No leemos

10 Feb

biblioteca_13Casi la mitad de los ciudadanos de una de las ciudades que pretende ser la capital de la cultura europea en 2016, no lee. Supongo que no hará falta señalar cuál es a ningún malagueño acostumbrado a serlo. Los datos ofrecidos por la Federación de Gremios de Editores se refieren a la Comunidad Autónoma andaluza en su conjunto y nos sitúan en el penúltimo lugar de entre los lectores españoles, sólo superando a los extremeños. Me temo que, afortunadamente no existen –o no se han hecho públicos- estudios específicos para esa extraña especie de posibles lectores malagueños. Sí lo ha hecho Córdoba, por ejemplo, que a través de la concejalía de cultura de su Ayuntamiento encargó el pasado año un estudio demoscópico a una empresa especializada que los dejó mucho mejor parados que al resto de andaluces. Debe de ser que el dineral que se han gastado las instituciones andaluzas en programas dedicados al fomento de la lectura -el Plan de Fomento de la Lectura (2000-2004), el Plan Integral para el Impulso de la Lectura en Andalucía (2005-2010) y el Plan de Lectura y de Bibliotecas Escolares en los centros educativos de Andalucía (2006-2010)- lo han sabido aplicar más persuasivamente en aquella ciudad que en el resto, pues a tenor de los datos, casi tres de cada cuatro residentes (72,5%) de la ciudad de Córdoba, mayores de 14 años, se consideran lectores.

En el resto de Andalucía no es así. El estudio distingue entre lectores habituales, grupo formado por aquellas personas que leen libros en su tiempo libre, al menos una vez al mes, y lectores ocasionales, que hacen lo propio durante un trimestre. Pues bien, si en Andalucía conforman este primer grupo “culto” un 36% de sus habitantes, en Córdoba nos avergüenzan al resto un 60´5% de los encuestados, aventajando a la primera Comunidad Autónoma del ranking, Madrid -50,6%- en casi un diez por ciento. Si sumamos el 14,2% de ocasionales lectores, sólo la mitad de los andaluces se leen un libro en tres meses. Un 14,2% menos que un madrileño. Y un 22´3% menos que un cordobés.   

Digo yo que en Córdoba estarán contentos los libreros. O puede ser que los cordobeses sean muy solidarios y se intercambien o presten los mismos libros en distintas plazas públicas. Sea como fuere, las estadísticas tienden a sonrojarnos en Málaga cada vez que a algún listo se le ocurre hacer comparativas. Qué hartura. De las quince candidaturas españolas a la ciudad europea, sólo y quizá en Cáceres lean menos que aquí, a tenor de los estudios científicos desplegados por los sabios de las encuestas.

Lo malo es que, aparte indignación, cualquier malagueño acostumbrado a serlo, después de quejarse del árbitro y del penalti injusto que nos han colado en Córdoba los encuestados, sabe de lo razonable de la sinrazón que campea en esta ciudad de progreso que no progresa por razones históricas. Esta ciudad aburguesada que no se parece a la que se vende, no lee por su complejo de inferioridad y por seguir viviendo a uno u otro lado del río. Unos mandan, ordenan y maquillan y otros asumen su condición dentro de la casta. Málaga es de buena familia por tradición. De cultura de élite y de grandes museos al servicio de aún más grandes titulares vacíos de contenido. Si Málaga consiguiera la capitalidad sería un gran expositor de lo que los técnicos colosales trajesen. Sin esencia malagueña. Y sin implicación, ¿quién se iba a leer tanto catálogo fino?

50 euros

3 Feb

Me preguntaba qué se puede hacer hoy con cincuenta euros. Creí que muy poco hasta que leí un artículo de Javier García Recio publicado ayer en La Opinión de Málaga que cambió mi parecer –o padecer-. Ya no me cabe duda, con 50 euros se pueden hacer muchas cosas, incluso el ridículo más espantoso.

Porque no llegan, son 49,16 euros lo que reclama el Servicio Andaluz de Salud a nuestro cicatero Ayuntamiento en concepto de responsabilidad civil por haber tenido que asistir a un niño de dos años de algunas magulladuras que se produjo al caer a un agujero donde debía de haber una arqueta en buen estado. El hecho ocurrió el pasado 12 de noviembre en un parque de Campanillas donde el pequeño accidentado tuvo la mala fortuna de decidirse a echar unas carrerillas bajo el cuidado cómplice de su madre. No fue suficiente. Ya se sabe que cuando un niño chico corre, la situación se parece mucho a la de otros cientos quietecitos. Y el niño fue a parar al único lugar donde no debía; a una arqueta de la compañía Sevillana-Endesa que se encontraba sin tapa. Afortunadamente, el percance no constituyó mayor gravedad para el niño si así no consideramos el gran susto y la pequeña pupa, a pesar de lo cual, la buena madre no dudó en llevarlo al centro de salud más cercano para que recibiese el pertinente reconocimiento médico. Sanos y salvos, pero imagínense cuánto, los padres, cabreados. Como cualquiera hubiese hecho, la familia interpuso un escrito de reclamación ante el Ayuntamiento, en el que solicitaba el arreglo de la alcantarilla, el abono de los gastos de traslado al médico y “alguna compensación”, por si acaso. Y es precisamente por aquella justa reclamación familiar, por la que el Ayuntamiento se niega a pagar la factura al SAS, pues argumenta que es necesario esperar a que dicha reclamación de la madre sea tramitada y resuelta. ¿Cuándo?

En su escrito de respuesta para recurrir este pago, el Ayuntamiento le viene a decir al SAS, bailando un chotis, que no es quien para reclamarle nada y que el pago o no del dinero es algo que debe decidir “unilateralmente” el propio consistorio. ¡Menos de cincuenta euros!

A mí, me encanta que el Consistorio vele por mi dinero. Ese que céntimo a céntimo le voy pagando a disgusto para poder decir bien fuerte que todo lo que gasta es mío. Ese escrúpulo, ese celo de mi ayuntamiento en no dejarse engañar ni por el SAS, me enorgullecería… Si no fuera porque las horas de trabajo que van a malgastar en los recursos, sin duda van a costar-me más de los 50 euros en cuestión. Quien esté dispuesto a derrochar algunos cientos de euros en horas bien pagadas en pos de la razón ética o jurídica, que lo haga. Pero con su dinero. Un empleado exquisito y cumplidor que decide buscar el detalle minucioso que lo libre de pagar 50 para gastarse 100, ni es exquisito, ni es cumplidor, es un cabezota. Y que el Ayuntamiento consienta en hacer ese ridículo por 49,16 €, sin poder olvidarme, por más que me esfuerce, en lo que está pagando a los mejores consejeros de su corte, me solivianta. Que hagan una colecta entre sus empleados que ganan más de seis mil euros al mes y asunto arreglado. Si les tocará a unos pocos céntimos, pues son una buena pandilla.

Esto es demagogia.

Estamos en crisis.

Qué pena perpetua

27 Ene

prisonLa crisis nos pasa factura y nos convierte en morosos, creo, en todos los aspectos de nuestra vida. En lo económico, el panorama que nos desvela la previsión del Fondo Monetario Internacional augura que España será la única de las grandes economías que registrará una caída del PIB en el 2010, mientras que en 2011 crecerá de manera más débil que el resto. Y en lo social, la necesidad de buscar culpables de andar por casa a la depresión, se encuentra en el peor estadio, aquel en el que los débiles se han rendido ante los poderosos y buscan ahora su chivo expiatorio entre los aún más débiles.

Está claro, y así lo demuestran las encuestas y sondeos, que es el mejor momento para que se produzca un cambio en la intención de voto. En España, el PP se encuentra en la privilegiada situación de poder tomar prestada la confianza de muchos desencantados, que aún sin creer en el liberalismo económico ni en las bondades de la democracia cristiana, se han cansado de esperar una solución a sus problemas a través de su ideología o de un gobierno que no trata de revertir la situación sino de paliarla a través de simples e insuficientes medidas sociales.

Pero esta oportunidad que la coyuntura económica le ha endosado al PP, ha debido de pillarle por sorpresa. Qué torpe hay que ser para que sus oradores se llenen de mensajes tan poco apropiados para el centro en tan delicado momento. Del discurso moderado que le sumaría indecisos, han pasado al populachero que señala, por ejemplo, que aquí no cabemos todos, en referencia a los inmigrantes. Una persona de izquierdas que pueda llegar a pensarse a sí mismo en el centro por la ira del paro, volverá corriendo al redil de lo malo conocido antes de tener que soportar discursos tan mal encaminados de la peor derecha.

Y ahora, la cadena perpetua. Y no se refieren a RTVE, sino a la de las películas americanas. Buenos y malos, crimen y castigo. ¿Cuántos pasos atrás habría que dar en la corta historia de nuestra democracia para llegarnos a imaginar siquiera un planteamiento tan decrépito como ese?

Nuestra Constitución, la garante de nuestras libertades señala que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. ¿Dónde existe la posibilidad de reinserción social en la cadena perpetua?

Pero como se han inventado “la cadena perpetua revisable”, los partidarios de este anacronismo, pretenden salvar el escollo constitucional diciendo que si el malo se vuelve bueno, se le perdona. Y hasta puede que después lo bendigan o lo beatifiquen y vayan a rezarle. Pero en nuestro ordenamiento jurídico, las penas siempre tienen que ser determinadas. ¿De verdad se pueden imaginar que se condene a un malo malísimo por tiempo indefinido? ¿Dónde está la seguridad jurídica?

Los populares han visto en las encuestas que la gente está tan soliviantada por razones muy diferentes a las jurídicas, que cuando se les pregunta por la calle si están a favor de la cadena perpetua para terroristas o violadores dicen en su mayoría que sí. Y se han apuntado al carro. Lo que ocurre es que si a esa misma buena gente cabreada, se les pregunta si estarían a favor de la pena de muerte para esos malos malísimos, también dirían que sí y si me apuran, al linchamiento y escarnio público, también.

El Partido Popular Populachero se equivoca. Allá ellos.

En bici

21 Ene

Izquierda Unida ha presentado una moción en el Ayuntamiento en la que denuncia el mal estado del carril bici en Málaga. Que se hable del mal estado de algo que no existe me da paso a pensar en el de mi chalet a puntapié de playa al que mi imaginación tanto descuida. Porque el que tiene algunos tramos inconexos de algo que presuntamente podría servir para que por él circularan bicis, ni tiene un carril bici, ni tiene un mal estado, como mucho, las ganas y puede que un tío en América.

Por la noticia que he leído en el diario “La Opinión de Málaga” he descubierto que en nuestra ciudad se lloran menos de ocho kilómetros de vías para ciclistas, aunque se presume de los potenciales cuarenta que algún día alguien hará.

En julio del año pasado el concejal de Movilidad del Ayuntamiento, Juan Ramón Casero, profetizó que el casco urbano de Málaga estaría conectado con un carril bici de casi cuarenta kilómetros y explicó que en ese momento se encontraban en obras cuatro de los cinco carriles que se habían previsto para facilitar el uso de la bicicleta como un modo de transporte, “más allá de su uso para hacer deporte o dar un paseo de forma lúdica”, pues el quinto, el que discurriría por el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso estaba “detenido” a consecuencia de la elevada afluencia de ciudadanos que se producía en la zona durante los meses de verano. Y aquel verano no acabó nunca, a tenor de los datos que ofrece Izquierda Unida en su moción en relación al Carril-Bici Protegido en el Paseo Marítimo Antonio Machado, al que considera que “se ha realizado con idea de un uso lúdico, no como una vía de comunicación” pues serpentea en exceso, exactamente, lo contrario a lo anunciado por el concejal en su día.

En aquella comparecencia, el señor Casero alardeó de que desde el Ayuntamiento se estaban estudiando nuevas conexiones, como la que uniría la barriada de Churriana con la playa, en “respuesta a una demanda bastante fuerte de los vecinos de la zona”. Los mismos vecinos que sólo pueden llegar al Centro por carretera, pues ni siquiera existen aceras que les permitan hacer esos siete kilómetros no digo ya en bici, ni paseando.

Casero reclamó en aquella ocasión un mayor esfuerzo a todas las instituciones para fomentar la “cultura del uso de la bicicleta como un medio de transporte” y llegar a niveles de países como Holanda o Dinamarca. Ni me río. Si bien es cierto que el ciudadano malagueño no posee esa concienciación cívica medioambiental que existe en aquellos países, no me cabe duda de que podría adquirirla con unos mínimos condicionantes. Pero ¿y nuestros políticos? No, ni daneses ni holandeses, que va. De Málaga. Regalando carriles bici.

Málaga está en la cola del pelotón de las grandes ciudades en este tema. Los datos del 2008 indicaban que en Madrid había 102 kilómetros de viales específicos para bicis en servicio, en Barcelona, 96, en Vitoria, 78, en Sevilla, 75, en Valencia, 62 kilómetros. Y en Málaga, 7. Pero es que en Albacete, 32, en Bilbao o San Sebastián, 30, en Logroño 24, en Zaragoza, 20. Y en Córdoba, 35.

En Málaga, la temperatura media es de 18 grados y sólo llueve cuarenta días al año. Uno por kilómetro corto prometido. Pero ay, nuestros gobiernos locales no lo forman ni daneses ni holandeses.

Afortunadamente.

Hecho de conformismo

13 Ene

Desde que se inició el nuevo año, cuando pongo la tele, intento –sin conseguirlo- no moverme de televisión española para esquivar los anuncios. No se debe a que me cansen las ideas de los creativos de la publicidad española, ni mucho menos, pues yo he sido de esa clase de gente rara que solía disfrutar más de esos pequeños cortes publicitarios que de la propia programación de las distintas cadenas. Pero mi cambio de rumbo lo ha motivado un anuncio que una empresa cervecera holandesa a la que representa un señor orondo vestido de jotero y que lleva puesto un sombrero tirolés ha hecho sobre algo que me atañe emocionalmente.

Esta empresa lanzó durante las pasadas navidades una campaña televisiva promocionando su producto con el lema “hecha de Andalucía” que me conmovía tanto, que tuve que tomar la decisión de intentar evitarla por temor a que me produjera alguna desavenencia con mi aún calladito colesterol. Es tan bueno, tan “sentío”, que a partir del segundo o tercer visionado, algo muy hondo caló de mi andalucismo que me impelía a correr al mando a cambiar de canal para no echarme a llorar, por cierto, algo que no me ocurría con la tele desde que Marco se encontró con su madre a dos kilómetros de mi infancia. El vello como escarpias.

El anuncio en cuestión tiene una banda sonora muy andaluza de champions al que presta su voz un señor que, como hacía algún político de imborrable recuerdo, debe de hablar el andaluz con sus amigos, en la intimidad. Y creo que es precisamente este asunto, el del habla, el que más me ha llegado al corazón. Cuando afirman los publicistas que “el andaluz no es un acento, es un castellano entre amigos” me entra algo por el cuerpo que yo identifico con ese duende que algunos dicen que tenemos los de la tierra y que me lleva a un estado de excitación tal, casi lisérgico, que desconocía de mí mismo, hasta el punto de encontrarme en una ocasión con el televisor en brazos, a punto de tirarlo por la ventana mientras me hacía un “zapateao”. Es que es bonito, leñe. Y qué bien lo han descrito todo. El andaluz no es ni habla, ni lengua, ni “ná”; es un castellano entre amigos del que no debemos de avergonzarnos demasiado. Gracias, cerveza rubia hecha de mis sentimientos, de mi Andalucía, por el consuelo a mi ignorancia mal hablada.

Pero el cúmulo de emociones no concluye en el acento por el que soy perdonado por gracioso ante mis amigos castellanos, no. Además, el anuncio define tan bien todos los tópicos que tanto nos enorgullecen a los andaluces, que les ha quedado sembrado. Somos exagerados, juerguistas, flamencos, toreros y nos encantan las bombillas de colores. ¡Y hasta tenemos ingleses en Gibraltar! Qué buen gusto. Una imagen de Alfredo Landa persiguiendo suecas en las playas de Torremolinos no les podría haber quedado mejor para definirnos con tal exactitud y derroche de imaginación.

“En Andalucía no nos dan miedo los cuernos, los toreamos”, es otra de las magníficas sentencias del spot, que debería de ser, a mi modesto entender, el eslogan para toda la vida de cualquier campaña turística andaluza. ¿Puede alguien encontrar una frase que nos aglutine mejor a todos los andaluces? Yo no.

Tenemos mar, campo, nieve, desierto y tal sentimiento servil construido a lo largo de los siglos que a la mayoría nos ha gustado que nos digan lo majos y lo conformistas que somos. Pobres pero chistosos. Ay, me da un no se qué de orgullo.

Que no me muevo de la primera.