Mentiras, mentimos: la vida secreta de los otros…

14 Jun
Esta foto también es mentira.

Esta foto también es mentira.

Mentimos para hacer un post -este post-, para crear, para creer…

Madres traficando con marihuana a las puertas de un colegio. Son discretas, hablan de sus cosas, evitan las miserias cotidianas y ríen mucho. Nada parece ser del todo lo que es. Una de ellas acompaña a la otra al coche. Se dan dos besos y, posteriormente, un apretón de manos cariñoso. El truco de magia, la transacción final, el trapicheo está concluido. Las cosas tienen apariencias que, en ocasiones, desconocemos.

Mentimos para salir mejor en las fotos, porque funciona, para no ser rechazados, para influir…

Una chica vuelve a casa. De pronto, un grupo de chicos se acerca a ella. Ella les dice: “si tuvierais coche me daría una vuelta con vosotros”. Todos festejan el arranque de la chica que añade: “tengo varias botellas en casa”. Uno de ellos se acerca demasiado, muy cerca, demasiado, ya digo. “Quietas las manos, amigo”, concluye ella, “si tuvierais un coche”.

Mentimos porque somos humanos, por respeto, por los nuestros, por egoísmo, por autoestima…

Amantes que se citan de madrugada en la intimidad de Skype. Hablan, se preguntan, se interesan… Son afables, cariñosos y dejan caer las palabras lentamente, intencionadamente, por su pantalla de ordenador. Compañeros de trabajo por el día y pirómanos por la noche. Una relación secreta y virtual. Un verso, una fotografía, un enlace quizá, alguna vez un vídeo en directo. La vida secreta de los otros en burbujas 2.0.

Mentimos porque es fácil -no se engañen-, por nuestra intimidad, por nuestras huidas, para no herir…

Un político local presume: coherencia, respeto a la ley, eficiencia… “Estoy limpio y dejaré limpio este lugar”, dijo en uno de sus últimos discursos. Juega al pádel con un perspicaz empresario y, al terminar, hablan de unos terrenos, de dinero en B, de mentiras y eufemismos. Hablan desde la impunidad que da el cristal blindado de una pista de pádel. Una bolsa con billetes en un maletero y una firma pendiente. No hay más.

Mentimos porque no sabemos reconocer la verdad…

Un director de instituto alcohólico en la intimidad de su apartamento. Ve programas de Telecinco, rodeado de botellas vacías y las obras completas de Chesterton. Hace poco menos de un mes, dejó de beber. Aguantó unos días. Bebía limonada. Decía que el agua le sabía a algo que se mezclaba con el whisky. Una pelea entre dos adolescentes en el patio le hizo recaer la semana pasada. Le duele mucho la cabeza y ahora tose.

Mentimos para quedar bien, para no excusarnos, para evitar el dolor…

Un periodista plagia un reportaje de una web de noticias registrada en Argentina. Copia párrafos enteros y lo publica todo con su nombre. Un notario de Antequera, muy serio pero con su punto, falsifica la autorización del Campamento de Verano de su hijo pequeño. Unas miradas entre desconocidos se cruzan en el autobús, juegan y se divierten. Un entrenador de fútbol fantasea con la posibilidad de jugar en el eterno rival…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *