Una velita a las elecciones

22 May

Me río por encima del hombro cuando me paso de listo. Me parecía absurdo que se le pidieran buenos deseos al año nuevo (sobre todo en los muros de los perfiles de las redes sociales de mis amigos) por considerar que el peor día de resaca de mi almanaque no era un santo al que ponerle una velita, ni un genio maravilloso que te estuviese agradecido por darle brillo a su liberación. Las cosas que se piden con las voces interiores se piden a quien se tienen que pedir, o sea a quien corresponda de entre los magos sobrenaturales, a través de sus medallas y estampitas, que para eso están, y por estricto orden consuetudinario, o no se piden en serio. ¿Cómo que “le pido al nuevo año que me salga un trabajo”? ¡Eso es imposible! El año nuevo no es milagroso, no. Incluso un almax hace milagros si tienes ardores pero un año nuevo, no, de verdad que no, nunca. Así que cuando leía las solicitudes microeconómicas que se enviaban al oráculo de facebook, dependiendo de quién las hiciera, o me indignaba por la soberana tontería o me lo tomaba a chufla, con regodeo de meme. Pero lo peor de saber más que nadie siempre es la estricta soledad que te genera ser un enterao. Reconozco que es mucha más divertido bajarse de la atalaya de la certeza ciega y rogarle, mejor dicho, pedirle -feo es pedir pero peor es rogar- a las elecciones municipales que te concedan tus deseos.

A las elecciones municipales les pido (qué sensación tan estupenda), en primer lugar, que se reestructure y se modere la política cultural de la ciudad para que no se pierda totalmente la gran inversión en humo que se ha realizado en los últimos años. Museos para mirones en una ciudad sin mirones interesados es como pedirle al nuevo año que surjan amantes del arte por generación espontánea que justifiquen tal despilfarro. Si en vez de contenedores de cuadros hubiésemos abierto contenedores de focas, nos quedarían las focas. En vez de eso, tendremos gemas invisibles y edificios que regalar a las cofradías en cuanto alguien con el mínimo conocimiento grite lo de sálvese quien pueda, segundos antes de que todos huyan espantados.

Corregido el mal camino cultureta, lo siguiente que le pediría a las santas elecciones municipales sería que en la próxima legislatura se hiciese una planificación turística adecuada que intentase corregir los perjuicios que el constante incremento de visitantes causa en la población local. La absoluta falta de previsión siempre ha pillado a contrapié al último gobierno de la ciudad. No se puede consentir un incremento del 40% en el precio del alquiler de la vivienda en la capital. Pero ocurre. A lo molesto persistente, siempre acabas acostumbrándote.

Puestos a pedirle a la magia de las elecciones, también me gustaría que mejorase la limpieza de la ciudad, claro. Y si no nos echaran la culpa por mancharla, ni a nosotros ni a los árboles, mejor. Si no hay que darle un dineral a las empresas privadas asegurándole beneficios cada año, mejor que mejor. Y si en vez de 50 calles, se baldean 500 diarias, saltos de alegría. Mi calle barriobajera limpita todos los días, por el canon de un museo, ¿hace?

Con esas tres cositas, sólo me quedaría pedirle a las municipales que acabasen las obras del metro pronto, que se protegiese nuestro patrimonio arquitectónico e histórico mejor que hasta ahora y no hubiese ninguna Villa Maya más borrada de ningún mapa y, para acabar, que me tocase la lotería.

Aunque con un buen gobierno, a todos nos tocaría.

Generación espontánea

15 May

Disculpen que no traiga hoy un tema de actualidad, y mira que no faltan temas golosos, desde el socorrido tobogán de Estepona hasta la última guerra comercial emprendida por Donald Trump contra China, que seguro que lloverá sobre todos. Pero llevo toda la semana yendo de Nietzsche a Descartes, pasando por Platón, para ayudar a una sobrina adolescente a preparar su examen final de Filosofía. El primer trabajo titánico ha sido convencerla de que aquellos señores filósofos no vinieron al mundo para fastidiarla a ella varios siglos después, y el segundo, tratar de encontrar en unos apuntes bajados tal cual desde alguna página web por un enseñante desganado, a filósofos que en su día lograron sacarme de pensamientos eróticos, sentimentales, futbolísticos o pecuniarios de los diecisiete para enredarme placenteramente en sus razonamientos.

Dado que hoy los libros de texto son tan sumarios que se comen los argumentos, hizo falta emprender una búsqueda en el mismo sitio al que acudió el profesor, la Red, donde está todo, para encontrar algún material capaz de vencer la resistencia de mi sobrina, que es de Ciencias, repite, y mejor para ella, porque Youtube está plagado de tutoriales para resolver problemas de Trigonometría. Ahí tienen la Khan Academy, cuyo fundador, Salman Khan, empezó como servidor, enseñando mates a una prima de otra ciudad a través de Internet y hoy tiene sesenta millones de alumnos en todo el mundo y un Premio Reina Sofía. Y sus materiales son gratuitos, pero, ay, omiten las humanidades. Para la Filosofía, en español, siempre nos quedan los argentinos. Menos mal, porque al final logré salvar la papeleta y creo que las horas empleadas podrán dar para el aprobado y para haber pasado un rato juntos devorando píldoras audiovisuales de siete minutos para asimilar conceptos abstractos que luego había que llevar a su vida cotidiana para que dijera ¡Claro!, abriendo mucho los ojos.

Llevar al terreno de los estudiantes la educación es uno de los grandes retos de las políticas públicas. Traducir conceptos y materias a su lenguaje. En mi época leíamos porque había uno o dos canales de televisión y mucho de lo más interesante estaba solo en papel, fueran libros sin dibujos, cómics o fanzines. Hoy algunos de mis amigos con hijos minusvaloran la forma en que se relacionan virtualmente. Cómo se pueden mantener conversaciones, relaciones amistosas, a través de un chat, se preguntan horrorizados. Y sin embargo he visto a algunos henchidos de orgullo porque su niña, viendo una serie de Manga en la Tablet, ha empezado a chapurrear japonés ella sola, o me he admirado de leer en la prensa que un chaval de La Línea de la Concepción de 16 años, Julián Fernández, ha fabricado en su casa, con un coste de 1.000 euros, el tercer satélite más pequeño del mundo, con la intención de llevar Internet a zonas rurales adonde aún no llega.

Es cosa de la edad no entender a los jóvenes. Mi bisabuela, con la que cada vez me identifico más, decía que divorciarte de ellos es el primer síntoma de que estás viejo, y el periodista polaco Ryszard Kapuscinski decía que oponerse a la juventud es una batalla perdida, porque de ella es el futuro. De nuevo menos mal, y en cuanto a nosotros, más bien podríamos preocuparnos de lo que les legamos. ¿Mal uso de las redes sociales? Si un marciano se asomara a Instagram, como testimonio de gente supuestamente culta y adulta encontraría sobre todo platos de comida, copas de vino, en el mejor de los casos atardeceres o paisajes del último viaje. ¿Poco seso? El último grito en la campaña para las próximas elecciones municipales, europeas y autonómicas es colgar vídeos del candidato o candidata de turno atacando bailes regionales o tomando una copita en la Feria de su pueblo. ¿Filosofía? Se me escapó el ejemplo para ilustrar el nihilismo, escojan cualquiera de los propuestos. Esas decenas de miles de muchachos y muchachas que han tomado la calle en todo el mundo liderados por Greta Thunberg, una estudiante sueca de 16 años, para exigir que cuidemos el planeta, o en una escala local, el recién creado grupo ‘@shhhmalaga’, lanzado por estudiantes de la UMA para pedir que se respete el descanso de los vecinos y vecinas del centro en las noches de marcha, en realidad son como las flores que crecen entre las piedras, sin que nadie las riegue.

Ronda de ingobernabilidades

8 May

Ayer concluyó la primera “ronda de contactos para la gobernabilidad”, que es el nombre que el Presidente en funciones, Pedro Sánchez, y su equipo de asesores del PSOE amigo se inventaron para estas citas fronterizas, en medio de las trincheras de la tregua, justo entre unas elecciones y otras, con los líderes de los principales partidos de la oposición. Esta ronda de “contactos para la gobernabilidad” no pretendía, en ningún caso, tender lazos para facilitar el gobierno de nadie sino, en palabras sencillas propias de Ábalos, evidenciar que las “derechas” sólo están para “obstruir”.

Dos cosas llaman poderosamente la atención de esta aseveración que hizo Don Curro, el ministro responsable de los asuntos mundanos, de confianza y demás hilos directos con el jefazo, previa a las reuniones: primero, que los adalides del “no es no” consideren ahora obstrucción que les paguen con la misma moneda que ellos blandieron no hace tanto como un acto heroico. El PSOE barón dandy, el de la derechita acomodada cobarde, se abstuvo en el Congreso, vale, pero el ¿nuevo? PSOE de ahora presume del nanay por bandera. El viejo nuevo PSOE es ese mismito de los progres olorosos que tanto gustan en VOX, es el de la vaca que ríe la última, y el que pone en latín rotundo ¡que no! en su nuevo escudo de armas purista, justo debajo del Ave Fénix. Por tanto, atendiendo al discurso del Braveheart patrio, el de Sánchez el renacido, no se entiende la crítica de Ábalos. No se entiende el mal lugar en el que se pretendía dejar a Casado o Rivera cuando negaron con la cabeza desde la ventosa del cristal trasero del coche del primo de Rajoy, ni por razones de estado ni por gaitas, por más escocesamente que sonasen.

Y, claro, lo segundo que choca en este planteamiento de reuniones de ingobernabilidad, es que se confiese el propósito de dejar en evidencia a la derecha y se convoque también a las de Unidas Podemos. ¿Para qué? Para desgobernar, seguro, pero para desgobernar seguro, ¿cómo? ¿Cómo se desgobierna poniendo en evidencia a la izquierda como si fuera el “no es no” de la derechita valiente? Tal vez esperando un ultimátum, un todo o nada, un conmigo o contra mí. Si fuera eso, o son demasiado listos para que nos percatemos de la jugada, o les ha salido algo mal.

No se ha citado a la ultraderecha. Lo raro hubiese sido que sí. Tampoco a los nacionalistas. Tampoco a los nacionalistas porque dentro de tres días se inicia oficialmente la nueva campaña. Elecciones para todo. Para todo lo que queda por resolver. Y en la estrategia del PSOE no es bueno apresurarse. Con los resultados en la mano, a partir del 27 de mayo, se producirá la segunda ronda de contactos. Esta sí verdadera. Esta sí de gobernabilidad. Con municipios, Diputaciones Provinciales y Comunidades Autónomas sobre la mesa. Y en esta ocasión sí se citará a los nacionalistas. Sin ninguna duda. Porque el nuevo viejo PSOE apostará por el Estado plurinacional, en plurinaciolandia sobre todo, como a los nacionalistas les gusta. Podrán decir también los del PNV que los de Sánchez son un poquito liberales, como a ellos les gusta. Y podrán llegar a acuerdos programáticos, claro. Aunque afloje antes el no es no de Rivera, que podrá reconsiderar al PSOE tan constitucionalista y moderado como son ellos. Porque Ciudadanos y PSOE podrían pactar donde hiciese falta. Aún en ese caso probable, también podríán llegar a acuerdos con Podemos, porque el nuevo viejo PSOE de Sánchez, también puede considerarse de izquierdas por quien necesite considerarlo de izquierdas.

Cuestiones de gobernabilidad.

No somos Trabajadores

1 May

Hoy será todo el día entero, de los Trabajadores. La que se preveía que sería la celebración trabajadora más mustia de la democracia, se ha tornado en esta otra que, suponemos, será hoy mucho más vigorizante y reivindicativa, al menos para los que nos atreveremos a salir del armario desde la puerta de la izquierdita cobarde, con verdadero alivio y renovadas esperanzas en el ser humano que, a fin de cuentas, ha demostrado ser menos lobo para el hombre cuando toca, que lo que nos contaba Caperucita en su cuento rural de cazadores abrebarrigas contra progres -¿roja?, ¿Caperucita era roja?-.

Que, al final, este día no será para tanto, seguro. Porque si le restamos al porcentaje de alegría electoral, la proporción de los que no queremos saber nada de la parte trabajadora de los trabajadores sindicados, nos queda muy poca internacional socialista que cantar en las manifestaciones del 1º de mayo. Está claro que no. Ya no aspiramos a ser trabajadores con más derechos en esta revolución postindustrial ni entre los más pobres de los nuevos pobres que nos trajo la crisis esta que no soltamos, como si fuese un maldito resfriado sino, sencillamente, trabajadores con futuro. Erróneamente ofrecemos al mejor postor derechos por futuro, como ocurrió a finales de los años 20 en Alemania o Italia. Cambiamos, a la desesperada, justicia por promesas de estabilidad, lo hacemos todos y cada uno de los que renunciamos a identificarnos con los trabajadores incansables que luchan por mejorar nuestras condiciones laborales. Ya lo señaló Martin Niemóller: “primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada, porque yo no era judío. Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.”

Los que no queremos ser para siempre nuevos trabajadores pobres no asumimos que lo somos y preferimos mirar hacia otro lado, silbando sin acritud, como si no fuese con nosotros la cosa, para que no se nos pegue la mugre del paupérrimo. Somos empleados precarios de las reformas laborales salvadoras de la patria que no conseguimos soltar el lastre de la incertidumbre que nos acompaña durante más de una década, probablemente porque seamos sufridores necesarios para cuadrar las cuentas, somos seres recortados imprescindibles para la supervivencia de las instituciones, somos la antigua clase media abundante que ha descendido a segunda división pero se niega a reconocerlo y no se presenta a los partidos. Somos tantos, capaces de tanto sobresfuerzo sin contraprestaciones para que no se nos confunda con los de más abajo, que vivimos sin aliento ni conciencia. Observamos como la economía despega olvidándose de nosotros, pero con la esperanza, aún viva, de que alguien, alguna vez, desde algún sitio -sacrosanto ultrapatriótico tal vez- venga a rescatarnos a esta isla del Pocopacífico en la que malvivimos millones de rezagados.

Por eso no nos consideramos Trabajadores. Porque no conviene derrumbarse. Preferimos ser clase media trabajadora. Y mejor aún clase media a secas. Por eso no queremos defender nuestros derechos sino los de las clases más altas, porque soñamos con alcanzarlos, incluso sentimos que ya los hemos alcanzado y que estamos ahí arriba, junto a los pudientes, sólo a falta de su dinero. Sólo a falta de su futuro.

Ya no hay clase trabajadora porque nadie quiere formar parte de ella. Y los que salgamos a manifestarnos nos consideraremos trabajadores por cuenta ajena, o antiguos trabajadores, o parados, o… pero no Trabajadores, quita, quita.

Me confieso indeciso.

24 Abr

Me perdí el debate del lunes porque a mi mejor amigo se le ocurrió cumplir años y celebrarlo con la inoportunidad que le caracteriza. Me hace feliz cuando le da la gana, como si yo no tuviese otras cosas más importantes con las que padecer. Él es así y yo de la otra manera. Pero no iba a hablarles de José Luis González Vera, sino del debate que no vi por su culpa. No hay nada mejor que no ver un debate por la culpa de otro, para imaginarlo estupendo. Aunque los debates son la pera limonera sólo en dos casos muy señalados: o bien cuando se añejan en la memoria, por el cariño y la nostalgia que le ponemos a las cosas del coleccionismo vital, comenzando por la propia juventud ya liofilizada, o bien cuando te los pierdes obligado, por tener que acudir a una fiesta depravada, con hondo pesar. Tendré que hablarles de aquellos debates de la parte chapada de mí, ay, qué recuerdos, porque con la depravada a la que me someten mis compromisos, no les quiero aburrir.

Felipe está ahí presente, claro, brillante. Qué monstruo era Felipe. Qué debates y qué labios tenía. Oye, hay que ver cuántos inocentes lo escuchábamos atentos, embelesados, leporinos. En mi casa éramos todos uno y así, incluyendo canapés y coca cola de fiesta porque íbamos a disfrutar del partido, contra cualquiera de sus sparring. Qué gancho natural. Que, hasta guapo era entonces, en serio. Se le podría gritar perfectamente, como a una virgen en procesión, ¡guapo!, y si no externalizábamos tal impulso era por pudor, ese mismo que nos atormenta a los cobardes. Felipe González era -es- un artista. El adalid de mi vida política en súper ocho, ¿qué digo en super 8?, ¡en súper 10! Pero acabó en un museo de cera entre Zandi y un ministro del Chad. Eso le quita mérito a cualquier fiesta.

Repasando la prensa de ayer, concluyo que quizá no me lo perdí del todo. Me refiero al debate del lunes. Puede que me lo empatase. Ese mismo que iba a ser muy importante porque somos indecisos, a lo mejor no me metió un gol ni de penalti, ni a puerta vacía. Eso es cero a cero. Me temo que seguimos los mismos indecisos del PSOE, que votaremos al PSOE, los mismos de Podemos, que votaremos a Podemos, los indecisos de Ciudadanos, que votaremos a Ciudadanos y los del PP, que votaremos al PP o a Vox, como se lo han ganado a pulso. Además están los batasunos, los independentistas y todos esos frankenstein de Casado que tendrán el voto asegurado, también, de sus muy fieles indecisos.

Por curiosidad, hoy revisé en varios periódicos digitales sus encuestas, para ver quién había ganado el debate, con el objetivo de averiguar a quién se recordaría como a González si es que a alguno de ellos, de aquí a unos años, eximidos de tal trance Aznar, Zapatero o Rajoy. Pero las respuestas en los medios de comunicación de derechas señalaban todas la victoria de Rivera y las cabeceras de izquierda, todas, la victoria de Iglesias. Qué falsos indecisos somos. Creo que ninguna dejaba en buen lugar ni a Sánchez ni a Casado, precisamente los dos que se disputarán, a fin de cuentas, la formación del próximo gobierno, por más sorpresas y sobresaltos que acontezcan.

El de ayer, martes, el definitivo debate de los definitivos, que influirá en el voto decisivo de los millones de indecisos perdidos, no se ha producido a esta hora que les escribo. Pero me da que como indeciso practicante que soy, reafirmará mi voto indeciso orgulloso. Pes ya preveo a quién irá al final, por mas que remolonee e intente convencerme de que albergo dudas. Al mismito que sospechaba desde el principio, a ese terminaré votando, por descarte. De hecho, sin haber visto el debate del lunes, confieso que en cada página que entraba a fisgar sobre los resultados de las encuestas, votaba al candidato que prefiero con profunda indecisión, como hacemos todos, por más indecisos puros que nos consideremos. El debate de esta noche, no me lo perdería por nada. Si no fuese por el fútbol.