Chiquito

16 Oct

La noticia corrió por Málaga igual que llama por estopa. Como si hubiéramos regresado a aquellos años de los lavaderos públicos y las tabernas de esquina que lo vieron nacer, cuando el boca oreja suplía un analfabetismo que impedía la lectura de titulares. Los bomberos han encontrado a Chiquito en el suelo de su casa y lo han llevado al hospital. Una vez le oí decir que cuando alguien lo llamaba Gregorio, él salía corriendo. El final de la anécdota tal vez se condensara en que era el nombre mediante el que cualquier acreedor quería cobrarle alguna deuda pronunciando las palabras mágicas que figuran en su DNI. O lo peor, de lo que es más difícil de escapar aún, se trata del apelativo con el que el listo de turno pretende sacarle unos billetes recién cosechados bajo aquel sol bíblico del sudor y las lágrimas. Decidió llamarse Chiquito aunque su altura fuese mayor que la media de su época según he podido comprobar en fotos de cuando se buscaba un jornal palmeando por esos tablaos que la noche cargaba con un arte que sólo surge de la necesidad elemental de comer. Chiquito es un hombre respetado y querido en Málaga. Uno de esos vencedores en su tierra que despierta cariño y sonrisas porque supo enfrentarse al dragón de la vida y asestarle las puñaladas certeras. Una persona que se arriesgó sobre la barca de sus ilusiones y mareó el oleaje. Al final, Chiquito ganó a Gregorio. Apostó muy fuerte a que su vida trascurriría en la incertidumbre entre un camerino y otro. Poco a poco, con el temor de quien no sabe qué cielo se nublaría mañana, ni en qué Antequera amanecería, fue capaz de sacar su casa hacia delante junto con la compañía de su adorada Pepita, y el cuento acabó bien. Incluso pudieron vivir juntos las alegrías de un éxito que tardó en llegar, pero que lo hizo así con lentejuelas, focos y fanfarrias que anuncian una victoria como debe ser, como dicen que dios manda, aunque la inmensa mayoría de las veces parece que el destino no cumpla sus órdenes.

Chiquito es una persona que cae bien porque consiguió su gloria casi al borde de un abismo y, a pesar, de esto, de que podría haberse endiosado, ha sabido pasear por las calles de su ciudad. Recibe el cariño de sus vecinos conocedor de que sus días se jugaron a un cara o cruz, con la fe anclada en sus ilusiones, su trabajo y su ingenio pero, consciente de que la moneda podría haber caído de la otra cara; entonces habría aparecido Gregorio y su invisibilidad. Chiquito se ha sumado, así, a una lista de malagueños (adoptados o nacidos) de escenario que logró materializar sus proyectos vitales. Málaga los quiere. Pepa Flores, Antonio Banderas, Bibiana Fernández, Carrete, Tabletom, Danza Invisible, Nuria González, Kiti Mánver, Dúo Sacapuntas, Pepón Nieto, Antonio Meliveo, Domi del Postigo, María Teresa Campos, Fran Perea o Pablo Alborán, representan las cimas de una compleja cordillera malagueña que se lanzaron hacia los focos y, con más o menos éxito monetario, han sido capaces de exhibir su arte y vivir de ello. De todo hay como en botica y para cada gusto. Sin duda habrá olvidos por mi parte. Perdón. Aún quedan en la recamara del arte malagueño muchas y muchos jóvenes que están iniciando sus caminos por esas luminarias de Madrid; por desgracia sigue siendo paso ineludible. Ojalá hubiéramos sabido desarrollar un concepto industrial de teatro, cine, espectáculo o televisión para que nadie tuviera que mudarse por imperativos laborales de su Málaga. Así es la situación y no prevemos cambios. Las dos Españas existen, la rica y la pobre; al menos, aquí al sur de los secarrales y las estepas sedientas, junto al rebalaje, disponemos de un buen arsenal de sueños, aunque sea a la busca del productor ejecutivo que los ampare. Chiquito consiguió los aplausos que quería, de salto en saltito, de tablas en tablero. Que todo quede en un susto de esos que nos da la vida para recordarnos las reglas de este juego en que nos vimos inmersos cuando nuestros ojos contemplaron la primera luz, y alguien nos dio un nombre para destruir o construir mediante el afán nuestro de cada día.

Esto se ha acabado

9 Oct

Aunque el oficio de pitonisa no me guste en absoluto, creo que puedo correr el riesgo de fantasear con el próximo final del proceso, a estas alturas ya convertido en caso tan judicial como esperpéntico. La marcha de empresas bancarias de Cataluña ocasionó que Atur Mas confesara al Financial Times que tal vez su país no estuviera preparado para independizarse, esto dicho por el mismo tipo que aseguró a sus monaguillos que el dinero jamás abandonaría Cataluña porque nadie huye de una región rica. Con los cacharros de comer no se juega. Una cosa es chillar por las calles con una bandera a las espaldas y otra arriesgarse a que tus ahorros sean manejados por personas de una solvencia intelectual muy dudosa, como son las sembradoras de odio y disparates de la CUP. Si a esto sumamos la manifestación y pruebas de cariño hacia Cataluña de quienes estaban callados y que al final resulta que eran muchas y muchos ciudadanos más de los que los secesionistas pensaban, creo que la próxima semana podremos dar por casi concluido este triste capítulo en la historia de España, a pesar de que a Puigdemont no le queda otra dignidad que una huida hacia delante ya que no es japonés. Imaginemos los pasos. A las hemerotecas me remito, para recordar que este extenso drama que ha escenificado la traición a toda la sociedad española se inicia cuando los jueces comienzan a empapelar a los Pujol por los casos de las ITV y otras minucias de podredumbre. Artur Mas, cuya incoherencia desvela su egoísmo, vio venir la poda de cabezas y quien poco tiempo antes había declarado que la independencia era cosa del pasado, ahora dio vía libre y financiación a toda esa caterva que lleva preparando este proceso desde hace décadas. Así no le importó ni la fractura social, ni que la nave fuese capitaneada por las velas del odio que es la peor manera de conducir cualquier asunto. Cuando pasó el testigo a Puigdemont sabía que entregaba el volante a alguien que ha exhibido sin pudor su reducida capacidad intelectual, aún menor que la de Junqueras, ahí tienen sus currículos, pero que ejecutaría su cometido sin reflexionar, cualidad propia de todos los visionarios que en este mundo hayan sido.

¿El final de esta película? Releamos el final de El Gatopardo de Lampedusa, es necesario que todo cambie para que todo continúe igual. La primera oferta, desde luego, será que todo regrese al principio, esto es, que los fiscales miren hacia otros lados y que el gobierno español aplique uno de los primeros puntos de la ley de transitoriedad aprobada por el parlamento catalán, esto es, una amnistía encubierta para los casos de corrupción investigados al norte del Ebro. Discursos emotivos en los que se incidirá en que no es hora de reproches sino de restauración de heridas y de búsqueda del camino común. Pactos municipales que restauren a los que siempre han mandado en Cataluña y regreso de empresas. Igual que los romanos realizaban sacrificios a sus dioses, también en este final debe de haber ofrendas. Los de la CUP y sectores de los republicanos se lanzarán a las calles al modo batasuno. El gobierno catalán, protegidos sus intereses personales, no tiene más remedio que enviar a los mossos para que garanticen el orden en las calles. Botes de humo, palos, disturbios en catalán, muerte de algún anarquista italiano, y entrega de los sediciosos a la policía nacional o la guardia civil. Ya están hermanadas las policías de nuevo. De todos los secesionistas, el único tonto útil que puede acabar en la cárcel, además de los antisistema, será Trapero figura incómoda en cualquier escenario de negociación. La Forcadell tendrá que ser recluida en el convento del que escapó. Fin. Una película de Berlanga, el Nostradamus español. Las crisis tienen sus efectos positivos, ya los veremos. A partir de los próximos presupuestos Cataluña aportará menos a la caja común del Estado. Todo el proceso ha sido urdido por quienes odian la idea de una sociedad española, pero ha sido promovido por una burguesía que hizo del “España nos roba”, un mantra demoníaco. Perderemos Andalucía, Extremadura y Castilla. Los ricos quieren independizarse de sus pobres. Parlem.

Inmovilidad

25 Sep

La semana anterior celebramos el día de la movilidad en Málaga con un estupendo atasco en el Paseo España, antes Paseo de los curas, antes Paseo de los tristes, el viernes Paseo de los desesperados. La delegación de movilidad tuvo la genial idea de cortar el Parque para incitar a los malagueños a que cogieran el autobús. La parte del autobús, guay, pero la cadencia de los semáforos no fue modificada, con lo que se creó un embudo de asfalto, colmado por el tráfico que llega desde La Victoria, La Malagueta y toda Málaga Este, conductores en una ciudad que funciona regular cuando todas las calles están abiertas y que se encontraban a las siete y media de la mañana por allí porque sin duda querían ver el cubo del Pompidou. La principal característica de nuestros ediles, incluso de sus técnicos (que sin duda ese día no condujeron su vehículo), consiste en que no pasean, no pisan las calles, no sufren sus decisiones ni padecen sus medidas, casi parece que conocen la ciudad por el Google maps, por lo que contemplen al paso de sus vehículos o por lo que le cuenten en las juntas de distrito. La cosa es que celebramos el día de la movilidad mediante un acto de inmovilidad en una Málaga que jamás fue calculada como una urbe efectiva. A la elaboración de este disparate han contribuido todos los escalones de la Administración, desde la Unión Europea hasta los ministerios del ramo, desde el Consistorio hasta la Junta. Es muy difícil de justificar, por ejemplo, por qué no continuó el ferrocarril hasta Marbella, o por qué no fue conservado el trazado de aquel Matagallinas que unía Vélez con Málaga. Bueno, el pasado, es el pasado y a lo hecho, pecho, pero la Unión Europea ha diseñado un corredor ferroviario por el Mediterráneo y tampoco pasa por nuestra ciudad. Un futuro e imperfecto.

Nadie usa el coche por gusto, pero las alternativas son complicadas si uno no quiere añadir a las horas de trabajo un tiempo adicional con el transporte público. El metro es una bendición para quienes puedan amoldarse a este recorrido suyo al que podemos calificar aún como precoz, y del que no entiendo por qué no se continuó hasta el Parque Tecnológico cuyos trabajadores se comen un impresionante atasco a la ida y otro a la vuelta. Gracias al día de la inmovilidad, el viernes pudieron disfrutar de uno adicional en el mismo centro de Málaga. El transporte privado, en efecto, es propio de ciudades medianas tanto en tamaño como en espíritu. Las grandes urbes se caracterizan por la eficacia y comodidad horaria de su transporte público. Resulta irónico y hasta chusco que un ayuntamiento que no hace sus deberes participe del día de la movilidad. Cada mañana que puedo me dirijo hacia mi trabajo en bicicleta por el Paseo Antonio Machado y continúo hasta Sacaba. Cada mañana que cojo la bici pienso en nuestro alcalde y en el arquitecto (seguramente honorario) que trazó un carril de juguete para bicicletas. La que pudo haber sido una zona ideal para este tipo de transporte ha sido convertida en una inutilidad peligrosa por intereses especulativos inmobiliarios, con la connivencia de nuestro ayuntamiento. Los bloques construidos en primera línea de playa provocan que todo el paseo marítimo describa curvas en lugar de haber recortado la superficie de construcción. Esas mismas curvas han sido calcadas en el trazado de un carril en el que me he caído dos veces y un amigo, ciclista semiprofesional de mountainbike, otras dos. Los carriles bici de Málaga ya aparecieron calificados como uno de los peores de España en revistas para usuarios. Si vamos sumando los puntos a los que el metro no llega, las líneas de autobús con trazados exasperantes, los carriles bici que son aconsejables en Oxford, por ejemplo, pero no en Málaga a pesar del buen tiempo, si añadimos el corto recorrido y horarios del tren de cercanías hacia la costa, tal vez, sólo tal vez, nuestra delegada de movilidad pueda comprender por qué el uso del coche es aún una obligación para muchos malagueños, y por qué si quiere celebrar algo, debería de ser su cumpleaños y en su casa, en vez de cerrar una arteria de la ciudad, así a lo loco.

Pelotazos

18 Sep

Según indican los entendidos en esta materia, la cantidad de vivienda vacía en Málaga se agotará en pocos años. Habrá que recalificar nuevos terrenos, el método más rápido de dar el pelotazo, así en expresión popular más que gráfica. Nuestro equipo municipal ya ha demostrado que le encanta este tema de los pelotazos urbanísticos. No digo que nuestros concejales se estén lucrando de modo ilegal sino que nuestro equipo munícipe con Don Francisco a la cabeza ha promovido desde hace años la expansión de nuestra ciudad y, por tanto, los pelotazos que significan que a uno le pasen el terrenito rústico a urbanizable por esa magia de los birlibirloques urbanísticos. Habría que saber a quién pertenecen los territorios que lindan con la ciudad para que sepamos el nombre de los agraciados con esos premios gordos de la voluntad municipal. Que una ciudad sea grande no significa que sea una gran ciudad. Conozco urbes inmensas cómodas como un pueblecito gracias a los servicios públicos que articularon. He paseado ciudades extensas que significan sólo un látigo de distancias y penurias para sus habitantes. Y hacia ahí caminamos. Durante los años setenta Málaga creció como una adolescente desgarbada. La vivienda era una necesidad y arrancó la construcción de grandes barrios en los que ni se previeron aparcamientos, ni jardines, ni otros lujos; aún recuerdo cuándo se instaló la red de alcantarillado en mi barrio, Miraflores de los Ángeles, en los tiempos de Pedro Aparicio, si no recuerdo mal. Los niños nos apedreábamos desde una zanja a la otra, porque ese era el juego que tocaba en aquellos días. Hoy, recibimos las pedradas desde unos administradores de nuestro futuro que ignoran el interés general. Si alguien comprende, por ejemplo, por qué el metro no llega hasta el Parque Tecnológico que lo explique. También sería digno de estudio por qué se extendió la ciudad, con el consiguiente aumento del gasto colectivo, cuando el centro urbano aún está vacío y en partes incluso derruido como las calles de mi barrio cuando aquella miniguerra infantil.

La filosofía municipal parece resumirse en la frase aquella que expresaba que quien venga detrás que apenque. Cuando la extensión de una ciudad, Zaragoza, por ejemplo, llega en rima con crecimiento industrial, se genera un balance entre la inversión obligatoria en infraestructuras y los ingresos constantes y necesarios para abordar ese gasto como sucedió en Vitoria. Las expansiones más allá de las rondas implican para Málaga un mayor gasto. Consideremos, por poner algo, el combustible de los vehículos policiales y pensemos en el incremento de plantilla para que su eficacia no se vea reducida a causa de tener que atender un mayor territorio y más diseminado. La Junta se ve obligada a abrir nuevos centros escolares, mientras que otros están casi vacíos. Y si nos vamos a aspectos ecológicos, lo primero que se consigue con una ciudad extensa es el aumento en las emisiones de gases contaminantes. Volvemos a lo de siempre. Unos cuantos pegan el pelotazo para vivir en sus chalés con piscina al margen de los afanes populacheros, mientras otros veremos incrementada nuestra carga de impuestos para sostener unas calles muy mal planificadas, o muy bien planificadas si se mira desde el punto de vista de ciertos bolsillos. El centro se ha entregado a las manos de los especuladores turísticos y se ha dejado morir para que a nadie se le ocurra reivindicarlo como habitante de esas aceras. Nunca se expropiaron inmuebles abandonados ni se obligó a que se construyera en los solares. Ahí se urdió el pelotazo turístico que mete billetes para unos pocos, que apenas crea empleo y que justifica, de paso, que haya que construir viviendas cada vez más lejos lo que genera un nuevo pelotazo, mediante recalificación, y no me extrañaría nada que para los mismos nombres y apellidos que ya han obtenido el pelotazo con la usurpación del centro urbano a los malagueños. Esta es la planificación made in Francisco de la Torre y sus cuates.

Divinas palabras

11 Sep

Uno de mis primos es un hombre rural, feliz con sus animales y plantas. Me enseñó que destruir es muy fácil y construir muy complicado. Sabe de las dificultades para que el ganado prospere y del azar que planea sobre la planta que germina. Mi primo está pendiente de la vida. Yo me limito a ir al supermercado y compro una bandeja de filetes, el pan que nos regala el trigo y las frutas ya sin temporada. No me preocupo cuando derruyen un edificio en pocas horas y la maquinaria lo erige en pocos meses. No advierto los ciclos vitales y, por eso necesito que mi primo me los descubra con esa sabiduría elemental que, como el sentido común, es casi la primera que se olvida entre el ajetreo de los semáforos y el afán nuestro de cada jornada. En estos días hemos comprobado, con tristeza por parte de muchos ciudadanos, que un sector de nuestra sociedad ansía la ruptura con el resto. La independencia de Cataluña afecta al sentimiento entre otras cosas. Oí a Antonio Banderas en cierta entrevista que era como enterarse de que ya no eras válido para uno de tus amigos. A Cataluña se la quiere, y mucho, por más que ciertas voces pretendan dibujar una situación histórica de indiferencia e incluso de odio sobrevenido desde el resto de España a la que esbozan para oídos devotos de la ignorancia, como si fuera los Balcanes. Construir es muy complejo, destruir muy sencillo y rápido. Incluso incendiar los ánimos de una masa es bastante más fácil de lo que parece como bien saben los publicistas, los expertos en mercadotecnia, o los nazis. La sensatez y el pensamiento reposado exige dedicación, cultivo en el sentido de cultura, y miedo a dar los pasos equivocados, por más que el error sea una de las madres del éxito. Hoy tienen voz políticos y políticas que se expresan mediante lemas. El lema sirve para vender, es eficaz para clavar una idea tal como el que lanza un dardo a una diana, pero en nada se parece a la exposición de un concepto. Espanya ens roba, L’Espanya subsidiada vive de la Catalunya productiva y otras lindezas como esta han actuado como catalizadores de odio y abrevadero de la sinrazón para que nos encontremos en esta penosa tesitura que hoy padecemos.

Hubo un tiempo en que las misas y los grandes discursos se expresaban en latín, lengua considerada pura frente a la degeneración de sus idiomas derivados. El pueblo escuchaba, atendía pero no entendía. Acataba porque así lo había aprendido de sus mayores. Eran divinas palabras y servían para ordenar, justificar o consolar con el mismo vigor con que hoy actúan los lemas. Llegó la muerte de dios y dos guerras mundiales asolaron la conciencia del hombre europeo; el horror floreció en postmodernidad y una de las ramas de ese árbol fundamentó sus nudos en la duda perpetua y la puesta en tela de juicio de todo. Este aspecto, en principio tan positivo, derivó por otras ramas hacia un perroflautismo incendiario al que le encanta basar su ideología, más que sus ideas, sobre aquel lema del cuanto peor, mejor, pólvora para las pistolas de ETA, por ejemplo, y doctrinario actual de cuantos quieren asolar la convivencia de la sociedad española sin explicar tampoco qué quieren edificar y, sobre todo, recordando a mi primo, cómo, en cuánto tiempo y qué conseguiríamos con la destrucción de España. Ese cuestionamiento perpetuo del todo que no distingue partes ha virado hacia la intransigencia del no cuestionamiento de sí mismo. Califica al otro con el lema de pensamiento único en el momento en que no siga sus directrices, más que razones, y se queda tan pancho. España no es sus poco ejemplares monarcas, ni el gobierno del PP, ni Madrid; todo eso es cuestionable antes que propagar la quiebra a ciegas de un grupo humano con vínculos de todo tipo, también sentimentales. Necesitamos otras divinas palabras que expliquen, que desmientan y que unan. Mi primo asimiló la paciencia del árbol y descubrió que cada cosa tiene su tiempo. Esperemos las palabras divinas que conjuren los lemas de la destrucción. Por Catalunya.