La visita

17 Nov

visita1Una curiosa visita aconteció el viernes de la semana anterior. Un trío de socialistas eligió como punto de encuentro los despachos de su grupo en el Ayuntamiento de Málaga. Viernes trece, como la película de miedo, como el destructor virus informático y, tal vez, un repique de tres campanadas para Málaga como recordatorio de que los socialistas existen y se preparan para la disputa electoral frente a Don Francisco, más que frente al PP. Cuando la o el candidato socialista a la alcaldía malacitana sea proclamado, tendrá que realizar muchos golpes de efecto que recuperen todo este precioso tiempo perdido. Ocasiones como la publicación de los sueldos municipales vergonzosos para el contribuyente se difuminaron entre las rendijas de los informativos sin un paladín que trasmutase los datos en votos. Tres eran tres y los tres buenos, aunque uno tenga sus preferencias. Rafael Fuentes ha realizado una labor digna dentro de lo que ha podido. Desnudo de los números uno, por espantá a mejores cielos, su papel en la comedieta que legó sus propias siglas casi se podía ceñir a sacar la cabeza entre el oleaje. Experta en esas lides fue Marisa Bustinduy que aparecía en toda foto se justificara allí o no su presencia. A pesar de su compleja posición Rafael Fuentes no ha sido aupado del todo por su grupo como sucedió con Marisa y hoy todavía se trata de un desconocido para el común de quienes pagan el IBI en estos lares. Poco agradecimiento.
Bernardino León, invitado a la Casona, cumple el requisito de su implantación mediática y el deseable currículum para un político de altura que pretenda desbancar con éxito a un regidor tan bien enraizado entre barrios, asociaciones y calles como Don Francisco. Bernardino vendría a pelear a un cuadrilátero también suyo pero su debilidad se halla en el vínculo flaco que lo une con amplias capas de la ciudadanía. Por ahí se encauzarían los puñetazos. No obstante, si sus intereses personales le aconsejaran un regreso a este reducto entre montes y playa lejano a la Corte, la candidatura socialista exhibiría una musculatura muy sólida y peligrosa para su adversario. El tercer hombre, Martín Delgado, cuenta con las ventajas curriculares de Bernardino pero además su presencia en la vida malagueña ha sido mejor conservada y cultivada incluso desde sus diferentes responsabilidades públicas. En los palacios lo conocen, pero también en las aceras. Con Martín Delgado, el PSOE ahorraría una buena parte de la ofensiva publicitaria si también, como Bernardino, decidiese encaminar sus pasos hacia las dependencias del Parque con otras intenciones más allá de esta presunta visita de presunto trabajo a un edificio objeto del presunto deseo de los socialistas de oponer una candidatura solvente ante Don Fransico de la Torre, nada presunto alcalde de Málaga ante quien su contrincante debería ya tener calzados los guantes y la adrenalina.

Corrupción policial

10 Nov

poliVarios agentes locales de Mijas han sido detenidos imputados por diversos delitos. Alivia saber que los propios cuerpos de seguridad desarmen las redes de corrupción que los infectan. Esa podredumbre policial existe. Nada nuevo bajo el sol. El humano conduce sus pasos por caminos poco originales, y al final de esta trama siempre se hallarán idénticos telares donde el paño casi solo se confeccionó, esto es, el ansia de poder, materializada o no en ambición de más dinero, junto con un par más de ingredientes, por ejemplo, que a alguno de los ahora encarcelados le gustara exhibir delante de las novietas coches tunning de una gama en exceso alta para su condición. En estos asuntos también influyen las veleidades artísticas frustradas y, tal vez, delante de novietas y otros allegados, alguno de ellos buscase una posible narración de peripecias más allá de las que acontecen a un honrado custodio del orden. Cuando estas perversiones policiales o judiciales saltan a la luz el lector se queda estupefacto por los pormenores de la trastienda. Quienes se dedican a la escritura de ficción saben que sólo hay que rastrear en el periódico y aderezar los componentes para que una buena novela surja de esos afanes con que el hombre se dedica a emporcar su cómoda existencia.
La policía local, y más la de Mijas, recibe uno de los mayores sueldos de todos los cuerpos funcionariales; si a esto unimos que aquel precioso pueblo, rodeado por urbanizaciones donde la mayoría de sus habitantes busca paz, sol y calma, erige un escenario blanco por su seguridad cotidiana, concluiremos que parece un magnífico destino laboral. Pero aquí llega la condición humana. El poder otorga sensación de inmunidad, incluso de invisibilidad, a quien lo ejerce. Ni importa la paga ni las ventajas del cargo. El humano siempre anhela más de lo que posee. En el vértice positivo de este aserto, figuran los viajes al espacio o el buceo en el conocimiento de los fenómenos; pero en su ángulo negativo se rastrean los imperios gestados sobre la sangre y el dolor, junto a sucesos más chuscos, por vulgares, como los trueques de monedas o cama, por un cruce hacia la otra orilla de la moral sobre cualquier otro afecto. Recordemos la triste estampa que Judas ha legado como corrupto por antonomasia, o Salomé y su madre que buscaron la cabeza del Bautista por despecho. La lección se escribe una vez más, como copia de castigo a alumnos traviesos. Siempre que un humano pueda corromperse tenderá a hacerlo. Habrá que diseñar las estructuras de mando y autovigilancia policiales de modo que esa tentación innata se convierta en labor tan ardua que invoque una dicotomía también se alojada en nuestro ser: ¿Trabajo o sofá? El exceso del primero situará al segundo en la elección preferente y así nos ahorraremos titulares como los que nos esperan en estos próximos días.

Puente Halloween

3 Nov

imagescaftykdnUna curiosa dicotomía se establece entre la implantación del nombre inglés de la fiesta de Todos los Santos, y la costumbre cada vez más extendida de huir hacia el medio rural durante esas jornadas de asueto, antaño marca lúgubre en el almanaque. Los pueblos de nuestra Andalucía se abarrotan de multitudes que anhelan el contacto con la naturaleza y la busca de las raíces como rebeldía contra esta globalización de costumbres y modas, lucha que está convirtiendo sin embargo esas calles, rústicas protectoras de nuestras esencias, en decorados cinematográficos donde el visitante encuentra lo que espera encontrar, por ejemplo, los mismos bastones para caminar por senderos que hallaría en Tenerife o Cerdeña, idénticas navajas chinas cuya utilidad aún se me escapa cuando uno bascula de tasca a restaurante, y una serie de productos de la tierra en el sentido estricto del sintagma, es decir, de cualquier zona del planeta donde se envase miel, jaleas, licores y otras fruslerías que el visitante adquiere con igual devoción que los creyentes estampitas en sus santuarios.
Además de estas inequívocas señas de identidad ante la invasiones de hábitos extranjerizantes, entre las callejas empinadas en paralelo con los codos en las barras, contemplo que la humanidad que acude a estas zonas pulmón contra el estrés urbano, se segmenta en dos grupos, quienes aterrizan a la busca de un oasis de silencio y calma, y quienes llegan para demostrar a los anteriores que en el campo también se puede hacer ruido y más que en la ciudad, ya que los pueblos pequeños rara vez disponen de legislación oportuna y menos aún de policía dispuesta a intervenir contra cualquier grupo de foráneos en busca de sus raíces y esencias, conceptos tan ocultos a causa de las mixturas culturales exóticas que exigen ritos de invocación como por ejemplo cinco horas continuas de sevillanas rocieras en mitad de la noche, melodías que si no se escuchan a toda máquina no surten su efecto de sortilegio, igual que el reguetón y otros danzables. Otra ceremonia a la que se ven abocados quienes rastrean la estela de sus antepasados, yo diría casi ancestros, en mitad de los montes, consiste en la deglución de kilos y kilos de carnes grasas, y litros, sin criterio alguno, de presuntos vinos del terreno, o de vinos del presunto terreno, suministrados por unos lugareños que reciben a cambio monedas que les permiten escapar a las ciudades tras estos días señaladitos, cuando los forasteros abandonen esos disfraces de salvajes montunos tras el rastro del fuego y ejerzan sus oficios para que esos vecinos rurales a quien tanto han fastidiado puedan ahora regocijarse en toda esa cantidad de servicios como, tiendas, cines y restaurantes de comida rápida todos con genuino sabor americano que los sumerja en un mundo más cómodo y muchas veces más silencioso y calmo, por menos étnico.

Religión y escuela

7 Oct

maritresLa enseñanza de la religión católica en la escuela pública traza un problema enquistado y que ningún gobierno del período democrático se ha atrevido a resolver valiente. Como en muchas otras sociedades civilizadas de nuestro entorno, aunque con una historia limpia de nacional-catolicismo, las diversas fes religiosas deberían quedar relegadas a los templos, espacio para el credo impartido por el profesorado religioso del que cada diócesis dispone. Las diferentes confesiones que proliferan por el ya multicultural, multirracial y multiconfesional territorio español también podrían usar las aulas como ámbito para su doctrinario, eso sí, fuera de las apretadísimas horas lectivas del alumnado. La diatriba surge cuando una parte de la lista se encamina hacia su clase de religión y la otra hacia el limbo docente. A unos los orientan hacia el cielo, pero a los otros no los pueden castigar en ete valle de lágrimas por su agnosticismo, ateísmo, indiferencia o confianza en otras deidades o dogmas, a una especie de purgatorio donde se mezclen o historia de las religiones, para la que no figuran especialistas como tales entre los claustros, o actividades al libre albedrío del profesor que arrastre la cruz de esa alternativa a la religión que le brotó en su jornada. Además, surgen importantes divergencias entre la cantidad de alumnado que abraza la enseñanza religiosa durante su periodo escolar, y la que cursa esta opción cuando ingresa en la ESO y Bachillerato. Una crisis de fe parece que doblega a adolescentes y familias una vez que aquel ceremonial de las primeras comuniones con sus fastos, trajecitos de novias y borracheras de padrinos, yace en el olvido de los armarios y álbumes de fotos.
Quizás sea coherente, incluso sano por la supervivencia de las congregaciones, que la enseñanza religiosa ocupe su lugar junto a los altares y velas, y no entre tizas y pupitres. Dios también anda entre los pucheros, pero de los conventos. En mitad de esta refriega argumental, unas víctimas de tropa: el profesorado de religión. Parece que la tortura a la que se ve sometido de forma periódica ha apretado un poco más sus clavijas. Por ejemplo, algunos fueron enviados por la Delegación a los institutos la semana pasada, bien iniciado el curso y por supuesto con los horarios confeccionados; en el paroxismo del disparate, comparten institutos, pongamos uno cerca del Guadalhorce, otro por Capuchinos y otro en un pueblo de la comarca de Antequera (esto no es ficción de articulista) y ahora la organización de Centros con ochenta profesores y casi mil alumnos tiene que ser recompuesta ya que en la nómina de aquel docente no aparece el don de la ubicuidad. El calendario del martirologio debería fijar una celebración para estas y estos profesionales, pero festejada en la parroquia, con su propio programa y sostén económico de los fieles, como por cierto las epístolas divinas mandan.

La mirada de José Antonio Muñoz Rojas

1 Oct

rojasEn su mirada, el dulce entorno de quien acostumbra a escudriñar la lontananza de aquellos llanos del centro de Andalucía, junto con la bondad de quien siempre se supo empapado de la tierra a la que quiso con la voluntad de un andariego insomne que buscara los trazos del amor en cada roca, entre la sierra donde el sol desnuda su arco iris, cuando las sílabas que musita el viento por los jarales o tras el perfume con que la adelfa humedece la noche. Sobre su retina, el azul del tiempo remansado igual a los arroyos que por mar tienen a la pradera; desbrozó la senda por donde los sabios del mundo fueron y se mostró siempre esquivo a los oropeles de la fama y sus engaños de espuma vacía; prefirió el cuño indeleble que el prestigio otorga a quienes los lectores descubren entre el silencio de los anaqueles.
Gota a gota, su ancho nevero de creatividad destilaba un universo propio, tan armónico e interior que sus libros se adormecieron en la paz de los estantes hasta que casi el ruego de amigos los impelían hacia la imprenta para que desde esas páginas brotasen los efluvios de Antonio Machado, Salinas, Juan Ramón, T. S. Eliot, Fray Luis o Unamuno; en ellos modeló una estética que él doblegó firme hasta convertirla en suya, y una actitud ética que hoy nos lega. José Antonio, el clásico moderno, como lo llamó Dámaso Alonso nos ha iluminado el valor de la discreción, el oro que el orfebre en su taller oculto talla, esa labor solitaria e intransferible de quien cartografía un mapa de símbolos en cuanto lo rodea, igual que el timonel vislumbra corrientes sobre el espejo de un lago.
“Nadie sabe // las formas repentinas de la dicha” nos enseñó su poema. Sin embargo, su casa interior encalada, la quietud sobre el banco al fondo, ejercieron la paciencia para cuando aquella se presentase a través de cualquier sentido. Podría haberse anclado en otros bullicios capitalinos, pasarelas cosmopolitas que transportaran sus textos y su devenir hacia los focos y el aplauso, hacia las riendas del poder incluso, pero siempre renunció. Su ya memoria se revela gigante como los montes que impregnaron su retina por ese anhelo de lo íntimo.
En esta sociedad mediática donde en apariencia triunfan las lentejuelas y los aspavientos, José Antonio, hijo, hijo, hijo, medalla, medalla, medalla, premio y más premio, cultivó la única flor perenne más allá de los rastrojos en llamas y los fríos invernales, transfiguró la sensación en palabra y así nos desveló el misterio invisible de la rosa. Se nos ha ido José Antonio Muñoz Rojas pero aquí deja su mirada sostenida entre versos, única gloria que persiguió, único galardón que orgulloso acoge el poeta.