Ellos son mucho mejores que nosotros

24 Ene
Una foto que tan solo ilustra el texto.

Una foto que ilustra, y no es poco. este texto.

Ellos son mucho mejores que nosotros. Nosotros ya fuimos mejor que nuestros padres. Y nuestros padres lo fueron frente a nuestros abuelos. La vida sigue esa dinámica. Es un ciclo, la evolución, una pertinaz razón que nos hace progresar. No nos escandalicemos: ellos son mucho mejores que nosotros.

Veo a mi hija. Ha estado en la biblioteca. Después se ha pasado una hora por el gimnasio. Llega cansada y se sienta a charlar un rato. Alex es una adolescente buena, educada, madura. Nos cuenta su día y nos reímos con una anécdota tronchante. Sube a ducharse, justo antes de la cena, y yo celebro que sea como es. Estoy muy orgulloso de ella.

Está demostrado. En silencio, sin prisa, de una manera automática, nos adelantan por la derecha y nos observan con cierta condescendencia. Leo un análisis de Kiko Llaneras, publicado en El País, que concluye: “los jóvenes de entre 8 y 22 años son más cautos, estudiosos y responsables que los mileniales, y fuman, beben y se drogan menos que los de los noventa”.

Son un motor que ruge. Desde esta orilla les veo vigorosos, entusiastas, en corrillos en el parque, llenos de actividad física, observando, asimilando orgánica e intelectualmente todo lo que les rodea, ahondando en su capacidad adaptativa, en su toma de decisiones, aprendiendo, tal y como hicimos nosotros, como hicieron nuestros padres y nuestros abuelos. Una dinámica, un ciclo, la pertinaz razón, ya digo.

El porcentaje de jóvenes que fuma se ha dividido por cuatro desde 2002, beben menos que nosotros y consumen la mitad de cocaína, éxtasis o anfetaminas que la generación de los 90. Se divierten tanto como nosotros, sí, pero algo han aprendido: “el camino del exceso no conduce al palacio de la sabiduría”, como decía Blake.

Me siento junto a Zaida Estévez, neuropsicóloga, a charlar con los jóvenes de #GeneraciónFP, y con uno de sus maestros, Juan Antonio. #GeneraciónFP  es un proyecto que trata sobre emprendimiento, mejora de competencias, entre estudiantes de Formación Profesional. Me encanta lo bien que hablan, cómo lo dicen, lo que dicen y su arrollador entusiasmo.

Ha aumentado el número de jóvenes que leen con respecto a otras generaciones, ha decrecido el abandono escolar en casi 13 puntos y solo el 12% dice haber sufrido bullyng, comparado con el 24 % que decía lo mismo hace veinte años. Está demostrado que toman más verduras, menos dulces y mucho menos refrescos azucarados. Vamos bien, pero podemos ir mejor.

Vuelvo a mi hija, Alex, y a su grupo de amigos. A veces, me acerco a su puerta y escucha un crac. Está creciendo. Le oigo hablar, les sigo en la distancia, y veo que son mucho más empáticos y resilientes que nosotros. Hablan de sexualidad sin prejuicios y aceptan la diversidad con una normalidad que resultaría abrumadora a cualquiera de mi clase de BUP. Lo hacen todo mucho más fácil, mejor, son más abiertos y libres y pienso en el pin-veto parental y en la necesidad de no dar un paso atrás.

Me detengo, no caigo en la autocomplacencia. Con Azuaga hablamos con profesores de ajedrez y de sus múltiples aplicaciones. Manuel Bahos y José Antonio González Serrano son maestros de Málaga y Huelva. Trabajan con los chicos y me fascina su pasión, su esfuerzo, y otra vez sus palabras: “en los últimos tiempos, apenas se utilizan términos como sentido crítico, responsabilidad, autonomía, se escucha propiciar la propia felicidad, que está bien, pero…” Debemos estar atentos, no bajar la guardia, jamás.

Pienso en todo lo que hacemos, lo que hacemos mal y bien, los pasos adelante y los perdidos. Pienso que el mejor premio que podemos tener es que las generaciones futuras sean mejores que la nuestra. Pienso en que mi hija es mucho mejor que yo, que ellos son mejores que nosotros, que es la evolución, el progreso, , la pertinaz razón, y que así debe ser.

 

 

 

 

 

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