Latidos

14 Nov

Ha vuelto Thilliez como maestro del género negro y hábil autor de thrillers. Ha vuelto para volver a sorprendernos con el manejo de dos historias paralelas y donde la base científica y documentativa a la que nos tiene acostumbrados nos muestre un Sharko más humanizado junto a Lucie y una nueva protagonista, Camille.

Camille es una joven policía que sufre una dolencia de corazón y ha recibido un trasplante del que se está recuperando aunque ella note que su cuerpo rechaza ese nuevo corazón. Pesadillas prácticamente a diario la encaminan a investigar de quién es el corazón trasplantado y en esa investigación particular se cruzará con Sharko.

Nuestro detective está investigando unos casos realmente espeluznantes que se han asociado a un hecho sucedido tras una tormenta: un árbol se cae y deja al aire todas sus raíces y un zulo donde se encuentra una mujer ciega, de etnia gitana, atrapada y secuestrada.

Como hemos comentado anteriormente la base científica sobre la que trabaja esta vez nuestro autor son los trasplantes de órganos. A través de Camille conoceremos profundamente el tema y a partir de esta angustia que vive la policía en sus carnes viviremos las tensiones a las que nos tiene acostumbradas el escritor que por esta vez humaniza a nuestros queridos Sharko y Lucie, menos traumatizados, más pausados y exteriorizando sentimientos, hechos que precisamente no estaban entre sus virtudes.

Con la prosa sencilla y fluida a la que nos tiene acostumbrados Thilliez, un vocabulario más actual que en anteriores novelas, narración en tercera persona, diálogos más equilibrados, el autor crea una trama cada vez más profunda y oscura con unos personajes que aun manteniendo una continuidad psicológica están cargados de matices y son sólidos y especiales. Empatizan con el lector de tal manera que los horrores vividos anteriormente lo mismo que duelen van siendo olvidados por nuevos sucesos que copan sus vidas y que las llenan de nueva luz y futuro.

El final, sorprendente, deja por primera vez una puerta tan abierta que sospecho que será el origen del siguiente volumen. Es la primera vez que el autor deja un fleco suelto y de forma tan obvia.
Resumiendo, si has seguido la saga de Sharko o a Thilliez desde los inicios no hace falta que atrape tu atención para su lectura: caerás. Si aún no conoces a ninguno de los dos…déjame decirte que se te está acumulando el trabajo, no deberías perderte este autor y su saga, cuya altura podría medirse ya a la de los grandes detectives y cuyas acciones y temática no te dejarán nunca indiferente por su realidad, firmeza y contundencia.

Te veré bajo el hielo

14 Oct

Robert Bryndza arranca una saga policial con Te veré bajo el hielo, novela publicada en España por la editorial Roca y que tiene como protagonista a la inspectora Erika Foster

Con esta novela comienza una saga de prometedores casos policiales con Erika Foster como protagonista. Una inspectora que como en casi todos los thrillers viene marcada por el pasado pero al cual ha sabido sobreponerse y se ha convertido en una mujer fuerte y luchadora. La historia comienza sin preámbulos en las primeras páginas, directamente estaremos inmersos en la aparición de un cadáver bajo un lago de hielo. Una chica que nos mira desde su congelación. Las circunstancias se complican cuando el equipo de Foster averigua que la joven es la hija de un reputado político de la cámara de los lores. La investigación encontrará muchos obstáculos para su desarrollo porque la poderosa familia influyente de la fallecida hará todo lo posible para evitar todos los detalles aunque poco a poco comenzarán a conocerse la vida y los secretos más escabrosos de la joven que llevarán a Erika a relacionarlos con otros casos de jóvenes desaparecidas.

El autor de la novela refleja dos estratos de la sociedad de una forma muy marcada, por un lado el mundo político y su connivencia con el poder cuyas ramas llegan al intento del control de la información no solo a nivel periodístico sino también al esclarecimiento policial. Por otro lado seremos testigos de los suburbios, la llamada escoria de la sociedad, tramas de prostitución, red ilegal de mujeres para su comercio, alcohol, drogas y mafias.

La protagonista tiene a su alrededor una serie de personajes secundarios cuyos rasgos son fácilmente identificativos y hacen que se produzca cierta empatía o antipatía con ellos, en cuanto a los demonios personales que marcan a Erika es de suponer que aunque el autor los explica hallaremos más detalles si continúa esta posible saga policiaca.
Un thriller policíaco que no baja el ritmo en ningún momento y cuyo bombardeo de información para manejar todos los datos se hace de forma secuencial y ordenada, lo que hará del disfrute de más de un lector.

Narrada en tercera persona por un narrador omnisciente conoceremos todos y cada uno de los pensamientos y opiniones de los personajes con los que se hilvana la obra, incluido los pensamientos del asesino a quien no conoceremos hasta el final. Con una prosa ágil y rápida, llena de diálogos se consiguen encajar todas las piezas del puzle y acabar descubriendo el misterio.
Recomendado para los amantes de los thrillers policíacos, para una lectura fresca y rápida de cara al verano y las vacaciones y para todos los que gustan comenzar una serie de novelas autoconclusivas que forman parte de un conjunto. fronteras por todos sus flancos. En cuanto al español castellano, Dorren advierte una particularidad en la que posiblemente no caigamos pero sí lo hacen frecuentemente nuestros interlocutores de otras lenguas: somos metralletas parlantes. Pronunciamos las sílabas a una velocidad mayor que otros. Una media de 7,82 sílabas por segundo, frente a las 6,17 de los anglohablantes o las 5,97 de los alemanes. Un kalashnikov dispara diez tiros por segundo, recuerda Dorren.

Gracias

28 Mar

Antes si quiera de haber pisado la calle como corporación nazarena, la hermandad de la Sentencia escribía en una red social su agradecimiento a las más de 900 personas que formarán parte de su cortejo. Se cuestiona en la calle la falta de portadores, hemos tenido en este periódico la reflexión de Juan García Torres, presidente de la Asociación Cultural Daffari, afirmando que el relevo generacional en estos tiene un futuro estancado, algo que ya había escuchado entre amigos cercanos. Sabemos, oímos y leemos que faltan nazarenos y aunque patrimonialmente no hay duda de que se ha crecido en la Semana Santa, falta o empieza a faltar lo más importante: los cofrades y creyentes que asuman formar parte de las procesiones. No voy a analizar estos hechos aquí, quiero fijar la atención en esos mínimos gestos que forman parte de –al menos– la educación básica y que son un refuerzo positivo para quienes los hacen. Me refiero al simple hecho de dar las gracias. Un gesto simple y básico, educativo, al que si se le imprime el sentimiento verdadero hace que se convierta en algo muy especial. En el tratamiento de las cofradías a sus hermanos hay muchas fórmulas: desde los ´saluda´ del hermano mayor hasta los abrazos entre hermanos. Las cartas de agradecimiento personales se reciben cuando el favor otorgado a la cofradía es muy específico y hasta casi exclusivo, ya que el desuso ha hecho que las cartas por correo ordinario sean escasas. La imagen que proyecta una hermandad agradeciendo a sus componentes un hecho repercute ciertamente en la propia cofradía con buen fin. La maestría es hacerlo como si cada uno de ellos fuera único e intransferible –que lo son– y hacerles sentir lo más importante de todo el concepto cofrade: una individualidad que necesita de un conjunto para conformar la Hermandad. Es una manera de decir como aquella canción de Luz Casal: sin ti no soy nada. Algo que en la vorágine de la vida cofrade y sobre todo en Cuaresma se suele olvidar. Es de bien nacido ser agradecido?

La ciudad de los demonios

18 Mar

Mestre en Gai Saber

Así se denominaban en el siglo XIX al ganador de tres premios ordinarios de los Juegos Florales de Barcelona, premios cuya denominación son la Englantina de oro, la Flor natural y la Viola oro y plata.

La autora de este libro, Montserrat Rico, nos ha introducido en la Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX. Con una visión muy amplia de todas las parcelas de la sociedad y multitud de detalles históricos, la trama se desarrolla alrededor de la vida del gran poeta y sacerdote Jacinto Verdaguer.

Verdaguer, Mestre en Gai Saber, vivió a la sombra de Marqués de Comillas y de su Compañía Trasantlántica como capellán y limosnero. Viajó bastante hasta que a la vuelta de un recorrido en Tierra Santa sufre una gran crisis personal y comienza a moverse con grupos de videntes y espiritistas cuando Barcelona era una de las pioneras de estos usos aunque París se llevara la fama. En estos ambientes es donde sitúa a uno de los personajes más carismáticos de la novela, Apolinar Bohígas, un médico que intuye que la medicina es mucho más que aplicar una serie de instrucciones, quien cree firmemente que la asepsia es fundamental al igual que las vacunas y donde las enfermedades mentales aún están en los inicios de los estudios que conlleven a unos diagnósticos acertados.

Sin embargo nuestro protagonista es Ricardo Seixas, un forastero que ha de volver a Barcelona el cual se ve inmerso en una investigación policiaca que dejará al aire más de un secreto y una venganza perfectamente planeada al más estilo Dumas y su ‘Conde de Montecristo’.

La obra que ha conseguido el Premio Albert Jovell de Novela del 2016 es rica en imágenes barcelonesas, profundiza en la historia del siglo XIX de esta ciudad con detalles muy perfilados y exquisitos, analiza con precisión grandes personajes de la época como Antonio López y López (futuro marqués de Comillas), Güell, Gaudí, Verdaguer, el obispo Morgades y relata los hechos históricos, entrelazándolos con la trama, de forma hábil y perfeccionista.

Recomendado para todos aquellos amantes de la ciudad de Barcelona, su historia, sus personajes, a los que gusten de la poesía, en especial a los que sean admiradores de Verdaguer, a los que busquen los inicios conceptuales de lo que hoy entendemos como la praxis médica y en general a todos aquellos que busquen una nueva dimensión de una novela policiaca donde prima más la intrahistoria que el propio hilo conductivo.

El carbonero

15 Nov

Carlos Soto escoge el carbón como excusa. Como pretexto para escribir sobre los usos y costumbres no tan lejanos ni en tiempo ni en modo de una parte muy importante de nuestra historia. Entiéndase lo de excusa o pretexto en sentido inverso porque esta deliciosa obra es un canto a unos oficios perdidos –o casi- probablemente también, en un mundo malgastado.

Carlos nos presenta a Marc y a su padre, que viven en la Sierra de Tramontana, a sus pies, en una aldea pequeña de Mallorca. Su oficio es el de carbonero, de forma itinerante recorren los encinares, rodeados de naturaleza y silencio, quemando encinas, haciendo carbón y perdiendo su sueño en la vigilancia de la sitja. Esta paz y armonía con el entorno viene a descabalarse el día que aparece muerta su madre.

Un drama rural con una voz narrativa y pausada, a modo del oficio que practica, Marc, el hijo, que verá como su padre a causa del shock de la muerte de su esposa queda mudo, irá creciendo en un entorno donde el silencio le da mucho tiempo para pensar y más para averiguar el origen del ese asesinato. La venganza se irá fraguando poco a poco, como la encina se quema lentamente desde el interior hasta el exterior para convertirse mágicamente en carbón.

Los símbolos excepcionalmente escogidos han sido todo un acierto en la obra. Una narración que a pesar de incluir un drama, duro y cruel, áspero como la piel del carbonero, tiene unos remansos de paz muy especiales en cada una de las descripciones de ese oficio ya prácticamente perdido en unos entornos tan significativos.

Pocos personajes para una novela que no necesita más. La trama, agreste y violenta, se desarrolla en entornos realistas que el autor precisa de forma natural y equilibrada. Los diálogos, que en otras historias son fundamentales, aquí también son importantes, pero más que ellos, los silencios de los protagonistas. Silencios que casi puede oír el lector.

Con un ritmo lento que mantendrá hasta el final, la presión y la angustia crecerá desde el interior del protagonista como en una auténtica combustión que se expandirá a él y a todos los que le rodean.

Las descripciones sin duda son uno de los puntos fuertes, las sierras, los campos, la casa de la señora, incluso la descripción de su propia chabola allá en la soledad del campo son más que imágenes figurativas. Se puede sentir los ruidos del bosque, el silencio del padre o el crepitar de la leña. Magnífica es la descripción en sí del oficio de carbonero, una relación que ocupa toda la novela.

Muy recomendada para los amantes de una novela que sin ser negra, tiene un asesinato, que sin ser costumbrista, hace un retrato de una sociedad rural no tan lejana en el tiempo, una novela que sin ser introspectiva tiene mucho de ello, pero sobre todo, una novela que les gustará más conforme pasen los días de haberla leído.