Telefonía agresiva

13 Ene

images1Un principio publicitario, quizás escrito quizás no, indica que al cliente no se debe molestar, al menos hasta el punto en que desee la destrucción bíblica del producto publicitado. A mí me embarga tal sentimiento de odio varias veces al día desde hace un par de años. Cada tarde -y mañanas- recibo llamadas que insisten sobre las ventajas que para mí supone un cambio desde los brazos de mi actual operador telefónico hacia otros. Utilizan desde cálidas locutoras con fuertes acentos sudamericanos, hasta una máquina a la que han metamorfoseado con voz de señor serio, grave y español. Según los estudios de mercadotecnia parece que confiamos en los ingenios masculinos, pero en humanos femeninos. Quizás resabios de aquellos mecanos infantiles y maternidades subconscientes. Recibo unas cuatro o cinco llamadas diarias que responden a una estrategia publicitaria agresiva en la que me veo como un humilde filete de vacuno sumergido en una pecera de pirañas, o entre autómatas, masculinos por supuesto, deseosos de mi línea telefónica. Al principio por educación con la trabajadora, o con el programador de aquel prodigio electrónico, oía las ofertas; luego, con igual educación, a cada instante disminuida, declinaba unas quince veces sus magníficas mejorías.
Estos genios de la telefonía agresiva han estudiado los horarios en que encuentran en casa al cliente, pero ¡ay dolor! no investigaron en qué condiciones. Yo, por ejemplo, me levanto a las seis treinta de la mañana, como la multitud que nos vemos en algunos de los atascos de tráfico. Cuando llego a las cuatro de la tarde, la comida hecha, los platos arrojados al fregadero, suelo realizar un paréntesis vital (vulgo, siesta) que me permita el abordaje de tareas vespertinas sin que parezca un drogado, o un zombi. Sintonizo un buen documental -por ejemplo, la originalidad de los leones en el Serenguetti-, y en el sillón me entrego cual amante a Morfeo, que tarda en recogerme en su regazo unos tres segundos. Y ahí, en ese instante un ring-ring (en inglés, anillo-anillo) me despierta de tan sesudas obligaciones. ¿Y aún piensan los cerebros de estas campañas que les daré un “Sí. Quiero”? ¿Que un ser rencoroso y avieso como yo les va a entregar su tesoro telefónico? ¿Y por qué no viene uno de los jefes a llamar a mi puerta a esa hora y se lo explico con un par de razones en la boca? El problema radica en que muchas compañías mercachifles consideran al consumidor como un imbécil. Y seguramente lo seamos porque luego las quejas sobre el funcionamiento y trabas ante la huida del cliente que muchas compañías telefónicas reciben así lo demuestran. Quizás si invirtieran en mimos al cliente, más que en acosos, sus números se imprimirían en negro. ¿Do aquella publicidad informativa? ¿Do aquellos informes en los medios que halagaban la inteligencia? Por su bien espero que los diseñadores de estas campañas no aborden con iguales métodos a presuntos amores de barra. Malas noches intuyo.

J.R.Z.

7 Ene

imagesCorresponden esas iniciales al nombre oculto de la primera mujer víctima de la violencia machista en este año que se estrena. Según se sabe a las horas en que redacto el artículo, mujer, cuarenta y cinco años, madre, separada y vuelta a unir con su verdugo. Ningún dato nuevo en este cansino caminar de muerte que, por fortuna, en nuestro país sale a la luz y la sociedad al completo lo repudia y condena. Al tiempo que la noticia luctuosa asalta los informativos y las actualizaciones de las páginas periodísticas en Internet, leo que los accidentes de tráfico han descendido por debajo de los dos mil y alcanzan de este modo los niveles de 1964, cuando en España circulaban dos millones de automóviles, frente a los treinta y tantos actuales. Según parece se controla antes una máquina a toda velocidad que a un corazón por la ira turbio. Nuestros ingenios detectan antes la alcoholemia en la sangre que la venganza. Nada nuevo bajo el sol, como antes escribí. Toda la obra de Shakespeare se resume en una pregunta por la torpeza con que reaccionan los humanos. Yo, perdonadme, soy escéptico acerca de que algún día nuestra sociedad conquiste un índice cero de asesinatos de esta clase. Pero habrá que minimizarlos con una adecuada educación sentimental. En cada acto machista perpetrado tras las cálidas paredes hogareñas late el concepto de posesión sobre la mujer. Es una cuestión de grados que en demasiadas ocasiones se cultivan por vía materna. La madre que indica a la niña que limpie la habitación de su hermano, que no envía a este a la compra por su incapacidad genética, que obliga a la chica a que ejerza como segunda matrona del hombre, viste otra sierva del señor, junto con un señorito al que desde pequeño se le inculca una superioridad indefinida, sí, pero superioridad sobre cuanta hembra de la especie se le aproxime.
Unos saberes adecuados segmentan este cordón umbilical entre la sumisión femenina y la rancia prepotencia del macho. Pero la moral no siempre florece los frutos deseados; por entre la savia se mezclan sólidas influencias externas a cuanta enseñanza se imparta. Por más que los mensajes propaguen la inutilidad de la intimidación para que un conflicto se solucione, o por más que incidan en la cobardía que supone el abuso de la fuerza y el manto de dolor con que cubre cuanto toca, aún quedan en nuestras calles generaciones masculinas, incluso femeninas, imbuidas por un concepto de mundo cimentado sobre la obediencia que la mujer debe al varón. La lucha marital se aviva cuando las estructuras sociales, diseñadas para la igualdad entre géneros, no ponen de rodillas a la mujer ante su pretendido amo. Entonces él golpea. Aún faltan años hasta la erradicación de esta torpe idea de las relaciones humanas que, en realidad ni entiende de sexos, ni de condiciones, sólo de la debilidad de una persona ante la otra. Descanse en paz J.R.Z. Mal año este 2010 con demasiadas frustraciones en el ambiente.

Ridículos 2016

4 Ene

mocitoUn estudio de la Fundación Contemporánea sitúa a Málaga entre las últimas capitales en calidad e innovación cultural. El canciller Von Bismarck acuñó la expresión ´fondo de reptiles´ para designar el dinero con que sobornaba a la prensa enemiga con el fin de que elogiase las escaramuzas alemanas durante la Guerra Franco-Prusiana. Algo así deberá hacer el Ayuntamiento de Málaga si quiere que la ciudad brille con alguna dignidad ante la competición por la capitalidad cultural en 2016. Cultura se mueve en este apartado, aunque poco, desde que el delegado Briones accedió a su cargo. El alcalde ha ayudado en los últimos meses como sólo él sabe hacerlo, es decir, gastando un buen dineral en el sueldo de un asesor, quizás pagado con el dos o tres por ciento que mermó a las otras abultadas nóminas de varios prebostes municipales. Del informe aludido también se desprende la ramplonería con que se conduce la programación del Cervantes desde el piso que entre todos abonamos a su directora, o la vulgaridad con que se arrastra el moribundo Festival de Cine, no en las últimas ediciones, sino desde tiempos de Salomón Castiel. Málaga llegará ante los comités decisorios de la capitalidad cultural europea, por desgracia, sin ningún fuelle, eso sí, con un pastón gastado en asesorías y, lo peor, con mucho tiempo perdido porque los responsables culturales del Ayuntamiento no abrieron sus despachos a propuestas de actuaciones ni previeron un armazón cultural que ya debería de haberse artesonado.
¿De dónde surge este repentino interés por el 2016 cuando el Ayuntamiento nunca creyó en su candidatura? Además de pegatinas y alguna pancarta que revelan el limitado cauce de creatividad de sus responsables; además de aquella oficina mínima en Cultura como justificación de un sueldo ¿qué ha hecho el Ayuntamiento? Respuesta: contrata otro asesor, del que dicen, dicen los mentideros, que al alcalde le han dicho desde Madrid que tiene mucha mano en Bruselas. No tengo nada en contra de este tipo de acciones, pero una golondrina no hace verano, ni un conglomerado de actos culturales con presupuesto escaso, revela una localidad como cultural, menos aún cuando la competición se celebra en Europa. Por mucha influencia que el asesor despliegue, nada lo arropa el escaso currículo de la ciudad puesto de relieve cada vez que alguna institución realice una encuesta como la antes aludida que señala a los distintos organismos encargados de la difusión cultural en Málaga como faltos de originalidad e incitadores a más de lo mismo. Iguales formatos de conferencias, iguales circuitos de exposiciones, igual atonía monocorde cada vez que se organiza cualquier evento, pero con la agravante de que esta ciudad, dicen, dicen, que pretende competir por la capitalidad europea de 2016. Los responsables municipales nunca creyeron en esta candidatura y ya sólo esquivan el ridículo con manotazos de última hora.

Pasaporte de Gibraltar

16 Dic

gibraltarMientras escribo estas líneas, en distintos ayuntamientos catalanes votan si los vecinos quieren o no una independencia ajena a España. Aminatu Haidar aún continúa padeciendo el arbitrio y la tortura que le inflige aquel hermano marroquí del Rey de España, según él mismo lo llamó. Dos cooperantes de ONG, catalanes por cierto, se encuentran secuestrados por el terrorismo internacionalista islámico que ha aprendido desde el rapto del atunero vasco, Alakrana, la facilidad con que, ante las órdenes del Ministerio de Defensa, los desarrapados huyen en frágil esquife con euros españoles en los bolsillos. ¿Francia? Bien, gracias. La consultora internacional S&P calificó como negativa la deuda del Estado Español y los banqueros han tenido que desmentir y matizar mucho esos informes para que la bolsa no se hundiera. El presidente Rodríguez Zapatero también gesticuló ante los medios, incluso apretó los puños en alguna ocasión como énfasis para los datos positivos, pero esa lectura como tímida, la mirada huidiza frente a la cámara como de niño que explica suspensos a sus padres, temeroso del bofetón, no convence. El presidente del Gobierno de España es el tipo que uno se llevaría a la isla, si naufragase, pero para que hiciera de Viernes, o se encargase de la búsqueda de los cocos para el almuerzo, pero a mí, al menos, me resulta imposible imaginarlo como el héroe aguerrido que me librase del ataque de caníbales; no lo querría de compañero en una pelea. España no necesita un vergonzante Chávez, ni un trilero Berlusconi, ni una Margaret Thatcher como ama del orfanato, pero los ciudadanos sí necesitan confiar en las capacidades de gestión y en una seguridad de palabras que Zapatero no trasmite. Imagino que sus asesores de imagen y prensa se hallarán en un sinvivir o en un paraíso perpetuo, porque ahí poco hay que hacer. ¡Ay!
El rollito y el buen talante, como de presidente de ONG, lucen mientras no se produzcan problemas. Pero han arreciado, y Defensa, Exteriores, Interior (servicios secretos), Economía y la imagen interna e internacional que este catálogo de horrores dibuja, revela que España navega sin rumbo y, desde luego, bajo los aires de una debilidad manifiesta que me hacen envidiar un pasaporte gibraltareño. Enfrente de estos asuntos oigo la crispación estratégica que Rajoy usa como arma. Un tipo al que tampoco llevaría a la isla porque intentaría usarme como Viernes o venderme a los caníbales, o algo así, que de eso sí tiene pinta. El problema de Zapatero no es de talante, sino de inutilidad según se ve en los resultados. Marruecos recibe ayudas de euros españoles pero no duda en pisotear en nuestro territorio los derechos de una mujer sólo por sus ideas. Los piratas aún disfrutan la juerga, ojalá me inviten que algo pagué. Vista la semana, pido el pasaporte de Gibraltar o de alguna otra independencia española.

Bernardo de Gálvez

8 Dic

samSu nombre silabea un episodio de gloria histórica en América protagonizado por un malagueño de Macharaviaya, a la vez que una de las mayores torpezas de mercadotecnia en esta actual España, Andalucía y Málaga, en crisis. Matucha García publicó un entrevista el sábado anterior en La Opinión, en la que el señor Thomas Genton, consejero cultural de la embajada de EE.UU., destacó el interés que la figura de Bernardo de Gálvez despierta en aquellas tierras; de sus palabras se desprende que aquel aventurero malagueño podría significar un marbete que iluminase nuestra tierra como un punto destacado entre el imaginario colectivo norteamericano, para el que España apenas brilla más que naciones como Lituania, o Hungría, sin que yo quiera ofender a ninguna de las tres. En América corre un chiste sobre españoles. Resumo: Ante un pájaro muy grande que vuela alto, el francés piensa escribir una oda, el italiano realizar una escultura, el alemán diseñaría una máquina que emulase sus cualidades; el español buscaba piedras para abatirlo. Me llevé una sorpresa cuando los taxistas y camareros neoyorquinos no identificaban a Antonio Banderas como malagueño, algunos ni siquiera como español. Julio Iglesias, según me explicaban, tenía pasaporte dominicano, y el último presidente para ellos conocido era Aznar, el de Bush. La imagen de Rodríguez Zapatero se difuminaba entre la nada y la nebulosa. Si a ello sumamos que el español es una lengua desprestigiada de la que el hablante evita su uso en público aunque se trate de la segunda lengua materna que sin duda habita en los hogares de Nueva York, nos daremos cuenta del poco peso y mal equilibrio con que nuestra presencia y cultura se hallan representadas en uno de los centros imprescindibles para que las exportaciones de un país marchen con brío.
Nos hallamos en una profunda crisis que exige el cambio del modelo productivo, pero a la vez pide que el déficit exterior se minimice mediante exportaciones, y no de chinescos productos baratos, sino de calidad y con prestigio. La sociedad americana sabe de Málaga, Andalucía y España lo que hemos querido revelar. Tras el exabrupto unamuniano del que inventen ellos, aún nos encontramos en la ceguera del que nos descubran ellos. En las vinaterías de Manhattan el paseante encuentra sólo un metro cuadrado dedicado a caldos españoles, además de sabor dudoso, frente a las decenas de marcas francesas, italianas, neozelandesas, chilenas, incluso alemanas, o vinos de Long Island. De aceites, quesos o embutidos españoles ni hablemos que eso sí son meras anécdotas en mitad de la vorágine de una verdadera capital del mundo. Una gran producción encargada a Hollywood sobre las gestas de Gálvez, incluso con deslices de época como una bandera roja y amarilla en los barcos, la inauguración de la imprescindible estatua en Washington sufragada por España, con asistencia de los Reyes un cuatro de julio, y una invasión propagandística y publicitaria de productos y curiosidades de Málaga, Andalucía, España bajo pretexto de tan nobles y sólidos y sentimentales vínculos de unión, situarían a nuestras industrias en un mapa en el que ahora no figuran, por ese afán colectivo de perder oportunidades y de creer que el buen paño en el arca se vende, o de que el pájaro que vuela sólo sirve para la cazuela, aunque baje a pedradas.