La última vez

31 Dic

La carne, la novela de Rosa Montero nos sitúa ante el desafío del paso del tiempo

 

Lo he pensado muchas veces. Y ahora lo veo plasmado en el libro La carne, de la periodista española Rosa Montero. La carne es una estupenda novela sobre el paso del tiempo, sobre sus devastadores efectos en la carne y en el espíritu. Imagino que le habrá pasado alguna vez a mis lectores y lectoras. Algo que han pensado lo encuentran perfectamente plasmado en un escrito. Me lo han dicho a mí algunas veces: usted pone por escrito algunas ideas que yo tengo, algunos sentimientos que vivo. (más…)

La patada en el muro

14 Jul

He vivido un año en Galway (Irlanda), una ciudad de 75.000 habitantes, en la que existe una interesante simbiosis entre los visitantes y la población autóctona. En un reciente libro sobre la ciudad (“Galway. A Sense of Place”), escrito por el arquitecto Roddy Mannion, se dice de ella que es una ciudad “acogedora, atractiva, vibrante, histórica, artística, tradicional, encantadora, dinámica, cosmopolita, bohemia, con atmósfera, llena de colorido, medieval, amante de la diversión, exuberante, antigua y moderna… y cultural”. Aquí he vivido un año inolvidable que se ha pasado volando. Agua, frío, verde, belleza, trabajo y afectos.

Pero lo que tiene de peculiar ese punto, esa pared, es que todos elevan la pierna para dar una patada contra alguna de sus piedras.

Salthill es una hermosa parte de la ciudad en la que hay un paseo marítimo llamado Prom. En ese paseo hay un muro en el que se puede observar algo verdaderamente curioso. Los viandantes pasean a lo largo de la costa y, al llegar a él, dan una patada y se vuelven en la dirección contraria.

El muro corta el camino, cierra el ancho paseo, pone fin a la caminata. Después ya sigue la carretera, no el paseo. De modo que lo suyo, lo lógico, lo obligado, es dar media vuelta y caminar en la dirección contraria. Pero lo que tiene de peculiar ese punto, esa pared, es que todos elevan la pierna para dar una patada contra alguna de sus piedras.

Es curioso observar a la gente. Incluso quienes van conversando, sin dejar de mirarse, hacen ese gesto casi de forma automática. Patadita y media vuelta. Es indefectible: niños, jóvenes, adultos y viejos practican la misma costumbre. Pueden ir deprisa o despacio, solos o en grupo, formal o deportivamente vestidos. Al llegar al muro, dan una patada y se vuelven. Es una patada suave, como es lógico. Nadie se va a hacer daño golpeando su pie contra un muro de piedra.

Me he preguntado muchas veces por el significado de esa costumbre. He procurado informarme sobre su origen y no he sacado mucho en claro. He preguntado a personas de diferente edad y condición. He leído. He buscado. El lector o lectora podrá hacer la correspondiente consulta en la red escribiendo en cualquier buscador “Wall kicking o Kick the vall in Salthill””.

Creo que si se preguntase a los paseantes del Prom por qué le dan la patada al muro, muchos dirían que no lo saben. ¿Por qué lo hacen entonces? Pues porque sí, porque todo el mundo lo hace.

Unos dicen que es un gesto que traerá suerte, otros que se trataba de un modo de deshacerse de la arena que se pegaba a los pies, otros que era un símbolo que pretendía expresar el deseo de ampliar el recorrido del paseo, otros que una tubería subterránea ejercía presión sobre el muro y se trataba de contrarrestarla, otros que es un modo simbólico de desahogarse de los problemas (el dolor, la rabia, el fracaso…). Hasta he oído una curiosa explicación que no tiene fundamento histórico alguno, que dice que el pequeño muro fue construido por los ingleses y que la patada es una forma explícita de expresar la antipatía y la aversión. No lo sé, sinceramente. Las personas a quienes he consultado ofrecen versiones diferentes sobre esta tradición y su origen.

Pero no es de la ciudad y de su tradicional gesto del Prom de lo que quiero hablar, sino del sentido de las tradiciones o, mejor aún, de cómo cada uno y cada una, en su cultura asimila esas tradiciones.

No todo es bueno en la cultura. Hay que tener capacidad para discernir. Hay costumbres buenas y costumbres perniciosas. Es necesario tener los criterios necesarios para emitir un juicio riguroso. Y esos criterios los proporciona la educación. Hacer las cosas porque siempre se han hecho así o porque todo el mundo las hace, no tiene mucho sentido.

La educación se diferencia de la simple socialización por dos rasgos esenciales. El primero es que la persona educada sabe discernir, tiene sentido crítico, no reproduce mecánicamente las costumbres. El segundo es que la persona educada sabe desentrañar el sentido ético de las costumbres. Si ese sentido es ético las sigue, si no lo es, se distancia e incluso lucha para desmontar esas tradiciones inaceptables. La educación permite descubrir la falta de lógica y la falta de ética del comportamiento. Estar educado no es incorporase con éxito a la cultura, es aplicar críticamente criterios de valor a las tradiciones.

Este hecho me ha llevado a pensar en la creación y mantenimiento de muchas de nuestras costumbres. La persona es un animal de costumbres. ¿Por qué comemos las doce uvas en Nochevieja?, ¿por qué decimos buenos días?, ¿por qué se valora de forma diferente la infidelidad en hombres y en mujeres?, ¿por qué nos damos la mano para saludarnos?, ¿por qué los hombres llevan paraguas de color negro?…

Hay muchas costumbres inofensivas, neutras desde el punto de vista ético. Pero hay otras que no solo son estúpidas sino que atentan contra principios que una sociedad culta y democrática debe defender. Arrojar una cabra desde el campanario de la torre del pueblo solo les puede hacer gracia a los imbéciles. Se trata de una costumbre irracional e injusta. Practicar la ablación del clítoris de las niñas es una costumbre, a mi juicio, inmoral e insensata.

Obsérvese que ese argumento de que puesto que lo hacen todos tiene que ser cierto, se ha utilizado durante mucho tiempo como una muestra de la verdad. Durante muchos siglos se pensaba que el sol giraba alrededor de la tierra. Era un error consensuado.

Las tradiciones funcionan así. Se hacen las cosas porque siempre se han hecho y porque todos las hacen. Repasemos la inmensa cantidad de comportamientos que se basan en tradiciones. Y pensemos no solo en asimilar la cultura sino en hacerla mejor.

Si te comes un limón sin hacer muecas

8 Ene
Portada del libro de Sergi Pamiés, "Si te comes un limón sin hacer muecas".

Portada del libro de Sergi Pamiés, "Si te comes un limón sin hacer muecas".

Cada día me sorprendo más de la facilidad con la que los seres humanos nos dejamos guiar por supersticiones de todo tipo. Basta ver la televisión por la noche para comprobar la cantidad de adivinos, de echadores de cartas, de tarotistas, de magos y de videntes que pueblan la televisión a esas horas proclives a la seducción..

Lo que más me preocupa no es que haya todo este tipo de programas sino que haya espectadores que los siguen. Porque el círculo se cierra de una manera consistente: hay programas de ese tipo porque tienen audiencia y hay audiencis porque se proyectan este tipo de programas. La mejor manera de acabar con ellos es apagar la televisión. Solo hay una forma de romper ese círculo vicioso: tener personas mejor educadas.

Las cartomantes (hay más mujeres que hombres, no sé por qué) viven de sus intuiciones gracias a la credulidad de las personas. Ganan dinero, esa el la clave. No se dedican a lo que se dedican por amor al conocimiento o por acendrado altruismo. Lo hacen porque viven de sus mentiras. No tienen toda la culpa ellas. La mayor parte de la responsabilidad está en quienes acuden, a veces a la desesperada, a pagar esas fraudulentas informaciones. (más…)

Todo es para bien

31 Dic

Ante las desgracias, podemos venirnos abajo o tratar de reaccionar con valentía

Al despedir el año se acumulan los recuerdos, unos buenos y otros malos. Al saludar el año nuevo, se esperan experiencias gratificantes y se temen acontecimientos ingratos. Cuando miramos hacia atrás hacemos balance y cuando miramos hacia adelante forjamos proyectos. La Nochevieja es una frontera artificial con la que los humanos dividimos el tiempo, que es un continuum no fragmentable.

La Nochevieja es una noche más en el incesante ritmo nictameral o circadiano, pero nosotros la hacemos especial porque en ella despedimos al año viejo y saludamos con alborozo al nuevo año. Es la Nochevieja una fiesta de sabor agridulce. Se va un año (adiós, 2010) y le damos la bienvenida al 2011, aturdidos por el vértigo del paso del tiempo y esperanzados por los sueños que volcamos en el porvenir. Hay que beber, cantar y gritar con júbilo porque estamos vivos. Hay que beber, cantar y gritar para no pensar que tenemos un año menos y que la vida se nos va.

Ante lo bueno y malo que nos pasó y ante lo malo y lo bueno que vendrá se puede mantener una actitud positiva o una actitud negativa. ¿De qué depende? No tanto de la proporción de cosas buenas o malas, cuanto de la actitud que tenemos ante ellas. Porque experiencia no es lo que pasa sino lo que nos pasa. Y lo que nos pasa depende más de nosotros que de los acontecimientos externos.

(más…)

Letanía de la Navidad

24 Dic

Las Navidades son fechas cargadas de significados religiosos para los creyentes. Y encierran también un poderoso caudal de referentes culturales para quienes no lo son.. Los recuerdos de la infancia que se avivan en los corazones, los villancicos que resuenan en los centros comerciales, en las calles y en las casas, las luces que adornan el centro de las ciudades, la añoranza de los seres queridos que ya no están, el cruce de felicitaciones, el intercambio de regalos…Si hay un adjetivo que se repite una y otra vez al lado de la fiesta de Navidad es “entrañable”.

Pero esta impronta cultural funciona, a veces, como un cuchillo que hiere y hace sufrir. Hoy me quiero ocupar de quienes sufren en Navidad. Por paradójico que parezca, hay mucho sufrimiento en Navidad. Un sufrimiento que se esconde detrás de las luces, que se calla detrás de las canciones y que no se muestra en los escaparates. Voy a traer a estas a líneas una dolorosa letanía de personas afligidas, de personas que sufren no digo en Navidad sino por ser Navidad.

Pienso en las personas que en el último año han perdido a un ser querido. Cuántas veces oímos expresiones como estas en estas fechas: “son las primeras Navidades sin…”, “es el primer año que falta…”, “hace sólo unas semanas que murió…”. Es el síndrome de la silla vacía en las cenas de Nochebuena y Nochevieja. Es el dolor de la ausencia.

(más…)