Ridículos 2016

4 Ene

mocitoUn estudio de la Fundación Contemporánea sitúa a Málaga entre las últimas capitales en calidad e innovación cultural. El canciller Von Bismarck acuñó la expresión ´fondo de reptiles´ para designar el dinero con que sobornaba a la prensa enemiga con el fin de que elogiase las escaramuzas alemanas durante la Guerra Franco-Prusiana. Algo así deberá hacer el Ayuntamiento de Málaga si quiere que la ciudad brille con alguna dignidad ante la competición por la capitalidad cultural en 2016. Cultura se mueve en este apartado, aunque poco, desde que el delegado Briones accedió a su cargo. El alcalde ha ayudado en los últimos meses como sólo él sabe hacerlo, es decir, gastando un buen dineral en el sueldo de un asesor, quizás pagado con el dos o tres por ciento que mermó a las otras abultadas nóminas de varios prebostes municipales. Del informe aludido también se desprende la ramplonería con que se conduce la programación del Cervantes desde el piso que entre todos abonamos a su directora, o la vulgaridad con que se arrastra el moribundo Festival de Cine, no en las últimas ediciones, sino desde tiempos de Salomón Castiel. Málaga llegará ante los comités decisorios de la capitalidad cultural europea, por desgracia, sin ningún fuelle, eso sí, con un pastón gastado en asesorías y, lo peor, con mucho tiempo perdido porque los responsables culturales del Ayuntamiento no abrieron sus despachos a propuestas de actuaciones ni previeron un armazón cultural que ya debería de haberse artesonado.
¿De dónde surge este repentino interés por el 2016 cuando el Ayuntamiento nunca creyó en su candidatura? Además de pegatinas y alguna pancarta que revelan el limitado cauce de creatividad de sus responsables; además de aquella oficina mínima en Cultura como justificación de un sueldo ¿qué ha hecho el Ayuntamiento? Respuesta: contrata otro asesor, del que dicen, dicen los mentideros, que al alcalde le han dicho desde Madrid que tiene mucha mano en Bruselas. No tengo nada en contra de este tipo de acciones, pero una golondrina no hace verano, ni un conglomerado de actos culturales con presupuesto escaso, revela una localidad como cultural, menos aún cuando la competición se celebra en Europa. Por mucha influencia que el asesor despliegue, nada lo arropa el escaso currículo de la ciudad puesto de relieve cada vez que alguna institución realice una encuesta como la antes aludida que señala a los distintos organismos encargados de la difusión cultural en Málaga como faltos de originalidad e incitadores a más de lo mismo. Iguales formatos de conferencias, iguales circuitos de exposiciones, igual atonía monocorde cada vez que se organiza cualquier evento, pero con la agravante de que esta ciudad, dicen, dicen, que pretende competir por la capitalidad europea de 2016. Los responsables municipales nunca creyeron en esta candidatura y ya sólo esquivan el ridículo con manotazos de última hora.

Pasaporte de Gibraltar

16 Dic

gibraltarMientras escribo estas líneas, en distintos ayuntamientos catalanes votan si los vecinos quieren o no una independencia ajena a España. Aminatu Haidar aún continúa padeciendo el arbitrio y la tortura que le inflige aquel hermano marroquí del Rey de España, según él mismo lo llamó. Dos cooperantes de ONG, catalanes por cierto, se encuentran secuestrados por el terrorismo internacionalista islámico que ha aprendido desde el rapto del atunero vasco, Alakrana, la facilidad con que, ante las órdenes del Ministerio de Defensa, los desarrapados huyen en frágil esquife con euros españoles en los bolsillos. ¿Francia? Bien, gracias. La consultora internacional S&P calificó como negativa la deuda del Estado Español y los banqueros han tenido que desmentir y matizar mucho esos informes para que la bolsa no se hundiera. El presidente Rodríguez Zapatero también gesticuló ante los medios, incluso apretó los puños en alguna ocasión como énfasis para los datos positivos, pero esa lectura como tímida, la mirada huidiza frente a la cámara como de niño que explica suspensos a sus padres, temeroso del bofetón, no convence. El presidente del Gobierno de España es el tipo que uno se llevaría a la isla, si naufragase, pero para que hiciera de Viernes, o se encargase de la búsqueda de los cocos para el almuerzo, pero a mí, al menos, me resulta imposible imaginarlo como el héroe aguerrido que me librase del ataque de caníbales; no lo querría de compañero en una pelea. España no necesita un vergonzante Chávez, ni un trilero Berlusconi, ni una Margaret Thatcher como ama del orfanato, pero los ciudadanos sí necesitan confiar en las capacidades de gestión y en una seguridad de palabras que Zapatero no trasmite. Imagino que sus asesores de imagen y prensa se hallarán en un sinvivir o en un paraíso perpetuo, porque ahí poco hay que hacer. ¡Ay!
El rollito y el buen talante, como de presidente de ONG, lucen mientras no se produzcan problemas. Pero han arreciado, y Defensa, Exteriores, Interior (servicios secretos), Economía y la imagen interna e internacional que este catálogo de horrores dibuja, revela que España navega sin rumbo y, desde luego, bajo los aires de una debilidad manifiesta que me hacen envidiar un pasaporte gibraltareño. Enfrente de estos asuntos oigo la crispación estratégica que Rajoy usa como arma. Un tipo al que tampoco llevaría a la isla porque intentaría usarme como Viernes o venderme a los caníbales, o algo así, que de eso sí tiene pinta. El problema de Zapatero no es de talante, sino de inutilidad según se ve en los resultados. Marruecos recibe ayudas de euros españoles pero no duda en pisotear en nuestro territorio los derechos de una mujer sólo por sus ideas. Los piratas aún disfrutan la juerga, ojalá me inviten que algo pagué. Vista la semana, pido el pasaporte de Gibraltar o de alguna otra independencia española.

Bernardo de Gálvez

8 Dic

samSu nombre silabea un episodio de gloria histórica en América protagonizado por un malagueño de Macharaviaya, a la vez que una de las mayores torpezas de mercadotecnia en esta actual España, Andalucía y Málaga, en crisis. Matucha García publicó un entrevista el sábado anterior en La Opinión, en la que el señor Thomas Genton, consejero cultural de la embajada de EE.UU., destacó el interés que la figura de Bernardo de Gálvez despierta en aquellas tierras; de sus palabras se desprende que aquel aventurero malagueño podría significar un marbete que iluminase nuestra tierra como un punto destacado entre el imaginario colectivo norteamericano, para el que España apenas brilla más que naciones como Lituania, o Hungría, sin que yo quiera ofender a ninguna de las tres. En América corre un chiste sobre españoles. Resumo: Ante un pájaro muy grande que vuela alto, el francés piensa escribir una oda, el italiano realizar una escultura, el alemán diseñaría una máquina que emulase sus cualidades; el español buscaba piedras para abatirlo. Me llevé una sorpresa cuando los taxistas y camareros neoyorquinos no identificaban a Antonio Banderas como malagueño, algunos ni siquiera como español. Julio Iglesias, según me explicaban, tenía pasaporte dominicano, y el último presidente para ellos conocido era Aznar, el de Bush. La imagen de Rodríguez Zapatero se difuminaba entre la nada y la nebulosa. Si a ello sumamos que el español es una lengua desprestigiada de la que el hablante evita su uso en público aunque se trate de la segunda lengua materna que sin duda habita en los hogares de Nueva York, nos daremos cuenta del poco peso y mal equilibrio con que nuestra presencia y cultura se hallan representadas en uno de los centros imprescindibles para que las exportaciones de un país marchen con brío.
Nos hallamos en una profunda crisis que exige el cambio del modelo productivo, pero a la vez pide que el déficit exterior se minimice mediante exportaciones, y no de chinescos productos baratos, sino de calidad y con prestigio. La sociedad americana sabe de Málaga, Andalucía y España lo que hemos querido revelar. Tras el exabrupto unamuniano del que inventen ellos, aún nos encontramos en la ceguera del que nos descubran ellos. En las vinaterías de Manhattan el paseante encuentra sólo un metro cuadrado dedicado a caldos españoles, además de sabor dudoso, frente a las decenas de marcas francesas, italianas, neozelandesas, chilenas, incluso alemanas, o vinos de Long Island. De aceites, quesos o embutidos españoles ni hablemos que eso sí son meras anécdotas en mitad de la vorágine de una verdadera capital del mundo. Una gran producción encargada a Hollywood sobre las gestas de Gálvez, incluso con deslices de época como una bandera roja y amarilla en los barcos, la inauguración de la imprescindible estatua en Washington sufragada por España, con asistencia de los Reyes un cuatro de julio, y una invasión propagandística y publicitaria de productos y curiosidades de Málaga, Andalucía, España bajo pretexto de tan nobles y sólidos y sentimentales vínculos de unión, situarían a nuestras industrias en un mapa en el que ahora no figuran, por ese afán colectivo de perder oportunidades y de creer que el buen paño en el arca se vende, o de que el pájaro que vuela sólo sirve para la cazuela, aunque baje a pedradas.

Haidar Aminatu

1 Dic

imagesHaidar Aminatu ha rechazado la nacionalidad española que Moratinos le ofreció como una de las soluciones para que esta mujer de aspecto débil y dulce deje de ocasionar un problema, en realidad más estético y ético que diplomático. Estético por esa estampa de campamento de refugiados en el aeropuerto de Lanzarote. Ético porque tanto su expulsión del Sáhara como el intento de contentarla con un pasaporte de colores más bonitos, como quien ofrece al niño la golosina tras la bofetada, consterna la conciencia de quienes contemplen esta operación de pastelería fina con regustos consulares. Pero seamos realistas, poco más se va a mover. El Sáhara se ha convertido en una cuerda por donde los gobiernos de España deben ejecutar cabriolas de saltimbanqui para que las colaboraciones con Marruecos no se tuerzan o, quizás mejor, no se retuerzan. Quienes gritan la responsabilidad de España en este conflicto tampoco indican cuál de los posibles caminos podrían haber tomado los generales de aquellos últimos estertores de Franco, cuando Marruecos invadió aquel territorio con escaso valor geopolítico para Europa, en comparación con el del propio Marruecos. El único recurso habría pasado por acciones bélicas para las que España entonces no estaba preparada, ni ahora podría llevar a cabo aunque quisiera restaurar una legalidad vulnerada por una dictadura monárquica, contra aquella dictadura con dictador moribundo. No siento ahí la responsabilidad de España como Estado, como no interpreto las decisiones del régimen franquista como imputables al Estado español.
Los tiempos y sus zigzagueos tampoco han beneficiado al pueblo saharaui. Los muertos en Madrid como consecuencia del terrorismo islamista aconsejaron a España y Francia un reforzamiento de la eficacia policial del gobierno marroquí y, sobre todo, un mantenimiento de las férreas estructuras sociales en aquel país, se llamen estas como se llamen y se comporten como se comporten. Esta política pasa por un barrido de contratiempos para que los efectivos de inteligencia militar y detectivesca marroquíes se concentren en la desarticulación de cualquier integrismo que pueda ensangrentar las calles al norte de Gibraltar. Contra esta situación se enfrentan personas como Haidar Aminatu con el simple armamento de su huelga de hambre, su palabra y la vergüenza que para España, ahora sí como Estado sin dictador, supondría que una persona muriese por un incomprensible y absurdo alarde de fuerza de otro Estado con dictador investido de corona, oropeles, brutal fortuna y pueblo hambriento. ¿Qué poder tiene esta mujer? ¿Qué peligro representa? Toda colaboración y besamanos deben tener unos límites. Aún recuerdo las casi genuflexiones del ministro de exteriores Piqué ante Bush; no menos sonroja esta pusilánime posición de España ante este exabrupto marroquí con alguien que expone pacífica sus ideas sobre una guerra ya perdida y que clama en el desierto.

Una catedral, cien solares

24 Nov

ruinasHierve la opinión pública con la idea de que la catedral sea concluida, al tiempo que vecinos de diferentes zonas del centro de Málaga y su periferia, más allá de calle Larios, protestan por el abandono de solares convertidos en focos de podredumbre. Alfonso X el Sabio pasó a la Historia como un monarca tan preocupado por los asuntos de los arcanos que desgobernó los afanes de sus súbditos. Cuando uno pasea esquinas por el Cervantes ocultas, el corazón de la Trinidad, flancos de Armengual de la Mota, aledaños de Carretería, o entornos de calle Parras, la mística se convierte en pésima compañera. Si el paseante no atiende a este mundo malacitano, corre el peligro certero de dislocarse el tobillo por el pavimento, ser abducido por ratas mutantes criadas entre estercoleros, o patinar sobre excrecencias caninas, entre otras muchas actividades. Pero ahí discurrimos en Málaga, entre el azul del mar y el del limbo, entre esa nada indefinida que ni la dibuja como gran capital, ni la proyecta como urbe agradable más que en fotos de rincones, siempre con encuadres estrechos y planos cortos. La catedral manquita de Málaga erige un monumento coherente con nuestra actual fisonomía. Puede servir de excusa beata para cualquier viajero sorprendido ante este desidia inexplicable con el mismo centro urbano tras una década de fervor constructivo. Aquí no se acaba nada hasta que la catedral no se culmine. Entonces se revelaría lógico tanto tiempo perdido para que floreciera el enclave deseable que con su limpieza y buen aspecto rodeara tal templo finiquitado. Quizás a causa de esta devoción por las alturas antes que por el asfalto Aleixandre, con ironía entre hemistiquios, llamó a esta ciudad la del paraíso y Emilio Prados se convirtió en cazador de nubes.
Arrebatado por revelaciones ultraterrenas, uno se cuestiona cuando entre callejas destartaladas del Centro anda ¿Do los impuestos por Gerencia capturados? ¿Do los lustros con dinerales? ¿Do las doctrinas liberales? ¿Do los dueños de estos locales abandonados? Otra época de actividad monetaria que ante los ojos pasa y que no ha cuajado a nuestra Málaga, eterna adolescente desgarbada y plena de espinillas. Pretendemos un enclave turístico, pero sólo en el recorrido del autobús que pasee y pronto huya hacia Córdoba, Sevilla, Antequera o Ronda donde el foráneo disfrute entornos si no monumentales, que también, pulcros en todos sus recovecos. La mayoría de nuestros concejales revela un absoluto desconocimiento de lo que pasa en la calle, así en verbo simple; cuando además confluyen diversas responsabilidades como sucede en las zonas del centro, la ignorancia se transmuta en carcoma para los intereses colectivos de una Málaga que al cabo depende de su imagen. Abducidos por barruntos místicos los ediles ahora miran hacia los cielos, olvidados de las aceras que no pisan y de los barrios que ya ni desde el coche contemplan. La catedral aguardará ahí en esas alturas.