Historias de terror

19 Ene

Me llegan historias bastantes inquietantes sobre centros educativos. Se trata de edificios con un toque siniestro como aquellas mansiones victorianas que han dado tanto de sí en cuestión de espíritus ululantes y leyendas sombrías con mucho abracadabra.

La primera tiene que ver con un colegio de Arriate, donde se dieron cita un abundante colectivo de murciélagos. Nada que objetar contra los quirópteros, que, pese a estar asociados por tradición literaria a los vampiros, son una especie inofensiva e incluso benefactora, aunque tal vez, digo yo, que el mejor lugar para que hagan sus necesidades no son las aulas de un colegio.

En todo caso, peor lo tienen en la EOI (Escuela Oficial de Idiomas) de Granada. La definitiva sede que ha sido elegida para estas institución- hasta ahora itinerante por la ciudad-se ha establecido en un edificio siniestro de la zona norte, ubicado en un solitario baldío, que emula a uno de esos páramos desangelados que tanto le gustaban a nuestros románticos.

Es un buen lugar para filmar una película de terror, pues cuenta con gratuitos efectos especiales. Durante las clases hay súbitos apagones de luz y al efectuarse las audiciones, dada la pésima acústica, el sonido reverbera como en las sesiones de psicofonía. Esto, en una planta segunda, donde no faltan los techos con goteras, pone su toque a lo Tim Burton en plena noche gélida de invierno granadino. No hay que olvidar que el horario vespertino es el favorito en este tipo de centros, porque los alumnos que acuden a él trabajan en su mayoría en horario matinal y no pueden escoger. Y mucho menos los profesores a los que se les asigna este horario.

El problema es que este centro no ha sido destinado para filmar películas de terror, sino para enseñar y aprender y, en ese área, que exige tranquilidad, no resulta nada idóneo. Ir con miedo al trabajo o al aprendizaje es un lastre, un engorro y un despropósito. Y el miedo se ha convertido, sí o sí, en un compañero inseparable para los usuarios de este edificio.

Cómo no, si ya llegar hasta allí es una aventura de riesgo. La única línea que lleva hasta este lugar recóndito es la N-5, de muy poca frecuencia, y el vehículo en ocasiones ha sido apedreado y tiroteado, dejando a los viajeros al cabo de la calle. Eso puede resultar estresante, cuando una persona para acudir a su centro de estudios, ha tenido que coger dos buses más y emplear una hora y media en el trayecto.

Por supuesto, para evitar tales males, hay quien va con vehículo propio. Eso no les libra, sin embargo, del susto de encontrarse con encapuchados que les piden dinero por aparcar con la consecuente intimidación o de hallar su moto o su coche abollados, en el mejor de los casos, o no hallarlo siquiera en lo peor. Los robos son frecuentes.

Claro que no siempre es así. Una alumna, al salir de una reunión, encontró, en efecto, su coche. Hasta ahí bien. Lo malo fue que luego le abrió la portezuela un desconocido y, desabrochándole el cinturón, la invitó a abandonarlo “por su bien”. A su lado, otro desconocido en el asiento del copiloto le dio las mismas indicaciones y, a la postre, con dos tripulantes más, el coche robado partió en rauda carrera hacia una gasolinera de Jun para asaltar la caja, llevándose el contante de 400 euros.

La alumna que estaba embarazada se llevó tal susto que por la salud de su hijo y por la suya propia ha dicho que no volverá a la Escuela, aunque se pierda de obtener el título.

Y eso que el título lo necesita, ya que es profesora de instituto y, como sabemos, a estos se les exige un nivel de inglés para trabajar con el proyecto bilingüe. El conocimiento de los idiomas responde a una inquietud intelectual, pero también a una exigencia en el campo laboral, pues, además de los profesores, al resto les es requerido un nivel en lengua extranjera para conseguir un trabajo. Y no todos tienen dinero para pagar una academia privada, ni falta que haría, si se tomasen las medidas necesarias. La enseñanza pública puede paliar todas las necesidades; los mejores profesionales trabajan en ella, pero hay que dotarla de los medios técnicos imprescindibles. No hacerlo es una falta muy grave de respeto a los docentes y a los alumnos y, en general, a toda una comunidad que la está costeando con el pago de los impuestos. Y se paga lo suficiente como para que esa Escuela de Idiomas esté en el centro, accesible a todos, y en un edificio digno con su iluminación pertinente y sus óptimas condiciones acústicas. Somos Europa ¿no?, pues en el resto de Europa se hace así. Yo he estudiado idiomas en Francia e Italia con mucho placer, en edificios públicos, muy bien acondicionados, a los que podía acceder a pie y sin ningún peligro, por supuesto.

En España las condiciones deberían ser iguales; comodidad, seguridad y respeto a los usuarios, que somos todos. Hay que reestructurar los barrios donde impera la marginalidad. En eso estamos de acuerdo, pero eso se hace antes de obligar a tantas personas a convivir con conflictos que nunca se han remediado. Los mismos que han relegado a la Escuela de Idiomas de Granada a la zona norte, deberían resolver las cuestiones delictivas del barrio para que fuese un lugar óptimo para la enseñanza y el aprendizaje. No confundamos el objetivo.

La agenda de Pitita

12 Ene

Año nuevo, vida nueva. Pitita Pijiguarra se ha comprado una agenda con la cubierta en verde agua, decorada con corazoncitos y estrellas, y unas letras muy cucas que dicen; “Cada día es el mejor día de tu vida”. Dudaba entre ése y otro rosita palo que ponía “Nena, tú vales mucho” y el de más allá, en tono celestito bebé, que pone “La vida es como un selfie; sonríe”.

Dice que será su diario de buen rollo, que va a cargar cada página de energía positiva y que igual cuando termine el año lo publica como un libro de autoayuda.

-Es que quiero enseñarle a la gente a vivir con actitud y compartir mis experiencias constructivas- dice Pitita en pose transcendente de gurú budista.

Claro que sí, Pitita, es un gesto muy altruista por tu parte. En cuanto la gente sepa lo bien que te lo montas con tu visa oro y sin dar un palo al agua, se va a sentir mucho más aliviada y dejará de estar tan mustia. Total, como tú dices, la vida es muy corta para sufrir por menudencias; que si no sales del paro, que si te sobreexplotan en el trabajo y cobras una miseria, que si vienen los del desahucio y te quedas en la calle a verlas venir…

-Es que sólo si sonríes a la vida, la vida te devuelve la sonrisa. Hay que enseñarle a todo el mundo a sonreír. Ésa es la actitud y no pasarse el santo día de mal rollo, que hay que ver la de caras largas que te encuentras por todas partes- sentencia Pitita, inflamada de inquietud social.

Un rayo de sol invernal redobla el oro de la cabellera rubia de Pitita que, con abstracción mística, anota en la primera hoja en blanco de su cuaderno chipiguay, el lugar y la fecha. Ha nacido una nueva escritora para el mundo.

La dejo, embebida en su inspiración literaria, y me voy a ver la nueva película de Woody Allen que dan en el cine Albéniz.

A Pitita, Woody Allen no le gusta nada. Dice que no tiene ninguna gracia y que ella prefiere las comedias de Jim Carrey.

-Pero Pitita, si la película es una tragedia…

-Pues peor todavía. Yo al cine voy a divertirme y no a pasar un mal rato. A ese Woody Allen le falta actitud. Siempre está contando historias de fracasados y perdedores, que es lo que le gusta a la gente de izquierdas que va a ver sus películas.

Pitita, que ha aprendido las disciplinas del éxito en sus libros de autoayuda de colores pastel, identifica la izquierda con el fracaso; con ese tipo de gente plasta que por falta de espíritu emprendedor, se abandona al lamento y al catastrofismo.

La película de Woody Allen es una tragedia en el mejor sentido de la palabra. El cineasta que ha practicado este género junto al cómico, por el que es más conocido, ha perfeccionado el registro, alimentando este último producto con todos los grandes referentes de la tragedia universal.

La trama gira en torno a una familia muy desestructurada, tal y como se concibió el género en la antigua Grecia. Una mujer que, a causa de un adulterio, ha provocado el suicidio de su primer marido, sufre las tropelías pirómanas de un hijo traumatizado, que así venga la muerte de su padre como el Orestes de Eurípides o el Hamlet de Shakespeare.

La protagonista que es una actriz frustrada al borde de cumplir los cuarenta años, cuando con melancolía saca del baúl las galas fastuosas para recordar un pasado algo ilusorio, recuerda a Vivian Leigh en “Un tranvía llamado deseo”. Guiños como éste a los guiones inspirados en tragedias de Tennessee Williams y Edward Albee se suceden en el film.

Las discusiones tormentosas con efecto claustrofóbico entre la exactriz y el segundo marido exalcohólico emulan a los diálogos delirantes en espacios interiores, propios de estos dramaturgos, y nos remite a escenas de “¿Quién teme a Virginia Woolf?” o “La gata sobre el tejado de zinc caliente”. Incluso el vestido que lleva la actriz principal en un momento culmen es casi idéntico al que lucía Elizabeth Taylor en esta segunda película.

Por lo demás, la cólera que arroja la mujer contra la hijastra por usurparle el espacio en el corazón de su joven amante tiene mucho de Mrs Robinson en “El graduado”. Un clásico más.

Otro aspecto para analizar es el escenario donde se desarrolla la película; un parque de atracciones, donde una noria no para de dar vueltas que sugiere la idea clásica del mundo como decorado teatral y la vida como generadora de tramas que se repiten.

En definitiva, “Wonder Wheel”, la película de Woody Allen, es una tragedia que homenajea a la tragedia misma en particular y, en general, a los clásicos de la literatura y el cine.

Cuando salgo de la sala, me encuentro a Pitita en el mismo lugar de la terraza de “Café con Libros”. Al oscurecer, le vino el frío y se cubrió la espalda con la pañoleta de Burberry.

No ha añadido nada más al lugar y la fecha anotados. Como a los grandes escritores le asaltó el bloqueo ante la primera página en blanco.

Aventuras y desventuras de Pitita Pijiguarra

5 Ene

No le he pedido nada a los Reyes Magos, pero igual sé que me van a traer un regalo. Ellos son muy cumplidos y nunca faltan a su cita. Otra cosa es que traigan lo que se les ha pedido o que dejen de traer lo que no se les ha pedido. Como todo asunto bíblico, los Reyes Magos tienen designios inescrutables y a mí me han designado un personaje, que es lo que le conviene a un escritor.

Igual que a Unamuno, se le aparecía Augusto Pérez en “Niebla”, a mí me viene rondando hace tiempo “Pitita Pijiguarra”. No sé si es que cada autor tiene el personaje que se merece o es que en esto actúan las leyes de la casualidad o de la causalidad, el caso es que Pitita me visita en sueños premonitorios y contra la fatalidad no se puede luchar. Ha venido a quedarse, porque los hados lo han decidido y porque ella es así de cabezota y de puñetera.

Pitita Pijiguarra, aunque sea un personaje de ficción, es muy auténtica. Tan auténtica como su rubio de bote. Entre sus sólidos principios está el de que nunca le salgan a delatar las raíces negras en sus cabellos rubios como los trigos a la salida del sol. Para eso va cada diez días a la peluquería, que es otro de sus muchos afanes de mujer atareada; ser rubia, lo más rubia posible. Eso no la quita de ser castiza, por supuesto. Ella es española como la que más; le encantan las sevillanas, adora los toros y es una ferviente rociera, pero sabe que el rubio es una seña de distinción entre las españolísimas como la ropa de marca. Todo lo que lleva Pitita es de marca, de muchísima marca, desde las botas a las gafas va sellada la mujer de marcas bien visibles en garantía de calidad como los jamones de pata negra. Es una pija de cinco jotas. Eso no quita para que, aun siendo de lo más tradicional, luzca a su vez provocativa.

Ello explica su querencia a los estampados de leopardo y los vaqueros muy ceñidos en glúteos y entrepierna. De algo tienen que valer tantas horas dedicadas al gimnasio, al esquí y la equitación. Ya he dicho antes que es una mujer muy, muy atareada, aunque su trabajo no sea de oficial remuneración.

Pitita se sacrifica con sus oficios, pero no reivindica nada ¿Qué es eso de que las mujeres sean iguales a los hombres? Qué va chica, por Dios. El hombre que trabaje, la mujer a sus cosas ¿no es eso mucho mejor?, comenta Pitita con su talante más reflexivo.

Pitita defiende el atávico papel de las mujeres en el hogar. De las mujeres que no sean ella, por supuesto. Ella necesita mucho tiempo para ir al gimnasio, la peluquería y el salón de belleza. Por eso, ha contratado a una paraguaya para que haga las labores de la casa y a una peruana para que atienda a los niños. Ella es muy moderna y nada racista, claro que no. Tiene las cosas muy claras.

Quique, su marido, es también un chico de buena familia. Se casaron sin demasiado amor, por la conveniencia de reunir los capitales de sus respectivas y potentadas familias en una única herencia y les va divinamente. Digan lo que digan, el matrimonio que se basa en el interés es mucho más sólido que el que se basa en el amor. Como dice la ópera de Bizet “El amor es como un pájaro que no se puede enjaular”, pero lo que se guarda en una caja fuerte de Suiza crea lazos cada vez más prietos con el paso de los años.

Comentan las malas lenguas que Quique es adicto a los clubes lujosos de alterne y frecuenta poco la casa. Nada importante para Pitita; ellos tienen una relación abierta, que es asunto de parejas civilizadas y progresistas. A Pijiguarra le van también los jovencitos y hace estragos entre los amigos de su hijo, como Mrs. Robinson en “El Graduado”.

La moral es cosa de clases bajas, muy bajas, sólo ellos se matan por asuntos de honor. Los matrimonios de alcurnia son más flexibles y mucho más duraderos, comenta Pitita.

Pitita Pijiguarra me explica todo eso con su voz grave, trabajada por su asiduidad al tabaco rubio y los gintonic al atardecer. Sus gafas de marca acaballadas sobre su falsa melena rubia le otorgan un grado de coronada sapiencia.

-No soy feminista, soy femenina- me dice.

Trabajar no es que le encante, pero se ha buscado un curro en una oficina a base de contactos. Eso la ayuda a entretenerse. La mayor parte del tiempo la pasa desayunando, hablando con estas y los otros; haciendo relaciones públicas que se llama.

Por su ferviente españolidad, a Pitita le indigna muchísimo el problema de Cataluña. Incluso desde un punto de vista estético, pues ya le ofende sobremanera lo feísimos que son los nacionalistas.

Sus argumentos son tan inamovibles en política como en cualquier otra materia. Ella sabe de todo, aunque nunca dude como dicen que dudan los sabios. Voy a aprender mucho de ella, me parece.

Push-up

29 Dic

La Navidad es un estado de embriaguez colectiva; una zozobra contagiosa que abarca todos los estados anímicos propios de una solemne borrachera. Igual nos ponemos cariñosos, prodigando besos y hermosos deseos al resto de la humanidad que nos da la llorona y, por tanto, el espíritu se declina hacia las añoranzas y la melancolía. La embriaguez navideña, con toda su carga tan espesamente sentimental, se contagia con sólo enchufarse a la tele y ver los anuncios o pasear por las calles donde los comercios nos animan a adquirir regalos entrañables o unos muchachos con sonrisa angelical piden contribución para alguna causa benéfica. Se contagia también con asomarse a las redes sociales para ver post que invitan a la buena voluntad con gran profusión de muérdagos y velas con llamitas titilantes y escenarios nevados que llaman a la más pródiga ternura o con la inevitable visita al súper, donde te envuelven esos lacrimógenos villancicos, cantados por Frank Sinatra, que era también mucho de darle al pirriaque.

Nos embriagan estas fechas desde la sugestión y también desde la ingestión, pues lo cierto es que en este tramo del año las ocasiones se multiplican para darse a la cogorza sin incurrir por ello en falta alguna, porque mira como beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver a Dios nacío; beben y beben y vuelven a beber, (qué gran coartada la de los peces). La cogorza en Navidad es una comunión espiritual con los tuyos, no es pecado, porque hasta los pescados pican sin pecar en el sentido más navideño de la ebriedad. Los langostinos son más fríos, sin embargo, porque vienen ultracongelados y los corderos, que son tan bíblicos como los peces, salen del horno con la mirada extraviada de los místicos y el silencio típico de los corderos; pues son corderos de Dios, que quitan el pecado del mundo. Éstas son las fechas de la carne y el pescado, pero también de los espárragos. Los espárragos de Navarra no tienen esos ojos tiernos del cochinillo, pero, como todos sabemos, son cojonudos y aptos para Navidades veganas, que son también cariñosas con los animales.

Si bien el punto álgido de esta tormenta sentimental es la llegada del nuevo año. A esas alturas el estado anímico colectivo tiene un efecto eufórico de push-up como el de esos sujetadores que levantan los pechos para recogerlos en el escote, en curva apretada y sugerente, bien ceñidos y levantiscos hasta desafiar las leyes de la gravedad. Con el push-up se acabaron las carnes tollendas. Lo mismo enmiendan unos pechos caídos con un sostén que en unos pantalones dan al trasero tal aire respingón y brasileiro que lo que fue bajiculo se convierte en un garabato aerodinámico. Ya me han informado incluso de que hasta algunos tienen relleno. Y será porque la Navidad me pone melancólica, pero me da mucha pena pensar que nuestras abuelas hicieron la revolución quemando sujetadores como para que ahora tengamos que regresar al corsé, el miriñaque y el polisón. No es momento de vanos lamentos, sin embargo; estas fiestas por el desatado consumo tienen cierto tufillo capitalista, pero, a la vista está que son rojas, muy rojas.  Los escaparates de las tiendas de lencería rebosan de conjuntillos sugerentes en este color de la pasión, todos con efecto push-up. El efecto push-up suena como una botella de champán al descorcharse. Es, digamos, del todo efervescente. Levanta las carnes, levanta los ánimos y levanta, en fin, en general.

Rajoy ha dicho que también nuestra economía está en levante. Nada raro de pensar, porque en Levante, por tradición, ya sabemos que se hacen milagros con la economía cuando uno tiene un buen cargo y eso. Y por levantarse allí, se ha levantado hasta la liebre.

Nosotros también nos levantaremos, cuando acaben estas fiestas y haya que sacudirse por fin la pereza festiva. Nos levantaremos tempranísimo, porque las jornadas laborales no han admitido los recortes propuestos. No habrá rebajas de enero para los horarios de los funcionarios y quienes no son funcionarios, seguirán currando sin prejuicios horarios. Para jornadas agotadoras, las de los autónomos y las de los parados, porque el tiempo para los desocupados pasa mucho más despacio.

Pero, en fin, un nuevo año es como un cheque en blanco y abre un amplio espacio a toda suerte de expectativas. La idea es que nos salga bien, pero si sale mal nos hará valorar el año anterior que despedimos. Un año malo parece bueno cuando le sigue otro peor.

Por el momento, este próximo año viene marcado por la suerte, si pensamos que el gordo de la Lotería ha terminado en ocho. El ocho es el más gordo de todos los números, el más redondo; es un cero doble como el que se ve con la mirada eufórica de la embriaguez. Si es cuestión de actitud, por nosotros que no quede. Hay que llenar el cuerpo y el ánimo de rojo efervescente. Levantar las carnes y el espíritu y, por supuesto, levantar las copas. ¡¡Push-up!!

No gané la Lotería, por Fortuna

22 Dic

No me ha tocado la Lotería. Ni el gordo ni la pedrea. Este artículo que leéis hoy, lo escribí ayer, sin tener aún ninguna certeza, pero creo que puedo anticiparme a los hechos, pues, como, para la mayor parte de vosotros, perder en el sorteo de Navidad, o más bien, no ganar, entra en mis rutinas anuales.

Este año, sin embargo, había cargado las tintas de la esperanza y compré varios décimos, encomendándome a El Cautivo. Intento ahora olvidar sus terminaciones, pues la cartera donde tenía los boletos, la perdí al bajar de un taxi en Sevilla y quien la encontrase- o la robase, de eso no estoy muy segura- tal vez esté ahora celebrando el hallazgo- o el robo- con champán. Con cava no, pues creo que este año hay boicot a los productos catalanes.

Aquella tarde de mediados de noviembre que extravié los décimos había quedado con el escritor Javier Salvago para intercambiar algunas impresiones, pues poco después iba él a presentar mi novela en la librería “La isla de Siltolá”. Sin embargo no pudimos hablar apenas, ya que, en cuanto nos sentamos a la mesa del café, descubrí la pérdida de la cartera y aquel rato que concertamos para la charla, lo pasó él, buscando mi cartera por las inmediaciones y yo intentando anular las tarjetas bancarias por teléfono.

De este modo, supe que aquel autor al que he admirado durante tantos años por su magnífico hacer literario, es además una excelente persona y pensé que, al fin y al cabo, mi accidente era un mal menor, si, por él, recobraba la fe en el género humano.

En esa cartera, además de los décimos, llevaba mucho dinero que había sacado para invitar a los asistentes al acto y, por supuesto, a Salvago.

No hubo lugar y fueron ellos los que tuvieron que invitarme, muy preocupados por la situación. Las peores circunstancias son las que te demuestran que, de veras, hay en este mundo gente maravillosa, de esa que ya creías que ni existía.

Javier Sánchez, el magnánimo propietario de la librería, nos abrió las puertas de su local con su amabilidad característica y una botella de Palo Cortado de tan gran exquisitez, que nos confortó a todos el corazón.

Javier Salvago hizo una presentación prodigiosa de mi libro, a tal punto que hasta no me pareció tan malo como me dijo algún sector de personas entre las cuales abundaban quienes ni siquiera lo habían leído.

Al terminar el acto, nos fuimos de cervezas al bar de enfrente, sin poder yo invitar, qué apuro, y dejándome invitar por ellos. La última ronda corrió a cargo de mi fiel amigo, Víctor Díaz León; un tipo estupendo, generoso y humano, donde los haya.

La cartera, a aquellas alturas, me daba igual, aunque ahora piense en los décimos un poquito. Pero ¿Y qué si los perdí? Qué mejor lotería puede haber que encontrarse rodeada de buenas personas.

He visto en estos días una película de Gracia Querejeta, “Felices 140”. El argumento consistía en que una mujer invita a su exnovio, familiares y amigos a una magnífica mansión en la playa para celebrar su 40 cumpleaños.

Durante dicha celebración, les anuncia a los asistentes que ha ganado 140 millones en el Euromillón. A partir de entonces, aquellos supuestos amigos y queridos familiares no piensan sino en cómo arrebatarle un pellizco de su fortuna. Ponen el dinero por encima de cualquier lealtad y se revelan como aves de rapiña. Y ha de ocurrir esto para que la protagonista, fenomenalmente interpretada por Maribel Verdú, se dé cuenta de que está sola en el mundo. Únicamente, su sobrino, de quince años, la quiere de un modo desinteresado.

Si el azar me besa en la frente y he de saber que todos cuantos me rodean son buitres leonados, prefiero pasar de largo ante el golpe de la Fortuna.

Yo lo perdí todo en un momento; dinero, documentos, tarjetas…. Crees que así, sin nada, todos te darán la espalda y, no obstante, es en esa coyuntura que descubres una humanidad que no sospechabas.

He vuelto a comprar décimos después de aquello y afirmo a día de hoy que no fueron premiados; en verdad lo espero; es mejor. La experiencia me ha dicho que sólo en el infortunio, encuentras a esas personas que te hacen sentir que no estás sola y que, al fin y al cabo, la vida vale la pena. Por Fortuna.

 

Cenas de empresa

15 Dic

Si las cenas de empresa son peligrosas, los almuerzos de empresa mucho más porque, inevitablemente, acaban siendo también cenas. Si pones a un grupo de gente a beber junta al mediodía, lo lógico es que se les caliente el pico y pierdan el sentido de la realidad y del tiempo para prorrogar el festejo hasta horas intempestivas de la madrugada; o sea, hasta ese mágico momento en el que uno cae redondo. Con suerte, en su propia cama y, con menos suerte, en mitad de la calle o incluso en cama ajena, lo que trae dolores de cabeza añadidos a la ya tradicional resaca.

El almuerzo de empresa da más espacio horario para cometer las barbaridades que se puedan obrar en una cena y multiplica las ocasiones, por tanto, de hacer, como poco, el ridículo, por lo cual se recomienda concertar la cita ya de noche. Así el margen de disparatar estará más limitado, por lo menos.

Desinhibirse es una costumbre muy bonita y hasta saludable, pero hay que apercibirse de que si ello se hace con compañeros de trabajo, la dignidad podrá quedar bastante resentida en el día a día y tal vez ya nunca se pueda recuperar. Tengamos en cuenta que los testigos de la farra son los mismos que nos acompañarán de vuelta al curro la mayor parte del año y hay que apechugar con su maldita buena memoria. Volver a ser el empleado anónimo y discreto de antaño se hace francamente difícil, cuando uno se ha despelotado de una u otra forma a no ser que todos los colegas lo hayan hecho de modo equitativo y, por lo tanto, se protejan unos a otros con un silencio colectivo y prudente.

Por si acaso, lo mejor es imitar la actitud de los voluntariosos. Comparecen a la hora del almuerzo, comen y beben sólo un poquito y, al terminar la pitanza, salen precipitados a cubrir una tarea urgente; recoger a los niños del colegio o acudir a una cita médica. Se divierten menos, claro, pero saben lo que se hacen. Cuando quieren hacer el ganso, se van de viaje a miles de kilómetros y, en las distancias cortas, no dejan pistas.

De ellos podemos decir que son sensatos, pero no nada peor. Los hay mucho más perjudiciales; los abstemios que se quedan y que se quedan hasta el final. En todo almuerzo o cena de empresa tendría que haber una ley; o beben todos o no bebe ninguno. Pero no la hay y, ay, el abstemio se cuela en esos jolgorios como Judas Iscariote en la última cena.

Como está bien fresco, se queda con la copla de lo que hacen todos a su alrededor y pone la oreja a cuanto se dice en los corrillos. Su mente diáfana toma nota y registra como una grabadora y luego esparce lo grabado del modo más inconveniente. Cuidado con él (o con ella).

En cada almuerzo o cena de empresa hay un gracioso. Éste sí es muy necesario y si no sale de natural en la plantilla, habría que contratarlo. El gracioso cuenta chistes picantes que distraen la atención general y que pueden llegar a ser bastante burros. Uno, a veces, no entiende a qué vienen estos chistes tan verdes en Navidad cuando lo que se celebra es un alumbramiento sin sexo; Jesucristo fue sin pecado concebido, ya lo sabemos. Sin embargo, cumplen una función.

Si ellos no actúan, la gente se pone a hablar de cosas más peligrosas; de política o del jefe. Y el abstemio pelota, el peor de los abstemios, luego va con el cuento al despacho.

-Mire usted, don Fermín, qué apuro, pero resulta que en la cena, Valderas y Rusillo dijeron que esto y lo otro. Y así se lo digo, mal que me pese, pero no está nada bien que hablen mal de usted. Ya me entiende.

Así, de aquella manera, resulta que, después de Navidad, se producen varios despidos sorprendentes.

En lo profesional hay quien no teme por su puesto de trabajo a cuenta de las cenas de empresa, pero, caray, metió la pata (dicho de modo fino) en el almuerzo o cena y ahora le viene la contrapartida. En un arrebato de pasión alcohólica el vicedirector (casado) se acostó con una secretaria, el conserje (soltero) con la presidenta (casada), la limpiadora (divorciada) con el vicepresidente…y, en fin, que, sea como sea, tienen que convivir en el mismo espacio  el resto del año o hasta el resto de su vida ¿cómo hacen?

Gutiérrez que se dejó seducir por los encantos de la señora del director recibe sobresaltado la misiva de éste:

Señor Gutiérrez:

He sabido por lo que me han dicho algunos fieles subordinados que en la fecha de la cena empresarial tuvo usted cierto escarceo amoroso con mi esposa.

He de decirle que lejos de estar cabizbajo por el affaire, como requiere la cornamenta en estos casos, me siento mucho más aliviado. Hasta hoy mismo, le creía un empleado mediocre, y, sin embargo, ha dado muestras de serme de mayor valía que ninguno.

Le prometo un ascenso y un pertinente aumento de sueldo si persiste en su empresa. Entretenga a mi mujer; hágale el amor y llévela al cine y al teatro. En todo caso, manténgala lejos de mí, yo no la aguanto.

Saludos cordiales de su Jefe.

El chándal pa comprar tabaco

8 Dic

En honor a la Navidad que se aproxima, los escaparates se han llenado de pijamas. Donde antes se ofertaban vestidos ligeros de lentejuelas con finos tirantes y espaldas a la intemperie, ahora hay pijamas de esa gruesa y confortable tela, llamada coralina, que ha venido a sustituir en el andar por casa a la lana del pirineo y al ya ancestral boatiné. Dichos pijamas, rojos por lo general, lucen en sus pecheras, motivos muy evocadores y entrañables;  el Papa Noël, un oso polar, un reno o el tradicional muñequito de nieve.

Estas nuevas guisas que son tendencia en nuestras fiestas, a lo que se ve, vienen con su lección sociológica añadida. La crisis sigue y no es momento de poner la calefacción a tope y andar por los privados dominios en cueros como en remotas fechas más prósperas. Eso ya lo harán otros por nosotros. Esa gente que nunca tiene problemas de facturas y nos enseñan sus fastuosas mansiones, decoradas para la ocasión, en las revistas de famoseo que hojeamos en la sala de espera del médico y del dentista.

La Nochebuena se la reservo a los míos, dice aquella, ataviada de brillosas transparencias y subida a tacones de aguja junto al indispensable abeto, pero en fin de año, me hago una escapadita al Caribe para broncearme al sol de sus playas y bañarme en sus aguas turquesas. Qué reconfortante es leer declaraciones tan cucas en pleno proceso gripal. Que no falte el Ferrero Rocher, por favor.

Nosotros no nos vamos al Caribe, pasaremos las fiestas íntegras en casa con nuestros pijamas de coralina, a ver si le quitamos grados a la calefacción. La publicidad nos lo aconseja; ciudadano, quédate en casa, disfruta de la vida en familia, porque es lo suyo en estas fechas y, porque, además, la calle está carísima.

Pues eso, a casa, en pijama y con la familia, y cuanta más familia mejor, así nos daremos calor humano unos a otros y ahorraremos en calefacción. Habrá gozos y alharacas con la proximidad reunida y, si hay disensiones con la forzada convivencia, miel sobre hojuelas, las hostias también calientan.

Y, a propósito, que mi vecina de la casa de al lado también ha vuelto por Navidad como en los anuncios de El Almendro. Le han dado permiso en la cárcel por buen comportamiento y, en el firme propósito de reanudar las relaciones familiares con motivo de las fiestas, dijo:

-He venido para matar a mi hermano.

La mujer, vestida de pies a cabeza de cuero, impone lo suyo. De momento, amenaza con matar a su hermano, que es el único superviviente de su familia, pero como son muchos días para tan poca tarea, dice que igual matará también a los vecinos que la han molestado por quejarse de sus gritos, sus peleas y llamar encima a la policía.

– Pero nosotros no hemos dicho nada…

-Tranqui, con vosotros no va la cosa, pero esos, esos, me las van a pagar.

Ay, el hogar, el hogar navideño por más que uno se ponga pijama con pechera de Papa Noël, qué complicado se pone.

Por eso, en Málaga como alternativa al pijama se impone como prenda “el chándal pa comprar tabaco”. Es un desahogo de prenda. Cuando uno se ve en las últimas de las tensiones familiares, se pone el chándal y dice “voy al chino a comprar tabaco” y luego vuelve o no vuelve, eso es opción de cualquiera.

El chándal en Málaga no siempre es una indumentaria para hacer deporte; hay chándales pa comprar tabaco y también para ir de bares. El chándal para ir de bares fue, en principio, comprado para ir al gimnasio, pero, se queda, por el camino, en la intención. Por el camino al gimnasio hay demasiados bares y mucha gente que saludar y, entre unas cosas y otras, ya se sabe.

Esta Navidad, al igual que los chándales pa comprar tabaco e ir de bares, se verán muchos pijamas en la calle. La primera intención era usarlos para andar por casa, pero en Málaga, la calle tira tanto que saca a la persona de casa, como está; en pijama, bata y zapatillas, en medio del día o de la noche, por más que haga un frío que pela.

De todos modos, en casa también hace frío, porque las cifras en el recibo de la luz invitan a desconectar los aparatos. Otra cosa es que la vecina, como anunció al volver de la cárcel, quiera cobrarse la venganza y, para ahorrarse tiempo, del tirón y sin pensar en los daños colaterales, prenda fuego a todo el edificio. Ay, lo calentitos que vamos a estar.

Loa al majarón malagueño

1 Dic

El majarón malagueño. Parece que no se puede añadir nada más sobre el asunto. Ya hay una obra muy extensa sobre este tema, “Teoría del majarón malagueño”, escrita por mi buen amigo y compañero de La Opinión de Málaga, Alfonso Vázquez. Una obra que irá por las tropescientas mil ediciones y que debe de ser disfrutada ya por los indonesios, pues imagino que no hay idioma al que no haya sido traducida. Tal es su provecho y enjundia.

No obstante, desde la humildad, me voy a permitir escribir esta loa al respecto, pues ese gen majarón, consustancial y único de mi ciudad, lejos de abochornarme, me llena de orgullo. Sea que, entre los nuestros, hay majarones que únicamente dan por el saco, pero hay que decir que los que salen con talento son criaturas que sobresalen entre la humanidad mundial y dejan boquiabiertos con sus originales haceres a Oriente y Occidente.

Pongamos que sólo un majarón como Picasso pudo pintar como él lo hizo y, de camino, revolucionar para siempre la Historia del Arte. ¿Que hay otros locos geniales de la pintura, por ejemplo, Van Gogh? Vale, pero hay que reconocer que el pintor holandés no pudo llegar tan lejos como Picasso, que Picasso triunfó en vida y no hubo de esperar a vender después de morir como el segundo y que lo hizo, arriesgando mucho más -en los retratos de Van Gogh los ojos son raros, pero siguen siendo dos y no cuatro, y sus girasoles, aún siendo únicos y particulares, se reconoce enseguida que son girasoles-.

Y es que el majarón malagueño, por más que sea de la más rara extravagancia, no es un loco misántropo. Tiene habilidades sociales como para caer simpático y hacer gentes por donde quiera que vaya. En su tierra, es querido, aunque no comprendido. Algunos manuales de pintura malagueña de principios del siglo XX dudaban de si incluir a Picasso en su nómina, “porque todavía no sabemos si es pintor” y su maestro, el pintor Antonio Muñoz Degrain, se escandalizaba coléricamente cuando el discípulo le mostraba sus últimas creaciones:

-¡Pero, Pablito, esto es un mamarracho! ¡Vas por muy mal camino! Y lo lamento porque dentro de ti estoy seguro de que hay un buen pintor.

En tanto, París aplaudía las rarezas del muchacho y le decía Oh là là!!!!

Tenemos que ser más cariñosos con nuestros majarones, porque hacen bandera de nuestra patria chica y, al final, el mundo los aplaude.

Comentaba mi compañero, Francis Mármol, en su sección “El Castillo del Inglés” que Chiquito de la Calzada, antes de ser famoso, hacía sus parodias en los bares locales para que lo invitasen a una copa y, lejos de ello, lo echaban a patadas.

¿Quién iba a decir que luego triunfaría en TVE y toda España repetiría sus expresiones, tales que finstro y pecador de la pradera , creando un innovador y pegadizo lenguaje nacional? Cuidadol, protejamos lo nuestro. ¿Es que tenemos que esperar a que nos digan en Paris o Madrid que los nuestros valen para empezar a valorarlos?

El majarón, en ciertos casos, puede ser muy creativo. Decía Gustavo García-Herrera, médico malagueño, escritor y estudioso del Arte, que, en el comportamiento humano, es necesario un componente de cierto desequilibrio y que ese desequilibrio es imprescindible para los artistas.

Así pues, majarón no es un insulto, sino la expresión acorde para un talento imaginativo. Muchos de estos conciudadanos que lo comparten, me alegran la vida y me llegan al corazón.

Pienso en el Mocito Feliz, que es ya conocido por toda España en su afán de servirles de telón a los famosos y en el intérprete infatigable de “Cantinero de Cuba”. También pienso en esa mujer que me recuerda el pasar de las estaciones, cuando ando tan ensimismada en mis asuntos que casi no advierto nada fuera de mis preocupaciones, si no es porque la señora, disfrazada de Papa Noël, me recuerda que es Navidad o, vestida de flamenca, indica que estamos en Feria.

Todos ellos tienen su retrato en las paredes de los edificios del barrio de “Lagunillas”, que es el Soho, el verdadero Soho malagueño. Tan cerca del centro oficial y tan diferente del centro oficial. Un lugar para reconocernos y encontrarnos; creativo, peculiarísimo y sólo posible en una ciudad como Málaga.

Por allí campan cada vez más los extranjeros a sus anchas. Encuentran lo que buscan; el espíritu autóctono. Sin franquicias globalizadoras, se prodigan por la calle, tiendas, bares, fruterías, pescaderías y droguerías de barrio de los de siempre (hay un comercio cuya fundación data del siglo XIX). Nuestra Málaga profunda sigue teniendo allí su hueco. Un hueco que hay que proteger y mimar por el bien de todos. Por favor.

Por el honor de una mujer

24 Nov

Volvemos a ese atávico y paleto estado de las cosas que cifra el honor de la mujer en la entrepierna. Una chica se siente culpable de su propia violación, pues ha perdido su pureza que es, a día de hoy, su más alta prenda (ojo, el día de hoy se ubica en pleno siglo XXI). Y se siente culpable no sólo a nivel psicológico, sino también porque, fácticamente, un juzgado puede dictaminar que lo es; que sus violadores son víctimas y ella elemento asertivo. No se trata de una novedad; la cosa es tendencia, pues hay ya antecedente por un proceso similar en la Feria de Málaga.

En tales circunstancias, puede parecer una nimiedad reivindicar que haya habido mujeres artistas silenciadas a lo largo de la historia. El ningunear su talento intelectual es también un delito contra su honor, pero ¿quién piensa en eso cuando la calibración de la hembra ha vuelto a sopesarse en términos animales?

Hay raros oasis de cordura donde aún esto importa, sin embargo. Me refiero al CAL (Centro Andaluz de las Letras), donde se está impartiendo un curso sobre “las hijas del 27; escritoras invisibles en la posguerra española” en comunidad con la Cátedra Unesco de Comunicación de la Universidad de Málaga.

Para empezar, habría que decir que dicha generación siempre se ha estudiado de modo incompleto, no sólo porque en los libros de texto al uso se hayan silenciado la nómina de las escritoras, sino también porque hay muy pocos que citen a los dos autores malagueños; Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Y, de camino, también a José María Hinojosa, José María Souvirón, Juan Rejano y etc, etc…

¿A quién le importa entonces que se silencie por tanto a Concha Méndez, Ernestina Champourcín, Teresa León o Rosa Chacel, entre un largo etcétera. Algunas de ellas, siendo pareja de escritores, eran, si acaso, mencionadas como tales a pie de foto.

Cuando la escritora Teresa León figuraba en una imagen junto a Rafael Alberti, el atento cronista añadía como leyenda «El poeta Rafael Alberti y su bellísima esposa». ¿Qué otra aspiración puede tener una mujer que la de ser bellísima? Y, como ahora observamos, ´conservar su pureza´.

Otras, ni siquiera, tuvieron tanta suerte. Concha Méndez, casada con Manuel Altolaguirre, no siendo tan agraciada fue acusada de viriloide, entre otras lindezas, porque además de escritora, era deportista (asunto sospechoso) en el texto La Venus mecánica de José Díaz Fernández.

Las mujeres del 27 tuvieron que librar una larga lucha para hacerse de un nombre en el panorama literario contra las burlas y suspicacias de ciertos elementos masculinos, y es cierto que lo lograron, aunque también que fue por breve tiempo, lo que duró la Segunda República, ya que al imponerse la dictadura de Franco tuvieron que partir para el exilio. Su exilio no fue sólo de la patria, sino también del futuro. En la España vencedora, la mujer había de ser recuperada para el hogar; el cuidado del marido y de los hijos y, con feroces campañas publicitarias, se le prohibió cualquier actividad intelectual. La consigna era limpiar, cocinar, obedecer al esposo, estar guapa y disponible para recibirlo cuando regresara del trabajo, asumir su inferioridad y nunca, nunca, nunca, llevarle la contraria.

Serrano Suñer que fue uno de los constructores de tal ideal pretendió casarse con Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina, para encarnar el ideal de este tipo de matrimonio perfecto, pero ella no accedió y la tuvo en arresto domiciliario.

Las malas lenguas decían que Serrano Suñer había sido amante del artista malagueño Miguel de Molina y que, siendo rechazado por él, por despecho, mandó sicarios para que le diesen una paliza de muerte, que persuadió al infiel a buscar refugio en Argentina. Las cosas del querer, una película maravillosa, trata de este tema.

En fin, hay secuelas, muchas, de todo aquello, pero no se puede decir que desde la dictadura hasta hoy hubo una continuidad en los perjuicios a las mujeres.

Con la transición, se dio un respiro y la igualdad resultó ser un hecho perceptible. Nos despreocupamos de la amenaza de los clichés machistas, pues no eran entonces preocupantes. Había ídolos como Maruja Torres, Cristina Almeida, Rosa Montero, Victoria Prego, Pilar Miró y un sinfín de féminas que nos avalaban. Nos sentíamos seguras, fuertes, ahora no, ¿qué ha pasado? ¿A qué se debe este pasmoso retroceso?

Yo misma dije hace algunos años que no tenía sentido seguir con esa lucha, que ya habíamos logrado lo que queríamos, pero, ay, eso fue hace un tiempo, y ahora hemos vuelto a perder. Lo sé porque reconozco las mismas burlas, sátiras, menosprecios y ninguneos que aquellas mujeres del 27 y me identifico con ellas para gran sorpresa mía.

Los estereotipos ancestrales nos persiguen a niveles insospechados y, cuando escribo este texto u otros, me asaltan por internet ofertas de moda de última temporada y chismes de famosillos que me importan un pimiento.

El colmo de los colmos es que reivindicar los derechos de la mujer está muy mal visto en el entorno femenino. Si lo hace un hombre, es un tío sensible –de hecho, son ellos los que ganan los premios de narrativa sobre igualdad de oportunidades– pero si lo hacemos nosotras, somos unas histéricas.

La dificultad, sin embargo, me estimula. Todo lo que he hecho, lo hice con dificultad, hasta nacer. Estudié latín cuando estaba desapareciendo la materia de los planes de estudio y quise oficiliaciarme como escritora en un tiempo en el que nadie lee.
Ser mujer se ha vuelto otra vez difícil, pues, ea, en la dificultad a crecerse. A eso vamos.

Las solteras

17 Nov

Como pronto se celebrará el Día de la Violencia de Género, o mejor dicho, contra la Violencia de Género ( pues la ausencia de la preposición mueve a peligrosas confusiones) conviene que el término delictivo quede, al menos, claro, que no la etiqueta, pues de lo contrario tendremos ese tipo de guirigays lingüísticos que, en estos terrenos, hacen furor, dando pie a largas sesiones donde, básicamente, se pierde el tiempo y se deja la casa sin barrer.

No se trata, me parece, de matizar qué denominación es la más conveniente, porque eso se ve que, pese a ser una cuestión clara, no es diáfana, sino de que como, en lo básico, entendemos que abarcan los mismos contenidos, sepamos en lo posible, cuáles son estos.

Si nos vamos a la definición estándar del delito se trata de la violencia que ejerce un hombre sobre una mujer por el mero hecho de serlo, pero en lo institucional está suscrita a la que recibe una hembra de un varón si éste es su pareja o expareja. Ello omite los casos en los que una mujer es afectada por la violencia machista de un sujeto que ni es ni ha sido pareja ni cónyuge y que se dan también sin duda.

Digamos que todavía queda por ahí mucho cabestro que no se recata de envalentonarse en el trato con la fémina- sea cual fuese su relación con ella- llegando al grito y al gesto intimidatorio, cuando es mucho más comedido con sus congéneres. La mujer que trabaja, de cara al público, tiene más riesgo de recibir agresiones verbales que el hombre y aquí podríamos remitirnos a porcentajes. Será cosa de las conductas aprendidas, que difícilmente se desaprenden, o de que una complexión de mayor envergadura acobarda a la hora de meterse en tales harinas.

Aunque en este sector de riesgo entran también los varones que no responden al canon masculino atávico; o sea, que por apocados -o educados- que estas características se suelen a menudo confundir, no van por ahí enseñando los dientes y avasallando; ejemplares estos últimos que, por si acaso, son tratados con mayor delicadeza. Que las malas maneras sean premiadas y castigadas las decorosas dice muy poco a favor de que estemos en una sociedad civilizada.

Pongamos que para el agresivo patológico, raza muy propagada por desgracia, no hay una mayor atracción que encontrar un blanco fácil. Ése puede ser su mujer, su pareja o expareja o cualquiera que se lo ponga a tiro; basta con que sea sensible, vulnerable y no comparta su pésima educación.

Pues hasta hoy mismo se ha estimado que la víctima de la violencia de género es una mujer con marido o pareja, se ha dejado fuera del sector a las solteras, quienes, desde el principio de los tiempos, han sufrido violencia machista de todos los colores. Por no tener un esposo al lado que las defienda, por no haber cumplido con su natural destino y porque para eso están.

Desde “Doña Rosita, la soltera” a “La señorita de Trevelez”, la soltera ha sido en el imaginero social un personaje patético y grotesco, que está sujeto a toda clase de chascarrillos y bromas mordaces. O bien es una desvergonzada que vive de sus encantos o bien una solterona rancia rechazada por todos, escribe Antonio Albuera Guirnaldos en su crónica de la Málaga del siglo XIX. Las cosas no han cambiado tanto a día de hoy. Se podría comprender, a estas alturas, que una soltera es la mujer que elige un tipo de vida libremente, incluso para realizarse, pero no es así. La soltera en nuestro entorno social, en las familias, sigue valorándose como un miembro de categoría inferior, que ha de entregarse a los demás sin esperar a cambio ninguna gratitud. Ése es su cometido, si no,  haberse casado, qué caray. En México ya tenían estipuladas sus leyes internas para ello como vimos en “Como agua para chocolate”. Estas leyes también rigen ahora, aunque no tan explícitas.

Otra ley familiar que ya no se conserva, por fortuna, es la de que la mujer maltratada que huyese de casa, regresara al hogar, ­­– vuelve con tu marido, a él te debes–  aconsejaba la madre.

Ahora se llama violencia de género o machista, entonces ley de vida; obediencia, obligación marital. Resulta muy fuerte pensarlo; obligar a una mujer a volver con su maltratador es como obligar a una acosada a convivir con su acosador ¿lo permitirán las leyes?

Las solteras sufren también la violencia machista, sin embargo parece que a fuerza de ser ninguneadas, se han vuelto invisibles para las leyes y las instituciones ¿De verdad que nadie ha pensado en eso?