Justos por pecadores

7 Jul

Hay un dicho en un nuestro discutible refranero que dice que suelen pagar justos por pecadores. Creo que sucede muchas veces. Lo estamos viendo cada día en esta eterna crisis que padecemos. Unos la han causado y otros la sufrimos. Pagamos justos por pecadores. Pero ese fenómeno no se produce solo a gran escala, también puede verse encarnado en casos de menor dimensión.

Un buen día aparece rota la Regla de Dibujo. Y nadie se presenta como responsable del desperfecto.

Comentaré un hecho de esta naturaleza a través del relato que me hace la familia de una estudiante de Secundaria sobre algo que le ha pasado en su Instituto. Un buen día aparece rota la Regla de Dibujo. Y nadie se presenta como responsable del desperfecto. Ahí comenzó el conflicto. Estas son las palabras de la chica:

“Después, comenzó el suplicio. Según la seño, la normativa de convivencia dice que el material escolar hay que reponerlo y aparece la primera sanción (no, ahora se llaman medidas correctivas de conductas contra la convivencia): todos tendremos que pagar 50 céntimos de euro. Y yo todavía no tengo paga, ¡madre mía!. Todos a una, o casi: seño, que yo no fui, ¿por qué tengo que pagar? La respuesta, sin dudar: porque lo dicen las normas de convivencia, y todos son responsables de lo que pase en el aula”.

El autor o autora de ese desperfecto no se identifica. Se supone que alguien ha sido, porque no se va a romper sola. O sí. Quiero decir que también podría suceder que se hubiera roto por accidente sin que nadie fuera consciente de ello. Pero bueno, supongamos que alguien ha sido. Al no aparecer un culpable, la Jefa de Estudios decide que tienen que pagar entre todos la compra de una regla nueva. Se trata de una pequeña cantidad porque en el reparto tocan a 50 céntimos.

La chica, herida en su dignidad, dice que no ha roto nada y que ella no va a pagar. Sinceramente, creo que hace bien al negarse. No es tanto una cuestión de dinero cuanto de principios. Porque aquí, el principio de presunción de inocencia se convierte en un principio de presunción de culpabilidad. Ella misma dice que los hechos contradicen lo que ha estudiado en la asignatura Educación para la Ciudadanía en sexto, donde le han explicado que todas las personas tienen el derecho a la presunción de inocencia. Y, por otra parte, que nadie debe ser sancionado sin pruebas.

No sé lo que pensaría la dirección del Centro si un buen día apareciese en la prensa la siguiente noticia. Se ha robado una cantidad de dinero al Ayuntamiento. Como no aparece el autor del robo, todos los vecinos van a tener que pagar la parte correspondiente.

No me sirve el argumento de que hay una norma en el Centro que obliga a pagar a todos cuando no aparece el autor de un destrozo. Supone celo por el bien común, pero basado en un principio erróneo. El fin no justifica los medios. Si la norma existe, hay que cambiarla.

Pasado un tiempo aparece un modo de presión en la estrategia de reposición de material por roturas o robos en el Centro, a mi modo de ver inaceptable. Se les presiona a los retrasados en el pago con la sanción anticipada de que si no pagan no se les permitirá asistir a la inminente excursión de fin de cuso, ocasión final para celebrar esfuerzos y disfrutar de buenas amistades. Ella califica esta actuación de chantaje emocional. Yo también. Una alumna no puede ser discriminada en una actividad tan importante.

Esa forma de presión lleva aparejada una invitación a la delación. Induce a que alguien reaccione de esta manera:

– Como no te importa perjudicarnos a todos con el silencio, yo te voy a perjudicar a ti con la acusación.

No sé si esta chica o alguno de sus compañeros conocía la autoría del desperfecto. Si sabían quién fue, se presenta una doble posibilidad: acusar a quien ha hecho algo mal o callarse y así perjudicar al resto de lo compañeros. La fidelidad al grupo suele quedar por encima.

Nadie da su brazo a torcer. Se queda sin excursión. Yo creo que el Centro defiende una norma más que discutible y la chica defiende un principio evidente. Se me dirá que la norma también defiende un principio. Puede ser, pero creo que por un camino equivocado.

Se suele decir que las normas están para cumplirlas. Yo diría que, antes, están para revisarlas y cambiarlas o suprimirlas cuando sostienen algo que no es justo. Por otra parte, ese rigor en el cumplimiento de las normas desaparece, al parecer, cuando se sanciona con una medida correctiva para faltas graves o muy graves, pero se trata de aplicar lo establecido en el caso de faltas leves: sin comunicación a la familia, sin intervención de la Dirección o del Equipo de gestión de la convivencia, sin informe al Consejo Escolar, sin dejar constancia escrita de nada… A los padres de la alumna no se les informa en ningún momento, y hasta se les niega la información que necesitan para acceder a los padres o madres que son miembros del Consejo Escolar, bajo la excusa de que la Ley de Protección de Datos no permite facilitar información personal. ¿No fueron elegidos los representantes en elección pública?, ¿no tienen que facilitar los Centros la comunicación de estos representantes con sus correspondientes representados?…

¿Qué puede hacer el Centro en estos casos? Yo creo que debe preguntar quién ha sido. No da igual que se rompa el material. Debe instar abiertamente a que se diga quién ha sido el responsable por un sentido elemental de responsabilidad. Debe inculcar la importancia que tiene el bien común. Tiene que educar en el respeto a las cosas. Pero no sancionar a los inocentes. Sé que todo esto es difícil. Sé también que tomo parte en un conflicto sin escuchar a una de las partes. Pero creo que el núcleo de la cuestión está claro. Quiero expresar mi respeto absoluto para los profesionales de la educación que han intervenido en el conflicto y mi convicción de que la familia debe ayudar a la escuela.

Lo más negativo de esta historia, a mi juiicio, es la sensación de injusticia con la que se ha quedado esta estudiante. La familia ha optado, creo yo, por seguir el buen camino de apoyar a su hija en su noble reacción.

Creo que algunas veces, al dar el brazo a torcer fortalecemos la autoridad. Sucede lo contrario a lo que muchas veces se piensa, que si cedemos nos debilitamos.

Si te comes un limón sin hacer muecas

8 Ene
Portada del libro de Sergi Pamiés, "Si te comes un limón sin hacer muecas".

Portada del libro de Sergi Pamiés, "Si te comes un limón sin hacer muecas".

Cada día me sorprendo más de la facilidad con la que los seres humanos nos dejamos guiar por supersticiones de todo tipo. Basta ver la televisión por la noche para comprobar la cantidad de adivinos, de echadores de cartas, de tarotistas, de magos y de videntes que pueblan la televisión a esas horas proclives a la seducción..

Lo que más me preocupa no es que haya todo este tipo de programas sino que haya espectadores que los siguen. Porque el círculo se cierra de una manera consistente: hay programas de ese tipo porque tienen audiencia y hay audiencis porque se proyectan este tipo de programas. La mejor manera de acabar con ellos es apagar la televisión. Solo hay una forma de romper ese círculo vicioso: tener personas mejor educadas.

Las cartomantes (hay más mujeres que hombres, no sé por qué) viven de sus intuiciones gracias a la credulidad de las personas. Ganan dinero, esa el la clave. No se dedican a lo que se dedican por amor al conocimiento o por acendrado altruismo. Lo hacen porque viven de sus mentiras. No tienen toda la culpa ellas. La mayor parte de la responsabilidad está en quienes acuden, a veces a la desesperada, a pagar esas fraudulentas informaciones. (más…)

Mañana no será lo que Dios quiera

30 Oct

Me llaman mucho la atención los latiguillos lingüísticos que utilizamos para atribuirlo todo a la voluntad divina más que a las decisiones humanas: “hasta mañana, si Dios quiere”, “ya estamos en casa, gracias a Dios”, “ iremos a veros el próximo verano, Dios mediante”…

Creo que es más sensato, más responsable y más lógico pensar que somos nosotros quienes decidimos lo que hacer con nuestra vida, con nuestro futuro, con nuestra sociedad. Por eso me ha gustado tanto la frase que preside estas líneas, que pertenece a un poema de Angel González y que ha dado título a un libro del también poeta Luis García Montero. Un precioso libro lleno de historia y de lirismo en el que glosa la vida y la obra del poeta asturiano. (más…)

Mujeres en construcción

21 Ago

Hay una vida plena antes y una vida en construcción después de un atentado

He visto un documental conmovedor sobre un grupo de mujeres que han sufrido los horrores del terrorismo. Está dirigido por Begoña Atin y Montse Ibáñez. Tenían que ser mujeres también.
Sólo desde su sensibilidad se puede entrar con ese tacto y con esa profundidad en el corazón de quien sufre. El documental lleva el significativo título que he querido utilizar para encabezar estas líneas. Es un buen título. Porque estas mujeres, cuya vida fue destruida de forma súbita, injusta y cruel, están reconstruyendo sus historias personales sobre los escombros psicológicos en los que se convirtieron. Hace falta coraje. Hace falta constancia. Hace falta mucho esfuerzo para salir a flote de un inmenso mar de lágrimas.

(más…)

Controles descendentes

31 Jul

El dinero público se ha gastado muchas veces con excesiva alegría

Estoy comprobando que, cada día que pasa, se hacen más estrictos y minuciosos los controles sobre el dinero público. Pero, curiosamente, sólo con carácter descendente. Es decir, que a los ciudadanos de a pie que manejamos cantidades casi ridículas se nos mira con lupa. A mí me parece muy bien que se vigile estrechamente el dinero de todos. Pero claro, uno se pregunta: ¿cómo es posible que esos controles tan finos permitan la evasión de miles de millones?

El dinero público se ha gastado muchas veces con excesiva alegría: comidas, viajes en primera clase, coches oficiales, regalos, fiestas, protocolo… No se pide lo mismo en un restaurante cuando uno paga de su bolsillo que cuando se paga con dinero ajeno. Basta ver el distinto consumo que se produce en un avión cuando invita la compañía o cuando paga el pasajero. Si la azafata sirve un refresco gratuito casi todos los pasajeros tienen sed. Si hay que pagarlo, ya beberemos lo que sea cuando lleguemos a casa. Es así de sencillo.

Dada esta tendencia se hace necesario controlar el gasto del dinero público. Defiendo que así sea. Exijo que así sea. Y esa es una muestra del buen funcionamiento de la democracia. Pero, si se ha de hacer debe hacerse con mayor celo mirando hacia arriba que hacia abajo. Por dos motivos: el primero porque las cantidades suelen ser más elevadas. El segundo por una cuestión de ejemplo.

(más…)