Feliz Rondo Veneziano

28 Nov

Este fin de semana se nos han juntado dos celebraciones, la democrática del domingo y la realmente importante, la del encendido chiribitero de Porras y sus pocas lucecitas Ximénez, que como todos sabemos, se producirá el viernes.

Empezando por el evento del día 30, por orden de relevancia, tenía muchas ganas de hablarles de la gran selección musical que nos acompañará durante el mayor espectáculo del mundo navideño, que sucede en nuestro ombligo precisamente, y que incluirá una colaboración del hijo de Bárcenas (Willy Taburete) junto a un componente de Café Quijano y los alumnos de un colegio de Alicante como primer gran éxito que bailar en familia bajo las arcadas, y que se ha colado entre otras tres lindezas tradicionales nuestras, que también sonarán, por supuesto, tras nuestros video-selfies en Adviento -habrá que abrigarse-. Así, disfrutaremos además, de un rondo veneziano, perdonen mi mala memoria, creo que con subtítulo zodiacal, y otro rondo más, este de Música Fantasía, también veneziano, y también con zeta, como la del zorro, supongo que en clara alusión y homenaje a nuestro actor malagueño más internacional, Juanma Lara, alias el astuto. Y el pinchadiscos Ximénez pondrá el colofón con un cuarto villancico, también flamenco como los anteriores, que canta, o compone, o ambas cosas, un señor que se llama Charlo, o algo parecido. Estupendo. No nos lo perderemos. Ni aunque queramos, podremos. Serán cuarenta noches con sus cuarenta ladrones sonando tres veces diarias de seis a nueve y media de la tarde, en medio del colapso de tráfico y gentío. Impozible perdérzelo, que diría un veneziano. Por echar en falta, ya puestos, dado el cariz musical de la fiesta, sin ánimo de parecer demasiado apegado al jolgorio, yo añadiría un quinto malo, que sí los hay. Ese que también ustedes han pensado, el Polvorrón, de Letizia Zabater, ¿qué pasa? ¿No se trataba de salir en el telediario? Pobre alcalde de Vigo, intentando competir con Doña Teresa. Hasta en un árbol nos van a meter, por lo que he leído.

Sea como fuere, volverán a copiarnos en Nueva York, y si nunca nos han copiado de verdad allí, ellos se lo habrán perdido, porque somos los mejores de la Navidad luminosa, por obra y gracia, sobre todo la gracia, de nuestra superconcejala de asuntos mundanos y callejeros, edil que coordina todo el Área de Sostenibilidad de la Autoestima y Dignificación de los Umbrales de la Pobreza, y que tanto está haciendo por mantenernos el orgullo malaguita intacto y a flor de piel, por no darnos un respiro en sus tablas de gimnasia festivalizantes, arrejuntándonos a todos, perdón, apretujándonos, a la misma hora y en el mismo sitio, porque juntos, nos sentimos más fuertes e importantes, bien de muchos, consuelo de Porras. Las asociaciones de vecinos del centro, mientras, seguirán quejándose de los bares y sus terrazas, supongo, antes de llevar a sus nietos a que vean el atasquito lumínico de Calle Larios con sus mesnadas ingentes de reyes magos incluidos, paseando con panderetas sus despedidas de soltero.

Y la otra cita es el domingo. A esta campaña electoral no le he dedicado mucho tiempo, sinceramente. Que gane el que tenga que hacerlo. Puestos a elegir, prefiero que lo haga el que tenga un concepto más alto de sí mismo, sobre todo para que no defraude a la persona más importante de su vida. A mí, mientras no haya ningún candidato racista como Salvini, que hable por ejemplo, como hizo en agosto, de los corderos que matan los musulmanes en sus casas, cualquiera me parecerá bueno para dedicarle algunas líneas a partir del día 3, entre villancicos y rondos venezianos.

Franco ha muerto

21 Nov

Ayer, entre el truculento crimen cachopero y la renuncia del juez Marchena a ser señalado ni un segundo más, se nos colaba una y otra vez la noticia de la misa funeral del menos muerto de los fallecidos españoles. Ay, Arias Navarro, qué equivocado estabas.

Ayer, al Valle de los Caídos asistieron 400 cristianos a dar el do de pecho preconstitucional. Muchos, si los comparamos con los que acudieron a rezar hace un lustro ante la misma tumba. Muy pocos, si nos atenemos a la importancia del auge, ¡arriba!, que se empeñan en inculcarnos como noticia destacada, los medios que suponen que tendrá que serlo alguna vez, por tanto manoseo político, desde los restos.

Pero, afortunadamente, el 20 de noviembre de ayer pudo asomarse todavía a nuestra casa como una mera anécdota del telediario, como el recordatorio de un retuit de lo que sucediera alguna vez, en algún vagón de metro valenciano, durante el traslado de un grupo de personas con un megáfono cantante, donde, seguramente, lo más destacable fuese comprobar que varios de los que intentaban seguir a pleno pulmón el sonido magnetofónico del cara al sol, ni siquiera acertaban con la letra, por más chapitas alegóricas que llevasen, y lo más extraño, que no fuese tan sorprendente que todos ellos se hubiesen puesto de acuerdo en profesar la misma ideología ínfima en estadísticas, sino que además de eso, ninguno tuviese oído musical alguno, como para conseguir afinar ni una sola nota de la escala gregoriana. Nunca había escuchado aquel himno así, tan humano. Definitivamente, supongo que restará puntos pretender ser franquista y humano.

El resurgimiento de los andares de pato no es tal. En la misa de ayer dedicada al recuerdo del dictador, los corresponsales le ofrecían el micro a los asistentes que parecían de peor humor, por si declaraban algún despropósito más proselitista de lo habitual, capaz de asustarnos o removernos. En vano. Nada sucedió más comprometido que oír un insulto en la discusión de un recreo, o “Gibraltar español” con la media tinta de Casado. El reiterado discurso de los que salían del Mausoleo franquista se parecía a los improperios que dedicaban a la presentadora del programa “Equipo de Investigación” de la Sexta, Gloria Serra, cuando decidió desubicarse en medio del recorrido previsto por una manifestación contraria a la aplicación de ley de memoria histórica, para grabar una entradilla casual. Poco más se supo de franquistas ayer, a no ser por el que agradeció la construcción de pantanos, o la que exigió la beatificación del de la gracia divina, o por las tres activistas de Femen, que fueron bien agarradas por la policía, como se las sujeta siempre por llevar pintadas frases de titiriteras en el pecho, como que el fascismo legal es la vergüenza nacional.

No ha calado el divisor, menos mal. Siguen siendo cuatro los que añoran al tirano. Lo lastimoso es que uno de esos cuatro pueda ser nuevo, que lo haya descubierto ahora, y que juegue a banalizarlo. Me pregunto si habrá valido de algo situar en el centro del debate unos restos, teniendo un dividendo aún tan grande por restituir. Me molesta la presencia, la resurrección, el tejemaneje del personaje en mi salón. Al que le podía haber llegado el turno en su momento. Hace 40 años, o el año que viene. Sin prisas. Sin símbolos. Sin la Almudena. Cuando tengamos un presidente que no presuma de no gastar un euro en cerrar de una vez por todas, las viejas heridas por reconciliar que nos aguardan en los archivos, en las sentencias injustas y en las cunetas, vencerá la democracia y por fin, desaparecerán esos y todos los demás restos del franquismo.

Hablen bajito

14 Nov

Hay mucho ruido incluso sobre el ruido que se produce en nuestra ciudad. Para empezar, existen dos premisas que todas las partes en conflicto sobreentienden en sus discusiones previas y que se sustentan en meras especulaciones sin ningún rigor, ni estudio previo que las avale. La primera, tiene que ver con situar en el centro de la polémica la declaración de Zonas Acústicamente Saturadas y las medidas correctoras aprobadas ya en Pleno Municipal como salvaguarda del descanso ciudadano. Esta regulación pendiente de aplicarse y que divide a las asociaciones de sufridores somnolientos, a los partidos políticos, al gobierno local y a los empresarios aludidos, no pondrá, sin embargo, fin al ruido insoportable, ni mucho menos al problema que genera. Tampoco aminorará significativamente las molestias que padecen los vecinos por su causa. Estaríamos hablando, que quede claro, de reducir el horario de licencia de las terrazas de los bares, aún en los sitios más críticos, en sólo una hora y durante sólo unos meses al año. No permitiría la creación de nuevos negocios de restauración en lugares saturados de ruido durante un año pero sí mantendría a todos y cada uno de los que ya incordian en su mismo lugar y bien firmes, legitimados aunque escandalosos por la misma ley que supuestamente iba a corregir su insoportabilidad manifiesta. Las asociaciones vecinales aseguran que se levantarán de cualquier mesa de negociación si no se aplica ya esta ley mínima aprobada en octubre, que no le solucionará mucho que no sea el orgullo y puede que, la sordera. Con toda la razón del mundo. Ya está bien de este maltrato municipal constante. Son las únicas víctimas reales de este despiporre promovido sin querer por la fallida política turística local que nos embriaga.

Y por otro lado, los empresarios hosteleros amenazan con movilizaciones si lo del ZAS en su cara se aplica así, sin datos ni garantía alguna, por aproximación y sospecha de maleficio. Pues también llevan razón. Se decreta que un bar es molesto por su ubicación, no por hacer ruido. Se decreta que una calle es ruidosa por estar en el lugar equivocado, no porque sus mediciones acústicas así lo demuestren. Lo de justos por pecadores y la casa de los vecinos sin barrer y sin que ninguno duerma, en su máxima expresión de horror. Esta normativa insulsa puede servir para reducir los beneficios de los empresarios de hostelería, probablemente, pero nunca para devolver el silencio a los hogares de los residentes hartos. ¿No sería mejor perseguir al molesto y dejar tranquilo al que cumpliese con una normativa valiente contra el ruido, que velase, en exclusiva, por el derecho al descanso? Claro que, habría que incluir aquí a todos los ruidosos de Málaga, no solo a los que pagan sus impuestos. Y aquí llega la segunda premisa falsa que todas las partes asumen como indudable, supongo que, por inercia: los empresarios hosteleros son los únicos culpables de la mala vida que se les da a los vecinos por culpa del ruido. Hablen bajito, dice el alcalde sin sonrojo. No chille usted más, deberíamos decirle los vecinos del Centro. Déjenos descansar de una vez. Reparta sus fiestas por la ciudad y permítanos dormir algún fin de semana sin nuevas ocurrencias en desfiles. Devuélvanos la Semana Santa y olvídese del Año Santo y sus traslados, por lo que más quiera. No atraiga a las multitudes el mismo día, a la misma hora, al mismo sitio, que no cabemos, déjese de ferias y fiestas de guardar infinitas. Aunque usted considere un éxito el colapso del Centro, se trata de un fracaso estrepitoso en la convivencia y no sólo para sus residentes hastiados, también genera complicaciones absurdas de seguridad ciudadana y, por supuesto, perjudica al turismo de calidad. ¿No siente rubor organizando destellos navideños dos o tres veces diarias en calle Larios para confundirse de gloria, en lugar de hacerlo durante todo el día, sin concretar el horario, para que los comerciantes puedan beneficiarse de la llegada constante de clientes? No son los bares, Don Francisco, es su escasa previsión. Son los pisos turísticos incontrolados. Es su efecto llamada a las despedidas de soltero. Son sus ferias del botellón con las bragas en la mano. Es, en definitiva, el fracaso rotundo de su modelo de ciudad, absolutamente improvisado. Eso, y no la terraza del bar de abajo, es lo que nos ensordece.

Lo real y lo instagrameable

7 Nov

Yo no sé, porque no incito la tortícolis mirando demasiado al más allá, si las personas buenas van al cielo o a un hotel ‘instagrameable’, palabro que acabo de aprender escuchando una tertulia de expertos en Turismo y que al parecer significa que ningún paraíso existe si no se puede fotografiar y compartir en las redes sociales, pero estoy seguro, segurito, de que las malas terminan viviendo en un edificio sito en la calle de algún centro histórico. Y allí, olvidados por responsables municipales y expertos en movilidad urbana y acosados por la amenaza de nuevos locales de restauración por más que haya más de los que puedan, ya no dejar vivir, sino sobrevivir económicamente, arrastran para siempre sus cruces peatonales como buenamente pueden, chocando con bolardos puestos a traición para destrozar meniscos poco avisados, rodeando grandes distancias para acceder al propio portal, y sorteando zanjas, vallas y exposiciones temporales en calles y plazas principales, autorizadas a ciencia ciega de su evidente falta de valor artístico en nombre de esas buenas intenciones de las que dicen que están los cementerios llenos, porque cuanto más dudosa desde el punto de vista estético sea la exposición, más elevado será el valor que la promueva y seguramente más altruista e inexperto el fotógrafo o artista que firme las imágenes.

Pero parece que el destino es tozudo, y ya se pueden planificar ciudades culturales y dedicar museos en cada esquina a todo lo museable, que allá donde lleguen los destinos de Ryanair y sus viajeros ahora desprovistos de muda de ropa interior y cepillo de dientes por la privación del derecho a la maleta de cabina, las capitales e incluso las ciudades provincianas antaño irrelevantes de la vieja Europa podrán suspirar aliviadas y dejar de pensar en cómo reinventarse. Bastará tener centros urbanos con la cara lavada y muchos pisos vacíos que convertir en alojamientos turísticos, negocios de restauración abundantes más allá de su calidad, y un apretado calendario de eventos que no permita que haya fachada, rincón o espacio entre farolas a lado y lado de la calle sin cartel o guirnalda de luces.

Pero decía un touroperador invitado a esa tertulia de expertos turísticos en la radio local, mientras esperaban la primera conexión con el corresponsal destacado en la World Travel Market de Londres, que mientras Málaga capital continúa su ascenso como destino de preferencia, la Costa del Sol resulta cada vez más difícil de vender, y por más que el clima siga siendo benigno, que los jubilados de media Europa vivan aquí mucho mejor que en sus pueblos y que las infraestructuras de comunicación, playas, oferta hotelera y hostelera, ocio y demás estén en estado de revista, sencillamente, el destino ya no tiene su antiguo glamour, y es mucho más instagrameable una playa semivirgen de la vecina Cádiz que una donde en vez del horizonte haya un skyline de ladrillo, aunque las camas balinesas hagan por teñirlo de exotismo sin más éxito por cierto que el del agua oxigenada convirtiendo en bellezas nórdicas a las bellezas castizas de los tiempos de mi madre.

Porque claro, las fotos también pueden tener algo, mucho incluso, de mentira, y la red social de moda nos incita en un click a teñir del color que queramos nuestras vidas en caso de que fueran demasiado grises para convertirnos en influencers. El grito de guerra es algo así como ‘vive la película que prefieras’, y quién sabe si un día nos daremos cuenta de que estamos viviendo en ‘El show de Truman’ al chocar en nuestra huida con la pared del plató, o peor, si terminamos viviendo en el plató de algún centro histórico dentro de unos años, una vez abandonado y reducido al mismo desierto que fueron antes de la burbuja turística e instagrámica, por haber querido apostar toda nuestra fortuna a un solo caballo.

Sin categoría

Mejor ambiguo

31 Oct

Qué poco fina ha estado la vicepresidenta del Gobierno en su interpretación pública de la conversación mantenida con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, acerca de los restos de Franco. Qué inapropiada diciendo a boca llena que la entrevista había sido “cordial, útil y productiva” y que la Iglesia y el Gobierno iban a cogerse de la mano para buscar una salida al embrollo de los huesos del dictador, salida que, en las rotundas y equivocadas palabras de Carmen Calvo, “obviamente no puede ser La Almudena”. Pues ahora resulta que después de haber ido a Roma con el dinero de todos, no se ha enterado de nada, y en un acto casi sin precedentes, el Vaticano ha lanzado un mentís diciendo que Parolin “en ningún momento se pronunció sobre el lugar de la inhumación”. Es más, dice el comunicado, o la parte del mismo que nos han comunicado los medios, que “el cardenal Pietro Parolin no se opone a la exhumación de Francisco Franco si así lo han decidido las autoridades competentes”, y que “es cierto que la señora Carmen Calvo expresó su preocupación por la posible sepultura en la catedral de la Almudena y su deseo de explorar otras alternativas, también a través del diálogo con la familia. Al cardenal Secretario de Estado le pareció oportuna esta solución”.

El comunicado del Vaticano es digno de un análisis detenido porque derrocha esa ambigüedad cínica que ha caracterizado a la Iglesia que parecía querer superar el Papa Francisco. No se oponen a la exhumación de Franco en caso de que realmente ese sea el criterio de las autoridades, y les parece oportuno que el Gobierno español negocie con la familia del dictador, cuya actitud en el asunto ha distado mucho desde el minuto cero de ser facilitadora, pero (¡Ay!) la Iglesia no ha ejercido y claramente no parece querer ejercer, al menos en público, la potestad de decidir si quiere o no que los restos de Franco descansen en su casa.

Hay cosas a las que se puede decir sí o no, pero escoger la ambigüedad es una manera de cimentar el propio poder. Recogía hace muchos años el gran Forges en ‘Historia de aquí’, un libro que resumía la Historia de España en viñetas cómicas, una anécdota sobre Franco. Al parecer, iba a salir de caza, y su asistente le preguntó si quería el Land Rover en la puerta delantera de El Pardo o en la trasera. Franco se limitó a responder: “Sí”. Y, temeroso de pedirle aclaraciones, el mayordomo dispuso un Land Rover en la puerta delantera de El Pardo y otro en la trasera. En cierto modo, el Vaticano aspiraba a poner un Land Rover en cada puerta y la ministra había querido entender y decir a los cuatro vientos que el Land Rover se pondría en la trasera. ¿Es cierto que el gran símbolo icónico de la caída de las dictaduras comunistas fue el desmantelamiento de las estatuas de sus dictadores? Poca gente lo discutiría. ¿Es cierto que la Iglesia católica ha negado la sepultura en su suelo a fieles con pecados mucho más insignificantes que los del dictador? La historia y la intrahistoria están llenas de ejemplos. ¿A quién teme, pues el Vaticano? Posiblemente, mucho más a un sector de su propia casa contrario o, con suerte, indiferente al removimiento de huesos, que a la aludida familia del dictador. Y desde luego, no teme nada en absoluto, que para eso la ley divina está por encima de la humana, al Gobierno legítimo, por más que interino, de España o a las leyes que nos rigen, entre ellas la para muchos innecesaria, incómoda o antipática Ley de Memoria Histórica. Más incómodo debería ser tal como se están poniendo las cosas en el mundo, convertir la Catedral de Madrid en un céntrico relicario del dictador. Pero doctores tiene la Iglesia…