El niño del globo

15 Dic

Hace unos días impartí una conferencia en Totana (Murcia) con ocasión del aniversario de la creación de tres Centros educativos. Dos de ellos celebraban el 75 aniversario de su apertura y otro el 25. Magnífica idea la de conmemorar la extensa experiencia educativa de estas instituciones. Fue estupenda también la iniciativa de que los tres se unieran para la efemérides. ¿Por qué no emprenden los centros educativos más iniciativas compartidas?

Exploté el globo porque había mucho jaleo en la clase y yo quería que se callasen.

Resulta emocionante saber que durante toda su historia estas instituciones han conseguido que muchos ciudadanos y ciudadanas de Totana se hayan hecho personas más sabias, más justas, más felices y más solidarias, gracias al trabajo de abnegados profesionales de la educación. No hay otra tarea más noble. La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe, dice Herbert Wells. Ellos y ellas han estado del lado de la educación, han contribuido a superar la catástrofe de la ignorancia, de la opresión y de la brutalidad.

Desde aquí quiero rendir un homenaje de gratitud, de admiración y de respeto a todos los profesionales que han trabajado y trabajan en esos centros.

Mientras compartíamos unas estupendas tapas de la región, una directora me cuenta que, en cierta ocasión, le llega al despacho un niño.

– Me ha dicho la profesora X que venga a verla.
– ¿ Por qué?, ¿qué ha pasado?
– Es que he reventado un globo en la clase.
– Y a ti, eso, ¿qué te parece?, ¿por qué lo hiciste?
– Me parece bien. Porque había mucho jaleo en la clase y yo quería que se callasen.
Es decir, que la profesora de ese aula, incapaz de poner orden, incapaz de crear un clima de trabajo y de respeto, manda a la dirección a un niño que trata de echar una mano para que aquello funcione. El niño, harto de soportar el barullo y los gritos, pretende conseguir que haya orden y silencio.

Me preocupa la dificultad de algunos docentes para conseguir un clima en el que se haga posible el trabajo y en el que impere el respeto. Sé que para ellos puede ser una tortura porque ese clima de alboroto hace imposible llevar a cabo cualquier iniciativa. Sé también que, en algunos casos, es difícil conseguir que un alumno o un grupo que no quiere hacer nada y desea que nadie lo haga, mantenga una actitud favorable al mantenimiento del buen clima en el aula. Sobre todo cuando la familia no colabora,

El tema de la disciplina en los centros escolares tiene muchas vertientes. En primer lugar, deberíamos definir qué es disciplina y debatir sobre la finalidad de la misma. Desde mi punto de vista, la finalidad de la disciplina es crear un clima de trabajo, de aprendizaje, de convivencia y de respeto. No tiene un fin en sí misma.

En segundo lugar, hay que saber cómo crear ese clima en el que sea posible escucharse, hablar, estudiar, aprender y compartir. En algunos casos no resulta fácil, pero para eso están el conocimiento, el tacto, el buen hacer y la cercanía emocional.

La participación es esencial. Si los alumnos y alumnas crean las normas, es más fácil que las respeten. Cuando éstas son irracionales, interesadas e impuestas por la fuerza, es más difícil.

Otro problema es qué hacer cuando no se consigue la disciplina. Uno de los recursos que algunos profesores utilizan es enviar a los niños al despacho del Director. Como si éste, que no está en el aula, que no conoce lo sucedido ni al alumno infractor, tuviera la varita mágica de las soluciones.

El Director de una escuela argentina, sita en San Rafael, provincia de Mendoza, de la que soy padrino, tiene sobre su mesa del despacho un cartel con este texto: “No me las sé todas”.

¿Cómo va a resolver la Directora el incidente del globo? ¿Qué espera la profesora? ¿No se da cuenta que al desviar el caso hacia instancias superiores, ella se está declarando incompetente para resolver el problema? ¿Cuál es, a juicio de la profesora, el papel del Director? Ese proceder desvela una concepción sancionadora, controladora e irracionalmente autoritaria de la dirección.

La Directora que, de manera razonable, le pregunta al niño por qué ha hecho lo que ha hecho y recibe esa respuesta, debería felicitar al niño por intentar restablecer el orden y el silencio en la clase.

Cuando fui Director de un Colegio en Madrid eran los alumnos y alumnas quienes decían a sus profesores ante comportamientos inaceptables de éstos:

– Que se lo digo al Director.

He visto que algunos profesores y profesoras, cuando el Director resuelve el conflicto a favor del alumnos o no toma medidas drásticas es acusado de quitarle autoridad al profesor. Como si la autoridad se construyese sobre cimientos de irracionalidad y de dureza de los castigos.

Por otra parte, ¿qué imagen se genera respecto al Director y a sus funciones? Con esa forma de proceder se alimenta la imagen del Director como ogro, policía o juez. Este tipo de actuaciones se suelen hacer cuando se pretende castigar un comportamiento disruptivo, pero no para reclamar una felicitación, un premio o un elogio. No se suele decir, por ejemplo:

– Niño, vete a ver al Director y dile lo bien que te has portado, la iniciativa que has tenido, las calificaciones que has obtenido, lo mucho que has ayudado a tus compañeros…

¿Cómo va a resolver el Director un problema del que no conoce el origen, si no tiene datos para hacer un diagnóstico certero, si no conoce las consecuencias que ha tenido la acción disruptiva? No se puede entender el texto sin conocer el contexto.

El Director o Directora no están ahí para imponer castigos, están para enseñar a convivir, para dialogar, para razonar, para sacar lo mejor de cada uno. El perro puede acorralar al rebaño, puede controlarlo, pero el rebaño no le sigue. El perro no es un líder. El perro puede conseguir que el rebaño no se desmande, pero no es capaz de hacerle caminar con tino, resolución y entusiasmo.

¿Usted sabe quién soy yo?

19 Feb
Disfutar de privilegios inmerecidos es el territorio común de los mediocres.

Disfutar de privilegios inmerecidos es el territorio común de los mediocres.

Hace unas semanas viajé a un país suramericano para impartir varias conferencias. Al llegar al aeropuerto de destino supe que dos personas que acudían al mismo evento habían viajado en el mismo avión que yo, pero en primera clase. Mi billete era de clase turista. La organización no había tenido nada que ver con el tratamiento desigual. ¿Cuál era la razón de la diferencia? Que esas personas pertenecían a un organismo oficial. Descubrí entonces que, con un poquito de mi dinero y otro del suyo y otro del suyo…, ellos viajaban en mejores condiciones que yo. Llegamos a la misma hora para hacer lo mismo, pero de diferente modo.

No me gustan los coches oficiales, los aparcamientos oficiales, los móviles oficiales, las comidas oficiales… No me gustan los privilegios. Es muy bonito sentarse en un coche con chófer, aparcar en un lugar reservado, pagar con dinero público una buena comida (y un buen vino) y viajar en primera clase a costa de aquellos a quienes se dice servir. Es tan bonito como injusto. No hacer falta que haya crisis para que se pongan en solfa los privilegios. Pero, en tiempo de crisis, la crítica es más contundente. (más…)

El efecto Mateo

19 Sep
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El 'efecto Mateo': más para el que más tenga; nada para el que menos.

La expresión “efecto Mateo” proviene de la cita bíblica que se recoge en el capítulo 13, versículo 12 del Evangelio de San Mateo (que se repite en Mateo 25, 29 y en otros evangelios hasta en cinco ocasiones ) y que dice así: “Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará”.

Autores relevantes de la psicología, como Merton o Bunge, han reflexionado sobre el efecto Mateo, entendiendo que los bienes a los que la cita hace referencia pueden ser materiales (dinero, riqueza, posesiones…) o inmateriales (prestigio, confianza, autoestima…).
Merton fue el primero que utilizó este concepto aplicándolo a la producción científica. Dice que un científico acreditado tendrá menos problemas en hacer valer sus investigaciones que un joven desconocido en el ámbito de la ciencia. Por eso funcionan tan bien los padrinazgos. Un autor novel estampa su firma al lado de un autor consagrado. Padrino y ahijado se benefician del efecto Mateo. El ahijado verá cómo su trabajo ve la luz (beneficio del ahijado) y el padrino se apunta un mérito atribuyéndose un trabajo que no ha hecho (beneficio del padrino). Uno pone el nombre y el otro pone es esfuerzo. Los dos se benefician. (más…)