Libro de estilo del colegio

15 Feb

 

Tengo delante de mí un ejemplar del Libro de estilo del Colegio que dirigí durante cuatro años en Madrid (un colegio privado y laico, aunque el nombre, Nuestra Señora de la Vega, parezca indicar otra cosa).  Un pequeño manual en el que los profesores y profesoras plasmamos los criterios, acuerdos y propuestas para conseguir que el alumnado aprendiese a  mejorar la escritura. La ilustración que he elegido para encabezar estas líneas pertenece a la portada de aquel libro.

De la misma manera que algunos periódicos y algunas editoriales y periódicos tienen su libro de estilo, pensamos entonces que el Colegio podría muy bien tener uno propio. Con mayor motivo. Porque nosotros, además de tener que escribir bien, tenemos la obligación de  ayudar a que los alumnos lo hagan.

Quiero destacar, antes de hablar de su contenido, del sentido que tiene esa pequeña obra que publicamos y difundimos internamente, entregando a cada profesor y a cada alumno un ejemplar. Era un vademécum imprescindible que cada miembro de la comunidad educativa llevaba consigo. Era nuestra “biblia escolar”.

El libro pone de manifiesto cómo se puede formular y perseguir un objetivo que todos compartíamos. Escribir bien no era solo un objetivo de los profesores de Lengua sino de todos los integrantes de la comunidad educativa. Incluidos los padres y las madres. Las faltas de ortografía eran corregidas tanto por los profesores de matemáticas, química o geografía como por los de literatura. Es decir que el objetivo era compartido y los métodos para conseguirlo eran participativos.

Lo digo respecto a otras cuestiones y también respecto al aprendizaje: no hay alumno que se resista a diez profesores que estén de acuerdo.

Me acompañaron en la redacción los profesores Ángel Batanero Ochaita y Antonio Blázquez López y realizó las ilustraciones mi querido amigo, también profesor del colegio, José María Múgica Flores (después Director General de la OCU durante 25 años), a quien mando desde aquí un abrazo en memoria de los viejos tiempos y deseándole lo mejor para los nuevos.

Digo en la introducción: “Vivir es comunicarse. Y comunicarse es vivir. Educar es ayudar a comunicarse. Por eso resulta imprescindible que los educadores pensemos en la necesidad de saber comprender y de saber expresar las ideas, los sentimientos y las acciones a través de la escritura”.

Planteamos al comienzo del libro cuatro objetivos básicos de la educación para la escritura en los que todos estábamos comprometidos:

En primer lugar, hay que escribir con precisión, con el indispensable rigor que nos permita decir con exactitud aquello que queremos decir. Para ello habrá que conocer la gramática, la sintaxis y la semántica. Y, sobre todo, habrá que escribir mucho. Porque a escribir se aprende escribiendo.

En segundo lugar hay que escribir con ortografía, porque es un medio más para ser precisos y porque la ortografía es una de las muestras patentes de la buena escritura.

En tercer lugar conviene escribir con elegancia, con belleza, con estilo propio. No será una meta de igual intensidad para todos, pero sí una aspiración. Escribir bellamente y disfrutar escribiendo.

En cuarto lugar hay que escribir (cuando lo hagamos a mano) con buena caligrafía., a pesar de que las prisas y las máquinas de escribir (entonces era todavía así, ya que no había ordenadores) se hayan convertido en importantes enemigos de la letra hermosa y de la cuidadosa presentación de los escritos.

Destacaré a continuación algunas de las partes que integran el contenido de dicho libro.

La primera parte contiene sugerencias  para la composición escrita. Un conjunto de reglas que guían la buena sintaxis.

Después viene un capítulo con expresiones de frecuente mal uso (No hay que confundir haber con a ver,  sino con si no, debe pasar con debe de pasar,  sobretodo con sobre todo,  porque con por qué,   en torno con entorno… Y así sucesivamente). Sigue un capitulo de problemas generales de sintaxis. A continuación una relación de palabras homónimas y de parónimas por el acento.

Hay otro capítulo sobre el plural de palabras extranjeras y plurales especiales, palabras con el mismo significado y distinta acentuación, palabras con riesgo de mal uso (destornillarse por desternillarse,  viejete por vejete, aficción, por afición, ideosincrasia por idiosincrasia, estuvistes por estuviste…, por ejemplo).

Una de las partes más relevantes fue un estudio en el que comprobamos que en 42 palaras cometían los alumnos y las alumnas  más del noventa por ciento de los errores. Pensamos, con buena lógica, que si aprendían a evitar los errores en ellas, habríamos conseguido una buena parte del objetivo. Éstas eran algunas de las palabras clave: espléndido, espontáneo, iba, hacer, hallar,  hincapié, estaba,  echar, hábil, excursión, desahogar, dije, harta, también… son algunas de ellas.

Otra parte destacable eran los acuerdos a los que habíamos llegado para tener en cuenta las faltas de ortografía en la corrección de los trabajos y de los exámenes. Ni exagerábamos ni los pasábamos por alto.  El problema es que un profesor le dé una importancia inusitada  y otro diga que la ortografía no tiene importancia ninguna. Tuve un profesor de Didáctica en la Universidad Complutense que suspendía por cometer tres faltas de ortografía en un examen o un trabajo escrito. Un día le dijo a una alumna:  señorita Encarnación Garcés Garcés, sólo  he leído su nombre y sus dos apellidos. No ha puesto  acento en ninguno de ellos. Tres faltas. Tiene usted suspenso. Le oí decir a otro que las normas de ortografía eran convencionales y que no tenía la menor trascendencia respetarlas ya que lo verdaderamente importante  era entender el significado de las palabras.

Una curiosa sección del Libro de estilo es la titulada Diccionario cacográfico. Esta parte la tenía que rellenar  cada alumno/a. Consistía en un rectángulo en blanco correspondiente  a cada letra en el cual tenía que escribir las palabras en las que encontrase especial dificultad.

Cierra el libro con 14 ejercicios para mejorar la composición escrita: multiplicación de palabras, técnica de la hipótesis fantástica, el prefijo arbitrario, creación de títulos, invención de finales… Y así sucesivamente.

Conozco alumnos y profesores de aquel colegio que conservan ese pequeño libro después de tantos años. Es, en sí mismo, como objeto, un recordatorio del compromiso que teníamos por expresarnos bien. Y un pequeño manual de consulta.

He querido brindar a mis lectores esta iniciativa que, aunque se llevó a la práctica hace muchos años, tiene plena vigencia. Y, por cierto, los profesores tenemos que ser un ejemplo de buena escritura. No tendría mucho crédito una Academia en cuyo frontis se anunciase lo siguiente: Aquí se dan clases de hortografía.

Esta idea me ha perseguido durante muchos años. Por eso redacté en 2005 con otros dos profesores, Benjamín Mantecón y Cristóbal González, el “Libro de estilo para universitarios” (Editorial Miguel Gómez) cuando estaba en el equipo decanal de la Facultad de Educación de la Universidad de Málaga. Todo sea por la escritura. Estilo es precisión.

 

 

El cirujano jefe

8 Feb

 

Pocas personas pueden desconocer (salvo si cierran ojos, oídos, mente y corazón)  los  efectos terribles de la violencia de género. Apenas si ha pasado un mes del año 2020 y ya casi llega a diez el número de mujeres muertas a manos de sus parejas (ninguna había denunciado a su agresor).  Más mil desde 2003, año en el que se contabilizan en España. Datos duros. Terribles. Detrás de cada número hay un nombre y una historia de dolor y de muerte. No es un dato casual que hayan sino sus parejas los asesinos. ¿Violencia doméstica? No, señores (y señoras) de Vox. Violencia machista pura y dura.

No es casual que, cada cierto tiempo, una manada de jóvenes varones viole en comandita a una chica indefensa. No existen manadas de mujeres que abusen de un pobre chico indefenso. Que yo conozca, no hay ni una monja que haya abusado de un menor. Sin embargo, es grande el número de sacerdotes pederastas. ¿Es todo esto casual? No. No es casual. Existe el sexismo, existe el androcentrismo. No ha desaparecido el patriarcado. ¿Cómo se puede negar algo tan obvio?

Cuando una mujer es asesinada, se suceden escenas lógicas y justas de luto, de dolor, de indignación, de impotencia y de rabia.  En todos esos casos  yo me pregunto: ¿por qué sucede una y otra vez? Pues porque estamos alimentando cada día el fuego del sexismo. Echamos a ese fuego grandes troncos de madera (lenguaje sexista),   rociadas de gasolina (costumbres sexistas), montañas de papel (religiones androcéntricas), abundantes cantidades de carbón (expectativas discriminatorias)… ¡Y luego  nos sorprendemos y lamentamos de que el fuego queme!

Los defensores del Pin parental se oponen a que sus hijos e hijas sean educados en la igualdad, se rasgan las vestiduras porque alguien les explica lo que supone estar instalados en el patriarcado. Lo he vuelto a escuchar, entre sorprendido e indignado,  esta mañana en la radio cuando volvía del Colegio después de dejar a mi hija Carla. Oí decir a la señora Rocío Monasterio (Vox) que en las escuelas se “adoctrina” en la ideología de género. Ella no adoctrina cuando dice que no existe la violencia de género. Ella educa en libertad. ¡Qué barbaridad! ¡Qué miopía! ¡Qué error!

Creo que hay que ir a las causas del sexismo, que produce el efecto trágico de tantas muertes. Y muchos otros más sutiles que se traducen en la dominación, el silencio y la discriminación de tantas mujeres. Una de esas causas es el sexismo en el lenguaje.

La Viceministra Carmen Calvo pidió a la RAE la eliminación del lenguaje sexista del texto de la Constitución. Y los señores académicos de la lengua dijeron que no, que no hacía falta. Dijeron lo que ya sabemos, que el genérico masculino incluye a hombres y a mujeres. Claro que lo sabemos, pero sabemos también que es una forma de que no se nombre a la mujer, de hacerla invisible.

No me gustan quienes hacen bromitas sobre esta cuestión. Y es fácil hacerlo. Hace poco, el señor Alfonso Guerra, con la socarronería que le caracteriza, volvió a hacerlo en una entrevista que le hizo Carlos Alsina en Onda Cero. Vino a decir que es de tontos decir “los niños y las niñas contentos y contentas”. Otros han definido el lenguaje no sexista como “una soplapollez” (Arturo Pérez Reverte en El Semanal XL, 2/4/2000), “una mojigatería, una ridiculez, una cursilería” (Javier Marías en El País Semanal, 20/3/1995), “lenguaje feminista coñazo” (Manuel-Luis Casalderrey en La Voz de Galicia, 15/11/1995), o “chorradiñas lingüísticas” (el mismo autor en La Voz de Galicia, 3/8/2004).

Pedir y exigir que el lenguaje no sea sexista no es un capricho, ni una estupidez, ni un gesto de esnobismo. Es una exigencia moral. Porque es un elemento que mantiene y hace crecer el sexismo. Lo que no se nombra, no existe. Claro que el lenguaje, en sí, no es sexista. Es sexista la actitud de quienes plantean las reglas de uso y de quienes lo utilizan  como si no fuese un arma. El uso del lenguaje no es inocente.

En un libro inglés que leí hace años y cuyo título no recuerdo, encontré la siguiente anécdota. Un padre sale en moto con su hijo. El chico va detrás del padre. El suelo está resbaladizo. La moto derrapa y se produce un terrible accidente. El padre muere. El hijo queda gravemente herido y es trasladado en una ambulancia  al Hospital más próximo. El equipo de guardia decide que hay que operar inmediatamente. Está muy grave. Cuando llega al quirófano y el cirujano jefe ve a quién tiene que operar, exclama, asombrado:

– Dios mío, es mi hijo.

Les pregunté a mis alumnos cómo era posible esta exclamación si el padre había muerto. Alguien dijo que el que iba en la moto era el padre biológico, pero que la madre se había vuelto a casar. El cirujano jefe era el padrasto del chico. Hasta hubo alguien que dijo que el que iba en la moto era un padre espiritual, un sacerdote, con un hijo feligrés. Aclaré el enigma:

– El cirujano jefe es la  madre.

 

Es evidente que la mujer había quedado invisible. No había allí una cirujana. No había una jefa. El lenguaje se las había tragado.

 

Olga Castro Vázquez , escribió en 2012 un estupendo artículo titulado “Rebatiendo lo que Otros dicen del lenguaje no sexista” (la O mayúscula de otros es una llamada de atención de la autora, puede valer cualquier otra forma de dar visibilidad). He oído muchas veces esas argumentaciones contra el lenguaje no sexista que considero torpes excusas. La autora plantea once, que figuran a continuación, a las que va dando respuesta serena y razonada. Estoy segurísimo de que hay muchas más, algunas todavía más burdas e hirientes.

– Preocúpense por la discriminación social y déjense de tonterías lingüísticas.

– El lenguaje no sexista es antinatural.

– Yo, como mujer, no me siento discriminada por el lenguaje.

– Las feministas confunden sexo y género.

– El masculino es genérico.

– El lenguaje no sexista  es contrario a la economía del lenguaje.

– Tendremos que acabar diciendo el sapo y la sapa.

– El lenguaje no sexista inventa palabras y suena fatal.

– Miembro y miembra ya tienen género común.

– Los diccionarios recogen el modo de hablar de la gente.

– El lenguaje no sexista se limita a lo políticamente correcto.

La autora rebate uno por uno estos razonamientos. Me remito al texto, que está publicado en el número 12 de la revista El Viejo Topo y que puede encontrarse fácilmente en la red escribiendo el nombre de la autora y el título del artículo.

Dice Olga Castro: “Pensamos, con palabras y categorías gramaticales, e imaginamos la realidad a través de la representación cognitiva que hacemos de ella mediante el lenguaje. El famoso principio cartesiano “pienso, luego existo” ganaría sin duda precisión si se formulase, como propuso Wittgenstein, “hablo, luego pienso, luego existo”.

Y añade: “Respecto al lenguaje, los grupos de poder presentaron el lenguaje sexista y androcéntrico como el normal y natural, y de este modo tanto hombres como mujeres lo han ido adquiriendo y perpetuando de forma acrítica e inconsciente, hasta dar lugar a lo que el sociólogo Pierre Bourdieu denomina “dominación simbólica”.

Respecto a las mujeres que no se sienten molestas con el lenguaje sexista, quiero decir que no hay mayor opresión que aquella en la que el oprimido mete en su cabeza los esquemas del opresor.

No debemos olvidar que las normas de la gramática y dela sintaxis las hicieron, casi en su totalidad, varones. Yo aprendí de niño que los adjetivos concordaban con el sustantivo por el género noble. ¿Adivinan cuál era? Por contraposición, ¿cuál era el innoble?

Creo que cuando colisionan dos principios, uno de naturaleza lingüística (economía del lenguaje, uso de genéricos…) y otro de carácter ético, hay que dar prevalencia al de carácter ético. En la medida que hay personas discriminadas, que sufren y mueren, no podemos decir que se trate de un asunto banal.

 

Tú no harás nada en la vida

1 Feb

 

He viajado a Ceuta invitado por la Unidad de Programas Educativos del Ministerio de Educación. Un hermoso viaje en helicóptero desde Málaga sobrevolando la Costa del Sol y el estrecho de Gibraltar. Y, al día siguiente, el regreso de noche con el suelo alfombrado de aguas y de luces. Pero lo más hermoso estuvo en los asistentes a las dos sesiones. Una de profesores y profesoras y otra de directivos y directivas de los colegios e institutos de la ciudad. Emocionantes actividades para mí al comprobar la expectación y la vibrante respuesta a los planteamientos que compartimos.

Al final de una de las sesiones  estuve charlando con una profesora que, entre lágrimas, tuvo a bien compartir conmigo su historia. Le pedí que la escribiera para poder alertar a otros docentes verdugos y prevenir a otros alumnos y alumnas que pueden ser víctimas como ella. Afortunadamente, con su esfuerzo y su rabia, ella salió de un pozo profundo al que fue arrojada por la actitud irresponsable, insensible y cruel de quien tenía el deber de animarla y cuidarla.

Habla Watlawick de las profecías de autocumplimiento. La profecía de un suceso, dice, suele convertirse en el suceso de la profecía. Pero ella rompió el pronóstico y destrozó la profecía. Ella es ahora una maestra entusiasta que está haciendo realidad un sueño. Como ella cuenta, de niña llevaba a casa trozos de tiza y con ellos le explicaba a sus muñecos, en un teatro anticipatorio, lo que  les deseaba enseñar. Le cedo la palabra a la protagonista a la vez que agradezco desde aquí la autorización explícita que me concedió para hacer pública su experiencia. Nadie lo puede contar mejor que ella.

“La vida pasa demasiado rápido a veces. Quizás sin darnos cuenta. Y cuando echamos la vista atrás vemos todo lo que hemos avanzado, todos los miedos superados, todos los fracasos convertidos en éxito.

A mis casi 28 años puedo decir que he tenido una vida bonita, pero con algunos momentos desagradables, sobre todo en mi adolescencia.

Durante años he sufrido acoso no solo en el colegio sino también en la calle. Supongo que es algo contagioso. Cuando alguien ve a un sujeto débil y sensible, lo fácil es atacar e imitar al resto.

Todo empezó en la secundaria, en el momento que pasé a primero de la E.S.O. El paso de la primaria a la secundaria siempre es algo lleno de ilusión, al menos para mí, ya que me encanta aprender cosas nuevas. Siempre me había encantado ir colegio. Pero no siempre trae buenas cosas. La etapa del desarrollo, la aparición de acné y ser una persona a la que nunca le ha gustado destacar  sino mantenerse siempre en segunda fila, me pasaron factura y como ya he contado antes trajeron consigo el acoso.  Yo, que era una niña de sobresaliente, empecé a bajar mis notas un poco, pero seguía siendo buena estudiante.

Llegué a segundo y mis problemas con mis compañeras iban a peor, pero nadie hacia nada. Recuerdo un día en clase con el profesor de Lengua y Literatura, estuvimos trabajando una redacción que hablaba del futuro, nos preguntaron en clase qué queríamos ser de mayores. Yo, sin ninguna duda, le dije que quería ser maestra. Siempre fue mi sueño. Recuerdo que cuando era niña robaba las tizas del colegio y me las guardaba en los bolsillos. Cuando llegaba a casa me metía en mi cuarto y pintorreaba mis armarios con cualquier cosa interesante para contarle a los muñecos. Era una adolescente llena de vida y de sueños, sueños que casi me arrebatan porque a veces las palabras duelen y te hacen pensar que no vales o que no eres capaz de hacerlo.

Empecé a bajar las notas, incluso a suspender algún examen, eso en mí era casi imposible y este profesor, este docente que sabía que su alumna no lo estaba pasando bien y que tenía sueños, se los destruyó en un minuto diciendo: “En esta clase hay gente excelente como Ana (llamémosla así) que conseguirá todo lo que se proponga y gente mediocre como fulanita (yo) que empezará pronto a suspender asignaturas y no hará nada en la vida” (Recordar este comentario en una clase donde la gente, no toda, se reía de mi, fue demoledor).

Por cierto, se me ha olvidado comentar que debido a este bullying desarrollé un trastorno compulsivo que consistía en que cuando me daba ansiedad cogía mi goma de borrar y me ponía a manosearla compulsivamente. Cuando me veían las niñas de mi clase, (porque por aquel entonces el colegio solo era femenino) se oía a una decir: miradla, ya está otra vez con la gomita.

Volviendo a la historia principal, el profesor me acaba de decir que soy mediocre y que seguramente no haga nada en la vida. Me vengo abajo, pero aguanto las, lágrimas me aferro a mi goma y dejo pasar las horas y los días pensando que un día esa profecía iba a ser autocumplida.

Llegué a cuarto de E.S.O. y me quedaron para junio tres asignaturas. Era excelente en mi casa, todo lo sabía hacer bien. Pero mi inseguridad en clase era tan grande que no daba pico en bolo y me quedaba en blanco casi siempre. Además, desarrollé una ansiedad que a día de hoy sigo arrastrando. Solo un maestro era capaz de ayudarme sin decir nada. El resto parecía que no quería darse cuenta que en clase no estaba bien; mejor dicho, no me trataban bien.

Llegamos a junio, aprobé las asignaturas y pude pasar un verano tranquilo, pero lo bueno, mi racha buena estaba por llegar. Por suerte, las niñas que había en mi clase eran de familias de un nivel socioeconómico alto, y todas (sobre todo la que más se reían de mi) se fueron a un centro privado a hacer bachiller. Como mis padres no podían permitírselo a mí me llevaron a un instituto público cerca de casa. Siempre lo digo y lo seguiré diciendo, fueron los dos mejores años de mi vida, volví a ser yo, volví a mis buenas notas, empecé a participar en clase. Me di cuenta de que mi luz, que yo creía fundida, simplemente estaba apagada y se volvió a encender, esta vez con mucha más fuerza.  Terminé bachillerato con una media de 9´38 y selectividad con un 8’6. Podría haber elegido cualquier carrera, pero elegí magisterio porque era mi sueño, no me imagino a día de hoy trabajando de otra cosa, creo que es la carrera más bonita del mundo. Cuando llegué a las prácticas, elegí el cole donde estuve siempre, porque es un buen colegio a pesar de mi historia. El psicólogo me dijo que era raro que quisiera volver a un sitio donde lo pasé tan mal. Mi respuesta fue: quiero demostrar que valía para esto.

Antes de terminar mi carrera empecé a trabajar en una academia de inglés. El año pasado fue mi primer año de tutora en un colegio en el que sigo contratada a día de hoy.

Soy insegura, valiente y feliz.

Nunca dejéis que fundan vuestra luz. Ni dejéis a vuestros niños que se fundan. Termino con una cita de Louis L. Hay: “Enseña con amor porque no sabes de qué tormentas vienen tus alumnos. A veces, el único lugar seguro que los alumnos tienen es cuando están contigo y tu ejemplo.”

Gracias mamá, papá y hermana por no dejarme caer. (Mis padres no conocían esta historia hasta hoy, nunca tuve fuerzas suficientes para contárselo, ya lo estaban pasando bastante  mal por mi situación)”.

Se dirige luego a mí para agradecer la inspiración y “por darme voz para contar mi historia”. No hay de qué. Yo solo he actuado de notario. Solo tengo palabras de reconocimiento, de admiración y de afecto para quien supo darme una hermosa y valiente lección de vida.

 

Malhadado pin parental

25 Ene

 

El adjetivo que he elegido para el título no ha sido fruto del azar. He dado algunas vueltas hasta llegar a él. El adjetivo malhadado quiere decir queel sustantivo al que acompaña es causa de desgracia, va acompañado de ella o la constituye.

De Vox tenía que venir la idea. Y tenía que venir como vienen a imponerse las ideas de Vox. No por la vía del razonamiento y de la persuasión sino por la también malhadada coyuntura de su poder. O se impone el pin parental (también llamado veto parental) o no hay presupuestos, o se implanta el pin parental o se rompe el pacto, o se acepta el pin parental o se acaba el gobierno. Eso ha pasado en la comunidad de Murcia y eso puede pasar en otras y también en la mía, Andalucía, donde Vox sostiene al gobierno conservador. Y vienen el PP y Ciudadanos y dicen amén, que así sea. O casi.

Quiero poner en antecedentes, antes de seguir,  a los lectores y lectoras de otros países sobre esta polémica que hoy está en pleno auge en España. En la comunidad autónoma de Murcia, el partido ultraderechista Vox ha conseguido imponer  el  pin parental. Es decir, la exigencia de que los padres y madres puedan establecer el veto para que sus hijos e hijas asistan a las actividades complementarias que organice la escuela si los contenidos no son de su agrado.

El gobierno central, con acierto, a través de su ministra de educación, le ha dado un mes al gobierno de la comunidad de Murcia para que retire el pin parental. De no aceptar la retirada lo llevará a las tribunales por quebrantar derechos constitucionales. Los niños y las niñas  tienen derecho a seguir el curriculum de la escuela de forma íntegra, sin cortapisas. Hay que defender el derecho del niño frente a los atropellos censores de las familias.

Sabido es que los señores (y señoras, no se olvide) de Vox piensan que eso de la “ideología de género” es una perversa creación de la izquierda. Para ellos el dato, por ejemplo, de que desde el 2003 hayan muerto más de mil mujeres en España a manos de sus parejas debe de ser una invención urdida por las fuerzas del mal (que son de izquierdas, de izquierdas radicales). Pues bien, supongamos que el colegio de su hijo organiza una conferencia sobre Violencia de género, y como eso supondría para su vástago una nefasta influencia, ejercerían el derecho sagrado a que ese hijo no asistiera a ella. Es decir que de padres machistas tienen que salir hijos (e hijas) machistas. (Como decía mi admirado Manuel Alcántara: de padres estériles, hijos estériles).

¿De dónde nace ese derecho? Según Vox, del artículo 27 de la Constitución que dice que los padres tienen la libertad de educar a sus hijos como deseen.  Pero ese derecho no es omnímodo. Los padres no podrían, por ejemplo, impedir que sus hijos acudieran al Colegio. O maltratarles. ¿Y si una familia terrorista quisiera educar a sus hijos en su filosofía del asesinato? ¿Y si un matrimonio yihadista quisiera incorporar a su hijo a la ideología del exterminio de infieles?

Podríamos seguir preguntándonos: ¿Y si los padres rechazan el calendario de vacunas? ¿Y si les niegan el derecho a hacer una transfusión de sangre? ¿Y se les prohíben el derecho al aprendizaje? ¿Y si exigen ejercer la libertad de que sus hijos no sean educados en libertad?

Para defender esta postura, como muchas otras veces sucede, a los señores (y señoras) de Vox  les vale todo. Le he oído decir a su líder, Santiago Abascal, que a sus hijos de 4 y 6 años les han obligado a realizar en el Colegio juegos eróticos.  Han hablado hasta de corrupción de menores. El portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria (localidad en la que vivo), José Antonio Rodríguez, ha escrito este vomitivo tuit: “Han robado, secuestrado, violado y asesinado a lo largo de su historia, pero la prostitución de menores creía que era demasiado hasta para el PSOE… qué vergüenza”.

El asunto ha desatado una fuerte polémica. ¿De quién son los hijos y las hijas? Por una  parte se dice que los hijos se inscriben en el registro civil, no en el registro de la propiedad. No son, pues, propiedad de los padres. No pueden hacer con ellos lo que quieran. No pueden maltratarlos, por ejemplo. No pueden negarles el derecho a la escolarización, como decía anteriormente. Por parte de los proponentes del PIN, los hijos son propiedad de los padres. Y pueden hacer con ellos lo que consideren oportuno.

El planteamiento de Vox nos llevaría a un laberinto sin salida. Supongamos que los padres republicanos niegan a sus hijos el derecho a que les hablen de la monarquía, o que los padres  veganos impidan que sus hijos acudan a una sesión sobre nutrición. Y así hasta el infinito.

La postura de Vox es un ataque a la educación. Especialmente a la escuela pública. Porque considera que donde se adoctrina es en la pública, no en la privada que ellos eligen. Los defensores del pin parental no confían en la escuela. No se fían de los docentes. No respetan el curriculum. La escuela pública no adoctrina. Enseña a pensar, no qué pensar. El profesor es un maestro, no un fanático.  Los casos que se inventa Vox son fruto de una imaginación calenturienta.

Dice Fernando Savater en un artículo publicado en El País: “Creo que uno de los más importantes objetivos de la educación es que los niños conozcan las alternativas que existen a los prejuicios de sus padres. Sobre todo en el campo de los valores cívicos: educamos para vivir en sociedad, no solo en familia. En democracia las leyes liberan y las tradiciones y costumbres esclavizan” .

Estos que no quieren que sus hijos asistan a una conferencia sobre homesexualidad (“los demás adoctrinan”) piden y exigen para todos clases de religión en las que se explica que la homosexualidad es antinatural y que su práctica es un pecado (“nosotros educamos”).

Sé que el pin parental es una cuestión que puede tratarse al margen del hecho de que haya sido una propuesta de Vox. De hecho el PP la ha hecho suya y la defiende con uñas y dientes. No porque sea una propuesta de Vox  ha de considerarse una mala propuesta. Lo es porque lo es en sí. Pero el hecho de que sea una propuesta de Vox la hace peor de lo que en sí es. Porque se contamina de todas las otras malas ideas y actitudes que mantiene el partido:  homofobia, racismo, sexismo,  autoritarismo, xenofobia…

En el fondo, lo que plantea Vox es lo siguiente: puesto que yo soy machista, tengo derecho a que mi hijo sea también machista. Porque tengo libertad para dar a mi hijo la educación que yo desee. Y puesto que soy homófobo tengo la libertad de elegir para mi hijo una educación homófoba. Lo que no piensan los seguidores de Vox es que si es verdadera educación no puede ser homófoba, ni racista ni machista.

Además de la objeción básica que planteo a la implantación del pin parental hay otras objeciones. Y no es pequeña la objeción de que nos llevaría a un caos. ¿Por qué se pueden objetar las actividades complementarias y no todo el curriculum? El derecho es el mismo, según su exégesis de la Carta Magna. ¿Cómo ha de ser la información que reciban los padres, detallada o genérica? ¿Con qué anticipación tiene que ser conocida? ¿Tienen que decir lo mismo el padre y la madre? ¿En qué se ocupan quienes no pueden hacer las actividades regladas? ¿Qué sucede si el alumno quiere realizar la actividad que el padre prohibe?

Me repugna la repetición casi obsesiva de la palabra libertad por parte de los responsables de Vox porque son los mismos que aplauden y veneran a quien nos quitó todas las libertades a los españoles durante casi cuarenta años. Y los mismos que, si llegasen a gobernar, cercenarían las nuestras.

Yo te escribo, tú me escribes

18 Ene

Siempre he considerado de gran importancia la participación de las familias en el funcionamiento de los centros escolares. Una participación que no ha de limitarse a lo concerniente a los hijos e hijas de la familia sino a toda la escuela. Por otra parte, los padres y las madres tienen que intervenir en el diseño, planificación, desarrollo y evaluación del curriculum y no circunscribir su participación a cuestiones marginales e intrascendentes. Lamentablemente, a mi juicio, la LOMCE marcó un serio retroceso en este ámbito.

El grupo de investigación que he dirigido durante más de treinta años realizó dos investigaciones sobre esta decisiva cuestión. La primera se centró en la participación de las familias en los centros a través de los Consejos Escolares. Fruto de aquella investigación escribimos el libro “El crisol de la participación”, publicado por la Editorial Aljibe.

Años después estudiamos la participación de las familias de alumnos y alumnas inmigrantes en cinco centros escolares de Málaga.  Los cinco tenían una alta presencia de alumnos inmigrantes. En alguno, los alumnos inmigrantes  eran más numerosos que los autóctonos. Aquella investigación dio lugar a otro libro: “La escuela sin muros”, publicado también por la Editorial Aljibe.

Siendo director del Colegio La Vega de Madrid puse en marcha una iniciativa sobre la participación de las familias que quiero comentar en este artículo por si fuera de interés para algunas escuelas y para las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos. Su finalidad era establecer canales de diálogo entre la institución escolar y las familias. Algunas veces, no hay buenas estructuras para la participación: no hay tiempo, no hay espacios, no hay confluencias horarias… Y pensamos que sería bueno escribirnos. Nosotros escribimos pidiendo lo que queremos y necesitamos de vosotros, y vosotros nos escribís haciendo otro tanto. “Yo te escribo, tú me escribes”, dijimos remedando el título de mi libro  “Yo te educo, tú me educas”.

Les pedí a todas las unidades de intervención del Colegio que pusieran por escrito todo lo que les pedían a las familias para la buena marcha de la institución. Creo que es importante el hecho de plasmar por escrito las ideas. Escribir ayuda a pensar, a estructurar, a argumentar y a organizar lo que pensamos. Por otra parte, el lector (o lectora) tiene en su mano un documento que puede leer y releer en momentos diversos.

Tengo delante el documento que se generó.  Se titula “Colaboración”. Casi 30 páginas. Citaré algunas partes en lo que sigue para ilustrar la idea que cuajó en una experiencia fructífera y movilizadora.

Los documentos sirvieron de plataforma para el diálogo entre instituciones. Porque el que elaboró el claustro se envió a cada familia. Y sirvió de referencias durante mucho tiempo. Es lo que tiene la palabra escrita. Los documentos procedentes de las familias se entregaron a todos los profesores.

Cada parte estaba firmada por los responsables, como autores o autoras del texto. Una forma de que tuvieran el protagonismo que les correspondía.

El equipo directivoplasmó sus deseos en un texto del que entresaco algunas ideas. Bajo el epígrafe “Hay que aportar sugerencias, críticas e información, se dice: “El contacto directo con el Colegio  resulta fundamental. Hay que cambiar impresiones con el profesor, el tutor, el orientador o el director. A veces, el chico se comporta de manera muy diferente en casa y en el Colegio. Hay que conocer estas diferencias para ayudarle eficazmente. Es necesario conocer la opinión de los padres y de las madres. El silencio o el comentario en cuchicheo, no conducen a la mejora”.

El Departamento de Orientación dirigió a las familias su mensaje. Reproduzco una de las ideas que le envía a las familias el responsable del mismo: “Conviene desterrar la falsa idea que para algunos conserva el psicopedagogo como especialista que trata a los locos y otras personas raras. Es un especialista en la conducta humana y en su mejora. TODOS,  pues, precisamos de su atención”.

Las tutoras y tutores de Preescolar les dijeron, entre otras cosas a los padres y a las madres: “No hay que obsesionarse con la pretensión de leer y escribir cuanto antes. Hay que respetar el proceso madurativo. No por mucho madrugar amanece más temprano”

Las tutoras y tutores  de 1ª etapa de EGB(era  la nomenclatura de aquellos años), decían: “Es necesaria una colaboración serena con el profesor y con el Colegio. Entendemos por serena la colaboración que no agobia ni al niño ni al profesor, una colaboración  que respeta los campos específicos del tutor como agente de formación y el Colegio donde se va a desarrollar la tarea educativa”.

Las tutoras y tutores de 2ª etapa de EGB, BUP y COU  escribieron a las familias: “No solo debe ocuparos y preocuparos el rendimiento académico. Hay otros muchos aspectos que deben tenerse en cuenta: relaciones con los demás, ocio, sexualidad, identidad personal… Las obsesión por los resultados puede ser más un obstáculo que una ayuda”.

Los seminarios recorrían todo el curriculum del colegio. Por eso las indicaciones de cada uno vienen secuenciadas según los niveles.

El Seminario se inglés, aconseja para las primeras etapas: “Sería conveniente que empezasen a inculcarles  el gusto por la lectura en otro idioma que no sea el suyo y como resultado el placer del chico al descubrir que puede entender la realidad en otro idioma”.

El Seminario de Matemáticas plasmó alguna de sus demandas en los siguientes términos para la primera etapa: “Es muy importante hacer de las matemáticas un tema de la vida cotidiana. Así, por ejemplo, en lugar de decirle a su hijo de cinco a siete años cuando está ayudando a poner la mesa: Pon cuchillos, tenedores y cucharas , decidle: Pon 7 cuchillos, 7 tenedores y 5 cucharas  porque 2 no quieren sopa”.

El Seminario de Física y Química. Los autores titulan su escrito: ¿Por qué aparece el arco iris cuando llueve y hace sol?  Y dicen, entre otras muchas cosas: “Es importante despertar la inquietud por la investigación,  la curiosidad,  la búsqueda personal. El chico puede sentir la felicidad de descubrir algo nuevo”.

El Seminario de Lengua les dice a las familias“A la vez que el niño lee podéis ayudarle a mejorar la expresión oral. Por ejemplo, después de haber terminado de leer un libro, podéis preguntarle qué le ha parecido, cuáles son sus personajes, de qué trata, a quién se lo recomendaría. Podéis dialogar con él e iniciarle en el comentario crítico”.

El Seminario de Geografía e Historia aconseja lo siguiente:“Aprovechad las vacaciones de verano para que ellos tracen el itinerario hasta llegar al lugar de destino. Conviene que señalen en el mapa las provincias que atraviesan y se interesen por los motivos de los cambios en el paisaje”. 

El Departamento de actividades dijo, entre otras cosas, lo siguiente:“No conviene considerar las actividades paralelas (había más de 50) como un simple adorno, como una forma de llenar el tiempo o como un premio que recompense el éxito obtenido en las materias regladas. Tienen entidad educativa propia”.

Luego les pedimos a los padres y a las madres que contestasen por escrito a todas aquellas demandas. Que escribiesen lo que nos pedían a nosotros, lo que deseaban y lo que nos aconsejaban. Y que lo hiciesen siguiendo la estructura del documento que les habíamos enviado. La respuesta no fue tan completa como deseábamos y quedaron algunas instancias en las que no se hizo realidad el “tú me escribes”. La iniciativa sirvió para avivar la reflexión, el diálogo y la colaboración.