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Puerta de Málaga

10 Jul

La semana pasada desayunamos con varios titulares sobre la gran proyección de futuro que tiene Málaga, o sobre el teórico gran nivel de vida del que disfrutamos los malagueños, sin que nos hubiéramos dado cuenta. Me repito con Unamuno, pero me parece muy esclarecedor su concepto de Historia, definida como el conjunto de esos grandes sucesos que aparecen en los libros, frente al de Intrahistoria, esto es, el devenir de esos componentes de la sociedad a quienes nunca nombran los manuales. Que un determinado país escriba extensos capítulos de espadas y fuego para beneficio de los escultores de piezas monumentales, no significa que sus ciudadanos hayan conocido la felicidad. Pensemos en Corea del Norte, o Rusia, o en la sanguinolenta historia de España sin irnos más lejos. Si contrastamos nuestras batallas épicas contra el inglés, francés o turco, frente al bienestar pronto alcanzado por áreas más intrahistóricas como Suiza, Liechtenstein, Islandia o Noruega, no sabe uno con qué pasaporte se quedaría, o sí. La cosa, así en giro más vulgarcete, es que estamos construyendo una ciudad para la historia pero en el futuro, con toda la incertidumbre propia de ese tiempo verbal, por naturaleza, inexistente. Mientras, cuando uno desciende hacia la intrahistoria, por ejemplo, encontramos solares plagados de ratas en Lagunillas a pocos metros del reclamo turístico que significan la Casa Natal de Picasso, junto con el Teatro Cervantes. En la misma acera vivió de niño Alejandro Sawa, pero ese escritor, por intrahistórico, importa menos y no merece ni una placa alusiva. Lo que no existe no se ve y viceversa. Lo malo es lo que se ve y la impresión que una ciudad ofrece al viajero desde un primer momento. Esas primeras estampas constituyen pequeños episodios intrahistóricos que, sumados, articulan la historia de una ciudad y la idea que de ella correrá por el mundo, no sólo para el sector hotelero, sino para inversiones que, a la larga, podrían librarnos del yugo que significa alquilar los cuartos de tu propia casa en la que vives. Zaragoza, más discreta y con menos titulares ha superado en población, renta y producto interior bruto a Málaga. Por irme a una anécdota de esas intrahistóricas, una amiga fue destinada aquí por motivos laborales. Llegó a una estación de tren en obras y a la salida la esperaba otra amiga en coche que ni conocía la ciudad bien, ni la orientación fue uno de sus dones. Una extraña llega a Málaga de noche y, tras una estación en obras, contempla las hogueras y prostitutas por varios polígonos industriales, algunas barriadas del extrarradio malagueño, a esas horas vacías, y otras áreas que nunca ha logrado ubicar. Llegó a Portada Alta, su residencia, tres horas después. A la tarde siguiente asistió a un seminario donde trataban los múltiples errores urbanísticos de Málaga. Pensó abandonar la ciudad y tardó días en contestar sincera lo que le parecían nuestras calles. Muchos años más tarde ya se aclimató a este suelo y casi es malagueña. Las primeras impresiones son determinantes, sobre todo si alguien va a permanecer un breve tiempo en un lugar y puede tener la mala suerte de encontrarse con lo peor de cada casa y acera. La solución municipal consiste en evitar esos posibles puntos negros urbanos. La estación María Zambrano, como Atocha en Madrid, es sin duda la principal puerta de Málaga. Sin embargo, a pesar de la ostentosa presencia policial diaria, el paseante de cada mañana puede encontrar un basurero en la instalación de las sillas gigantes frente a la salida. Platos de comida, bolsas, botellas de las prohibidas litronas callejeras y desperdicios de todo tipo que ignoro por qué se permiten allí, y por qué no son recogidos por los servicios de la limpieza ni por la noche ni a una hora prudente de la mañana, a pesar del cercano cuartel de LIMASA en calle Eslava a poco más de 300 metros. Ya digo, una ciudad con historia fijada en el mañana, pero con un presente intrahistórico en rima perpetua con dudoso. Y esto en la puerta principal de Málaga, imaginen el Ratapark de Lagunillas y otos barrios intrahistóricos sin interés para la grandeur de nuestras autoridades y sus estadísticas.

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