Vida mileurista

16 May

Según estadísticas, los sueldos en Málaga son un 15% inferiores a la media de España. Un alto índice de estacionalidad, de economía centrada en sectores productivos con baja cualificación profesional y de economía sumergida se han conjurado para conseguir que la provincia de Málaga se distinga como zona donde la remuneración es precaria, de supervivencia casi y quien tiene un trabajo soporta la desgracia de cobrar mil euros o menos en un país donde un billete de 50 se diluye en el bolsillo sin que uno sepa ni en qué lo ha gastado. Vivir es caro. Vivir con una cierta dignidad, por ejemplo con papel higiénico de dos sólidas capas, es carísimo y por más que una parte del bello mundo de la publicidad nos intente hacer creer lo contrario, se distinguen mucho los productos con marca reconocida de las marcas de súper y tengo comprobado que la fruta cara sabe mejor que la de segunda y creo que todos hemos comprobado alguna vez en nuestros dedos que no son iguales de dignos unos tipos de papel higiénico que otro. Al hilo de este discurso sobre los bajos salarios es muy fácil ganarse la simpatía del lector, indicando que los grandes directivos de empresas y banca cobran mucho. Un discurso fácil como ya digo, populista y en cierto modo por extendido, dañino. Woody Allen razonó en uno de sus aforismos que la existencia de un dios queda demostrada cuando alguien busca un fontanero en domingo. La baja remuneración resulta de una mezcla de varios elementos, pero sobre todo de la capacidad y posibilidad del trabajador para marcharse a un puesto mejor remunerado. Yo viví en carne propia esa experiencia mística de la que escribió Allen cuando, por un fallo en mi cerradura, tuve que llamar a un cerrajero de urgencia y en la noche del sábado al domingo. Años después aún se me aparece en sueños la factura y me despierto dando gritos. Aquel hombre me tenía en sus manos, yo siempre podría haber dicho que no pagaba aquella cifra y él se hubiera marchado tan contento seguro de que lo llamaría de nuevo, se haría rogar y tendría que abonarle el doble. Así de simple es la vida. Presiona el que puede y según las circunstancias.

El triste caso del cerrajero ilustra que los conocimientos son los que, en parte, dan al trabajador la clave o llave, nunca mejor dicho, para poder exigir un determinado nivel de ingresos. Si alguien invierte un montón de dinero en una empresa, lo hace para ganar más dinero y ese objetivo exige una determinada cualificación laboral que según casos y ocupaciones oscilará desde un máster en una prestigiosa universidad americana, hasta un curso de academia. La situación mileurista en Málaga se ha generado porque la mayoría de las empresas aquí radicadas necesita personal con poca cualificación y por tanto con poca capacidad de presión y por tanto con la mano puesta a ver cuánto le quieren dar. El FMI alertaba la semana anterior, plagada de alertas por cierto, de que España corre el riesgo de perder una generación de jóvenes ahogada en el paro. España es múltiple. No creo que esos datos se muestren tan terribles en el País Vasco, Cataluña o Valencia, lugares donde su larga tradición industrial ha llevado a la mayoría de la población a invertir en formación mucho más de lo que se hace aquí. Sus deseos de independencia no son más que un agobio de pobres. Esa generación de jóvenes no se ha perdido ahora, se perdió hace más de diez años cuando abandonaban los institutos para encaminarse hacia los ladrillos. Ahora, muchos aparecen de nuevo por los centros de enseñanza desorientados, envejecidos y con un muy complejo reciclaje personal y académico. Tampoco ayuda la rigidez del sistema educativo que continúa arrojando a las calles trabajadores cualificados, incluso desde los máster, para tareas con muy poca demanda. Aquí llega de nuevo la ley de la calle, como si ante mi puerta aquella fatídica noche se hubieran presentado doscientos cerrajeros. Yo, generoso, hubiera pagado unos cinco euritos, le habría garantizado mi eterna gratitud y no habríamos hecho factura. Quizás en un arrebato altruista por mi parte le habría dado un par de galletas de chocolate. Pero no. Se presentó uno y de él dependía, como debería ser la relación entre el contratado y el que contrata. Años después de aquella bonita frase del atrabiliario Aznar sobre que España iba bien, comprobamos que caminaba con paso decidido hacia un fracaso de Estado. No. España no iba bien.

2 respuestas a «Vida mileurista»

  1. Crecí en un barrio de la Costa del Sol. Mis vecinos eran jóvenes de pueblos del interior con hijos de mi edad. Analfabetos, a pesar de contar por aquellos entonces (en el 78, cuando yo tenía cuatro años)con tan sólo treinta años de edad.

    Cuando fui a la universidad mis vecinos no entendían porqué mis padres gastaban dinero para que estudiara mientras que sus hijos se hartaban de ganar dinero desde que dejaron la EGB a mitad para servir en hoteles o trabajar en la obra.

    Mi familia y yo creimos en la mentira que nos contaban, aquella de que si estudiabas y te formabas podrías tener un buen futuro.

    Ahora es el futuro, con 37 años contratos temporales y precarios, mucha formación y experiencia y sin dinero.

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