Información y desinformación

25 Ago

Tras la fiesta, la resaca. Una feria de Málaga anómala que sobresaltó en su día primero con los titulares de una violación colectiva a una joven trabajadora del Real. A partir de ahí, la verborragia y, como en “La hoguera de las vanidades”, cada quien fue a buscar su tajada de basura esparcida por un ambiente en el que la reflexión y la prudencia quedaron ahogados por los efluvios de la borrachera colectiva y las ganas de venganza más que de justicia. En el sur de Estados Unidos, cada vez que se producía una violación quemaban o colgaban a un negro al azar, y asunto concluido. Se había realizado la justicia del pueblo, del que es discutible eso de que sea sabio así a bulto. Varios colectivos y asociaciones han clamado durante estos días, hasta el insulto, para que una denuncia equivalga a una condena, tal y como se realizó durante las matanzas en uno y otro bando de la Guerra Civil, por no irnos lejos de la tierra. Ante el titular de la libertad de los denunciados por falta de pruebas, a través de las redes sociales corrieron acusaciones contra una juez que se había dejado corromper por un alcalde en pos de una feria célibe. De nada sirvió que la prensa detallase al día siguiente pruebas y testigos que exculpaban a los acusados, de nada. Incluso algún que otro artículo posterior abundaba en la idea de la permisividad social frente a la violación, y el machismo que caracteriza redundante a todo macho de la especie sin distinción. Poco tardó en fluir por esas mismas alcantarillas la ocurrencia de que los violadores habrían usado drogas. Entre muros virtuales y tuiteos ha quedado claro que la inmediatez en la transmisión no añade calidad a la información. Las redes sociales junto con los blog no pueden igualarse a los medios de comunicación, por más que dispongan de una ventaja innegable, que no plausible, en la rapidez para narrar y opinar sobre un suceso. Si los acusados hubieran sido hijos de políticos, o policías, o jueces, o de banqueros, los conspiranoicos habrían echado a arder esos canales comunes mediante gasolina de soflamas y peticiones de república y castración previa a veredicto. Las gafas de las ideologías ciegan el intelecto.

Los medios de comunicación se hallan en una crisis profunda que, en el caso español, se ha agravado por la crisis económica y social que sufrimos. Las nuevas tecnologías están provocando un ajuste en los medios que ha llevado al cierre de periódicos y emisoras de radio y televisión, cuando no a una merma tan drástica de trabajadores, que los profesionales del periodismo apenas pueden acudir con tranquilidad a los puntos donde brote la información; el trabajo que realizaban tres ahora le corresponde a uno. Todo esto se traduce en noticias que se esbozan casi como titulares y en datos que no se pueden contrastar con rigor profundo y amplio, lo que abunda en la desinformación más que en la información. Un suceso terrible nos conmueve, pero la serenidad va apareciendo en mini-dosis y casi por alarma social, más que por las luces que exige la prudencia. En paralelo con este panorama desolador para la salud de los medios y la libertad ciudadana, las redes sociales también funcionan como canales transmisores de datos y opinión, pero sin filtro de ningún tipo ni más ética que la cada uno se permita. Si la sociedad no prioriza sus medios basada en la creencia de que el colectivo que sustenta redes como Facebook o Twitter cumplirá un papel informador independiente, ecuánime y sosegado frente a la difusión y enfoque de un hecho, quedará sumida en el túnel de la desinformación absoluta mediante el bombardeo de palabras y sucesos que fuera de sus contextos significan mensajes distintos al original, una teoría mínima de la comunicación que se olvida en mitad del chillerío sordo. Tal vez si el triste asunto que nos ocupa se hubiese quedado en la intimidad del proceso jurídico habría sido menos perjudicial para la denunciante y los denunciados. Pero hay quien necesita mártires y víctimas para una u otra causa. Ambas categorías no sirven de nada si no se pregonan. Y ahí están las redes al alcance de cualquiera. Nunca dejes que la realidad te arruine una buena noticia, ni un artículo.

2 respuestas a «Información y desinformación»

  1. DEMASIADOS TEXTOS, DE VOSOTROS, LOS HOMBRES, PARA DEFENDEROS DE LA HISTORIA SIEMPRE TAN ACTUAL. SI LA JOVEN DE MÁLAGA, A PESAR DE LAS AYUDAS QUE ESTÁ RECIBIENDO, DECIDE POR LAS RAZONES QUE SEAN, RETIRAR LA DEMANDA… DEJÉMOSLO EN QUE HABRÁ SIDO VIOLADA PORQUE LO DESEABA.

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