Te recuerdo, ahora, papá

18 Oct
Antonio López López, papá.

Antonio López López, papá.

En este inicio del precipicio, en este camino inédito y fatal, te recuerdo…

Te recuerdo fuerte, volviendo del trabajo, tumbándome a cosquillas en la puerta de tu cuarto y pensando en la siguiente jugada, emprendiendo, porque nunca dejaste de pensar ni de jugar ni de emprender…

Te recuerdo riendo, nadando en el mar, saliendo del bar, volviendo del paseo con mamá, cansado, tumbado en el sillón y yo, diminuto, tumbándome a tu lado, en tu sombra, cobijado, seguro de que allí nada nos podía pasar…

Te recuerdo orgulloso de tus hijos, henchido, llevándome por primera vez a la facultad, o aquel día que lloraste de emoción en un combate de Judo, que Óscar ganó de manera rotunda, espectacular, o en la boda de Yoli brindando, sonriendo, riendo, orgulloso, digno, satisfecho pero nunca altivo ni vanidoso…

Te recuerdo antes de todo, al principio, imaginándote, evocándote, por lo que me contaste, por lo que creí, en Requejo, en Maracaibo, en Madrid, cuando teniendo una edad mucho más joven de la que ahora tengo, lo empezaste todo, para todos, hasta hoy…

Te recuerdo diciendo “donde hay vino hay talento”, o “esas botellas están llenas de palabras”, o “no te fíes ni de tu padre…”, y tus manos, recuerdo tus manos duras y ásperas como ramas de un roble y espuma de mar…

También te recuerdo enfermo, apagándote poco a poco, olvidando, olvidándonos, olvidándote, consumiéndote, despidiéndote, preocupándonos, hasta hoy, despidiéndonos…

Pero quiero recordarte bueno, como eras, franco, campechano, enseñándome la Feria del Ganado y dándome el primer trago, “de agua bendita”, dijiste, y era aguardiente, y reíste tanto, hasta llorar… Porque reías y llorabas, como hago yo ahora…

Y te recuerdo enseñándome a volar, en aquella bicicleta, soltándome el sillín, en Tabernes, y hasta hoy, enseñándome a vivir, a soñar, aceptando mis sombras, enterrando mis miedos…

Te recuerdo noble y parco, Paco, te recuerdo escribiendo sobre aquella servilleta en la que escribiste algo, algo que conquistó a mamá, y que nos trajo hasta aquí, o dibujando caballitos a boli mientras contestabas al teléfono…

Te recuerdo, ahora, papá, en este inicio del precipicio, en este camino inédito y fatal, en este andén de despedida, sobre este sueño del que espero despertar para volverte abrazar y tumbándome a tu lado, en tu sombra, cobijado, seguro de que allí, aquí, ya nada nos podrá pasar…

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