Docentes jubilados en Cantabria

6 Feb

El pasado viernes, 29 de enero, tuve la feliz oportunidad de participar en un doble homenaje. Uno de carácter genérico, ya que se celebraba el día del Docente en la Comunidad cántabra y otro más específico, ya que en el mismo acto se rendía tributo de gratitud y felicitación a los docentes que se jubilan en el presente curso, casi doscientos, aunque no todos presentes.

La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, responsable de la iniciativa y de su desarrollo institucional. tuvo el enorme acierto de elegir el Parlamento de Cantabria como escenario del acontecimiento. No había, a mi juicio, un lugar mejor. El Gobierno y el Pueblo tienen allí su epicentro democrático.

La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, responsable de la iniciativa y de su desarrollo institucional. tuvo el enorme acierto de elegir el Parlamento de Cantabria como escenario del acontecimiento. No había, a mi juicio, un lugar mejor. El Gobierno y el Pueblo tienen allí su epicentro democrático.

La autoridades políticas (Consejero de Educación que presidió el acto, Vicepresidenta del Ejecutivo y Presidenta del Parlamento), en su papel de representantes del pueblo, respaldaron con su presencia el acto y le imprimieron ese sello que la autoridad confiere a las actividades en las que cree. He visto muchas ausencias significativas y muchas presencias fugaces y meramente protocolarias. En una ocasión vi a una autoridad ¿educativa? dirigir a los presentes unas palabras de Clausura para un Congreso que se encontraba en el acto de Apertura. Las buenas y las malas actitudes se huelen. Algunas veces apestan. Dos presentadoras hilvanaron las diversas partes con soltura, eficacia y simpatía. La cultura de los detalles es fundamental en educación.

Los docentes jubilados eran protagonistas. Durante el acto se proyectó un interesante documento con testimonios autobiográficos de algunos homenajeados. La Consejería les hizo entrega de una bolsa con los correspondientes regalos y yo tuve el honor de añadir el minúsculo obsequio de un libro que publiqué el año pasado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) y que lleva por título “El Arca de Noé. La escuela salva del diluvio”. Dice García Márquez que un libro no se acaba de escribir hasta que no se dedica. Por eso escribí en la primera página: “A los docentes jubilados este año en Cantabria: Enseñar no es solamente una forma de ganarse la vida es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros”. Les dije que ellos habían salvado muchas vidas surcando el océano proceloso de la cultura neoliberal, que habían sorteado muchos escollos y atravesado olas gigantescas, consiguiendo que la frágil barca de la escuela no zozobrase. En ella habían salvado del diluvio de la ignorancia, de la insolidaridad y de la desigualdad a miles y miles de alumnos. ¿Cómo no sentirse orgullosos de ellos? ¿Cómo no expresarles gratitud después de tantos años de esfuerzo y de valerosa y hábil navegación?

Hablaron las autoridades con palabras certeras y sentidas. Uno nota con facilidad si los discursos están huecos o si, por el contrario, están llenos de sinceridad y de hondura. Uno nota si quien habla se cree lo que está diciendo.

Hubo también música. Excelentes interpretaciones del Dúo ARtCOS que arrancaron aplausos entusiastas. Es bueno que se mimen estos actos, que se ponga en ellos alma, que se elijan interpretaciones de calidad, que se de realce y visibilidad a lo que se hace. Los destinatarios y la causa lo merecen.

Y más música. Ahora de otro tipo. Música arraigada en la tierra cántabra, con guitarra y rabel de Chema Puente. Y el broche de una habanera que aspira a convertirse en himno de la bella ciudad de Santander y cuya estrofa central estuve tarareando el resto de la jornada. (¿Cómo era, cómo era, me pregunto ahora?). Hermosa canción, magníficos artistas.

En la Comunidad es ya una tradición este homenaje. Y lo es también la edición de un libro de hermoso título: “Vidas maestras”. Ya van 11 años. 11 ediciones. Se trata de una obra en la que se invita a participar a los jubilados. Los interesados escriben una breve biografía de su trayectoria profesional. Todas hermosas. Cada una peculiar. Es muy buena la idea de escribir. Porque ese pensamiento caótico y errático que tenemos sobre la educación, a la hora de escribir, tiene que ser disciplinado. Hay que poner unas cosas delante de otras, hay que estructurar, ordenar, explicar, argumentar… Y eso ayuda a comprender. Y, por supuesto, otros pueden leer. El libro está primorosamente editado con pastas y hojas de calidad y numerosas fotografías que encarecen y a la vez engrandecen la edición. Es hermoso leer esas trayectorias vitales. Ese tránsito del comienzo ilusionado hasta el final que acaban de tocar con la mano. Es hermoso compartir la experiencia.

Me concedió el Consejero veinte minutos. Sé lo cuidadoso (casi obsesivo) que es con el respeto de los tiempos. Y me dije: ni un minuto más, ni uno menos. Mi tarea consistió en cantar las excelencias de la profesión docente, en mostrar su decisiva importancia en la sociedad y, también, en hacer patentes las dificultades que sin duda existen. Y, cómo no, en agradecer y felicitar a los jubilados y jubiladas por el largo y decisivo trabajo realizado. No me cabe la menor duda de que Cantabria es hoy mejor por la tarea educativa que han realizado estos profesionales. Lo hice sustentando la alabanza en cuatro pilares fundamentales. Diré algo en cada uno que allí no pude decir, a causa de los límites de tiempo.

Ser docente es difícil. Porque la presión social es cada día mayor, esperándose de él, y exigiéndole incluso, que responda a todas las necesidades de formación: para la paz, para el consumo, para las nuevas tecnologías, para la imagen, para al seguridad vial, para el medio ambiente, para la sexualidad, para la convivencia, para los valores… Con parecida formación, peores condiciones y el mismo sueldo.

Ser docente es importante. Porque trabaja con “materiales” delicados, complejos, de altísima fidelidad, como son las ideas, las expectativas, las emociones, los sentimientos, las concepciones, las actitudes, los motivos, los valores… En otros trabajos, el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales, en ésta es quien más y mejor los libera. De esa tarea depende el futuro de los individuos y de la sociedad.

Ser docente es hermoso. Porque su tarea se destina a personas y se realiza en equipo, hecho que enriquece a sus miembros y multiplica la eficacia. No hay niño que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. Esta es la tarea más importante que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la mente y el corazón de las personas.

Ser docente es ser inmortal. Presenté algunos botones de muestra sobre las repercusiones beneficiosas de la tarea docente. Ahora añadiré otro que me brinda mi médica de familia en una carta que dirige a su profesor de Lengua y Literatura, recientemente jubilado. Una hermosa carta de la que extraigo este párrafo: “Porque aprendimos de él que una palabra es correctamente usada cuando comunica, dice, reclama, critica, apoya, consuela, discrepa argumenta enamora o maldice, como reconocimos en tantos textos que nos hizo desmenuzar como un azucarillo de café, para después beberlos a sorbitos durante el resto de nuestra vida”.

Hice una propuesta al final: que en la ciudad de Santander hubiese una CALLE DE TODOS LOS MAESTROS. Los que han sido, los que son y los que vendrán. Luego departimos animadamente al buen sabor de unos aperitivos y de un vino español. Honor, admiración y gratitud eterna a los docentes jubilados este año en Cantabria.

Pereza de pensamiento

2 Ene

Algunos (algunas) confunden pereza de pensamiento con firmes convicciones. Para evitar la reflexión, para evitar la búsqueda, para ahuyentar la autocrítica, para instalarse en la comodidad, presumen de tener convicciones inquebrantables, principios inamovibles, dogmas incontestables.

La sordera del marido se camuflaba bajo la sospecha de que quien estaba perdiendo la audición era la esposa. Es el modo de proceder de quien esconde su limitación tras la deficiencia de los otros. Es la lógica de autoservicio. Una burda trampa en la que frecuentemente incurrimos.

He visto muchas personas que se ufanan de no haber cambiado nunca y nada en la vida. Parecería que todo lo que ven, lo que leen, lo que escuchan, lo que piensan, lo que experimentan, les conduce al afianzamiento de sus tesis matrices. Esas personas utilizan con frecuencia el mecanismo de la lógica de autoservicio que consiste en razonar de manera tal que la conclusión acabe reforzando los puntos de partida y manteniendo las costumbres inveteradas.

Razonar de manera interesada, aunque falta de lógica, es una forma de atrofiar el pensamiento y de convertir en rutina la acción. Tenemos tendencia a defender lo que hacemos.

Me pregunto cómo es posible que algunos justifiquen los comportamientos que tienen. Cómo es posible llegar a la conclusión de que lo que se hace está bien hecho.

Existe el riesgo de interpretar la realizad, de analizar lo que sucede con el fin de sacar las conclusiones que nos interesan. Prueba de ello es que de unos mismos hechos hay personas que sacan conclusiones no solo distintas sino opuestas.

¿Cómo es posible, por ejemplo, que un grupo de fanáticos jalee con gritos de apoyo al joven que propinó un tremendo puñetazo al Presidente de gobierno del país? ¿Qué argumentación emplean? ¿Qué tipo de lógica aplican al análisis de la realidad y del comportamiento humano?

Pondré tres ejemplos de lo que a mí me ocupa y preocupa: la enseñanza. Supongamos que un profesor mantiene la tesis de que los alumnos tienen que estar estrictamente vigilados para que se porten bien. Otro docente piensa, por el contrario, que los alumnos deben estar frecuentemente solos para que aprendan a comportarse con responsabilidad en un marco de libertad.

Un buen día, los problemas de tráfico ocasionan el retraso de un profesor que no aparece en la clase durante media hora. Los alumnos arman un escándalo fenomenal. Cuando los dos profesores de ideas contrapuestas conocen los hechos, reaccionan de manera opuesta:

– ¿Lo ves?, dice el primero. ¿Ves cómo es necesario que los alumnos estén vigilados? Fíjate en el escándalo que han armado cuando se han visto solos.

El segundo docente, ante esos mismos hechos, saca la conclusión contraria:

– ¿Lo ves?, dice. ¿Ves lo que sucede por estar siempre vigilados? No han aprendido a comportarse responsablemente. Si hubieran estado solos con frecuencia, no hubiera sucedido nada.

Podemos encontrar ejemplos múltiples de este mecanismo en las sesiones de evaluación del alumnado que realizamos los profesores. Hay docentes que atribuyen el cien por cien de la responsabilidad del fracaso a la pereza, a la desmotivación, a la incapacidad, a la falta de nivel previo de los alumnos, a la incompetencia de la familias, al tamaño de los grupos o a las políticas educativas. Ni media reflexión aplicada al propio ejercicio profesional. A la bondad del curriculum, la riqueza de los métodos, la calidad de las actitudes…

Esta lógica de autoservicio fortalece la rutina ya que no se plantea la menor interrogación sobre aquellos aspectos que pueden tener influencia en el resultado de los alumnos y que dependen de las actitudes, las concepciones y las prácticas de los profesionales. El proceso de atribución, con escasa lógica y claro interés, descarga sobre los demás toda la responsabilidad del fracaso.

La explicación que daba aquel vendedor, no podía ser más torpe:

– Yo vendo, lo que pasa es que no compran.

La cuestión que permite al vendedor solucionar el problema, es preguntarse por la calidad de los productos, por la cuantía del precio, por la simpatía del que vende, por la ubicación del puesto, por la potencia de los competidores…

Otro ejemplo, aplicado no ya al pensamiento individual de los docentes, sino al comportamiento colectivo de los mismos en las instituciones. Pensamiento colectivo que pretende mantener la estructura y el quehacer de la institución. Al no dudar nunca, al no hacerse preguntas, mantienen las mismas dinámicas. Todo se explica con esa lógica de autoservicio que instala en la comodidad y la rutina.

Hace unos años visité una Escuela Normal en México (silenciaré el nombre de la localidad de forma intencionada). En las Escuelas Normales es donde se forma a las futuros maestros. Me enseñaron las instalaciones. En medio de una escalera imperial había un busto de una mujer. La Directora me explicó con orgullo que se trataba de una exalumna de la escuela, de una distinguida mujer que alcanzó fama por su valía y por su trabajo y una merecida fama en el país. Venía a decir:

– Qué excelente tarea realizamos en esta Escuela. Una prueba de ello es que haya salido de sus aulas un personaje de esta relevancia.

Pero si, ese mismo día hubiera aparecido en la prensa la noticia de que un grupo de ex alumnos de esa Escuela había violado y matado a varias mujeres, es probable que la conclusión hubiera sido de otro tipo.

– Hay que ver cómo se han descarriado estos muchachos. Qué poco han aprovechado nuestras excelentes enseñanzas.

En cualquiera de los casos la actividad podrá seguir siendo la misma. Esa forma de hacer hablar a la realidad conduce al inmovilismo, a la falta de aprendizaje, al mantenimiento de rutinas.

Se trata de una forma de pensar interesada, de un razonamiento puesto al servicio de quien lo maneja. No importa tanto el rigor cuanto el interés. No importa tanto la lógica cuanto el mantenimiento del statu quo.

Cuando pensamos que el otro es el que se equivoca, el que tiene el problema, el que tiene que cambiar, corremos el peligro de no caer en nuestros propios errores y limitaciones. Cuando pensamos que quien tiene defectos es el otro, no podemos mejorar.

Voy a reproducir una historia que los filósofos alemanes Thomas Cathcart y Daniel Klein cuentan en su hermoso e interesante libro “Platón y un ornitorrinco entraron en un bar”. Perdóneseme el tufillo sexista del relato.

Un hombre está preocupado porque su mujer se está quedando sorda, y decide consultar al médico. El médico le sugiere que realice una prueba muy simple con ella cuando estén en casa: que se coloque detrás y le pregunte algo, primero desde lejos, luego a unos tres metros y finalmente muy cerca de ella.

El hombre llega a casa y ve a su mujer trasteando en los fogones.

– ¿Qué hay para cenar?, pegunta desde la puerta.

No hay respuesta.

– ¿Qué hay para cenar?, repite después de acercarse un poco.

Sigue sin haber respuesta.

Finalmente se coloca detrás de ella y pregunta:
– ¿Qué hay para cenar?

La mujer se vuelve y grita:

– Por tercera vez: ¡pollo!

La sordera del marido se camuflaba bajo la sospecha de que quien estaba perdiendo la audición era la esposa. Es el modo de proceder de quien esconde su limitación tras la deficiencia de los otros. Es la lógica de autoservicio. Una burda trampa en la que frecuentemente incurrimos.

Enseñar es un ejercicio inmortalidad

10 Oct

El pasado día 5 de octubre se celebró el Día Mundial de los Docentes. Interesante iniciativa de la UNESCO,  con tal de que celebrar el día no nos lleve a pensar que, pasado el 5,  ya se acabó  todo el reconocimiento y todo el apoyo a los docentes y las docentes hasta el próximo año.

En cualquier profesión, el mejor profesional es el que más y mejor manipula los materiales, en ésta es quien más y mejor los libera.

Es necesario reconocer el extraordinario papel que desempeñan los docentes. En una sociedad en la que todo el mundo sabe que tener conocimiento es tener poder, los docentes son profesionales que, por oficio, se dedican a compartir el conocimiento que poseen. En cualquier profesión, el mejor profesional es el que más y mejor manipula los materiales, en ésta es quien más y mejor los  libera.

El camino hacia la solución de los problemas  personales y sociales está en la educación, entendida ésta no como una simple acumulación de ideas inertes sino como el desarrollo de la capacidad de pensar y de la voluntad de convivir de forma justa, solidaria  y pacífica.

Para realizar esa tarea tan importante y, a la vez, tan compleja  hacen falta profesionales  competentes y comprometidos con la tarea. Y estructuras adecuadas para realizarla eficazmente. Será posible alcanzar esta meta si se satisfacen estas cinco exigencias.

Primera exigencia. Hay que seleccionar para esta tarea a las mejores personas del país. Entiendo por mejores a las personas  más inteligentes y más sensibles. No es de recibo cantar las excelencias de la educación y destinar luego a ella a las personas que no valen para otra cosa.

Hay países que marcan unos niveles para el acceso a  la docencia muy superiores a los de cualquier otra profesión. Una cosa es ser químico y otra profesor de química. Una cosa es ser matemático y otra profesor de matemáticas. Una cosa es ser especialista en literatura y otra profesor de lengua.  El profesor tiene que dominar la disciplina pero, además, tiene que tener otras cualidades, actitudes y valores específicos. Téngase en cuenta, además, que se trata de una tarea que se desarrolla en un equipo de profesionales con un proyecto compartido.

Segunda exigencia. Esos profesionales tienen que tener una formación rigurosa teórica y práctica, que no se puede realizar en instituciones masificadas, en tiempos breves,  con escasez de medios y con profesionales mediocres.

Hace años escribí un artículo titulado  “El curriculum del nadador”. Decía en él que no se puede enseñar a nadar a un aprendiz con un curriculum teórico compuesto por asignaturas como Química del Agua, Historia de la Navegación, Biografía de los Campeones Olímpicos de Natación, Sociología de la Natación, Filosofía de la Natación, Marcas Olímpicas, Economía de la Natación… Y con un curriculum práctico compuesto por materias como Observación de Nadadores Célebres, Entrevista a Grandes Nadadores, Recopilación de lo dicho en Medios  de Comunicación sobre las Olimpíadas, Análisis de Videos de Marc Spitz… Todo sentado y todo en seco.  Sabemos a ciencia cierta lo que sucedería si a ese aprendiz, con matrícula en todas las asignaturas, lo arrojamos a un mar agitado con olas de cinco metros…

Es necesario, pues, mejorar la formación inicial. Y analizar lo que sucede cuando los aprendices terminan los estudios y se incorporan a las escuelas. Volviendo a la metáfora, esa institución que prepara a los estudiantes para nadar tiene que cerciorarse de si, cuando se tiran al agua, saben nadar, bracean con torpeza o se ahogan sin remedio…

Tercera exigencia. Hay que organizar la docencia dentro del sistema educativo y de las escuelas con más racionalidad, agilidad, y autonomía. Las plantillas tienen que formarse con criterios pedagógicos y no por aluvión, los directores tienen que estar bien formados y seleccionados, las condiciones laborales tienen que ser más favorables, los sueldos tienen que ser mejores, los medios tienen que multiplicarse, los alumnos por aula tienen que reducirse…

No hay suficiente autonomía en las escuelas. Las instituciones educativas tienen el mayor nivel de prescripciones  del país. Todo está decidido. Se le ha llamado a la escuela institución paralítica ya que no puede moverse sin los andadores legislativos.

Cuarta exigencia. La formación permanente tiene que mejorarse de forma sustancial. No puede quedar al albur de los deseos  de los interesados o del capricho de las autoridades. Nadie se hace maestro de una vez para siempre.

Cambian los conocimientos (se multiplican, profundizan y diversifican…), cambian los alumnos y las alumnas (su psicología, sus intereses, sus expectativas, sus actitudes…), cambian  las necesidades sociales (nuevas profesiones, nuevos contextos, nuevos  movimientos sociales…), cambian los saberes pedagógicos (nuevos métodos, nuevas teorías, nuevos modelos…).

La formación debe tener carácter individual e institucional. No solo tiene que perfeccionarse el docente. Lo tiene que hacer también la institución.

Quinta exigencia. Tiene que haber un mayor reconocimiento social de la profesión docente. Los políticos tienen que manifestar, de forma inequívoca, su valoración de la educación y de los profesionales que se dedican a ella. No solo en los discursos, no solo en la etapa electoral, no solo en las entrevistas televisivas…  Lo tienen que hacer con hechos. Con presupuestos, con mejora de las condiciones, con testimonios fidedignos, con cercanía emocional…

Las familias tienen que manifestar de forma fehaciente su respeto y su respaldo a los profesores de sus hijos e hijas. Tienen que prestarles ayuda, manifestarles aprecio y secundar su tarea.

La sociedad en general tiene que rendir un tributo de admiración y afecto a estos profesionales que, de forma callada, constante y humilde realizan cotidianamente en las aulas la tarea de enseñar. De enseñar a pensar, de enseñar a convivir, enseñar a ser.

Y, ahora, quiero dirigirme a mis colegas docentes para decirles que nosotros no podemos defraudar a una sociedad que tanto espera y tanto necesita. Nosotros tenemos que esforzarnos cada día por ser mejores profesionales. Exigentes, rigurosos, competentes, humildes, afectuosos y comprometidos. Nosotros tenemos que ganarnos a pulso, cada día, el respeto, la admiración y el afecto de nuestros alumnos y alumnas, de sus familias y de la sociedad entera.  El reconocimiento a la dignidad no se impone. La dignidad se encarna y se conquista con la forma de pensar, de actuar y de ser.

Permítaseme citar a Rubem Alves, un pedagogo brasileño recientemente fallecido, que escribió hace años el hermoso libro “La alegría de enseñar”. En él se dice: “Enseñar es un ejercicio de inmortalidad. De alguna forma seguimos viviendo en aquellos cuyos ojos aprendieron a ver el mundo a través de la magia de nuestra palabra… Por eso el profesor nunca muere”. Sirvan estas palabras de homenaje a quienes tanto admiro, tanto valoro y tanto aprecio.

Las metáforas del agua

5 Sep

Comienza un nuevo curso escolar. Desde hace muchos años vengo escribiendo un artículo para dar la bienvenida a una experiencia tan afortunada como ésta. El país entero vuelve a las aulas. Los escolares de todos los niveles emprenden el camino hacia las instituciones. Los profesores y profesoras se reúnen para planificar e iniciar el nuevo curso. Los conductores de autobuses escolares madrugan para  retomar las rutas que durante el verano se han detenido. El personal de administración vuelve a las conserjerías, a las secretarías y a los comedores. Los inspectores e inspectoras vuelven a sus despachos, vacíos durante las vacaciones. La maquinaria educativa  gubernamental vuelve a funcionar.  Todo se había detenido durante un tiempo. No somos conscientes de la importancia que tiene el hecho de que todo vuelva a esa dichosa normalidad, un año más. Una gran cantidad de dinero al servicio de una gran causa.

Quienes se instalan en la primera concepción disfrutan menos, lo pasan peor y le sacan menos partido a su esfuerzo. Quienes practican la segunda viven con entusiasmo aquello que hacen y le sacan el mayor partido. ¡A la tarea de ser felices y de hacer felices a los demás!

La reiteración en el comienzo puede llevar a la rutina, que es el cáncer de las instituciones. ¿Cómo lo vamos a hacer este año? Como el año pasado, como todos los años. Así, sin más. Sin someter a un riguroso análisis lo sucedido, sin poner en tela de juicio los procesos y los resultados.

Los padres y las madres, que han dicho en repetidas ocasiones, sobre todo en las últimas semanas del verano, que ojalá empezara mañana el cole, ven concluida la etapa de la tutela constante para compartir con el profesorado sus inquietudes educativas.

Hace unos años escribí un libro titulado “Pasión por la escuela. Cartas a la comunidad educativa” (Homo Sapiens. Rosario. Argentina). Me dirigía en aquella ocasión y por ese medio epistolar a todos los agentes del sistema. A las autoridades, a los profesionales de la educación, a los alumnos, a las señoras de la limpieza (casi siempre son señoras), a los conserjes, a las cocineras, a las familias. A la comunidad educativa y a la ciudadanía en general. Porque la educación es la causa de todos y de todas. Un pueblo sin educación no tiene futuro.

Es probable que el esfuerzo necesario para sacudirse la flojera de las vacaciones nos haga olvidar la dicha y la suerte  de poder disfrutar de este inmenso  y articulado sistema educativo. Un sistema que necesita mejorar pero que dispone ya de logros acrisolados por la experiencia y por la ilusión de todos quienes hacen posible que funcione.

Quiero dar la bienvenida al nuevo curso haciendo algunas reflexiones sobre el significado de la tarea que se realiza en las escuelas, en los institutos y en las universidades. Voy a utilizar dos metáforas para explicar dos concepciones  antagónicas de la tarea de la enseñanza. Sé que las metáforas tienen la virtualidad de iluminar una parte de la realidad, aunque deje en la oscuridad otras partes de la misma. Si  digo de alguien que es fiero como un león nada digo sobre su inteligencia o su sensibilidad. De todos modos nos permiten  reflexionar y comprender algunas parcelas de la realidad y de la vida. Se trata de dos metáforas antagónicas. Las dos tienen como eje de la reflexión el agua.

La primera metáfora hace referencia a una concepción academicista, estática, jerárquica y simplista de la enseñanza. La voy a denominar: el docente como escanciador de agua que recibe el aprendiz. El conocimiento está almacenado en la institución dentro de recipientes cerrados,  está acabado,  está concluso. El profesor es el depositario de las tinajas llenas de agua El alumno es un recipiente vacío y pasivo en el cual hay que echar con cuidado el líquido del saber. En el mejor de los casos, el recipiente se coloca debajo del chorro de agua, que la recibe. Lamentablemente, en otros casos, al no colocarse bajo el chorro, no recibirá ni una sola gota.

Esta concepción del aprendizaje lleva aparejada una forma de entender la evaluación. La evaluación tendrá que responder a la pregunta siguiente: ¿cuánta agua hay en la copa?  Si no hay agua, habrá que añadir esta otra: ¿Por qué causas no hay agua en la copa? Es probable que los docenes digan que es porque  la copa no se ha puesto debajo. Incluso los docentes que tienen la enfermedad de Parkinson y, sobre todo, aquellos un poquito sádicos que procuran hacer difícil la recogida del agua.

La segunda metáfora hace referencia a otra dimensión  muy diferente de la enseñanza. El profesor es la persona que ayuda a que el alumno sea capaz de buscar por sí mismo, de forma autónoma y entusiasta, manantiales de agua. Una vez que los encuentra, es capaz de discernir si el agua está contaminada o es salubre. Es decir sabe utilizar el conocimiento, aplicarlo a la vida, trasladarlo a la realidad. Y, lo que es más importante, cuando sabe que el agua encontrada es potable, es capaz de compartirla con quienes se mueren de sed y no la dedica exclusivamente a hacer fuentes ornamentales, surtidores y piscinas en el jardín de su casa mientras se muere la gente detrás del muro que protege su casa.

La evaluación, en esta segunda metáfora, tiene también otro alcance. Tendrá que comprobar si el alumno sabe hacer, si sabe aplicar, si sebe transferir. No se trata de almacenar por almacenar. Tampoco se trata solamente de saber analizar. Es fundamental la dimensión ética que hace que el aprendiz sepa compartir aquel bien encontrado.

Este asunto fundamental conlleva un segundo nivel de reflexión que se refiere a los caminos por los que se adquiere, posee y se desarrolla una u otra concepción, una u otra metáfora.

Una buena parte depende de la formación recibida. Quiénes han sido y cómo han actuado los educadores/as que han tenido la responsabilidad extraordinaria de la forja de maestros/as.  Hay que saber qué objetivos tiene la institución formadora, qué metodología, qué recursos, qué profesionales, qué directivos…

Otra parte se debe a la política educativa, al curriculum básico, a las filosofía de las leyes, al modo de entender la enseñanza que fluye de las prescripciones…

Una tercera parte depende del proceso de socialización del profesorado en el país. ¿Quiénes acceden a la profesión? ¿Por qué caminos, con qué exigencias? ¿Cómo se concibe y se valora la profesión docente?

La cuarta y,  a mi modo de ver la más importante,  es la actitud del profesional. Es decir, los motivos que le han  impulsado a  abrazar la profesión, las vivencias que tiene sobre ella, la forma de entender la tarea y la relación con el alumnado.

Al comenzar este nuevo curso quiero llamar la atención sobre estas dos formas, no solo diferentes sino antagónicas de entender la tarea. Quienes se instalan en la primera concepción disfrutan menos, lo pasan peor y le sacan menos partido a su esfuerzo. Quienes  practican la segunda  viven con entusiasmo aquello que hacen y le sacan el mayor partido. ¡A la tarea de ser felices y de hacer felices a los demás!

Las vacaciones del profesorado

22 Ago

Hay quien piensa que los docentes tienen unas vacaciones excesivas para el trabajo que realizan. No lo veo así. Mantener el contacto con un grupo, casi siempre  numeroso de alumnos y alumnas, exige una tensión psicológica extraordinaria. Eso, en el caso de que el grupo esté integrado por escolares dispuestos al aprendizaje, dóciles y bien relacionados. Hay grupos que entrañan unas dificultades complementarias, ya que sus miembros son díscolos, desobedientes, desconsiderados y agresivos. No es fácil enseñar a quien se niega por todos los medios a aprender y a que los demás aprendan.

Hay quien piensa que los docentes tienen unas vacaciones excesivas para el trabajo que realizan. No lo veo así.

Basta que en una clase haya uno o dos que la quieran reventar para que las cosas resulten difíciles, por no decir imposibles. Solo aprende el que quiere aprender. Siempre me he compadecido de aquellos docentes que han tenido dificultades en hacerse con el grupo. Han sorbido sus lágrimas y se han comido su impotencia en soledad. Es muy duro ir a una clase para enseñar lo que se sabe y encontrarse no solo con la desgana y el desdén sino con la más cruda violencia.

En este mismo verano me he encontrado con un amigo de la infancia cuya esposa, hace mas de cinco lustros, enfermó de esquizofrenia por las dificultades insuperables que  tenía para hacerse con la clase. Ahí sigue con su enajenación.

Los contextos actuales son adversos. Los alumnos tienen distractores potentes. La sociedad les ofrece modelos por la vía de la seducción mientras los profesores tienen que presentarles modelos por la vía de argumentación.

La tarea que realizan  los docentes y las docentes tiene una trampa escondida porque su trabajo requiere mucho tiempo además del tiempo presencial de las aulas. Los docentes tienen que preparar sus clases, corregir trabajos, reunirse de múltiples formas, actualizarse de manera constante. Nunca se ha hecho un cálculo del tiempo complementario que dedican los profesores y profesoras a su tarea fuera de la institución.

No se ha profundizado suficientemente en la importancia de la diversidad del alumnado. Conocer a cada uno, pensar en cada uno, adaptarse a las peculiaridades de cada uno, exige un enorme esfuerzo y una gran habilidad. Habilidad que debe incrementarse a medida que aumenta el número de alumnos y alumnas en el aula.

La diversidad existe en el alumnado individualmente considerado  y también en los grupos. Los profesores saben que en 1º A el grupo puede responder de forma entusiasta a la propuesta de aprendizaje que les brinda un profesor y en 1º B puede tener problemas de rechazo y de disciplina… Es el mismo profesor, con la misma actitud, de la misma asignatura… En la enseñanza no sucede que si A, entonces B, lo que sucede es que si A, entonces B, quizás…. Y en ese quizás está la clave de lo que sucede.

El profesor trabaja con “materiales” de altísima complejidad que no obedecen a leyes como aquellos con los que trabajan los profesionales de otras actividades. Los docentes trabajan con motivaciones, expectativas,  actitudes, capacidades, sentimientos, intereses… Los ladrillos, colocados de una manera determinada, responden a los mismas leyes en Badajoz que en Tarragona. Pero, una clase, no responde de la misma manera un día u otro, en un momento u otro, con un docente u otro… Quien se dedica a esta tarea sabe que un reproche estimula a un niño y el mismo reproche desanima a otro, que un elogio entusiasma a un alumno y a otro le hace reír… En cualquier profesión el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales, en esta es el que más y mejor los libera.

Téngase en cuenta que los docentes trabajan en una institución con otros colegas. No siempre son fáciles las relaciones. No siempre es bueno el clima. No siempre son posibles los acuerdos. Algunas escuelas, lamentablemente, están gobernadas por jefes tóxicos. Todo ello genera tensión.

Son de sobra conocidos los trabajos del querido y ya fallecido profesor Esteve Zarazaga sobre el malestar docente. Hace ya muchos años escribí un largo artículo titulado “La erosión de la función docente”. En él analizaba las causas que van quebrando el entusiasmo de algunos profesionales de la enseñanza.

La demanda social es más dura cada día sobre la escuela y sus profesionales.. Todo se le exige a la escuela: educación vial, educación para la paz, para el consumo, para el medio ambiente, para la igualdad, para la imagen, para la creatividad, para los valores, para la convivencia, para la sexualidad…  Todo por el mismo o más bajo salario, todo en perores condiciones y con una formación deficiente. Las condiciones laborales de los docentes se han endurecido: más número de alumnos y alumnas, más horas, menos sueldo, más burocracia, más  prescripciones externas…

No es fácil ser docente. El magnífico escritor Manuel Rivas dice en un artículo titulado “Amor y odio en las aulas”: “Mucha gente todavía considera que los maestros de hoy viven como marqueses y que se quejan de vicio, quizá por la idea de que trabajar para el Estado es una especie de bicoca perfecta Pero si a mi me dan a escoger entre una expedición “Al filo de lo imposible” y un jardín de infancia, lo tengo claro. Me voy  al Everest por el lado más duro…”.

Los padres y las madres saben muy bien lo que significa gobernar a uno, dos o tres niños. Y ellos mismos se preguntan cómo se las arreglan los profesores para  trabajar con un grupo de treinta tantas horas. He oído muchas veces, en estos últimos días del verano, decir a los padres y a las madres  con emoción incontenida:

–           ¡Qué ganas tengo de que empiece el cole!

Añádase a las dificultades expuestas que algunas familias entienden que el deber de los docentes, es hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben, o no quieren hacer en las casas. Por otra parte, algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías y verdugos de los docentes. Hay familias que apoyan a sus vástagos cuando surgen conflictos con el profesorado.

Las vacaciones de los docentes no son como las de un banquero o las de un albañil, que dan la espalda a sus trabajos hasta la fecha de reanudación. El profesor sigue siendo profesor durante las vacaciones: lee, estudia, prepara el nuevo curso, se forma, busca materiales, se esfuerza por saber y por ser. Frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está permanentemente del lado de la verdad, del amor y de la libertad.

Creo que los profesores y profesoras tienen ganadas a pulso sus vacaciones. Las necesitan desde un punto de vista psicológico. No son solo un derecho laboral, son un requisito indispensable para fortalecerse. Muchos las aprovechan para formarse y seguir creciendo profesionalmente. Muchos tienen en mente durante las vacaciones su actividad profesional y buscan materiales didácticos hasta en los contenedores de basura. Muchos siguen sintiéndose profesores allá donde se encuentren. Y tratan de comportarse como tales. Se es profesor durante todo el año. Durante las veinticuatro horas del día.  Deberían pagar a los profesores las horas de vacaciones como horas extra.

Hay quien piensa que los docentes tienen unas vacaciones excesivas para el trabajo que realizan. No lo veo así. Mantener el contacto con un grupo, casi siempre  numeroso de alumnos y alumnas, exige una tensión psicológica extraordinaria. Eso, en el caso de que el grupo esté integrado por escolares dispuestos al aprendizaje, dóciles y bien relacionados. Hay grupos que entrañan unas dificultades complementarias, ya que sus miembros son díscolos, desobedientes, desconsiderados y agresivos. No es fácil enseñar a quien se niega por todos los medios a aprender y a que los demás aprendan.

Basta que en una clase haya uno o dos que la quieran reventar para que las cosas resulten difíciles, por no decir imposibles. Solo aprende el que quiere aprender. Siempre me he compadecido de aquellos docentes que han tenido dificultades en hacerse con el grupo. Han sorbido sus lágrimas y se han comido su impotencia en soledad. Es muy duro ir a una clase para enseñar lo que se sabe y encontrarse no solo con la desgana y el desdén sino con la más cruda violencia. algunos docentes.

En este mismo verano me he encontrado con un amigo de la infancia cuya esposa, hace mas de cinco lustros, enfermó de esquizofrenia por las dificultades insuperables que  tenía para hacerse con la clase. Ahí sigue con su enajenación.

Los contextos actuales son adversos. Los alumnos tienen distractores potentes. La sociedad les ofrece modelos por la vía de la seducción mientras los profesores tienen que presentarles modelos por la vía de argumentación.

La tarea que realizan  los docentes y las docentes tiene una trampa escondida porque su trabajo requiere mucho tiempo además del tiempo presencial de las aulas. Los docentes tienen que preparar sus clases, corregir trabajos, reunirse de múltiples formas, actualizarse de manera constante. Nunca se ha hecho un cálculo del tiempo complementario que dedican los profesores y profesoras a su tarea fuera de la institución.

No se ha profundizado suficientemente en la importancia de la diversidad del alumnado. Conocer a cada uno, pensar en cada uno, adaptarse a las peculiaridades de cada uno, exige un enorme esfuerzo y una gran habilidad. Habilidad que debe incrementarse a medida que aumenta el número de alumnos y alumnas en el aula.

La diversidad existe en el alumnado individualmente considerado  y también en los grupos. Los profesores saben que en 1º A el grupo puede responder de forma entusiasta a la propuesta de aprendizaje que les brinda un profesor y en 1º B puede tener problemas de rechazo y de disciplina… Es el mismo profesor, con la misma actitud, de la misma asignatura… En la enseñanza no sucede que si A, entonces B, lo que sucede es que si A, entonces B, quizás…. Y en ese quizás está la clave de lo que sucede.

El profesor trabaja con “materiales” de altísima complejidad que no obedecen a leyes como aquellos con los que trabajan los profesionales de otras actividades. Los docentes trabajan con motivaciones, expectativas,  actitudes, capacidades, sentimientos, intereses… Los ladrillos, colocados de una manera determinada, responden a los mismas leyes en Badajoz que en Tarragona. Pero, una clase, no responde de la misma manera un día u otro, en un momento u otro, con un docente u otro… Quien se dedica a esta tarea sabe que un reproche estimula a un niño y el mismo reproche desanima a otro, que un elogio entusiasma a un alumno y a otro le hace reír… En cualquier profesión el mejor profesional es el que mejor manipula los materiales, en esta es el que más y mejor los libera.

Téngase en cuenta que los docentes trabajan en una institución con otros colegas. No siempre son fáciles las relaciones. No siempre es bueno el clima. No siempre son posibles los acuerdos. Algunas escuelas, lamentablemente, están gobernadas por jefes tóxicos. Todo ello genera tensión.

Son de sobra conocidos los trabajos del querido y ya fallecido profesor Esteve Zarazaga sobre el malestar docente. Hace ya muchos años escribí un largo artículo titulado “La erosión de la función docente”. En él analizaba las causas que van quebrando el entusiasmo de algunos profesionales de la enseñanza.

La demanda social es más dura cada día sobre la escuela y sus profesionales.. Todo se le exige a la escuela: educación vial, educación para la paz, para el consumo, para el medio ambiente, para la igualdad, para la imagen, para la creatividad, para los valores, para la convivencia, para la sexualidad…  Todo por el mismo o más bajo salario, todo en perores condiciones y con una formación deficiente. Las condiciones laborales de los docentes se han endurecido: más número de alumnos y alumnas, más horas, menos sueldo, más burocracia, más  prescripciones externas…

No es fácil ser docente. El magnífico escritor Manuel Rivas dice en un artículo titulado “Amor y odio en las aulas”: “Mucha gente todavía considera que los maestros de hoy viven como marqueses y que se quejan de vicio, quizá por la idea de que trabajar para el Estado es una especie de bicoca perfecta Pero si a mi me dan a escoger entre una expedición “Al filo de lo imposible” y un jardín de infancia, lo tengo claro. Me voy  al Everest por el lado más duro…”.

Los padres y las madres saben muy bien lo que significa gobernar a uno, dos o tres niños. Y ellos mismos se preguntan cómo se las arreglan los profesores para  trabajar con un grupo de treinta tantas horas. He oído muchas veces, en estos últimos días del verano, decir a los padres y a las madres  con emoción incontenida:

–           ¡Qué ganas tengo de que empiece el cole!

Añádase a las dificultades expuestas que algunas familias entienden que el deber de los docentes, es hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben, o no quieren hacer en las casas. Por otra parte, algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías y verdugos de los docentes. Hay familias que apoyan a sus vástagos cuando surgen conflictos con el profesorado.

Las vacaciones de los docentes no son como las de un banquero o las de un albañil, que dan la espalda a sus trabajos hasta la fecha de reanudación. El profesor sigue siendo profesor durante las vacaciones: lee, estudia, prepara el nuevo curso, se forma, busca materiales, se esfuerza por saber y por ser. Frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está permanentemente del lado de la verdad, del amor y de la libertad.

Creo que los profesores y profesoras tienen ganadas a pulso sus vacaciones. Las necesitan desde un punto de vista psicológico. No son solo un derecho laboral, son un requisito indispensable para fortalecerse. Muchos las aprovechan para formarse y seguir creciendo profesionalmente. Muchos tienen en mente durante las vacaciones su actividad profesional y buscan materiales didácticos hasta en los contenedores de basura. Muchos siguen sintiéndose profesores allá donde se encuentren. Y tratan de comportarse como tales. Se es profesor durante todo el año. Durante las veinticuatro horas del día.  Deberían pagar a los profesores las horas de vacaciones como horas extra.