Los mejores.

24 Jul

Ser el mejor en Málaga no es difícil. No precisamente porque el nivel de la media sea bajo sino porque se concede el honor de serlo con muy pocos méritos. Recuerdo que cuando regresé de emigrado a ésta, mi ciudad, hace más de veinte años, obtuve mi primer reinado por un día, y como en otras tantas ocasiones posteriores, por cuestiones del azar. Como era joven, guapo y deportista –cualidades que aún conservo en gran medida-, me dedicaba a aplacar mi rebeldía juvenil jugando al fútbol en un campo de balonmano durante los recreos del instituto. En aquella ocasión, la fortuna hizo que un balonazo perdido rebotara en mi cara inocente y acabase dentro de la portería contraria. Me convertí en el mejor entre las risas de mis compañeros sin nariz partida. Había valido la pena. La sensación de que se te otorgue esa distinción de inmejorable en el idioma malagueño, te llena de orgullo aunque te suene a chufla. Sólo se siente algo parecido cuando invitas a una ronda en el bar de abajo y los amigos te lo agradecen con el mismo premio: Gaby, eres el mejor.
Nuestra idiosincrasia de perdedores nos lleva a un tipo de emotividades extrañas. Supongo que la culpa fue de la filoxera. Así que nos mostramos orgullosos ante el mundo y sacamos pecho lo que haga falta en cualquier circunstancia incluso desaconsejable. Nos inventamos la mejor feria del Sur de Europa, el mejor Sillicon Valley en nuestro parque tecnológico, el mejor museo picasiano del mundo o lo que haga falta sin temor a la inmodestia, acostumbrados como estamos a no pecar de soberbia por la sabiduría de nuestra experiencia, la misma que nos dice, que para mañana, nadie se acordará de la gran tontería que ha calmado, hasta la próxima, nuestra infinita vanidad.
Ahora hay otra de estas: “Málaga será centro mundial del diseño universal”. Ya puestos, lo que no entiendo es que no se diga que vamos a ser el centro interplanetario del diseño universal, que es lo mismo, pero parece aún más grande.
En este caso, será cierto. Como en el de mi balonazo. Yo metí gol, que es lo que cuenta. Y sí, Málaga meterá el suyo, convirtiéndose en el centro de atención mundial en cuanto al diseño universal se refiere, al menos durante el congreso que se celebrará del 30 de septiembre al 2 de octubre próximos en el Palacio de Ferias y Congresos, también el mejor del mundo de nuestra ciudad. Y si somos los mejores, bueno ¿y qué? Aunque, si nada cambia, a partir del 3 de octubre, ya no. Como siempre.
Aseguraron en la presentación llevada a cabo entre el alcalde, el director general de Accesibilidad Universal de la ONCE, Jesús Hernández y el concejal de Accesibilidad Universal de nuestro Ayuntamiento, Raúl López, que vendrá un centenar de expertos para debatir sobre arquitectura, construcción, mobiliario urbano, diseño industrial y urbano, automóviles, telefonía, informática, seguridad, comunicación, nuevas tecnologías, turismo, ocio, cultura, educación, empleo, salud o bienestar, tanto dentro del programa de conferencias y mesas redondas como en la zona expositiva. 300.000 euros de presupuesto y la presidencia de la Reina Doña Sofía. Ya te digo, los mejores.
Pero dicen que Raúl López es un cabezón. ¿Y si le dejaran trabajar para que intentase que en vez de los mejores del 30 al 2, fuésemos un referente importante a partir del 3 de octubre?
Voy a invitarme a unas cañas.

Pobres y paupérrimos.

17 Jul

El Instituto Municipal de la Vivienda aplazará parte del pago en sus viviendas de alquiler a las familias que considere con especiales dificultades económicas como para poder soportar la mensualidad. La medida estaba prevista que fuese aprobada el mes pasado, cuando el concejal de Vivienda, Diego Maldonado, señaló que sólo se llevaría a cabo cuando quedase demostrado documentalmente que se tratara de familias que pasaran por graves apuros económicos. Y yo aquí me hago un lío. Suponía que para acceder a estos ventajosos alquileres municipales, habría que pasar por ciertos apuros económicos. Todos pobres pero algunos más que otros, digo yo que será la cuestión a discernir. La categoría de paupérrimo ahora podrá certificarse, creo, de algún modo, mediante documento público acreditativo. Quizá inscribirse en un registro municipal de pobreza, no sé.
El asunto es que ha pasado un mes, y el benevolente Ayuntamiento de nuestra ciudad ha anunciado esta medida paliativa para los muy pobres como una realidad y aunque los datos que se manejan no se han concretado, se cotejan reducciones en torno a un 30% de la mensualidad. Los responsables municipales prevén que un 5% de las dos mil familias acogidas a su plan de arrendamiento puedan beneficiarse de esta flexibilización en el pago. O sea, de los dos mil pobres y sus familias, sólo unos cien y sus congéneres, podrán acogerse al salvavidas municipal, si las previsiones del IMV son certeras, que debieran, pues para eso tienen a ochenta técnicos contratados.
Estamos hablando de dos mil familias que pagan entre 175 y 300 euros de alquiler mensual a nuestro Consistorio. Cuesta imaginarse por lo que estarán pasando. Pero si no pueden con 300 euros, ¿podrán con 210? Lo peor no es que la reducción no sea suficiente para que la sociedad del bienestar se asome a la ventana prestada de los paupérrimos con documento acreditativo, sino que en realidad, no se trata de una reducción en el pago del alquiler, sino de un aplazamiento. Es decir, a los que han llegado a esa vivienda por falta de medios y que transcurrido un tiempo, ni siquiera pueden afrontar ese pago mensual privilegiado, se les empeña para que, a corto o medio plazo, satisfagan la deuda con el municipio. ¿Cómo?
La única solución pasaría por rebajar definitivamente la cuota, es de Perogrullo. Esa sí sería una medida social pero, para recuperar ciento cincuenta mil euros al mes, que sería el coste, o la policía local debería de poner muchas multas o tendría que rebajarse a la mitad la extensísima plantilla del Instituto Municipal de la Vivienda.
Por otra parte, el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, denunció el pasado mes de abril que el Instituto Municipal de la Vivienda de Málaga exigía como requisito para la adjudicación de una vivienda para jóvenes con cargo al Plan Andaluz de la Vivienda y Suelo 2005-2008, tener unos ingresos mínimos ponderados familiares anuales superiores a 6.000 euros, sin que existiera ninguna normativa de exclusión que así lo impusiera. Esto quiere decir que los hay más pobres. En el caso de estos jóvenes que no pueden optar a su vivienda, tanto, que ni derecho a certificado de pobreza les queda.
Para que te den una vivienda social en Málaga tienes que ser pobre pero menos, con certificado. Y si a ese mínimo no llegas, te rebelas o te aguantas.

Los contratos definidos

9 Jul

Leo en La Opinión de Málaga que el 93,4% de los jóvenes malagueños que trabajan lo hacen con un contrato temporal. No he podido evitar echarme las manos a la cabeza. A mí me pasa que siempre que veo porcentajes de esa magnitud, me asusto. Yo creo que más del noventa por ciento en cualquier cosa conlleva cohecho o prevaricación, aunque sea impersonal. Si un equipo de fútbol alcanzase esa posesión de balón en un partido, sospecharía de tongo, como me ocurriría con la pantomima de elecciones libres en cualquier dictadura bananera amiga de Occidente si consiguiese tales resultados. El 93% es mucho siempre. Incluso el 93% de nada, la engorda muchísimo. Sería una nada enorme.
Yo soy amante de la Ley de los Grandes Números, único concepto económico con el que comulgué en mi etapa de estudiante y que aún recuerdo, que sostiene que los extremos se anulan unos con otros, para tender a las zonas centrales de las curvas. Este concepto erótico me sirvió para dejar a un lado las extremidades en ciertas relaciones de mi adolescencia, absolutamente fallidas, y para pretender encontrarle algún equilibrio a los datos científicos en cualquier estadística, sin conseguirlo tampoco.
En este caso, hay poco que analizar. Si más del 93% de los jóvenes que trabajan tienen contrato temporal, significa que a penas un 6%, lo tienen indefinido. Me quito, al fin, las manos de la cabeza, curado de espanto. Sobre todo porque estos datos que señaló ayer el secretario general de CCOO de Málaga, Antonio Herrera, se refieren a menores de 25 años.
Será por lo poco aficionado que soy al trabajo, o porque intento encontrar el lado positivo de las cosas, pero no sé si me preocupa más el joven temporero que pone cañas para pagarse los estudios durante dos meses de contrato precario o aquel otro que con 22 ó 23 años ya ha encontrado el trabajo precario indefinido de su vida indefinida, que se la ´arreglará´ durante los próximos cuarenta de existencia, hasta que se jubile. Cuántos de ese 6% serán afortunados de haber encontrado un buen trabajo no lo sé, pero lo supongo.
En España existe un grave problema con la temporalidad en los contratos laborales. Algunos, sin atreverse a decirlo, abogan por abaratar aún más el despido, cosa que ni entiendo ni comparto, pues el finiquito está de rebajas desde hace más de una década. La problemática empresarial radica en la inseguridad en la producción y no en la carestía del despido. Lo que preocupa a la empresa es la rentabilidad y lo que la atenaza, la posibilidad de que la crisis disminuya la demanda y le sobren empleados en el futuro. Si la empresa actual no contrata indefinidamente es porque no sabe qué le deparará el medio o largo plazo.
Tampoco lo saben los jóvenes que se enfrentan sin experiencia al duro mercado laboral. Pero, sinceramente, que en un 93% de los casos se encuentren con contratos temporales, siendo grave, no lo es tanto como que a los 40, la temporalidad alcance el 25%. La tasa nacional es la más elevada dentro del ámbito comunitario y afecta a un 30% de los empleos de baja calificación frente al 17% de media en la Europa de los 25. España necesita una reforma laboral que no base sus pilares en medidas inocuas como la de abaratar el despido.

El bolardo pilón

3 Jul

No me lo imagino, no. Un bulevar en Málaga. Como en Montmartre, como en Hollywood… Si las avenidas peatonales de los laterales son tan amplias como las de circulación se podrán llenar de terracitas y transformarse en bule-bar. Muy malagueño; festibar, bulebar, carnabar… El Ayuntamiento y la Junta se han puesto de acuerdo para cofinanciar nuestra gran avenida del futuro. Qué bonita va a quedar mi carretera de Cádiz, tan fea la pobre desde que me recuerdo. Ya no seré tan de barrio obrero, viviré junto a un bulevar. Perdón, el Bulevar. Incluso podré olvidarme de decir que soy de Huelin si quiero -que no- porque sin moverme de mi casa, estaré trasladando mi residencia a esa zona comprendida entre la Estación y el Bulevar, a cinco minutos de la playa en chanclas, que todavía no existe, flotante, a varias alturas por tanto bombardeo de obras. Pero pronto, tendré que elegir un nuevo vestuario para pasear por mi nuevo casi no barrio. Aunque, dicen que el proyecto de peatonalizar mi carretera de Cádiz, que yo tanto quería, se ha convertido en un híbrido. Hoy, haciendo la compra, se lo he intentado explicar a la cajera del super. A ella, eso del híbrido, no le convencía demasiado. Decía que le sonaba a gusano rancio. Ciertamente a mí tampoco.

La propuesta de la Junta de anular por completo la circulación de vehículos, se ha topado con la realidad del Ayuntamiento, que tiene que apechugar con el día a día y prevé tráfico. Dice el Consistorio que apostará por reducir la densidad de tráfico y yo no sé qué significa eso en términos de gobierno. Aunque me lo imagino. La Consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, ha destacado la voluntad de la consejería de dar una respuesta positiva a esta necesidad de los vecinos “porque nos importa mucho que estas barriadas sepan que ponemos su calidad de vida en primer lugar”. No sé si De la Torre estará de acuerdo con ella ni si la cree más que yo. Con un mínimo de fe me gana. No obstante, a él, como mucho, le importará la calidad de vida de las barriadas en segundo lugar, porque la peatonalización se la ha llevado al Centro. Como es lógico. Que uno, de barrio, se lamenta, pero comprende que hay zonas de primera y de segunda en la ciudad. Lo malo es cuando también las hay de tercera o de regional sin preferencia, como en la nuestra, palmo más o palma menos.

Al final, los bolardos pilones se los llevan al Centro. Ya. Desde el día 29 de junio, la gente puede pasear y los conductores autorizados preguntarse si esos bichos mecánicos le agujerearán los bajos del coche. Qué suerte. Un Centro de bicicletas y paseantes al sol de la mañana, con un libro bajo el brazo y el rumor de la brisa marina. Parados pero felices y finos. Qué europeos. Qué turísticos. Podían trasladar el Campus Universitario al Centro y hacer más elegante el paseo con un hilo musical de música clásica.

Pero hay una pega en la ciudad del paraíso. Nosotros, los de barrio. Que también vamos al Centro. Algunos con el perro. Otros, sin camisa. Muchos, con el cordón de oro puesto. La mayoría en moto con muchos caballos. Ninguno con apellido histórico de Málaga. Hablamos muy fuerte y hacemos mucho ruido. Malagueños consuetudinarios y devotos de nuestra condición marginal, impuesta desde que fuimos industriales hace algún siglo y que nos hemos acostumbrado a vivir al otro lado del río. La Málaga burguesa sigue siendo muy pequeñita. Ojalá que llegase a la Carretera de Cádiz. Pero eso, depende de la élite añeja. Quizá el siglo que viene.

Málaga Cinema

25 Jun

Se está llevando a cabo en nuestra ciudad una novedosa muestra cinematográfica, que con el título de Málaga Cinema pretende ampliar el abanico cultural malagueño.
Se anuncia como una “muestra de cine global”, lo que es de agradecer, habida cuenta de la moda que impera en los certámenes nacionales de especificar hasta los límites más insospechados su ámbito, ya sea por estilos, duraciones, temáticas, nacionalidades o presupuestos. Ahora no es difícil de encontrar muestras audiovisuales en las que los requisitos de participación se convierten casi en un listado de deméritos, entre los que se llega a exigir que la producción sea de un coste inferior al que exige el mínimo de calidad. Hay festivales para todos los disgustos, desde los que se empeñan en que salga el mar, que haya alguna relación homosexual en la trama, o que los protagonistas beban un vino de la zona.
El cine es global. Nadie hace una película por ser mujer menor de 25 años con poco presupuesto y nacida en Sudáfrica y si tiene la suerte o desgracia de que la dejen participar en un festival por tales cualificaciones artísticas, será muy probable que se encuentre en un certamen con muy pocos voluntarios para visionar las cintas en la preselección. Esta suele ser la única razón de lo específico en los festivales de cine. Las pocas ganas, presupuesto o tiempo del que dispone un concurso de poca monta para analizar la ingente cantidad de trabajos audiovisuales que pueda llegar a recibir. Si los requisitos de participación se endurecen hasta conseguir que sólo diez o doce películas sean aptas, el concejal de cultura del pueblo se pone la medalla sin tanto esfuerzo del profesor de literatura del instituto, cinéfilo entendido y portavoz del jurado.
Málaga Cinema era necesario. Este proyecto del área de Cultura de la Diputación sirve a la ciudad como vara de medida de lo que es el cine en realidad. Algo que poco tiene que ver con las grandes alfombras rojas y el glamour de otros festivales –igual de necesarios– que suceden en nuestra propia ciudad. Lo uno sin lo otro es falsear la realidad de una industria agonizante que exige que el espectáculo continúe.
El acierto de Málaga Cinema señala a un gran culpable: Juan Antonio Vigar, director del Área de Cultura de la Diputación. Un amante del cine que abre las puertas de Málaga a producciones como las del iraní Bahman Ghobadi –´Las tortugas también vuelan´– sobre la relación de los niños refugiados kurdos con las minas antipersonales o la del austriaco Wagenhofer sobre la escasez de la abundancia –´Nosotros alimentamos el mundo´–, con la inteligencia de dotar de contenido al Certamen de Cortometrajes de la Diputación que tras 8 ediciones naufragaba en la soberbia de considerar su única virtud la mayor cuantía de sus premios. En el primer certamen, el jurado lo conformaban el director de ´Versión española´, la encargada de la compra de producción ajena de Canal Sur y el productor de ´Solas´. Eso significaba promoción, distribución, contactos y apoyo a los premiados… Flor de un año y los siguientes, a cumplir el expediente con un cheque. Con Vigar, por fin, algo parece haber cambiado.