepotismos y amiguismos que inevitables brotan en el ambiente como hongos en habitaciones mal oreadas; por profesionalización de políticos ad eternum que cobijan las torpezas antes dichas como setas a los pies de árboles viejos. Los esfuerzos de Arenas y otros miembros del PP andaluz caen por los suelos cuando allende la frontera con nombre feo aparecen en las arengas esos conceptos que distinguen entre pensionados andaluces y contribuyentes que mediante extorsiones impositivas amamantan la molicie de quienes buscan el paro.

De lo nuevo y lo viejo

22 Mar

Aún no cerrada la herida polémica y escombrera de los cines “Astoria”, salta a la luz la, también olvidada, discoteca “Bobby Logan” que alza sobre el verdor salino de Málaga Este el abandono de lo que podría ser para todos, y parece que ahí tampoco, así como parábola divina. Esas parcelas abundan en el mismo concepto; la última década de crecimiento urbano, con grandes aportaciones de fondos a las arcas municipales, no sirvió para diseñar la ciudad, o no promovió unos proyectos urbanos racionales y sólidos en cuanto a su financiación. En román paladino, la corporación de La Torre ha navegado a golpe de timón, en plata repujado, pero sin rumbo. La ciudad ensanchó sus afueras, pero del Centro y otras zonas históricas nadie se ocupó, por desidia, ignorancia, torpeza o atención a intereses de capital, monetario por supuesto, ajenos a la capitalidad que significa otra cosa. Así, el turista de cruceros es recibido por una serie de inmuebles abandonados en entornos singulares. Cuando el coche de caballos cruza el arco del túnel revela la dejadez inexplicable de la otra loma de la Alcazaba, el más que cansino retraso en la conquista de Alcazabilla y como remates, tan próximos a la Casa Natal de Picasso, dos despojos urbanísticos que al cielo alzan sus lamentos en cal desvaída escritos. Todos, despropósitos brotados de un sendero sin mapas que descuida la parte de la urbe que da de comer mediante su imagen a las otras calles de Málaga.

En el otro extremo de estas avenidas, la Caja Blanca, isla cultural en Teatinos, señala en su acera solitaria los derroteros que un consistorio debe tomar para que se realice una política de cultura posible y cercana al vecindario. Los problemas han surgido por una falta de desarrollo armónico, de deseo de armonía, entre lo viejo y lo nuevo, cuando la expansión por aquellos barrios, ya hogar para decenas de miles de malagueños, no ha servido también para que los euros regenerasen con urgencia, y para el mejor uso público, construcciones tan significativas como las que dan pie a estos párrafos. El empresario consciente y con afán de permanencia se endeuda para que su negocio prospere; una vez este objetivo logrado, se compra el cochazo a medida de la casa. No escribiré que el Ayuntamiento dilapidó en lujos, pero sí que no supo canalizar con conveniencia las inversiones. Las estampas en las fotos del viajero exhiben brochazos de ruina tras las sonrisas de quienes acuden para pasar unos ratos alegres y remiten cuando su regreso impresiones del paisaje que a todos nos afectan. Alabo las iniciativas que dotan de espacios de encuentro a otros distritos pero nunca deberíamos de haber leído sobre los edificios a los que me refiero más que su proceso de restauración y la fecha en que se entregarían para los ciudadanos. Ahora, en este presente imperfecto e indicativo, imposible por más que vociferen lo contrario.