Autocensura sorda

21 Mar

Esta Cuaresma se está sucediendo como una de las más agitadas en las redes sociales. A cualquier opinión hay un millón en contra. Ahora que por fin se están esclareciendo muchas actitudes que en años anteriores serían impensable reconocer públicamente –sí, hablo de la falta de portadores y nazarenos– y cuando el gesto de contarlo se hace con total normalidad, las opiniones se radicalizan y se inclinan hacia los extremos con una vehemencia que da hasta miedo. Las oposiciones cofrades en general siempre se han quejado de las censuras que existen sobre sus juicios o las que se ejercen desde el poder cofrade, pero no voy a quedarme en estas, voy más allá: la autocensura sorda. Dados los niveles de radicalidad y ´verdad verdadera´ que esgrimen muchos en las redes sociales, desde simples capillitas, cofrades o periodistas, somos muchos los que hemos decidido no opinar. Autocensura. Mi opinión puede tener o no valor, puede ser equivocada o acertada, pero no sirve y sobre todo no me sirve de nada meterme en berenjenales de los que sin duda no sacaré nada en limpio y no servirán excepto para tener tras de mí una serie de hooligans cofrades que aprovecharán para tener otro hilo sobre el que jurar en arameo. Se ha perdido el arte de la discusión, del debate enriquecedor, de aquel que pueda sacar algo de provecho donde reconocer errores e intentar mejorarlo sea mucho más productivo que ´ganar´ el debate a fuerza de improperios, acoso y derribo del contrario. No se trata de ´hacer bandos´ se trata de informar, debatir, discutir y si fuera posible aplicar las mejoras, no se trata tampoco de un debate tipo aula magna donde uno expone y cien escuchan con ´ruegos y preguntas´ al final. Se trata de escuchar –algo que se ha perdido– y replantearte y razonar las respuestas de otro para debatir o refutarlas si fuera preciso. En el fondo creo que es un tema educacional y religioso –pues un mínimo de caridad cristiana recortaría muchas lenguas o dedos– que se nos ha ido de las manos. Quizá ahora es cuando más valor cobra aquella frase de ´Valgo más por lo que callo que por lo que hablo´.

La ciudad de los demonios

18 Mar

Mestre en Gai Saber

Así se denominaban en el siglo XIX al ganador de tres premios ordinarios de los Juegos Florales de Barcelona, premios cuya denominación son la Englantina de oro, la Flor natural y la Viola oro y plata.

La autora de este libro, Montserrat Rico, nos ha introducido en la Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX. Con una visión muy amplia de todas las parcelas de la sociedad y multitud de detalles históricos, la trama se desarrolla alrededor de la vida del gran poeta y sacerdote Jacinto Verdaguer.

Verdaguer, Mestre en Gai Saber, vivió a la sombra de Marqués de Comillas y de su Compañía Trasantlántica como capellán y limosnero. Viajó bastante hasta que a la vuelta de un recorrido en Tierra Santa sufre una gran crisis personal y comienza a moverse con grupos de videntes y espiritistas cuando Barcelona era una de las pioneras de estos usos aunque París se llevara la fama. En estos ambientes es donde sitúa a uno de los personajes más carismáticos de la novela, Apolinar Bohígas, un médico que intuye que la medicina es mucho más que aplicar una serie de instrucciones, quien cree firmemente que la asepsia es fundamental al igual que las vacunas y donde las enfermedades mentales aún están en los inicios de los estudios que conlleven a unos diagnósticos acertados.

Sin embargo nuestro protagonista es Ricardo Seixas, un forastero que ha de volver a Barcelona el cual se ve inmerso en una investigación policiaca que dejará al aire más de un secreto y una venganza perfectamente planeada al más estilo Dumas y su ‘Conde de Montecristo’.

La obra que ha conseguido el Premio Albert Jovell de Novela del 2016 es rica en imágenes barcelonesas, profundiza en la historia del siglo XIX de esta ciudad con detalles muy perfilados y exquisitos, analiza con precisión grandes personajes de la época como Antonio López y López (futuro marqués de Comillas), Güell, Gaudí, Verdaguer, el obispo Morgades y relata los hechos históricos, entrelazándolos con la trama, de forma hábil y perfeccionista.

Recomendado para todos aquellos amantes de la ciudad de Barcelona, su historia, sus personajes, a los que gusten de la poesía, en especial a los que sean admiradores de Verdaguer, a los que busquen los inicios conceptuales de lo que hoy entendemos como la praxis médica y en general a todos aquellos que busquen una nueva dimensión de una novela policiaca donde prima más la intrahistoria que el propio hilo conductivo.

La primera vez

15 Mar

Siempre hay una primera vez y esa primera vez genera mucha ilusión, esperanzas y motivación. Todos recordamos la primera vez que fuimos a la que hoy es nuestra cofradía, la primera vez que tuvimos en casa la túnica, la primera vez que nos tallamos, la primera salida, la primera mirada a los Titulares desde el anonimato de los capirotes y capillos o el primer encierro. Este año va a ser una Semana Santa de primeras veces por lo menos en cuanto a nuevos Titulares que se incorporan al recorrido oficial. Aún tenemos en las retinas las imágenes de la primera vez de Mediadora, Humildad y Paciencia o Lágrimas cuando vamos a poder disfrutar de la primera vez del Nazareno del Redentor del Mundo o de la Virgen del Patrocinio que lleva esperando 31 años a ver la luz en la Alameda. Hoy quiero hablar de esta última, una Virgen que llegó incluso antes que el Nazareno de Salutación y que amorosamente ha esperado tantos años para salir. Porque las madres son así: los niños primero, ¡Y aún más esta Madre! Que hizo todo por Él hasta llegar a ser Corredentora de nuestra salvación. Pues bien, hace poco, Manuel Calderón contaba en un programa de televisión cofrade la ilusión –no sólo la contaba, sino que la transmitía– de todos estos años que llevan preparando esta salida y que gracias al último empujón de los hermanos se ha conseguido el trono que no tenía para poder procesionarla. Pero como todas las primeras veces, además de la esperanza, están los miedos, los imprevistos y toda esa paleta de colores que intentan convertir lo soleado en una mañana gris. Y en este caso el cuadro tiene nubarrones que no dudo que se despejen con ayuda de todos: hermanos y no hermanos. Las expectativas han fallado y aún no han cubierto el trono de la Virgen del Patrocinio ni parte de la sección. Málaga es muy grande y tiene mucho corazón, somos así, bombeamos sentimientos, así que seguro que esto es sólo una mínima prueba más que los hermanos de Salutación superarán y que entre todos conseguiremos que esa primera vez sea única. Como todas las primeras veces

Carnaval cofrade

7 Mar

Este año hemos vivido un carnaval muy cofrade. Probablemente piensen ustedes que el título les importa poco. Les explico. A pesar de que las fechas han sido amables con los cofrades, pues este año no han tenido que correr para guardar el belén e incluso han podido esperar hasta la fiesta de la Candelaria para recogerlo, hay algunas hermandades que han seguido arañando tiempo al calendario y nada más acabar la Navidad ya veíamos y éramos testigos de los primeros ´signos de la espera´ como diría el buen @manolomlg en twitter, del que soy muy fan.

Esto es y me refiero a la presentación de carteles y actos propios de una cofradía en plena Cuaresma. Hemos perdido la transición: nada más nacer el Niño Dios ya ve venir la Cruz. ¡Qué espanto! Entiendo la ilusión de los cofrades, entiendo que se solapan los actos en Cuaresma, actos que por otro lado tienen participación endogámica pues sólo unos pocos se llenarán con sus hermanos y con otras cofradías, entiendo que ni tan si quiera se tenga en cuenta que para dichos actos hay días de la semana, que no todo ha de concentrarse en los fines de semana y puedo entender muchas cosas más ya que antes fui cofrade que vivir el Carnaval. Pero si los carnavaleros inundaran nuestras fechas como nosotros hacemos con las suyas habría que vernos hechos unos basiliscos y clamando al cielo con las manos abiertas por la injerencia. Y ya no es sólo por el Carnaval, que es razón propia y suficiente, sino por lo jartibles que nos ponemos. Para un año que tenemos margen hasta Semana Santa lo hacemos como si no hubiera mañana.

Todo tiene su momento, su explicación y su espacio y ni si quiera litúrgicamente tienen sentido estas anticipaciones. Respetemos los tiempos por nuestro propio bien, intentemos no saturar, que como sigamos así vamos a morir de éxito€ y de exceso.

P.D. No crean aquello de que no se puede ser carnavalero y cofrade, para muestra tres botones de postín: Pariente, Benji o Zumaquero y que me perdonen todos los que dejo en el tintero.

El carbonero

15 Nov

Carlos Soto escoge el carbón como excusa. Como pretexto para escribir sobre los usos y costumbres no tan lejanos ni en tiempo ni en modo de una parte muy importante de nuestra historia. Entiéndase lo de excusa o pretexto en sentido inverso porque esta deliciosa obra es un canto a unos oficios perdidos –o casi- probablemente también, en un mundo malgastado.

Carlos nos presenta a Marc y a su padre, que viven en la Sierra de Tramontana, a sus pies, en una aldea pequeña de Mallorca. Su oficio es el de carbonero, de forma itinerante recorren los encinares, rodeados de naturaleza y silencio, quemando encinas, haciendo carbón y perdiendo su sueño en la vigilancia de la sitja. Esta paz y armonía con el entorno viene a descabalarse el día que aparece muerta su madre.

Un drama rural con una voz narrativa y pausada, a modo del oficio que practica, Marc, el hijo, que verá como su padre a causa del shock de la muerte de su esposa queda mudo, irá creciendo en un entorno donde el silencio le da mucho tiempo para pensar y más para averiguar el origen del ese asesinato. La venganza se irá fraguando poco a poco, como la encina se quema lentamente desde el interior hasta el exterior para convertirse mágicamente en carbón.

Los símbolos excepcionalmente escogidos han sido todo un acierto en la obra. Una narración que a pesar de incluir un drama, duro y cruel, áspero como la piel del carbonero, tiene unos remansos de paz muy especiales en cada una de las descripciones de ese oficio ya prácticamente perdido en unos entornos tan significativos.

Pocos personajes para una novela que no necesita más. La trama, agreste y violenta, se desarrolla en entornos realistas que el autor precisa de forma natural y equilibrada. Los diálogos, que en otras historias son fundamentales, aquí también son importantes, pero más que ellos, los silencios de los protagonistas. Silencios que casi puede oír el lector.

Con un ritmo lento que mantendrá hasta el final, la presión y la angustia crecerá desde el interior del protagonista como en una auténtica combustión que se expandirá a él y a todos los que le rodean.

Las descripciones sin duda son uno de los puntos fuertes, las sierras, los campos, la casa de la señora, incluso la descripción de su propia chabola allá en la soledad del campo son más que imágenes figurativas. Se puede sentir los ruidos del bosque, el silencio del padre o el crepitar de la leña. Magnífica es la descripción en sí del oficio de carbonero, una relación que ocupa toda la novela.

Muy recomendada para los amantes de una novela que sin ser negra, tiene un asesinato, que sin ser costumbrista, hace un retrato de una sociedad rural no tan lejana en el tiempo, una novela que sin ser introspectiva tiene mucho de ello, pero sobre todo, una novela que les gustará más conforme pasen los días de haberla leído.