Doce rosas para los docentes

8 Oct

El pasado día 5 de octubre se celebró el Día Mundial del Docente. Quiero sumarme al homenaje que el alumnado, las familias y la sociedad en general han tributado a quienes dedican su vida a la tarea más compleja, más delicada y más importante que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la mente y el corazón de las personas.

Voy a preparar un ramillete de doce rosas que deseo depositar con admiración, respeto y afecto en el jarrón de sus quehaceres. Las rosas son los motivos que despiertan mi felicitación y mi gratitud.

Voy a preparar un ramillete de doce rosas que deseo   depositar con admiración, respeto y afecto  en el jarrón de sus quehaceres. Las rosas son los motivos que despiertan mi felicitación y mi gratitud. No serían en realidad solo doce. Serían miles. Seleccionaré una docena porque ese número está cargado de símbolos en la confección de los regalos florales. Algunas rosas tienen espinas pero no por eso pierden su belleza y su fragancia.

Primera rosa. En un mundo en el que todos y todas saben que quien tiene información tiene poder, los docentes dedican su tiempo y su afán a compartir el conocimiento que poseen y a procurar que sus alumnos  y alumnas busquen de forma autónoma el conocimiento en fuentes diversas. No solamente les ayudan y estimulan a buscarlo sino que les ofrecen criterios para discernir si el conocimiento hallado es riguroso o si, por el contrario, está adulterado por intereses políticos, comerciales, económicos o religiosos. Finalmente, les orientan para que esos conocimientos se pongan al servicio de una sociedad mejor y no solo de sus propios intereses.

Segunda rosa. En cualquier otra profesión el mejor profesional es quien más y mejor manipula los materiales.  En esta es quien más y mejor los libera. De ahí la complejidad de la tarea de enseñar. Los materiales que maneja un arquitecto, un químico o un biólogo  obedecen a leyes. Funcionan igual un lunes que un viernes, en Magadascar que en Londres. Pero los delicados materiales que manejan los docentes y las docentes  no obedecen a leyes. En educación no sucede que si A, entonces B. Lo que sucede es que si A, entonces B, quizás. El mismo reproche, a uno le estimula y a otro le hunde. La misma exhortación a uno de anima y a otro le deja indiferente.

Tercera rosa. En una sociedad que ofrece modelos a los niños y jóvenes por la vía de la seducción, los docentes presentan paciente y esforzadamente modelos por la vía de la argumentación. La sociedad propone el modelo de un futbolista famoso, de una actriz deslumbrante de un cantante arrollador… No muestra su esfuerzo cotidiano, ni su miedo a fracasar,  ni su  efímera gloria. Los docentes les hablan de ser personas honestas, estudiosas, solidarias y compasivas.

Cuarta rosa. Inmersos en la cultura neoliberal en la que prevalece el individualismo, la competitividad, el relativismo moral, la obsesión por la eficacia,  el olvido de los desfavorecidos, la privatización de bienes y servicios,  los docentes se dedican  a cultivar la solidaridad, el saber, el respeto, la dignidad y la compasión por los más débiles.  Saben muy bien que solo a los peces muertos los arrastra la corriente.

Quinta rosa. Los docentes y las docentes deben que enseñar a quienes no quieren aprender y se empeñan en que nadie pueda hacerlo. Tienen que despertar el deseo de saber en quienes están aturdidos por el ruido del dinero, del poder, de la fama y de todo tipo de adicciones. Y lo hacen con paciencia, con tino y con amor. Sí, con amor. Porque saben que esta profesión gana autoridad por el amor a lo que se enseña y el amor a  quienes se enseña.

Sexta rosa. Cada curso los docentes y las docentes van sumando un año mientras sus alumnos y alumnas se mantienen en la misma edad que siempre han tenido, debiendo superar desajustes generacionales cada vez más grandes. Y porque, cada año, después de aprender a querer a sus alumnos y a ser queridos por ellos, deben separarse de todos para empezar de nuevo el proceso de la conquista afectiva de otro grupo diferente.

Séptima rosa. Los docentes y las docentes tienen que soportar que quienes promulgan leyes para decirles cómo hacer mejor tu tarea tienen la osadía y el cinismo de empeorar las condiciones de su trabajo aumentado el número de los alumnos en el aula, endureciendo las condiciones de trabajo, cargando el quehacer  de estúpidas exigencias burocráticas y congelando o recortando un salario mediocre.

Octava rosa. Algunas familias entienden que el deber de los docentes y las docentes hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben  o no quieren hacer en las casas. Y porque algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías o verdugos de quien deberían ser aliados y colaboradores estrechos. Se han olvidado de que todas las piedras que  tiran al tejado de la escuela caen sobre las cabezas de sus hijos e hijas.

Novena rosa. Los docentes y las docentes rescatan del contenedor de la basura de la sociedad palabras como dignidad, nobleza, respeto, esfuerzo, decencia y honestidad. Y tratan de vivirlas conscientes de que no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Nunca se olvidan de que el ruido de lo que  son llega a  los oídos de los alumnos y alumnas con tanta fuerza que les impide oír lo que les dicen.

Décima rosa. Tienen que  tratar a todos por igual, aunque sean distintos y a todos de manera distinta aunque sean iguales. Saben bien que cada niño y cada niña trabajan de manera diferente como seres únicos, irrepetibles e irreemplazables que son. Sin embargo tienen que desarrollar un curriculum planteado desde la uniformidad de contenidos, métodos, evaluaciones y normativas.

Undécima rosa. Los docentes y las docentes  tienen cada día más presión social. Se exige de ellos que respondas a todas las necesidades de formación: para la paz, para el consumo, para la igualdad de los géneros, para la sexualidad, para el ocio, para la seguridad vial, para la convivencia, para la imagen, para los valores. Con  parecida formación y por el mismo sueldo.

Duodécima rosa. Nunca se acaba la formación. El conocimiento crece y se multiplica de forma exponencial, los alumnos cambian de manera acelerada, la sociedad se transforma sin cesar, el saber pedagógico se extiende y se acrisola, el  mundo digital se impone,  las instituciones se vuelven más complejas, el contexto y la historia  cargan de incertidumbres.

El homenaje debería ser universal y cotidiano.  Pero no está mal aprovechar este día como símbolo y como recordatorio. Pueden ser rosas, pueden ser libros, puede ser afecto. Cualquier cosa vale como tributo de reconocimiento.

En el Colegio de mi hija Carla, la Asociación de padres y madres ha tenido la hermosa idea de invitar a los niños y a las niñas a confeccinnnar posits de felicitación para la fecha. Mañana se producirá una lluvia multicolor que irá llenando las puertas y las paredes de sentimientos de gratitud, afecto y respeto a quienes tienen la compleja y delicada tarea de enseñar.

Debería generalizarse e intensificarse este tipo de iniciativas que hacen conscientes a los alumnos y alumnas de la importancia que tiene la tarea que desempeñan en la sociedad sus profesores y profesoras.  Por eso esta docena de rosas para los docentes.

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El whatsapp de las mamás

1 Oct

Cómo no valorar las ventajas que nos ofrecen las tecnologías, cómo no aprovecharlas, cómo no sacarles el mayor y mejor partido. Sería estúpido que los riesgos que acarrea el mal uso, nos alejase de la adecuada utilización. Sería como tirar todos los cuchillos a la basura porque nos podemos cortar con ellos.

Sin embargo, no podemos dejarnos arrastrar como papanatas por experiencias novedosas sin discernir lo que tienen de bueno y de malo. Una gallina que con su pico se conectase a internet seguiría siendo una gallina. No se haría más inteligente ni más sociable por el hecho de estar conectada.

Sin embargo, no podemos dejarnos arrastrar como papanatas  por experiencias novedosas sin discernir lo que tienen de bueno y de malo. Una gallina que con su pico se conectase a internet seguiría siendo una gallina. No se haría más inteligente ni más sociable por el hecho de estar conectada.

Está claro que los grupos de whatsapp ofrecen la ventaja de estar conectados de forma rápida y simultánea a un colectivo de personas a quienes podemos ofrecer y de quienes podemos recibir información y entretenimiento. Pero encierra peligros. Comentaré algunos  que vengo observando desde hace tiempo en los grupos de whatsapp que forman las madres de los niños  y niñas  de una clase en los colegios  (o institutos) públicos y privados. La estupidez no tiene barreras.

Lo primero que quiero hacer notar es que esos grupos suelen ser exclusivamente de madres. No sé si porque disponen de más tiempo, porque tienen más apertura a la comunicación o porque están más cercanas a todo lo relacionado con la educación de los hijos e hijas. O por todos estos motivos y algún otro que desconozco.

No pasaré de puntillas sobre esta cuestión porque considero que es importante. El que sean las madres las únicas ocupadas y preocupadas por la relación con el Colegio dice mucho y bueno a favor de las madres y mucho y malo respecto al papel de la educación. Porque parecería deducirse de este hecho que si el asunto fuese verdaderamente importante serían los padres quienes estarían pendientes.

No quiero decir con esto que debería haber grupos de whatsapp formados por padres. Digo que los grupos podrían ser mixtos y digo que los padres no deberían estar al margen de los asuntos del Colegio. Si se feminiza un fenómeno, se devalúa. Y viceversa. No porque la mujer valga menos sino porque seguimos habitando una sociedad androcéntrica, sexista y patriarcal.

Creo que hay personas que utilizan el whatsapp con una dependencia enfermiza. Tienen siempre el móvil a mano  y miran la pantalla con obsesiva frecuencia. Los mensajes  pueden ser tan persistentes que no permiten hacer otra cosa. Esa actitud genera una servidumbre nociva.

Hay una dependencia desmedida del grupo de whatsapp de clase en otro sentido. Me refiero ahora  no a la frecuencia sino al poder. Sin que el grupo de su visto bueno, algunas mamás se sienten inseguras. Una noticia es veraz cuando circula por el wathsapp de forma generalizada.  Es más importante lo que dicen los integrantes del grupo que lo que dice el profesor.

– Así me quedo más tranquila, es la exclamación que genera estar al tanto a través del whatsapp.

No hay horario para el envío de mensajes. Puede sonar el aviso a las 2 de la mañana para preguntar si alguien sabe si los niños tienen que llevar una visera o un sombrero a la excursión de mañana. Y solo cuando la respuesta es visera, se produce la tranquilidad de estar en lo cierto. Es más importante lo que transmite el mensaje que lo que el niño prefiere.  Puede llegar un mensaje a las 6.30 de la mañana para preguntar si ese día hay clase.

En relación a los profesores y profesoras hay también algunos problemas. Una madre le pide a la tutora que se incorpore al grupo. Lo docente piensa que es lo único que le faltaba: acabar a una hora su trabajo y seguir conectada durante horas incluso de la noche. Otra madre le insta a la tutora de su hijos a que mande  información para dinamizar el grupo, ya que está poco activo.

Siempre hay una gurú que presume de estar al tanto de todo. Procura enterarse la primera de todas las novedades, presume de estar al tanto de las novedades y tiene canales rápidos y fa reconocida del grupo. Se siente con la responsabilidad de ras.era de todas las novedades, presume de estar al tanto de todo y áciles con las fuentes. Es una guía reconocida del grupo. Se siente con la responsabilidad de tener respuesta para todo. Si hay alguna duda ella se encarga de hacer la consulta y de difundir la respuesta. Así va ganando autoridad informativa.

– La que tiene que saber eso es fulanita, se dicen unas a otras.

También existen las que nunca se enteran de nada. El grupo es quien en este caso actúa como secretaria particular de esas mamás despistadas. Por no saber no saben ni cuando empieza el curso ni cuando termina ni cuando dan las notas, ni qué horas tienen de tutoría, ni qué día tienen ir disfrazados. Una buena amiga llevó a su hijo disfrazado de troglodita y lo tuvo al pobre todo el día en esa situación mientras el resto vestía su habitual uniforme…

– Hay que avisar a fulanita, que nunca se entera de nada, dicen las mamás.

Otro problema que se está generando es que las madres se están convirtiendo en las secretarias de los hijos. Ellas son las que piden una foto de la tarea que hay que hacer o de las páginas que hay que leer o del trabajo que hay que entregar.

– Mamá, llama a la mamá de fulanito para que te mande los ejercicios de mates.

El niño se despreocupa porque su madre le pondrá al tanto si olvida en el Colegio la libreta de las tareas. De esta manera no se responsabiliza de sus obligaciones. Su madre le sacará las castañas del fuego.

Cito en ocasiones a Holderlin cuando dice que los educadores forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes: retirándose. Para que el continente aparezca las aguas tienen que retroceder. Lo que nos dicen los hijos a los padres y  a las madres es: Ayúdame a hacerlo solo.

Hay mamás obsesivas con algunas cuestiones: los piojos, la comida que se sirve en el comedor, la seguridad en el patio, la salud de su hijo. Los mensajes se multiplican de manera exponencial cuando aparece una información inquietante. Si el niño de una de esas mamás tiene fiebre, lanza en el whatsapp mensajes reiterados para ver si es su hijo solo el que está enfermo  o si se trata de una epidemia.  Se quedará más tranquila si no le ha pasado a su niño solo.

Otro asunto que acapara centenares de mensajes es la organización de los cumpleaños, sobre todo cuando se generaliza la costumbre de invitar a todos los niños y niñas de la clase. Invitaciones, regalos, citaciones… Un cumpleaños se convierte en una montaña de interacciones casi tan estresante  como las de una boda.

Sé que no todos los grupos son iguales y que no todas las personas dentro del grupo  actúan y reaccionan de la misma manera. Estoy  hablando de problemas genéricos que se extienden de forma imperceptible. Hay otras peculiaridades en los grupos de whatsapp dependiendo de la edad de los hijos y de las hijas. No sucede lo mismo en un grupo de infantil que otro de Secundaria.  Y ni nos imaginamos un grupo de madres de alumnos y alumnas universitarios.

Los rumores se generan a través de los whatsapp y corren como la pólvora. Si el tutor o un profesor cualquiera ha cometido un fallo, la velocidad y la intensidad de la comunicación es extraordinaria creando un clima adverso que es difícil desmontar. Algún profesor  ha  salido hecho puré de la trituradora del whatsapp.  Ojo: existen algunos peligros. Hay que evitarlos.

Para que el alma no pene

17 Sep

Dediqué el pasado artículo a la necesidad de crear en las aulas un clima propicio para el florecimiento de las preguntas. Vuelvo al tema movido por los  numerosos comentarios suscitados entre los lectores y lectoras a raíz de aquel texto que llevaba por título “Que florezcan las preguntas”.

Es importante saber preguntar: elegir el lugar, el momento y la formulación oportunas. Existen un arte y una ciencia de las preguntas. Hay que cultivarlos y hay que ayudar a que otros lo hagan. Amén.

Diré, para comenzar hoy, que es más importante saber lo que realmente se pregunta que lo que hay que responder. Resulta crucial conocer qué es lo que quiere saber el que formula la cuestión. Ilustraré la idea con un ejemplo:

Un niño le pregunta a su mamá, provocando una reacción de sorpresa y cierto sofoco:

–        Mamá, ¿qué es pene?

La mamá, improvisando como puede, le ofrece algunas explicaciones al niño acerca del miembro viril (la anécdota me remite ahora al curioso libro “El pincel del amor. Vida y obra del pene”, de Bo Coolsaet). Para sobreponerse a la sorpresa y al nerviosismo, le pregunta al niño por qué  ha hecho esa pregunta. El niño, un tanto desconcertado ante la respuesta que ha recibido de su mamá, responde:

–        Es que he leído en un libro de religión “para que el alma no pene”.

Está claro que el niño no preguntaba por aquello que pensó la mamá. Ella respondió a lo que creía que le preguntaba su hijo. Pero no era eso lo que él quería saber. Mientras más extensa hubiese sido la explicación, menos se hubiese acercado la respuesta a lo deseado por quien había formulado la pregunta.

Las preguntas darán lugar a respuestas y estas a nuevas preguntas.  Lo he dicho no hace mucho en un tribunal de tesis: Todas las tesis deberían llevar un subtítulo: Preguntas y respuestas y peguntas…  Las tesis, los libros, las clases, las conversaciones, la vida… obedecen a este lema: preguntas y respuestas y preguntas.  Nunca se puede poner el punto final. En este terreno solo hay puntos suspensivos.

Un avispado comentarista del artículo anterior dice que situar las preguntas solo de la parte de los alumnos y alumnas responde a un modelo de enseñanza tradicional en el que el docente explica y el alumno comprende o no comprende lo explicado. Es verdad. Yo también abogo por un modelo de enseñanza participativo, cooperativo, dialogante, exploratorio y multiidireccional… Un modelo en el que todos puedan preguntar y aprender. El profesor puede utilizar las preguntas como una estrategia didáctica. El método socrático  tiene en las peguntas su esencia.

Se trata de crear un ambiente en el que surjan de forma fácil las preguntas de los alumnos al profesor, del profesor a los alumnos y de unos compañeros a otros. Se trata de  “abrir el espacio y la sensibilidad para la interrogación por el valor y el sentido. Se trata de transmitir la pregunta, la inquietud, la disconformidad, la insatisfacción, la apertura”, como dice Jorge Larrosa.

Heidegger sostenía que “toda pregunta es una búsqueda”. La búsqueda parte del deseo de saber y de la conciencia de que algo no se sabe. Solo los necios creen que lo saben todo. Los sabios son siempre humildes porque tienen conciencia de lo mucho que desconoce. Es la tesis de la docta ignorancia que sostenía Nicolás de Cusa.

El profesor tiene que hacer preguntas, pero no solo cuando realiza la evaluación. Porque esas preguntas no nacen de la curiosidad por saber sino de la duda de que otros hayan aprendido. Son preguntas encaminadas no a aumentar el aprendizaje sino a comprobar el aprendizaje ajeno.

Cuando termino de impartir una conferencia es casi inexorable que los organizadores digan:

–        Y ahora se abre un turno de preguntas.

Suelo hacer una breve observación en los siguientes términos:

–         No. No se trata solo de hacer preguntas. Porque eso daría pie a pensar que aquí solo hay uno que sabe y los demás que no saben y tienen que aprender del que sabe. No. Todos sabemos  y todos podemos aprender. Se pueden plantear opiniones, sugerencias, críticas, discrepancias, nuevas ideas, sentimientos vividos…

Esa actitud está tan arraigada que, a veces se reparten hojas blancas para la formulación de preguntas durante la exposición.  Se pretende evitar (y así se dice) que los asistentes aprovechen el momento de la pregunta para emitir opiniones.

Existen muchos tipos de preguntas. Infinito tipo de preguntas. Dependen del contexto, de la intención, de la relación entre los interlocutores, del momento, de la historia, de la ironía, de la mordacidad, de la maldad o de la bondad, del conocimiento, de las emociones que las embargan…

Algunas preguntas se contestan, a veces, con otras preguntas. Cuenta Manuel Alcántara que cuando un periodista le preguntó a Bernard Shaw si creía que esa fecha y día atraían la mala suerte,  él le contestó con otra pregunta: ¿por qué los martes y 13 van a ser una excepción?

Hay preguntas que contienen una carga tremenda de dinamita. Me cuenta la mamá de una amiga de mi hija Carla cuyo marido trabaja en una compañía de seguros, que un buen día invitó al jefe de su pareja a una cena familiar. Y en plena cena el niño, que entonces tenía cinco años, le preguntó al invitado:

–           ¿Tú eres el que explota a mi padre?

En mi libro “Hacer visible lo cotidiano”, presento una tipología de las preguntas que se pueden utilizar cuando se quiere saber algo. Veamos algunas.

Preguntas que buscan el control de contradicciones, las exageraciones, las faltas de racionalidad: ¿no ha dicho usted hace un momento…?, ¿por qué no?, ¿cómo puede ser si…?, ¿qué sentido tiene entonces…?, ¿todos  y siempre hacen eso?

Preguntas que demandan una explicación de otro tipo, más amplia o más concreta: ¿me puede poner un ejemplo?, ¿en qué sentido?

Preguntas que buscan la opinión, no la mera descripción: ¿qué piensa sobre estos hechos…?, ¿qué opinión le merece…?

Preguntas que piden comparaciones: ¿cómo se relaciona esto con la política…?, ¿qué tiene que ver esto con lo que dicen otros autores…?

Preguntas que pretenden perseguir la lógica: ¿hay que deducir que…?, según esa teoría, ¿habría que deducir…?

Preguntas hipotéticas: ¿qué pasaría si…?, ¿qué sucedería en el caso…?

Preguntas que expresan sorpresa o incredulidad: ¿en todos los casos?, ¿realmente?, ¿está usted seguro de que…?…

Preguntas en la posición de abogado del diablo: ¿qué respondería usted a la objeción…?, ¿no niega esa afirmación todo lo que se sabe al respecto…?, ¿no es lógico el argumento contrario si…?

Preguntas que buscan la confirmación de la pregunta: ¿Me quiere decir que no vio el coche que circulaba delante…?, ¿a que está claro que…?

Preguntas que exigen ampliación respecto a lo que se ha dicho: ¿quiere añadir algo más…?,  ¿alguna cosa más?, ¿eso es todo?

Preguntas que solicitan la confirmación de que se ha entendido:   ¿lo que usted quiere decir  entonces es…?,  ¿sería correcto deducir…?

Preguntas capciosas: ¿le pega usted con frecuencia a su pareja?, ¿en qué situaciones miente con. más facilidad…?

Esta lista no se agotaría nunca. Porque  existen infinidad de situaciones, de personas, de ideas, de intereses, de actitudes, de sentimientos…Es importante saber preguntar: elegir el lugar, el momento y  la formulación oportunas. Existen un arte y una ciencia de las preguntas. Hay que cultivarlos y hay que ayudar a que otros lo hagan. Amén.

Fiesta de Curso Nuevo

3 Sep

En septiembre se abren en España las puertas de un nuevo curso escolar. Propongo en este artículo que haya una Fiesta de Curso Nuevo igual que existe la Fiesta de Año Nuevo el día uno de enero.

Propongo en este artículo que haya una Fiesta de Curso Nuevo igual que existe la Fiesta de Año Nuevo el día uno de enero.

Lamentablemente para mí ya no tengo que estar de preparativos y afanado en la renovación de ilusiones. Después de muchos años cerré mi experiencia académica en el sistema educativo.  Ya digo, una gran pena para mí.  Pero la vida sigue. Y el nuevo curso llega otra vez. Un curso peculiar regido lamentablemente por la LOMCE, que es la ley en vigor. Una ley que pocos aceptan y muchos denuestan. Una ley cuyo impulsor (el infortunado para mí y afortunado para él, señor Wert) está disfrutando del premio que le concedió el partido por haber producido este lamentable engendro.

Es curioso observar cómo hay niños que desean durante las vacaciones que comiencen las clases y cómo hay otros que viven con angustia creciente la llegada de la apertura. Me gusta preguntar a los niños y a las niñas con los que me encuentro en  el verano si desean volver al colegio.

–  Sí, porque quiero volver a encontrarme con mis amigos, dicen unos.

– No, porque en el cole me aburro mucho, contestan otros.

Lo mismo sucede con los profesores. Algunos sienten deseos irrefrenables de volver a las aulas y otros lamentan que llegue el comienzo de curso y el fin de las vacaciones.

Es una fortuna inmensa que podamos afrontar un nuevo curso con normalidad. Lo hemos asimilado de tal manera que nos parece tan normal como la llegada del verano o del invierno. Sin embargo, poner en marcha la enorme maquinaria del sistema educativo supone un esfuerzo económico y personal enorme. No me puedo imaginar la vida y la sociedad sin el sistema educativo en acción. No solemos valorar de forma suficiente esta gran fortuna de abrir un nuevo curso. Acostumbrados a fijarnos en las limitaciones, las carencias y los errores, no somos capaces de situarnos en la hermosa realidad que tenemos.

No quiero ser con esto conformista. No digo que todo esté bien y que no haya que aspirar y luchar par mejorar el sistema. No. Lo que quiero es celebrar la llegada del nuevo curso con la alegría que se merece.

Deberíamos celebrar la llegada del Curso Nuevo como lo hacemos con el Año Nuevo. Con ese estallido de gozo  y de entusiasmo. Todo el mundo ha vivido la experiencia de las campanadas que abren el Año Nuevo. En España comemos 12 uvas para celebrarlo, hacemos votos para la nueva etapa y brindamos con champán. Tenemos la ventura de abrir las puertas de una nuevo año natural. Propongo que el comienzo de curso escolar sea una fiesta. Se suele hacer, más bien, la celebración del fin. Tendría más sentido hacer esa fiesta al comienzo. Podríamos comer las 10 uvas de los meses del curso escolar. En septiembre la cosecha de uva nos ofrece ese fruto recién madurado. Ya sé que una costumbre no nace de esta forma, con una propuesta hecha desde el humilde rincón de un artículo. Pero sí puede ser efectiva la idea de la celebración del comienzo.

Propongo, repito, que se instaure la Fiesta del Curso Nuevo como existe la fecha del Año Nuevo. Con más motivo. Porque el Año Nuevo solo nos trae una colección de días que se suceden. El Curso Nuevo, sin embargo, nos trae muchas cosas, muchos bienes, muchas realidades hermosas, muchos proyectos.

¿Qué celebrar?

El tener un sistema educativo en el que todos y todas tienen cabida. El tener profesores y profesoras que afrontan con responsabilidad y competencia su tarea. El que haya equipos directivos dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo a inspirar proyectos de calidad. El  disponer de unos medios didácticos que facilitan el aprendizaje.  El contar con un sistema de transporte escolar eficiente. El tener comedores escolares en los que compartir el pan y la compañía. El tener unas autoridades que velan por la organización y el buen funcionamiento. El tener Departamentos y servicios de psicología y orientación que atienden con eficacia la diversidad . El tener sindicados que velan por los intereses del profesorado. El contar con Asociaciones de Padres y Madres que colaboran activamente con el profesorado. El tener investigadores que buscan con esfuerzo y sabiduría conocer más y mejor el mundo de la educación. El disponer de revistas especializadas y editoriales y libros que profundizan en el significado de la enseñanza. El que se organicen Congresos en los que se ponen en común experiencias, innovaciones y nuevos hallazgos. El que haya Facultades de Educación y Psicología en las que se enseña y se aprende a ser buenos educadores. El que se realicen tesis doctorales e investigaciones con el ánimo de saber  más y de hacerlo mejor. El que haya innovaciones ejemplares que abren nuevos caminos y avivan las mejores ilusiones…

Propongo desde aquí que se celebre en los centros y en la sociedad la Fiesta del Curso Nuevo. Se suele celebrar la Fiesta de Fin de curso, de Fin de carrera, de Fin de Estudios. Se hacen viajes, se organizan actividades, se realizan bailes. Me parece estupendo. La Fiesta de Curso Nuevo  estaría cargada de la ilusión del comienzo para los nuevos y del reencuentro para quienes vuelven a verse. Tendría el sentido de la celebración de  un proyecto que se construye en el marco de la comunidad educativa y estaría cargado de la ilusión y la esperanza de hacer un largo recorrido por las tierras  (o los mares o los cielos) del aprendizaje.

Me gustaría que la Fiesta de Curso Nuevo tuviese una parte académica pero también una parte festiva, de auténtica alegría por participar en una experiencia de tanto calado. He dicho que también debería celebrarse en la sociedad. Porque el hecho educativo no es solamente de sus protagonistas sino de sus testigos. Gracias a que el nuevo curso llega, millones de alumnos y alumnas aprenderán a pensar y a convivir en aras de construir una sociedad mejor. Todos y todas hemos vivido la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, no solo los deportistas que iban a participar en ellos. Todos compartimos la alegría del evento que no solo reparte medallas sino que desarrolla la convivencia y el entendimiento universal a través del deporte.

Habría que avivar el ingenio para que esa Fiesta fuese de interés para todos y para todas, no solo para los que la conciben, diseñan y llevan a cabo. Una Fiesta para todos y para cada uno.

Ya sé que la Fiesta necesita una preparación y que antes de ella están las vacaciones. No necesariamente tendría que hacerse el primer día. Digo esto porque todos podrían participar en su preparación y sentirla suya.

Una vez instaurada, se iría enriqueciendo y adornando año tras año a través de la experiencia acumulada y del intercambio con las iniciativas de los centros y lugares. Bienvenida la Fiesta de Curso Nuevo.  Le veo más sentido que la Fiesta de Año Nuevo porque la primera  trae en sus entrañas un proyecto lleno de aprendizajes nuevos y de relaciones cultivadas.

Hago votos por el nuevo curso que contemplaré feliz y añorante desde mi condición de jubilado. Nadie me podrá arrebatar esta alegría, aunque yo no vaya camino de las aulas. Sí podré aplaudir y vivir con gozo el hecho de que millones de niños y niñas y miles de profesores  y profesoras puedan celebrar la Fiesta de Curso Nuevo. Aplaudiré con entusiasmo y me colmará la alegría.

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El lanzador de cuchillos con la enfermedad de Parkinson

20 Ago

Un mal docente es como un lanzador de cuchillos con la enfermedad de Parkinson. El desastre está asegurado. Las heridas o la muerte son más que probables en quien actúa  como sujeto experimental, por muchas dotes acrobáticas que tenga. No se librará de las heridas o de la muerte.

Un mal docente es como un lanzador de cuchillos con la enfermedad de Parkinson. El desastre está asegurado. Las heridas o la muerte son más que probables en quien actúa como sujeto experimental, por muchas dotes acrobáticas que tenga. No se librará de las heridas o de la muerte.

No dejarías ni un segundo a mi hija delante de ese lanzador. Los riesgos serían extremos. Cuando anunciase que iba a marcar el perfil de la cabeza con los cuchillos clavados en la pared, nadie se quedaría impasible en el sitio, salvo un suicida Cualquier persona medianamente sensata emprendería una veloz carrera.

El problema del sistema educativo es que, en algunas etapas, es obligatorio. Y ese lanzador seguirá clavando cuchillos si alguien no se lo impide. Hay que apartarle de la función hasta la completa curación.

Pero, ¿quién y por qué es un mal docente?

Quien no sabe. Es un mal docente el que no sabe lo que tiene que enseñar, el que no domina su campo disciplinar, el que no conoce a sus alumnos y alumnas ni se esfuerza por hacerlo, el que no conoce en qué mundo vive ni en qué institución enseña…

Quien no sabe hacer. Es un mal docente quien no sabe enseñar, quien no tiene estrategias didácticas para conseguir la motivación necesaria para que  aprendan, el que no sabe gobernar el aula ni relacionarse con sus colegas ni con sus alumnos…

Quien no quiere. Es un mal docente el que no tiene voluntad para hacer bien la tarea, el que no se preocupa por prepararse, por relacionarse, por llevar a cabo con perfección las exigencias de su profesión…

Quien no sabe ser. Es un mal docente quien no da ejemplo, quien no tiene respeto por sí mismo ni por los alumnos ni por su profesión, el que desprecia su función con malas actitudes, malos comportamientos y pésimas relaciones…

Quien no puede. Se convierte en un mal docente quien no dispone de las condiciones necesarias para hacer bien la tarea. Si el piso no es firme, si el cuchillo es de mala calidad, si la visibilidad es deficiente, puede originar un desastre.

Hay unas soluciones genéricas que hacen muy difícil que tengamos docentes malos o malos docentes (es muy diferente decir un griego desnudo que un desnudo griego).  Esas soluciones tienen que ver con los procesos de selección, de formación inicial, de formación permanente y de organización del profesorado.

No puede seguir funcionando el sistema con el estado de opinión implantado de que quien no vale para otra cosa vale para ser docente. Hay que revertir esa forma de pensar. Es decir, hay que plantearse que para realizar una tarea tan compleja y tan importante hay que elegir a las mejores personas  de un país.

Hay que plantear una formación inicial rigurosa, consistente, práctica y orientada a la acción. Con una potente simbiosis de teoría y de práctica. En grupos pequeños (no masificados), con buenos formadores e instituciones con  sensibilidad y capacidad de innovación.

El docente no se forma de una vez para toda la vida. El saber se incrementa de forma exponencial, los contextos se modifican, los aprendices cambian, las circunstancias se modifican.  La formación permanente o formación en la acción tienen que fortalecerse y perfeccionarse.

Finalmente, la cuarta exigencia para que tengamos buenos docentes, es que se organice su práctica de forma racional y exigente. Dignificar la profesión desde la política, desde la sociedad y desde la actuación de las familias es muy importante para que los docentes actúen con solvencia.

A pesar de todo, por motivos diferentes, puede haber en la docencia  casos de profesionales que no dan la talla, que son un peligro para los alumnos y las alumnas. Conozco casos en los que año tras año, los alumnos y las familias expresan quejas justificadas de mal proceder de algunos docentes. Quejas fundadas, argumentadas y evidentes.

Me preocupa que no se haga nada para evitar situaciones inadmisibles. Todo el mundo sería partidario de impedir al lanzador de cuchillos con la enfermedad de Parkinson que practicase con personas de carne y hueso.  No habría problema en que lo hiciese con muñecos de trapo mientras no esté curado.

Suele haber consenso sobre estos malos docentes. Es decir, los alumnos, los padres y las madres, los colegas y los directivos se muestran unánimes ante la desaprobación por el proceder de un mal docente.

Lo que pasa es que no se quiere o no se puede  entrar en la faena y decir: usted no puede dedicarse a esta delicada tarea con una actitud o con un comportamiento como el suyo. Hay en estas actuaciones perversas una escala de diversa naturaleza y grado: desde los abusos y  el maltrato hasta la incompetencia intelectual y  didáctica.

Las autoridades educativas tienen una especial responsabilidad en estas cuestiones. Pero no solo ellas. Los colega, las familias y alumnos no pueden permitir que se causen daños al prójimo sin abrir la boca, pensando que “el que venga detrás, que arree”.

Desde mi punto de vista habría que seguir  cuatro pasos en la intervención:

Diagnosticar con rigor y claridad lo que sucede en el caso concreto que es objeto de preocupación. ¿Qué es lo que pasa realmente? ¿En qué consiste el problema? ¿Cuál es el origen del mismo? No es igual que el profesor no sepa a que el profesor no quiera. Porque si no sabe, puede aprender. Pero si no quiere, es muy difícil solucionar el problema.

Dialogar con el interesado para ver qué posición tiene ante la situación. No es igual que reconozca el problema a que se cierre en banda achacando la situación a los demás. Ese diálogo está en la base del diagnóstico y de la intervención.

Actuar de manera racional y ética. Eso quiere decir que hay que tener en cuenta los intereses del docente y los intereses de los alumnos y de las alumnas. No se puede permitir que el lanzador de cuchillos siga causando heridas y muerte de forma impune. La casuística sería infinita. No es igual el caso de un docente que está dispuesto a solucionar el problema que el de otro que se niega en redondo a tomar cartas en el asunto. Y así, de forma temporal, habría que apartar de la docencia a esos lanzadores que son una amenaza evidente y constante para los alumnos y alumnas. Hay puestos en la administración educativa que no conllevan responsabilidad directa con los alumnos.

Finalmente, habría que evaluar periódicamente la intervención que se ha efectuado. No siempre ha de considerarse irrevocable una decisión. Porque pueden cambiar muchas variables de la situación o las actitudes de las personas. Hay enfermedades que con un buen tratamiento tienen curación.

En todos los pasos de este proceso hay que actuar con extremada cautela y con el máximo respeto a las personas. A todas las personas. La ética ha de presidir estas intervenciones para que todos se sientan comprendidos. En cualquier campo esta es una exigencia fundamental, pero en la educación es consustancial a la naturaleza de la tarea.

No ignoro que a los docentes se les lanzan cuchillos afilados desde muchos lados del sistema. Ellos y ellas también deben ser protegidos del daño. Pero esa es harina de otro costal