Caín

5 Ago

padrinoDemasiados episodios bíblicos han sido mal interpretados a lo largo de la historia. Sus consecuencias escriben páginas de dolor y sangre para la humanidad que se ha apedreado a sí misma cada vez que ha tenido ocasión como si el simple transcurso del tiempo con sus recovecos de enfermedades, catástrofes y miserias no infligiese de por sí bastante daño. Leamos el capítulo de Caín y Abel, por ejemplo. En aquel juicio sumarísimo y sin abogado, Caín sufrió una condena eterna y, según los versículos, Dios puso una marca sobre su piel para que los demás hombres no lo matasen, previsión absurda en un planeta habitado sólo por Adán, Eva y Caín que con aquella muerte condenó a sus padres a que procreasen más allá de lo razonable en una época donde aún no habían aparecido los implantes mamarios, ni las píldoras excitantes de la libido. Me ofrezco como defensor de Caín, el matarife por antonomasia, por delante incluso de los Manson o del director de Mujercitas, el Caín exterminador del 25 por ciento de la población mundial que además, maravillas de la estadística, toda esa cantidad era su hermano. Un asunto turbio. Pido que se reabra la causa por cuestiones morales; la marca que Dios impuso a Caín, según alguna secta seudo-cristiana, se materializó en la negrura de su piel, argumento que esgrimieron los estados sureños como justificante de la esclavitud durante el ominoso siglo XIX norteamericano.
El señor Caín, agricultor de profesión estaba obligado a entregar una parte de la cosecha a Dios que ejercía un servicio en argot llamado de “protección”, con castigos eternos para quien no colaborase. Mi defendido, se enfrentaba a duras condiciones laborales en unos terrenos semidesérticos que apenas entregaban frutos. Sin aperos de labranza, sin aire acondicionado, sin tabaco de mascar ni agua gaseosa, aquella profesión representaba un infierno, agravado por las exigencias de desembolsos continuos para el servicio de protección divino, llamados “sacrificios” de modo eufemístico.
En este contexto, el señor Abel, ganadero de ovicápridos, ofrecía al “Creador”, como también era conocido el cabecilla de las imposiciones, unos animalitos más de su gusto que la dieta mediterránea y vegetariana que mi defendido podía entregar al, también llamado en ciertos ambientes, “Señor de los Cielos”. Resumo lo que sucedió. Los ganados del señor Abel se comían las verduras del señor Caín quien además cada vez sentía una mayor presión del “Gran Jefe” que exigía, según testimonios, patatas para que acompañasen en la mesa (en jerga “altar”) a los ovicápridos entregados por el señor Abel, además de algunos vinos generosos, caprichos de imposible solución para el Señor Caín, pues ni aún se había descubierto América, ni había transcurrido un tiempo suficiente desde la Creación del mundo para que la primera añada de tintos riojanos estuviese lista.
Cuando mi cliente se dirigió para protestar todos estos desafueros al señor Abel, su hermano y único refugio frente a la adversidad que suponía el apodado “Todopoderoso”, la única respuesta que halló fue un pésimo solo de flauta del señor Abel, dueño del ganado que esquilmaba los huertos y coadyuvante de la red de extorsiones por su actitud pasiva y casi cómplice con aquel llamado “Padre Supremo” con quien tan buenas relaciones tenía y que por su intensidad desprenden al fondo un tórrido romance con pasiones inconfesables. Imaginemos la soledad de aquel campesino, contemplemos sus sueños de una existencia próspera destrozados por un matón que lo estrujaba sin escrúpulos y por un hermano, en cierto modo, partícipe de aquella situación y atraído por sus cercanías al poder. No se dirigió a casa a por la escopeta, no, ni a por la piedra con mimo tallada, no, sino que enloquecido golpeó a su hermano con una quijada de burro que a sus pies halló. ¿Puede alguien calcular un instrumento más burdo para el crimen? Extraigan sus conclusiones. Las mías señalan a aquel Caín poseído por un ataque de ansiedad. Su mala fortuna ocasionó que un golpe, destinado antes al miedo que a la herida de su receptor, produjese aquel famoso óbito, sí, pero no como asesino, sino como homicida, cuya actuación queda afectada por una seria atenuante de enajenación mental transitoria, jamás tenida en cuenta, y por otra de desesperación ante una familia mafiosa que urdió una trama para borrar las pruebas de sus implicaciones. Ya saben, el juez es el “Jefe”, en algún documento alias “Padre Supremo”, y las actas y condena se escriben según sus dictados. El tipo desaparece y no queda rastro. ¿Dónde está Caín?

Memoria femenina

4 Ago

mujerYo no me encontraba allí pero estoy casi seguro de lo que el diablo, en forma de serpiente, dijo a Eva para que convenciera a Adán y ambos comiesen del fruto del árbol de la ciencia, y así pecasen. En este episodio bíblico confluyen varios elementos simbólicos que debemos analizar. En primer lugar, Dios se comporta lo mismo que el portero de un after, y los larga del Edén (nombre de antro) con gritos incongruentes sobre lo que les espera y el calcañar de Eva (¿?) y que si Adán estaba sudoroso y era un vago y no iban con ropa adecuada y tal. Por si fuera poco, encarga a un ángel que no entren de nuevo; al margen de la iconografía habitual, yo lo imagino con gafas de sol, cuero negro y Harley, armado de una espada flamígera, o sea, un soplete. Toda esta parafernalia por una manzana indica que Dios sufría una cierta pérdida de contacto con la realidad, definida como esquizofrenia, o un abuso de los psicotrópicos que, como todo el mundo sabe, los pasaban los ángeles como el arriba descrito y que, parece, tenían en Dios un mercado floreciente en ausencia de otras criaturas.
Pero por otra parte, el mito del Pentateuco dibuja un Adán bueno y una Eva mala, dicotomía que sí merece una reflexión seria, dadas las terribles consecuencias que para la mujer este concepto desarrolló a lo largo de la historia humana. Según la poca edad del sujeto, observemos en el patio de cualquier instituto el comportamiento de los jóvenes machos de la especie, esto es, dan patadas a una lata, a una bola de papel, a una pared o a un semejante, pero eso sí, dan patadas. Si Lucífer se hubiese acercado, además en forma de serpiente, se habría comido una patada antes de balbucear la primera palabra, y muchas más después de pronunciarla, ya que cualquier fenómeno de la naturaleza tiende a ser apedreado, pateado, o tiroteado por el varón. Las chicas sin embargo, son más reflexivas y desde temprana edad se sientan y charlan, capacidades locuaces que al macho le brotan años después, cuando ya ha perdido varias cualidades por ausencia de cultivo o ejercicio durante esa dilatada etapa autista en la que sume gran parte de su juventud que, a veces, alcanza una preocupante dilación cronológica incluso más allá de los cuarenta años.
Estos versículos del Génesis no ejemplificaban pues un estado inocente del hombre pervertido por la hembra, como eremitas misóginos e iluminados mediante el abuso de hongos proclamaron durante milenios, sino que señalaban un estado de idiotez varonil, desacompasado con la precoz vivacidad femenina, lo que ocasiona pérdidas de paraísos como la armonía y convivencia en paz. Pongamos un ejemplo. Una cena en que el varón esté callado observando el restaurante, su clientela y el deambular de los camareros. A los tres minutos, la hembra le reprochará su silencio y no sólo eso, sino que mediante ese entrenamiento cerebral que opera desde niña, aludirá a todas las veces que en la última década el varón fue gracioso y dicharachero cuando los acompañaban sus amigos. Hechos que el hombre no recuerda, por supuesto. Si en su currículum además figura algún comportamiento rijoso con alguna señora de buen ver durante alguna ocasión, en este momento saldrá a relucir. Todo este discurso, bajo la presión que de nuevo significa una total ausencia de memoria sobre tal desmán acaecido hace lustros.
Como vemos, la Biblia alerta sobre esa precisa memoria femenina y su don para destruir situaciones agradables con la absoluta sorpresa del hombre sumido en la amnesia, el cual con la conciencia sucia por ignorancia se muestra proclive a complacer a la hembra en todo lo que pida con tal de que aquel ejercicio de tortura psicológica acabe de una vez. Por eso Adán comió del fruto. Lo único que el demonio sugirió a Eva fue la posibilidad de que Adán se olvidase de cualquier aniversario de algo que hubiera acontecido durante aquellos breves días en la existencia.

Dos días, dos concejales

4 Ago

marbellaDos días, dos concejales perdidos entre los ediles socialistas de Marbella, representa una triste marca. El ejemplo que Liria Menor ha dado a toda la clase política con la entrega de su acta al grupo por el que la consiguió, junto con su dimisión por razones de coherencia ideológica, escribe una página de dignidad y lega al futuro un paradigma que cualquier representante del pueblo debe seguir. Un cargo electo se convierte en peregrino hacia el poder a bordo de una papeleta que el votante introduce en la urna guiado por unas siglas. Tampoco se atisban señales de incongruencia en los pasos de Juan Luis Mena; no transmite su acta pero, como don Francisco Umbral en aquel programa, se queda para que se hable de lo suyo, la segregación de San Pedro de Alcántara. La inclusión de independientes en las embarcaciones conlleva esos peligros; la travesía se hace larga y el viento en contra invita al desalojo de la nave. En este caso de Marbella y San Pedro, permítanme el chiste de que no acontecerá la sorpresa de una reconversión ideológica a lo San Pablo, con luz, caída del caballo y regalo del voto a un nuevo alcalde mediante comanditas contra natura. Lo preocupante de este terremoto marbellí es que se produzca en la oposición socialista que aumenta dos líneas las notas de un currículum tortuoso desde las últimas elecciones, algo nefasto para una población tan castigada por aquellas políticas de podredumbres y corruptelas que aún pagan vecinos y foráneos, lastre en las alas para el despegue de esa ciudad tan encantadora y con tantas posibilidades de bienestar y progreso armónico.
Ángeles Muñoz ha demostrado hasta estos días que ejerce como alcaldesa de modo ecuánime; aceptó la responsabilidad de un municipio en unas condiciones muy complejas para que cualquier regidora actuara y lo está haciendo muy bien, pero una oposición organizada enfrente indicaría, además, una regeneración política completa en aquel vecindario. El partido socialista presentó a Paulino Plata como salvador; no elegido, devolvió a Marbella el desprecio sin gestos que le habían hecho en Sevilla cuando lo echaron de aquellos sillones. La llegada de José Bernal a la dirección de ese partido político tutelado, junto con una proyección provincial, aunque discreta, que se le daba a Susana Radío revelaron que la agrupación socialista marbellí recuperaba un orden y capacidad de trabajo valiosos para el bien común. No parece que los asuntos internos se estén llevando con la debida dosis del arte político definido como la gestión de los imposibles y la unidad de voluntades contrapuestas. Una oposición destructiva como la que se exhibe en Marbella conduce a la pérdida de los vecinos más tolerantes y sensatos. El grupo socialista de Marbella necesita construir su ciudad al margen de consignas dictadas desde Málaga o Sevilla. En Marbella sobran cargas, faltan hombros.

Suspenso en urbanismo

28 Jul

images1Una lucha incomprensible para el ciudadano se ha abierto entre el equipo de gobierno del Consistorio malagueño y la Junta de Andalucía, cuyos órganos de vigilancia legal consideran inadecuados tantos capítulos del plan de ordenación urbana propuesto para Málaga, que prefieren su hundimiento en el mar de las suspensiones absolutas, antes que los retoques. Don Francisco está convencido de que aún queda septiembre, ahí sacará buena nota. La Consejería, inflexible aunque condescendiente, ha indicado que en la próxima convocatoria el plan pasará de curso y, además, desmiente que la tenga tomada con el Alcalde, lo castiga por su bien y por el de todos los vecinos. El paseante contempla tantas barbaridades autorizadas a lo largo de la Nacional 340 que sufre una profunda desorientación. Por un lado Málaga se encuentra constreñida en su crecimiento y por otro su crecimiento deglute el entorno, al que ya no queda un metro virgen, si no acudimos a un concepto tan en extremo laxo de lo virginal que provocaría chistes. Una residencia de ricos banqueros, pongamos Zurich, se agazapa tras las cómodas murallas del lujo y la exclusividad. Málaga, mal que le pese, ahora necesita expandirse; su desarrollo exige la repoblación del Centro urbano, a la vez que el diseño de nuevas avenidas, la conquista de terrenos hasta hace poco industriales y, desde luego, un avance más allá de las rondas como sucedió a Madrid cuando traspasó la M-30, o a Barcelona o Valencia cuando corrieron más allá de sus anillos, o como en los casos paradójicos de Rincón de la Victoria, Benalmádena, o Marbella, terrenos sobre los que la Junta sí tiene competencias y sobre los que el pagano (por cuestiones de pagos) no comprende por qué no se actuó con iguales criterios a los que se aplica con Málaga para que no se produzca esa pretendida inseguridad jurídica con que, según parece, nos íbamos a despertar cada mañana los vecinos si el plan hubiese sido aprobado.
Una gran descoordinación se atisba entre varias actuaciones administrativas, perjuicio para los contribuyentes de una localidad que vive en un grado excesivo de la construcción, sí, pero para la que no se anuncia otro horizonte. Si la expropiación de Arraijanal por parte del Ministerio correspondiente ya se hubiera llevado a cabo, si las circunvalaciones se trazaran con previsión de amplio futuro, o si los trenes anduviesen entre nosotros bajo tierra como en cualquier núcleo civilizado desde hace décadas, no se habría producido ese ofensivo tirón de orejas a la Alcaldía de Málaga que, desde la óptica de las declaraciones de la Junta, semeja un ayuntamiento de especuladores facinerosos, como aquel que la misma Junta tuvo en la Costa a pocos kilómetros de aquí y contra el que no fue capaz de actuar, hasta que no cayó casi por el propio peso de su cadáver. El exceso de rigor también provoca injusticias, o revanchas, según se mire.

Desavenencias

27 Jul

imagesSegún constato en guateques y saraos a los que me invitan amigos con cartillas de ahorros y fondos de inversiones prósperos, los universos femeninos y masculinos giran según ciclos vitales diferentes y casi contradictorios. Abre la puerta un anfitrión de, pongamos, cincuenta años. Entre los efluvios etílicos, y cuando ya constaté hacía rato la presencia de una chica de veinte con unas protuberancias pectorales dignas de un museo del porno, el señor de la casa me la presenta como su actual novia. Este tipo de mujeres sobre altos tacones suele adornarse con nombres eufónicos y sencillos, tan fáciles de recordar como su perfil, o el número de su teléfono aunque lo enuncie sólo una vez, en arameo y en una frecuencia sónica por debajo del umbral humano. Un análisis superfluo de esta pareja desde el punto de vista de un feminismo exacerbado podría sugerir que castraran al varón de la casa o, al menos, lo arrojasen entre una manada de cocodrilos bien cubierto de mostaza y patatas fritas. Una reflexión más sosegada, no por ello menos impopular, descubriría una desavenencia promovida por ciertos desajustes hormonales e intelectuales que en ambos sexos opera la edad, aderezada por otras circunstancias de origen diverso. Aunque sé que me arriesgo al desuello público en la plaza, o a figurar cubierto por grosellas en la carta de postres de la granja para cocodrilos, expondré mi teoría con toda humildad y fáciles ejemplos. La sabiduría se construye gracias al sacrificio de mártires como yo.
Cuando uno tiene catorce años, gafas y un mundo que no va más allá de las faldas de su madre, las chicas de clase lo desprecian con gestos ostentosos e incluso escupitajos, martirio que refugia al adolescente entre una montaña de libros y actos onanistas, elementos ambos que aseguran un currículum intachable cuando la madurez y varios doctorados lo coloquen en esa cumbre social donde el poder y su fajo de billetes borra ante algunos ojos femeninos fealdades pretéritas.
Al mismo tiempo, aquella colegiala con minifalda de tablitas, calcetines y coletas por la que sufría su compañero despreciado, activó su radar biológico y, con esa pericia que durante ciertos años juveniles desarrolla la mujer, ya tenía localizado al canalla más peligroso e inculto sí, pero con moto, que anduviera en unos diez kilómetros a la redonda. Que por lo general también humillaba al gafas, entonces sumido en los puestos de la escala de supervivencia sólo por delante de los paramecios.
¡Ah, pero el destino se mueve con lógica inflexible e incluso justicia! Años después encontramos al débil gusano como mariposa en camisa hawaiana, viajado, culto, locuaz y con nivel adquisitivo para dar fiestas con barra libre a las que me invita. Aquella diosa de los pupitres se halla ahora en un curso elemental para adultos, arrastra un par de hijos y, de vez en cuando, recibe noticias desagradables de su adonis de barrio que pena delitos en alguna cárcel y repartió su carga seminal entre varios úteros, según normas de la selección de especies. Además, el tiempo no fue generoso con ella, ni la maternidad precoz con sus pechos que en nada se parecen a esta escultura neumática que pasea entre risitas y miradas picaronas por este salón de fiesta donde me encuentro, y del que ya me invitan a marcharme después de haber pellizcado el culo de la anfitriona varias veces, supongo, que atraído por el campo gravitatorio de sus magníficos planetas lactarios.