Hablemos de la eutanasia, la buena muerte

12 Abr
María José y Ángel.

María José y Ángel.

Una fotografía. Años 70. Una pareja, enamorada, viva. Hay complicidad, intimidad, una mirada. Ella secretaria judicial, él técnico en comunicación audiovisual. Les gusta viajar, vivir. Son jóvenes y tienen todo el tiempo por delante. Esa foto, que adjunto, es la foto de Maria José y Ángel, y somos nosotros, todos nosotros, frente al precipicio, frente al espejo, en cualquier momento. Ángel y María José somos nosotros en otro tiempo, en otro espacio, pero somos nosotros.

Ya conocen la historia de María José y Ángel, que es la historia de un final, o un principio, que nunca se sabe, sobre un relato de amor que obliga a reabrir el debate sobre la eutanasia, sobre la muerte digna. Si nos consideramos una sociedad adulta deberemos asumir el compromiso de un debate profundo, serio, abierto, respetuoso sobre la libertad individual, sobre la dignidad de los seres humanos, dignidad en los momentos más difíciles, en definitiva, sobre lo que queremos ser.

“Tus piernas, tus manos, tu razón …”, le susurraba Ángel a María José mientras arropaba sus sábanas, acolchaba su almohada, besaba su frente. Al ponerle nombre al relato, sus nombre, Ángel y María José, “piernas, manos, razón”, un beso en la frente, un rostro, al ponerle nombre a la historia todo lo cambia. La historia de María José y Ángel multiplica el valor de cualquier campaña sobre la eutanasia.

Leo argumentos en contra. El médico humanista, mi admirado José Antonio Trujillo, escribe en el Diario SUR: “el dolor y el sufrimiento demandan la madurez a una sociedad obligada a cuidar y sostener a los más débiles”. ¿Y si los más débiles no quieren sostén? No debemos olvidar la libertad individual que nada tiene ver con el buenísmo y las razones políticas. Las creencias, morales o religiosas, son absolutamente respetables, por supuesto, pero no se deben imponer a una sociedad.

Hay que avanzar en la regulación sobre la eutanasia. Es necesario afrontar la cuestión.Hace más de veinte años de la muerte de Ramón Sampedro, hace semanas de la de María José y nuestros políticos son incapaces de afrontar este hecho. En países como Holanda, Bélgica, Suiza, Canadá…, ya se ha regularizado al respecto. Debemos entender, como sociedad, que la muerte voluntaria es aceptable.

Otra fotografía. Ángel, esposado, saliendo de su casa, dejando atrás a su mujer, María José, fallecida, él convencido de lo hecho pero roto por dentro, sabiendo que en breves instantes ingresará en los calabozos de la comisaría de Tetuán, en Madrid, apenas unos metros de celda, aislado, preso, esposado… Una foto, para todos, vergonzante.

Eutanasia significa “buena muerte”. Hay personas que quieren dejar de sufrir y me cuesta admitir que un ente superior atraviese este derecho. Eutanasia es dar la muerte a una persona que libremente la solicita para liberarse de un sufrimiento irreversible y que considera intolerable. La palabra eutanasia es, reconozcámoslo, un tabú. Sin embargo, el 84% de la población española está a favor de regularizar la eutanasia. Si no están de acuerdo, que pueden no estarlo, no lo hagan. El derecho a morir dignamente, como otros tantos derechos, no exige a nadie la obligación de hacerlo.

María José y Ángel han puesto nombres a una historia. Los nombres son más potentes que cualquier estadística o campaña. “Piernas, manos, razón…”, un beso en la frente, un rostro, una foto en los 70, una foto de un hombre esposado, una foto que podemos ser cualquiera de nosotros frente al precipicio, frente a las horas finales, decisivas, irreversibles, nosotros frente a la libertad individual para disponer de nuestra propia vida y, por supuesto, también, de nuestra muerte.

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