REY-DE-REYES-VÉRTIGO-7

Monarquía

13 Ene

Franco desempeñó muy bien su oficio de dictador. Erradicó la cultura política de varias generaciones de españoles mediante métodos que han revelado una eficacia incontestable. En España aún se asocia la monarquía con un tipo de gobierno derechista, y la república con algo de izquierdas. Esas oscilaciones sociales a una u otra parte del arco político tienen que ver con factores muy diferentes a las propias instituciones en sí. Suecia u Holanda ejemplifican monarquías con unos servicios colectivos mucho más avanzados que los conseguidos por todas las repúblicas socialistas juntas en sus mejores momentos. Las repúblicas inspiradas en modelos presidencialistas, como Francia y los Estados Unidos, su copia, gozan o padecen monarcas casi absolutos con fecha de caducidad impresa en el mismo documento que les otorga el poder. Parecido a aquellos reyes godos que permanecían en el castillo hasta que alguien los mataba, bien mediante reto previo, bien mediante simple pedrada en toa la boca, unos hábitos tan democráticos como otros cualesquiera. Existen monarquías muy sólidas. Elvis sigue reinando después de muerto. Si nos referimos al glam, el soberano sería David Bowie. Incluso es longevo el mandato de Pérez Prado, rey del mambo. La familia real británica tiene prevista una duración superior a la de los reyes de la baraja y a la de la sota de bastos. No sólo se entregaron hace tiempo a las virtudes del gin-tonic, incluso sin el tonic ni el vaso, sino que han desarrollado la sana costumbre de transferir su trono con unicornio y león a los nietos, siempre más versados que los hijos en aspectos de corte y, sobre todo, de confección. Podemos revisar monarquías efímeras como aquella de Amadeo de Saboya que huyó de España, debido a las soeces rimas que el pueblo versificaba con su apellido. No es país para Saboyas, gimió. También existen repúblicas monárquicas como Corea del Norte, Cuba o esa que los Kennedy pretendieron inaugurar en Estados Unidos, con Marilyn Monroe en el papel de Ana Bolena.

La monarquía es una cuestión que debería de ser abordada por la Fiscalía de Menores. Un asunto de conciencia y casi un delito, esa privación de la infancia que se perpetra con los nacidos en palacio. Nadie puede extrañarse de que un adulto de la realeza abandone a su esposa para liarse con una señora mayor a la que confesaba que, por ejemplo, querría ser su tampón higiénico, o que las ideas mayestáticas de otro para hacer deporte sean o matar un elefante para la posteridad, o arrojarse escalones abajo cada ciertos meses. La corona implica para quien se atreva con ella iguales características que el uso del LSD. Uno sabe cuándo comienza el viaje pero nunca cuándo ni cómo acaba. Aquel Lorenzo Lamas, travestido por magia de la publicidad en el Rey de las Camas, quedó ya inhabilitado para actuar como cualquier personaje de Lope, Cocteau o Shakespeare, por mencionar a alguien. El reinado inutiliza al sujeto. Ya solo puede ser rey. Nada más patético que soportar a un ex-monarca en la barra de un bar de mala nota en mitad de la noche. He conocido a una zarina, y a dos Napoleón que se disputaron el cetro imperial a botellazos, hasta la llegada de las ambulancias. Un monarca puede dar vergüenza ajena pero no deja de ser un representante del Estado donde reina o reinó. Pablo Iglesias advirtió a la bancada derechista del error que supone la identificación de la Jefatura del Estado con una determinada idea de España. Una monarquía puede ser tan beneficiosa o perjudicial como una república; algo que Franco ocultó bajo la pólvora de sus tropas mercenarias. Un rey, o su padre, que acude con regularidad a los toros, que aún vincula Jefe de Estado e iglesia católica, que se marcha para exterminar animales en mitad de una crisis, que usa medios públicos para jincarse prostitutas con pedigrí, o negocia con colegas de mala nota internacional, ha dejado de percibir las sensibilidades de muchos sectores de la actual sociedad española. No sólo se condena a sí mismo al infierno por pecador, sino a una posible venérea y a la abdicación por méritos propios. Viva el Rey, pero que no viva tan lejos.

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