La mirada de José Antonio Muñoz Rojas

1 Oct

rojasEn su mirada, el dulce entorno de quien acostumbra a escudriñar la lontananza de aquellos llanos del centro de Andalucía, junto con la bondad de quien siempre se supo empapado de la tierra a la que quiso con la voluntad de un andariego insomne que buscara los trazos del amor en cada roca, entre la sierra donde el sol desnuda su arco iris, cuando las sílabas que musita el viento por los jarales o tras el perfume con que la adelfa humedece la noche. Sobre su retina, el azul del tiempo remansado igual a los arroyos que por mar tienen a la pradera; desbrozó la senda por donde los sabios del mundo fueron y se mostró siempre esquivo a los oropeles de la fama y sus engaños de espuma vacía; prefirió el cuño indeleble que el prestigio otorga a quienes los lectores descubren entre el silencio de los anaqueles.
Gota a gota, su ancho nevero de creatividad destilaba un universo propio, tan armónico e interior que sus libros se adormecieron en la paz de los estantes hasta que casi el ruego de amigos los impelían hacia la imprenta para que desde esas páginas brotasen los efluvios de Antonio Machado, Salinas, Juan Ramón, T. S. Eliot, Fray Luis o Unamuno; en ellos modeló una estética que él doblegó firme hasta convertirla en suya, y una actitud ética que hoy nos lega. José Antonio, el clásico moderno, como lo llamó Dámaso Alonso nos ha iluminado el valor de la discreción, el oro que el orfebre en su taller oculto talla, esa labor solitaria e intransferible de quien cartografía un mapa de símbolos en cuanto lo rodea, igual que el timonel vislumbra corrientes sobre el espejo de un lago.
“Nadie sabe // las formas repentinas de la dicha” nos enseñó su poema. Sin embargo, su casa interior encalada, la quietud sobre el banco al fondo, ejercieron la paciencia para cuando aquella se presentase a través de cualquier sentido. Podría haberse anclado en otros bullicios capitalinos, pasarelas cosmopolitas que transportaran sus textos y su devenir hacia los focos y el aplauso, hacia las riendas del poder incluso, pero siempre renunció. Su ya memoria se revela gigante como los montes que impregnaron su retina por ese anhelo de lo íntimo.
En esta sociedad mediática donde en apariencia triunfan las lentejuelas y los aspavientos, José Antonio, hijo, hijo, hijo, medalla, medalla, medalla, premio y más premio, cultivó la única flor perenne más allá de los rastrojos en llamas y los fríos invernales, transfiguró la sensación en palabra y así nos desveló el misterio invisible de la rosa. Se nos ha ido José Antonio Muñoz Rojas pero aquí deja su mirada sostenida entre versos, única gloria que persiguió, único galardón que orgulloso acoge el poeta.

Impuestos y despilfarros

1 Oct

ricoLa semántica, disciplina del significado, gobierna el mundo desde su atril silencioso. Por ejemplo, en los tiempos de la dictadura, la Hacienda Pública recaudaba “contribuciones”, que en democracia pasaron a llamarse “impuestos” por más que aquel término pareciera más solidario y voluntarioso que este. El gobierno ha subido los impuestos, y los partidos de la oposición, con Rajoy al frente, escenificarán durante esta semana un auténtico “happening”, yo diría “burlesque show” pero sin gracia alguna, sobre lo malo que es este presidente con los ciudadanos y que si esto va a crear paro y demás discurso tópico recurrente. La viga en el ajeno, pero no la paja (perdón) en el propio. Aún no repuestos del susto que aullaron las seis cifras del sueldo de los altos cargos municipales, nos enteramos de que los antiguos responsables del demencial urbanismo en Málaga cobran aunque ya no trabajen; quizás tampoco lo hicieron antes. Si Rajoy, o Arenas que tanto defiende a Paco (Don Francisco de la Torre), tienen forma de justificar esto, que vengan y lo expliquen desde el balcón de arengas y fuegos artificiales, aunque les paguen por ello, porque vemos que Paco, para mí Don Francisco, es largo no sólo de talle sino también de bolsillo, sobre todo, con los euros de los demás. La anterior frase pertenece a Don Francisco, pero de Quevedo, curiosamente también señor De la Torre, gran fustigador de los vicios que promovían los arribistas y otros piojos que del reino y sus sudores chupaban la sangre de los trabajadores, en ripio.
Contrasta esta liberalidad en el trato a los cargos municipales de tronío, ejerzan ya o no, con la rigidez que de vez en cuando exhiben con el funcionario de a pie, o de ventanilla, a quien implantan relojes y otras medidas que los ediles anuncian a los medios como si ahí radicase el gran problema del funcionamiento de la maquinaria consistorial. Málaga no va bien. Quien considere lo contrario que pasee las aceras u oiga los llantos a los que este Ayuntamiento nos tiene acostumbrados a la ciudadanía sobre su ineptitud para terminar con problemas como la prostitución en el Centro, la limpieza de las calles, los mendigos en las playas, los gorrillas, la basura, un transporte eficaz, el ruido y en definitiva cuanta dificultad le ataña y conlleve una solución compleja. El Partido Popular malagueño cerró filas en torno a su alcalde y votó que no se rebajasen las enormes nóminas municipales, esas que entre todos abonamos a una serie de presuntos servidores del Estado con no más vocación de servicio público que cualquier mercenario o meretriz. Entre el mártir por las causas y el extorsionador con permiso de la autoridad se abre un ancho tajo. La semántica gobierna el mundo y el derecho se implantó en aquellas incipientes universidades para que justificase lo injustificable, por ejemplo que alguien no fiche y estruje nuestros bolsillos. Yo lo flipo en colores.

El ayuntamiento paga

24 Sep

billetes¡Qué bonito es vivir en Málaga! ¡Qué perla en el sur Mediterráneo! Sobre todo cuando uno cobra el sueldo de un alto cargo municipal, con sus pluses y otras ventajas. El Partido Popular predica la austeridad para el gobierno de España. En Andalucía, Arenas se desgañita como cantaor flamenco con ayes por el gasto provocado de la Junta. El alcalde de Málaga ha constituido la casona del parque en cantón independiente y niega que sea prescindible cualquiera de los veinticinco prebostes agraciados con un sueldo mayor al suyo, junto con la legión de pescadillas rabiosas que se enmarcan en el apartado de asesorías y otros cargos de confianza, a los que desde estas líneas me postulo. Mi fidelidad a las causas se mide en función de los ceros en el cheque. La vida está muy mala, tanto que el afortunado gerente de Promálaga o la próspera responsable del Palacio de Ferias, nunca nombre mejor puesto, se han visto obligados a ingresarse a ellos mismos en sus propias cuentas corrientes unos beneficios de productividad a pesar de las millonarias pérdidas que ambos organismos arrastran. El Ayuntamiento paga. Si hasta le ha puesto un piso a la directora del Cervantes, como los legendarios señoritos de antaño. Eso sí, para que el derroche no se disparate, el concejal Briones suprimió la colección de poesía “Ancha del Carmen” y eliminó de hecho la “Monosabio”. En los mínimos ahorros se encuentra la clave del éxito financiero; ya saben, a veces, los loros comen mucho chocolate y se empachan y encima hay que dilapidar en astringentes.
A mí que me pongan un piso, no me pone, prefiero el dinero en mano y ya me administraré. Los Populares esgrimen ese discurso como ordenación de la sociedad, menos Estado y más libertad al individuo, es decir, menos impuestos aunque las prestaciones sociales disminuyan para que el trabajador honrado que arriesga su dinero no tenga que subirse menesterosos a la chepa o amamantarlos que es peor. Y tienen razón. Los pobres huelen mal sobre la chepa y chillan si se les quiere amamantar. Yo lo intenté con un par de chicas pobres. Don Francisco prefiere ricos en las espaldas de los malagueños. La caridad bien entendida. Con tantos cargos altos (quizás en estatura) al frente de la ciudad, el paseante no comprende por qué Málaga no figura al frente de alguna estadística positiva nacional. Nunca aparece entre las más limpias (Emasa), ni con mejores líneas de transporte público (EMT), y de su urbanización ya Mariscal dijo que era una ciudad de VPO (Urbanismo). Si el Ayuntamiento funciona como un equipo el alcalde debería contratar la plantilla de Vitoria, Gerona, Zaragoza, San Sebastián, Santader y la de cualquier otra ciudad de España. Casi todas, en casi todo nos aventajan. No estamos gobernados por los mejores, aunque sí por los mejores sueldos. Y los socialistas sin candidato aún. ¿Me querrá contratar el alcalde? ¿Me pondrá un piso?

Tras la Plaza de la Merced

16 Sep

estoSegún declaraciones de José Asenjo a La Opinión, en breve se empezará a actuar para que la Plaza de la Merced y los alrededores del Museo Picasso muestren un aspecto como de ciudad civilizada en términos redundantes quizás para San Sebastián. En Málaga estas distinciones tienen su importancia y su consistencia materializada en un paisaje de aceras que conducen desde un siglo XXI más o menos acorde con otras ciudades, a un siglo XIX chabolero de tango. Nunca comprenderá este ciudadano por qué no se ha rehabilitado el Centro y sus aledaños durante la explosión constructiva de la última década. Misterio que se resuelve con base en la desidia, torpeza u oscuros intereses que cruzaron por los pasillos consistoriales como fantasmas disuasorios de una necesidad pedida a voces desde cualquier foro malagueño, menos desde donde correspondiera por lo visto. Ahora, cuando la ausencia de presupuestos fastuosos ahoga las ideas y lastra iniciativas, se habla del Centro. Málaga vive del turismo mal que nos pese y a los europeos nórdicos que aquí vierten sus euros no agradan las visiones de ruindades y miserias. Erigiremos el decorado igual que en aquella ´Bienvenido Mister Marshall´, con la esperanza ensoñadora de futuros hoteles, restaurantes y comercios que supongan puestos de trabajo y unos ingresos que la industria no puede compensar. Esto es lo que hay. Cabe que los alrededores de la Plaza de la Merced donde nació Picasso y desde su infancia vivió el olvidado Alejandro Sawa, luzca oropeles como auténtica plaza mayor de Málaga. Puede que los callejones que corretean entre Tomás de Cózar y Beatas, además de las obras eternas de Calle Granada se humanicen algún día como satélites del Museo. Temo que quienes habitan tras los decorados corran otra suerte, por ejemplo, en Lagunillas y colindantes, con pocos intereses turísticos a su favor.Tras el Cervantes, tras la casa natal de Picasso -repito que también de Sawa niño-, escombreras, inmuebles abandonados y basura, obsequian al paseante un portal con resabios de tercer mundo hacia la zona de la Victoria y Cristo de la Epidemia. Orina de gato, kilos de excrementos de perro, coches que obstruyen las aceras, coches al óxido ofrendados, un almacén viejo habilitado como vivienda desde el que se exhala la música y las estampas de un costumbrismo malagueño más allá del necesario, escaleras empedradas para escenas cinematográficas del Piyayo, aparcamientos en descampados, barrizales cuando las lluvias, parques de esparcimiento para las ratas. El Ayuntamiento construyó viviendas sociales, asfaltó algunos callejones e incluso arregló un par de aceras. Olvidó la convivencia, la vigilancia de los desmanes y entregó las esquinas a su suerte con mala rima en muerte. La desgracia de habitar una espacio tras la tramoya y el escenario en que se convertirá el Centro, con actores y sin vecinos.

Juan Antonio Roca vuelve

8 Sep

marbella2Los coletazos de la Malaya marbellí se contemplan dilatados en el tiempo, incluso sus raíces ya las comprobamos largas en el espacio. Un universo de pillaje, surtido de podredumbres y de casi todas las miserias humanas. El ayuntamiento de Marbella ha despedido por absentismo laboral a uno de sus trabajadores más señalados sin duda, Juan Antonio Roca, pero él, igual que esos hijos que parasitan la casa paterna hasta que hereden, no se quiere ir y ha recurrido esa orden de liquidación de sus condiciones laborales. Ha solicitado una indemnización a las arcas del que él sabe depauperado consistorio marbellí. Las partes acudirán a un acto de arbitraje en un intento de que se pueda alcanzar un acuerdo, proceso que conocen bien tantos y tantos trabajadores honrados despedidos por puro arbitrio empresarial. Después llegará el previsible juicio, con posibilidades de que sea fallado a su favor según algunos abogados laboralistas. Es cierto que la cosa económica está mala cuando un rico delincuente llora por un dinero con el que no paga ni un triste tigre disecado para su trigal; quizás se haya enamorado de Marbella y quiera retornar a sus calles para seguir trabajando por sus gentes; al fin y al cabo, a esta ciudad le debe todo, nuca mejor dicho, y si ahora gana la indemnización que solicita, aún le deberá más.
Juan Antonio Roca es un punky del sistema administrativo. Lo conoce muy bien y desde sus entresijos; lo manipula y pervierte con sus mismos procedimientos y lenguaje. Usa la melodía y la distorsiona del mismo modo que si compusiera canciones para unos Sex Pistols forenses. Roca imparte con cada uno de sus pasos lecciones inestimables sobre los recovecos y túneles de la maquinaria administrativa y por ellos circuló e intenta seguir paseando de nuevo. Quizás para despedirlo de forma efectiva, quizás, ojo, sólo haya que investigar mediante qué método fue nombrado asesor urbanístico. Autonomías, ayuntamientos y diputaciones han diseñado puertas falsas de entrada a bastantes cargos, mediante amasijos legislativos, más o menos correctos en las formas, pero no en el fondo, que evitan oposiciones públicas y transparentes. Así facilitan la admisión al nutritivo abrevadero del funcionariado a una pléyade de militantes del partido y otros favores de guardar como los días santos. Y aquí está Roca. Un cargo alto del ayuntamiento de Marbella, un funambulista sobre los artículos y disposiciones que encuentra siempre la cuerda tendida por la propia Administración y sus procesos tortuosos. Un doctor de verdad que maneja el derecho como el derecho fue concebido y en él habita y asienta su fortuna. Vuelve Juan Antonio Roca, un niño obediente que hizo lo que nuestros padres siempre dijeron, buscarse una paguita segura que luego vienen los malos tiempos y que uno tenga algo a que agarrarse.